MAGAZÍN D'INVESTIGACIÓ PERIODÍSTICA (iniciat el 1960 com AUCA satírica.. per M.Capdevila a classe de F.E.N.)
-VINCIT OMNIA VERITAS -
VOLTAIRE: "El temps fa justícia i posa a cadascú al seu lloc.."- "No aniràs mai a dormir..sense ampliar el teu magí"
"La història l'escriu qui guanya".. així.. "El poble que no coneix la seva història... es veurà obligat a repetir-la.."
| 04-11-2013 (4331 lectures) | Categoria: Diario |
RELACIÓN DEL TERCER VIAJE
ALMIRANTE D. CRISTÓBAL COLÓN
LA HISTORIA DEL VIAGE
QUE EL ALMIRANTE D. CRISTÓBAL COLÓN
HIZO LA TERCERA VEZ QUE VINO A LAS INDIAS
CUANDO DESCUBRIÓ
LA TIERRA FIRME, COMO LO ENVIÓ A LOS REYES
DESDE LA ISLA ESPAÑOLA
Año de 1498.
Serenísimos é muy altos é muy poderosos Príncipes Rey é Reina nuestros Señores: La Santa Trinidad movió á vuestras Altezas á esta empresa de las Indias, y por su infinita bondad hizo á mí mensagero dello, al cual vine con la embajada á su Real conspectu, movido como á los más altos Príncipes de cristianos y que tanto se ejercitaban en la fe y acrecentamiento della; las personas que entendieron en ello lo tuvieron por imposible, y el caudal hacían sobre bienes de fortuna, y allí echaron el clavo. Puse en esto seis ó siete años de grave pena, amostrando lo mejor que yo sabía cuánto servicio se podía hacer á nuestro Señor en esto en divulgar su santo nombre y Fe á tantos pueblos; lo cual todo era cosa de tanta excelencia y buena fama y gran memoria para grandes Príncipes: fué también necesario de hablar del temporal adonde se les amostró el escribir de tantos sabios dignos de fe, los cuales escribieron
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historias. Los cuales contaban que en estas partes había muchas riquezas, y asimismo fué necesario traer á esto el decir é opinión de aquellos que escribieron é situaron el mundo; en fin vuestras Altezas determinaron que esto se pusiese en obra. Aquí mostraron el grande corazón que siempre ficieron en toda cosa grande, porque todos los que habían entendido en ello y oído esta plática todos á una mano lo tenían á burla, salvo dos frailes (1) que siempre fueron constantes. Yo, bien que llevase fatiga, estaba bien seguro que esto no venía á menos, y estoy de contino, porque es verdad que todo pasará, y no la palabra de Dios, y se cumplirá todo lo que dijo; el cual tan claro habló de estas tierras por la boca de Isaías en tantos lugares de su Escriptura, afirmando que de España les sería divulgado su santo nombre. E partí en nombre de la Santa Trinidad, y volví muy presto con la experiencia de todo cuanto yo había dicho en la mano: tornáronme á enviar vuestras Altezas, y en poco espacio digo, no de (2) le descubrí por virtud divinal trescientas y treinta y tres leguas de la tierra firme, fin de Oriente, y setecientas (3) islas de nombre (4), allende de lo descubierto en el primero viaje, y le allané la Isla Española que boja más
(1) Fr. Juan Pérez de Marchena, franciscano, guardián del convento de la Rábida, y Fr. Diego de Deza, dominico, después arzobispo de Sevilla.—Navarrete.
(2) (3) Igual vacío en el original. Por setecientas.
(4) En el segundo viaje no descubrió la tierra firme, como dice, sino que creyó lo era la Isla de Cuba, que no pudo acabar de reconocer; ni se averiguó ser isla hasta que por orden del Rey, el comendador mayor Nicolás Ovando comisionó a Sebastián de Ocampo, que la rodeó y reconoció toda en el año de 1503.—Véase Herrera, Dec. I, lib. VII, cap. I. En el número de islas comprendió sin duda las muchas que vió al Sur de Cuba en el paraje que llamó Jardín de la Reina.—Navarrete.
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que España, en que la gente dellas es sin cuento, y que todos le pagasen tributo. Nació allí mal decir y menos precio de la empresa comenzada en ello, porque no había yo enviado luego los navíos cargados de oro, sin considerar la brevedad del tiempo, y lo otro que yo dije de tantos inconvenientes; y en esto por mis pecados ó por mi salvación creo que será, fué puesto en aborrecimiento y dado impedimento á cuanto yo decía y demandaba; por lo cual acordé de venir á vuestras Altezas, y maravillarme de todo y mostrarles la razón que en todo había, y les dije de los pueblos que yo había visto, en qué ó de qué se podrían salvar muchas ánimas, y les truje las obligaciones de la gente de la Isla Española, de como se obligaban á pagar tributo é les tenían por sus Reyes y Señores, y les truje abastante muestra de oro, y que hay mineros y granos muy grandes, y asimismo de cobre; y les truje de muchas maneras de especerías, de que sería largo de escrebir, y les dije de la gran cantidad de brasil, y otras infinitas cosas. Todo no aprovechó para con algunas personas que tenían gana y dado comienzo á mal decir del negocio, ni entrar con fabla del servicio de nuestro Señor con se salvar tantas ánimas, ni á decir que esto era grandeza de vuestras Altezas, de la mejor calidad que hasta hoy haya usado Príncipe, por que el ejercicio é gasto era para el espiritual y temporal, y que no podía ser que andando el tiempo no hobiese la España de aquí grandes provechos, pues que se veían las señales que escribieron de lo de estas partidas tan manifiestas; que también se llegaría á ver todo el otro complimiento, ni á decir cosas que usaron grandes Príncipes en el mundo para crecer su fama, así como de Salomón que envió desde Hierusalén en fin de Oriente á ver el monte Sopora, en que se detovieron los navíos tres años, el cual tienen vuestras Altezas agora en la Isla Española; ni de Alejandre, que envió á ver el
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regimiento de la Isla de Trapobana en India, y Nero Cesar á ver las fuentes del Nilo (1), y la razón porque crecían en el verano, cuando las aguas son pocas, y otras muchas grandezas que hicieron Príncipes, y que Príncipes son estas cosas dadas de hacer; ni valía decir que yo nunca había leído que Príncipes de Castilla jamás hobiesen ganado tierra fuera della, y que esta de acá es otro mundo en que se trabajaron Romanos y Alejandre y Griegos, para la haber con grandes ejercicios, ni decir del presente de los Reyes de Portugal, que tovieron corazón para sostener á Guinea, y del descubrir della, y que gastaron oro y gente á tanta, que quien contase toda la del Reino se hallaría que otra tanta como la mitad son muertos en Guinea, y todavía la continuaron hasta que les salió dello lo que parece, lo cual todo comenzaron de largo tiempo, y ha muy poco que les da renta; los cuales también osaron conquistar en África, y sostener la empresa á Cepta, Tarjar y Arcilla, é Alcazar, y de contino dar guerra á los moros, y todo esto con grande gasto, sólo por hacer cosa de Príncipe, servir á Dios y acrecentar su Señorío.
