28-09-2018  (819 lectures) Categoria: Carta

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Carta de Cristóbal Colón a los Reyes Católicos anunciando el descubrimiento del Nuevo Mundo.
4 de marzo de 1493.


Christianísimos e muy altos e muy poderosos príncipes:

Aquel eterno Dios que a dado tantas victorias a V. Al., agora les dio la mas alta que hasta oy a dado a pr√≠ncipes. Yo bengo de las Yndias con la armada que V. Al. Me dieron, adonde yo pas√© en treinta y tres d√≠as despu√©s que yo part√≠ de vuestros reinos; e los catorze d'estos treinta y tres fueron calmer√≠as en que anduve muy poco camino. Hall√© gente sin n√ļmero y muy muchas islas, de las cuales tom√© posesi√≥n en nombre de V. Al., com preg√≥n real e vandera real de V. Al. estendida; y no fue contradicho.

A la primera puse nombre la isla de Sant Salvador a memoria de su Alta Magestad; a la segunda, de Santa María de Conçibiçión; a la tercera, Fernandina; a la cuarta, la Ysavela; a la quinta, la Juana, y a las otras ansí nombre nuevo. Después que yo llegué a la Juana, seguí la costa d'ella al poniente y la hallé tan grande, que yo pensé que no sería isla salvo tierra firme y que sería al provinçia del Catayo, ni podría aver d'ello notiçias, porque en todo cavo donde yo llegava huía la gente y no podía aver habla.

Y porque no pod√≠a haber fallado pobla√ß√≥n notable, cre√≠a que, andando por costa, no podr√≠a herrar de hallar alguna villa o gran √ßiudad, as√≠ como cuentan aquellos que an estado por tierra en la dicha provin√ßia. Y despu√©s que segu√≠ mucho esta tierra, hall√© que yo dexava el poniente y me llevava al setrenti√≥n, y hall√© el viento que de all√° ven√≠a, con el cual no quise porfiar fasta que pasase y viniese otro, porque ya era el invierno encarnado, y no ten√≠a el prop√≥sito sino de huir d'√©l al austro. Y as√≠ tom√© la buelta atr√°s en este medio. Ya entend√≠a algo de la fabla y se√Īas de unos indios que yo av√≠a tomado en la isla de Sant Salvador, y entend√≠a que todav√≠a hera √©sta isla.

Y as√≠n vine en un muy buen puerto, del cual enbi√© dos hombre la tierra adentro tres jornadas, con uno de los mismos indios que yo tra√≠a, el cual av√≠a tomado amistad conmigo, porque viesen y supiesen si av√≠a √ßiudades o grandes poblazones, y qu√© tierra era y qu√© av√≠a en ella. Hallaron mucha poblazones y gentes sin n√ļmero, mas no cosa de gran regimento, y ans√≠ se bolvieron. Yo part√≠ y tom√©, en el dicho puerto, √ßiertos indios, porque tanbi√©n yo pudiese d'ellos entender o comprehender de las dichas tierras. Y as√≠ segu√≠ la costa de la mar d'esta isla al oriente √ßiento y siete leguas, hasta donde haz√≠a fin.

Y antes que yo d'ella partiese, yo vide otra isla al oriente, distante d'esta diez y ocho leguas, a la cual luego llam√© la Espa√Īola. Y me fue luego a ella y segu√≠ su costa de la parte del setrentri√≥n, as√≠ como de la Juana, siempre recta lignea al oriente √ßiento y ochenta y ocho leguas bien grandes. Y surg√≠ en muy muchos puertos, en los cuales y en todos los otros de las otras islas puse una grand√≠sima cruz en el lugar m√°s id√≥neo, y obe en muchos lugares lenguas.

Abasta que yo andove ans√≠ fasta diez y seis d√≠as de henero, que yo determin√© de bolver a V. Al., as√≠ por aver ya fallado lo m√°s de lo que yo deseava, como porque ya no ten√≠a salvo una caravela, que la nao que yo llev√© av√≠a dexado con la gente en la villa de la Navidad de V. Al., fortale√ßi√©ndose en ella, como despu√©s dir√©; y la otra caravela uno de Palos, a quien yo av√≠a dado cargo d'ella esperando buen servi√ßio, se me av√≠a ido con ella, con pensamiento de tomar mucho oro de una isla de la cual av√≠a dado nuevos un indio, que con √©l yo (¬Ņ?) despu√©s hazer lo que vien viniese.

La mar es la m√°s dul√ße para navegar que ay en el mundo y con menos peligros para nao y nav√≠o de toda suerte, mas para descubrir las caravelas peque√Īas son mejores, porque andando junto con tierra y con r√≠os a menester, para descubrir mucho, que demanden poco fondo y se ayuden de remos. Ni ay jam√°s tormenta, que beo en todo cavo adonde e estado la yerva y los √°rboles hasta dentro de la mar.

Alliende de las sobredichas islas e hallado otras en las Yndias, de que no curo de dezir en la presente carta. Las cuales con estas otras son en tanta fertilidad que, aunque yo lo supiese dezir, no hera maravilla ponerse dubda en la crehen√ßia. Los aires temperat√≠simos, los √°rboles y frutos y yervas son en estrema fermosura y muy diversos de los nuestros. Los r√≠os son tantos y tan estremos en bondad de los de las partidas de christianos, qu'es maravilla. Todas esta islas son populat√≠simas de la mejor gente sin mal ni enga√Īo que aya debaxo del √ßielo. Todos, ans√≠ mugeres como hombres, andan desnudos como sus madres los pari√≥, aunque lagunas mugeres traen alguna cosita de algod√≥n o una forja de yerva, con que se cobijan.

No tienen fierro ni armas, salvo unas √ßimas de ca√Īas en que ponen al cavo un palillo delgado agudo; todo lo que labran es con piedras. Y no e podido entender que alguno tenga bienes propios, porque algunos d√≠as que yo estuve con este Rey en la villa de la Navidad v√≠a que todo el pueblo, y en especial la mugeres, le tra√≠an los 'agis', qu'es su vianda que comen, y √©l los mandava destribuir: muy singular mantenimiento...

En ninguna parte d'estas islas e conocido en la gente d'ellas seta ni idolatr√≠a ni mucha diversidad en lengua de unos a otros, salvo que todos se entienden. Cono√ß√≠ que cono√ßen que en el √ßielo est√°n todas las fuer√ßas, y generalmente, en cuantas tierras yo aya andado, creyeron y creen que yo con estos nav√≠os y gente ven√≠a del cielo, y con este acatamiento me re√ßeb√≠an. Y oy en el d√≠a est√°n en el mesmo prop√≥sito, ni se an quitado d'ello, por mucha conversaci√≥n que ayan tenido con ellos; y luego, en llegando a cualquier poblaz√≥n, los hombre y mugeres y ni√Īos andan dando bozes por las casas: 'Benid, benid la gente del √ßielo'.

Cuanto tienen y tenían davan por cualquier cosa que por ello se le diese, hasta tomar un pedazo de bidrio o de escudilla rota o cosa semejante, quiera fuese oro quier fuese otra cosa de cualquier valor. Por los cavos de las agujetas de cuero ovo un marinero más de dos castellanos y medio. Y d'estas cosas ay diez mill de contar.

Estas islas son todas muy llanas y tierra muy baja, salvo la Juana y la Espa√Īola: estas dos son tierras muy altas, y en ellas ay sierras y monta√Īas alt√≠simas sin compara√ßi√≥n de la isla de Tenerife. Son las monta√Īas todas de mill hechuras y todas fermos√≠simas y fertil√≠simas y andables y llenas de √°rboles; pare√ßen que llegan al √ßielo.

E la una y la otra d'estas dichas islas son muy grandes que, como dicho tengo, yo andove por la l√≠nea recta √ßiento y siete leguas por la Juana, y me quedavan dos provincias por andar de la parte de nurueste, en que, seg√ļn pude comprehender d'estos indios, que de longura no puede aver menos de √ßincuenta a sesenta leguas, ans√≠ que (¬Ņ?) por argumento es muy mayor que Ynglaterra y Esco√ßia juntas. Esta otra Espa√Īola es mayor en √ßerco que toda la Espa√Īa, la que, como dixe arriba, anduve por la l√≠gnea recta de poniente a oriente √ßiento y ochenta y ocho grandes leguas que en ella ay en aquella cuadra. La Juana es de muchos r√≠os, y en ella ay grandes monta√Īas y grand√≠simos valles y vega y campos, y toda llena de √°rboles y palmas grand√≠simas y de mill maneras a maravilla.

La Espa√Īola en todo tiene ventaja: los √°rboles no son tan altos ni de la mesma calidad, salvo muy frut√≠feros y espa√ßiosos; y deleitables tierras para todas cosas y para sembrar y plantar y crian√ßa de ganados, de que en ninguna isla e visto de ning√ļn espe√ßie. Tiene esta isla los aires a maravilla templados, y las vegas y campi√Īas a maravilla y sin compara√ßi√≥n de las de Castilla, y eso mismo los r√≠os an grandes y buenas aguas, y los m√°s traen oro. Los puertos de la mar son tantos y tam buenos que no lo creer√°n salvo por vista.

En √©stas ni en otras islas no me e detenido por muchos respectos, como ya en√ßima dixe, en espe√ßial porque a√ßiert√≥ de ser inbierno cuando yo corr√≠a estas costas, la cuales no davan lugar para que yo pudiese ir al austro, porque estava en la parte del setentri√≥n d'ellas y los vientos siempre fueron casi este tiempo levantes, que eran contrarios a seguir mi navega√ßi√≥n; despu√©s yo no entend√≠a aquella gente ni ellos a m√≠, salvo cuanto el alvedr√≠o ense√Īava, bien qu'ellos llevavan pena y yo mucho m√°s, porque yo deseava aver buena informa√ßi√≥n de todo. Y el descanso que yo para esto tom√© fue los indios que yo ten√≠a, qu'ellos deprend√≠an nuestra lengua y nos la suya, y despu√©s al tanto del otro viaje se sabr√°, as√≠ que no av√≠a raz√≥n de me detener a perder tiempo en ning√ļn puerto en cuanto yo tuviese lugar de navegar. Y tambi√©n, como dicho tengo, estos nav√≠os que yo tra√≠a heran muy grandes y pesados para semejante fecho, y en especial la nao que yo tra√≠a, de que vien temeroso estava yo antes que de Castilla partiese.

Bien quisiera llevar peque√Īas caravelas, mas como era este el primer viaje y la gente que llevava era temerosa de hallar la mar brava y dubdosos del viaje, y av√≠a ya avido tantas contrariedades y se atrev√≠a quienquiera a contradezir este camino y poner en ello mill peligros, sin alguna raz√≥n que a ello pudiesen dar, me hizieron negar mi voluntad y hazer todo lo que aqu√©llos que conmigo av√≠an de ir quer√≠an, y por fazer una vez el biaje y hallar la tierra.

Mas Nuestro Se√Īor, qu'es lumbre y fuer√ßa de todos aquellos que andan a buen fin y les da victorias de cosas que pare√ßen inposibles, quiso hordenar que yo hallase y oviese de hallar oro y minas d'√©l y espe√ßer√≠a y gente sin n√ļmero, unos dispuestos para ser christianos y otros para que los christianos (¬Ņ?) a ellos, y me di√≥ lugar con maravilla besible adonde yo hiziera la fuer√ßa, la cual agora est√° o debe estar acavada del todo, y horden√© que baxase en ella, en posesi√≥n de la villa de la Navidad, la gente que yo ten√≠a en la nao y algunos de las caravelas, probe√≠dos de mantenimientos para m√°s de un a√Īo y muy mucha artiller√≠a y muy sin peligro de nadie, antes con mucha amistad del Rey de a√≠, el cual se pre√ßiava de me llamar y tener por hemano; el cual todo amostrava de aver en la mayor dicha del mundo, como dixe, y as√≠ el Rey como los otros, de manera que la gente que all√° dex√© es para sojudgar toda la isla sin peligro.

Esta isla es el lugar, como dicho tengo, ase√Īalado por amnos de Nuestro Se√Īor; por donde espero que Su Magestad a de dar a V. A. Tanto oro como abr√°n menester; espe√ßer√≠a, de una pimienta, cuantas naos V. Al. mandare cargar, y alm√°tiga cuanta mandare cargar, de la cual no se halla hasta oy salvo en la isla d'Ex√≠o en Grecia y la venden el Se√Īor√≠o como quieren, que creo que saquen m√°s de cuarenta y √ßinco mill ducados d'ella cada a√Īo; y la lin√°loe cuanto mandaren cargar, y algod√≥n cuanto mandaren cargar, y esclavos tantos que no ay n√ļmero, y ser√°n de los id√≥latras; y creo aver hallado ruibarvo y canela.

Esto todo hall√© agora que fue as√≠ de corrida, mas espero en Dios que a la buelta abr√° hallado la gente que yo all√° dex√© otras mill cosas de gran sustan√ßia, porque as√≠ les dex√© encargado, y les dex√© barca y aparejos para ello y para fazer barcas y fustas y maestros de todas artes de la mar. Y sobre todo, tengo por de V. A. Las sobredichas islas todas, y que puede disponer d'ellas as√≠ como puede y m√°s cumplidamente de los reinos de Castilla, y en especial d'esta Espa√Īola.

Concluyo aqu√≠ que, mediante la gra√ßia divinal de Aqu√©l qu'es comien√ßo de todas cosas virtuosas y buenas y que da favor y victoria a todos aquellos que van en su camino, que de oy en siete a√Īos yo podr√© pagar a V. Al. √ßinco mill de cavallo y √ßincuenta mill de pie en la guerra e conquista de Jherusalem, sobre el cual prop√≥sito se tom√≥ esta empresa; y dende a √ßinco a√Īos otros √ßinco mill de cavallo y cincuenta mill de pie, que ser√≠an diez mill de cavallo y √ßient mill de pie, y esto con muy poca costa que faga agora V. A. En este comien√ßo, para que se tengan todas las Yndias y lo que en ellas ay en la mano, como despu√© dir√© por palabra a V. A. Y para esto tengo raz√≥n y no hablo in√ßierto, y no se debe dormir en ello, como se a fecho en la esecu√ßi√≥n d'esta enpresa, de que Dios perdone a quien a sido causa d'ello.

Muy poderosos prin√ßipes, de toda la christiandad debe hazer muy grand√≠sismas fiestas y en espe√ßial la Yglesia de Dios, por aver fallado tanta multidumbre de pueblos tan allegados, para que con poco trabajo se tornen a nuestra sancta fee, y de tantas tierras llenas de tantos bienes a nos muy ne√ßesarios, en que abr√°n todos los christianos refrigerio y ganan√ßia, donde todo estava inc√≥gnito ni se conatava d'ello salvo en manera de f√°bula. Grandes alegr√≠as y fiestas en las iglesias y muchas alaban√ßas a la Sancta Trinidad debe en especial mandar hazer V. Al. en todos sus reinos y se√Īor√≠os por el gran amor que les a amostrado, m√°s que a otro pr√≠n√ßipe.

Agora, seren√≠simos pr√≠ncipes, acuerde V. Al. que yo dex√© muger e hijos y vine de mi tierra a les servir, adonde gast√© lo que yo ten√≠a y gast√© siete a√Īos de tiempo y recib√≠ mill oprovios con disfama y √ßofr√≠ muchas ne√ßesidades, y no quise entender con otros pr√≠n√ßipes que me rogaron, puesto que V. Al. aya dado recaudo a este viaje, que a sido m√°s por inportunidad m√≠a que no por otra cosa, y que no solamente se me a hecho merced, mas a√ļn no se a cumplido lo que se me av√≠a prometido. Yo no demando mer√ßed a V. Al. para athesorar, porque yo no tengo condi√ßi√≥n salvo de servir a Dios y a V. Al. y traer este negocio de las Yndias a perfecti√≥n, como el tiempo dar√° d'ello testimonio; y por tanto les suplico que la honra me sea dada seg√ļn el servi√ßio.

Tanbién la Iglesia de Dios deve de entender en esto: a probeer de perlados y devotos y savios religiosos; y porque la cosa es tan grande y de tal calidad qu'es razón que provea el Sancto Padre de perlados que sean muy fuera de cubdiçia de bienes temporales, y muy propios al serviçio de Dios y de V. Al., y por tanto a ella suplico que, en la carta que escriva d'esta victoria, que le demanden un cardenalgo para mi hijo y que, puesto que no sea en hedad idónea, se le dé, que de poca diferençia ay en el tiempo d'él y del hijo del Ofiçio de Médizis de Florençia, a quien se dio el capelo sin que aya servido ni tenga propósito de tanta honra de la christiandad; y que me faga merçed de la carta d'esto, porque yo lo embié a procurar.

Otrosí, serenísimos prínçipes, porqu'el pecado del desagradeçimiento fue el primero punido, yo conozco que, por yo no tenerlo, será todo tiempo de procurar con V. Al. este negoçio, que sin dubda que, si no fuera Villacorta, el cual a todo tiempo que era menester requería y travajava, porque yo ya estava aborrido del todo y todos ya cansados los que avían entendido y entendían en ello. Por tanto, suplico a V. Al. que me hagan merçed de le hazer contador mayor de la Yndias, que yo quedo por fiador que lo hará él bien.

Por ende es raz√≥n que V. Al. sepan que la primera isla de las Yndias m√°s llegadas d'Espa√Īa es toda poblada de mugeres sin ning√ļn hombre, y su trato no es feminil, salvo usar armas y otros exer√ßi√ßios de hombre. Traen arcos y flechas y se adornan de l√°sminas de alambre, del cual metal tienen en muy grande cantidad. A esta isla llaman 'Matenin√≥'.

A la segunda llaman 'Caribo' (¬Ņ?), leguas d'√©sta distante. Aqu√≠ est√°n aquellos pueblos, de qu'est√°n todos los restantes de las otras islas de Yndias temerosos. √Čstos comen carne umana. Son grandes frecheros. Tienen muchas canoas, casi tan grandes como fustas de remo, con las cuales corren todas la Yndias, y son tan temidos que a uno no an par ni ciento.

Ellos andan desnudos como los otros, salvo que traen los cavellos muy cumplidos, como mugeres. Creo que la cobardía tan grande de los pueblos de las otras islas, qu'es sin remedio, hagan dezir qu'éstos de Caribe sean osados, mas yo los tengo en la estima de los otros; y cuando V. Al. mandare que yo les enbíe esclavos, espero yo de los traer o enbiar d'éstos la mayor parte.

√Čstos son aqu√©llos que tratan con las mugeres de Matenin√≥; las cuales, si paren hembra, ti√©nenla consigo y, si muchacho, cr√≠anle hasta que pueda comer por s√≠ y despu√©s enb√≠anlo a Caribo: Entremedia d'estas islas de Caribo y de la Espa√Īola est√° otra isla que llaman 'Boriqu√©n', y todo es en poca distan√ßia de la otra parte de la isla Juana, a qu'ellos llaman 'Cuba'.

En la parte más oçidental, en una de las dos probinçias que yo dexé de andar, la cual se llama 'Faba', naçen todos con cola. Detrás d'esta isla Juana, a una vista, ay otra, que me asiguravan estos indios que otra ay mayor qu'ella, a que llaman 'Jamaica', adonde toda la gente d'ella son sin cabellos; en ésta ay oro sin medida.

E agora traigo indios conmigo que an estado en las unas y en las otras y saven la lengua y las costumbres. No m√°s, salvo que la Sant√≠sima Trinidad guarde y prospere el real estado de V. Al. a Su santo servi√ßio. Fecha en la mar de Espa√Īa a cuatro d√≠as de mar√ßo de mill y cuatro√ßientos y noventa y tres a√Īos en la mar.


Fuente:

http://www.cervantesvirtual.com/historia/colon/doc10.shtml

DOC 2_______________________________

El segundo viaje a las Indias. Fragmento de la carta de Cristóbal Colón a los Reyes Católicos.
1494


Christian√≠simos e muy altos y poderosos pr√≠n√ßipes, rey e reina, nuestros se√Īores:

La vitoria que Nuestro Se√Īor dio a V. Al. tan se√Īalada de las Yndias en tan breve tiempo amostrava qu'el sub√ßeder uviese de ser muy pr√≥spero y a causa de cosa de maravilla en el mundo. Yo part√≠ de C√°diz mi√©rcoles a veinte e cinco de septiembre con la armada y gente que Vra. Al. me mandaron dar que yo llevase a las Indias; y llev√© maestros de todas maneras de ofi√ßios que en fabricar √ßiudad y villa menester heran, con todos sus estrumentos; y llev√© los cavallos, yeguas y mulas y todas las otra vestias, y simoentes de trigo y √ßevada y todos los √°rboles y de suerte de frutas, todo esto en muy grande abundan√ßia. Llegu√© a las islas de Canaria de V. Al. el martes siguientes antes del sol salido, de donde part√≠ despu√©s de aver forne√ßido los nav√≠os y caravelas de bastimentos. Y dexelas de vista lunes, siete de otubre, para benir a esta isla Ysabela, adonde yo av√≠a dexado la gente el a√Īo pasado, y primero benir a la isla de los can√≠bales, porque yo ten√≠a qu'estavan m√°s al oriente y poco distante de mi camino. A los cuales yo llegu√© por la mer√ßed de Nuestro Se√Īor en veinte d√≠as, con viento y tiempo que fasta oy truxe tal, que en viaje ni se aya o√≠do ni visto de mar tan llano, de viento tan quieto y dul√ße y de templan√ßa de cielo tan suave.

Llegu√© domingo, tres de noviembre, antes del sol levantado a una isla de alt√≠sima monta√Īa, a la cual llam√© Dominica a conmemora√ßi√≥n del mismo d√≠a. La longura d'ella hera del setrentri√≥n en austro, la cual toda corr√≠ buscando puerto por el mar. Y por grande zerraz√≥n de √ßielo que se engendrava, y porque no le hall√© en tiempo id√≥neo, tom√© la buelta sobre toda la armada , que ben√≠a muy derramada, y la recog√≠ toda en un cuerpo. Y despu√©s enbi√© una caravela, que se hall√≥ m√°s aparejada de todas, que fuese del cabo qu'es de la parte del norte y, si ubiese puerto, que me hiziese se√Īal que le av√≠a dicho. Y as√≠ parti√≥ y no hall√≥ el puerto y no dio la se√Īa, y yo estava con pena por el mal tiempo que se amostrava. Restre√Ī√≠ las naos y nav√≠os conmigo y cargu√© las belas al camino de otra isla, qu'estava d'esta Dominica distante diez leguas, a la cual llegu√© a buen tiempo del d√≠a. Y des√ßind√≠ en tierra con mucha jente con una vandera real y, en el lugar m√°s id√≥neso, con pend√≥n y alta voz, e escrivanos e testigos, nuevamente torn√© a tomar posesi√≥n d'ella y de todas las otras y de tierra firme en nombre de V. Al., replicando los autos de la mesma posesi√≥n del a√Īo pasado, de la cual nuevamente no obstante nuevamente tomava, llamado si alguien lo contrade√ß√≠a, y nombr√© esta isla la Galana; ella es muy llana y llena de √°rboles odor√≠feros. El siguiente d√≠a levant√© las √°ncoras muy temprano y di la vela para otra isla, que me demorava al norte nueve leguas, en donde yo llegu√© en breve espa√ßio del d√≠a.

Era esta isla alt√≠sima, que figura de punta de diamante, at√°n alta qu'es maravilla, y en el colmo d'ella sal√≠a una grand√≠sima fuente que derramava el agua de todo cavo de la monta√Īa; y de la parte de donde yo estava, ben√≠a alliende de otros ramos uno tan grande que por la √°spera ca√≠da y alta amostrava la grandura de un tonel, y todo blanco y encre√≠ble a nuestra vista que fuese ello agua, salvo que fuese una bena de pe√Īa blanca, sobre lo cual se apostaron muchas apuestas entre la gente.

Yo sería entonzes cuatro legua grandes lexos de la tierra, por lo cual creo qu'esta agua sea en estrema cantidad, y por la vista de muy muchos ríos que después se hallaron y en muy pocas leguas, que, por una gente nuestra que se perdieron en el monte, los otros que los fueron a buscar en espaçio de seis leguas pasaron veinte y seis ríos, que cada uno el agua les llegava más alta que a la çinta. Luego que yo llegé a esta isla, la llamé Santa María de Guadalupe, que ansí me lo avía encomendado el padre prior y los frailes cuando de allí partí. Y al tiempo que llegué a tierra pensé que no faltarían puertos , mas mudó el viento y se levantó gran niebla con mucha lluvia, e yo llegué a tierra muy junto para surgir y no hallé fondo, y ansí me anduve gran espaçio del día y con mucho viento y mar grande.

Gran plazer era ver las verduras y los buenos asientos de las casas y las muchas aguas de la fuente de la monta√Īa junto con la mar. Anduve ans√≠ corriendo por costa d'esta isla sin poder fallar puerto ni fondo para sorgir, fasta que yo llegu√© a la parte del norte, adonde hera la mayor parte del pueblo, y fue mucho en tierra y surg√≠ con toda la armada. Y procur√© de aver lengua, y supe que todas estas islas no heran de can√≠bales y pobladas d'esta gente que a la otra come, como ber√° e sabr√° V. Al. de los mesmos que agora en estos nav√≠os le enb√≠o. Las pobla√ßiones d'estas islas no eran muchas y repartidas en diversas partes a las faldas de la isla. Las casas heran muy buenas y llenas de mantenimientos e muchos.

De los hombres pocos se tomaron y pocos fueron vistos; los cuales todos fuyeron por el monte, y por la gran espesura de los √°rboles no se pudo tornar a prender d'ellos m√°s que de las mugeres, las cuales tanbi√©n enb√≠o a V. Al., con otras muchas hermosuras que ellos all√≠ ten√≠an. Las cuales me de√ß√≠an que las av√≠an tra√≠do de otras islas, que, a mi ver, ten√≠anlas en servitud y por concubinas; tanbi√©n me de√ß√≠an por palabra y se√Īa c√≥mo les av√≠an comido los maridos, y a otras los hijos y hermanos, y les faz√≠an qu'ellas mesmas d'ellos comiesen. Tanbi√©n hall√© algunos mo√ßos que asimesmo se av√≠an tra√≠do y a todos cortados su miembro; pensava yo que ser√≠a por √ßelos de las mugeres, mas acost√ļmbranlo porque engorden, como fazen en Castilla a los capones para comer en fiesta; de las mugeres jam√°s matan. Todo sabr√°n d'ellos mesmos que, como digo , les enb√≠o.

Hall√© en sus casas √ßestos y arcos grandes de g√ľesos de hombres y cabezas colgadas en casa cassa. Aqu√≠ hall√© un gran pedazo de codaste de una nao de Espa√Īa, creo que ser√≠a de la que anta√Īo aqu√≠ en la Navidad dex√©. Aqu√≠ se fall√≥ pez e miel y √ßerca de mill maneras frutas muy buenas y grandes y de gran sabor, muchos arcos y muchas frechas, y en la monta√Īa muchos √°rboles odor√≠feros, seg√ļn renun√ßiaron los sobredichos que fueron buscar los otros que se av√≠an perdido. No les quem√© las casas, porque nos aprobechen cuando por all√≠ pas√°remos, pues est√°n en camino para Castilla.

Las canoas d'ellos son muy grandes y m√°s largas que fustas y de mejor hechura qu'estas otras d'esta gente m√°s o√ßidental, y todas se las quebr√© , peque√Īas y grandes, y ans√≠ en todos los otros lugares, y ans√≠ ten√≠a en boluntad de fazer en cada isla y ten√≠a gran deseo de las correr todas. Mas el deseo de socorro d'esta gente, que aqu√≠ av√≠a dexado, no me daba lugar a otra cosa ni requerir ni reposo al √°nima. Aqu√≠ en esta isla, lexos de donde yo estava ancleado, av√≠a una pobla√ßi√≥n adonde av√≠a des√ßendido una barca de una caravela, y los vecinos todos se av√≠an fuido, y por la priesa dexaron un ni√Īo de hedad de un a√Īo, el cual estuvo solo seis d√≠as en esta casa.

Y porque cada d√≠a se acaes√ßi√≥ llegar a su casa y pobla√ß√≥n y hallava siempre a su ni√Īo con un manojo de ferchas, y ben√≠a hasta un r√≠o que all√≠ junto estava y bev√≠a del agua, y despu√©s se bolv√≠a a la posada, y siempre alegre y con fiesta, mand√© que le truxeren a Dios y a ventura y le mand√© dar una muger que de Castilla ac√° ben√≠a; agora est√° aqu√≠ muy bueno, y fabla y entiende toda nuesta lengua qu'es maravilla. Enbi√°rale agora a V. Al., mas e miedo que, por ser tan ni√Īo, que no se muera; enbiarlo e cuando mandaren. D'esta isla vine a la otra de Santa Mar√≠a de Monserrate, que era a la distan√ßia de √ßinco leguas; tierra es muy alta y conforme a Moserrate.

Y d'esta vine de una en otra corriendo a mi camino, poni√©ndoles a cada una nombre; y porque a√ßinde a gran n√ļmero, a todas juntamente las nombr√© de Todos los Santos, hasta que yo llegu√© a una isla bien luenga, adonde √ßorg√≠ para aver lengua. Y echada la barca armada en tierra, por fuera vino una canoa con tres hombres y dos mugeres, todos d'esta genera√ßi√≥n que comen carne umana. Sali√≥ el batel a le prender, y ellos se pusieron en defensa y pelearon muy fuertemente, y fueron feridos tres personas de los nuestros con frechas. Trux√©ronlos presos a la nao o de la fuer√ßa que una muger d'estas faz√≠a con un arco no es de olvidar, que dizen que a una adarga pas√≥ con una frecha en claro. All√° los enb√≠o todos a V. Al., as√≠ ella como los otros, salvo uno que fue muerto.

Esta muger y otro de los mismos hombres dizen que all√≠ ay islas en que ay oro atanto qu'es maravilla, y esto no lo pueden aver consultado porque luego la muger enbi√© en otro nav√≠o, y fasta oy no ha visto el uno al otro, y se con√ßierta lo que dizen; y por esto lo creo y por estos indios que yo tengo, como dir√© despu√©s a su tiempo. Part√≠ d'esta isla al setentri√≥n doze leguas, adonde fall√© grand√≠simo n√ļmero de islas todas juntas, de la cuales anote cincuenta e cuatro de que pude aver cono√ßimiento; d'ellas son grandes, mas las peque√Īas son mayor n√ļmero. Todas son trat√°biles y de gran fondo y distan√ßia entremedias, ni son peque√Īas a compara√ßi√≥n de las Canarias.

D'ellas son verdes y llenas de √°rboles y pobladas, mas no la mayor parte, que pare√ß√≠an est√©riles, mas no de metales; ni son llanas, salvo montuosas y de altas tierras. Llam√© a la mayor de Santa √örsula y a las otras de la Honze mill V√≠rgenes. Uno d'estos can√≠bales que se tom√≥ en una canoa en la sobredicha isla vezina, agora que veen que oro es de lo que nos pre√ßiamos, dizen por lengua y por se√Īas que en esta ay oro infinit√≠simo y que le lleven a ella preso y le maten si no es verdad, y que tambi√©n hay mucho cobre. Yo me acuerdo qu'el a√Īo pasado un indio viejo, aqu√≠ en esta isla Ysavela, me dixo que en esta parte de los can√≠bales av√≠a una isla peque√Īa y que los tres cuartos eran oro, y agora conforma, porque yo beo la tierra para ello dispuesta.

Todas estas islas que agora se an fallado enb√≠o por pintura con las otras del a√Īo pasado, y todo en una cata que yo compuse bien que con harto trabajo, por las grandes mis ocupa√ßiones del asiento que ac√° se faze de la villa y el despachado del armada porque se buelva; en el cual nego√ßio el ayuda que yo esperava de alguna persona que dez√≠an all√° que deseavan tanto el servicio de V. Al., allende de la raz√≥n que les obligava, ac√° les pesa. Con √©l, bien fecho, ver√° V. Al. la tierra d'Espa√Īa y √Āfrica, y enfrente d'ellas todas la islas halladas y descubiertas este viaje y el otro.

Las rayas que ban en largo amuestran la istan√ßia de oriente a o√ßidente; las otras qu'est√°n de trav√©s amuestran la istan√ßia de setentri√≥n an ahustro. Los espa√ßios de cada raya significan un grado, que e contado √ßincuenta y seis millas y dos ter√ßios, que responden, d'estas nuestras leguas de la mar, catorze leguas e un sesto; y ans√≠ pude contar de o√ßidente a oriente como de setentri√≥n an ahustro el dicho n√ļmero de leguas, y contar con el cuento de Tolomeo, que apor√ßion√≥ los grados de la longuitud con los del equino√ßial, diziendo que tanto responde cuatro grados equino√ßiales, como √ßinco por paralelo de Rodas los treinta y seis grados, ans√≠ que cada grado qu'est√° en esta dicha carta responde catorze leguas y un sesto ans√≠ de setentri√≥n en ahustro como de oriente en o√ßidente; e por aqu√≠ podr√°n ver la distan√ßia del camino qu'es de Espa√Īa al comien√ßo o fin de las Yndias, y ver√°n en cu√°l distan√ßia las unas tierras de las otras responden; ber√°n en la dicha carta una raya, que pasa de setentri√≥n en austro, qu'es vermeja y pasa por √ßima de la isla Ysavela sobr'el Fin d'Espa√Īa, allende del cual est√°n las tierras decubiertas el otro viaje y las otras de agora, de ac√° de la raya se entiende. Y espero en Nuestro Se√Īor que cada a√Īo mucho abremos de acre√ßentar an la pintura porque se descubrir√° continuamente.

En esta isla de Guadalupe e casi en todas la otras, en espe√ßial en esta Ysavela, e fallado (?) y en los √°rboles canela, y se podr√≠a aver grand√≠sima cantidad salvo que es amarga en el gusto, que creo que pro√ßede por la saz√≥n y adovo del tiempo, sana e probechosa mucho a las personas; alm√°stigo e en√ßienso, y cera y miel y muchas resinas y √°loe e s√°ndalo y spoliofelio, gengibre fin√≠simo; del ax√≠, a qui de√ßimos pimienta, del que truxe el otro viaje a V. Al., aqu√≠ ay y abr√° cuanto V. Al. mandare, que les siembran y na√ßen en huertas, como otras mill cosas de que ser√≠a para lo contar muy prolixo, y cada d√≠a se halla cosa nueva; algod√≥n, ya lo dixe el a√Īo pasado por mi carta, la cual en todo y por todo afirmo lo en ella contenido.

