07-06-2014  (1292 lectures) Categoria: Hurtado

COL√ďN Y LA CARTA TEMPLARIA

COL√ďN Y LA CARTA TEMPLARIA

Por José Antonio Hurtado García

Deber√≠a ser ya una realidad que, tras casi dos siglos de estudios de todo tipo sobre la biograf√≠a de Crist√≥bal Col√≥n, el tema relacionado con este personaje deber√≠a estar ya completamente resuelto, agotado, y, sin embargo, no es as√≠. Todav√≠a siguen apareciendo trabajos que, en l√≠neas generales, se apartan de la biograf√≠a ¬ęoficial¬Ľ, ofreciendo nuevas v√≠as alternativas.

Y no es que el tema colombino ¬ęapasione¬Ľ, como normalmente opinan los colombinistas, sino que con este controvertido d√≥mine ocurre algo semejante a lo que sucede con la Orden del Temple: la falta de documentaci√≥n sobre elementos esenciales de la biograf√≠a del uno y de las actividades o la organizaci√≥n interna de la otra es notoria y palpable, con el a√Īadido colombino de que la familia Col√≥n fue una contumaz y prolija falsificadora de documentos, y de que una gran mayor√≠a de los testimonios escritos que han llegado hasta nosotros son copias de unos originales que se extraviaron hace ya tiempo y no aparecen en los archivos donde se supone que deber√≠an estar custodiados.

 

Si a todas estas circunstancias a√Īadimos los indicios reales de que las tierras americanas pudiesen ser ya conocidas en algunos c√≠rculos de la Cristiandad, indicios que van desde las menciones de los autores cl√°sicos griegos y latinos hasta la famosa carta de Piris Reis, as√≠ como la teor√≠a de un descubrimiento previo al colombino, teor√≠a que naci√≥ pr√°cticamente en el mismo instante en que retornaron los nautas del Primer Viaje, y que el profesor Manzano ha desarrollado muy h√°bilmente, nos encontramos con un terreno abonado para motivar a muchos al estudio del personaje y la documentaci√≥n que le rodea, y, desde luego, a proponer su propia alternativa biogr√°fica.

Supuestos a priori de la obra

Los indicios m√°s relevantes referentes al conocimiento de las tierras allende la Mar Oc√©ana que, desde muy antiguo, han suscitado sospechas en todo tipo de investigadores han sido, por un lado, la expansi√≥n econ√≥mica europea del siglo XIII, que queda asociada a la Orden del Temple, y, por otro, la extra√Īa desaparici√≥n del grueso de la flota de esa Orden tras el encarcelamiento de los caballeros en 1307 y la posterior orden de disoluci√≥n de la misma en el concilio de Vienne (Francia). Y quiz√°s se hubiese especulado a√ļn m√°s si alguien anterior a m√≠ se hubiese percatado de que el √ļltimo d√≠a de existencia de la Orden como tal, quiero decir el d√≠a previo a la detenci√≥n y encarcelamiento de los caballeros templarios, fue un 12 de octubre, exactamente los mismos d√≠a y mes en que Col√≥n fija su toma de posesi√≥n, en nombre de los Reyes Cat√≥licos, de la primera tierra americana de que tenemos constancia escrita: Guanahan√≠.

Pero Col√≥n y la carta templaria, el libro en que yo transcribo esta y otras tesis relacionadas con tan sugestivo tema, no es, como pudiera pensarse, un ensayo basado en simples conjeturas, sino un estudio riguroso y cient√≠fico de las matem√°ticas implicadas en la navegaci√≥n antigua y medieval, y el desarrollo cartogr√°fico que se fue generando en cada momento de la Historia seg√ļn avanzaban los conocimientos matem√°ticos de las distintas civilizaciones, griegas, romanas, isl√°micas. As√≠, el estudio comienza en el siglo II a. C. y finaliza en la carta de navegaci√≥n que los portugueses pose√≠an y que se plasm√≥ en el Tratado de Tordesillas, carta que el rey portugu√©s Juan II hab√≠a recibido de su pariente don Enrique el Navegante, gran maestre de los Caballeros de la Orden de Cristo, descendiente directa de la Orden del Temple en Portugal.