Cuanto yo más decía tanto más se doblaba á poner esto á vituperio, amostrando en ello el aborrecimiento, sin considerar cuánto bien pareció en todo el mundo, y cuánto bien se dijo en todos los cristianos de vuestras Altezas por haber tornado esta empresa, que no hobo grande ni pequeño que no quisiese dello carta. Respondiéronme vuestras Altezas riéndose y diciendo que yo no curase de nada porque no daban autoridad ni creencia á quien les mal decía de esta empresa.
(1) Estos ejemplos que pone el Almirante de la historia antigua, los amplifica y comenta su historiador Casas con gran erudición y prolijidad en los capítulos 125 y 129 de su historia.—Navarrete.
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Partí en nombre de la santísima Trinidad, miércoles 30 de Mayo (1) de la villa de San Lúcar, bien fatigado de mi viaje, que adonde esperaba descanso, cuando yo partí de estas Indias, se me dobló la pena (2), y navegué á la Isla de la Madera por camino no acostumbrado, por evitar escándalo que pudiera tener con un armada de Francia (3), que me aguardaba al Cabo de San Vicente, y de allí á las Islas de Canaria (4), de adonde me partí con una nao y dos carabelas, y envié los otros navíos á derecho camino á las Indias á la Isla Española (5), y yo navegué al Austro con propósito de llegar á la línea equinocial, y de allí seguir al Poniente hasta que la Isla Española me quedase al Septentrión, y llevado á las Islas de Cabo Verde (6), falso nombre, porque son atan secas que no vi cosa verde en ellas, y toda la gente enferma, que no osé detenerme en ellas, y navegué al Sudueste cuatrocientas y ochenta millas, que son ciento y veinte leguas, adonde en anocheciendo tenía la estrella del Norte en cinco grados; allí me desam-
(1) Del año 1498.
(2) Alude á los trabajos y dificultades que oponían para su rehabilitación los que procuraban desacreditarlo é indisponerlo con los Reyes.—Navarrete.
(3) Herrera dice (Dec. 1.ª, lib. III, cap. IX.) que era armada portuguesa; pero Casas (cap. CXXX) asegura era francesa.
(4) Herrera y D. Hernando Colón dicen que llegó á la Isla de Puerto Santo el 7 de Junio; que luego partió para la Madera, y de allí para la Gomera, adonde llegó el 19 y el 21 salió á la mar.
(5) Mandaban los tres navíos que el Almirante destacó para la Española, Pedro de Arana, natural de Córdoba, hermano de la madre de D. Hernando Colón; Alonso Sánchez de Carabajal, Regidor de Baeza, y Juan Antonio Colombo, deudo del Almirante, á quienes conoció y trató Fr. Bartolomé de las Casas, según dice en el cap. CXXX de su historia.—Navarrete.
(6) El 27 de Junio, y surgió en la Isla de la Sal, y el 30 salió para la Isla de Santiago, desde donde se puso en derrota el 4 de Julio.—Navarrete.
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paró el viento y entré en tanto ardor y tan grande que creí que se me quemasen los navíos y gente, que todo de un golpe vino á tan desordenado, que no había persona que osase descender debajo de cubierta á remediar la vasija y mantenimientos; duró este ardor ocho días; al primer día fué claro, y los siete días siguientes llovió é hizo nublado, y con todo no fallamos remedio, que cierto si así fuera de sol como el primero, yo creo que no pudiera escapar en ninguna manera.
Acórdome que navegando á las Indias siempre que voy paso al Poniente de las Islas de los Azores cien leguas, allí fallo mudar la temperanza, y esto es todo de Septentrión en Austro, y determiné que, si á nuestro Señor le pluguiese de me dar viento y buen tiempo que pudiese salir de adonde estaba, de dejar de ir más al Austro, ni volver tampoco atrás, salvo de navegar al Poniente, á tanto que ya llegase á estar con esta raya con esperanza que yo fallaría allí así temperamiento, como había fallado cuando yo navegaba en el paralelo de Canaria. E que si así fuese que entonces yo podría ir más al Austro, y plugo á nuestro Señor que al cabo de estos ocho días de me dar buen viento Levante, y yo seguí al Poniente, mas no osé declinar abajo al Austro porque fallé grandísimo nublamiento en el cielo y en las estrellas, mas non fallé mudamiento en la temperancia; así acordé de proseguir delante siempre justo al Poniente, en aquel derecho de la Sierra Leoa, con propósito de non mudar derrota fasta adonde yo había pensado que fallaría tierra, y allí adobar los navíos, y remediar si pudiese los mantenimientos y tomar agua que no tenía; y al cabo de diecisiete días, los cuales nuestro Señor me dió de próspero viento, martes 31 de Julio á mediodía nos amostró tierra (1), é yo la esperaba el lunes antes, y tuve aquel camino fasta entonces, que en saliendo el sol, por defecto del agua que no tenía, determiné de andar á las Indias de los Canibales, y tomé esa vuelta; y como su alta Majestad haya siempre usado de misericordia conmigo; por acertamiento subió un marinero á la gavia, y vido al Poniente tres montañas juntas: dijimos la Salve Regina y otras prosas, y dimos todos muchas gracias á nuestro Señor, y después dejé el camino de Septentrión, y volví hacia la tierra, adonde yo llegué á hora de completas á un Cabo á que dije de la Galea (1) después de haber nombrado á la Isla de la Trinidad, y allí hobiera muy buen puerto si fuera fondo, y había casas y gente, y muy lindas tierras, atan fermosas y verdes como las huertas de Valencia en Marzo. Pesóme cuando no pude entrar en el puerto, y corrí la costa de esta tierra del luengo fasta el poniente, y andadas cinco leguas fallé muy buen fondo y surgí (2), y en el otro día dí la vela a este camino buscando puerto para adobar los navíos y tomar agua, y remediar el trigo y los bastimentos que llevaba solamente. Allí tomé una pipa de agua, y con ella anduve ansi hasta llegar al cabo, y allí fallé abrigo de Levante y buen fondo, y así mandé surgir y adobar la vasija y tomar agua y leña, y descendir la gente á descansar de tanto tiempo que andaban penando.