De abundançia de todo esto yo no yerro; verdad es que nadie no sepa por ayuntar cosa alguna y tanpoco del oro, de que conozco que ay más que no dezía ni escreví por mi carta. Esto proçede de que la gente todas d'estas tierra andan desnudos, sin tener propios bienes ni hazer concebto salvo de su vitualla; de todo lo otro tienen en poco, ni cogen salvo para su reparo.

Creo yo que, si empe√ßasen a recibir algo, que ellos por pre√ßio travajar√≠an, porque son enbidiosos ultra manera, y por esto se porn√≠an a apa√Īar cualquier cosa qu'ellos supiesen que les baldr√≠a pres√ßio; mas yo no s√© la lengua para los poner en el arte, ni les demando lo que yo querr√≠a, y despu√©s beo que no es bien por agora que conozcan que nos deseamos cosa alguna y en espe√ßial oro, porque, aunque de lo que tienen por poco pre√ßio, de cono√ßimiento son para mudar el prop√≥sito y lo vender caro, si asus manos de dexase; y por esto se acoxer√° por V. Al. en todas la minas, que son muchas, como despu√©s dir√© a su tiempo.

Torno a mi porp√≥sito de mi camino y digo que, junto con la isala de Santa H√ļrsula y la Honze mill V√≠rgenes, fall√© otra isla de la cuan no vi salvo la parte d'ella del norte con aqu√©l de poniente, mas seg√ļn mi albedr√≠o mayor que Se√ßilia y de mayores tierras y m√°s fermosa y ans√≠ de la mesma fechura, a la cual dixe el nombre de Sant Juan Baptista.

Poblada es de gente que come carne umana, enemigo de los can√≠bales y de todas las otras islas. Tienen muy buenos puertos y mucho agua y grandes r√≠os. Altas son las tierras, y ba√≠as linpias, y de monta√Īas y √°rboles muy grandes, y todas muy labradas y sembradas de sus 'axis', qu'es singular√≠simo mantenimiento. Aqu√≠ vi yo muy buenas casa y adornamientos en el camino, de algunas d'ellas de redes y de ca√Īas de una parte y de otra del camino, que sal√≠an de las casas fasta la mar al luengo; y all√≠ adonde faz√≠an fin, en la playa, ten√≠an un entretexido cadafalso como a√ßutes sobr'el camino, casi en manera de puerta y de tan perfecto lavor, que en Valen√ßia ser√≠a bien a√ßebto.

Y en esta y en todas las otras islas y en especial aqu√≠ en la Ysavela e visto muchos falcones nebl√≠es y de toda suerte, mas los de Guadalupe fueron tenidos por los mejores, porque en aqu√©lla no ay lugar de adonde se √ßeven, no por defecto de aves de toda manera, de que ay gran cantidad, salvo porque es espes√≠sima de √°rboles; y los alcones cada ma√Īana los be√≠amos ir a otra isla y despu√©s bolver en la tarde.

Aqu√≠, en la Ysavela, se hallan algunos √ßev√°ndose en palomas torca√ßes y en gar√ßas y en otras aves, de las cuales y de todas maneras ay grand√≠sima cantidad; y en el se√Īal d'ellas se amuestra que son muy boladas, porque huyen mucho de las personas. Procurar√©, tanto que yo tengo en buen sub√ßeso y t√©rmino estos otros nego√ßios de V. Al. que m√°s relieban a su servi√ßio, de aver d'estos falcones para le enbiar. Y creo que, aviendo persona que sea maestro de prenderlos, los que pudiere aver cuantos oviere menester para su servi√ßio, y podr√° enviar a otros pr√≠n√ßipes.

Dexo esta isla de Sant Juan y torno a tomar el comien√ßo de la Ysavela, despu√©s de aver dexado algunas otras y no indinas de memoria. Y no fue mi comien√ßo agora adonde fue el fin el a√Īo pasado, cuando d'ellas yo part√≠ para Castilla, adonde yo llam√© Fin d'Espa√Īa, mas hall√© ac√°, al oriente, una gran provin√ßia que es de tierra muy baja y llana y que d'este cavo de Fin d'Espa√Īa corre al sueste, la cual no vi al tiempo de mi partida, porque yo llev√© el camino del este a la cuarta del nordeste y part√≠ de noche, de manera que la tierra me quedava a la mano derecha, y por ser baja y al rodeo del sueste no ove d'ella vista, as√≠ que agora la reconoc√≠ toda del comien√ßo hasta el cavo del Angel ay buen tiempo, adonde los indios llaman Saman√°, adonde agora no quise anclear por la priesa que tra√≠a y el buen tiempo que me ayudava. Solamente anbi√© una caravela que pusiese all√≠ en tierra uno de los cuatro indios que all√≠ av√≠a tomado el a√Īo pasado, el cual no se av√≠a muerto como los otros de viruelas a la partida de C√°diz, y otros de Guanafan√≠ o Sant Salvador.

Este se fue a la tierra muy alegre, diziendo qu'el bien hera muy fuerte porque era christiano y que tenía a Dios en sí y rezando el Ave Maria y Salve Regina y diçiendo que, luego qu'él estuviese tres días en su casa, qu'él se bernía a Çibao o adonde yo estuviese; y así le di muy bien de vestir y otras cosas qu'él diese a sus parientes. Después bine con muy buen tiempo corriendo la costa d'esta isla fasta Montechristo, adonde en el puerto cogí con toda la flota y hordené todo los que cumplía por regimiento y serviçio de V. Al, porque de allí fasta la villa de la Navidad se puede ir en un día con buen tiempo.

Y as√≠ esto fecho, di la vela con todos los nav√≠os, y a medio camino vi que atr√°s me ven√≠a una canoa a gran priesa, y nunca la quise esperar porque se me haz√≠a tarde para entrar en el puerto de d√≠a, y con todo no pude yo llegar a tiempo y ove de sorgir de fuera; adonde, a gran rato de la noche, lleg√≥ la dicha canoa, por la cual ben√≠a un privado de un rey Ocanaguar√≠, el qual ben√≠a de nav√≠o en nav√≠o llamando por m√≠; y hasta que no me vido y oy√≥, no quiso entrar en la nao. √Čl tra√≠a una car√°tula de oro de persona que me enbiava Ocanaguar√≠, y a otro otra al capit√°n de la nao Antonio Torres, hermano del ama.

Yo le mand√© dar de comer, porque todo el d√≠a av√≠a travajado tras de nosostros y no av√≠a comido, y les mand√© dar de vestir a amos. Este me dixo en c√≥mo la gente que yo av√≠a dexado en la √ßuidad ovieron entre s√≠ discordia y uno mat√≥ a otro y que Pedro, repostero de V. Al., se av√≠a ido con una gran parte de jente para otro rey que se llama Cahonaboa, el cual posee tierra en que ay mucho oro; un vizca√≠no, que se llama Chacho, se av√≠a ido con otros vizca√≠nos y mo√ßos; solamente av√≠a quedado Diego de Arana de C√≥rdova con honze; y que unos tres se av√≠an muerto de dolen√ßia, qu'ellos mesmos de√ß√≠an que era la causa del gran tracto de las mugeres, diziendo que, cuantos quedaron all√≠, que cad uno av√≠a tomado cuatro mugeres, y no solamente √©stas les abastava, que les tomavan las muchachas. Y de√ß√≠an qu'el comien√ßo d'esta discordia fue que, luego que yo part√≠, cada uno no quiso entrar a obedien√ßia ni apa√Īar oro salvo para s√≠, sino Pedro, repostero, y Escobedo -a √©ste av√≠a yo dexado el cargo de todas las cosas-.

Y que los otros no entend√≠an salvo con mugeres y moravan en casa d'√©llas, y que Pedro y Escobedo mataron uno que se llamaba J√°come; y despu√©s se fueron con sus mugeres a este Cahonaboa; y dende a √ßierto tiempo bino este Cahonaboa y de noche puso fuego en la villa, la cual quem√≥ toda que no qued√≥ nada, de qu'es de aver piadad, porque otra pobla√ßi√≥n tan grande ni de tan hermosas casas e visto en todas las Yndias. Alo cual tiempo huy√≥ Ocanaguar√≠ con toda su gente, hombre y mugeres y ni√Īos, y requiri√≥ a los christianos que fuesen con √©l, y no le plugo, salvo que se fuyeron al canal, adonde se afogaron; y fueron ahogados ocho, y los tres murieron durmiendo, seg√ļn despu√©s pares√ßi√≥ por las feridas. D√≠xome despu√©s c√≥mo este Ocanaguar√≠ luego me bern√≠a a ver, el qual estava en otra su villa; despu√©s me pidieron li√ßencia, y yo se la di.

Y luego otro d√≠a a ora de b√≠spera, al tiempo qu'el viento me fue pr√≥spero, lebant√© las √°ncoras y entr√© en el puerto y fui a sorgir delante la sobredicha villa, de que uve piadad grande despu√©s del da√Īo y mal que a nuestros christianos av√≠a aconte√ßido; que aunque conozco y es verdad que a sido su culpa, es mucho de doler de semejante casso, e a m√≠ es mayor pena que a ning√ļn otro su pariente, por el deseo que yo ten√≠a qu'ellos saliesen con tan grande honrra y con tan poco peligro, si se rigieran seg√ļn mi instru√ßi√≥n los constreng√≠a: que sobre todo dexasen las mugeres ajenas y todas las de los indios, y nunca saliesen de la fortaleza a otra parte salvo seis d'ellos, y otros tantos despu√©s d'√©stos bueltos; mas como se viesen tan seguros y superiores de los indios y seg√ļn eran todos ellos de poca crian√ßa, tirados dos u tres criados m√≠os y este Pedro repostero, se dar√≠an al comer y plazer de las mugeres; y ans√≠ se perdieron y se destruyeron a s√≠, y a m√≠ han dado y dan tanta pena.

Este presente d√≠a no des√ßend√≠ en tierra fasta el otro siguiente de gran madrugada, que hal√© todo este sitio fecho huerta sin forma de cassa salvo de la fortaleza, que ans√≠ destruida y quemada amostrava que, en la mitad de Castilla, se defender√≠a buenos d√≠as a gran gente. Y hall√© ocho hombres enterrados a la orilla del mar y tres en al campo, los cuales se cono√ß√≠an heran feridos de piedra en la frente, que durmiendo pare√ße que a manteniente los mataron; y debe ser ans√≠, porque la fortaleza hera muy llena de artiller√≠a. Y esto, seg√ļn mi alvedr√≠o, no pasava un mes qu'esto av√≠a acae√ßido.

Mand√© que se enterrasen y rogasen por sus √°nimas; mand√© cavar toda la casa fuerte, porque en mi instru√ßi√≥n le av√≠a mandado que, luego que alg√ļn oro tubiesen, que lo pusiesen debajo de la tierra; y no se hall√≥ cosa alguna. Y este mismo d√≠a av√≠a yo enviado una caravela a ver el golfo de Espa√Īa, qu'es de all√≠ a√ßerca ocho leguas, porque cre√≠a yo, seg√ļn su fechura, que av√≠a de ver un gran r√≠o y que traer√≠a oro.

La cual caravela fue a topar donde estaba Ocanaguarí, el qual rogó a Melchior que me rogase que yo le fuese a ver y le dio un bonete de oro y otro a Marque, criado de Rodrigo de Ulloa, capitán de la dicha caravela, y en pedazos dio también yna buena parte a Gorbalán, criado de Fonseca, y al piloto otro tanto. Bolvió Melchior con la caravela, y me dieron la embajada y de lo que les avía contado de la muerte d'esta gente, y que tenían ellos que yo era a él en grande cargo. Luego el otro día fue allá y fallé a Ocanaguarí en tierra en cama, el qual me abraçó e estovo sin habla un rato grande, siempre con las lágrimas a los ojos.

Y despu√©s, por palabras y se√Īas, me recont√≥ todo como av√≠a acae√ßido este desastre, en tal manera que no pas√≥ punto que yo no lo entendiese; y como, luego que yo le dex√© en la Navidad, ovieron discordia entre s√≠ esta nuestra gente, y uno mat√≥ a otro y cada uno apartava oro para s√≠, salvo Pedro y Escobedo, y que sobr'esto les av√≠a puesto en paz muchas vezes; y que tambi√©n luego cada uno tom√≥ cuatro mugeres, allende de las cuales tomavan en la villa las mo√ßas que quer√≠an; y vinieron a bandos, de que se pas√≥ a que se apartaron, como en√ßima yo dixe, en tres partes; y que despues d'√©l por su persona aver ido a la mina y llevado all√° a Pedro y Escobedo, amostrando c√≥mo se cox√≠a el oro, qu'ellos se determinaron para ir a otro rey a quien llamaban Caonaboa, como sobredixe, y qu'√©l les rog√≥ que no se fuesen, que les dar√≠a pan y pescado y mugeres y un fijico que ten√≠a Pedro, y se fueron, y que jam√°s despu√©s se av√≠an acordado d'√©l ni de m√≠; y dende que a √ßierto tiempo vino a este Cahonaboa y de noche les quem√≥ las casas, as√≠ como me recont√≥ su mensajero. Creo y digo otra vez que ovo desensi√≥n entre esos dos y Diego de Arana, y la muerte fue hordenada d'ellos mismos por vengan√ßa.

Este Arana, aunque fuese muy sobervio, ten√≠a alguna crian√ßa, y le dexava el cargo del regimiento al tiempo de mi partida, de que toda la gente quedava quexosa, y ans√≠ le di en compa√Ī√≠a a los otros dos, Pedro y Escobedo, y que se cimpliese lo que los dos acordasen. Despu√©s, el d√≠a de mi partida, vino a m√≠ Escobedo hazi√©ndome saber c√≥mo bien estava seguro, seg√ļn el indi√ßio qu'√©l av√≠a avido, qu'√©l me ten√≠a un tonel de oro aparejado cuando yo bolviese; y esto fue a tiempo que yo ya andava a la caravela, y me dixo que este Diego de Arana le av√≠a dicho sobr'esta pl√°tica: 'Hag√°monos primero el papo, y despu√©s se procurar√° para el rey'.

A que yo le respond√≠ que tal cosa no hiziese, que rico estava √©l harto si serv√≠a a V. Al. con tanta honra; y con este prop√≥sito se torn√≥ a tierra. Torno a Ocanaguar√≠, el cual me rog√≥ que le re√ßibiese en su compa√Ī√≠a y fu√©semos a destruir a este Cahonaboa y le tomar las mugeres y fijos; respond√≠ que me pla√ß√≠a, tanto que yo tuviese fecho asiento, que ans√≠ me mandava V. Al. que, fasta esto fecho, que no entendiese en otra cosa, mas que ser√≠a muy presto; y √©l respondi√≥ que, si quer√≠a asentar all√≠, que me dar√≠a cuantas casas yo quisiese, mas que no me lo aconsejava, porque era lugar no muy sano y muy angusto.

Despu√©s me dio ocho √ßintos de hombres de la manera de los otros que anta√Īo llev√© a V. Al.; uno d'ellos hera muy fermoso y labrado de mucho oro. Primero se quit√≥ una joya de alambre qu'√©l tra√≠a en la frente y me la puso en la m√≠a, con una corona en la cabeza, dizi√©ndome que todo esto fue de un rey de Maren√≠, y tanbi√©n me dio un √ßestillo de oro en forja e una calabaza de oro fundido y otra de oro en grano, ans√≠ como ben√≠an de la mina; el cual y las otras cosas todas enb√≠o a V. Al.

Yo le di el presente que yo llevava, puesto que no tuviesen d'ellos conocimientos ni eran salvo de la isla de San Salvador. Y no quiso que aquel d√≠a ni noche se fuesen de su casa, para les preguntar bien las cosas que en Espa√Īa av√≠an visto. Qu√≠seme yo ir para la nao y √©l no quiso sino acompa√Īar, y le amostr√© los cavallos, de que ya ten√≠an por o√≠da noti√ßia; y me dixo que, al tiempo que Pedro Escobedo iba con √©l a la mina, que ellos cazavan mucho y le dex√≠an c√≥mo en Castilla cabalgavan.

Amostr√©le toda la nao, tanta gente y tantas armas de que se maravillava, y le llev√© a la c√°mara donde estava el padre fray Buil malo, el cual se holg√≥ mucho con √©l; y despu√©s se bolvi√≥ a tierra y no quiso que yo le mandase acompa√Īar: tanto entiende en cortes√≠a. Ese d√≠a y el presente con el troque que segu√≠a vinieron al thesoro de V. Al. bien diez marcos de oro, que todo no cost√≥ diez o √ßinco reales, y se acert√≥ que por un caxcavel davan el peso de ocho castellanos.

Ya dixe c√≥mo esta gente ninguna cosa tienen en pre√ßio y que, lo que tienen, ans√≠ lo dan por poco como por mucho, que v√≠a muchos indios, cuando yo estava con Ocanaguar√≠, que ven√≠an a m√≠ y me davan buenos peda√ßos de oro sin demandar cosa alguna. Verdad es que su fin es que por ello les den algo, mas si no se lo dan tanpoco lo demandan, salvo que se van o quedan a√≠ como estatuas. Este d√≠a siguiente me enbi√≥ a dezir Ocanaguar√≠ con su hermano qu'√©l quer√≠a ir a la mina a apa√Īar oro, que le enbiase a dezir si me ir√≠a at√°n presto.

Yo le respond√≠ lo que conven√≠a, y √©l se parti√≥ con toda su gente de la misma manera que hizo agora a un a√Īo, antes que yo de la Navidad partiese. Creo qu'este Ocanaguar√≠ no tiene culpa en la muerte d'esta nuestra gente, antes me a a √©l mucho obligado, ni vi se√Īal porque se d√© tal senten√ßia, como yo escrivo m√°s largo a V. Al. por otra carta del Diurnal que yo escrev√≠.

Partí de aí y bine a Montechristo, de adonde porfié muchas vezes con el viento contrario para benir al cavo del Angel, adonde el otro día, pasando por él, avía venido a mi canoa, y tods tenían la gente d'ellos oro, y yo les di de vestir después de le dezir quién yo hera, qu'esto ansí lo demandavan. Al cual logar tenía bisto buen asiento y tierras fermosas y aguas y ríos, y albitrava que era en buena comarca y çerca de Çivao y de las otras minas. Y porqu'esta nao hera más grande en forçejar con el viento, determiné de la dexar en Monte Christo, e yo me pasé en la Colina, y con los otros navíos subtiles porfié hasta que llegué al río de Graçia, y dende hasta sobr'el cavo del Angel.

Mas como fuese esto en una tarde e de gran tiempo, no ove raz√≥n de cometer la tierra ni de √ßufrir la noche la altera√ßi√≥n de la mar, que amostrava una tenebreza, por los cavallos y vestias que en los nav√≠os ven√≠an; as√≠ que, por no los trabajar en aquella noche, yo determin√© de bolver al puerto de donde av√≠a partido. Y el d√≠a siguiente le busqu√© todo, porqu'es muy grande y de muy peque√Īa entrada, con inten√ßi√≥n de facer en √©l asiento si uviera en √©l agua dul√ße as√≠ como fermosas tierras.

Bolví atrás el día siguiente fasta aquí, adonde fabricamos la villa Ysavela, la cual por su mereçimiento, que diré después, suplico a V. Al. que haga ciudad, adonde abría cuatro leguas; no es aquí puerto cerrado, más es baía muy grande en que caberán todas la naos del mundo. En ella jamás entra tormenta, y aquí ay lugar muy idóneo de una alta tierra, casi isla, al pie de la cual llega una gran nao y descarga al pie del muro.

De aqu√≠ a un tiro de lombarda ay un poderoso r√≠o de agua mejor que Guadalquevir, del cual por a√ßequia se puede traer dentro en la villa en la plaza, el cual pasa por una vega grand√≠sima que ba al sueste, de la cual hasta oy no e podido saber el cavo. La cual es de tierra maravillosa sin compara√ßi√≥n de ningunas de Castilla, que agora ay en toda ella la hierva alta y berde y buena m√°s que alca√ßer en Espa√Īa en el mejor tiempo. Dende la villa al poniente grandes dos leguas es toda playa muy fermosa, y al cavo un puerto de los mejores del mundo, en que cabr√°n todas la naos que en √©l ay. Junto con esta vega, de la parte tanbi√©n del poniente, pasa una monta√Īa de norueste a sueste.

En ella ay un puerto, al cual agora hize adere√ßar el camino; est√° un cuarto de legua aquello que se ovo menester que se adovase, porque los cavallos pasasen mucho sin pena. Aliende √©l ay otra bega muy mejor qu'√©staa de que aqu√≠ fablo, y en el medio pasa otro mayor r√≠o; navegable es, seg√ļn todos me dizen. Aqu√≠ en esta veha ay para vente mill vezinos, para sembrar pan y hazer g√ľertas y edifi√ßios de agua. En la otra ay m√°s otro tanto, y pobladas son de gente muy umana, que cuanto tienen an por bien de darlo.

Aqu√≠, adonde yo determin√© el asiento de la villa, estavan √ßiertas casas de indios; as√≠ se quedan como de primero, muy alegres y contentos. H√°gosle dar vituallas y de todo lo otro que demandan, y a nosostros dan de lo que tienen; y lo que se les ense√Īa de la fee, todo lo reziben con el acatamiento y reveren√ßia que se les amuestra. En la iglesia est√°n de rodillas contemplando; no creo que llega el entender fasta el ne√ßesario, mas es buena se√Īal, y se amuestra que no tienen secta ni idolatr√≠a.

Yo escrev√≠ agora a un a√Īo a V. Al. de todo lo que me pare√ß√≠a de tods estos pueblos, de su conversa√ßi√≥n a nuestra fe santa, que me paresc√≠a muy ligera entendiendo nos a ellos y si fu√©semos entendidos; yo muy m√°s lo afirmo, porque beo que seta alguna no le impide.

Dixe que todos y en todas estas islas se entend√≠an; aqu√≠ err√©, y no que a otro no aconte√ßiera, porque sin dubda a todo responden, mas no conozco que la inteligen√ßia es divisa como entre christianos m√°s y menos, seg√ļn est√°n propincos. Bienes propios afirmo que no tienen, seg√ļn mi vista y su tracto y costumbre, porque beo que, aliende de lo aver en muchos lugares esperimentado, aqu√≠ en la villa vienen ellos infinitos y todos se ponen en casa, hombre y mugeres, y comen y toman de lo que en ellas hallan como y tan libremente como su due√Īo de la posada; ni ten√≠an por mal a quien de sus cosas otro tanto haz√≠an, salvo que la inportunidad de algunos nuestros y por la costumbre que sobr'esto de nosotros cono√ßen lo hazen poner en aquello que nosotros estamos.

Defiendo que nadie no los importune ni le tome cosa contra su voluntad. Agora, si plaze a Nuestro Se√Īor ser esta armada del todo despachada, y yo podr√© exercitar otra cosa, en que espero que la primera ser√° en√ßeguir la ciudad de muro, que en s√≥lo dos puertas quede entrada, y en traer el agua con el a√ßequia y todo el r√≠o al pie de la fortaleza, y todo muy ligero.

La temperan√ßia del √ßielo pares√ße incre√≠ble, tan dul√ße y suave; los √°rboles y montes y yervas todo est√° tan florido y fresco como en el Andaluc√≠a son en el mes de abril o de mayo, y la yerva son en el mesmo estado; los p√°jaros y aves eso mesmo as√≠ alegres, y cantan los ruise√Īores, y ans√≠ fa√ß√≠an todo el mes pasado.

F√°llanse p√°xaros y aves y muy muchos nigdos, d'ellos con g√ľevos y otros con pollos, y anadones hartos, y en el r√≠o √°nsares ay m√°s que en otro cavo, y todas las aves de muy gran cuerpo, palomas, gar√ßas y de otras diez mill maneras; y no en peque√Īa cantidad se hallan por los montes y campos perdizes y t√≥rtolas de la misma manera de Castilla. De papagayo ya no ay n√ļmero.

Ya dixe que las tierras que este viaje se an descubierto son tantas y m√°s qu'el a√Īo pasado, y no de menos pre√ßio, como la pintura har√°n magnifiesto; por la cual ber√° V. Al. que aqu√≠ en la Ysavela estamos m√°s distante de la l√≠nea iquino√ßial veinte y seis grados, que todo es con las islas de Canarias, en espe√ßial de la Gomera, en un paralelo, y no diferen√ßia en la latitud salvo treinta minuto, ni despor√ßionado en la temperan√ßia de fr√≠o y calor, o d√≠a m√°s prolijo. Y √ßertifico a V. Al. que, despu√©s de diziembre hasta oy, ac√° a fecho grandes fr√≠os, atanto que yo e estado alegrado, y de todo esto libre.

Procedi√≥ esto que una noche me part√≠ de la villa de la Navidad con las barcas a ver un puerto lexos bien nueve leguas, y un rato que al sue√Īo di parte, me atorment√≥ todo el lado derecho de la planta del pie hasta la cabeza en manera de perles√≠a, de que no poco e √ßofrido pena. Agora estoy mejor ni dexo de trabajar en lo que cumple lo mejor que puedo con alegr√≠a. Desde el cual tiempo fasta oy, de noche y de d√≠a, no traigo menos ropa que yo har√≠a en Sevilla. Tanbi√©n a llovido muy mucho y llueve con las mesmas se√Īales de inbierno que haze en Castilla.

Oy son treinta y un d√≠a que yo llegu√© en este puerto. Agora tenemos de todas maneras de hortalizas. Nas√ßieron las simientes todas al ter√ßero d√≠a. R√°vanos y perexil y semejantes yervas ya nos aprovechamos en √©stos; y plantas ya son grandes, trigo y √ßevada ya de un pie en alto, naranjos y sarmientos y ca√Īas dul√ßes est√°n ya cre√ßidas.

De las ca√Īas no truxe cuantas quisiera, que, puesto que fuesen muchas cargas, todas las que se pusieron en botas se escalfraron y est√°n perdidas, y tanbi√©n las qu'est√°n en la nao, la cual a tardado hasta la semana pasada hasta llegar aqu√≠; as√≠ que deseo mucho que d'ellas se aya cantidad, que lugar ay aqu√≠ para se hazer ca√Īaberales, para hazer un cuento de quintales de a√ß√ļcar cada a√Īo, otro tanto de algod√≥n muy fin√≠simo y no menos de arroz, si aqu√≠ estuvieren los labradores de Valen√ßia. Para el ganado no cumple mas dezir cu√°nto la tierra para ello es abta e buena.

Puercos ya tenemos m√°s de √ßiento; cabras y obejas ya tenemos d'ellas hartas para simiente, y ans√≠ de otras todas maneras. Y ans√≠ espero en Nuestro Se√Īor que antes de muchos a√Īos no abr√° menester traer ac√° salvo bistuarios, que de trigo ac√° dar√° buena simiente, y vino se halla ac√° hartas bides que, trasponi√©ndolas y labr√°ndose, dar√°n buen fruto. Otras mill maneras de cosas se fallar√°n cada d√≠a.

De las minas del oro y de la gran cantidad, ya en√ßima dixe que yo afirmava el dezir de la carta del a√Īo pasado, y afirmo que su cantidad suya comprehendo es muy grande, e ans√≠ de la espe√ßer√≠a de todas suertes, mas no se tiene ac√° en pre√ßio entre esta gente, porque van desnudos y de otra cosa no curan salvo del comer y mugeres.

De la isla de Mateninó, de adonde son todas mugeres, no ubo lugar ni tiempo, porque mi gran priesa, de ir allá, la cual está más oriental que la Domenica; notiçias ove d'ella, mas dexo la ida para este verano con fustas de remo.

Al tiempo que yo corr√≠a todas las islas de los can√≠bales y las vezinas, y les tom√© y destru√≠ y quem√© las casas y canoas. Bea V. Al. si se abr√°n de captivar, que creo que despu√©s cada a√Īo se podr√°n aver d'ellos y de las mugeres infinitos. Crean que cada uno baldr√≠a m√°s que de tres negros de Guinea en fuer√ßa y ingenio, como ber√°n por los presentes que agora enb√≠o.

Luego que aí llegué, toda la gente se disçindió en tierra por estada, y se açertó llover mucho agua. Después adoleçieron muchos de çiçiones, como si el mudamiento de los aires, puesto que sean los mejores del mundo, y los ayan provado, y las biandas de la mar les ayan mudado la sangre, con la esperança del inbierno grande, en que sus cuerpos estavan avituados.

Empero yo di la mayor culpa al tracto de la mugeres, que ac√° hallan abondoso; y si son deshonestos y deshordenados, no es maravilla que ayan pena. Con todo, loado Nuestro Se√Īor, luego sanan: Cuatro o √ßinco d√≠a es su fuer√ßa; dexo algunos qu'est√°n m√°s cargados. Mucho aprovech√≥ (?) que ac√° enbi√≥ V. Al. con toda la botica.

El pescado aquí lo ay de todas maneras y el más sabroso que en otra parte yo aya comido. Y así dize toda esta gente. No faze cargamiento en el cuerpo: degistivo es e de ligero mantenimiento: mándalo dar el doctor a los dolientes por vianda. Ellos son la mayor parte de la mesma condiçión y hechura de los de Castilla; otros ay de nuevas maneras, y ay sardinas y salmonertes bien grandes y langostines y langostas y pulpos, y de todas maneras que allá se hallan.

Luego que determin√© la partida de la villa de la Navidad, enbi√© la caravela que ya dixe que rodease esta isla fasta enfrente de Montechristo de la otra parte del austro, trato que av√≠a hallado costa se√Īalada del nacimiento del oro. Aguardo cada rato por ella y no es maravilla de su tardada, porque los vientos an sido y son para ella muy contrarios.

Tanbién luego que aquí ove puesto asiento, enbié a Ojeda, un buen mançebo y bien esforçado, con quinze hombres a explorar el camino y ver cuánto ay de aquí a Çibao y si puede saber la mina de oro, como allá me dizen. Creo que traerá muy buen recabdo, porqu'es bien católico y desioso de cumplir lo que yo le mando, y tiene ingenio y esfuerço. Tanbién enbié otro criado de Fonseca por la mesma guisa y con tanta gente acá al mediodía a Cahonaboa, porque tiente muy bien el camino y bea si es verdad que aya tanto oro. Al uno y al otro defendí que no entrasen en poblado, si lo pudiesen escusar.

Creo que ser√° dificultoso, porque los indios que son con ellos ban nunca se √ßofrir√°n de no dormir en poblado y aun pasar por ello, en espe√ßial agora qu'es inbierno y faze muy buen fr√≠o a nos qu'estamos bestidos, de que m√°s impremir√° a ellos, que del todo andan desnudos. Nuestro Se√Īor los libre y traiga.

De los mantenimientos que all√° se cargaron se a gastado muy gran parte y se perdi√≥ lo m√°s del vino por el enga√Īo de los toneleros de Sevilla. Mere√ßen gran pena en sus personas, sin que aya a√ßebto escusa alguna de dezir de viaje largo, en que no es de mirar, salvo cu√°nto a qu'esta basija estava cargada, que otras vezes seis y siete meses est√° en Flandes y otras partes dentro en los nav√≠os cargados, mas no le faltan; que en la ora que los requieren por cosa de V. Al., luego piensan de cu√°l cavo y en qu√© manera les fincar√° la mitad.

Digo ans√≠ esto porque ac√° otra cosa ninguna tan grande mengua haze como el vino, porqu'es mantenimiento con que se esfuer√ßan los que andan camino, que del comer en cada cavo se halla, y con una bez de vino est√° la gente harta y alegre. Es menester que V. Al. lo mande proveer para aqu√≠ en los primeros nav√≠os, y castigar quien este da√Īo hizo, as√≠ como de otros hurtos de otras vituallas, de que qued√≥ el cargo a don Juan al tiempo de mi partida.

Despu√©s de escripto todo lo de en√ßima oy, qu'es d√≠a de San Sebasti√°n, bino Ojeda, el cual lleg√≥ a √áibao, qu'es provin√ßia, √©l con toda la gente que av√≠a llevado, y fall√≥ grand√≠simas minas de oro; no truxo d'√©l porque yo se lo ten√≠a defendido, porque yo no sav√≠a qu√© gente hera aqu√©lla, y si le pesar√≠an de ver estranjeros o coger lo que en su tierra tienen. No dex√≥ de traer la muestra de cada r√≠o , la cual enb√≠o a V. Al.; y si es verdad lo qu'√©l y los otros que fueron con √©l dizen, es cosa de admira√ßi√≥n la tanta cantidad de oro que fallaron. √Čl me a dado por escripto todo su camino y lo que hall√≥, todo por punto, la cual escriptura con las muestras de oro a V. Al. con √©sta enb√≠o.

Solamente digo que de aqu√≠ a veinte leguas ed la noble provin√ßia, y seg√ļn yo puedo comprehender, con ella junto es todo mineros de oro, y ser√° tanta tierra como todo el reino de Portugal, y que creo que aya m√°s oro de lo qu'ellos renun√ßiaron. Yo no boy luego all√° porque mucha gente de la que ac√° est√° es doliente, e aun a este causa e detenido algunos ac√° que yo disiava de enbiallos a Castilla.

Y tanbi√©n digo y afirmo, seg√ļn yo puedo comprehender, que V. Al. pueden bien estar seguros que ac√° est√°n todos estos indios a lo que se mandare, sin pensar que se ayan de poner a resisten√ßia, que no aya nadie que no se maraville c√≥mo se ayan dexado matar los que ac√° quedaron, seg√ļn √©stos son temerosos; y aun por esto digo que yo sospecho que entr'ellos mismos aya sido el desbarato.

