05-02-2026  (19 ) Categoria: Articles

La Lenta Victoria del Catalán escrito sobre el Latín

El Nacimiento de una Lengua Escrita: La Lenta Victoria del Catalán sobre el Latín

El Escenario Histórico y Lingüístico

A finales del siglo X, los condados catalanes, ya con una marcada independencia de facto del poder franco, habían forjado una identidad política propia. Paralelamente, en las plazas, los campos y los hogares, el pueblo llevaba siglos moldeando una lengua vernácula: el catalán, fruto de una evolución peculiar del latín vulgar, enriquecida con sustratos prerromanos, superestratos germánicos (visigodos) y, cada vez más, con el adstrato árabe de la vecina Al-Ándalus.

Sin embargo, existía una dicotomía profunda: la "diglosia". El latín, aunque ya era una lengua muerta para la inmensa mayoría de la población, mantenía un monopolio absoluto en todos los ámbitos de prestigio: era la lengua de Dios (la liturgia), del Derecho (los fueros y documentos), del poder (las crónicas) y del saber (la incipiente cultura escrita). Era el código de una élite eclesiástica y nobiliaria. El catalán era la lengua de la oralidad, de la vida cotidiana, pero carecía de auctoritas (autoridad) para ser fijado en pergamino.

El cambio, como bien señalas, no fue una revolución, sino una infiltración progresiva. Los primeros escribanos, notarios y monjes que redactaban documentos en latín se enfrentaban a una realidad práctica: había conceptos, nombres de lugares, relaciones feudales y términos jurídicos locales que el latín clásico no podía expresar con exactitud. ¿Cómo traducir al latín la descripción precisa de un lindero entre dos campos en el Vallès? ¿O el nombre de una herramienta agrícola local? Fue esta necesidad de precisión legal y administrativa, más que un impulso literario, el motor inicial de la escritura catalana.

La Fase de "Infiltración" o Glosario (Siglos X-XI)

Los documentos de esta época son testigos de una lucha interna en el propio texto. Podemos imaginar al escribano, formado en latín, dudando ante la palabra adecuada:

  1. Topónimos y Antropónimos: Son los primeros en colarse. "Karla" (¿Querella?), "Sunifredus" (Sunyer), o la descripción "in villa quae dicunt Rivofredo" (en la villa que llaman Ribafrecha) muestran la fonética romance imponiéndose sobre la latina.

  2. Términos Jurídicos y de Posesión: Palablas como "aprisio" (tierra conquistada y puesta en cultivo), "castlà" (castellán), o "alou" (propiedad libre) son tecnicismos feudales de la realidad catalana que el latín no tiene.

  3. Artículos y Preposiciones Contractas: La aparición espontánea de "lo", "la", "els" o de construcciones como "del", "al" (de+el, a+el) en medio de una frase latina es la prueba más clara de que la sintaxis de la mente del escribano ya es catalana. Su pluma escribe en latín, pero su cerebro piensa en romance.

El Glosario de Bonsom (1011) es un ejemplo paradigmático. No es un texto literario, sino una herramienta de trabajo. Bonsom, juez, anota al margen de un texto legal palabras que necesitan aclaración. Y al escribir "inoçentes" con ç, está haciendo algo revolucionario: está inventando, o más bien reconociendo, un grafema para un sonido romance (la /s/ sorda) que el latín no tenía. Es un acto de conciencia lingüística práctica.

El Juramento de Radulf Oriol (1028-1047) da el salto cualitativo. Ya no son palabras sueltas, sino fórmulas completas de juramento feudal pronunciadas en romance y transcritas con fidelidad: "De ista ora in antea...". Es la voz viva del vasallo, con su fuerza performativa (el decir es el acto de jurar), que exige ser plasmada en su lengua real para que no haya ambigüedad en la promesa. La fidelidad política se jura en la lengua del pueblo, no en la de Cicerón.

La Emancipación: Los Primeros Textos Íntegros (Siglo XI)

El paso de las frases sueltas al texto completo es crucial. El "Llibre dels Jutges" (1060-1080) no es una obra original, pero su elección como primer texto íntegro es significativa. Es un código de leyes. Traducir el antiguo código visigodo (vigente) al catalán implica hacer accesible la Ley al conjunto de la sociedad, no solo a los letrados. Es un acto de soberanía y de utilidad pública. La lengua del derecho deja de ser un arcano.