A esta punta llamé del Arenal (3), y allí se falló toda
(1) Ahora se llama Cabo Galeota y es el más oriental y meridional de la Isla de Trinidad de Barlovento, y se halla en latitud N. 10° 9' 00", y longitud occidental del meridiano del Observatorio de Cádiz 51° 42' 00".—Navarrete.
(2) En 1.° de Agosto por las inmediaciones de la punta de Alcatraz, en la costa Sur de dicha Isla: su latitud 10° 6' 00", y longitud 51° 55' 00".—Navarrete.
(3) Llámase ahora punta de Icacos la más SO. de la Isla Trinidad; su latitud 10° 03' 30"; y su longitud 55° 41' 00".—Navarrete.
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la tierra. follada de unas animalias que tenían la pata como de cabra (1), y bien que según parece ser allí haya muchas, no se vido sino una muerta. El día siguiente (2) vino de hacia Oriente una grande canoa con veinticuatro hombres, todos mancebos é muy ataviados de armas, arcos y flechas y tablachinas, y ellos, como dije, todos mancebos, de buena disposición y no negros, salvo más blancos que otros que haya visto en las Indias, y de muy lindo gesto, y fermosos cuerpos, y los cabellos largos y llanos, cortados á la guisa de Castilla, y traían la cabeza atada con un pañuelo de algodón tejido á labores y colores, el cual creía yo que era almaizar. Otro de estos pañuelos traían ceñido é se cobijaban con él en lugar de pañetes. Cuando llegó esta canoa habló de muy lejos, yo ni otro ninguno no los entendíamos, salvo que yo les mandaba hacer señas que se llegasen, y en esto se pasó más de dos horas, y si se llegaban un poco luego se desviaban. Yo les hacía mostrar bacines y otras cosas que lucían por enamorarlos porque viniesen, y á cabo de buen rato se allegaron más que hasta entonces no habían, y yo deseaba mucho haber lengua, y no tenía ya cosa que me pareciese que era de mostrarles para que viniesen; salvo que hice subir un tamborín en el castillo de popa que tañesen, é unos mancebos que danzasen, creyendo que se allegarían á ver la fiesta; y luego que vieron tañer y danzar todos dejaron los remos y echaron mano á los arcos y los encordaron, y embrazó cada uno su tablachina, y comenzaron á tirarnos flechas: cesó luego el tañer y danzar, y mandé luego sacar unas ballestas, y ellos dejáronme y fueron á más andar á otra carabela, y de golpe se fueron debajo la popa della, y el piloto entró con ellos, y
(1) Estas patas eran de venado, que hay muchos por allí.—Casas.
(2) Jueves 2 de Agosto.
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dió un sayo é un bonete á un hombre principal que le pareció dellos, y quedó concertado que le iría hablar allí en la playa, adonde ellos luego fueron con la canoa esperándole, y él como no quiso ir sin mi licencia, como ellos le vieron venir á la nao con la barca, tornaron á entrar en la canoa é se fueron, é nunca más los vide ni á otros en esta isla.
Cuando yo llegué á esta punta del Arenal (1), allí se hace una boca grande de dos leguas de Poniente á Levante, la Isla de la Trinidad con la tierra de Gracia, y que para haber de entrar dentro para pasar al Septentrión había unos hileros de corrientes que atravesaban aquella boca y traían un rugir muy grande, y creí yo que sería un arrecife de bajos é peñas, por el cual no se podría entrar dentro en ella, y detrás de este hilero había otro y otro que todos traían un rugir grande como ola de la mar que va á romper y dar en peñas (2). Surgí allí á la dicha punta del Arenal, fuera de la dicha boca (3), y fallé que venía el agua del Oriente fasta el Poniente con tanta furia como hace Guadalquivir en tiempo de avenida, y esto de contino noche y día, que creí que no podría volver atrás por la corriente, ni ir adelante por los bajos; y en la noche ya muy tarde, estando al bordo de la nao, oí un rugir muy terrible que venía de la parte del Austro hacia la nao, y me paré á mirar, y ví levantando la mar de Poniente á Levante, en manera de una loma tan alta como la nao, y todavía venía hacia mí poco á poco, y encima della venía
(1) «Esta punta debió ser la de la Trinidad.» Casas.—Es la punta de Icacos, la cual forma con la costa de tierra firme un canal de tres leguas con dirección de ONO.—ESE.—Navarrete.
(2) En este paraje es muy notable el escarcen de las corrientes que tiran para el Oeste con una velocidad de dos y media millas por hora.
(3) En el fondeadero de punta Icacos.