Tambi√©n esta mesma noche vino un escudero de los que fueron con Gorval√°n, y diz que fallaron muy muchas minas de oro, y qu'√©l ven√≠a atr√°s muy alegre. En ellegando, escrevir√© su rela√ßi√≥n toda distinta. El uno y el otro me dizen que les dez√≠an los indios que, cavando debajo de la tierra, hallavan pedazos que, seg√ļn la forma, ser√≠a un marco.

Ellos no tienen ingenio de lo coxer salvo en la rena del r√≠o, y no toman salvo los pedazos que con los dedos abarquen, ni lo cojen m√°s salvo para sus car√°tulas, que fasta oy no se vende ni se resgata; tanbi√©n que, cuando llueve, se halla fuera de los r√≠os pedazos grandes qu'el agua a descubierto. Nuestro Se√Īor nos dar√° lugar que sabremos todo enteramente los primores; mas si es verdad lo qu'√©stos dizen, que creen que aya en esta isla tanto como de fierro en Vizcaya, creo que, aunque no sea tanto, que sea demasiada cantidad.

Después vino Gorvalán con todos los otros que con él fueron, y él y ellos cuentan de las cosas del oro qu'es maravilla. Truxeron la muestra del oro que coxieron en los ríos, la cual tanbién enbío a V. Al. con aquéllas que truxo Ojeda. Anbos cuentan en el negoçio del oro de una manera, puesto qu'el uno del otro no savía cuando de acá ni de allá partieron amos a una parte, como arriba dixe.

Tanbién vino la caravela y trae muy buenas nuevas, como verá V. Al. por estenso por escriptura por ante escrivano d'ella, el cual escrevía cada día lo qu'ellos hazían. El capitán no da buena cuenta, y no abasta el yerro que hizo en Guadalupe, y agora quería dexar de ir el viaje que yo le avía mandado y se quería ir a Jamaica. Dizen que en menos de seis leguas hallaron más de quinientas poblaçiones, que en cada una avía más de sesenta grandes casas y gente a maravilla, todos de la mejor condición que se vido: dávanles a los nuestros cuanto tenían.

Este mesmo Marque fue por la tierra adentro y fall√≥ la mejor campa√Īa d'ellos del mundo; no le av√≠a yo mandado qu'√©l dexase la caravela ni que enbiase gente. El Fojeda van√≠a malo del camino y, pensando de no llegar tan presto ac√°, me escrivi√≥ una carta de lo qu'√©l av√≠a pasado. Y porque me parec√≠a que V. Al. folgara de ver muy por estenso, la traslado aqu√≠ al pie de la presente, y es √©sta que se sigue: (...)

Fuente:

http://www.cervantesvirtual.com/historia/colon/doc15.shtml

DOC 3____________________________________________________

Carta de Cristóbal Colón a los Reyes Católicos.
Abril-Mayo de 1494.


Christian√≠simos e muy altos e muy poderosos pr√≠n√ßipes, Rey y Reina, nuestros se√Īores:

Bien que por la presente no aya agora pasaje, yo le escrivo. Agora con el nombre de Nuestro Se√Īor estoy de partida para descubrir m√°s islas y tierra firme de las de las Yndias, como V. Al. me mandaron cuando de all√° part√≠, y tanbi√©n por recono√ßer todas estas tierras ya falladas, porque, si de algund reino se ayan desmandado o venido alguna armada ac√°, porque yo lo sepa y les castigue seg√ļn es justo; y por agora es la mesma saz√≥n de esperar y estar sobr'el aviso. Yo voy con tres carabelas que ac√° compr√© con menos costa para V. Al., y as√≠ escrivo esta carta, porque tambi√©n aguardo que V. Al. de all√° me emb√≠e las caravelas con los mantenimientos que yo le escrev√≠ con Anto√Īo de Torres, hermano del alma del prin√ßipe mi se√Īor, las cuales espero por todo este mes de mayo.

Y porque podría se que, antes que yo bolviese, que no creo, sería menester que las dichas caravelas se bolviesen, y ansí me paresçió que, por sí o por no, devo dejar esto reparado, y si no lo hago tan largo como devo y deseo, es por la sobredicha causa: porque creo que, antes que los navíos se ayan de bolver, que yo seré buelto. Yo escreví a V. Al. Con el sobredicho Torres muy largo, y les embié los libros de las cartas así de gastos como de alardes y gente con sueldo que acá quedó como sin ello e de las costas, que acá quedaron las más de la gente que acá vinieron, que fue contra su juramento, y les enbié el oro y otras cosas que acá pude aver con aviso de todo muy cumplidamente.

Después yo proçederé en la fábrica d'esta ciudad, y ya llena de casas siguió desastre de fuego, que se quemaron los dos terçios en tiempo y ora que yo estava de partida para Çibao; la cual por esto no dexé, que puede aver fasta el comienço del Cibao catorze o quinze leguas, en las cuales ay dos puertos no largos, salvo fatigoso, enque bien se pudiera desechar rodenado muy mucho camino.

Y fue a este río, que aquí es çerca de la çiudad tanto como de Santa María en Sevilla fasta el río; y dende a una legua a otro río no grande como este, en el cual hago agora las moliendas, porqu'es más convenible para de priesa que no éste. Y dende a tres leguas es el puerto que se dize de los Figdalgos, y éste todo fasta el pie d'él es traviesa d'esta vega, todo llano; y el puerto no tiene altura de un tiro de vallesta y es muy agro; con todo, cavalgando se puede subir y, suvido, todo es llano y vega grandísima, a que yo llamé la Vega Real, de la cual ni de ancho ni de largo no se a savido fasta agora el fin.

Y d'este puerto ay √ßinco leguas en la dicha vega halle'un r√≠o grand√≠simo, digo muy grande, mayor que Hebro ni otro que aya en Espa√Īa, el cual trae agua que no es de creer la cantidad; el cual pas√© con barcas de madera. Este es el r√≠o que tiene la boca a Montechristo en la mar y es navegable, aunque creo que las bocas y r√≠os qu'est√°n en el golfo d'Espa√Īa que sean bocas d'este mesmo r√≠o. En la cual vega vi pobla√ßiones y casas de gente sin cuento, todas con tanto temor que era maravilla, ni sav√≠an por remedio salvo meterse en las casas; las cuales tienen, puesto que sean muy grandes, una sola puerta muy peque√Īa ans√≠ como una lombardera de un muro, y con ramos se √ßerravan dentro.

Yo les mandava abrir y les dava algo y les asegurava, y ellos nos davan de lo que tenían, digo pan y agua, que otra cosa no tienen, salvo lo que la natura les dio, a dar. Después de pasado el río, a seis leguas fallé el otro puerto, y siempre bega hasta el pie d'él, que será un tiro de vallesta, muy agro y ençima muy llano; y a éste puse nombre el puerto de Çibao, porque de allí a la provincia de Çibao no hay una legua. Todo este camino que yo hize fue todo al ahustro o mediodía derecho d'esta çiudad Ysabela. Çibao en lengua d'esta gente india quiere dezir 'pedregal', y así lo es.

Es tierra alt√≠sima y muy poblada en demasiada manera, fecha lomas y √ßerros y cabe√ßos no lexos uno de otro, mas muy a√ßerca; y cuanto m√°s adentro se ba, tantos mayores lomas y altos se falla, fasta que se viene a una monta√Īas alt√≠simas en demasiado grado, que yo vi mas no llegu√©, ni creer√≠a de poder llegar a ellas en ocho d√≠as: tanto es lejos una de otra, qu'el ojo haz tan √ßerca por su dispusi√ßi√≥n de la dobladura. La cual toda provin√ßia, seg√ļn me afirmavan los indios que conmigo llevava, es mayor qu'el Andalu√ß√≠a, y no es de √°rboles llena como de yerva, qu'es tanta y tan alta y fresca y espesa como alca√ßer en Sevilla en mar√ßo; y creo que ans√≠ sea en todo el a√Īo; debajo de la cual yerva es todo pedregal de cascajo muy grande y espeso, que no creer√≠a que tubiese las lomas tan verdes, salvo que por la espesura en algunos lugares los indios e nos pon√≠amos fuego por ver y despachar el camino. En el comien√ßo de √áibao, en los pies de las lomas y monta√Īas, ay en alg√ļn lugar gran espesura de palmas y, m√°s adentro, de pinos muy fermosos. Es tierra de los mejores aires, y ay las mejores aguas, atanto que no es de creer sin vista; ellas son frigid√≠simas y no de un fr√≠o salvaje, como aguas de algunas sierras de Castilla, salvo de un trenpramento y savor maravilloso y no comparable a esta agua de aqu√≠, que yo embi√© a V. Al. por muy maravillosas seg√ļn las de Castilla.

Creo qu'estas tierras sean todas llenas de pinos, mas el fuego que los indios continuadamente hechan por la yerva los destruye, y ans√≠ no quedan salvo en algunos valles. Estas lomas y cabezos no son intratables, ente todos, con las maiores que haze, pueden tratar esta provin√ßia de √áibao toda, y en todo cavo hallo oro. Verdad es que los indios no lo catan salvo adonde ay agua; mas como en tiempo de lluvia al pie de cada loma y cabezo corre alg√ļn arroyo por el agua que a llovido en √©l, escarvan en √©l y hallan granos de oro; y acavado de secar el agua √ßesan de sacar, y no ans√≠ en algunos lagunares perpetuos y arroyos, que se hallan m√°s.

Ansí llevé mi camino adelante fasta que avía andado cuatro leguas, y fallé un riato mayor dos o tres vezes qu'éste, y fallé un valle (?) bien que ya avía fallado muy muchos otros y populatísimos, y caté oro, como avía fecho en todo el camino, y fallé d'él, y en breve espaçio los indios a granos me cojeron unas ojas de árboles llenas.

Aquí vi un lugar muy idóneo. Y fasta allí desde esta çiudad se podía andar cavalgando, todo buen camino, salvo los dichos dos puertos que son nada, y el primero será legua (?). Visto (?) y que de allí adelante no podían andar vestias, determiné de hazer allí una fuerza, y vide un lugar muy idóneo, que tiene el pie en el río y grandes valles alrededor y planos; y puse esto por obra, de manera que en tres días, con toda la gente que yo llevava y maestros que para ello traía con probeimiento de todo que era menester, hize una fuerça muy fuerte y buena, que en Castilla sería açebta y paresçería bien.

Despu√©s dex√© a√≠ a mos√©n Pedro Margarite por la persona que m√°s abta hera, con sesenta hombres y todos los carpinteros y alba√Ī√≠es que acabaran algo o todo lo que faltava, para que sin miedo ninguno pudiesen estar all√≠ veinte e √ßinco hombres continuamente. Y ans√≠ lo a fecho, que agora me escribe y dizen los que de all√° vienen, qu'escada d√≠a continuamente, que tiene fecho una cava de diez y ocho pies en ancho y veinte en alto, y las casas todas dentro de la fortaleza. E yo ya dex√© fecho que de la fortaleza podr√≠a dezender en el r√≠o por una cora√ßa en que andar√≠a un hombre todo cubierto; faciendo la cual cora√ßa hall√© en diversas partes en el m√°s fondo y muchas piedras de lombardas fechas y adere√ßadas, de gordura de una grande naranja y puestas de tres en cuatro y cubiertas de feno y paja.

Part√≠ yo tan presto de a√≠ porque la gente no av√≠a podido traer mantenimientos para m√°s tiempo, ni yo fue i con otro prop√≥sito salvo de aver de bolver luego que falle de los mantenimientos, que agora est√°n m√°s dubdosos, no porque devamos dubdar de fambre, salvo de los nuestros, a que somos (?) y criados. No nos falta cosa tanto como bestias de acarreto y odres y costales, mas a todo se dar√° remedio con la ayuda de Nuestro Se√Īor.

As√≠ que yo bolv√≠ y no estuve salvo aquellos tres d√≠as, en los cuales vinieron a√≠ muchos indios a me ver por maravilla, de los cuales supe, y no de uno solo, salvo de todos en general, qu'esta probin√ßia de √áibao es grand√≠sima y en todo cavo ay oro y que la mayor parte y adonde m√°s ay es delante de la dicha fortaleza, a que yo puse el nombre de Sancto Tom√°s, al camino del mediod√≠a tres o cuatro jornadas, y que av√≠a r√≠os grandes, y que hallavan a las vezes pedazos de oro, y que, seg√ļn me afiguravan el grandor, pudieran bien pesar media arroba; y pedazos como avellanas y nuezes av√≠a, y fallavan muchos; y cr√©olo, porque por algunos me fueron tra√≠dos tan grandes como nuez y ans√≠ como nas√ßen, que amostrava la tierra en ellos; y me dez√≠an que a√≠ donde es Santo Tom√°s hasta Cahonaboa, aquel rey o 'cacique', que de aqu√≠ diremos en adelante a estos reyes como ellos mesmos se dizen, no a doze o trece leguas; √©ste es aqu√©l que dizen que mat√≥ a nuestros christianos, que en todos cavos de Cibao los cono√ß√≠an y andavan desmandados unos de otros; y este Cahonaboa dizen que en la tierra donde vive ay muy mucho oro, mas es tierra muy monta√Īosa, y que los pedazos y granos son muy grandes.

Yo lo creo por lo que me dixo Ocanaguar√≠ de Pedro, repostero, y de Escobedo, cuando me dixo que le rog√≥ que lo llevase consigo a amostrar la mina de oro, y qu'√©l lo hizo ans√≠, y que despu√©s le respondi√≥ que aquel oro hera poco y los granos peque√Īos, y que no quiso salvo irse a este ca√ßique Cahonaboa (?) llevava un ba√ß√≠n (?) y le mat√≥; esto biene a prop√≥sito, a creer que all√≠ aya m√°s oro y granos mayores, porque este Ocanaguar√≠ no osar√≠a llevar a Pedro salvo all√≠ donde yo fui o en aquella comarca, que all√≠ es todo el oro menudo como arena, como lo que yo enbi√© a V. Al., y adelante son los granos grandes.

Abasta, christian√≠simos pr√≠n√ßipes, que ans√≠ como por las otras mis cartas escrev√≠ a V. Al. qu'esta gente d'esta tierra es la m√°s mansa y temerosa y de buena condi√ßi√≥n que ay en el mundo, y ans√≠ lo torno a dezir y digo otra vez, que otra cosa no me falta para que sean todos christianos salvo no se lo saber dezir ni predicar en su lengua porqu'es verdad que ninguna secta ni idolatr√≠a no tienen ni hazen con√ßentos salvo de pan, a qu'ellos llaman 'ca√ßaui', y de mugeres, y de todos sus fechos e dichos y pensamientos son aquellos que natura les dio: propio todos sus fechos son como de ni√Īos, salvo que, por ser hombres, y la natura se lo constringe a fazer e cosa vista pol√≠tica; √©stos fazen lo que been fazer, porque, si alguno furta o faze otro mal, es de la misma manera que entre los ni√Īos se haze.

Ellos son sotiles, que luego hazen lo que veen hazer, mas es √ßierto que para su gobierno y plazer ning√ļn ayuntamiento hazen de oro ni de otra cosa alguna, salvo que por invidia, de que son ocupados, cogen oro u otra cosa para que se les d√© de lo que desean; la cual inbidia es propia como de ni√Īos, que bi el otro d√≠a, cuando yo estava en √áibao, que cuando yo dava un caxcavel a alguno de los ca√ßiques que, en tom√°ndolo, dava un relaso de sospiro de descanso, como har√≠a un escudero si le diesen una villa.

Ans√≠ que en √©sta concluyo que mi parezer es que en este √áibao ay m√°s oro que en todo el otro del mundo por las se√Īas sobredichas que no se ba a parte alguna que en los arroyos no fallan oro, y pues ans√≠ es y se bee qu'este oro no na√ße en los r√≠os ni arroyos, salvo que naze en la loma o cabezo o monta√Īa, porque al tiempo de la lluvia el tiempo lo descava y trae al arroyo, y all√≠ en el agua lo been, porque luze y est√° descubierto de tierra, e en la tierra no lo been, que bi en el otro d√≠a a los indios tomar el agua con las manos y baziarlas a los bordos de los arroyos escarbando por un poco y, despues qu'estava descavado, cox√≠an los granos; y tanbi√©n en un tiempo que llueve lo fallan en cada cavo en los riatos; y por esto es de creer que aya m√°s oro que en Vizcaya fierro, pues la provin√ßia es muy mayor y da este testimonio sobr'esto.

Así que, demás de me faltar qu'esta gente toda no sen christianos, qu'es por no saber la lengua, me falta muy mucha gran cantidad de oro y otras riquezas que ay en esta isla de espeçerías, qu'ellos cojerían para nosotros; mas me falta la lengua para saverles hablar, que aunqu'ellos cojen ansí el oro con aquel grosero ingenio, no desiste que alguno d'ellos o muchos no sepan dónde lo ay más y de qué manera se podría coger y aver.

Y por esto torno a mi prop√≥sito de que aya escripto a V. Al. por las otras cartas lo qu'espero en Nuestro Se√Īor, si los pecados no mudan, qu'es lo que yo podr√© hazer de aqu√≠ a siete a√Īos, porque no es posible que m√°s de uno o dos no sepamos bien la lengua y sepamos bien toda la tierra, y de all√° nos embiar√°n V. Al. maestros de minas que, con bien been, y en sus reinos a muchos lugares tienen la esperien√ßia para las minas de diversos metales que tienen en ellos, las cuales todas se labran y son descubiertas desd'el comien√ßo del mundo, y cada d√≠a se halla para ellas y sacar los metales d'ellas ingenio bueno y maestros nuevos, y en Vizcaya, donde ay tanta abundan√ßia de fierro, se hallan maestros y minas mejores uno que otro y que lo saven mejor sacar, as√≠ que no lo aver es pronto cosa que, si plaze a Dios todopoderoso, V. Al. no pueda esperar y que sea verdad que aya m√°s oro qu'en Vizcaya fierro, qu'esta gente con poco trabajo ser√°n christianos.

Vine de √áibao y hall√© que ya av√≠an casi cumplido mi deseo de saber de las cosas de oro, y qu'el tiempo hera bueno y de buena saz√≥n y que ten√≠a aqu√≠ estas naos o caravelas y que no haz√≠an nada y que se podr√≠a ir a descubrir m√°s islas y tierra firme y cuidar se otros nav√≠os de otras tierras si ubienes hechado ac√°, para los castigar; y vide que av√≠a dexado grand√≠sima parte de √áibao que yo no av√≠a visto, ni bide que ser√≠a bien dexar de dar cavo a saver y fazer todo esto, pues es f√°zil, e determin√© de enviar a Ojeda, el cual av√≠a ido este inbierno a √áibao y tra√≠do las nuevas de todo y es persona bien con√ßertada en todo, a Santo Tom√°s para alcaide, porque cuando √©l bino, me rog√≥ que, si la fortaleza se hiziese √≠ o all√°, que le dies encargo d'ella; y visto que era raz√≥n y por dar exemplo a otros se la di, y con esto, qu'es muy bien abcto para ello y save muy bien tratar a la gente; as√≠ que por su dolen√ßia no le lleb√© conmigo, y agora le enb√≠o con toda la gente que pude fallar sana y sin ron√ßer√≠a, de que tengo aqu√≠ la mayor parte, como dir√© despu√©s, que llegar√≠an a tre√ßientas personas, y los enbi√© con √©l a Santo Tom√°s, porque all√≠ los esntresacase a mos√©n Pedro y baya con ellos toda √áibao y toda la isla, porque bien me atreber√≠a a lo hazer sin peligro notable, y escriviera todo lo que uviere y mostrara qu'estamos poderosos, porque aunque esta gente sea cobarde, bien es amostrar poder; y ellos ya creen que por la mar har√°n venir V. Al. cuantas caravelas quisieren, porque agora a un a√Īo les dixe que vern√≠an con diez caravelas y truxe doze caravelas y √ßinco naos. Y m√°s far√° mos√©n Pedro, que con esta gente no nos dar√°n cargo los mantenimientos, de que traemos muy pocos, como dir√© despu√©s, y comer√°n de los de los indios, que son muy muchos y muy buenos.

Y porque no aya razón de enojar a los indios, yo enbié una persona y otra enbió el thesorero con caxcabeles y cuentezuelas y otras cosas, que vayan y conpren todos los mantenimientos que con ellos fueren menester, e otra persona enbió el teniente de los contadores mayores porque en su presençia se compre todo y lo que se resgatare de oro sea ant'él; y enbié alcalde y alguaçil y escrivano, porque, como dixe, yo fallé esta gente nuestra tanto cobdiçiosa qu'es maravilla, y enojan a las vezes a los indios, que no basta castigo que yo les do.

Por esta v√≠a sabr√© toda esta isla y las tierras d'ellas y lo que en ella ay y la gente y su condi√ßi√≥n. Yo partir√© en el nombre de Nuestro Se√Īor el lunes, que ser√≠an veinte y uno de abril, y plazer√° a Su Alta Magestad de me deparar cosas con que V. Al. ayan plazer y halle algunos mantenimientos. Llevar√© bien ochenta personas y mantenimientos para cuatro meses.

Para el gobierno de aquí e fecho y hordenado un consejo, que las personas d'e son éstas: don diego, mi hermano, fray Buil, presidentes; Pedro Fernández Coronel, alguaçil mayor, y a Alonso de Carvajal, regidor de Baeza, Juan de Luxán, criado de V. Al., y el bachiller Gallego, con mi poder y con la isntruçión de que con esta carta va el treslado, porque V. Al. le bea.

Y todo muy pa√ß√≠fico, y la gente toda con mucho amor y de gana de me fazer plazer despu√©s del servi√ßio de V. Al. Y llevar√© conmigo al Vernal de Pisa, el cual tengo preso desque yo part√≠ para √áibao en una nao, porque no bastava lo que av√≠a fecho, de que escrev√≠ y embi√© por escrivano p√ļblico a V. Al. con Torre. Agora nuevamente tornava a hordenar sus maldades, y obr√≥ y dixo cosas que meres√ß√≠an y meres√ßen gran pena, la cual no le e querido dar por el ofi√ßio que tiene, antes desde la nao le dexo usar d'√©l y para ello le doy todos los favores y ayuda que demanda, aunque su prop√≥sito no era √©ste, mas era otro, y ven√≠a de all√≠ contaminando.

Yo espero de V. Al. respuesta de lo que yo escrev√≠ sobr'ello con Torres, el cual tanbi√©n llev√≥ todas las cartas que de ac√° se escrivieron, porque V. Al. las viese y tanbi√©n porque no fuesen las nuevas en otros reignos y gentes primero que V. Al., como alguna carta qu'estava hordenada; y venida la respuesta de lo que tengo de fazer d'ese Vernal y ans√≠ lo cumplir√©, del cual en breve yo enbiar√© a V. Al. todos sus fechos y dichos y hordenamientos por escrivano p√ļblico; por esto no escrevir√© d'√©l aqu√≠ nada.

Yo e dado horden c√≥mo se prenda aquel rey o ca√ßique que se llama Caonaboa, el cual dizen que mat√≥ a nuestros christianos o algunos d'ellos, de que todos nosotros nos maravillamos de su desdicha, seg√ļn beemos esta gente cobarde, que beo que biene un hombre y dos solos y dolientes desde √áibao aqu√≠ tan seguros como desde Sevilla a C√≥rdova, y los acojen en sus casas y los dan de lo que tienen; y el otro d√≠a cuando yo enbi√© a Hojeda a √áibao, se a√ßert√≥, de aquella parte del r√≠o grande adonde estava gran pobla√ßi√≥n, que ven√≠an tres hombres de √áibao para ac√° y no sav√≠an nadar, y se les ofre√ßieron cuatro indios para los pasar y su ropa, que ans√≠ lo suelen hazer de continuo; y los dos d'ellos, despu√©s que fueron al r√≠o, se dexaron llevar al r√≠o y les llevaron sus ropas; y los nuestros pasaron lo mejor que pudieron, aunque heran dolientes, y no osaron tornar atr√°s a √©stos que les llevavan la ropa, porque vieron el ca√ßique d'esta pobla√ßi√≥n con mucha gente, que iban a donde estos indios de la ropa iban a parar, teniendo que era por mandado del dicho ca√ßique que se av√≠a fecho.

Yo, como lo supe, enbié luego al dicho Ojeda que enbiase hasta diez personas a la dicha poblaçión, porque, si más fuesen, todos fuirían, en espeçial si fueran culpados, y le escreví que con mucha diligençia viese si podría saber la verdad y aver los mesmos malhechores a las manos y los castigase, porque no es bien de les alargar que se abezen y hazer ruindades y honrar a quien bien faze. Y el dicho Ojeda fue en persona con diez hombres, y el caçique, con más de treçientos hombres alliende de las mugeres y moços, que heran más, se ajunctó con ellos en su plaza, como tienen por costumbre.

Y allí conoçió un hombre de los tres que avía perdido la ropa y el indio que se la avía llevado y otro que avía llevado una espada, y supieron qu'el caçique lo avía avido todo, c'así es costumbre entr'ellos de lo dar todo al caçique, porque no tienen bienes propios que yo sepa. Y el dicho Hojeda hechó mano al caçique y fizo hechar mano a los otros dos que avían fecho el mal y a otro hermano del caçique, y los ataron aí, en presençia de todos los otros que digo, más de seisçientas ánimas.

Y me enbió el caçique y el hermano y el sobrino acça atados; y el moço de la espada y al otro tomó, y en medio de la plaza, por ante todos, a un palo que para ello alçaron allí lo ataron y le cortaron las orejas y le dexaron atado. Y estos cuatro hombres nuestros, que me traxeron el caçique y su hermano y su sobrino, pasaron el río y vienieron por otra poblaçión tan grande como la otra y de tanta gente, y el caçique d'ella dizen que hera hermano d'este preso o su pariente muy allegado, y no osó fazer otra cosa salvo tomar una carátula de oro y venir con él acá a traérmela, porque los librase y no les hiziese mal.

Y ansí vino, y yo le hize a éste de la carátula mucha honra, porque yo savía que cuantos iban y benían nuestros de Çibao les cojía a todos su casa y les dava cuanto avían menester, y tanbién el otro día cuando yo pasé el río, él vino con toda su gente sin que yo le requiriese a nos ayudar a pasar con mucho amor; e ansí que yo le hize mucha honra y le vestí muy bien y le di muchas joyas y a los otros dixe mucho mal. Y por hecharnos en cargo este otro caçique, e y a ellos a muestran que, quien hazía bien, que le faría honra, y quien hiziese mal, será bien castigado, mandé plantar tres palos aquí en una plaza y los hize atar a ellos y sacar una espada para los degollar, y el otro caçique se hechó de rodillas llorando por ante mí que no lo matase. Yo se lo di y le di su carátula de oro que no la quise reçibir, porque supiese que por oro que no avía de ser aquel que uviese de dexar la justiçia.

As√≠ que torno a este mi prop√≥sito, que todos nos maravillamos c√≥mo estos indios ayan osado matar los dicho christianos que quedaron ac√°, el cual prop√≥sito dixe por los de Cahonaboa, el cual dizen que tiene mucho oro en la tierra adonde vive, y son pedazos grandes, que no los cojen en los r√≠os, salvo en la tierra adentro escarvando; y por esto quiso ir all√≠ Pedro, repostero, y Escobedo; yo lo traxe a prop√≥sito por el oro menudo que les amostrava Ocanaguar√≠, y que respondi√≥ que no lo quer√≠a menudo salvo grandes pedazos y que se quer√≠a ir a este Cahonaboa, como se fue; y agora he hordenado, que con ma√Īa lo tomen; que vaya alguna persona con alg√ļn presente a √©l en mi nombre y le adomestiquen fasta qu'√©l pierda el miedo, y lo tomen sin muerte, porque sabremos d'√©l toda la verdad y de toda la isla y del oro y faremos justi√ßia, como hall√°remos que combenga.

La tenperan√ßa de los aires ya dixe por la otra mi carta cu√°nto es (?) y la m√°s tenprada que de aires se falla, as√≠ de fr√≠o como de calor; y oy en d√≠a tenemos el mismo fr√≠o que ten√≠amos en diziembre, qu'es cosa suave, ni creo que podremos dudar de calor mayaor; y siempre dixe que los cavellos no crespos de los indios, mas antes corred√≠os, me davan a creer que fuese esta tierra temperant√≠sima, ni jam√°s ay tormenta en la mar, y di el se√Īal por las yervas y √°rvoles qu'est√°n in√ßertados hasta dentro en ella. En diziembre fallamos los √°rboles d'ellos floridos, d'ellos con fruta y no pocos.

Despu√©s hasta agora siempre a sido ese mesmo, de manera que todo el a√Īo ay fruta y flores, ni jam√°s los √°rboles pierden la foja y continuamente canta el ruise√Īor, qu'es se√Īal de temperat√≠simo aire, y siempre todo el a√Īo avemos fallado nidos de aves y paxaricos, d'ellos con huevos y d'ellos con pollos, y ans√≠ en diziembre como agora. Vi√Īa ya fallamos harta, y aunque no se labrava, dava el razimo muy grande y los granos gordos, de la cual com√≠ en quinze de mar√ßo maduros; y figos ay muy muchos, y las figueras no son de la manera de las nuestras como el fruto, mas d'√©stos no e comido maduros.

Frutas ay de mill maneras, y todas diversas de las nuestras y del savor, mas no menos pre√ßioso, mas creo que todo es espe√ßer√≠a. Las vegas son aqu√≠ tan grandes qu'es maravilla, y las monta√Īas, canpi√Īas y r√≠os, y cada mes siempre a llovido y siempre son buenas yervas altas en todo cavo, hasta dentro de las pe√Īas, y espesas como alca√ßer en mar√ßo en Sevilla. Abes ay inumerables y en espe√ßial papagayos; conejos ay de dos maneras.

La simiente de huerta que acá traximos toda en tres días salieron de la tierra, y de la hortaliza nos aprobechamos a los quinze días, y ansí farían todas cualesquier simiente que se siembren; y no le inpide la saçón porque así siempre es una, como dixe arriba, que hasta oy no e visto mudamiento en nada en diziembre ni otro mes, salvo muy poco en llover, que hera más en henero. Los cuescos todos naçieron a los siete días, y nasçen; los sarmientos que de Castilla acá se truxeron se plantaron y en un mes hizieron algunos pámpanos y razimos en ellos.

La ca√Īa de a√ßucar ansimesmo; los melones y pepinos y cohombros en cuarenta d√≠as despu√©s de sembrados dieron fruto y maduraron, y tenemos cada d√≠a d'ellos; y los mejores melones que jam√°s se vieron fueron sembrados en fin de henero, y en comien√ßo de mar√ßo los comen√ßamos a comer, y tengo por dicho que continuamente todo el a√Īo los abr√°, y calabazas. De trigo fize sembrar muy poco, porque no ten√≠amos aparejo, y hera inbierno cuando aqu√≠ benimos, mas espera un labrador, por una fanega que aya sembrado, √ßincuenta; el cual trigo tanbi√©n nas√ßi√≥ presto, y d√≠a de Pascua se truxo d'√©l un grande manojo espigado y granado en la iglesia, y ans√≠ de garban√ßos y havas.

Cosa es maravillossa la fermosura d'esta tierra y la tenperan√ßia y la grandeza, que sin dubda, seg√ļn los indios me afiguran de grandor y yo beo por la costa de la mar, va casi toda ella a poniente. Pu√©dese creer qu'esta isla es tan grande como Espa√Īa, y mucho lo afirman los grandes r√≠os que en ella ay, que ya dixe en√ßima c√≥mo, para ir a √áibao, que a nueve leguas ay un r√≠o muy mayor que otro que aya en Espa√Īa. Los pollos que nazen en ocho d√≠as fasta doze son grandes para comer y na√ßen muchos. Los puercos mucho multiplican, qu'es maravilla.

Las cabras y ovejas son pocas y las yeguas no faltan aquí, sino muchos labradores y bestias que puedan labrar, que los cavallos y vestias que acá son en ninguna manera se deven poner a labrar, salvo guardallos, porqu'es acá más un cavallo que una fortaleza, que, aunqu'esta gente sea cobarde, es inumerable, que creo que aya d'ellos cuento de cuentos; y de los cavallos no pueden consigo de los esperar ni tan solamente de los mirar, que, aunque sean tres mill hombres, seguramente puede ir uno de cavallo a ellos, que no le an de aguardar: creen que buelen y fablen y entiendan, y ansí le fablan como a hombre algunas vezes que se fallan que no pueden huir, y por esto yo los tengo acá en gran preçio y les mando mirar mucho lo que puedo. Los mantenimientos acá se nos fazen pocos: ya estamos con gran desesperança que los navíos sean aquí en este mes de mayo; socorrémonos al pan de los indios, y nuestra gente lo faze tan bien como ellos, y save mejor que vizcocho.

Después que e començado a escrevir esta carta me an escripto de Çibao -y venido acá personas- que an andado nuestra gente mucha tierra en Çibao y en todo cavo hallan oro en granos, ansí como yo dixe arriba, y creo que se fallará continuamente; y siempre lo fallan en los arroyos, de que torno a dezir que no naze oro en el agua, salvo en la tierra, y que ligero es quien save de minas luego hallar no una mina, salvo mill minas, aunque a una mina le puedo yo llamar igual o mayor qu'el Andaluzía.

A fee que Nuestro Se√Īor no sin cabsa a amostrado y dado esto a V. Al., y a su tiempo dar√° el ingenio y manera c√≥mo se saque grand√≠sima cantidad, qu'estos de los arroyos no lo tengo en nada ni me ocupo ni dexo ocupar hasta aqu√≠ a coger d'√©l, salvo ir y ver bien toda la sal y toda la tierra y saber y hollalla toda; y despu√©s nos ocuparemos m√°s en ello que viere que sea m√°s servi√ßio de V. Al.

Tanbi√©n bino un sobrino de Johan de Lux√°n ayer, el cual yo av√≠a enbiado de la parte de levante de √áibao, y hall√≥ una probin√ßia a que dizen Feyti, y fallaron muy mucha jente y de muy buena conversa√ßi√≥n y muy muchos arroyos y r√≠os en que ay mucho oro, m√°s que en estos otros arroyos, seg√ļn √©l y los que con √©l fueron dizen, y nuevas qu'en algun lugar en algunas vezes los indios an fallado pedazos tan grandes como la cabeza. No queda m√°s dezir d'este oro salvo que en el otro del otro mundo no aya otro tanto, y que ante de √ßincuenta a√Īos se sacar√° de aqu√≠ tanto que ser√° maravilla, y que ante de los siete, con la ayuda de Nuestro Se√Īor Criador, la cantidad que yo escrev√≠¬Ľ.