Por tanto, lo primero es partir de una teor√≠a matem√°tica perfectamente s√≥lida y consolidada que permita explicar c√≥mo desde el siglo II a. C. determinados navegantes pod√≠an cruzar el Atl√°ntico y situar su posici√≥n en una carta de navegaci√≥n, utilizando simplemente la regla y el comp√°s, aun desconociendo los principios matem√°ticos en los cuales estaba basado el m√©todo que utilizaban, pero sin necesitar en absoluto la br√ļjula para determinar su posici√≥n en lo que hoy conocemos como ¬ęlongitud¬Ľ y ¬ęlatitud¬Ľ.

La segunda parte consiste en contrastar los par√°metros de esa teor√≠a con los datos que Col√≥n ofrece en sus escritos, tanto de las navegaciones como los geogr√°ficos y cartogr√°ficos, que sistem√°ticamente han sido despreciados por los historiadores, y contrastar que los unos encajan en los otros perfectamente. As√≠, cuando Col√≥n escribe en la introducci√≥n de su Diario que va a utilizar la ¬ęlongitud del occidente¬Ľ y la ¬ęlatitud del equinoccial¬Ľ como valores para representar un mapa, comprender exactamente lo que significan estos datos, a fin de no confundirlos con los actuales de ¬ęlongitud¬Ľ y ¬ęlatitud¬Ľ, como se ha venido haciendo hasta ahora.

Tras varias verificaciones de los valores mostrados en los escritos del almirante, se llega a la conclusi√≥n de que Col√≥n era una de esas personas que conoc√≠an perfectamente el m√©todo matem√°tico de navegaci√≥n que arranca en el siglo II a. C., aunque desconoc√≠a algunos de sus fundamentos, lo cual le obligaba a partir siempre de la isla canaria La Gomera en sus viajes, y, por supuesto, se demuestra fehacientemente que el valor de la milla que utilizaron las naves de la flotilla castellana en su primer viaje fue el mismo que utilizaban los marineros andaluces de la √©poca y no cualquier otro que ¬ę√©l se inventa¬Ľ para que las naves lleguen a un punto elegido de antemano, como se ha afirmado por distintos estudiosos colombinistas.

Resta todav√≠a por verificar lo que anunci√© en mi libro La ruta T y D, publicado en 1999 por el Gobierno de Canarias: Col√≥n ten√≠a una copia del Atlas de Abraham y Yahuda Cresques, de 1375, cuyo original se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia. Queda, pues, por mostrar la forma como dicha copia lleg√≥ a manos de Col√≥n, ya que, por comparaci√≥n de las distintas zonas cartogr√°ficas que tiene el Atlas y de las noticias que tenemos sobre cartas musulmanas, se ve que existe una zona del mapa dise√Īada especialmente para naves que parten del puerto de La Rochelle. Los jud√≠os mallorquines nos ense√Īan c√≥mo fue la cartograf√≠a que utiliz√≥ la Orden del Temple para planificar y seguir la posici√≥n de los distintos grupos de naves que integraban su flota, y confirman lo que qued√≥ expuesto por m√≠ en el C√°p. XXI de Codex Templi, que el Temple tuvo una encomienda en Nicaragua, la cual desapareci√≥ a causa de una erupci√≥n volc√°nica o de un terremoto, que cerr√≥ el paso entre el lago Nicaragua y el Pac√≠fico.

Cuando todos los pasos anteriores est√°n resueltos, se pueden ir realizando las comprobaciones hist√≥ricas pertinentes, desde que desaparece la Orden del Temple hasta que comienza la conquista de las Canarias, y luego hasta la firma del Tratado de Tordesillas, pasando posteriormente a analizar los documentos de la biograf√≠a colombina, para determinar as√≠ cu√°l pudo ser la realidad de lo que se conoce con el nombre de ¬ędescubrimiento¬Ľ a la luz de toda la informaci√≥n puesta de manifiesto por el trabajo anterior.