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un hilero de corriente que venía rugiendo con muy grande estrépito con aquella furia de aquel rugir que de los otros hileros que yo dije que me parecían ondas de mar que daban en peñas, que hoy en día tengo el miedo en el cuerpo que no me trabucasen la nao cuando llegasen debajo della, y pasó y llegó fasta la boca adonde allí se detuvo grande espacio. Y el otro día siguiente envié las barcas á sondar y fallé en el más bajo de la boca, que había seis ó siete brazas de fondo, y de contino anclaban aquellos hileros unos por entrar á otros por salir, y plugo á Nuestro Señor de me dar buen viento, y atravesé por esa boca adentro, y luego hallé tranquilidad, y por acertamiento se sacó del agua de la mar y la hallé dulce. Navegué al Septentrión fasta una sierra muy alta, adonde serían veinte y seis leguas (1) de esta punta del Arenal, y allí había dos cabos de tierra muy alta, el uno de la parte del Oriente, y era de la misma Isla de la Trinidad (2), y el otro del Occidente de la tierra que dije de Gracia (3), y allí hacía una boca muy angosta (4) más que aquella de la punta del Arenal, y allí había los mismos hileros y aquel rugir fuerte del agua como era en la punta del Arenal, y asimismo allí la mar era agua dulce; y fasta entonces yo no había habido lengua con ninguna gente de estas tierras, y lo deseaba en gran manera, y por esto navegué al luengo de la costa de esta tierra hacia el Poniente, y cuanto más andaba hallaba el agua de la mar más dulce y más sabrosa, y andando una gran parte llegué á un lugar donde me parecían las tierras labradas (5) y surgí y en-
(1) Son solo trece leguas y dos tercios.
(2) Punta de Peña Blanca.—Navarrete.
(3) Punta de la Peña.—Navarrete.
(4) Boca Grande, una de las de Dragos.—Navarrete.
(5) Las inmediaciones de Macare en la costa septentrional occidental del golfo de Paria ó de Trinidad.—Navarrete.
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vié las barcas á tierra, y fallaron que de fresco se había ido de allí gente, y fallaron todo el monte cubierto de gatos paules: volviéronse, y como ésta fuese sierra me pareció que más allá al Poniente las tierras eran más llanas, y que allí sería poblado, y por esto mandé levantar las anclas y corrí esta costa fasta el cabo de esta sierra, y allí á un río surgí (1), y luego vino mucha gente, y me dijeron cómo llamaron á esta tierra Paria, y que de allí más al Poniente era más poblado; tomé dellos cuatro, y después navegué al Poniente, y andadas ocho leguas más al Poniente allende una punta á que yo llamé del Aguja (2): hallé unas tierras las más hermosas del mundo y muy pobladas: llegué allí una mañana á hora de tercia, y por ver esta verdura y esta hermosura acordé surgir y ver esta gente, de los cuales luego vinieron en canoas á la nao á rogarme, de partes de su Rey, que descendiese en tierra: é cuando vieron que no curé dellos vinieron á la nao infinitísimos en canoas, y muchos traían piezas de oro al pescuezo, y algunos atados á los brazos algunas perlas: holgué mucho cuando las ví é procuré mucho de saber dónde las hallaban, y me dijeron que allí, y de la parte del Norte de aquella tierra.
Quisiera detenerme, mas estos bastimentos que yo traía, trigo y vino é carne para esta gente que acá está se me acababan de perder, los cuales hube allá con tanta fatiga, y por esto yo no buscaba sino á más andar á venir á poner en ellos cobro, y no me detener para cosa alguna: procuré de haber de aquellas perlas, y envié las barcas á tierra: esta gente es muy mucha, y toda de muy buen parecer, de la misma color que los otros de
(1) Un río inmediato al O. de la Punta Cumana en dicha costa; su latitud 10° 30', y su longitud 55° 56' 00".—Navarrete.
(2) Ahora se llama de Alcatraces: su latitud 10° 27', y su longitud 56° 13'.—Navarrete.
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antes, y muy tratables; la gente nuestra que fué á tierra los hallaron tan convenibles, y los recibieron muy honradamente: dicen que luego que llegaron las barcas á tierra que vinieron dos personas principales con todo el pueblo, creen que el uno el padre y el otro era su hijo, y los llevaron á una casa muy grande hecha á dos aguas, y no redonda, como tienda de campo, como son estas otras, y allí tenían muchas sillas á donde los hicieron asentar, y otras donde ellos se asentaron; y hicieron traer pan, y de muchas maneras frutas é vino de muchas maneras blanco é tinto, más no de uvas debe él de ser de diversas maneras uno de una fruta y otro de otra; y asimismo debe de ser dello de maíz, que es una simiente que hace una espiga como una mazorca de que llevé yo allá, y hay ya mucho en Castilla, y parece que aquel que lo tenía mejor lo traía por mayor excelencia, y lo daba en gran precio: los hombres todos estaban juntos á un cabo de la casa, y las mujeres en otro.
Recibieron ambas las partes gran pena porque no se entendían, ellos para preguntar los otros de nuestra patria, y los nuestros por saber de la suya. E después que hobieron rescebido colación allí en casa del más viejo, los llevó el mozo á la suya, é fizo otro tanto, é después se pusieron en las barcas é se vinieron á la nao, é yo luego levanté las anclas porque andaba mucho de priesa por remediar los mantenimientos que se me perdían que yo había habido con tanta fatiga, y también por remediarme á mí que había adolescido por el desvelar de los ojos, que bien que el viaje que yo fuí á descubrir la tierra firme (1) estuviese treinta y tres días sin concebir sueño, y estoviese tanto tiempo sin vista, non se me dañaron los ojos, ni se me rompieron de sangre y con tantos dolores como agora.