Fuente:

http://www.cervantesvirtual.com/historia/colon/doc17.shtml

DOC 4________________________________________________

Relación del viaje a Cuba y Jamaica. Carta de Cristóbal Colón a los Reyes Católicos.
Puerto de Santa Cruz -Isabela-, 26 de febrero de 1495.


Christian√≠simo y muy altos y muy poderosos pr√≠n√ßipes Rey y Reina, nuestros se√Īores:

Yo part√≠ de C√°diz el a√Īo pasado de noventa y tres a veinte y seis de septiembre con la armada de naos y gente que V. Al. me mandaron. Y desde las islas de Canarias, donde yo llegu√© en seis d√≠as, llegu√© a las Yndias en veinte d√≠as a las islas de los can√≠bales, de los cuales tom√© y re√ßiv√≠ mugeres en los nav√≠os de otras personas, qu'ellos por fuer√ßa av√≠an all√≠ tra√≠do de otras islas con sus maridos, padres y fijos, las cuales no av√≠an comido estos can√≠bales como a ellos.

De las cuales islas hall√© gran n√ļmero, y todas fertel√≠simas y hermos√≠simas, y en todas av√≠a muy muchas 'canoas', que ans√≠ llaman a sus fustas, las cuales todas quebr√© y destru√≠. Y despu√©s bine por derecho camino a la nobel√≠sima isla Ysavela, as√≠ como plugo a Nuestro Se√Īor, de las sobredicha de los can√≠bales a la villa de la Navidad, la cual hall√© quemada y nuestros christianos muertos por discordia que entr'ellos ovo, como yo escrev√≠ a V. Al. con la sobredicha armada, la cual torn√© a enviar a C√°diz, despu√©s de descargar la gente y cavallos y maestros de hedifi√ßios y todos los otros pertrechos y ganado y mantenimiento, debajo de la capitan√≠a de Anto√Īo de Torres, hermano del alma del pr√≠n√ßipe mi se√Īor, con mi instru√ßi√≥n como vi que cumpl√≠a al servi√ßio de V. Al.; con el cual tanbi√©n escrev√≠ el hedifi√ßio d'ella, el cual fue por voluntad divina, porque yo lo av√≠a imajinado de fazer en otro cavo y nunca ovo lugar ni tiempo salvo en este asiento, ni porfi√© poco con los vientos y tiempo para ello, de que despu√©s e sido muy alegre; y doy por ello cada d√≠a mil cuentos de gra√ßias a la Sant√≠sima Trinidad, en cuyas manos siempre con inten√ßi√≥n muy sana se debe de encomendar toda cossa.

Del cual sitio y buena dispusi√ßi√≥n y fuerte escrev√≠ muy largo a V. Al., y como es sobre piedra y a la costa de la mar, al pie de una grand√≠sima vega mayor que la de Granada, y que a √ßincuenta pasos ay una monta√Īa de canter√≠a mejor que aquella de que hedifican la iglesia de Santa Mar√≠a de Sevilla; junto con ella, no m√°s lejos, una monta√Īa de piedra de cal muy fina, y la una y la otra muy pobladas de √°rboles. Y por la mitad de la vega pasa un gran r√≠o, el cual entra en el mar aqu√≠ junto con la √ßiudad, a la orilla del cual se hizieron las huertas, en las cuales todas las simiente na√ßieron en tres d√≠as y se comi√≥ del fruto en quinze salvo los melones y calabazas, que tardaron treinta y seis; mas la bondad d'ellos descarg√≥ la tardada. Ca√Īas de a√ßucar se plantaron, y en quinze d√≠as ten√≠an el hojo m√°s largo de un pie, ans√≠ como los sarmientos, de las cuales alguna al dicho tiempo pudre√ßi√≥, ra√ßimo de (?).

Trigo no se sembr√≥ ni legumes, salvo por primavera, porqu'era ya en fin de henero cuando ovo lugar de entender en ello; y S√°vado Sancto, que fue veinte y nueve de mar√ßo, se truxo un manojo de espigas granadas y maduras y muy grandes, m√°s que las de Castilla, en la iglesia a la santa oferta. (?) o de los garvan√ßos y otros legumes, que todo ten√≠a el grano muy mayor qu'en Castilla. Provado avemos qu'esta tierra da dos vezes al a√Īo fruto. Tanbi√©n escrev√≠ a V. Al. c√≥mo yo av√≠a enviado a √áibao por dos partes treinta mensajeros, y renun√ßiaron que en esta probin√ßia av√≠a oro como en Vizcaya el hierro, y parte d'estos mensajeros enbi√© a V. Al. porque oyesen todo por palabra, y de los otros que ac√° quedaron les enbi√© las cartas que a m√≠ av√≠an escripto del camino, y les enbi√© el oro que en cada r√≠o y en cada cavo av√≠an fallado.

Despu√©s de partida la sobredicha armada, que fue a tres de febrero, di toda la priesa que yo pude en fortalezer la √ßiudad e aparejar las cosas que para la bivienda d'ella conven√≠a; y fecho, a doze d√≠as de mar√ßo me part√≠ con toda la gente que fue menester de a pie y de a cavallo para ir a √áibao, la cual provin√ßia es al austro diez y ocho leguas travesando esta mesma vega y r√≠o, y pas√© un puerto, allende del cual traves√© otra vega muy mejor qu'√©sta quinze partes, en medio de la cual hall√© un r√≠o muy mayor que otro que aya en Espa√Īa, no tirando Hebro ni Tejo.

En aquel tiempo no avía llovido porque ubiese avenida, como fue después a la buelta, que era tan grande y tan alto y cresçido que por fuerça ni ingenio osava de pasar persona. Y trabesada esta vega fallé otro puerto no más agro y más alto un terçio que aquél de los Figdalgos que yo avía pasado, que era çient pasos y muy más áspero; el cual hize andable ansí como el primero, de los cuales el uno y el otro la desçendida es poca. Y d'este puerto en adelante se cuenta la noble provinçia, por la cual travesé bien çinco leguas, puesto que desd'el comienço en cada arroyo y fuente, de que ay inumerables, fallé oro; cuanto más andava fallava mayores granos, hasta que yo llegué a una ribera grande, adonde yo vi un lugar muy fuerte e idóneo para hazer una fortaleza; y luego lo puse en obra. La cual puesta en buen término, dexé allí alcaide y maestros y gente porque acabasen y que de allí descubriesen toda la tierra d'esta probinçia, la cual es tan grande o mayor qu'es toda la probinçia del Andaluzía, y en todo cavo d'ella ay oro. Después me partí y bine a la ciudad a dar horden a mi despacho para ir a descubrir la tierra firme y correr todas esta mares e islas e poner guarda en todo cavo.

√áibao es nombre de Yndia; quiere dezir en nuestro bocablo 'pedregal'. Es provin√ßia grand√≠sima y tierra doblad√≠sima, toda monta√Īas y cabezos muy altos, todos o la mayor parte no √°speros y sin √°rboles, pero no sin yerva por la fertilidad estrema; la cual es como grama y m√°s espesa y m√°s alta que alca√ßer en el mejor tiempo del a√Īo en una huerta, y en cuarenta d√≠as se para alta hasta la silla de los cavallos, y de contino est√° as√≠ verde y espesa, si no es quemada. Debajo de la cual todas estas monta√Īas y cabezos son llenos de guijarros grandes y redondos como en una ribera o en una playa, y todos o la mayor parte son azules. Yo creo que los indios queman mucho a menudo la yerba d'esta tierra, y que a esta causa no aya √°rboles as√≠ como ay en los valles, de que ay infinitos y grandes y llenos de √°rboles de pinos y palmas y de otras mill maneras.

Esta provin√ßia es toda tierra muy firme e defensible. Es temperant√≠sima qu'es maravilla. En ella llueve bien a menudo, por lo cual al pie de cada cabezo ay un arroyo grande o mayor, seg√ļn es la monta√Īa. El agua es delgada, sabrosa, fr√≠a, no cruda como otras aguas que da√Īan y hazen mal a la persona; √©sta es sabrosa y de muy buen gusto y quebranta la piedra, de que an sanado muchas personas. En cada uno d√©stos arroyos y riberas, peque√Īas y grandes, se halla oro y todo en grano, dentro o junto con el agua en lugar donde el agua lo lave. Yo creo y tengo por √ßierto qu'este oro na√ße en sus minas en los cabezos o monta√Īas, y que al tiempo del agua la lluvia lo trae al arroyo; y ans√≠ me lo an dicho muchos indios de all√≠ vezinos.

La fortaleza que hize en √áibao llam√© de Santo Tom√°s, y al tiempo que all√≠ estube vinieron muchos indios con gana de caxcaveles y otras cosillas qu'ellos deseavan, de las cuales no se les dava hasta que tra√≠an alg√ļn oro; y luego qu'esto se les de√ß√≠a, corr√≠an a la ribera, y en menos de una ora cada uno ben√≠a con una foja o un caracol lleno de granos de oro. Y un biejo que pares√ß√≠a hombre bien asentado me truxo dos granos de tres u cuatro castellanos, de los cuales tan grandes fasta entonzes no av√≠a visto salvo uno, que me dio en presente Guacanagar√≠, que enbi√© a V. Al. con el sobredicho Anto√Īo de Torres, allende de otros menudos que entre todos ser√≠an (?) marcos m√°s. D'√©stos, que ans√≠ enbi√©, les escrev√≠ que eran fundidos, creyendo a un hombre que ac√° est√° que se dize Formizedo, de Sevilla, el cual me dez√≠a que sav√≠a m√°s en minas y en oro que ninguna otra persona; el cual herr√≥ es estos granos que ans√≠ enbi√©, porque eran de na√ßimiento y no fondidos, como yo supe despu√©s los √ßierto, y d'este Formizedo que, de todo lo qu'√©l dez√≠a, e savido y provado que no save nada; tanbi√©n me dixo que con unos granos que con ellos iban de oro m√°s bajo que av√≠an sido falsificados con lat√≥n, de qu'√©l tanbi√©n andava herrado, porque e savido que aquello pro√ßed√≠a de la mina adonde na√ß√≠a, ni es de creer que los indios, aunque supiesen fundir, mesclasen el lat√≥n con el oro, pues que lo tienen con √ßien dobles m√°s en estima qu'el oro.

As√≠ que, re√ßibidos los dos granos d'este viejo, y holgu√© mucho y le dixe a √©l que aqu√©llos heran muy buenos, y le di un caxcavel, que cuando lo re√ßibi√≥, dio un relaso de descanso con mayor contentamiento que otro creo ten√≠a en re√ßibir alguna buena villa, y me respondi√≥ que eran muy peque√Īos estos dos granos al respecto de otros que se fallavan en su tierra, que era de all√≠ √ßinco leguas; y diziendo esto mir√≥ al suelo y escoji√≥ piedras de √ßinco o seis maneras, diziendo que granos av√≠a fallado mayores qu'ellas: la m√°s peque√Īa ser√≠a como una nuez y la mayor como una gran naranja. Fu√©se este viejo, y vinieron otros que dixeron otro tanto, y algunos se√Īalavan al grano por forma que bien pesar√≠a media arroba, y no de contino se hallavan estos pedazos salvo a las vezes, aunque ellos poco se estavan a catallos salvo agora, por aver estos caxcaveles y otras cosillas. En fin, llegu√© a ver all√≠ grano que pesava ocho castellanos, y Pero, sobrino de Juan de Lux√°n, que yo enbi√© con √ßiertas personas a hazer un viaje, all√° le certificar√° que se av√≠a fallado en aquella ribera granos de oro at√°n grandes como la cabeza de un hombre.

En √áibao en aquel tiempo, que era mediado de mar√ßo, hall√© uvas madura de muy buen savor. Del oro ni de las otras cosas de espe√ßer√≠a ninguna memoria fazen los indios, salvo de lo que ven que pueden aver alguna cosa de lat√≥n de nosotros, y esta condi√ßia les viene de muy mal ralo por no trabajar, porque son perezosos en grand√≠sima manera, como su √°vito lo faze magnifiesto, porque en el inbierno faze muy buen fr√≠o, y aunque por aqu√≠ no aya lana de ovejas, ay mucho algod√≥n por los montes, que aun para sembrarlo no son buenos, de que se podr√≠an vestir y se defender del fr√≠o, y andan as√≠ desnudos todos como sus madres los pari√≥, como de todo ya escrev√≠ largo a V. Al., cuando yo part√≠ para descubrir, y dex√© el amboltorio en la Ysavela, porque, si viniesen caravelas o alg√ļn nav√≠o de los que se esperavan y se despachasen antes que yo bolviese, porque V. Al. fuese de todo bien informado.

Después de buelto de Çibao a la çiudad, que fue Sávado Santo, travajé de conçertar el regimiento d'ella cuanto me paresçía que fuese bien y serviçio de Dios y de V. Al., y hordené consejo, y qu'el padre fray Buil y mi hermano fuesen presidentes; y allende del poder de V. Al. que me dieron, al cual traspasé a ellos para en cuanto yo estoviese en el dicho viaje, le limité muchas cosas particulares las cuales heran neçesarias, de las cuales todas y de la instruçión enbié el treslado a V. Al. en el mesmo enboltorio.

A veinte e cuatro d√≠as de abril part√≠ con tres caravelas de vela redonda con buen tiempo en nombre de Nuestro Se√Īor Jhesuchristo al poniente, y en pocos d√≠as llegu√© al muy ase√Īalado puerto de San Nicol√°s, el cual est√° enfrente d'esta isla al cabo de Alfa e O, que es en la Juana, la cual no es isla salvo tierra firme, fin de las Yndias por oriente y comien√ßo navegando por poniente, distinto d'este sobredicho puerto diez y ocho leguas. Y sin entrar en √©l traves√© el golfo y llegu√© a buenas oras al sobredicho cavo de Alfa e O, y dex√© de seguir la costa de la tierra de la parte de setrentri√≥n, por donde el viaje primero yo av√≠a andado, y navegu√© al poniente corriendo la otra costa de la parte del austro, las cuales costas van as√≠ al poniente, desvi√°ndose la una del polo √°rtico y la otra a√ßec√°ndose a √©l por la fechura de la tierra, que comien√ßa por angosto y se alarga, navegando, en forma de vela de caravela latina.

De la cual costa que ans√≠ iba subiendo al setentri√≥n dex√© de seguir porque era inbierno, por el cual themor por ser el primero biaje, buscava yo de fuir del setentri√≥n al austro a la tenperan√ßia, y a esta causa navegu√© al oriente buscando el fin de la tierra para pasar al austro. Y bien que seg√ļn mi navega√ßi√≥n y distna√ßia que despu√©s yo av√≠a pasado de la espera yo ten√≠a esta tierra por firme, y no isla, yo me dex√© creer a la figura de los indios, que la pon√≠an por isla; y seg√ļn mi albedr√≠o yo estava en la provin√ßia de Mag√≥n, que se comunica con la nobil√≠sima provin√ßia del Catayo, as√≠ como escrev√≠ aquel tiempo a V. Al. y fuera yo enton√ßes d'ellos √ßierto o agora, cuando comet√≠ el biaje, todav√≠a llevara mi camino a esta probin√ßia a la √ßuidad de Quinsay y ver d'ella y de otras tantas se es tan nobil√≠sima y riqu√≠sima como se escribe y si tiene la amistad de christianos que se dize agora.

Verdad es que yo partí de la Ysavela con propósito de ir a esta probinçia, mas por el deseo que yo tenía de la isla de Jamaica, por las nuevas que d'ella avían dado los indios, no he inprendido el viaje; ni fuera yo si no creyera que la Juana hera isla, mas pensé que los indios me avían afigurado verdad y que era isla; mas después conoçí que ellos son gente allí que jamás salen de su lugar y creen que todo el mundo sean islas y no saven qué sea tierra firme ni curan salvo de comer y de mugeres; mas pensé ir por esta parte para ir a Jamaica, y que la Juana sería isla y que yo pasaría por la parte del austro al fin d'ella al poniente y dende navegaría a setentrión y al poniente fasta hallar el Catayo.

Y ans√≠ segu√≠ al mesmo viaje y descubr√≠ y fui a la isla de Jamaica en breves d√≠as, a Nuestro Se√Īor sena dadas infinit√≠simas gra√ßias, con muy pr√≥spero viento, y dende bolv√≠ a la tierra firme y segu√≠ la costa d'ella al poniente LXX d√≠as fasta que tom√© la buelta por temor de los vientos, porque no mudasen, y por la grav√≠sima navega√ßi√≥n que yo fallava por el poco fondo con nav√≠os grandes y muy peligroso navegar por tantas canales, adonde se acae√ßi√≥ muchas vezes me quedar los nav√≠os todos tres en seco, qu'el uno no pod√≠a ayudar al otro, y otras bezes que no faltava m√°s de un cobdo de agua, y por fuer√ßa de cabestrante y anclas pasava adelante por fuer√ßa, y no menos a la ida como a la buelta, porque yo av√≠a determinado con la esperan√ßa de Nuestro Se√Īor de andar tanto adelante, que yo estoviese muy cierto que yo estava en la tierra firme y pasado todas las islas y √ßertificar que la Juana no es isla. Y a mi bien determin√© la buelta, porque se me av√≠a perdido gran parte de los mantenimientos, que se av√≠an ba√Īado del agua del mar cuando los nav√≠os davan en seco, que a las vezes estavan para se abrir del todo; ma yo llevava maestros y todos otros aparejos para los adovar y tornar a fazer de nuevo, si menester fuese, y andava muy bien probe√≠do de todo. De tal manera me bi en tiempo y voluntad que, si yo toviera mantenimiento, yo provara de bolver a Espa√Īa por oriente biniendo a Ganges, dende √≠ al Signo Ar√°bico y despu√©s por Etiop√≠a.

Abasta que, despu√©s de andado trezientas y veinte y dos leguas a cuatro millas cada una, ans√≠ como acostumbramos en el mar, del cabo de Alfa e O, y pasado islas inumerables, de las cuales el fin del viaje av√≠a yo anotado sete√ßientas de las mayores, me bolv√≠ e no por el camino por donde av√≠a andado, como m√°s largo dir√© abajo; en el cual cabo de Alfa e O puse colunas con cruz en nombre y se√Īal de V. Al, por ser el estremo cabo de oriente de la tierra firme, ans√≠ como tiene en poniente el cavo de Finisterre, qu'es otro cabo estremo de la tierra firme a poniente, en medio de los cuales amos cavos se contiene todo el poblado mundo, sacado la Ysavela con otras islas de los can√≠bales y otras pocas.

Part√≠ en nombre de Nuestro Redentor jueves, veinte e cuatro de abril, de la Ysavela, y el martes siguiente llegu√© al cavo de Alfa e O, que son (?) leguas de cuatro millas cada una, y con muy buen tiempo navegu√© al poniente corriendo la costa de la Juana la cual me queda a√ļn a mano derecha de la parte del setentri√≥n, fasta un singular√≠simo puerto que yo llam√© Grande; la entrada d'√©l es la avertura de una pe√Īa no m√°s que de √ßincuenta pasos en ancho, y tiene doze brazas de siete palmos cada una de fondo, y dentro d'esta boca ay no m√°s de sesenta pasos; de longura y anchura para estar todas las naos del mundo.

Desde el cabo de Alfa e O fasta este puerto es toda la tierra monta√Īosa, no est√©ril ni despoblada de √°rboles y yervas, aunque no son tan altas y verdes como en otros cavos que fasta aqu√≠ en las Yndias e visto; por ventura aquella saz√≥n del a√Īo causava que pares√ßen se como en noviembre las sierras de Castilla, bien que yo e esperimentado yo esto, que dos vezes en el a√Īo los √°rboles y yervas aqu√≠ dan fruto, y all√≠ en este tiempo todos los √°rboles heran sin fojas, y grande cantidad vi d√©llos con flores y fruta, de los cuales suv√≠a a la mar un olor suav√≠simo. En este sobredicho puerto ninguna pobla√ßi√≥n av√≠a, as√≠ como en toda la costa, y lugo que yo entr√© en √©l vi a mano derecha muchos fuegos junto con el agua y un perro y dos c√°maras sin persona alguna. Des√ßend√≠ en tierra y vi m√°s de cuatro quintales de pezes en asadores al fuego, y conejos y dos serpentes.

Y allí muy açerca bi en muchos lugares presas al pie de los árboles muchas serpientes, la más asquerosa cosa que hombres vieron: todas tenían cosidas las bocas salvo algunas, que no tenían dientes; eran todas de color de madera seca y el cuero de todo el cuerpo muy arrugado, en espeçial aquél de la cabeza que le deçendía sobre los ojos, los cuales tenían benenosos y espantables; todas estavan cubiertas de sus conchas muy fuertes, como un pece de escama, y desde la cabeza fasta la punta de la cola por medio del cuerpo tenían unas conchas altas y feas y agudas como puntas de diamantes.

Mand√© tomar todo el pescado para refresco de la gente, y despu√©s con las barcas de los nav√≠os andube buscando el puerto, y de cavo bi en un cerro mucha gente, todos desnudos, como en estas partidas andan. H√≠zeles se√Īalar que se allegasen, y a cavo, de buen rato se acerc√≥ uno d'ellos a√≠ en√ßima de una pe√Īa; y fablado que ovo con este indio que yo traigo, qu'es Diego Col√≥n, uno de los que fueron a Castilla, el que ya save fablar muy bien nuestra lengua, luego se alleg√≥ a las barcas y llam√≥ a todos los otros, que ser√≠an setenta, y me dixo que su rey, o ca√ßique a quien ellos llaman, los av√≠a enviado all√≠ a pescar y ca√ßar estas serpientes, porque quer√≠a fazer una fiesta. Y f√≠zele yo dar caxcaveles y f√≠zele yo dezir c√≥mo av√≠a mandado tomar todo el pescado y no otra cosa, y por ello le dava aquellos caxcaveles y otras cosas. Holgaron mucho cuando supieron que las serpientes quedavan, y respondieron que todo fuese en buena ora y que en la noche pescar√≠an m√°s. Y el d√≠a siguiente antes del sol salido di la bela y segu√≠ mi camino al poniente, siempre prosiguiendo la costa de la tierra, la cual siembre andava mejorando en hermosura y m√°s poblada.

El tiempo era, a Dios sean dadas infinitísimas gracias, muy bueno. No quise detener al llamado de nadie, que todos corrína tras nosotros por las playas, llamándome e amostrándome el pan y las calabazas de agua, llamándonos 'gente del çielo que fuésemos a sis casas'; y toros en 'canoas', que ansí llaman a sus barcas y fustas, y otros nadando me seguían. Y el viento hera fresco, y yo lograva, porque las cosas de la mar no tienen haz, que muchas vezes por un día se pierde un viaje, y ansí navegué fasta un golfo adonde avía infinitísimas poblaçiones y las tierras heran que todas pareçían huertas, las más hermosas del mundo, y toda tierra alta y montalla de acá adentro. Sorgí allí, y la gente de toda la comarca luego vinieron, y traían pan y agua y pescado, qu'esto es lo que tienen en estima.

Y luego en amane√ßiendo part√≠ el d√≠a siguiente, y andando fasta el cavo de la Espuela determin√© de dexar este camino y esta tierra, y navegar en busca de la isla de Jamaica al austro y al sudueste. Y as√≠ plugo a Nuestro Se√Īor que, a cavo de dos d√≠as y dos noches, con muy pr√≥spero tiempo llegu√© a la dicha isla a dar en medio d'ella, la cual es la m√°s hermosa que ojos vieron. Ella no es monta√Īosa, y llega la tierra que pares√ße al √ßielo, y es muy grande y mayor que Se√ßilia, que tiene en el √ßerco ocho√ßientas millas.

Es toda valle ultra modo, que ans√≠ a la lengua de la mar como a la tierra adentro est√° llena de pobla√ßiones y muy grandes y no lexos una de otra un cuarto de legua. Tiene canoas m√°s que todos los otros indios que yo aya visto, y las m√°s grandes; y 'canoas', como dixe a V. Al., son sus fustas y sus barcas. D'ellas son muy grandes y d'ellas no tanto; son todas de un trozo de un √°rbol, y aqu√≠ y en todas las Yndias donde e estado cada ca√ßique se√Īaladamente tiene una, de que se pre√ßia como un pr√≠n√ßipe faze de una nao grande, y ans√≠ la trae labrada la popa y la proa y la portada a lazos e fermosura; y en estas grandes van sus personas y en las peque√Īas exer√ßitan la pesquer√≠a; d'estas grandes e medido que llegan fasta noventa y seis pies de largo y ocho de ancho.

Llegué aquí a Jamaica, y luego salieron bien sesenta canoas todas cargadas de gente y vergas una legua en la mar en son y forma de pelear. Y cuando vieron que yo no dava por ellos y seguía todavía el camino de la tierra, ovieron miedo y se bolvieron fuyendo; y yo tube forma de aver una d'ellas con la gente, y yo les di vestidos y otras cosas qu'ellos tienen en gran preçio, y después les di liçençia.

Y despu√©s fui a √ßorgir a Santa Goloria, que as√≠ le puse nombre a este lugar por la estrema fermosura de la tierra, porque ninguna conpara√ßi√≥n tienen con ella las g√ľertas de Valen√ßia ni de otra parte que buenas sean; y esto no es en un solo valle ni en poca instan√ßia, salvo en toda la isla. Ans√≠ dorm√≠ all√≠, y en amane√ßiendo levant√© las anclas para ir a buscar puerto √ßerrado para desplanar y adovar los nav√≠os, en que se av√≠an descubierto grandes aguas. Y andando cuatro leguas al poniente vi uno singular√≠simo, al cual enbi√© la barca para ver la entrada, ans√≠ como yo suelo en cada uno, otros√≠ para ver si av√≠a fondo o si es limpia de baxas. Salieron a ellas dos canoas con mucha gente y le tiraron mucha baras y vergar, mas luego fuyeron despu√©s que ovieron resisten√ßia, y no tan presto que no re√ßibiesen castigo.

Y despu√©s que yo ove √ßurgido, vinieron a la playa tantos d'ellos que cubr√≠an la tierra, todos te√Īidos de mill colores, y la mayor parte hera de prieto, todos desnudos ans√≠ como andavan; tra√≠an plumas en las cavezas de diversas maneras, y tra√≠an el pecho y el vientre cubierto de fojas de palma, dando la mayor grita del mundo y tirando baras, aunque no nos alcan√ßavan. Yo ten√≠a ne√ßesidad de agua y de le√Īa aliende de adovar los nav√≠os, y tanbi√©n bi que no hera raz√≥n de dexarlos con esta osad√≠a, por otras vezes que puede acahezer en otros viajes. Arm√© toda tres barcas, porque las caravelas no pod√≠an llegar adonde √©stos estavan por el poc fondo, y primero porque se cono√ßiesen nuestras armas y (?) saltar con ellos en tierra, porque adonde ay muy pocos entre inumerables (?).

E yo temiendo ser√≠a peligro, porque muchas vezes e visto, amostrando una espada a esta gente, la toma por el filo sin pensar que ofende, ans√≠ que tanta muchedumbre, aunque d'ellos se matasen infinitos, ser√≠a peligro grande, dispuse primero que cobrasen miedo, y a esta causa, despu√©s que yo bi qu'estava bien picados de vallestas, y ellos fuyeron que no espera hombre ni muger en toda la comarca, un perro que yo llevava les hizo gran da√Īo: muy gran guerra haze ac√° un perro, tanto que se tiene a pres√ßio su compa√Ī√≠a como diez hombres, y tenemos d'ellos gran ne√ßesidad. No quise quemar las casas d'esta gente, que all√≠ av√≠a muy muchas. Y el d√≠a siguiente, antes del sol salido, bolvieron seis d'ellos a la playa llamando que no me fuese, porque todos aquellos ca√ßiques de la comarca me quer√≠an ver y traer pan y pescado y frutas; y ans√≠ lo fizieron de manera que toda la gente refresc√≥ muy bien e estuvieron muy abundosos todo el tiempo que yo all√≠ estuve, y quedaron ellos muy contentos con las cosas que yo les di.

Navegu√© treinta y cuatro leguas al poniente fasta el golfo del Buen Tiempo, adonde me tomaron los vientos contrarios para seguir la costa adelante, e yo, por no perder tiempo y cono√ßiendo ya esta isla y su sustan√ßia y visto que no av√≠a oro ni metal, que toda la tierra por m√°s que oro la tengo, como dir√© despu√©s, fize el viento contrario bueno y bolv√≠a a la Juana tierra firme, con prop√≥sito de seguir la costa d'ella que yo av√≠a dexado, hasta ver si era isla o tierra firme. Y fue a demandar una provin√ßia a que llaman Macaca, qu'es muy hermosa y poblada, y fue a √ßorgir a una pobla√ßi√≥n muy grande, el ca√ßique de la cual luego me embi√≥ buen refresco e a dezir que ya me cono√ß√≠a por o√≠das del primero viaje que yo av√≠a estado de la otra parte del setentri√≥n d'esta tierra, y que conoc√≠a al padre de Xim√≥n, aquel indio que ten√≠a el pr√≠n√ßipe mi se√Īor, de que yo me maravill√© mcuho. E yo entr√© en la barca y fui a tierra, y despu√©s de le dado muchas cosas que tienen en pre√ßio, le pregunt√© si esta tierra hera isla; y √©l con otros muchos viejos que con √©l all√≠ estavan respondieron que s√≠, mas que era tierra infinita de que nadie no av√≠a visto el cavo d'ella al poniente. Gente hera √©sta muy mansa y desviados de malos pensamientos. Ay diferen√ßia d'ellos a los de todas las islas, y eso mismo en las aves y alima√Īas, que todas son de mejor conversa√ßi√≥n y m√°s mansas.

Navegué el siguiente día, que fue quinze de mayo, al setentrión declinando al norueste siguiendo la costa d'esta tierra, y a ora de vísperas vide muy lejos qu'esta costa bolvía al poniente. Yo desde entonzes llevé aquel camino, aunque la tierra no me quedase a mano derecha; y esto fue porque me faltava el fondo. Y otro día al salir del sol miré de ençima del mástel del navío y vi la mar cuajada de islas a todo los cuatro bientos, todas verdes y llenas de árboles, la cosa más fermosa que ojos vieron. Temía de navegar entr'ellas por las baxas y porque an menester mill vezes cada día los vientos todos, porqu'el canal de la una no conforma con aquél de la otra.

Quisiera pasar al austro y ver si pudiera navegar al poniente y dexar estas islas a mano derecha, mas yo me acord√© y tengo noti√ßia que toda esta mar es ans√≠ d'ellas hasta el tr√≥pico de Capricornio, y entonzes yo estava a√ßerca de aqu√©l de Cancro; determin√© de andar adelante y segu√≠ mi intin√ßi√≥n de no dexar de la vista de la tierra firme. Cuanto m√°s andava, desubr√≠a m√°s islas, que d√≠a se hizo que anot√© √ßiento y setenta y cuatro. El tiempo para navegar entr'ellas me lo dio Nuestro Se√Īor siempre a pedir por la boca, que corr√≠an los nav√≠os que pares√ßian que bolavan.

Llegué a posar día de Pentecoste a la costa de la tierra firme en un lugar despoblado y no por destenperançia del çielo ni esterilidad de la tierra, en un grande palmar de palmas que paresçían llegavan al çielo.

All√≠ a la orilla de la mar en la tierra sal√≠an los ojos de agua en el alto con √≠npetu m√°s de un pie, cuando la marea era de cre√ßiente, at√°n fr√≠a y sabrosa, la mejor que hombre vieron; y este frior no es salvaje, como otros que da√Īan el est√≥mago. Descansamos all√≠ en esta yerva con estas fuentes y al holor de las flores, que all√≠ se sent√≠a maravilloso, y a la dul√ßura del cantar de los paxaricos, tan suave y de tantos, y a la sombra d'estas grandes palmas y fermos√≠simas. Vi all√≠ se√Īal de gente y ramos de palmas cortados. Y despu√©s de aver descansdo un poco entr√© en las barcas y fui a ver un r√≠o que me quedava al levante media legua, y fall√© el agua d'√©l estar tan caliente qu'escasamente se √ßofr√≠a la mano en ella.

Andube por √©l arriba bien dos leguas sin hallar gente ni casas, y siempre en la tierra hera aquella fermosura y los palmares grandes y verdes y en ellos infinitas gr√ļas at√°n coloradas como escarlata, y en toda parte el holor de los √°rboles y flores y el cantar de los paxaricos, que era cosa maravillosa; ni menos este holor ni cantar hall√© en todas las islas falladas, las cuales no ove lugar de nombrar cada una por su nombre, porque eran infinitas; mas en general las llam√© a todas el Jard√≠n de la Reina.

El día siguiente, estando yo muy ganoso de aver lengua y saber d'esta tierra, vi una canoa de gente que andava a caça de pezes; caça le llaman ellos y yo, porqu'es ansí la forma, porque tienen estos caçadores çiertos pezes amostrados, los cuales son ansí de fechura de congrio, y los traen atados por la cola con un cordel muy cumplido. Y estos pezes tienen la cabeza larguilla, toda llena de fosas ansí como de pulpo, y es muy osado, qu'él acomete a cualquier otro por grande que sea y se le apega con la cabeza en el lugar más ofensible, y no le despegará d'él antes que mueran. Y ansí los caçadores lo hechan al pez que quieren, y él es muy presto y se le apega adonde yo dixe, y después tiran por el cordel y sacan el uno y el otro hasta la lumbre del agua, adonde la matan y prenden con mayor cuerda.

Así que estos caçadores estavan muy desviados de mí, e yo les enbié las barcas armadas y con arte porque no se les fuyesen a tierra; y llegados a ellos, les hablaron estos caçadores de lexos como corderos sin maliçia, diziendo que se detuviesen con las barcas, porque tenían uno d'estos pezes pescando en el fondo a una grande tortuga, hasta que lo oviesen recogido en la canoa; y ansí lo hizieron. Y después tomaron la canoa y ellos con cuatro tortugas, y cada una tenía cuatro cobdos en largo, y los truxeron a los navíos y me dieron nuevas de la tierra y de su caçique, quéstava allí muy çerca, que los avía anbiado a pescar, y me rogaron que fuese allá, porque me faría gran fiesta.