Dificultades en la investigación descubridora colombina

 

Todo lo escrito anteriormente forma el trabajo sobre el que se asienta Colón y la carta templaria, aunque, lógicamente, no fue realizado en ese orden. Y no lo fue porque, cuando se comienza una investigación, rara vez se puede precisar cuál va a ser el resultado final de la misma: se va avanzando a través de ella completamente a ciegas, y, a lo largo del desarrollo, se cree que se han encontrado elementos nuevos que, posteriormente, resultan ser equívocos o presentan un significado distinto del que al principio les fue atribuido. Por ejemplo, uno de los puntos que jamás acepté sobre la biografía colombina apunta al hecho que afirma que los Reyes Católicos rechazaron las condiciones de Colón para el equipamiento del primer viaje, razón por la cual el navegante rompió las negociaciones y marchó de Santa Fe dispuesto a irse a Francia a negociar en aquel reino, pero los Católicos, después de reconsideras las condiciones, dieron marcha atrás y acabaron aceptando todas sus peticiones.

Esa historia siempre me pareci√≥ falsa, y, sin embargo, existe en ella una gran parte de verdad. Col√≥n negoci√≥, en efecto, con el Rey Cat√≥lico en la tienda real del campamento de Santa Fe, de ah√≠ que las llamadas ¬ęCapitulaciones de Santa Fe¬Ľ se encuentren en los archivos de la Corona de Arag√≥n y no en Simancas, y que se aclare el tipo de almirantazgo que deseaba ostentar Col√≥n. Precisamente por eso, el rey Fernando no pudo aceptar lo que solicita el navegante. Es entonces cuando, gracias a la mediaci√≥n de Luis de Sant√°ngel, la reina Isabel, de modo privado (no como reina de Castilla), le ofrece la financiaci√≥n de la empresa. En la historia trasmitida hay una exageraci√≥n, pero no es tan desafecta a la realidad como yo supon√≠a en un principio, si bien he de reconocer que, a lo largo de toda la investigaci√≥n, jam√°s llegu√© a considerarla como cierta hasta √ļltima hora, cuando quise estudiar las implicaciones del documento de las citadas ¬ęCapitulaciones¬Ľ. Ah√≠ tuve que cambiar de opini√≥n.


Mi obra y el problema editorial

Pero si el ¬ętrabajo de campo¬Ľ no fue desarrollado en la forma que expuse, Col√≥n y la carta templaria tampoco sigue la misma pauta. En primer lugar, por un problema de ¬ęespacio¬Ľ, el editor me encarga el libro con un determinado n√ļmero de p√°ginas, y, en esas p√°ginas contratadas, no se puede condensar todo el volumen de informaci√≥n que ha supuesto mi labor investigadora. En segundo lugar, por razones obvias, no se puede escribir una obra de divulgaci√≥n para ¬ęel gran p√ļblico¬Ľ, siguiendo las pautas de un trabajo acad√©mico: la pesadez y la monoton√≠a har√≠an que se abandonase su lectura no m√°s all√° de la quinta p√°gina, y no cabe la menor duda de que lo que se ha escrito es un libro para especialistas o para gente muy interesada en estos temas, como es el caso del cap√≠tulo XXI de Codex Templi ya mencionado.

El libro, una narración de relatos náuticos y autobiográficos

Col√≥n y la carta templaria no se ha planteado, pues, como un libro de historia, ni de ensayo hist√≥rico, sino como una narraci√≥n de distintos relatos engarzados por el hecho com√ļn de la biograf√≠a colombina y del primer viaje que llev√≥ a cabo el navegante, narraciones que, aparentemente, no tienen una secuencia cronol√≥gica pero s√≠ un mismo hilo conductor, de tal forma que la diversidad de situaciones y momentos hist√≥ricos que se encadenan a lo largo del texto tratan de dar amenidad y variedad a su lectura, intentando huir de la monoton√≠a y el tedio, y procurando, al mismo tiempo, dejar al lector con la inc√≥gnita permanente de c√≥mo y con qu√© va a continuar la narraci√≥n.