Esta gente, como ya dije, son todos de muy linda estatura, altos de cuerpos, é de muy lindos gestos, los cabellos muy largos é llanos, y traen las cabezas atadas con unos pañuelos labrados, como ya dije, hermosos, que parecen de lejos de seda y almaizares: otro traen ceñido más largo que se cobijan con él en lugar de pañetes, ansi hombres como mujeres. La color de esta gente es más blanca que otra que haya visto en las Indias; todos traían al pescuezo y á los brazos algo á la guisa de estas tierras, y muchos traían piezas de oro bajo colgado al pescuezo. Las canoas de ellos son muy grandes y de mejor hechura que no son estas otras, y más livianas, y en el medio de cada una tienen un apartamiento como cámara en que ví que andaban los principales con sus mujeres. Llamé allí á este lugar Jardines, porque así conforman por el nombre. Procuré mucho de saber dónde cogían aquel oro, y todos me aseñalaban una tierra frontera dellos al Poniente, que era muy alta, mas no lejos; mas todos me decían que no fuese allá porque allí comían los hombres, y entendí entonces que decían que eran hombres caníbales, é que serían como los otros, y después he pensado que podría ser que lo decían porque allí habría animalias. También les pregunté adonde cogían las perlas, y me señalaron también que al Poniente, y al Norte detrás de esta tierra donde estaban. Dejélo de probar por esto de los mantenimientos, y del mal de mis ojos, y por una nao grande que traigo que no es para semejante hecho.
Y como el tiempo fué breve se pasó todo en preguntas, y se volvieron á los navíos, que sería hora de vísperas, como ya dije, y luego levanté las anclas y navegué al Poniente; y asimesmo el día siguiente fasta que me fallé que no había si non tres brazas de fondo, con
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creencia que todavía ésta sería isla, y que yo podría salir al Norte; y así visto envié una carabela sotil adelante á ver si había salida ó si estaba cerrado, y ansi anduvo mucho camino fasta un golfo muy grande en el cual parecía que había otros cuatro medianos, y de uno salía un río grandísimo (1): fallaron siempre cinco brazas de fondo y el agua muy dulce, en tanta cantidad que yo jamás bebíla parejadella. Fuí yo muy descontento della cuando vi que no podía salir al Norte ni podía andar ya al Austro ni al Poniente porque yo estaba cercado por todas partes de la tierra, y así levanté las anclas, y torné atrás para salir al Norte por la boca que yo arriba dije, y no pude volver por la población adonde yo había estado, por causa de las corrientes que me habían desviado della, y siempre en todo cabo hallaba el agua dulce y clara, y que me llevaba al Oriente muy recio hacia las dos bocas que arriba dije, y entonces conjeturé que los hilos de la corriente, y aquellas lomas que salían y entraban en estas bocas con aquel rugir tan fuerte que era pelea del agua dulce con la salada. La dulce empujaba á la otra porque no entrase, y la salada porque la otra no saliese; y conjeturé que allí donde son estas dos bocas que algún tiempo sería tierra continua á la isla de la Trinidad con la tierra de Gracia, como podrán ver vuestras Altezas por la pintura de lo que con ésta les envío. Salí yo por esta boca del Norte (2) y hallé que el agua dulce siempre vencía, y cuando pasé, que hube con fuerza de viento, estando en una de aquellas lomas, hallé en aquellos hilos de la parte de dentro el agua dulce, y de fuera salada.
(1) Debe ser el río de Paria ó el Guarapiche: el primero en latitud 10° 25', y longitud 56° 13'; y el segundo en latitud 10° 6', y longitud 56° 20'. Este es el paraje que el Almirante llamó Golfo de las Perlas.—Navarrete.
(2) Por Boca Grande el día 13 de Agosto.—Navarrete.
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Cuando yo navegué de España á las Indias falló luego en pasando cien leguas á Poniente de los Azores grandísimo mudamiento en el cielo é en las estrellas, y en la temperancia del aire, y en las aguas de la mar, y en esto he tenido mucha diligencia en la experiencia. Fallo que de Septentrión en Austro, pasando las dichas cien leguas de las dichas islas, que luego en las agujas de marear, que fasta entonces nordesteaban, noruestean una cuarta de viento todo entero, y esto es en allegando allí á aquella línea, como quien traspone una cuesta, y asimismo fallo la mar toda llena de yerba de una calidad que parece ramitos de pino y muy cargada de fruta como de lantisco, y es tan espesa que al primer viaje pensé que era bajo, y que daría en seco con los navíos, y hasta llegar con esta raya no se falla un solo ramito: fallo también en llegando allí la mar muy suave y llana, y bien que vente recio nunca se levanta. Asimismo hallo dentro de la dicha raya hacia Poniente la temperancia del cielo muy suave, y no discrepa de la cantidad quier sea invierno, quier sea en verano. Cuando allí estoy hallo que la estrella del Norte escribe un círculo el cual tiene en el diámetro cinco grados, y estando las guardas en el brazo derecho entonces está la estrella en el más bajo, y se va alzando fasta que llega al brazo izquierdo, y entonces está cinco grados, y de allí se va abajando fasta llegar á volver otra vez al brazo derecho.
Yo allegué agora de España á la Isla de la Madera, y de allí á Canaria, y dende á las Islas de Cabo Verde, de adonde cometí el viaje para navegar al Austro fasta debajo la línea equinocial, como ya dije: allegado á estar en derecho con el paralelo que pasa por la Sierra Leoa (1) en Guinea, fallo tan grande ardor, y los rayos
(1) Sierra Leona.
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del sol tan calientes que pensaba de quemar, y bien que lloviese y el cielo fuese muy turbado siempre yo estaba en esta fatiga, fasta que nuestro Señor proveyó de buen viento y á mí puso en voluntad que yo navegase al Occidente con este esfuerzo, que en llegando á la raya de que yo dije que allí fallaría mudamiento en la temperancia. Después que yo emparejé á estar en derecho de esta raya luego fallé la temperancia del cielo muy suave, y cuanto más andaba adelante más multiplicaba: mas no hallé conforme á esto las estrellas. hallé allí que en anocheciendo tenía yo la estrella del Norte alta cinco grados, y entonces las guardas estaban encima de la cabeza, y después á la media noche fallaba la estrella alta diez grados, y en amaneciendo que las guardas estaban en los pies quince.
La suavelidad de la mar fallé conforme, mas no en la acerba: en esto de la estrella del Norte tomé grande admiración, y por esto muchas noches con mucha diligencia tornaba yo á repricar la vista della con el cuadrante, y siempre fallé que caía el plomo y hilo é un punto.
Por cosa nueva tengo yo esto, y podrá ser que será tenida que en poco espacio haga tanta diferencia el cielo.