Diéronme todas cuatro las tortugas, e yo les di muchas cosas, con que fueron muy contentos. Preguntéles si esta tierra hera muy grande, y me respondieron que no tenía cavo al poniente y era cuajada de islas. Diles liçençia, y ellos me preguntaron cómo yo me llamava, qu'ésta es la costumbre que tienen en cuantos cavos yo boy, y después bolvieron a su exerçiçio, mas primero me dieron el nombre de su caçique sin que yo se lo preguntase, honrándose d'ello, que así lo hazen en todo cavo.

Partí de aí por de dentro d'estas islas en las canales más nabegables siguiendo el poniente, y siempre no me desviava de la tierra firme, y con buen tiempo, a Dios sena dadas infinitísimas graçias. Y andando muchas leguas hallé una isla más grande y al cavo d'ella una grande poblaçión. Y bien que yo llevase muy buen tiempo, determiné de surgir y fue a tierra, mas no fallé persona alguna, porque todos avían huido. Gente sería que se governava de pescado; infinitas conchas de tortugas tenían muy grandes por aquella playa. Haí fallé todos juntos bien cuarenta perros no grandes y muy feos, como criados a pescado, ni ladravan, y supe que los indios los comen, y aun de nuestros christianos los an porvado y dizen que saven mejor que un cabrito.

Muchas garzotas mansas y otras avezillas ten√≠an all√≠ estos indios. Part√≠ yo de all√≠ sin le tocar en nada, y luego hall√© otra isla muy mayor, mas no cur√© salvo de llevar mi camino a unas monta√Īas alt√≠simas de la tierra firme, qu'estavan de m√≠ catorze leguas; y all√≠ fall√© una gran pobla√ßi√≥n y bien trat√°biles, y nos dieron mucho refresco de pan y fruta y agua. Pregunt√©les si esta tierra es mucho adelante al poniente; respondi√≥ el ca√ßique, el cual hera hombre de bien, viejo, con otros de su tiempo, qu'esta tierra hera grand√≠sima, que jam√°s av√≠a o√≠do dezir qui√©n la supiese el fin; m√°s adelante sabr√≠a nuevas de la gente de Mag√≥n, de la cual provin√ßia ellos estavan comarcanos.

Navegué el siguiente día al poniente, siguiendo siempre la costa d'esta tierra. Y andando muchas leguas, simpre por las islas, más grandes y no tan áspera, llegué a una sierra muy alta y grande, que andava muy mucho por la tierra adentro, atanto que no pude ver el fin d'ella; y d'esta parte de la mar d'ella avía poblaçiones infenitas, de las cuales luego vinieron a los navíos gente infinita con fruta y pan y agua y algodón hilado y conejos y palomas y de otras mill maneras de aves cantando por fiesta, creyendo todavía que yo venía del çielo ansí como en todo otro cavo; y aunqu'este indio que yo traigo les dixese que "de Castilla", creían y creen qu'es çielo y que V. Al. está en él.

Llegué aquí una tarde y, de tanto como yo avía andado en poco agua, allí no pude fallar fondo, y el venteçillo de la tierra me hechava fuera, que yo deseava estar allí un día y ver bien toda esta tierra: Hornofay se llama la provinçia. Estuve a la cuerda allí tada una noche pairando, que no me paresçió un abrir de mano por el suavísimo olor que de la tierra venía y el cantar de los paxaricos y tanbién de aquél de los indios, qu'es muy contentable.

Estos me dixeron cómo allí adelante hera Magón, en la cual provinçia toda la gente tenía cola, y que a esta causa yo los hallaría todos vestidos; y no es ansí, mas éstos desnudos hordenaron esto de aquellos que andan cubiertos, burlando de aquéllos que andan bestidos; tanbién me dixeron cómo adelante avía islas inumerables y pocos fondos, y qu'el fin d'esta tierra hera muy lexos, atanto, que en cuarenta lunas no podría llegar al cavo. Y dixeron verdad de la inumerables islas y poco agua; mas yo creo que llegaría a la tierrra en menos tiempo qu'ellos dezían, bien que se deve entender que sobre el andar de sus canoas hazían congetura, y no saber que una caravela andaría en un día con buen tiempo más qu'ellos en siete.

El día siguiente el veinto hera bueno, y yo cargué las velas, andando muy gran camino siempre por esta mar hasta adonde poder saltar en tierra de los navíos. No fallava fondo: Todo de un golpe entré en una mar blanca como leche y espesa como el agua en que los çurradores adovan los cueros, y luego faltó el agua y quedé en dos brazas de fondo.

El viento era muy mucho y yo estava en un canal muy peligroso para bolver atr√°s ni √ßorgir con los nav√≠os, porque no pod√≠a virar sobr'el ancla la proa al viento ni av√≠a fondo para ellos, porque siempre andava arrastrando la quilla por el suelo. Anduve ans√≠ por esta canal de adentro d'estas islas diez leguas a mi albedr√≠o hasta una isla, adonde yo hall√© dos brazas e un cobdo de agua y largura para estar las caravelas. All√≠ sorg√≠ y estuve con grande pena, pensando me ser√≠a de fuer√ßa dexar mi empresa y que no era poco si yo bolviese adonde yo av√≠a venido; mas Nuestro Se√Īor, que siempre me a fecho mill mer√ßedes muy ase√Īaladas, me dio esfuer√ßo y puso en voluntad que yo seguiese adelante el camino.

El d√≠a siguiente enbi√© una caravela peque√Īa a tentar el fondo de toda aquella mar all√≠ √ßerca y a ver si hallava agua dul√ße en la tierra firme, de que ten√≠an todos los nav√≠os grande ne√ßesidad. Bolvi√≥ con la respuesta que, a la orilla de la tierra, av√≠a un lodo muy alto e hasta dentro en la mar grandes piezas la arboleda, tan espesa, que no entrar√≠a por ella un gato; y que av√≠a andado por esta costa mucho y que en toda la mar av√≠a hallado canales y el mesmo fondo que yo av√≠a tra√≠do e yo av√≠a visto de en√ßima del m√°stel del nav√≠o: a todos los vientos lamar toda cuajada de islas y todas ans√≠ blancas; y la tierra firme, que a la orilla de la mar hera la arboleda muy espesa en gran manera y durava de ancho como muro de √ßiudad un cuarto de legua, y que todos estos √°rboles heran en el agua, y junto con esta arboleda av√≠a tierra alta y llena de palmas y otros √°rboles muy fermosos, y av√≠a prados y campos: durar√≠a el anchor d'esto cuatro leguas, y en lugar, √ßinco, siempre ans√≠ al luengo de la costa de la mar; despu√©s av√≠a tierra muy alta y muchas monta√Īas en ella, todo muy fermoso y berde; y vio muchas ahumadas y grandes fuegos. Determin√© de seguir adelante y navegu√© ans√≠ entre estas canales entre estas islas, las cuales heran m√°s √°speras que en el Jard√≠n de la Reina, y ans√≠ llenas de √°rboles verdes y hermosos, y de aves.

Y navegu√© as√≠ al nurueste fasta que llegu√© a una punta muy baja con los nav√≠os en seco; y dentro d'esta punta la tierra boja al oriente, y se descubr√≠a al setentri√≥n monta√Īas muy altas lexos d'esta punta veinte leguas, y entremedias limpio de islas, que todas quedavan al austro, e el poniente ten√≠a por viento bueno e ya hallaba tres brazas de fondo. Determin√© de tomar el camino d'estas monta√Īas, alas cuales no pude llegar fasta el d√≠a siguiente, que fue a √ßorgir a un palmar muy fermosos y grande, adonde yo hall√© fuentes de agua dulze muy buena y se√Īal que all√≠ av√≠a estado gente.

Acaes√ßi√≥ qu'estando aqu√≠ forne√ßiendo los nav√≠os de le√Īa y agua, y un ballestero que av√≠a ca√ßado se hall√≥ entre muchos indios que, seg√ļn √©l dixo, ser√≠a bien treinta, y qu'el uno de ellos tra√≠a t√ļnica blanca hasta los pies, y que se hall√≥ tan de s√ļpito sobre √©l y sobre desacuerdo, que pens√≥ que era un fraile de la Trinidad que yo tra√≠a; despu√©s binieron a √©l otros dos con t√ļnicas blancas que llegavan debajo de la rodilla, los cuales heran tan blanco como nosotros en la color. Enton√ßes √©l ubo miedo y dio bozes huyendo a la mar. Vido que los otros se descubrieron y que aqu√©l de la t√ļnica cumplida ven√≠a tras √©l llam√°ndole, y qu'√©l nunca escuch√≥, sino fuyendo se torn√≥ a las barcas y me hizo rela√ßi√≥n d'esto. Y enbi√© luego gente all√≠ adonde √©l av√≠a visto esto, por ver si pod√≠a aver all√≠ fabla con esta gente, porque, seg√ļn la rela√ßi√≥n d'este vallestero, √©stos no ven√≠an por fazer mal, salvo por aver fabla con nosotros.

No hallaron a nadie aquellos que yo enbi√©, puesto que fueron muchos por la tierra adentro, de que me pes√≥ harto, porque yo quisiera aver fabla con ellos, que yo ya av√≠a pasado tantas tierras que no av√≠a visto gente ni poblado. Comprehend√≠ qu'√©ste d'esta t√ļnica hera se√Īor o 'ca√ßique' d'ellos, el cual vibir√≠a mucho la tierrra adentro, porque todas estas tierras, como yo dixe, son anegadas y llenas de √°rboles junto con la mar, e all√≠ adentro son muy fermosas tierras, aunque all√≠ adonde yo estava hera playa y tierra enxuta y lindos palmares e aguas muy buenas, e nos abr√≠an visto venir de la mar en fuera, y se abr√≠a a√ßercado a la ribera de la mar por saber de nosotros.

El d√≠a siguiente, con el deseo que yo ten√≠a de saber nuevas qu√© tierra era √©sta, enbi√© veinte y √ßinco hombres bien armados que aduviesen ocho o diez leguas la tierra adentro fasta fallar gente, que creo que a menos de √ßinco abr√≠a pobla√ßiones, seg√ļn las ahumadas que yo v√≠a. Y andando un cuarto de legua hallaron una vega que andava de poniente al levante al luengo de la costa, y por no saber el camino quisieron atravesar la vega, y la yerva era tanta y tan alta entretexida, que nunca pudieron andar adelante y se bolvieron ac√° cansados, como si anduvieran veinte leguas, y me renun√ßiaron que era inposible andar la tierra adentro por all√≠, porque no pudieron fallar camino ni bereda. El otro d√≠a torn√© a enbiar a otros al luengo de la playa para ver si topava con alguna bereda que anduviese la tierra adentro; fallaron rastros de vestias grand√≠simas de √ßinco u√Īas, cosa espantable, que juzgavan que fuesen de grifos o de otras vestias, e juzgavan que fuesen leones. Tanbi√©n √©stos se volvieron atr√°s. Aqu√≠ falle muchas parras muy grandes y muy fermosas, cargadas de agraz, que cubr√≠an todos aquellos √°rboles, que era cosa de maravilla.

Tom√© d'ellas y de la tierra del fondo d'esta mar blanca para enviar a V. Al., y ans√≠ le enb√≠o en una espuerta de agraz e trozos de parras en un barril de la tierra del fondo de la mar blanca. Tambi√©n all√≠ av√≠a muchas frutas arom√°ticas, como en los otros lugares deonde yo fue, de las cuales no e procurado poco para secar e enviar a V. Al., mas nunca se a podido fazer, porque no a avilidad en los nav√≠os. Tambi√©n fallaron estos hombres que yo av√≠a enviado gr√ļas mayores dos vezes que aqu√©llas de Castilla.

Visto que yo av√≠a dexado la punta del Seraf√≠n, donde la tierra boxava al poniente, y av√≠a atravesado a las monta√Īas al setentri√≥n, no quise que me quedase dubda en estas tierras de la punta del Seraf√≠n si andar√≠a mucho al levante y far√≠a isla toda la tierra que yo av√≠a pasado. Navegu√© de a√≠ donde yo estava al oriente por la mesma costa fasta que yo vi que la una costa y la otra se ajuntavan y haz√≠an all√≠ seno. Bolv√≠ la mesma costa atr√°s otra vez al poniente, u aunque yo tra√≠a los nav√≠os y la gente muy cansada, propuse de navegar al poniente fasta unas monta√Īas que yo av√≠a visto lejos de m√≠, de adonde tom√© agua, el treinta y √ßinco leguas. Y andando las nueves fall√© en una playa dos casas, y tom√© el ca√ßique d'ellas, el cual, como ignorante e persona que no av√≠a salido de all√≠, me dixo que, allende de aquellas monta√Īas, que pares√ß√≠a que era la mar muy fonda y box√≠a al setentri√≥n muy gran n√ļmero de jornadas.

Levant√© las √°ncoras y segu√≠ mi camino muy alegre, pensando que ser√≠a ans√≠ como me av√≠a dicho, y andando otras (?) leguas me fall√© anbara√ßado entre mucha islas e muy poco fondo, de manera que yo no hallava canal que me consintiese andar adelante. Mas a Nuestro Se√Īor le plugo a remediar mi deseo y, al cavo de un d√≠a y medio, por un canal muy angosto y bajo por fuerza de anclas y cabestrantes andube pasando los nav√≠os por la tierra en seco casi media braza fasta aver andado dos leguas , adonde yo fall√© dos brazas y media de agua, en que navegavan los nav√≠os; y andando m√°s adelante fall√© tres brazas.

Y all√≠ vinieron muchas canoas, y la gente d'ellas me de√ß√≠a que, allende de aquellas monta√Īas, reinava un rey que me pare√ß√≠a qu'ellos dez√≠an por maravilla el modo y forma de su regimiento y de la gente; dez√≠an de su estado y que ten√≠a infinitas provin√ßias y que se llamava "Sancto", y tra√≠a t√ļnica blanca que le arrastrava por el suelo. Holgu√© mucho, pensando que yo podr√≠a llegar a √©l, mas seg√ļn yo comprehendo, estava mucho la tierra adentro.

Y ans√≠ llev√© el camino siguiendo la costa de la mar, siempre no m√°s de tres brazas de fondo. Y despu√©s de navegado cuatro d√≠as y pasado las monta√Īas, que me quedavan muy mucho al oriente, y siempre fallando la costa de la mar anegada y arboleda espesa, como dixe, y que hera inposible entrar por ellas, y que yo estava metido en un seno, porque otra bez la tierra, del austro, boj√≠a al oriente, vi unas monta√Īas muy altas all√≠ adonde esta tierra haz√≠a cavo, lejos de m√≠ veinte leguas, pues que la mar no bog√≠a al setentri√≥n ni hera de muy grand√≠simo fondo, como el ca√ßique av√≠a dicho.

Al cual torn√© a repreguntar por qu√© me ment√≠a, y √©l dixo que los av√≠a o√≠do dezir que las costa de la tierra que yo segu√≠a que no ir√≠a yo al cavo en √ßincuenta lunas. Navegu√© por dentro de muchas islas, y al cavo de dos d√≠as con sus noches llegu√© a las monta√Īas que yo av√≠a visto, y hall√© que era un Cherone√ßo at√°n grande como aqu√©l de la Aurea o como la isla de C√≥r√ßega. √áerqu√©le todo y nunca pude halla entrada para ir en tierra adentro, porque era as√≠ la costa llena de lodo y de los √°rboles espesos como de las otras que arriba dixe, y las ahumadas heran en la tierra adentro muy grandes y muchas.

Estube all√≠ por esta costa siete d√≠as buscando agua dulze, de que yo ten√≠a ne√ßesidad, de la cual fall√© en la tierra de la parte del oriente en unos palmares muy lindos. E all√≠ fall√© n√°cares grand√≠simos; perlas debe aver all√≠, si se continuase la pesquer√≠a. Despu√©s que yo ove tomado el agua y le√Īa, navegu√© al austro siguiendo la costa de la tierra firme fasta que me llevava al sudueste y pares√ß√≠a que av√≠a de llevar este camino gran n√ļmero de jornadas; y al austro v√≠a toda la mar cuajada de islas.

Ya aquí estavan los navíos muy desconçertados por las muchas bezes que avían dado sobre los bajos y quedado en seco, y tanbién tenía todas las cuerdas y los aparejos muy gastados y la mayor parte de los mantenimientos perdidos, en espeçial el vizcocho, por la mucho agua que fazían los navíos, porque eran muy desmanchados, y toda la gente estava muy cansada y temerosa, aunque d'esto mucha esperança tenía yo en Dios que nos traería a salvamiento.

Y visto que yo avía pasado desd'el cavo de Alfa e O justo mill y duzientas y ochenta y ocho millas, que son treçientas y veinte y dos leguas, y avía anotado infinitas islas, acordé de tomar la buelta y no por el camino que yo avía traído, y tornar a Jamayca, a que nombre de Santiago le avía puesto, ya dispuesto de acavar de rodear toda la parte del austro, porque yo avía andado a rodear toda esta isla Ysavela toda la parte del austro, que yo no avía visto, y qu'estando al cavo de la isla del poniente, si pudiese, adovar allí los navíos y correr al oriente todas las islas de los caníbales y descubrir otras. Y allí di la buelta al austro, pensando poder pasar por de dentro de unas islas que allí estavan, en las cuales nunca hallé canal, y me fue por fuerça de bolver atrás por un brazo de mar, por donde yo navegué hasta la punta del Serafín a las islas donde primero avía çorgido en la mar blanca.

Despu√©s que ove pasado las casas del ca√ßique que arriba dixe en una jornada, una ma√Īana antes qu'el sol saliese bi benir de la mar en fuera el camino de la tierra m√°s de un √ßiento de cuervos marinos todos juntos; y porque yo otro tanto nunca vi en cuanto aya andado por la mar, lo cuento por maravilla. Y el d√≠a siguiente vinieron a los nav√≠os tantas mariposas, que escure√ß√≠an el aire del √ßielo, y duraron ans√≠ fasta la noche, que lo estruy√≥ una gran agua y estorbonada que vino.

Tanbién cuando yo dexé la tierra donde deçían qu'estava el rey 'Santo', para ir al Cheroneço, a que de Sant Juan Evangelista puse nombre, vien que yo en todas aquellas mares uviese visto infinitísimas turtugas, en estas veinte leguas la mar era muy cuajada d'ellas, grandísimas, atantas que paresçía que los navíos se encallarían en ellas. Tiénenlas los indios en gran preçio y por muy sanas y sabrosas, y nosotros no las tuvimos en menos.

Despu√©s que yo part√≠ del Evangelista, navegu√© por un brazo de mar Blanca, como es todo lo otro de all√≠, e muy profundo. En cavo de muchos d√≠as llegu√© a las islas adonde yo av√≠a √ßorgido en la primera vez en la mar Blanca, que fue m√°s milagro de Nuestro Se√Īor que saber ni ingenio de hombre.

Y dende vine fasta la porbin√ßia de Hornofay con no menos peligro que yo av√≠a pasado, y all√≠ sorg√≠ en un r√≠o y forne√ß√≠ los nav√≠os de agua y le√Īa para navegar al austro y no bolver por donde av√≠a venido y dexar el Jard√≠n de la Reina a mano izquierda, si otras islas no me lo inpidiesen. Y ans√≠ fue, aunque no pude pasar sin comunicar a muchas islas, que hasta entonzes no av√≠a visto. Aqu√≠ en esta probin√ßia es la tierra monta√Īosa, como yo dixe arriba, fertil√≠sima, de gante mansa en grande manera y muy abundosos de fruta e de sus viandas, de que de todo me dieron muy grande parte; e eran suav√≠simas y arom√°ticas.

Allí nos truxeron tanbién infinitísimas aves y papagayos, y los más eran palomas muy grandes, tan asbrosas como las perdizes de Castilla; fazíalas yo abrir por ver qué tenían en el pao, así como a los pezes que llí en el navío se matavan, y fallava a estas palomas el papo lleno de flores que olína más que si fueran de naranjo. Allí mandé dezir missa y plantar una alta cruz de un gran madero, ansí como yo acostumbrava hazer en todo otro cavo idógeno adonde yo e estado y ando.

Domingo cuando se dixo la missa y yo des√ßend√≠ en tierra, adonde primero av√≠a mandado hordenar una iglesia al ca√ßique de aqu√≠, que pares√ß√≠a hombre muy honrado y se√Īor de mucha gente, cuando yo des√ßend√≠ de la barca, me vino a tomar por la mano, e un hombre muy biejo, de m√°s de ochenta a√Īos, que ben√≠a con √©l al lado, me tom√≥ por la otra mano; tra√≠a este viejo un ramal de cuentas de piedra m√°rmol al pescue√ßo, las cuales ac√° en todo cavo tienen en gran pre√ßio, y un √ßestillo de man√ßanas en la mano, el cual luego me dio en presente como des√ßend√≠ de la barca.

El, con todos los otros, ansí desnudos andan como nasçieron, ansí como en todo otro cavo que yo aya hallado. Y después este caçique con este viejo y toda su gente tras nosotros me llevaron así por las manos hasta la iglesia, adonde me dieron lugar que acavase mi oraçión. Y después el viejo propuso su raçonamiento con muy buen paresçer y muy buena osadía.

El intento fue c√≥mo √©l av√≠a savido c√≥mo yo av√≠a corrido todas las islas y tierra firme, la cual hera aqu√©lla en que nosotros est√°vamos, y que yo no tomase banagloria, puesto que toda la gente oviese miedo, porque yo hera mortal como todos los otros; y de aqu√≠ comen√ß√≥ con palabras y se√Īas afigurando en su persona c√≥mo nos na√ßimos y ten√≠amos √°nima y mostrando el amor que ten√≠a con el cuerpo, y que del mal de cada miembro ella era la que se dol√≠a, y al tiempo de la muerte al despedimiento d'√©l sent√≠a gran pena, y qu'esta √°nima iba al Rey del √ßielo o en el avismo de la tierra, seg√ļn el bien o el mal que av√≠a obrado en el mundo. Y porqu'√©l conos√ßi√≥ que yo gustava y av√≠a plazer de o√≠lle, (?).

Respond√≠le yo con inter√ßesi√≥n d'este indio que yo tengo conmigo, qu'es de aquellos que fueron a Castilla, como yo dixe arriba, el cual entiende muy bien nuestra lengua y la pronun√ßia y es muy buena persona, que yo no av√≠a fecho mal a nadie salvo a los malos, mas antes faz√≠a bien y honra a todos los buenos, y qu'esto hera lo que V. Al av√≠an mandado. Y √©l respondi√≥ con maravilla a este indio: '¬ŅC√≥mo? ¬ŅEste almirante a otro se√Īor obedeze?' Y √©l respondi√≥: 'A el rey y a la reina de Castilla, que son lo mayores se√Īores del mundo'.

Y por aquí les començó a contar todas las cosas de Castilla, de las çiudades, de las iglesias, de las casas grandes y de la nobleza de la gente, de las fiestas y justas qu'él avía visto, del correr de los toros, de las cosas de las guerras qu'él avía savido. Todo lo recontó muy bien, en forma que holgó muy mucho el viejo y se determinó de venir a ver a V. Al., mas por la mujer e hijos que lloravan, por piedad dexó la empresa, y no le quise tomar por fuerça como a otro mançevo, el cual tomé mucho sin escándalo de la tierra; el cual con el caçique que tomé en Sava anbío a V. Al., que aunque esta gente sean desnudos y parezca al huir que devan ser salvajes y vestias, yo les çertifico que son agudísimos y huelgan de daver cosas nuevas como nosotros.

Ellos, luego que yo llego a alguna pobla√ßi√≥n, vienen a los nav√≠os con sus canoas para recono√ßernos como avisados, y la primera fabla es fazernos saber c√ļyos son y el nombre de su ca√ßique, teni√©ndolo en gran cuenta e recontando su grandeza y su estado, y despu√©s preguntan por el nombre del ca√ßique de los nav√≠os; y savido, repl√≠canlo el uno con el otro muy muchas vezes, porque no se les olvide, y despu√©s preguntan c√≥mo llaman a los nav√≠os y si venimos del √ßielo; y aunque se les diga que de Castilla, todav√≠a queda asentado en s√≠ qu'este reino es en el √ßielo, porque no tienen noti√ßias salvo de gante desnuda salvando a los de Mag√≥n, a los cuales ponen por tacha qu'el bestir es porque tienen cola, como dixe arriba. Ya yo dixe c√≥mo estos ca√ßiques no tienen bienes propios y que ans√≠ me lo av√≠an dicho, porque la tierra es tan grande y tan f√©rtil, que sobrara aunque ubiese √ßien vezes otros tantos.

Bien podr√° ser que, fuera de la ribera de la mar, que la tierra adentro que abr√° otro regimiento, como avemos le√≠do y se deve creer la mayor parte, mas yo no me e querido detener en ning√ļn cavo a enviar a otra tierra salvo correr la costa de la mar cuanto yo puedo, porque, despu√©s de savida la mar y la costa d'ella, buscaremos y entraremos en la tierra y partiremos de nuestra casa con tal prop√≥sito y adere√ßo, porque abremos visto de la mar el lugar donde nos parezer√° de gastar el tiempo. Verdad es que si yo fuera de la parte del setentri√≥n, como yo fue del austro, fazia el Catayo, que trovara provin√ßias fermosas.

Yo gastar√© alg√ļn tiempo en enbiar gente la tierra adentro, e si en la costa no fallara lo que se escribe en las istorias d'esta probin√ßia de hedefi√ßios reales y de fertilidad de la tierra, que yo agora e comprehendido harto, y sobre todo por qu√© dizen que los ante√ßesores d'este enperador enbiaron a Roma que les enbiasen doctores que les ense√Īasen nuestra sancta fee, porque se quer√≠a tornar christianos con su gente, y darle la enbaxada de V. Al.

Partí de la probinçia de Hornofay del río de las Misas y navegué al austro por dexar el Jardín de la Reina a mano izquierda, por el peligro de la navegaçión que yo en él avía pasado, y andando días (?) no sin pasar islas, de las cuales con las otras que yo vi a la ida, que fueron inumerables (?), bine a tener a la porbinçia de Macaca por causa de los vientos que me resurtieron. Y allí en toda la probinçia me reçibieron muy bien y me dieron refresco de las cosas que tenían.

Después partí con próspero viento y bolví a la isla de Santiago, a que los indios Jamayca dizen, a çurgir en el mesmo lugar de donde yo avía partido cuando yo dexé la isla y vine a la tierra firme, y allí entré en un golfo muy grande, a que yo llamé Buen Tiempo, y de allí navegué al poniente hasta que yo llegué al cavo de la isla, y dende al austro fasta que la tierra boxía al oriente. Y ansí al cavo de (?) días bine al monte Christalino, y de allí a la punta del Farol y a la baía, qu'es más a levante honze leguas de adonde hizo fin la isla sobredicha.

En este camino ovimos √ßiertos dias de viento contrario (?) e vemos qu'el com√ļn navegar de un d√≠a natural sean duzientas millas, que son √ßincuenta leguas, y un d√≠a grande setenta leguas. D'estas jornadas muchas (?) acavado el viaje.

Y no parezca maravilla que navegando se pueda albitrar el camino muy √ßierto, mas ante se prueva por muy verdadero, porque muchas vezes se vuelbe a la isla o tierra de donde la persona parti√≥ y no con el mesmo viento ni tiempo, salvo muchas vezes muy contrario y adverso, y aqu√≠ consiste el saver del maestre y el remediarse al tiempo de la tormenta, ni tenemos por buen maestre ni piloto aqu√©l que, aunque aya de pasar de una tierra a otra muy lexos sin ver se√Īal de otra tierra alguna, que yerre diez leguas, aunqu'el tr√°nsito sea de mill, salvo si la fuer√ßa de la tormenta no le dexe usar el ingenio.

No me alavo ni digo que se me tome por √ßierto el camino pasado el otro viaje primero que V. Al. Me embiaron a las Yndias, que en la mesma moche que promet√≠ grande d√°divas, (?), porque fue milago de Nuestro Se√Īor porque quiso dar todo esto a V. Al., que yo corr√≠ aquella noche con demasiado viento fasta tres leguas y media cada hora, y a las honze de la noche ya pasadas yo fui el primero que vi la lumbre en la tierra de la isla de Sant Salvador, que fue la primera que ac√° fall√°semos, y gan√© la mer√ßed que V. Al. av√≠a prometido por esto al primero que viese la tierra; y fuera yo agora este viaje que vine con la armada grande la segunda vez la primera persona que vido la isla Dominica en el t√©rmino de los can√≠bales, si el camarero no fuesra causa de enga√Īo, el cual, rogado de mi piloto que yo ten√≠a, le amostrava mi carta de marear y cu√°ntas leguas cada d√≠a yo apuntava, y dixo que me av√≠a o√≠do dezir a fray Buill que av√≠amos (?).

Ans√≠ qu'el domingo al alva, yo durmiendo por el trabajo de la noche que av√≠a pasado, porque yo continuamente suelo de velar la mayor parte d'ella, mir√≥ este piloto como quien andava sobr'el aviso, y la vido y cuando yo despertava para mirar en ello. H√≠zele piloto mayor en nombre de V. Al., porque sea exemplo a todos los que navegan, y tengan gana de servir bien y ver y mirar y velar, que aqu√≠ va el fecho de la marener√≠a, y tanbi√©n le di diez mill maraved√≠es que yo av√≠a prometido al primero que viese tierra. Despu√©s agora, por discordia que ubieron, supe c√≥mo ans√≠ enga√Īosamente me tom√≥ el aviso.

Torno a mi propósito de la isla de Santiago, a que los indios de Jamaica dizen, y digo que tienen el çerco de dentro grandes millas, que son çien leguas, y qu'es de muy linda fechura así de la mitad de una çidra que se abra del pie de la flor, y es más larga de oriente a oçidente que ancha de setentrión en austro, ansí como todas las islas que acá en la Yndias e hallado.

Es mayor que Se√ßilia y mucho m√°s tierra, porque es alt√≠sima y toda muy probechosa y muy mejor en fertilidad. De la temperan√ßia del √ßielo e de la tierra todas las frutas que nazen en ella que son sin n√ļmero, de manera que todas me pares√ßen arom√°ticas y m√°s sabrosas que ac√° aya fallado; dexo la noble Ysavela, que a todas las islas del mundo en todo lleva ventaja y no poca.

Populat√≠sima es la isla de Santiago ultra modo, abundosos bien de sus viandas. Yo la andube toda a la redonda y no vi sola una legua de tierra est√©rile, salvo muy fermosa, ans√≠ en agosto como en mayo, que fue la primera bez que fue a ella; en el un tiempo y en el otro siempre me pares√ßi√≥ de una manera en todo cavo poblada de pobla√ßiones grand√≠simas, que pares√ß√≠a cada una como un real muy grande, y todas situadas en alto y no a la ribera de la mar, como en todo otro cavo. Es tierra alt√≠sima, que pareze que llega al √ßielo, como yo dixe en√ßima. No es monta√Īosa, salvo de la m√°s linda fechura del mundo. Comien√ßa juncto con la mar por bajo; ba cres√ßiendo en esp√©rico, y se sube al como que paresze que va por llano; verdad es que la parte del austro es la tierra m√°s alta y doblada.

All√≠ ay una monta√Īa alt√≠sima, a que yo llam√© Christalino, muy m√°s alta que la isla de Tenerife en las Canarias con gran parte, mas √©sta es verde fasta en √ßima; creo que llega afuera d'este aire turbulento: no paresze el colmo d'√©l salvo a tiempos √ßiertos, cuando los vientos nos vienen de aquella parte, que destruye todas la nuves y niebla. Navegando yo a esta parte del austro fui a √ßurgir una parte en una ba√≠a, adonde all√≠ y a la comarca av√≠a muchas pobla√ßiones. El ca√ßique de una muy grande pobla√ßion, que all√≠ muy √ßerca en un alto estava, vino a los nav√≠os y truxo muy buen refresco. Yo le di las cosas que me pares√ßio que le agradavan.

Quiso él saber de dónde yo benía y cómo me llamava; yo le respondó como hera enviado de V. Al. a honrar mucho a los buenos y destruir a los malos. Holgó mucho y se apartó con el indio que yo traigo, el cual le contó muy largo las grandezas y grande estado de V. Al. y muy mucho por menudo, que, como dixe, ellos son todos gente que muy bien lo interrogan y se huelgan muy mucho de oír cosas nuevas. Ansí qu'estuvo él allí fasta la noche, y el otro día, que yo ya andava a la vela con poco viento, me alcançó él con tres canoas, y benía tan conçertado que no es de dexar de contar la forma del estado que traía.

Una de las canoas hera muy grande, atanto como una gran fusta, y muy pintada; all√≠ van√≠a su persona y la muger y dos hijas: la una hera de hedad de diez y ocho a√Īos, femos√≠sisma; desnuda del todo como acostumbran, y onest√≠sima; la otra hera m√°s mo√ßa, y dos hijos muchachos, √ßinco hermanos y diez y ocho criados. Los otros todos dev√≠an de ser vasallos. Ven√≠a √©l con muy buena horden; tra√≠a en su canoa un hoombre como alf√©rez; √©ste s√≥lo ben√≠a en pie en la proa de la canoa con un sayo de plumas coloradas de la mesma fechura de cota de armas, y en la babeza un gran plumaje que pares√ß√≠a muy bien, y tra√≠a en la mano vandera muy larga y angosta de algod√≥n texida, y hera blanca sin se√Īal alguna. Dos otres hermanos ven√≠an con la caras pintadas de colores de una misma guisa, y cada uno tra√≠a un gran plumaje de fechura de √ßelada, y en la frente una tableta tan grande como un plato, pintada as√≠ la una como la otra de una mesma obra y color, que no av√≠a diferen√ßia, ans√≠ como en los plumajes y otra lebrea; tra√≠en √©stos en las manos dos juguetes con que ta√Ī√≠an.