Se salpica el texto de an√©cdotas personales del autor (siempre se dice que cualquier relato es una forma de autobiograf√≠a); sobre todo, las que hacen referencia a su ni√Īez en Huelva o a su estancia en Sanl√ļcar de Barrameda, cinco despu√©s del cuarto viaje, con una especial dedicatoria a la duquesa de Medina Sidonia que, con mucha anterioridad al autor, ya defend√≠a la tesis de que ¬ęNo fuimos los primeros¬Ľ. Y el autor busca la complicidad del lector en elementos cotidianos como determinados vinos o mariscos o paisajes.

Dificultad de la obra

El autor intenta introducir al lector en algo tan fundamental para la comprensi√≥n de los textos como es la mentalidad de la √©poca, cosa que no es tan sencilla como pudiera parecer en un comienzo, a juzgar por el rotundo fracaso que han cosechado muchos de los historiadores de prestigio que han estudiado esos textos, al llegar a interpretar equivocadamente frases tan sencillas como, por ejemplo, ¬ędej√© mujer e hijos para servir a V. A.¬Ľ, y, de una manera especial, en lo referente al problema de los jud√≠os, conversos y ‚Äõmarranos‚Äô, tan determinante en esa √©poca para la comprensi√≥n de muchas de las acciones de gobierno que tuvieron que tomar los Reyes Cat√≥licos durante su reinado en cualquiera de ambos reinos.

Los templarios de Canarias y el paso a la ¬ęMar Grande¬Ľ

Y, por supuesto, siempre existe el telón de fondo de la encomienda templaria de Canarias, base para que una parte de la flota que se dirigía a esa otra zona de Nicaragua a través del río San Juan rindiese viaje en ese paso al Pacífico, que el Rey Católico estuvo buscando hasta 1506, aun después de fallecido el almirante, y bajase por la costa oeste del continente suramericano a los lugares donde negociaba la adquisición de plata y otros elementos de alta cotización en el mercado que le permitieron introducir en Europa los metales precisos para aumentar el efectivo circulante, sin bajar la ley de las monedas, gracias al control directo que la Orden ejercía sobre algunas cecas importantes de nuestro continente.

Que la flota del Temple hab√≠a cruzado el ¬ępaso a la Mar Grande¬Ľ a trav√©s de ese estrecho que busc√≥ el rey Fernando es uno de los secretos que el almirante vendi√≥ al rey de Sos. Hoy sabemos que el famoso ¬ętesoro¬Ľ no iba con la flota, sino que ya lo hab√≠a volatilizado Felipe de Francia en las reevaluaciones de moneda que realiz√≥ en 1308, para las cuales fueron necesarias 160 toneladas netas de plata, que, si consideramos una ley media del 1% y que toda esa plata proviniese de moneda, nos dan 16.000 toneladas de moneda como la cantidad necesaria para las medidas econ√≥micas del rey galo, cantidad que agota cualquier posible ¬ętesoro¬Ľ de la √©poca. No disponemos de ninguna base hist√≥ricamente contrastada para asegurar que ese ¬ętesoro¬Ľ no le fuese ofrecido tambi√©n a Fernando junto con la situaci√≥n final de la flota que Col√≥n cre√≠a conocer.