Yo siempre leí que el mundo, tierra é agua era esférico é las autoridades y experiencias que Tolomeo y todos los otros escribieron de este sitio, daban é amostraban para ello así por eclipses de la luna y otras demostraciones que hacen de Oriente fasta Occidente, como de la elevación del polo de Septentrión en Austro.
Agora vi tanta disformidad, como ya dije, y por esto me puse á tener esto del mundo, y fallé que no era redondo en la forma que escriben; salvo que es de la forma de una pera que sea toda muy redonda, salvo allí donde tiene el pezón que allí tiene más alto, ó como quien tiene una pelota muy redonda, y en un lugar della fuese como una teta de mujer allí puesta, y que esta parte donde el pezón sea la más alta é más propincua al cielo, y sea debajo la línea equinoccial, y en esta mar Océana en fin del Oriente: llamo yo fin de Oriente, adonde acaba toda la tierra é islas, é para esto allego todas las razones sobreescriptas de la raya que pasa al Occidente de las Islas de los Azores cien leguas de Septentrión en Austro, que en pasando de allí al Poniente ya van los navíos alzándose hacia el cielo suavemente, y entonces se goza de más suave temperancia y se muda la aguja de marear por causa de la suavidad de esa cuarta de viento, y cuanto más va adelante é alzándose más noruestea, y esta altura causa el desvariar del círculo que escribe la estrella del Norte con las guardas, y cuanto más pasare junto con la línea equinocial, más se subirán en alto, y más diferencia habrá en las dichas estrellas, y en los círculos dellas. Y Tolomeo y los otros sabios que escribieron de este mundo, creyeron que era esférico, creyendo que este hemisferio que fuese redondo como aquel de allá donde ellos estaban, el cual tiene el centro en la Isla de Arín, que es debajo la línea equinocial entre el sino Arábico y aquel de Persia, y el círculo pasa sobre el Cabo de San Vicente en Portugal por el Poniente, y pasa en Oriente por Cangara y por las Seras, en el cual hemisferio no hago yo que haya ninguna dificultad, salvo que sea esférico redondo como ellos dicen: mas este otro digo que es como sería la mitad de la pera bien redonda, la cual toviese el pezón alto como yo dije, ó como una teta de mujer en una pelota redonda, así que desta media parte non hobo noticia Tolomeo ni los otros que escribieron del mundo, por ser muy ignoto; solamente hicieron raíz sobre el hemisferio adonde ellos estaban, que es redondo esférico, como arriba dije. Y agora que vuestras Altezas lo han mandado
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navegar y buscar y descobrir, se amuestra evidentísimo, porque estando yo en este viaje al Septentrión veinte grados de la línea equinocial, allí era en derecho de Harmío, é de aquellas tierras: é allí es la gente negra é la tierra muy quemada, y después que fuí á las islas de Cabo Verde, allí en aquellas tierras es la gente mucho más negra, y cuanto más bajo se van al Austro tanto más llegan al extremo, en manera que allí en derecho donde yo estaba, que es la Sierra Leoa, adonde se me alzaba la estrella del Norte en anocheciendo cinco grados, allí es la gente negra en extrema cantidad, y después que de allí navegué al Occidente tan extremos calores; y pasada la raya de que yo dije, fallé multiplicar la temperancia, andando en tanta cantidad, que cuando yo llegué á la isla de la Trinidad, adonde la estrella del Norte en anocheciendo también se me alzaba cinco grados, allí y en la tierra de Gracia hallé temperancia suavísima, y las tierras y árboles muy verdes, y tan hermosos como en Abril en las huertas de Valencia; y la gente de allí de muy linda estatura, y blancos más que otros que haya visto en las Indias, e los cabellos muy largos é llanos, é gente más astuta é de mayor ingenio, é no cobardes.
Entonces era el sol en Virgen encima de nuestras cabezas é suyas, ansí que todo esto procede por la suavísima temperancia que allí es, la cual procede por estar más alto en el mundo y más cerca del aire que cuento; y así me afirmo que el mundo no es esférico, salvo que tiene esta diferencia que ya dije: la cual es en este hemisferio adonde caen las Indias é la mar Océana, y el extremo dello es debajo la línea equinocial, y ayuda mucho á esto que sea ansí, porque el sol cuando nuestro Señor lo hizo fué en el primer punto de Oriente, é la primera luz que fué aquí en Oriente, allí donde es el extremo de la altura deste mundo; y bien que el parecer de Aristotel fuese que el Polo antártico ó la tierra que es debajo del sea la más alta parte en el mundo, y más propincua al cielo, otros sabios le impugnan diciendo que es esta que es debajo del Ártico, por las cuales razones parece que entendían que una parte deste mundo debía de ser más propincua y noble al cielo que otra, y no cayeron en esto que sea debajo del equinocial por la forma que yo dije, y no es maravilla porque deste hemisferio non se hobiese noticia cierta, salvo muy liviana y por argumento, porque nadie nunca lo ha andado ni enviado á buscar, hasta agora que vuestras Altezas le mandaron explorar descubrir la mar y la tierra.
Fallo que de allí de estas dos bocas, las cuales como yo dije están frontero por línea de Septentrión en Austro, que haya de la una á la otra veinte y seis leguas (1) y no pudo haber en ello yerro porque se midieron con cuadrante, y destas dos bocas de Occidente fasta el golfo que yo dije, al cual llamé de las Perlas, que son sesenta é ocho leguas (2) de cuatro millas cada una como acostumbramos en el mar, y que de allá de este golfo corre de contino el agua muy fuerte hacia el Oriente; y que por esto tienen aquel combate estas dos bocas con la salada. En esta boca de Austro, á que yo llamé de la Sierpe (3), fallé en anocheciendo que yo tenía la estrella del Norte alta cuasi cinco grados, y en aquella otra del Septentrión, á que yo llamé del Drago, eran cua-
(1) Desde la Punta de Icacos, que es la NE. de la boca del S., hasta la de la Peña, que es la occidental de la boca grande en las de los Dragos, sólo hay trece leguas y dos tercias.—Navarrete.