Y avía otros dos ansí pintados en otra forma; éstos traían dos trompetas muy labradas a pájaros e otras sotilezas; no eran de metal, salvo de évano negro muy fino; cada uno traía un sombrero muy lindo de plumas verdes y muy espesas y sotil obra y no blancas, como otros seis que venían todos juntos en guarda de las cosas de su cámara.

Y √©l tra√≠a al pescuezo una joya de alambre de una isla qu'es aqu√≠ en esta comarca, que se llama 'guan√≠', qu'es muy fino, atanto que pare√ße oro de ocho quilates; hera de fechura de una flor de lis y grande como un plato; tra√≠ala al pescue√ßo con un sartal de cuentas grandes de piedra m√°rmol, que tanbi√©n tienen en gran pre√ßio, y en la cabeza tra√≠a una guirnalda de piedras menudas y coloradas puestas en horden, y entremetidas algunas blancas mayores no sin raz√≥n adonde bien pares√ß√≠a; una joya grande colgava sobre la frente, y a las orejas le colgavan dos grandes tabletas de oro con unas sarticas de cuentas de m√°rmol menudas; y otras sarticas all√≠ tra√≠a de cuentas menudas, mas verdes; y tra√≠a un √ßinto que, aunqu'√©l anduviese desnudo (?) de la mesma obra de la guirnalda y todo el otro del cuerpo descubierto, e ans√≠ la muger salvo un solo miembro, que de una cosilla no mayor que una flor de naranjo, que de algod√≥n para ello fazen (?); tra√≠an a los brazos, junto con el sobaco, un bulto de algod√≥n hilado enbuelto, que ben√≠a en semejanza de los pala√ßes de los jubones antiguos de los fran√ßeses; no hera este bulto at√°n grande como el otro que tra√≠a debajo de la rodilla en cada pierna. La hija m√°s fermosa toda andava descubierta: un solo cord√≥n de piedras muy negras y menudas solamente tra√≠a √ße√Īido, del cual colgava una cosa de fechura de una oja de yedra, de piedras verdes y coloradas y pegadas sobre algod√≥n tejido.

La canoa grande ven√≠a en medio de las otras, mas como un poco de abentajada delante. Y luego que lleg√≥ este ca√ßique al bordo del nav√≠o, comen√ß√≥ de dar a los marineros y gente a cada uno cosas de su manera. Hera muy de ma√Īana, e yo estava re√ßando apartado algunas debo√ßiones que yo hallo que me aprovechan, e no vi tan presto las d√°divas ni la determina√ßi√≥n de la benida d'este hombre; el cual luego entr√≥ en la caravela con toda su gente; y cuando yo sal√≠a, √©l ya ten√≠a anbiados los vasallos de bolviesen las canoas a tierra, y ya estavan muy lejos.

Y luego qu'√©l me vido, vino a m√≠ con cara muy alegre, diziendo: 'amigo, yo tengo determinado de dexar la patria y irme contigo a Castilla y ver el rey y la reina y al pr√≠n√ßipe su hijo, los mayores se√Īores del mundo, los cuales tienen tanto poder que ayan sojuzgado ac√° tantas tierras, y que t√ļ le ovedezes y vas por su mandado todo este mundo, como yo e savido d'estos indios que contigo traes; y que en todo cavo est√°n las gentes de ti tan temerosos, y a los can√≠bales, qu'es gente inumerable y feroz√≠sima, le as destruido las canoas y casas y tomado las mugeres y fijos y muerto d'ellos los que no fuyeron.

Yo s√© en cu√°nto en toda esta isla de Jamayca, qu'es mundo donde ay gente sin cuento, como la vista te amuestra, toda temblava cuando te vieron con estos nav√≠os, que no qued√≥ mugeres ni ni√Īos ni hazienda en las casas que todo no trasmudasen en las sierras y cuevas. Descansaron cuando te vieron partido, aunque no sanar√° el dolor tan presto a la gente de Caboni por la muerte de sus parientes y maridos, que torpemente te salieron al op√≥sito sin considerar tu osad√≠a, que viniste del otro mundo a estas partes, que no pod√≠a ser salvo con demasiado esfuer√ßo.

Refresco despu√©s a esta gente el cuidado despu√©s que otra vez a esta tierra bolviste, bien que ya toda la gente est√° contenta, porque tus obras les an criado amor y todos te an dado las voluntades, e yo m√°s que ning√ļn otro. Y por esto me muevo a venir a tu compa√Ī√≠a y a la obedien√ßia del rey e de la reina del mundo a Castilla'.

Todo esto dezía así con tan buen conçierto, que yo estava maravillado. Cuando acavó de hablar, el viento, que avía llevado lexos de tierra (?). Aposentélo con toda su casa, y se açertó qu'el viento en aquel tiempo se mudó en tiempo contrario para seguir mi viaje, con el cual porfié gran parte del día y siempre tomé la buelta de la mar, fasta que las hondas cresçieron muy grandes. Travajavan los navíos y la gente e tomé en la buelta de la tierra, porque la razón de la navegaçión ansí lo demandava.

Y en este tiempo cobraron estas mugeres tando miedo, que llorando pidieron al marido y padre que se bolviese a su casa fasta que yo bolviese all√≠ a la tierra, e que de aquella bez quedavan en cono√ßimiento de la mar y de lo que para ello hera ne√ßesario y lo tern√≠an aparejado para cuando viniese, e que mirase qu√© gran pena les faz√≠a dezir esto, pues qu'√©l bien sav√≠a que ellas heran las m√°s ganosas de venir a Castilla. Sinti√≥ el marido de la muger e hija e m√°s a√ļn de un mochacho de seis o siete a√Īos, su postrero fijo, el cual nunca dexava los brazos, y por esto acord√≥ de bolver a su casa, creyendo que de muy breve yo ser√≠a all√≠ de buelta.

Di√≥me muchas de aquellas sus cosas que all√≠ tra√≠a en se√Īal de cavaller√≠a, e yo no le dex√© ir descontento: mand√©le amostrar cuanto yo tra√≠a, y despu√©s d'√©l tomado todo lo que le bien pare√ßi√≥ y quiso, yo le di un presente de todas las cosas que me pares√ßer√≠a que le av√≠an agradado; y a la muger y a las fijas hize otro tanto, e a sus hermanos e a todos los otros suyos di cosas nuevas.

Quisiera yo que la fija mayor se bistiera, y la madre dixo que no, porque no lo acostunbravan; ésta, después que entró en el navío, se asentó a las espaldas de su padre y madre, qu'estavan juntos, en un rincón y se encojó toda ençengida con los brazos y cubierto el pecho, y la cara siempre metida sobre las piernas, que no la amostrava sino por maravilla; en todo el día dixo palabra, salvo que siempre estuvo ansí honesta y continente. Mandéles llevar a tierra, como ellos lo demandaron.

Llevó el caçique y todos por el consiguiente gran pena por la ida, e yo no quedé sin ella, porque quisiera muchoqu'él biniera a V. Al., porqu'éste hera propio para les fazer saber todos los secretos y cosas de la isla porqu'él hera hombre de buena hedad y buen seso. Cuando él se iba, él llevaba la muger del brazo, y el otro más viejo, su hermano, del otro, y los otro cuatro hermanos, los dos más viejos de la misma guisa llevavan a la fija, y los dos ant'ella, que çertifico a V. Al. que en forma parezía bien e estado.

Despu√©s que los vientos me dieron lugar, bine mi camino al oriente fasta una punta que yo llm√© del Farol, qu'es el fin d'esta ista de Santiago de aquella parte del oriente; del cual yo part√≠ en nombre de Nuestro Se√Īor lunes, diez y ocho d√≠as de agosto, con razonable tiempo.

Y navegando siempre al levante, miércoles a las tres oras después de mediodía, mirando al setentrión descubrí una tierra altísima y grandísima lexos de mí diez y seis leguas, al camino de la cual tomé la buelta. Llegado a ella hallé que hera la isla Ysavela del cavo oçidental d'ella, a que yo llamé de Sant Miguel, el cual avista de la isla de Jamaica al poniente treinta y una legua. Después determiné de navegar al oriente y descubrir toda la parte d'esta isla al austro, que hasta aquí no avía visto.

Plugo a Nuestro Se√Īor de me dar tan buen tiempo como yo av√≠a menester, porque todos los nav√≠os me andavan a fondo del agua por los travajos que av√≠a pasado, y toda la gente estava muy cansada, que yo ya era a√ßerca de √ßinco meses que jam√°s av√≠a descansado una ora y llevando muy mala vida por los mantenimientos que av√≠amos perdido. Y as√≠ al cavo de (?) d√≠as llegamos al fin de la isla con muy pr√≥spero tiempo a pedir por boca, all√≠ en el puerto de Santa Cruz, el cual es muy bueno, remedi√© los nav√≠os lo mejor que pude u esforz√© la gente que fu√©semos a correr todas las islas de los can√≠bales, pues ya est√°vamos tan √ßerca, y que en ellas hallar√≠amos de comer.

Y llegados a la isa de San Juan Baptista todo de golpe me derrib√≥ una dolen√ßia que me quit√≥ todo el seso y entendimiento, como si fuera pestilen√ßia o modorra. Los maestres y pilotos y toda la gente acordaron de venir luego a m√°s andar para la √ßiudad para mi remedio, y ans√≠ √ßes√≥ la mi enpresa de descubrir las otras; de la cual enfermedad hecho culpa a los estremos travajos y peligros d'este viaje, que e sentido m√°s de veinte y siete a√Īos pasados que e continuado a la mar.

Una pena llevava yo de mí, que no ay tan esforzado que no reçiba la muerte, u después para traer los navíos y la gente toda a salvamento, de la cual pena no sentía menos que de la mía, porque me paresçe que traigo vitoria cuando torno en salvamento.

Desvel√©me mucho de d√≠a y de noche, tanto que no pod√≠a con√ßevir un sue√Īo, y en estos treinta d√≠as postreros no dorm√≠ salvo √ßinco oras, que en los √ļltisimos ocho d√≠as no dorm√≠ salvo tres ampolletas de media ora cada una, en tal manera que yo qued√© medio ciego, y en alguna oras del d√≠a del todo. Espero yo en Nuestro Se√Īor qu'√©l me librar√° por su misericordia.

La temperançia del cielo aquí en todas estas islas y tierras es tal y tanta, que no la creerá nadie (?) sino la primavera y el inbierno tiene aquí, mas no grave; comiença cuando en Castilla, con aguas y mesmos tiempos; dura hasta el mes de henero, mas no ay nieves, y cuando después (?) el verano, sin demasiado calor, como cuando el inbierno de frío.

Ni por el un tiempo ni po el otro los √°rvoles dexan la foja; continuamente las yervas y flores tienen fruto, y los paxaricos nidos y g√ľevos y pollos. Todas las simientes de huertas est√°n pr√≥speras en el cre√ßimiento, y aun otras legumes dos vegadas en el a√Īo se coger√°n si se siembran, e esto yo aseguro a toda otra fruta, dom√©stica y brava: tanto es el buen espeto del √ßielo y savor de la tierra.

El ganado y aves cosa es de maravilla c√≥mo multiplican y se fazen grandes las gallinas: cada dos meses sacan pollos, y en diez o doce d√≠as son comederos. Los puercos, de treze hembras que truxe, ya ay atantos que andan bravos por las monta√Īas. La yerva todo el a√Īo est√° como alca√ßel en marco.

Enga√Īo en verdad a V. Al. dixo una gente perdida que ac√° vinieron y al mundo con quien hablaron. Gastaron a dados y a otros malos vizios mortales aquello que les qued√≥ desde la muerte de sus visabuelos, y agora que no hallavan tierra que les sostenga, cometiron este viaje con juramento y enga√Īo y con pensamiento de cargar luego de oro aqu√≠ a bordo de la mar, sin travajo ni pena, y se volver a su exer√ßi√ßio. Y esto no fue menos religiosos que seglares: tanto los √ßegava la mala cobdi√ßia; ni quisieron creer a m√≠, que en Castilla les pronun√ßiava que para toda cosa av√≠a trabajo.

Fengido pensavan que yo les dezía: atán metidos estavan en la abariçia. Pudiera ser que se salieran a su intento si se çufrieran laborando, mas su peresça y malas costumbres no les dio lugar a que virtud amostrasen. Los más d'ellos querían dar cuenta de todas las Yndias y en espeçial d'esta isla, que boja más de dos mill y cuatroçientas millas, que son seiçientas leguas; y pruévase acá que los más d'ellos nunca fueron lexos de la çiudad tiro de una lombarda.

Torno a dezir de la temperançia estrema e d'esta isla en espeçial, que, a ser de mano, no podría tener todo más cumplido: espeçería de mill maneras, que nunca se llevó a nuestras partes; algodón y todas otras cosas de simiente naçería y daría fruto que sería maravilla. Todo lo causa la fertilidad de la tierra, que su (?) lo comen. Guerras no ay entr'ellos salvo por mugeres.

Cruel√≠simos son cuando an vitoria de los enemigos: que mugeres, fasta los ni√Īos despiernan. Las aguas son tantas y tan sabrosas que no se ha visto las parejas; r√≠os infinitos, que yo ya s√© cuatro mayores que Hebro ni Texo; monta√Īas alt√≠simas muchas, oro e alambre.

Buelvo a la temperan√ßia y digo qu'esta √ßiudad dista que su l√≠nea equino√ßial veinte y √ßinco grados, y a la parte m√°s austrual de la isla diez y ocho grados se le faze hazia el polo √°rtico fuera. Del Oc√ßiedente de Tolomeo al cavo de Sant Rafael, qu'es fin d'ella y ser√° el oriente, dista por aquel paralelo (?) grados. O mejor puedo dezir y m√°s ase√Īala famosa: estando yo en el puerto de Santa Cruz, qu'es all√≠ viente y nueve leguas m√°s al austro, a 14 de setiembre d'este presente a√Īo de 1494 a√Īos vi eclisar la luna √ßincuenta y dos minutos de ora despu√©s de media noche, ni andava yo por enton√ßes sobr'el aviso con todos los estrumentos que para la √ßertifica√ßi√≥n de la ora y punto cumpl√≠a.

No digo del otro eclise que fue en el mes de março pasado, de qu'estava yo tan ganoso: no se nos amostró por la çerrazón del çielo, que toda aquella noche volvió y fizo gran escurana, y no como agora, que fe muy claro.

D'este cavo al o√ßidente 700 leguas a√ßerca est√° el Evangelista Cheroneso, la postrera tierra de la firme qu'este presente a√Īo al poniente dex√© descubierta, e al oriente es la isla de San Juan Baptista con todas aquellas de los can√≠bales, en que ay (?) leguas tiene en luengo. M√°s de diez oras de distan√ßia ten√≠a yo de C√°liz, cuando, en la mar blanca navegando, sal√≠a el sol en Sevilla despu√©s de dos oras cuando yo sent√≠a noche y la vista del sol me dexava.

Esta carta escrev√≠ en el puerto de Santa Cruz, qu'es junto con el cavo de Sant Rafael de la Ysavela de la parte del Oriente, porque cre√≠a que pod√≠a fallar nav√≠os que bolver√≠an a Castilla; y por vida y por no los detener me aper√ßev√≠ porque V. Al. fuesen avisados, cuya vida y muy alto estado guarde y prospere la Santa Trinidad a Su sancto servi√ßio por siempre jam√°s. Fecha a 26 de hebrero de 95 a√Īos¬Ľ.

Fuente:

http://www.cervantesvirtual.com/historia/colon/doc19.shtml

DOC 5___________________________________________

Carta de Cristóbal Colón a los Reyes Católicos.
Vega de la Maguana -La Espa√Īola-, 14 de octubre de 1495.


Christian√≠simos e muy altos e muy poderosos pr√≠n√ßipes rey e reina, nuestros se√Īores:

Con Anto√Īo de Torres yo escrev√≠ a V. Al. c√≥mo esperava en nombre de Nuestro Se√Īor Todopoderoso de ir y estar todo este verano en ver las tierras d'estas islas por la mayor parte d'ellas, en espe√ßial la provin√ßia de √áibao por causa de las minas del oro, y dar horden para que se labrase[n] en ellas y pasar all√≠ donde viv√≠a aquel grande ca√ßique Cahonaboa y travajar que ovedeziese a V. Al., porque me pares√ßi√≥ qu'era verdad que en √©ste consest√≠a todo lo d'esta isla, no porque no aya otros mayores y tan grandes ca√ßiques, mas no ninguno, mas d'este, en la guerra ni osado ni atrevido. Y dixe que, si con √©l no pudiese aver con√ßierto, que le far√≠a todo el mal que pudiese, porque, allende lo que yo digo (que) en √©l consiste (todo) lo de la isla, mat√≥ a 20 christianos el primero viaje durmiendo seguros en sus propias casas por roballos, aunque otros indios me dixeron qu'√©l fue enga√Īado por otros ca√ßiques que, por matar y robar los otros christianos qu'estavan en la isla, enbiaron a dezir a √©l que los christianos no av√≠an ido a su casa salvo por le matar y robar las mugeres; y √©l lo crey√≥ ans√≠ que entr'ellos lo acostumbravan, y en especial los prin√ßipales.

Y ans√≠ part√≠ en nombre de Dios, luego que ove despachado el dicho Anto√Īo de Torres, en el mes de mar√ßo, aunque yo no estava del todo bien libre de la enfermedad que ove cuando vine a descubrir la tierra firme; y as√≠ part√≠ para ir a Sancto Tom√°s y acord√© de llevar el camino por la Vega Real arriba, por ver e sentir de Guarionex, el cual (es) uno de los tres ca√ßiques mayores de la isla porqu'√©l me av√≠a enbiado muchas vezes presentes e a dezir que le plaz√≠a de fazer todo lo que yo hordenase, y era enemigo d'este Cahonaboa, y (a) esto tambi√©n, porque no se conformase[n y] con otros ca√ßiques para (ir) contra nosotros.

Y as√≠ plugo a Nuestro Se√Īor que me esper√≥, que, aunque me enbiavan presentes, tienen cobrado un tan grande temor que no osan esperarme y se fuyen a las agras sierras. Ni yo les hize jam√°s mal, antes les enb√≠o d√°divas y halagos a sus criados y a su gente cuando me los emb√≠an, ni e usado crueldad con nadie. Todo esto es voluntad de Dios (y) milagro evidente, porqu'es √ßierto que ay aqu√≠ tanta gente que, en nombre de dezir, que s√≥lo con el soplo, si ellos osasen, nos hechasen sin tocar de los pies hasta Castilla, ni son de poco ingenio ni fuerza ni rudos en pelea. Ten√≠a yo [y] por esto prove√≠do con tiempo, que hize formar a un indio de[l]los que llev√© a Castilla [e], aunqu'√©l no sea d'esta tierras, hize que Guarionex casara con √©l a una su hermana, y √©ste le asent√≥ muy mucho.

En todo el tiempo que yo fue no esperavan, salvo que yo ten√≠a primero derramado mucha gente por los t√©rminos de la tierra donde √©l vive. Esper√≥me y dixo que quer√≠a ser mi hermano, lo cual nunca √©l av√≠a alargado a nadie, y hizo grandes fiestas. Al cavo de ocho d√≠as fui mi camino a Sancto Tom√°s y tuve forma de prender √ßiertos ca√ßiques prin√ßipales de √áibao, porque av√≠an provado a matar de nuestros christianos. Y estando en esto, ove cartas de una compa√Ī√≠a de nuestra gentes, la cual [av√≠a] enbiado a ver todas las sierras y tierras hazia la otra parte de la isla, y me dez√≠a c√≥mo av√≠a venido a parar donde viv√≠a Cahonaboa y le av√≠an movido y fecho determinar a benir a la Ysavela, dizi√©ndole que yo le far√≠a grandes fiestas y dar√≠a grandes d√°divas.

Pl√ļgome de la enpresa, porque sab√≠a que la tierra donde √©l biv√≠a hera lexos bien setenta leguas y en lo m√°s fuerte y mejor de la isla, una vega toda ferrada de grand√≠simas [sierras] que, aunque se le ganase la tierra, que jam√°s se podr√≠a aver su persona. Ten√≠a yo d'esto mucho cuidado y ello, porque todos los prin√ßipales de la isla miravan a lo qu'este Cahonaboa har√≠a, y no ten√≠a[n] ning√ļn miedo, antes esfuerzo en √©l, porque av√≠a muerto los christianos. Abasta que, estando nuestra gente con √©l inportun√°ndole por la venida, en aquel tiempo llegaron mensajeros de otros muchos ca√ßiques d'esta comarca a le rogar que nos biniese a hechar de aqu√≠.

El cual vido buen tiempo de dezir a nuestra gente que le plaz√≠a de la venida y a los mensajeros de los otros tanbi√©n, salvo que primero quer√≠a procurar esto, disimulando de venir en manera de amigo y ver si le salir√≠a por este modo bien su enpresa. Y a Nuestro Se√Īor no plugo que le aconteciese salvo de todo mucho al contrario: qued√≥ √©l preso y [de toda su gente y] despu√©s toda su gente de la tierra donde √©l vev√≠a, como yo dir√© despu√©s a su tiempo.

Despu√©s d'esto fecho me bolv√≠ a mi empresa para andar todas las tierras de las islas que yo pudiese, y hall√© toda la parte la tierra muy destruida de mantenimientos, y tanto[s], que eran muertos inumerables indios de hambre, que una compa√Ī√≠a de nuestros christianos, que yo av√≠a enbiado a la otra parte de la isla porque viesen la dispusi√ßi√≥n de la tierra y los caminos, av√≠an estado diez y seis d√≠as que no comieron salvo frutas y yervas, y que en la Ysavela no av√≠a de nuestros mantenimientos salvo para los enfermos y otra poca de gente, ni (?) en todas las plantas ni los sembrados, ni pod√≠a ir yo a √áibao, porqu'esta probin√ßia hera m√°s necesitada que todo otro cavo y en quien m√°s gente hera muerto.

Y mueren [por qué mueren] porque luego que nos venimos aquí a esta tierra, procuré saver [en] esto del oro más que en otra cossa, e como [es] esta provinia d'ello la madre, hize edificar allí esta casa de Sancto Tomás; y los indios que allí estuvieron destruyeron ellos mesmos todos los panes, creyendo que por la hanbre dejaría la tierra, y dexaron de coxer oro y usaron, y oy día usan, de todo lo que pueden porque no falle[n] más ni aya d'él. Después que vieron que yo todavía estava firme, acordaron de plantar y sembrar toda la tierra, porque se morían de hambre, y entonçes no les acudió el agua del hielo, y quedaron tan perdidos y se murieron y mueren qu'es maravilla, que otra cosa no comían ni comen salvo pescados e unas raízes salvajes de la isla. Allí en la tierra adonde vive Guarionex, qu'es en la Vega Real a las faldas de Çibao, en medio del corazón de la isla, fallé que avía pan, y él me proveyó muy bien y a toda nuestra gente.

Y visto que yo no podía salir de allí ni ir a parte ninguna de la isla por esta neçesidad que yo digo, y visto cómo hera lugar tan idóneo y bueno y en medio de la isla en tan buena comarca, y visto que la creençia de los indios era que yo con todos los otros, vien que ansí andoviésemos por la tierra, que muy presto partiríamos para Castilla y que no teníamos para otra cosa aquellas naos e no teníamos aquí las mugeres y fijos, e porque yo tenía mucha gana que se dexasen d'este pensamiento y se determinasen de se dar con toda ovediençia a V. Al. y les dar tributo, determiné de hazer allí una fortaleza serca de Guarionex al pie de Çibao; y está ella en buen término e es la mejor cosa que ayamos fecho así de obra como en probecho; e soy bien çierto que, si V. Al. la viese, le paresçería bien, que, como digo, está en Çibao al pie de la Vega, y veen d'ella todo a la redonda cuanto los ojos pueden alcançar; biene una fuente en el patio que hecha un chorro de agua como el brazo, de la mejor del mundo, y se puede fazer subir bien tapias en alto. Llamamos a esta casa de Santa María de la Conçebiçión.

De aqu√≠ adonde ay minas y r√≠os de oro no ay m√°s de tres u cuatro leguas, y fasta Santo Tom√°s nueve, e en medio del camino de la Ysavela ay una mina muy grande y muy se√Īalada que nuevamente avemos descubierto y fallado, de la cual dir√© despu√©s a V. Al. m√°s largo. Esta es casa tan alegre y de tan buenos aires y lugar tan templado qu'es maravilla, y se puede hazer tan fuerte para entre christianos que no la aya la semejante en el mundo y con tantas buenas co[m]marcas. Este hedifi√ßio y el desfazer de las naos, las cuales heran ya viejas e innabegables, av√≠a quitado a los indios la opini√≥n de me ir a Castilla; con todo no √ßesan de preguntar a los nuestros por ello.

Estando así en esta obra, el deseo de saver bien esta provinçia de Çibao y provar de saver este fecho del oro de contino me dava molestia. Determiné de imbiar algunas cuadrillas con [d]el pan que allé en la Conçebçión, para acavar de andar e esplorar toda la provinçia de Çibao. Fallaron en todo cavo que avía oro, más en un lugar que en otro, como se deve de creer de tanta tierra.

E yo tanbi√©n fui en persona en parte d'ella y fall√© la mina del cobre, de adonde sali√≥ el grano que yo enbi√© a V. Al., y otro que tengo que pesa m√°s de cinco arrobas. Fall√© otras muchas [se√Īales] de oro a las cuatro leguas, de adonde sali√≥ un grano que pesa veinte honzas. Sobr'esto de buscar del oro me pusieron los indios todos los inconvinientes que pudieron; e yo, visto que por causa de los mantenimientos a aun por no tener las personas y aparejos (?), disimul√© con ellos y vi que ninguna cosa ay de que tanto se agravien y ayan enpacho como de nosotros ir a sus casas. Les dixe que yo me dexar√≠a de cavar las minas, si me quer√≠an dar en nombre de V. Al. cada cuatro lunas llenas la mitad de un caxcavel lleno de oro cada cabeza; y ellos dixeron que los plaz√≠a.

An començado, mas aunque algunos lo puedan cojer en tres días, la hambre es tanta que ninguno lo pueda proseguir. Yo hize esperimentar si hera posible si en tres días lo pudieran cojer, y fallé que algunas personas, que vien savían cogello, cogen lleno un caxcavel en que avía más de ocho castellanos; verdad es que ay lugares y caçiques donde no tienen tan buenos ríos y tan [buen] aparejo como otros. Concluí con ellos que me darían el dicho caxcavel a las cuatro lunas, e yo daría al caçique prinçipal un baçín y, a los demás, 'tureyes' en foja, qu'es latón, tanto como el dedo.

Si salen d'esta hambre yo espero en Nuestro Se√Īor de sostener este partido con ellos e no ser de peque√Īa renta. Yo mand√© por toda la provin√ßia escrevir todas las personas de ca√ßique en ca√ßique, mas nunca se pudo fallar la cuarta parte, porque todos estavan derramados por las sierras e[n] disiertos para buscar ra√≠zes para mantener las personas. Tornar√° la tierra a su primero ser plaziendo a Nuestro Se√Īor, y nos dar√° todo el oro que V. Al. quisiere.

Y no dubden, y crean que mi parezer √ßerca d'este oro es m√°s que de primero; y allende de lo que se cavar√°, se abr√° en [breve] gran suma cada a√Īo de tributo, y de las otras provin√ßias que no est√°n √ßerca de √áibao algod√≥n y pimienta y cosas que baldr√°n oro, y qu'esto, si plaze a Nuestro Se√Īor, ser√° muy presto en forma que casi ya lo es, que esto de √áibao ya est√° hecho; e[n] la esterilidad de las tierras de las otras provin√ßias no ser√° causa que no hagan la gente d'ellas otro tanto, ni tanpoco ser√° menester ac√° tanta gente de sueldo, como yo escrev√≠ con Anto√Īo de Torres a V. Al., porque toda la isla est√° llana y todos ovedezen a V. Al., como yo dir√© abajo, as√≠ que, quitando el gasto y cres√ßiendo la renta, ser√° muy buena. Y sobre todo espero en Nuestro Se√Īor que sin dubda ser√°n muy presto christianos, que ni falta salvo por lengua.

La isla es muy grande y boxa seiscientas leguas de cuatro millas cada una, como lo acostumbramos en la mar; verdad es que, para aver de sostener qu'esta gente toda pague tributo √ßierta cosa, como en ello est√°n ya puestos, que era menester en cada provin√ßia una casa fuerte y gente nuestra a lo menos por tres u cuatro a√Īos, si por m√°s no se quisiese hazer gasto, fasta que ubiesen bien continuado la paga; y creo que, cuanto m√°s andoviese el tiempo, que mucho m√°s cres√ßer√≠a la renta, y sembrar√≠an algodones y pimienta, qu'estas dos cosas na√ßen y dar√°n fruto muy presto, y son no de poca estima.

Yo he siempre tenido este negoçio d'esta isla en grande estima, y cuanto más ando más me contenta y veo razón a que siempre me afirme a lo que yo tengo escripto; y tengo fe en Dios Todopoderoso que lo cunplirá ansí e nos dará lo que viere e fuere necesario, si no se pierde por inconstançia: es d'estar muy firme a las cosas de su serviçio, ansí como de V. Al. siempre se a conocido, y remitir el tiempo y la cos[t]a a Su alta diligençia.

Por ende, tan[to] poco no es bueno de estar tardo, salvo de travajar con este fin que yo digo y descargar en ello y asentar en el √°nima con contentamiento pues qu'es √ßierto qu'√Čl conoze que todo se haze por su servi√ßio, y no tomar pena por cosa que nos venga; y pueden tener por muy cierto aqu√©llos que en este t√©rmino andan que, cuando Su alta poten√ßia no da lo que se demanda, que lo dexa porque no es Su servi√ßio y no quiere la tal cosa. Y nosotros con esto devemos estar muy alegres y perseverar en la ora√ßi√≥n y buenas obras de continuo e firmarse all√≠ e sobre esto bivir descansados.

Toda la isla está tan sojuzgada, y la gente d'ella saven y tienen por çierto de pagar a V. Al. tributo, cada uno çierta cosa en tantas lunas. Y para poner este negoçio a perfiçión es menester gran soliçitud, y para esto en cada provinçia, como dixe arriba, una casa; e boy traba[ja]ndo en lo que más neçesario me paresçe, y es esto de Çibao y des[a]poderar a Cahonaboa: lo uno y lo otro está ya en buen término.

En lo de √áibao tenemos ya casas y gente, y se embiar√° estotro a V. Al., que est√° preso su persona. La estra√Īa hanbre, que en toda la isla y en espe√ßial en √áibao a sido y contin√ļa, me a fecho mudar la esperan√ßa, porque en la provin√ßia ten√≠a yo con√ßierto con tantos ca√ßiques que bien [a]llegavan √ßincuenta mili 'nabor√≠as', a que vasallos llamamos, y escripto la mayor parte d'ellos. Y el con√ßierto hera que av√≠an de dar un caxcavel lleno de oro cada cuatro lunas, como dixe arriba; mas la ne√ßesidad y hambre a sido causa de la muerte de m√°s de los dos ter√ßios d'ellos, y no es acavado ni [se save] cu√°ndo se puede esperar el fin, si Nuestro Se√Īor no lo remedia por milagro, porque, como dixe, all√≠ en esta provin√ßia por causa del oro corrimos luego.

All√≠ dex√© a mos√©n Pedro cuando yo iba a descobrir, y bien que yo le dixe que se partiese d'ella y no la acavase, no lo hizo ans√≠, y tanbi√©n ellos mismos destruyeron los mantenimientos porque se fuesen de all√≠ los christianos; y despu√©s que acordaron de sembrar, no los acudieron las aguas, e agora ya estava toda la tierra buena y llena, mas la ne√ßesidad no ha dado lugar que comiesen el fruto maduro, y ans√≠ en verde todo lo an comido y desperdi√ßiado; y me temo de mayor dampno de lo venidero, si Nuestro Se√Īor de su gra√ßia all√≠ no provee. Por otras mis cartas dixe que los 'ajes' y 'yucas' son las ra√≠zes de que hazen el pan, y que todos los otros mantenimientos, despu√©s de sembrados, a los veinte y √ßinco d√≠as davan fruto; no av√≠a yo bien entendido, ni es maravilla, porque aun a los ocho d√≠as naze y a los veinte y √ßinco engendre la ra√≠z a que yo llamo el fruto de los ajes.

Fasta √ßinco lunas pasadas no son comederos ni la yuca hasta las diez son grandes, y si antes los cojen, todos se desperdi√ßian y no faze obra siento por uno; de un a√Īo son buenas y en perfecti√≥n, y de diez y ocho meses y cuanto m√°s est√°n, hasta los cuatro a√Īos, siempre son mejores y m√°s gordas y m√°s provecho hacen y dan el pan m√°s sustan√ßial y blanco. 'Mah√≠z' es mantenimiento pre√ßios√≠simo; √©ste faze la espiga y grano gordo como havas; espe√ßer√≠a es, y bien lo conoc√≠a un fraile [a]droguero en Sevilla.

Este da fruto en cuatro meses, y ansimesmo el 'man√≠', qu'es fruta que debajo de la tierra naze y es ac√° gran mantenimiento y en todo el a√Īo lo siembran y tiene[n] saz√≥n, como todas las otras cosas, porque siempre para todo ay saz√≥n entera. Y crean que d'esto no e mal entendido como de otras muchas cosas de las costumbres, de que, como digo, no es maravilla, ni se a perdido nada por el escripto ni perder√°, aunque todo por entero no se entienda. Guarionex y otros d'estos ca√ßiques ya truxeron el tributo, mas no el caxcavel lleno y no salvo poquita cossa.

Reçebíselo y les fize tan buena cara como si todo lo dieran por entero. Hízeles dezir después que lo remediasen porque no avían cumplido, porque no quedasen con este fuero; respondieron muy bien y dixeron que no sería ansí en lo benidero, y que la hambre avía sido causa d'ello, y que no benían porque les paresçiese traer algo salvo por cumplir la ovedençia, porque vien heran çiertos qu'esto hera lo que más yo tenía en estima, e que vien sabía yo sus grandes neçesidades.