 

Sobre todo, lo que ofreci√≥ Col√≥n al rey que jalon√≥ con √©xito la √ļltima de las Cruzadas de la Cristiandad (no hay que olvidar el detalle de la guerra de Granada: para toda la Cristiandad, la expulsi√≥n de los musulmanes de la pen√≠nsula Ib√©rica era tan Cruzada como las que se desarrollaron en los siglos XII y XIII) fue la cooperaci√≥n de la Orden para una nueva conquista de Jerusal√©n, objetivo que Col√≥n ha dejado escrito en varios documentos y al que no se le ha prestado mucha atenci√≥n. Pero para que los descendientes de la Orden pudiesen apoyar al aragon√©s, era necesario que la Orden, fuese, en cierta forma, ¬ęrevitalizada¬Ľ y, para eso, Fernando hubo de moverse con presteza entre la curia cardenalicia para que el cardenal Rodrigo Borja fuese elegido Papa (con el nombre de Alejandro VI, asumi√≥ el destino de la Iglesia entre 1492.1503), lo que confirma la tesis que siempre ha defendido la duquesa de Medina Sidonia, al postular que, hasta que el ‚ÄõBorgia‚Äô no sali√≥ papa, Col√≥n no zarp√≥ de Palos. El padre del futuro duque de Gand√≠a en la c√ļspide de la Iglesia romana era absolutamente necesario para poder ¬ęrevitalizar¬Ľ la Orden.

Los hermanos Pinzón y la trama corsaria

Resta a√ļn por considerar una trama de piratas y corsarios cuya cabeza visible es Mart√≠n Alonso Pinz√≥n, pero que es manejada por Luis de Sant√°ngel, quien proporciona la informaci√≥n de las naves que, en traves√≠as atl√°nticas o mediterr√°neas, pueden ser f√°cilmente desvalijadas y, posteriormente, se encarga de vender las mercanc√≠as. Pero la funci√≥n del valenciano es compleja, porque tiene socios muy interesados en la apertura de nuevas tierras que proporcionen terrenos propicios para el cultivo de la zafra de ca√Īa de az√ļcar y la venta de esclavos para los ingenios azucareros o en los mercados europeos, y, a su vez, forma parte de una conspiraci√≥n de marranos y conversos que desean vengarse de Fernando el Cat√≥lico por haber reformado la Inquisici√≥n aragonesa a semejanza de la castellana.

Pero si el rey Fernando y Sant√°ngel logran colocar a los hombres de este √ļltimo, los hermanos Pinz√≥n, como hombres ¬ęde confianza¬Ľ en el primer viaje, la reina Isabel, que tampoco ten√≠a un pelo de tonta, introduce all√≠ a Juan de la Cosa y la nao Santa Mar√≠a, y, probablemente, firma un pacto previo al viaje con los portugueses, de ah√≠ que Col√≥n retorne por Canarias (y no por las Azores como dice el Diario, que trata de ocultar el pacto con el rey Juan II de Portugal) y se dirija r√°pidamente a Lisboa a preparar con el rey portugu√©s lo que constituir√° el Tratado de Tordesillas.

El primer viaje colombino, entre el lauro y el desastre

En definitiva, el primer viaje es una amalgama de intereses dispares que concluye, como no podía ser de otra forma,

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José Antonio Hurtado García


Nacido en Madrid y residente actualmente en Santa Cruz de Tenerife.

Ingeniero Aeronáutico, Master en Dirección de Empresas y dos cursos de Doctorado en Historia.

Quince a√Īos dedicados en exclusiva a la investigaci√≥n sobre el tema de la cartograf√≠a colombina y medieval culminan en √©ste libro primero de una trilog√≠a que dar√° a conocer la realidad de ese fraude que conocemos como "descubrimiento de Am√©rica".

Lo importante de éste primer libro es que cualquier lector puede comoprobar sin necesidad de conocimientos especiales y sin acudir a archivos de bibliotecas que lo que afirmo en él es totalmente cierto.

Otros libros ya publicados:

La ruta T.I.D.

Codex Templi (coator)

Cristóbal Colón y la Carta Templaria.

Cristóbal Colón y el Descubrimiento del Nuevo Mundo (coautor)

Fraude, mentiras y errores en el "descubrimiento" [...]

Fraude, mentiras y errores en el




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