(2) Deben ser veintiuna leguas y una tercia.—Navarrete.
(3) Llámase en el día Canal del Soldado por un islote con este nombre que casi está en el medio.—Navarrete.
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tro siete, y fallo que el dicho Golfo de las Perlas está occidental al Occidente de el (1) de Tolomeo cuasi tres mil é novecientas millas, que son cuasi setenta grados equinociales, contando por cada uno cincuenta y seis millas é dos tercios.
La Sacra Escriptura testifica que nuestro Señor hizo al Paraíso terrenal, y en él puso el Árbol de la vida, y dél sale una fuente de donde resultan en este mundo cuatro ríos principales: Ganges en India, Tigris y Éufrates en (2) los cuales apartan la sierra y hacen la Mesopotamia y van á tener en Persia, y el Nilo que nace en Etiopía y va en la mar en Alejandría.
Yo no hallo ni jamás he hallado escriptura de Latinos ni de Griegos que certificadamente diga el sitio en este mundo del Paraíso terrenal, ni visto en ningún mapa mundo, salvo, situado con autoridad de argumento. Algunos le ponían allí donde son las fuentes del Nilo en Etiopía; mas otros anduvieron todas estas tierras y no hallaron conformidad dello en la temperancia del cielo, en la altura hacia el cielo, porque se pudiese comprehender que él era allí, ni que las aguas del diluvio hobiesen llegado allí, las cuales subieron encima, etcétera. Algunos gentiles quisieron decir por argumentos, que él era en las islas Fortunatas que son las Canarias, etc.
San Isidro y Beda y Strabo, y el Maestro de la historia escolástica, y San Ambrosio y Scoto, y todos los sanos teólogos conciertan que el Paraíso terrenal es en el Oriente, etc.
Ya dije lo que yo hallaba deste hemisferio y de la hechura, y creo que si yo pasara por debajo de la línea equinocial que en llegando allí en esto que más alto que fallara muy mayor temperancia, y diversidad en las estrellas y en las aguas; no porque yo crea que allí donde es la altura del extremo sea navegable ni agua, ni que se pueda subir allá, porque creo que allí es el Paraíso terrenal, adonde no puede llegar nadie, salvo por voluntad Divina; y creo que esta tierra que agora mandaron descubrir vuestras Altezas sea grandísima y haya otras muchas en el Austro de que jamás se hobo noticia.
Yo no tomo que el Paraíso terrenal sea en forma de montaña áspera como el escrebir dello nos amaestra, salvo que él sea en el colmo allí donde dije la figura del pezón de la pera, y que poco á poco andando hacia allí desde muy lejos se va subiendo á él; y creo que nadie no podría llegar al colmo como yo dije, y creo que pueda salir de allí esa agua, bien que sea lejos y venga á parar allí donde yo vengo, y falta este lago. Grandes indicios son estos del Paraíso terrenal, porque el sitio es conforme á la opinión de estos santos é sanos teólogos, y asimismo las señales son muy conformes, que yo jamás leí ni oí que tanta cantidad de agua dulce fuese así adentro é vecina con la salada; y en ello ayuda asimismo la suavísima temperancia, y si de allí del Paraíso no sale, parece aun mayor maravilla, porque no creo que se sepa en el mundo de río tan grande y tan fondo (1).
Después que yo salí de la boca del Drago, que es la una de las dos aquella del Septentrión, á la cual así puse nombre (2), el día siguiente, que fué día de Nuestra Se-
(1) Dice verdad. Casas.
(2) Llámase boca del Drago, como lo hacen todas las que forman las Islas Chacachacare, de Huevos y de Monos, situadas entre la punta más occidental septentrional de la isla Trinidad, llamada de Peña Blanca, y la de la Peña en la costa del Continente, que el Almirante llama de Gracia, y se halla en latitud 10° 13' 15" y longitud 55° 37'.—Navarrete.
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ñora de Agosto, fallé que corría tanto la mar al Poniente, que después de hora de misa que entré en camino, anduve fasta hora de completas sesenta y cinco leguas de cuatro millas cada una, y el viento no era demasiado, salvo muy suave; y esto ayuda el cognoscimiento que de allí yendo al Austro se va más alto, y andando hacia el Septentrión, como entonces, se va descendiendo.
Muy conoscido tengo que las aguas de la mar llevan su curso de Oriente á Occidente con los cielos, y que allí en esta comarca cuando pasan llevan más veloces camino, y por esto han comido tanta parte de la tierra, porque por eso son acá tantas islas (1), y ellas mismas hacen desto testimonio, porque todas á una mano son largas de Poniente á Levante, y Norueste é Sueste que es un poco más alto é bajo, y angostas de Norte á Sur, y Nordeste Sudueste, que son en contrario de los otros dichos vientos, y aquí en ellas todas nascen cosas preciosas por la suave temperancia que les procede del cielo por estar hacia el más alto del mundo. Verdad es que parece en algunos lugares que las aguas no hagan este curso; mas esto no es, salvo particularmente en algunos lugares donde alguna tierra le está al encuentro, y hace parecer que andan diversos caminos.