Dul√ßemente es de tratarlos a benibolen√ßia y no con agruras, porque no despueblen y se bayan de la provin√ßia; antes es de procurar de llegar all√≠ gentes de otras partes, y si √©stos de √áibao an sido muy traviesos, ya se arrepienten, porqu'el castigo que se les a dado no a sido menos de su desconbenen√ßia, y fue muy ne√ßesario. Esta provin√ßia, como muchas vezes e escripto, es muy monta√Īosa y de muchas sierras, y la gente d'ella ans√≠ son m√°s rudos y aldeanos.

En lo de nuestra santa fee siempre procuro de dársela bien a entender a la parte que conviene, porque conozcan que sin ella nadie puede ser salvo. Yo creo que, si oy llamasen a todos los caçiques y pueblos d'esta isla que se baptiçasen, que todos bernían corriendo, mas no creo que sepan ni entiendan a cuánto llega este santo misterio.

Ninguna detenen√ßia abr√≠a si uviese lenguas, ni para esto far√≠a al presente mucha ne√ßesida[d] maestros en Santa Teolog√≠a, salvo solamente quien claro en su lengua les supiese contar por ystoria el G√©nesis y la Encarna√ßi√≥n de Nuestro Redentor con todo lo que con esto conviene. Ellos son gente que, por o√≠r, estar√°n y vern√°n de[l] cavo del mundo, y se estar√≠an sin comer escuchando, y sin dubda luego querr√≠an ser christianos. Nuestro Se√Īor lo provea en su santa piedad y nos adereze en su v√≠a santa.

Cahonaboa después de preso travajó su librança y me enbió a rogar que, pues la tierra en qu'él vivía hera de V. Al., que yo enbiase a [la] defender de sus enemigos, los cuales entravan por ella robándola, y tanbién porque no le tomasen lo qu'él tenía, que para entre ellos era riquísimo de cosas que entre nosotros no valen blanca. Todo esto fue con maliçia y atreviéndose que, si yo allá enbiase gente, que sus hermanos e parientes los prenderían y saldría de nuestras manos por esta puerta.

E yo otro tanto pensava en el contrario y confiava en Nuestro Se√Īor que bien pod√≠a correr toda aquella tierra sin miedo de lo qu'√©l ten√≠a e imaginava, y que ser√≠a bien de ir all√° por temori√ßar todas aquellas tierras y las otras provin√ßias, porque no le pares√ßiese que dex√°vamos de pasar a ellas por alguna cosa, [e] porque en esto cono√ßer√≠a mucho toda la isla. Y ans√≠ enbi√© all√° a (?) Hojeda con setenta personas; a los cuales un hermano de Cahonaboa luego all√≠ les puso √ßerco, y ellos se fortale√ßieron muy bien, porque v√≠an [que] en el con√ßierto d'este indio [que] andava [en forma] mucho en gran manera por raz√≥n de guerreador, y tra√≠a mucha gente en batallas hordenadas en forma y con tanto con√ßierto como si fuera en Castilla o en Fran√ßia.

Hordenó éste çinco batallas de su gente, y cada una puso a su estançia; el cual asentó su vandera en fuerte çerro açerca de los christianos dos tiros de vallesta, y desde allí proveía a todas las otras vatallas, las cuales todas, aunqu'estobiesen lexos y repartidas, se movían hazia un punto a los christianos por conçierto.

Tomaron buen consejo los nuestros y salieron al camino a la mayor batalla, la cual venía por lugar dispuesto para cavallos; certificáronme que los indios heran más de dos mill personas, todos cargados de sus baras, las cuales echaron con aquella tiradera más apriesa que con un arco; y todos ellos eran tiznados y pintados de colores con guaízas y espejos y carátulas y espejos de cobre y de oro en la cabeza, dando grita espantable, ansí como acostumbran, a tiempos çiertos.

Una parte d'ellos estavan conçertados por esperar los cavallos en el campo y se abrazar con ellos y los derribar en el suelo, mas su pensamiento les salió en yerro, que pensaron de derribar los cavallos; y bien que su pensamiento pusiesen en obra, los cavallos derribaron a ellos; e a cuanto[s] se les ponían delante, [a] todos los tropellavan y dexavan muertos.

Milagro evidente fue √©ste y no poco se√Īalado: que con pocos christianos pudiesen salir de las manos d'√©stos, que eran multidumbre de gente y ofre√ßidos ya a la muerte. Rompi√≥se esta vatalla, que era la prin√ßipal, y todas las otras fuyendo dexaron el campo. Yo estava en la Con√ßeb√ßi√≥n, y la grande ventura que, al tiempo d'esto, no av√≠a aconte√ßido; e un indio vino a m√≠, y d'√©l supe el peligro en que los nuestros quedavan y les prove√≠ lo m√°s presto y por la mejor forma que pude.

E visto c√≥mo todo[s] lo[s] de la Ysavela en este casso consist√≠a, me part√≠ tambi√©n para all√°, [y] bien que el camino fuese muy largo y malo. Desisti√©ronse los indios de la empresa y se fueron a la[s] sierras, adonde a√ļn agora andan, bien quebrantados y a(r)repisos por lo que cometieron y bien ganosos de nuestra amistad y pagar tributo. Ll√°mase esta vega donde viv√≠a Cahonaboa la Maguana; es √ßerca de las sierras muy √°speras y ella es muy fermosa y abundable de muchas aguas, de las cuales se sirven por a√ßequias como en Granada.

Estuve yo allí fasta que las caravelas llegaron de Castilla, que yo me vine a la Ysavela y dexé los indios bien castigados, porque dos vezes avían puesto las manos en nuestros christianos gravemente y muerto d'ellos sin culpa; quedaron bien castigados en las probinçias que con ésta comarcavan, y la gente d'ellos muy alegres cuando ovieron asentado conmigo de dar tributo a V. Al. una çierta medida de algodón, en que podía aver una arroba, por cada cabeza en tres lunas, que por allí no naçe oro; pimienta darán tanbién si se la demandan.

El a√Īo pasado, cuando yo torn√© de descubrir, truxe los nav√≠os muy fatigados ans√≠ como la gente. Fue menester de lo[s] barar en tierra para les mudar el plan[o] a todos tres, y me [a] aconte√ßido con los carpinteros como con todos los oficiales que ac√° an benido, que, allende de ser malos maestros, no se puede con ellos que hagan cosa: tan en poco tienen sus con√ßien√ßias.

Yo no s√© por qu√© lo desean hazer as√≠, porque de m√≠ no re√ßiben mal ninguno. Prometi√≥seles el sueldo como a buenos maestros que dez√≠an que eran, que fasta aqu√≠ se les av√≠a pagado sin que fuese justo, antes algunos mere√ß√≠an pena, porque vino hombre por carpintero que no cono√ß√≠a la hacha. Vernaldo de Pisa puso muchos d'estos ofi√ßiales o mo√ßos d'espuelas por carpinteros y otros por marineros y a otros por lombarderos. No s√© a qu√© fin fue lo d'este hombre, si por roballos a ellos o por inpedir la hazienda de ac√° que no fuese adelante. Y ans√≠ como √©stos vinieron con enga√Īo, ans√≠ fue de otros muchos.

Yo escoj√≠ toda la gente, a √©ste quiero y a √©ste no quiero, y sobre m√°s de mill personas; despu√©s, al alarde que se hizo en los nav√≠os, no hall√© la ter√ßia parte salvo todos trocados. Yo creo que Juan de Soria sabr√° bien dar raz√≥n d'esta cuenta: yo no lo pude remediar, porqu'el tiempo y viento hera bueno para la partida y V. Al. me dava priesa, mas bien me ha costado a mi persona la cavalgada, porque, adonde yo ten√≠a re√ßibido gente de bien, binieron muchos descon√ßertados, que a√ļn no salgo de enojo cuando ya estoy en pena.

De doze partes las honze vinieron por cobdi√ßia. Creo √ßiertamente que por esto Nuestro Se√Īor tenga la rienda. Juraron en Sevilla sobre un misal y un cru√ßifijo de guardar bien el servi√ßio de V. Al. y el pro de su hazienda, y que no traer√≠an resgate.

Ac√° les tomo atanto que todo un a√Īo hize la costa; y despu√©s que yo part√≠ de descubrir, se abaj√≥ el lat√≥n que vino al juego como moneda, y la cosa que yo dex√© en pre√ßio de un cabo de agujeta [o] de un caxcavel no lo dar√≠a agora por un rollo ni tres gruesas. Recibo yo pena por ver perdida la con√ßien√ßia, [e] m√°s por el otro da√Īo: qu√© responder√≠a a los indios si entendiesen de todo esto, cuando se les fabla de nuestra santa fee, diziendo que no es tan recta. Fuera muy bueno que fray Buil truxera muy debotos religiosos as√≠ por este remedio como por todos los otros en qu'estamos, pues V. Al. le av√≠a probe√≠do por manos del Papa.

Mucho servicio har√° V. Al. a Dios a enbiar ac√° algunos frailes debotos y fuera de cobdi√ßia de cosas del mundo, porque nos den buenos exemplos que, √ßierto, bien nos falta, y dolerse de las cosas malignas. No re√ßiben la mala bida de los mantenimientos ni de la templanza de la tierra, porque ya es pasada la fortuna, y vivimos largamente; proveerse a de todos los mantenimientos para un a√Īo, y ans√≠ se siguir√° de contino.

Fallar√°n muy buenas huertas y muy muchas aguas y hermosas tierras y se les dar√°[n] fruta fresca todo el a√Īo y de todas cosas del huerto en todo tiempo, y se les far√° muy buena casa. D√©velo fazer V. Al., porque nosotros emos m√°s menester quien nos reforme la fee que no los indios tomarla. Torno a mi prop√≥sito de los ofi√ßiales, digo de los carpinteros, ans√≠ como de los otros, que mill vezes con achaque se escusan de las obras.

Luego que yo aqu√≠ llegu√© de la tierra firme, hize barar los nav√≠os en tierra, porque en el mes de mareo fuesen adovados e partiese dende Bartolom√© a descubrir el Catayo en buena ora. Hago juramento que a√ļn esta semana acavaron los dos d'ellos y hera obra que en Castilla dieran en cuarenta d√≠as fecha, ni tovieran todo el aparejo ans√≠ presto como aqu√≠ se les dava. No dexara yo de enbiar al Catayo por v√≠a de los mantenimientos, bien que estuvi√©semos en ne√ßesidad, si las caravelas estuvieran adovadas a buen tiempo; la mayor queda por remojar en tierra.

La nao Gallega, aunque no se perdiera en la mar, apodre√ßiera en tierra, porque av√≠a menester muy gran adovio. No crea V. Al. que todo esto nos falta por diligen√ßia ni por ingenio ni porque no se faze √°spero y dulze y con mill artes, que √ßertifico a V. Al. que, despu√©s que estoy ac√°, se me a acortado diez a√Īos de vida, porque me angostio en gran manera en ver tan poca fee y temor de Dios. Este adovio de los nav√≠os a sido causa de aver perdido el descubrir este a√Īo y de pagar la gente de[l] mar, aunque en la tierra todos an travajado lo que an podido.

La nao grande ya av√≠a bien servido y hera ya innabegable: la una y la otra bien pagaron la costa para estar aqu√≠ en lo que se av√≠a limitado, porque ambas se truxeron por fortaleza en las Yndias; agora ya est√°n todas llanas, y nos muy fuertes en la tierra adentro. Yo las mandara desfazer amas, porque navegar sin adovio muy grande hera inposible; y de cuanto nos aprobecharon aqu√≠ en el comien√ßo, agora nos inpiden en la ovedien√ßia de los indios, en la cual estavan endere√ßados, diziendo que en ellas nos quer√≠amos ir a Castilla, e no lo pod√≠an creer, e a√ļn agora no se quieren creer por muy √ßierto, que ayamos de estar aqu√≠ para siempre de contino.

En el mes de jullio en un 'Memento' se engendró un viento con un terremoto y tanta tempestad del hielo no muy lejos, do vino por línea derecha de parte de levante por esta sierra al luengo de la mar, arrancando los árboles que dende la criança de Adán heran nacidos; y vino a parar aquí a la Ysavela, adonde sin ninguna tormenta de mar quebró las amarras a estas naos y las hechó a fondo junto con tierra.

No peligró en ellas criatura. Espantados quedan los indios, en espeçial los antiguos, que dizen que jamás acaeçió otro terremoto que acá se supiese, e nos hechan culpa. Una cosa acaeze aquí que paresçe maravilla, que después que aquí estamos an cresçido las aguas de la mar más de dos brazas de tierra adentro, que, adonde solía ser seco, ay fondo. El puerto es bueno y se amuestra en todas estas tierras no deve aver avido tormenta jamás, porque los árboles y yervas están metidas hasta el agua.

Otro puerto tenemos aquí al este a tres leguas, que de Gracia se llama. Cabrán en él todas las naos del mundo; la entrada será de setenta pasos y allí todas las naos pueden estar sin amarras. Otro tenemos aquí al poniente como Montechristo, no menos digno que el primero. No se hizo aquí la poblaçión por defecto de las aguas dulçes y la salida de la vega. Cuando esto acontesçió yo estava en la Conçebçión edificando en la casa, mas no hize mengua.

Por no perder tiempo e porque se hiziese algo en las cosas de la mar, enbi√© una fusta de remos a descubrir la isla de Babueca, la cual nos demora aqu√≠ al norte; y la fallaron con otras veinte y dos o veinte y tres [islas] entre grandes y peque√Īas. Todas son pobladas d'esta gente, y fallaron grandes pesquer√≠as y en especial de ca√ßones, seg√ļn dixeron, e en cantidad, como al cavo de Bojador en Guinea, all√≠ donde ten√≠an el debate los de Palos con los portugueses, porque es cosa rica.

Bolvi√≥se la fusta por falta de mantenimientos, y despu√©s tornava a la enpresa, y el viento contrario la llev√≥ a una isla en comarca aquella de San Salvador, la primera en que yo des√ßend√≠ en las Yndias. Hera √©sta bien poblada, y all√≠ fallaron rastro de perlas, como ber√° V. Al. Por las otras cosas. Torn√≥ aqu√≠ la fusta sin que pudiese tornar a mirar esto [d]esta pesquer√≠a, la cual, si ans√≠ es como cuentan, vale tanto como una mina, porque en Guinea no pueden pescar salvo dos meses del a√Īo, y aqu√≠ pescar√°n de contino.

Los mantenimientos nos a estorvado mucho: cuando las caravelas en que fue Anto√Īo de Torres partieron de aqu√≠ no nos quedaron √ßien cah√≠√ßes de trigo; e es un a√Īo, y por las personas que ac√° estamos, a nueve √ßelemines en el mes, no nos bastan cuarenta y √ßinco cah√≠zes al mes, ni nos qued√≥ salvo doze toneles de vino, y de todas las otras cosas muy poco. Infinit√≠simas gra√ßias sean dadas al eterno Dios, que aunque [en] toda la isla a avido tanta hambre, a nos siempre a da[n]do pan abondo.

Bien que la hambre aya sido y es tan grande en la isla y nos aya estorvado de saver muchos secretos, Nuestro Se√Īor me dio forma que harto e savido e visto. Ya dixe que en toda la provin√ßia de √áibao se halla oro, y mayor cantidad en un lugar cavando que en otro. D'estos tales e bien hallado doze que, cuanto m√°s se ba al fondo, se hallan granos m√°s grandes. Ya dixe que se av√≠a hallado uno que pess√≥ veinte honzas, y el mesmo muestra que no est√° solo. Una mina de aqu√≠ hall√© que me pareze muy fina; otra de cobre, de la cual se sac√≥ grano de √ßinco arrovas, que creo que tiene liga; todo esto es a la redonda de Santo Tom√°s.

Y hall√© dos monta√Īas grandes en que ay mucho √°mbar, del[a] cual ver√°n V. Al., y otra en que ay mucha piedra verde. De otra sierra en que ay mucho √°mbar me dieron nuevas, y de otras dos minas de cobre y otra de azul. Los mantenimientos nos hazen mucha dificultad a labrar algunas d'estas minas de mar; en sierras no fuera tanta, si en la isla o en la comarca oviera pan en abundan√ßia. Si se persevera a traer ac√° bestias, presto abr√° recuas, y tanbi√©n no se debr√≠a de dexar de enbiar ac√° maestros de minas y aparejos para labrar en ellas.

Entretanto har√© yo lo que pudiere. Yo ten√≠a con√ßertado ya [con] ca√ßiques que ten√≠an √ßincuenta mill 'nabur√≠as', a que nos basallos llamamos, que todos av√≠an de dar un caxcavel de cuatro en cuatro lunas, y con grande parte d'ellos en tres lunas fue el con√ßierto primero: llegava esto m√°s de un cuento de ducados cada a√Īo.

Subçedió esta hambre y muerte que a sido más que pestilençia, y proseguí todavía más en esto de Çibao que en otra parte, que, como dixe arriba, luego en la primera [vez] que vine a la provinçia hize allí estançia, e arrancaron los indios los panes y destruyeron la tierra, pensando que la neçesidad nos hecharía. Yo hize proveer la gente de bastimentos nuestros con recua, y ellos, después que vieron la porfía, sembraron y demandaron paz, porque muchas vezes avían provado con nosotros la guerra.

Las aguas del hielo no les an acudido a sus panes y simientes y, √ßierto, faltan las tres o cuatro partes de la gente de la provin√ßia y no es acabado, que, aunque despu√©s de llovido ayan sembrado y mucho, no lo an podido esperar que madure, y ans√≠ lo an comido en fresco, que ya est√° como de primero; berdad es que siembran de contino, mas la hambre no los da lugar que lo dexen llegar a perfecto. Nuestro Se√Īor probea all√≠ y a todo cavo su mano de misericordia.

Ya an començado a pagar, como dixe arriba, el tributo. No fue el oro cosa de sustançia, mas en mucho tove la forma agora al tiempo de la paga (?) y la causa del çerco de nuestros christianos me hizo pasar bien setenta leguas, y después fue menester el despacho de los navíos.

Los indios que all√° se enbiaron quiso bien Nuestro Se√Īor, porque ac√° murieran de hambre como sus vezinos y no fuera ninguno d'ellos christiano[s] ; tanto, yo creo, tanto fuera d'estos otros. Y si all√° murieren no crea V. Al. sea por el fr√≠o, porque ac√° ay lugares donde lo padezcan tan √°spero los desnudos como en Burgos aqu√©llos que traen ropa.

Yo e visto acá a las vezes toda una vega blanca de helada, y se a visto mucho yelo, e esto en el mes de agosto; y en este medio tiempo, cuando yo fui al çerco de nuestros christianos, se helaron cuatro indios en el camino adonde un agua del çielo llovió sobre ellos. Digo qu'el frío no es la diferençia a los indios, salvo el provar de la tierra a nadie casi perdona. Yo los beo acá tan regios y dispuestos y hermosos qu'es maravilla, y agudísima gente todos a una mano, y sus obras dan d'ello testimonio. Ellos son muy grandes caladores y andadores qu'es maravilla: yo e visto continuar treinta leguas a algunos d'ellos.

Comen muy poco salvo si les es dado de otras personas, que comerán por tres de nosotros. Sus viandas son todas muy ligeras y degistivas, y ay las mejores aguas que ay debajo del çielo, aunqu'ellos beven muy poco. Ansimesmo las mugeres travajan qu'es maravilla: ellas mesmas plantan la yuca de que hazen el pan y los ajes y los cogen y todo otro mantenimiento. La caça y pesquería es ofiçio d'ellos y cabar la tierra para sementera.

De todo lo otro probeen las mugeres, y no las caçicas, qu'éstas están más regaladas y con descanso que hijas de duques en christianos; no serán buenas esclavas para servir, mas saben labrar de mano cosas de algodón bien sotiles; las otras cre[er]ía yo que no las aya las parejas en el mundo, ni moras ni de otras tierras, y ensimismo digo de los hombres para deprender cualquier cosa sotil y letras, y digo que creo que [a] una mano no los aya más de ingenio y en espeçial si son moços.

Lo que creo [es] que allá los indios, después de [le] provar la tierra, le haga dampno el [mal] govierno y mucho comer y viandas pesadas. Veirán V. Al. qué tales salirán aquellos que tubieren buen gobierno, que les çertifico que no ay dinero que los compre; y vean si será bien tomar seis o ocho muchachos y fazellos apartar y deprender letras en el estudio, que creo que saldrán en deprender en breve tiempo: bien presto ellos deprenderán allá y nos acá su lengua, y abrá lugar nuestro deseo.

Ac√° abemos conocido que una gran parte de los √°rboles son de moreras y avemos fecho la prueva. Har√≠ase ac√° seda todo el a√Īo, porque jam√°s pierden la hoja y dos bezes dan fruto. Dizen algunos que saven del ofi√ßio que ser√≠a la seda, que aqu√≠ se podr√≠a hazer, cosa estrema. De algod√≥n no ay medio, y asimesmo de la pimienta, con otras cosas de espe√ßer√≠a y tinturas, como yo ya e escripto otras vezes. De la pesquer√≠a ya dixe otras vezes arriba, mas no de un pescado que ac√° llaman 'manet√≠', qu'es mayor que un bezerro, y la carne d'√©ste no tiene[n] conpara√ßi√≥n con todo lo otro.

Yo bien enbié el otro día la barca con una red nueva a Montechristo porque matasen alguno para V. Al., y su mal navegar y no tener en estima cosa hizo que se hanegaron; y fue castigo de Dios que nos amuestra, que aunque yo más escriviese, no podría dezir cuánto acá se nos a olvidado la conçiençia.

Y todav√≠a no cree nadie que Dios bea; yo s√© que castiga y no pasa as√≠ de ligero las cosas del des[a]grade√ßimiento. R√≥npense a las vezes las cuerdas y quedan los nav√≠os en peligro, y los marineros hechan la culpa qu'es el c√°√Īamo malo y son viejas, e yo digo que son se√Īales por donde Nuestro Se√Īor nos amuestra; mas todo es predicar en desierto.

Yo enb√≠o a V. Al. a Cahonaboa y su hermano. Este es el mayor ca√ßique de la isla y m√°s esfor√ßado y de ingenio. Si √©ste deprende a hablar, dir√° todas las cosas d'esta tierra mejor que nadie, porque no ay cosa que de toda suerte qu'√©l no sepa. La Sant√≠sima Trinidad el muy alto estado de V. Al. guarde y pospere al Su alto servi√ßio para siempre. Fecha en la isla Espa√Īola, en la vega de Maguana a XV de octubre de JU CCCCCXV a√Īos.

Fuente:

http://www.cervantesvirtual.com/historia/colon/doc20.shtml

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El tercer viaje a las Indias. Otra carta de Cristóbal Colón a los Reyes Católicos.
1498


Part√≠ en nombre de la Sant√≠sima Trinidad el mi√©rcoles 30 de mayo de 1498 de Sanl√ļcar de Barrameda y navegu√© a las Islas Madera por camino no acostumbrado, por evitar los perjuicios que me hubiera causado una armada francesa que me aguardaba cerca del cabo de San Vicente, y de all√≠ a las Islas Canarias. De aqu√≠ part√≠ con una nave y dos carabelas; envi√© los otros nav√≠os directamente a la Isla Espa√Īola, y yo navegu√© rumbo al Sur con prop√≥sito de llegar a la l√≠nea equinoccial, y de all√≠ seguir al Poniente hasta que la Espa√Īola quedase al Norte.

Llegando a las islas de Cabo Verde (falso nombre, porque son tan secas que no vi en ellas cosa verde alguna) con toda la gente enferma, no osé detenerme en ellas y navegué al Sudoeste 480 millas, donde anocheciendo tenía la Estrella Polar en cinco grados. Allí me desamparó el viento y entré en una zona de calor y tan grande, que creí que se me quemarían los navíos y la gente. El desorden fue tal que no había persona que osase descender bajo cubierta a reparar las vasijas y víveres.

Dur√≥ este calor ocho d√≠as, el primero de los cuales fue soleado y los siete siguientes de lluvia y nublados, que si hubiesen sido soleados como el primero creo que no hubi√©ramos podido escapar de manera alguna. Plugo a Nuestra Se√Īora, al cabo de esos ocho d√≠as, darme buen viento de Levante y yo segu√≠ al Poniente, mas no os√© declinar hacia el Sur porque hall√© grand√≠simo cambio en el cielo y las estrellas. Decid√≠, pues, mantener rumbo Oeste y navegar a la altura de Sierra Leona hasta donde hab√≠a pensado encontrar tierra para reparar los nav√≠os, remediar la escasez de v√≠veres y tomar agua, que ya no ten√≠a.

Al cabo de diecisiete d√≠as en que Nuestro Se√Īor me dio viento favorable, el martes 31 de julio, al mediod√≠a, avistamos tierra. Yo la esperaba desde el lunes anterior y hab√≠a mantenido el rumbo invariable hasta entonces, mas el martes, al salir el sol, careciendo ya de agua, decid√≠ dirigirme a las islas de los caribes y tom√© esa direcci√≥n. Como su Alta Majestad siempre ha usado de misericordia conmigo, por suerte subi√≥ un marinero a la gavia y vio al Poniente tres monta√Īas juntas.

Dijimos la Salve Regina y otras oraciones, y dimos todos muchas gracias a Nuestro Se√Īor; despu√©s dej√© el camino al Norte y me dirig√≠ a tierra; llegu√© con el crep√ļsculo al cabo que llam√© De la Galea [hoy cabo Galeote] despu√©s de haber bautizado a la isla con el nombre de Trinidad. All√≠ hubiera encontrado puerto de haber sido m√°s hondo; hab√≠a casas, gente y muy lindas tierras, tan hermosas y verdes como las huertas de Valencia en marzo. Pesome cuando no pude entrar a puerto, y recorr√≠ la costa hasta el extremo Oeste; navegadas cinco leguas hall√© fondo y ancl√© las naves.

Al d√≠a siguiente me di a la vela buscando puerto para reparar los nav√≠os y tomar agua y v√≠veres. Tom√© una pipa de agua y con ella anduve hasta llegar al cabo; all√≠ hall√© abrigo del viento de Levante y buen fondo, donde mand√© a echar el ancla, reparar los toneles y tomar agua y le√Īa, y envi√© gente a tierra a descansar de tanto tiempo que andaban penando.

A esta punta la llam√© Del Arenal [hoy punta de Icacos] y all√≠ se hall√≥ la tierra hollada de unos animales que ten√≠an las patas como de cabra que, seg√ļn parece, hab√≠a en abundancia, aunque no se vio sino uno muerto. Al d√≠a siguiente vino del Oriente una gran canoa con 24 hombres, todos mancebos, muy ataviados y armados de arcos, flechas y escudos, de buena figura y no negros, sino m√°s blancos que los otros que he visto en las Indias, de lindos gestos y hermosos cuerpos, con los cabellos cortados al uso de Castilla.

Tra√≠an la cabeza atada con un pa√Īuelo de algod√≥n tejido a labores y colores tan finos, que yo cre√≠ eran de gasa. Tra√≠an otro de estos pa√Īuelos ce√Īido a la cintura y se cubr√≠an con √©l en lugar de taparrabo. Cuando lleg√≥ la canoa sus ocupantes hablaron de lejos, y ni yo ni otro alguno les entendimos, mas yo les mandaba a hacer se√Īas de acercarse. En esto se pasaron m√°s de dos horas; si se aproximaban un poco, luego se alejaban.

Yo les hac√≠a mostrar bacines y otras cosas que luc√≠an enamor√°ndolos para que viniesen; al cabo de buen rato se acercaron algo m√°s de lo que hasta entonces hab√≠an hecho. Yo deseaba lograr informaci√≥n, y no teniendo ya cosa que mostrarles para atraerlos mand√© subir un tamboril al castillo de popa para que ta√Īesen, y unos mancebos para que danzasen, creyendo que se acercar√≠an a ver la fiesta; mas cuando vieron ta√Īer y danzar dejaron los remos y echaron mano a los arcos y los encordaron, embraz√≥ cada uno su escudo y comenzaron a tirarnos flechas.

Ces√≥ el ta√Īer y el danzar y mand√© a sacar una ballesta; ellos me dejaron y se dirigieron a otra carabela y de golpe se fueron debajo de la popa. El piloto entr√≥ con ellos y dio un sayo y un bonete al que le pareci√≥ ser el principal de la canoa, concertando que ir√≠a a hablar con ellos a la playa. √Čstos all√° se fueron y le esperaron, pero como √©l no quiso ir sin mi licencia, al verlo venir con la barca a mi nave regresaron a la canoa y se fueron; nunca m√°s los vi, ni a ellos ni a otros de esta isla.

Cuando llegu√© a la punta del Arenal hall√© una boca grande, de dos leguas de anchura de Poniente a Levante, que se abre entre la isla de Trinidad y la Tierra de Gracia; para pasar al Sur hab√≠a que pasar unos hileros de corrientes que atravesaban la boca y tra√≠an un rugir muy grande; cre√≠ que ser√≠a un arrecife de bajos y pe√Īas infranqueables.

Detr√°s de √©sta hab√≠a otro hilero, y otro m√°s, trayendo todos un rugir tan grande como las olas de la mar que van a romper y dar en pe√Īas. Fonde√© en dicha punta, fuera de la boca, y hall√© que ven√≠a agua del Oriente hasta el Poniente con tanta furia como hace el Guadalquivir en tiempos de avenida, y esto continu√≥ d√≠a y noche, tanto que cre√≠ que no podr√≠a volver atr√°s por la corriente ni ir adelante por los bajos. En la noche, ya muy tarde, estando a bordo de la nave o√≠ un rugir muy terrible que ven√≠a del Sur hacia nosotros.

Me par√© a mirar y vi que, levantando la mar de Poniente a Levante, ven√≠a una loma tan alta como la nave, y todav√≠a ven√≠a hacia m√≠ poco a poco; sobre ella ven√≠a un hilero de corriente rugiendo con gran estr√©pito, con aquella furia del rugir que dije me parec√≠an ondas de la mar que daban en pe√Īas. A√ļn hoy en d√≠a tengo el miedo en el cuerpo, pues cre√≠ me volcar√≠a la nave cuando llegase bajo ella. Pas√≥ la ola y lleg√≥ hasta la boca, donde se mantuvo por mucho tiempo.

Al d√≠a siguiente env√≠e la barca a sondear la boca y hall√© que en el lugar m√°s bajo ten√≠a seis o siete brazas de fondo, y de continuo andaban aquellos hileros, unos por entrar y otros por salir. Plugo a Nuestro Se√Īor darme buen viento y atraves√© la boca hacia adentro, donde hall√© tranquilidad. Por suerte se sac√≥ agua del mar y la hall√© dulce.

Navegué hacia el Sur, hasta una sierra muy alta, distante unas 26 leguas de la punta del Arenal; allí habían dos cabos de tierra muy alta, el uno hacia el Oriente, perteneciendo a la isla de Trinidad, y el otro hacia Occidente, correspondiente a la Tierra de Gracia. Hallé una boca muy angosta [Boca Grande] más estrecha que la existente en la punta del Arenal con los mismos hileros y el mismo rugir fuerte del agua; como allá, la mar era dulce.

Hasta entonces yo no había logrado información de ninguna gente de estas tierras, y lo deseaba vivamente. Por tanto, navegué a lo largo de la costa hacia el Poniente; cuanto más andaba hallaba el agua de la mar más dulce y sabrosa. Navegando un gran trecho, llegué a un lugar cuyas tierras me parecieron labradas; allí fondeé y envié las barcas a tierra, donde hallaron que los habitantes se habían ido recientemente, y encontraron el monte cubierto de monos; regresaron, y considerando que ésta era tierra montuosa y que me parecía que hacia el Poniente las tierras eran más llanas y estarían más pobladas, mandé levar anclas y recorrí la costa hasta el cabo de la serranía, donde anclé en un río. Luego vino mucha gente, y me dijeron que llamaban a esta tierra Paria, y que hacia el Poniente estaba más poblado.

Tom√© cuatro de ellos y navegu√© hacia ese rumbo; andadas unas ocho leguas, m√°s all√° de una punta que llam√© De la Aguja [punta de Alcatraces] hall√© las tierras m√°s hermosas del mundo, muy pobladas. Llegu√© all√≠ una ma√Īana, antes del mediod√≠a, y por ver este verdor y esta hermosura acord√© fondear y ver los pobladores, de los cuales algunos vinieron en canoas a rogarme, de parte de su rey, que descendiese a tierra.

Cuando vieron que no hice caso de ellos vinieron a la nave en numerosas canoas, y muchos tra√≠an piezas de oro al cuello, y algunos, perlas atadas a sus brazos. Me alegr√≥ mucho verlas y procur√© con empe√Īo saber d√≥nde las hallaban; me dijeron que all√≠ y en la parte Norte de aquella tierra.

Quise detenerme, mas los v√≠veres que tra√≠a, trigo, vino y carne para esta gente de ac√°, que obtuve en Espa√Īa con tanta fatiga, se me hubieran echado a perder. Por tanto, yo no buscaba sino llevar los bastimentos a lugar seguro y no detenerme en parte alguna.

Procuré conseguir algunas perlas y envié las barcas a tierra. Esta gente es muy numerosa, toda muy bien parecida, del mismo color que los que vi, y muy tratable; la gente nuestra que fue a tierra los halló muy tratables, y fueron recibidos muy honrosamente. Dicen que luego que llegaron las barcas a tierra vinieron dos personajes principales con todo el pueblo; creen que el uno era el padre y el otro el hijo. Los llevaron a una casa muy grande hecha a dos aguas, no redonda como tiendas de campo cual son otras.

Allí tenían muchas sillas donde los hicieron sentar y también ellos tomaron asiento, e hicieron traer pan, gran variedad de frutas y vino de muchas clases, blanco y tinto, aunque no de uvas; deben ser producidos de diversas frutas, así como de maíz, que es una simiente que hace una espiga como una mazorca, de la cual llevé yo allá y hay mucha en Castilla; parece que el que lo producía mejor lo tenía en alta estima y lo vendía en alto precio.

Los hombres estaban todos juntos a un extremo de la mesa y las mujeres al otro. Recibieron ambas partes gran pena porque no podían entenderse, ellos para preguntar a los otros por nuestra patria, y los nuestros por saber de la de ellos. Después de haber comido en casa del más viejo los llevó el mozo a la suya, donde hicieron otro tanto. Más tarde los llevaron a las barcas en que vinieron a la nave.