El Memorial de Greuges de Guitard Isarn (c. 1105) es aún más fascinante. Es un documento personal, una queja detallada de un señor contra su vasallo. El hecho de que se redacte en catalán sugiere que era la lengua de la gestión señorial cotidiana, de las cuentas, los pleitos y las reclamaciones. Demuestra que el catalán había alcanzado ya una suficiencia técnica para narrar sucesos complejos, enumerar agravios y exponer argumentos jurídicos.

La Consolidación Literaria y de Poder (Siglos XII-XV)

Con el siglo XII, la diglosia se resquebraja definitivamente.

  • Las Homilías d'Organyà: Su valor es inmenso. Representan el salto a la esfera religiosa y persuasiva. Traducir sermones occitanos (lengua prestigiosa de la literatura trovadoresca) al catalán para la predicación significa reconocer que el camino hacia la salvación del alma debe hacerse en la lengua que el pueblo entiende. Es la consagración del catalán como herramienta para moldear las conciencias y la moral.

  • Las "Grandes Crónicas" (XIII-XIV): La obra de Bernat Desclot, Ramon Muntaner y, sobre todo, la Crónica de Jaume I el Conqueridor, escrita supuestamente por él mismo ("E nós, Jaume... façam fer lo present libre"), marcan un hito. La historia del reino, sus gestas y su memoria, se escriben en catalán. La lengua se convierte en vehículo de identidad y glorificación dinástica. No es casualidad que sea el mejor conjunto historiográfico de la Europa medieval: encontraron en su lengua vernácula un instrumento ágil, narrativo y potente.

  • El Encargo Regio de la Biblia (1287): La orden de Alfonso el Franco de traducir la Biblia "in ydioma nostrum" ("a nuestra lengua") es la declaración política definitiva. El catalán es la lengua propia de la Corona, equiparable en dignidad al latín para contener la palabra divina.

  • El Siglo de Oro (XV): La eclosión literaria con autores como Martorell, Roig, Villena y el profundo Ausiàs March es la consecuencia natural de todo este proceso. El catalán ya no solo es útil para leyes, quejas o crónicas; es lo suficientemente rico, flexible y sublime para construir mundos de ficción (Tirant), hacer sátira social descarnada (Espill), reflexionar sobre la espiritualidad (Vita Christi) o explorar los abismos del amor y la muerte (March). El hecho de que el foco cultural fuera Valencia entonces no hace sino demostrar la vitalidad y expansión de una lengua de ámbito supra-regional, consolidada como un instrumento de cultura y poder en todo el Mediterráneo occidental.

En resumen, el camino del catalán escrito fue de la necesidad práctica (nombrar lo local) a la eficacia jurídica (documentar y legislar), de ahí a la utilidad pastoral (predicar) y al orgullo político (narrar la historia del reino), para culminar en la plenitud artística. Fue un triunfo lento, pero total, de la voz viva de un pueblo sobre la autoridad petrificada de una lengua clásica.

La Consolidación Literaria y de Poder (Siglos XII-XV) y el Epílogo de la Imprenta

Con el siglo XII, la diglosia se resquebraja definitivamente, y el catalán escrito inicia una época de esplendor que culminará en el Siglo de Oro (XV). Este proceso de normalización y prestigio encontró su prueba de fuego y su herramienta de masificación definitiva con un invento revolucionario: la imprenta de tipos móviles. La llegada de esta tecnología a la Península Ibérica está, curiosamente, vinculada a los primeros impresos en catalán y envuelta en una de las grandes polémicas bibliográficas de Europa.

La Polémica del Primer Incunable: La Gramàtica de Bartomeu Mates (¿1468?)

Según su colofón, en Barcelona, el 7 de octubre de 1468, el impressor alemán Joan Gherlinc terminó de imprimir un pequeño cuaderno en octavo titulado Gramàtica. Se trataba de un manual pedagógico en latín, obra de Bartomeu Mates, corregido por Pere Joan Matoses y costeado por Guillem Ros.

Si esta fecha es auténtica, este incunable sería el primer libro impreso no solo en la península Ibérica, sino incluso antes que las primeras impresiones de Venecia y París. Esto situaría a Barcelona en la vanguardia absoluta de la difusión de la nueva tecnología gutenberguiana.