Plinio escribe que la mar é la tierra hace todo una esfera, y pone que esta mar Océana sea la mayor cantidad del agua, y está hacia el cielo, y que la tierra sea debajo y que le sostenga, y mezclado es uno con otro como el mago de la nuez con una tela gorda que va abrazado en ello. El Maestro de la Historia escolástica sobre el Génesis dice que las aguas son muy pocas, que bien que cuando fueron criadas que cobijasen toda la tierra que entonces eran vaporables en manera de niebla, y que después que fueron sólidas é juntadas que ocuparon muy poco lugar, y en esto concierta Nicolao de Lira. El Aristotel dice que este mundo es pequeño y es el agua muy poca, y que fácilmente se puede pasar de España á las Indias, y esto confirma el Avenruyz y le alega el Cardenal Pedro de Aliaco, autorizando este decir y aquel de Séneca, el cual conforma con estos, diciendo que Aristóteles pudo saber muchos secretos del mundo á causa de Alejandro Magno, y Séneca á causa de César Nero y Plinio por respecto de los Romanos, los cuales todos gastaron dineros é gente, y pusieron mucha diligencia en saber los secretos del mundo y darlos á entender á los pueblos; el cual Cardenal da á éstos grande autoridad más que á Tolomeo ni á otros Griegos ni Árabes, y á confirmación de decir que el agua sea poca y que el cubierto del mundo della sea poco, al respecto de lo que se decía por autoridad de Tolomeo y de sus secuaces: á esto trae una autoridad de Esdras del 3.º (1) libro suyo, adonde dice que de siete partes del mundo las seis son descubiertas y la una es cubierta de agua, la cual autoridad es aprobada por Santos, los cuales dan autoridad al 3.º é 4.º libro de Esdras, ansí como es S. Agustín é S. Ambrosio en su Hexameron, adonde alega allí vendrá mi hijo Jesús é morirá mi hijo Cristo, y dicen que Esdras fué Profeta, y asimismo Zacarías, padre de S. Juan, y el braso (2) Simón; las cuales autoridades también alega Francisco de Mairones: en cuanto en esto del enjuto de la tierra mucho se ha experimentado que es mucho más de lo que el vulgo crea; y no es maravilla, porque andando más, más se sabe.
Torno á mi propósito de la tierra de Gracia y río y lago que allí fallé, atan grande que más se le puede llamar mar que lago, porque lago es lugar de agua, y en siendo grande se dice mar, como se dijo á la mar de Galilea y al mar Muerto, y digo que, si no procede del Paraíso terrenal, que viene este río y procede de tierra infinita (1), pues al Austro, de la cual fasta agora no se ha habido noticia, mas yo muy asentado tengo en el ánima que allí adonde dije es el Paraíso terrenal, y descanso sobre razones y autoridades sobrescriptas.
Plega á nuestro Señor de dar mucha vida y salud y descanso á vuestras Altezas para que puedan proseguir esta tan noble empresa, en la cual me parece que rescibe nuestro Señor mucho servicio, y la España crece de mucha grandeza, y todos los Cristianos mucha consolación y placer, porque aquí se divulgará el nombre de nuestro Señor, y en todas las tierras adonde los navíos de vuestras Altezas van, y en todo cabo, mando plantar una alta cruz, y á toda la gente que hallo notifico el estado de vuestras Altezas y como su asiento es en España, y les digo de nuestra santa fe todo lo que yo puedo, y de la creencia de la Santa Madre Iglesia, la cual tiene sus miembros en todo el mundo, y les digo la policía y nobleza de todos los Cristianos, y la fe que en la Santa Trinidad tienen; y plega á nuestro Señor de tirar de memoria á las personas que han impugnado y impugnan tan excelente empresa, y impiden y impidieron porque no vaya adelante, sin considerar cuánta honra y grandeza es del Real Estado de vuestras Altezas en todo el mundo; no saben que entreponer á maldecir de esto, salvo que se hace gasto en ello, y porque luego no enviaron los navíos cargados de oro, sin considerar la brevedad del tiempo y tantos inconvenientes como acá se han habido, y no considerar que en Castilla, en casa de vuestras Altezas, salen cada año personas que por su merecimiento ganaron en ella más de renta, cada uno dellos más de lo que es necesario que se gaste en esto; ansimismo sin considerar que ningunos Príncipes de España jamás ganaron tierra alguna fuera della, salvo agora que vuestras Altezas tienen acá otro mundo, de adonde puede ser tan acrescentada nuestra santa fe, y de donde se podrán sacar tantos provechos, que bien que no se hayan enviado los navíos cargados de oro, se han enviado suficientes muestras dello y de otras cosas de valor, por donde se puede juzgar que en breve tiempo se podrá haber mucho provecho, y sin mirar el gran corazón de los Príncipes de Portugal que ha tanto tiempo que prosiguen la empresa de Guinea, y prosiguen aquella de África, adonde han gastado la mitad de la gente de su Reino, y agora está el Rey más determinado á ello que nunca, Nuestro Señor provea en esto como yo dije, y les ponga en memoria de considerar de todo esto que va escripto, que no es de mil partes la una de lo que yo podría escrebir de cosas de Príncipes que se ocuparon á saber y conquistar y sostener.
Todo esto dije, y no porque crea que la voluntad de vuestras Altezas sea salvo proseguir en ello en cuanto vivan, y tengo por muy firme lo que me respondió vuestras Altezas una vez que por palabra le decía desto, no porque yo hobiese visto mudamiento ninguno en vuestras Altezas salvo por temor de lo que yo oía destos que yo digo, y tanto da una gotera de agua en una piedra que le hace un agujero; y vuestras Altezas me respondió con aquel corazón que se sabe en todo el mundo que tienen, y me dijo que no curase de nada de eso, porque su voluntad era de proseguir esta empresa y sostenerla, aunque no fuese sino piedras y peñas, y que el gasto que en ello se hacía que lo tenía en nada, que en otras cosas no tan grandes gastaban mucho más, y que lo tenían todo por muy bien gastado lo del pasado y lo que se gastase en adelante, porque creían que nuestra santa fe sería acrecentada y su Real Señorío ensanchado, y que no eran amigos de su Real Estado aquellos que les maldecían de esta empresa: y agora, entre tanto que vengan á noticias desto, destas tierras que agora nuevamente he descubierto, en que tengo asentado en el ánima que allí es el Paraíso terrenal, irá el Adelantado con tres navíos bien ataviados para ello á ver más adelante, y descubrirán todo lo que pudieren hacia aquellas partes. Entre tanto yo enviaré á vuestras Altezas esta escriptura y la pintura de la tierra, y acordarán lo que en ello se deba facer, y me enviarán á mandar, y se cumplirá con ayuda de la Santa Trinidad con toda diligencia en manera que vuestras Altezas sean servidos y hayan placer.—Deo gracias (1).
(1) La copia que sirvió de original es de letra de Fray Bartolomé de las Casas, y se halla en el archivo del Excmo. Señor duque del Infantado.—Navarrete.
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