Sin embargo, la datación ha sido objeto de una intensa y erudita controversia:

  • Los escépticos (como el gran incunabulista Konrad Haebler en 1923) argumentaban que un libro tan pequeño, con tipografía tan menuda y ciertas características técnicas, era imposible para una fecha tan temprana. Para Haebler, la imprenta llegó a España años más tarde.

  • Los defensores (como Eudald Canibell o Miquel i Planas) sostienen que los propios defectos tipográficos del ejemplar (falta de recursos, espacios en blanco para capitales dibujadas a mano, erratae) son la prueba de un taller pionero y aprendiz, el de un joven Gherlinc en 1468, muy distinto al impressor profesional documentado en 1488. Señalan, además, que muchos de los argumentos técnicos en contra se han ido desmoronando al descubrirse otros incunables europeos cada vez más tempranos.

Más allá de la polémica cronológica, el hecho de que el primer impreso disputado en la península sea un manual para enseñar latín desde Barcelona es significativo. Muestra el papel de la Corona de Aragón como puerta de entrada de la cultura renacentista y la nueva tecnología, aún al servicio de la lengua clásica. No obstante, la imprenta pronto se pondría al servicio de la lengua vernácula.

El Hito Lexicográfico: El Liber Elegantiarum de Joan Esteve (Venecia, 1489)

Poco después, aparece una obra capital para la historia de la lengua catalana/valenciana: el Liber Elegantiarum, del notario valenciano Joan Esteve (Johannes Stephanus). Impreso en Venecia en 1489, es un repertorio de palabras y frases concebido para la enseñanza del latín, pero con una metodología innovadora: parte de frases en valenciano para ofrecer su equivalente culto en latín.

Su importancia es triple:

  1. Es el primer diccionario propiamente dicho de una lengua romance peninsular. Aunque obras como las glosas marginales de Ausiàs March ("vocablos escurs") son anteriores, el Liber Elegantiarum es una obra lexicográfica sistemática y dedicada. Su dedicatoria está fechada en 1472, lo que, de ser fiable, lo adelantaría incluso al diccionario latín-francés de Louis Cruse (1487) y al de Nebrija (1492).

  2. Reivindica el valenciano como lengua de base para el aprendizaje. Al usar el romance como punto de partida para llegar al latín, le otorga una dignidad pedagógica y lo reconoce como la lengua mental de los estudiantes.

  3. Refleja el espíritu humanista. Joan Esteve se nutre de fuentes italianas renacentistas como Lorenzo Valla o Niccolò Perotti, integrando así la cultura catalana-valenciana en el circuito intelectual europeo más avanzado. La obra, que incluye frases satíricas e incluso lúbricas de Poggio Bracciolini, respira un aire moderno y desprejuiciado.

Conclusión: De la Infiltración a la Fijación Impresa

El viaje del catalán escrito, que comenzó con la tímida intrusión de un topónimo en un pergamino del siglo X, culmina en el siglo XV con su consagración como lengua de una literatura brillante y, significativamente, como objeto de estudio y fijación lexicográfica gracias a la imprenta.

La polémica sobre la Gramàtica de Mates y la existencia del Liber Elegantiarum ilustran perfectamente esta etapa final:

  • La imprenta, la tecnología que democratizaría el saber, llega (o discute su llegada) primero a un centro cultural dinámico como Barcelona.

  • Su primer uso es para fijar el latín, pero muy pronto se emplea para legitimar y estudiar la lengua vernácula, como demuestra el diccionario de Esteve.

  • Esto ocurre en paralelo al Siglo de Oro literario (Martorell, Roig, March, Villena), donde el catalán alcanza su máxima expresión artística.

Así, el catalán no solo venció al latín en los campos de batalla de la oralidad, el derecho, la predicación y la literatura, sino que, en el alba de la Edad Moderna, estaba perfectamente posicionado para afrontar el nuevo reto de la cultura impresa, con obras que buscaban tanto enseñar desde él como estudiarlo y definirlo a él mismo. Su trayecto, de la glosa marginal al diccionario, es el de una lengua que había conquistado, plenamente, su lugar en el mundo.





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