Yo lev√© anclas porque andaba muy deprisa por poner en lugar seguro los v√≠veres que hab√≠a obtenido con tanta fatiga, y que estaban deterior√°ndose, y tambi√©n por remediarme a m√≠ mismo, pues estaba enfermo de los ojos por falta de sue√Īo; pues si bien es cierto que cuando fui a descubrir la Tierra Firme estuve treinta y tres d√≠as sin dormir y qued√© alg√ļn tiempo sin vista, no se me da√Īaron tanto los ojos ni se me inyectaron de sangre, ni sufr√≠ tantos dolores como ahora.

Esta gente, como ya dije, son todos de muy linda estatura, altos de cuerpo y de lindos gestos, de cabellos largos y lacios, y traen las cabezas atadas con unos pa√Īuelos labrados, como ya dije, hermosos, que parecen de lejos de seda y gasa; traen otro m√°s largo ce√Īido a manera de taparrabo, tanto los hombres como las mujeres. El color de esta gente es m√°s blanco que otros que he visto en las Indias; todos tra√≠an al cuello algo a la usanza de esta tierra, y muchos tra√≠an piezas de oro bajo colgadas al cuello.

Sus canoas son muy grandes y de mejor hechura que otras que he visto, y m√°s livianas; en medio de cada una tienen un apartamento como c√°mara, en que vi andaban los principales con sus mujeres. Llam√© a este lugar Jardines porque esto asemejan. Asiduamente procur√© saber d√≥nde cog√≠an aquel oro, y todos me se√Īalaban una tierra frente a ellos hacia el Poniente que era alta, mas no lejana. Pero todos me dec√≠an que no fuera, porque all√° se com√≠an a los hombres, de lo que deduje que sus habitantes eran can√≠bales y que ser√≠an como los caribes, mas despu√©s he pensado que pudiera ser que lo dijeran porque all√≠ hab√≠an animales feroces.

Tambi√©n les pregunt√© d√≥nde cog√≠an las perlas, y me se√Īalaron el Poniente y el Norte, detr√°s de las tierras en que est√°bamos. No intent√© comprobarlo por lo de los v√≠veres, por la enfermedad de mis ojos y porque una nave grande que traigo no es apropiada para semejante hecho.

El tiempo transcurrido en tierra fue breve y se pasó todo en preguntas. Cuando los nuestros regresaron a los navíos, lo que sería al atardecer, levé anclas y navegué al Poniente, y así mismo al día siguiente, hasta que hallé que no habían más que tres brazas de fondo, creyendo yo todavía que ésta era una isla y que no podría salir al Norte; y así visto, envié una carabela ligera adelante a ver si había salida o si estaba cerrado. Así anduve mucho camino hasta un golfo grande, en el cual parecía que habían otros cuatro medianos, saliendo de uno de ellos un río grandísimo. Hallaron siempre cuatro brazas de fondo y el agua muy dulce, en cantidad tan grande como jamás antes vi.

Quedé muy descontento cuando comprendí que no podía salir al Norte, al Sur ni al Poniente porque estaba cercado por todas partes de tierra; por tanto, levé anclas y torné atrás para salir al Norte por la boca que antes descubrí, sin poder regresar a la población que había visitado por causa de las corrientes, que me desviaron. En todo cabo hallaba el agua dulce y clara que me llevaba con fuerza al Oriente, hacia las dos bocas a que me he referido; entonces conjeturé que los hilos de la corriente y aquellas lomas que salían y entraban en estas bocas con aquel rugir tan fuerte era la pelea del agua dulce con la salada.

La dulce empujaba a la otra para que no entrase, y la salada luchaba para que la otra no saliese. Conjeturé que allí donde están situadas las dos bocas en un tiempo hubo tierra continua que unía la isla de Trinidad con Tierra de Gracia, como podrán ver Vuestras Altezas del mapa que con ésta les envío.

Salí por la boca del Norte y hallé que el agua dulce siempre vencía; cuando pasé, lo que hice a fuerza de viento, estando en una de aquellas lomas hallé en aquellos hilos de la parte de dentro el agua dulce, y en los de fuera, salada.

Yo siempre creí que la Tierra era esférica; las autoridades y las experiencias de Ptolomeo y todos los demás que han escrito sobre este tema daban y mostraban como ejemplo de ello los eclipses de luna y otras demostraciones que hacen de Oriente a Occidente, como el hecho de la elevación del Polo de Septentrión en Austro.

Mas ahora he visto tanta deformidad que, puesto a pensar en ello, hallo que el mundo no es redondo en la forma que han descrito, sino que tiene forma de una pera que fuese muy redonda, salvo allí donde tiene el pezón o punto más alto; o como una pelota redonda que tuviere puesta en ella como una teta de mujer, en cuya parte es más alta la tierra y más próxima al cielo. Es en esta región, debajo de la línea equinoccial, en el Mar Océano, el fin del Oriente, donde acaban todas las tierras e islas...

Torno a mi propósito referente a la Tierra de Gracia, al río y lago que allí hallé, tan grande que más se le puede llamar mar que lago, porque lago es lugar de agua, y en siendo grande se le llama 'mar', por lo que se les llama de esta manera al de Galilea y al Muerto.

Y digo que si este río no procede del Paraíso Terrenal, viene y procede de tierra infinita, del Continente Austral, del cual hasta ahora no se ha tenido noticia; mas yo muy asentado tengo en mi ánima que allí donde dije, en Tierra de Gracia, se halla el Paraíso Terrenal.

Y ahora, hasta tanto sepan las noticias de las nuevas tierras que he descubierto, en las cuales tengo asentado en mi ánima que está el Paraíso Terrenal, irá el Adelantado con tres navíos bien aviados para ello a ver más adelante, y descubrirá todo lo que pudiere hacia aquellas partes.

Entretanto yo enviar√© a Vuestras Altezas esta carta y el mapa de las nuevas tierras, y acordar√°n lo que se deba hacer, y me enviar√°n sus √≥rdenes, que se cumplir√°n diligentemente con ayuda de la Sant√≠sima Trinidad, de manera que Vuestras Altezas sean servidos y hayan placer. Deo gratia¬Ľ.

Fuente:

http://www.cervantesvirtual.com/historia/colon/doc24.shtml

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El cuarto viaje a las Indias. Carta de Cristóbal Colón a los Reyes Católicos.
Jamaica, 7 de julio de 1503.


Isla de Jamaica, 7 de julio de 1503:

Seren√≠simos y muy altos y poderosos Pr√≠ncipes, Rey y Reina, Nuestros Se√Īores: De C√°diz pas√© a Canaria en cuatro d√≠as, y dende a las Indias en diecis√©is d√≠as, donde escrib√≠ a V. M. que mi intenci√≥n era dar prisa a mi viaje, en cuanto yo ten√≠a los nav√≠os buenos, la gente y los bastimentos, y que mi derrota era en la isla de Jamaica; y en la Dominica escrib√≠ esto. Hasta all√≠ traje el tiempo a pedir por la boca. Esa noche que all√≠ entr√© fue con tormenta grande y me persigui√≥ despu√©s siempre.

Cuando llegu√© sobre la Espa√Īola envi√© el envoltorio de cartas y a pedir por merced un nav√≠o por mis dineros, porque otro que yo llevaba era innavegable y no sufr√≠a velas. Las cartas tomaron, y sabr√°n si se las dieron. La respuesta para m√≠ fue mandarme de parte de V. M. que yo no pasase ni llegase a la tierra. Cay√≥ el coraz√≥n a la gente que iba conmigo, por temor de los llevar yo lejos, diciendo que si alg√ļn caso de peligro les viniese, que no ser√≠an remediados all√≠; antes les ser√≠a hecha alguna grande afrenta. Tambi√©n a quien plugo, dijo que el Comendador hab√≠a de proveer las tierras que yo ganase.

La tormenta era terrible, y en aquella noche me desmembr√≥ los nav√≠os; a cada uno llev√≥ por su cabo sin esperanzas, salvo de muerte; cada uno de ellos ten√≠a por cierto que los otros eran perdidos. ¬ŅQui√©n naci√≥, sin quitar a Job, que no muriera desesperado que por mi salvaci√≥n y de mi hijo, hermano y amigos me fuese en tal tiempo defendida la tierra y puertos que yo, por voluntad de Dios, gan√© a Espa√Īa sudando sangre?

Y torno a los nav√≠os, que as√≠ me hab√≠a llevado la tormenta y dejado a m√≠ solo. Depar√≥melos Nuestro Se√Īor cuando le plugo. El nav√≠o sospechoso hab√≠a echado a la mar, por escapar, hasta la g√≠sola; la Gallega perdi√≥ la barca, y todos gran parte de los bastimentos; en el que yo iba, abalumadoa maravilla, Nuestro Se√Īor le salv√≥ que no hubo da√Īo de una paja.

En el sospechoso iba mi hermano; y él, después de Dios, fue su remedio. Y con esta tormenta así a gatas me llegué a Jamaica. Allí se mudó de mar alta en calmería y grande corriente, y me llevó hasta el Jardín de la Reina sin ver tierra. De allí, cuando pude, navegué a la tierra firme, adonde me salió el viento y corriente terrible al opósito; combatí con ellos sesenta días, y en fin no lo pude ganar más de setenta leguas.

En todo este tiempo no entr√© en puerto, ni pude ni me dej√≥ tormenta del cielo, agua y trombones y rel√°mpagos de continuo, que parec√≠a el fin del mundo. Llegu√© al cabo de Gracias a Dios, y de all√≠ me dio Nuestro Se√Īor pr√≥spero el viento y corriente.

Esto fue a 12 de septiembre. Ochenta y ocho días había que no me había dejado espantable tormenta, tanto que no vi el sol ni estrellas por mar, que a los navíos tenía yo abiertos, a las velas rotas, y perdidas anclas y jarcia, cables, con las barcas y muchos bastimentos, la gente muy enferma y todos contritos y muchos con promesa de religión y no ninguno sin otros votos y romerías. Muchas veces habían llegado a se confesar los unos a los otros. Otras tormentas se han visto, mas no durar tanto ni con tanto espanto.

Muchos esmorecieron, harto y hartas veces, que ten√≠amos por esforzados. El dolor del hijo que yo ten√≠a all√≠ me arrancaba el √°nima, y m√°s por verle de tan nueva edad de trece a√Īos en tanta fatiga y durar en ello tanto. Nuestro Se√Īor le dio tal esfuerzo que √©l avivaba a los otros, y en las obras hacia √©l como si hubiera navegado ochenta a√Īos, y √©l me consolaba. Yo hab√≠a adolecido y llegado hartas veces a la muerte. De una camarilla que yo mand√© hacer sobre cubierta mandaba la v√≠a.

Mi hermano estaba en el peor nav√≠o y m√°s peligroso. Gran dolor era el m√≠o, y mayor porque lo traje contra su grado, porque, por mi dicha, poco me han aprovechado veinte a√Īos de servicio que yo he servido con tantos trabajos y peligros, que hoy d√≠a no tengo en Castilla una teja; si quiero comer o dormir no tengo, salvo el mes√≥n o taberna, y las m√°s de las veces falta para pagar el escote. Otra l√°stima me arrancaba el coraz√≥n por las espaldas, y era don Diego, mi hijo, que yo dej√© en Espa√Īa tan hu√©rfano y desposesionado de mi honra y hacienda; bien que ten√≠a por cierto que all√≠, como justos y agradecidos Pr√≠ncipes, le restituir√°n con acrecentamiento en todo.

Llegu√© a tierra de Cariay, adonde me detuve a remediar los nav√≠os y bastimentos y dar aliento a la gente, que ven√≠a muy enferma. Yo, que, como dije, hab√≠a llegado muchas veces a la muerte, all√≠ supe de las minas del oro en la provincia de Ciamba, que yo buscaba. Dos indios me llevaron a Cerambur√ļ, adonde la gente anda desnuda y al cuello un espejo de oro, mas no le quer√≠an vender ni dar a trueque.

Nombráronme muchos lugares en la costa de la mar, adonde decían que había oro y minas; el postrero era Veragua, y lejos de allí obra de veinticinco leguas. Partí con intención de los tentar a todos, y, llegado ya el medio, supe que había minas a dos jornadas de andadura. Acordé de enviarlas a ver. Víspera de San Simón y Judas, que había de ser la partida, en esa noche se levantó tanta mar y viento que fue necesario de correr hacia adonde él quiso; y el indio adalid de las minas siempre conmigo.

En todos estos lugares adonde yo hab√≠a estado hall√© verdad todo lo que yo hab√≠a o√≠do: esto me certific√≥ que es as√≠ de la provincia de Ciguare, que seg√ļn ellos es descrita a nueve jornadas de andadura por tierra al Poniente: all√≠ dicen que hay infinito oro y que traen corales en las cabezas, manillas a los pies y a los brazos de ello y bien gordas, y de √©l sillas, arcas y mesas las guarnecen y enforran. Tambi√©n dijeron que las mujeres de all√≠ tra√≠an collares colgados de la cabeza a las espaldas. En esto que yo digo, la gente toda de estos lugares concierta en ello, y dicen tanto que yo ser√≠a contento con el diezmo. Tambi√©n todos conocieron la pimienta.

En Ciguare usan tratar en ferias y mercader√≠as; esta gente as√≠ lo cuenta, y me mostraban el modo y forma que tienen en la barata. Otros√≠ dicen que las naos traen bombardas, arcos y flechas, espadas y corazas, y andan vestidos, y en la tierra hay caballos, y usan la guerra, y traen ricas vestiduras y tienen buenas cosas. Tambi√©n dicen que la mar boja a Ciguare, y de all√≠ a diez jornadas es el r√≠o de Ganges. Parece que estas tierras est√°n con Veragua como Tortosa con Fuenterrab√≠a o Pisa con Venecia. Cuando yo part√≠ de Cerambur√ļ y llegu√© a esos lugares que dije, hall√© la gente en aquel mismo uso, salvo que los espejos del oro quien los ten√≠a los daba por tres cascabeles de gavil√°n por el uno, bien que pasasen diez o quince ducados de peso.

En todos sus usos son como los de La Espa√Īola; el oro cogen con otras artes; bien que todos son nada con los de los cristianos. Esto que yo he dicho es lo que oigo. Lo que yo s√© es que el a√Īo de noventa y cuatro navegu√© en veinticuatro grados al Poniente en t√©rmino de nueve horas, y no pudo haber yerro porque hubo eclipses: el Sol estaba en Libra y la Luna en Ariete. Tambi√©n esto que yo supe por palabra hab√≠alo yo sabido largo por escrito. Ptolomeo crey√≥ de haber bien remedado a Marino y ahora se halla su escritura bien pr√≥xima a lo cierto.

Ptolomeo asienta Catigara a doce líneas lejos de su Occidente, que él asentó sobre el cabo de San Vicente en Portugal dos grados y un tercio. Marino en quince líneas constituyó la tierra y términos. Marino en Etiopía escribe al lado de la línea equinoccial más de veinticuatro grados, y ahora que los portugueses la navegan le hallan cierto. Ptolomeo dice que la tierra más austral es el plazo primero y que no baja más de quince grados y un tercio.

El mundo es poco; el enjuto de ello es seis partes, la séptima solamente cubierta de agua; la experiencia ya está vista, y la escribí por otras letras y con adornamiento de la Sacra Escritura, con el sitio del Paraíso Terrenal que la Santa Iglesia aprueba. Digo que el mundo no es tan grande como dice el vulgo, y que un grado de la equinoccial, está a cincuenta y seis millas y dos tercios; pero esto se tocará con el dedo. Dejo esto, por cuanto no es mi propósito de hablar en aquella materia, salvo de dar cuenta de mi duro y trabajoso viaje, bien que él sea el más noble y provechoso.

Digo que víspera de San Simón y Judas corrí donde el viento me llevaba, sin poder resistirle. En un puerto excusé diez días de gran fortuna de la mar y del cielo: allí acordé de no volver atrás a las minas, y dejélas ya por ganadas. Partí, por seguir mi viaje, lloviendo; llegué a Puerto de Bastimentos, adonde entré y no de grado. La tormenta y gran corriente me entró allí catorce días, y después partí y no con buen tiempo.

Cuando yo hube andado quince leguas forzosamente, me repos√≥ atr√°s el viento y corriente con furia. Volviendo yo al puerto donde hab√≠a salido, hall√© en el camino al retrete, adonde me retraje con harto peligro y enojo y bien fatigado yo y los nav√≠os y la gente. Det√ļveme all√≠ quince d√≠as, que as√≠ lo quiso el cruel tiempo; y cuando cre√≠ de haber acabado, me hall√© de comienzo. All√≠ mud√© de sentencia de volver a las minas y hacer algo hasta que me viniese tiempo para mi viaje y marear. Y llegado con cuatro leguas, revino la tormenta y me fatig√≥ tanto a tanto que ya no sab√≠a de mi parte. All√≠ se me refresc√≥ del mal la llaga; nueve d√≠as anduve perdido sin esperanza de vida; ojos nunca vieron la mar tan alta, fea y hecha espuma.

El viento no era para ir adelante ni daba lugar para correr hacia alg√ļn cabo. All√≠ me deten√≠a en aquella mar hecha sangre, hirviendo como caldera por gran fuego. El cielo jam√°s fue visto tan espantoso: un d√≠a con la noche ardi√≥ como horno; y as√≠ echaba la llama con los rayos, que cada vez miraba yo si me hab√≠a llevado los m√°stiles y velas.

Venían con tanta furia espantables, que todos creíamos que me habían de hundir los navíos. En todo este tiempo jamás cesó agua del cielo, y no para decir que llovía, salvo que resegundaba otro diluvio. La gente estaba tan molida que deseaba la muerte para salir de tantos martirios. Los navíos habían perdido dos veces las barcas, anclas, cuerdas y estaban abiertos, sin velas.

Cuando plugo a Nuestro Se√Īor, volv√≠ a Puerto Gordo, donde repar√© lo mejor que pude. Volv√≠ otra vez hacia Veragua. Para mi viaje, aunque yo estuviera a ello, todav√≠a eran el viento y corrientes contrarios. Llegu√© casi adonde antes, y all√≠ me sali√≥ otra vez el viento y corrientes al encuentro.

Y volv√≠ otra vez al puerto, que no os√© esperar la oposici√≥n de Saturno con mares tan desbaratados en costa brava, porque las m√°s de las veces trae tempestad o fuerte tiempo. Esto fue d√≠a de Navidad, en horas de misa. Volv√≠ otra vez adonde yo hab√≠a salido con harta fatiga; y, pasado a√Īo nuevo, torn√© a la porf√≠a, que aunque me hiciera buen tiempo para mi viaje, ya ten√≠a los nav√≠os innavegables y la gente muerta y enferma. D√≠a de la Epifan√≠a llegu√© a Veragua, ya sin aliento.

All√≠ me depar√≥ Nuestro Se√Īor un r√≠o y seguro puerto, bien que la entrada no ten√≠a salvo diez palmos de fondo. Metime en √©l con pena, y el d√≠a siguiente record√≥ la fortuna: si me hallara fuera, no pudiera entrar a causa del banco. Llovi√≥ sin cesar hasta 14 de febrero, que nunca hubo lugar de entrar en la tierra, ni de remediar en nada; y, estando ya seguro a 24 de enero, de improviso vino el r√≠o muy alto y fuerte: quebrome las amarras y proeles, y hubo de llevar los nav√≠os, y cierto los vi en mayor peligro que nunca. Remedi√≥ Nuestro Se√Īor, como siempre hizo. No s√© si hubo otro con m√°s martirios. A 6 de febrero, lloviendo, envi√© setenta hombres la tierra adentro, y a las cinco leguas hallaron muchas minas.

Los indios que iban con ellos los llevaron a un cerro muy alto, y de allí les mostraron hacia toda parte cuanto los ojos alcanzaban, diciendo que en toda parte había oro, y que hacia el Poniente llegaban las minas veinte jornadas, y nombraban las villas y lugares, y adonde había de ello más o menos. Después supe yo que el Quibián que había dado estos indios les había mandado que fuesen a mostrar las minas lejos y de otro su contrario, y que adentro de su pueblo cogían, cuando él quería, un hombre en diez días una mozada de oro. Los indios sus criados y testigos de esto traigo conmigo. Adonde él tiene el pueblo llegan las barcas.

Volvi√≥ mi hermano con esta gente, y todos con oro que hab√≠an cogido en cuatro horas que fue all√° a la estada. La calidad es grande, porque ninguno de √©stos jam√°s hab√≠a visto minas, y los m√°s eran gente de la mar, y casi todos grumetes. Yo ten√≠a mucho aparejo para edificar y muchos bastimentos. Asent√© pueblo, y di muchas d√°divas al Quibi√°n, que as√≠ llaman al se√Īor de la tierra. Y bien sab√≠a que no hab√≠a de durar la concordia: ellos muy r√ļsticos y nuestra gente muy importunos, y me aposesionaba en su t√©rmino.

Después que él vio las cosas hechas y el tráfago tan vivo, acordó de las quemar y matarnos a todos. Muy al revés salió su propósito: quedó preso él, mujeres e hijos y criados; bien que su prisión duró poco. El Quibián se huyó a un hombre honrado, a quien se había entregado con guarda de hombres; y los hijos se huyeron a un maestre de navío, a quien se dieron en él a buen recaudo.

En enero se había cerrado la boca del río. En abril los navíos estaban todos comidos de broma y no los podía sostener sobre agua. En este tiempo hizo el río un canal, por donde saqué tres de ellos vacíos con gran pena. Las barcas volvieron adentro por la sal y agua. La mar se puso alta y fea, y no dejó salir afuera: los indios fueron muchos y juntos y las combatieron, y en fin los mataron.

Mi hermano y la otra gente toda estaban en un navío que quedó adentro, yo muy solo de fuera en tan brava costa, con fuerte fiebre; en tanta fatiga, la esperanza de escapar era muerta. Subí así trabajando lo más alto, llamando a voz temerosa, llorando y muy aprisa, los maestros de la guerra de Vuestras Altezas, a todos cuatro los vientos, por socorro; mas nunca me respondieron. Cansado, me adormecí gimiendo. Una voz muy piadosa oí, diciendo:

-¬°Oh, estulto y tardo a creer y a servir a tu Dios, Dios de todos! ¬ŅQu√© hizo √Čl m√°s por Mois√©s o por David, su siervo? Desde que naciste, siempre √Čl tuvo de ti muy grande cargo. Cuando te vio en edad de que √Čl fue contento, maravillosamente hizo sonar tu nombre en la tierra. Las Indias, que son parte del mundo tan ricas, te las dio por tuyas; T√ļ las repartiste adonde te plugo y te dio poder para ello. De los atamientos de la Mar Oc√©ana, que estaban cerrados con cadenas tan fuertes, te dio las llaves; y fuiste obedecido en tantas tierras y de los cristianos cobraste tan honrada fama.

¬ŅQu√© hizo √Čl m√°s al tu pueblo de Israel cuando le sac√≥ de Egipto, ni por David, que de pastor hizo Rey en Judea? T√≥rnate a √Čl y conoce ya tu yerro: su misericordia es infinita. Tu vejez no impedir√° a toda cosa grande. Muchas heredades tiene √Čl grand√≠simas. Abraham pasaba de cien a√Īos cuando engendr√≥ a Isaac, ni Sara era moza. T√ļ llamas por socorro. Incierto, responde, ¬Ņqui√©n te ha afligido tanto y tantas veces, Dios o el mundo?

Los privilegios y promesas que da Dios, no las quebranta, ni dice, despu√©s de haber recibido el servicio, que su intenci√≥n no era √©sta y que se entiende de otra manera, ni da martirios por dar color a la fuerza. √Čl va al pie de la letra: todo lo que √Čl promete cumple con acrecentamiento. Esto es su uso. Dicho tengo lo que tu Creador ha hecho por ti y hace con todos. Ahora -me dijo- muestra el galard√≥n de estos afanes y peligros que has pasado sirviendo a otros.

Yo, as√≠ amortecido, o√≠ todo; mas no tuve respuesta a palabras tan ciertas, salvo llorar por mis yerros. Acab√≥ √Čl de hablar, quienquiera que fuese, diciendo:

-No temas, confía: todas estas tribulaciones están escritas en piedra mármol y no sin causa.

Levanteme cuando pude; y al cabo de nueve días hizo bonanza, mas no para sacar navíos del río. Recogí la gente que estaba en tierra y todo el resto que pude, porque no estaban para quedar y para navegar los navíos. Quedara yo a sostener el pueblo con todos, si Vuestras Altezas supieran de ello.

El temor que nunca aportarían allí navíos me determinó a esto, y la cuenta que cuando se haya de proveer de socorro se proveerá de todo. Partí en nombre de la Santísima Trinidad la noche de Pascua, con los navíos podridos, abromados, todos hechos agujeros. Allí en Belén dejé uno y hartas cosas.

En Belpuerto hice otro tanto. No me quedaron salvo dos en el estado de los otros, y sin barcas y bastimentos, por haber de pasar siete mil millas de mar y de agua o morir en la v√≠a con hijo y hermano y tanta gente. Respondan ahora los que suelen tachar y reprender, diciendo all√≠ de en salvo: '¬Ņpor qu√© no hiciste esto all√≠?' Los quisiera yo en esta jornada. Yo bien creo que otra de otro sabor los aguarda, o nuestra fe es ninguna.

Llegu√© a 13 de mayo en la provincia de Mango, que parte con aquella de Catayo, y de all√≠ part√≠ para la Espa√Īola: navegu√© dos d√≠as con buen tiempo, y despu√©s fue contrario. El camino que yo llevaba era para desechar tanto n√ļmero de islas, por no me embarazar en los bajos de ellas. La mar brava me hizo fuerza y hube de volver atr√°s sin velas. Surgi√≥ a una isla adonde de golpe perd√≠ tres anclas, y a la medianoche, que parec√≠a que el mundo se disolv√≠a, se rompieron las amarras al otro nav√≠o y vino sobre m√≠, que fue maravilla c√≥mo no nos acabamos de hacer rajas: el ancla, de forma que me qued√≥, fue ella, despu√©s de Nuestro Se√Īor, quien me sostuvo. Al cabo de seis d√≠as, que ya era bonanza, volv√≠ a mi camino. As√≠, ya perdido del todo de aparejos y con los nav√≠os horadados de gusanos m√°s que un panal de abejas y la gente tan acobardada y perdida, pas√© algo adelante de donde yo hab√≠a llegado de antes. All√≠ me torn√≥ a reposar atr√°s la fortuna.

Paré en la misma isla en más seguro puerto. Al cabo de ocho días torné a la vía y llegué a Jamaica en fin de junio, siempre con vientos punteros y los navíos en peor estado: con tres bombas, tinas y calderas no podían, con toda la gente, vencer el agua que entraba en el navío, ni para este mal de broma hay otra cura.

Comet√≠ el camino para me acercar a lo m√°s cerca de la Espa√Īola, que son veintiocho leguas, y no quisiera haber comenzado. El otro nav√≠o corri√≥ a buscar puerto casi anegado. Yo porfi√© la vuelta de la mar con tormenta. El nav√≠o se me aneg√≥, que milagrosamente me trajo Nuestro Se√Īor a tierra. ¬ŅQui√©n creyera lo que yo aqu√≠ escribo? Digo que de cien partes no he dicho la una en esta letra. Los que fueron con el Almirante lo atestig√ľen. Si place a Vuestras Altezas de me hacer merced de socorro un nav√≠o que pase de sesenta y cuatro, con doscientos quintales de bizcochos y alg√ļn otro bastimento, bastar para me llevar a m√≠ y a esta gente a Espa√Īa.

De la Espa√Īola en Jamaica ya dije que no hay veintiocho leguas. A la Espa√Īola no fuera yo, bien que los nav√≠os estuvieran para ello. Ya dije que me fue mandado de parte de Vuestras Altezas que no llegase a ella. Si este mandar ha aprovechado, Dios lo sabe. Esta carta env√≠o por v√≠a y mano de indios: grande maravilla ser√° si all√° llega.

De mi viaje digo: que fueron ciento y cincuenta personas conmigo, en que hay hartos suficientes para pilotos y grandes marineros; ninguno puede dar raz√≥n cierta por donde fui yo ni vine. La raz√≥n es muy presta. Yo part√≠ de sobre el Puerto del Brasil en la Espa√Īola. No me dej√≥ la tormenta ir al camino que yo quer√≠a; fue por fuerza correr adonde el viento quiso.

En ese d√≠a ca√≠ yo muy enfermo; ninguno hab√≠a navegado hacia aquella parte; ces√≥ el viento y mar dende a ciertos d√≠as, y se mud√≥ la tormenta en calmer√≠a y grandes corrientes. Fui a aportar a una isla que se dijo de las Bocas, y de all√≠ a tierra firme. Ninguno puede dar cuenta verdadera de esto, porque no hay raz√≥n que baste; porque fue ir con corriente sin ver tierra tanto n√ļmero de d√≠as. Segu√≠ la costa de la tierra firme; √©sta se asent√≥ con comp√°s y arte. Ninguno hay que diga debajo cu√°l parte del cielo o cu√°ndo yo part√≠ de ella para venir a la Espa√Īola.

Los pilotos creían venir a parar a la isla de San Juan, y fue en tierra de Mango, cuatrocientas leguas más al Poniente de adonde decían. Respondan, si saben, adónde es el sitio de la Veragua. Digo que no pueden dar otra razón ni cuenta, salvo que fueron a unas tierras adonde hay mucho oro, y certificarle; mas para volver a ella el camino tienen ignoto. Sería necesario para ir a ella descubrirla como de primero. Una cuenta hay y razón de astrología y cierta: quien la entienda esto le basta. A visión profética se asemeja esto.

Las naos de las Indias, si no navegan salvo a popa, no es por la mala hechura ni por ser fuertes. Las grandes corrientes que all√≠ vienen, juntamente con el viento, hacen que nadie porf√≠e con bolina, porque en un d√≠a perder√≠an lo que hubiesen ganado en siete; ni saco carabela, aunque sea latina portuguesa. Esta raz√≥n hace que no naveguen salvo con colla, y por esperarle se detienen a las veces seis y ocho meses en puerto. Ni es maravilla, pues que en Espa√Īa muchas veces acaece otro tanto.

La gente de que escribe Papa P√≠o, seg√ļn el sitio y se√Īas, se ha hallado, mas no los caballos, pretales y frenos de oro; ni es maravilla, porque all√≠ las tierras de la costa de la mar no requieren salvo pescadores, ni yo me detuve, porque andaba aprisa. En Cariay y en esas tierras de su comarca son grandes hechiceros y muy medrosos. Dieran el mundo porque no me detuviera all√≠ una hora. Cuando llegu√© all√≠, luego me enviaron dos muchachas muy ataviadas.

La m√°s vieja no ser√≠a de once a√Īos y la otra de siete; ambas con tanta desenvoltura, que no ser√≠an m√°s unas putas. Tra√≠an polvos de hechizos escondidos. En llegando, las mand√© adornar de nuestras cosas y las envi√© luego a tierra. All√≠ vi una sepultura en el monte, grande como una casa y labrada, y el cuerpo descubierto y mirrado en ella. De otras artes me dijeron y m√°s excelentes. Animalias menudas y grandes hay hartas y muy diversas de las nuestras.

Dos puercos hube yo en presente, y un perro de Irlanda no osaba esperarlos. Un ballestero hab√≠a herido una animalia, que se parece a un gato pa√ļl, salvo que es mucho m√°s grande, y el rostro de hombre: ten√≠ale atravesado con una saeta desde los pechos a la cola, y porque era feroz le hubo de cortar un brazo y una pierna. El puerco, en vi√©ndole, se le encresp√≥ y se fue huyendo.

Yo, cuando esto vi, mandé echarle 'begare', que así se llama, adonde estaba; en llegando a él, así estando a la muerte y la saeta siempre en el cuerpo, le echó la cola por el hocico y se la amarró muy fuerte, y con la mano que le quedaba la arrebató por el copete como a enemigo. El auto tan nuevo y hermosa montería me hizo escribir esto. De muchas maneras de animalias se hubo, mas todas mueren de barro. Gallinas muy grandes y la pluma como lana vi hartas.

Leones, ciervos, corzos y otro tanto y así aves. Cuando yo andaba por aquella mar en fatiga, en algunos se puso herejía que estábamos hechizados, que hoy en día están en ello. Otra gente hallé que comían hombres: la disformidad de su gesto lo dice. Allí dicen que hay grandes mineros de cobre: hachas de ello, otras cosas labradas, fundidas, soldadas hube y fraguas con todo su aparejo de platero y los crisoles. Allí van vestidos; y en aquella provincia vi sábanas grandes de algodón, labradas de muy sutiles labores, otras pintadas muy sutilmente a colores con pinceles.

Dicen que en la tierra adentro hacia el Catayo las hay tejidas de oro. De todas estas tierras y de lo que hay en ellas, a falta de lengua no se sabe tan presto. Los pueblos, bien que sean espesos, cada uno tiene diferenciada lengua, y es en tanto que no se entienden los unos con los otros m√°s que nos con los de Arabia. Yo creo que esto sea en esta gente salvaje de la costa de la mar, mas no en la tierra dentro.

Cuando yo descubr√≠ las Indias, dije que eran el mayor se√Īor√≠o rico que hay en el mundo. Yo dije del oro, perlas, piedras preciosas, especier√≠as, con los tratos y ferias, y porque no pareci√≥ todo tan presto fui escandalizado. Este castigo me hace ahora que no diga salvo lo que yo oigo de los naturales de la tierra.

De una oso decir, porque hay tantos testigos, y es que yo vi en esta tierra de Veragua mayor se√Īal de oro en dos d√≠as primeros que en la Espa√Īola en cuatro a√Īos, y que las tierras de la comarca no pueden ser m√°s hermosas ni m√°s labradas ni la gente m√°s cobarde, y buen puerto y hermoso r√≠o defensible al mundo. Todo esto es seguridad de los cristianos y certeza de se√Īor√≠o, con grande esperanza de la honra y acrecentamiento de la religi√≥n cristiana; y el camino all√≠ ser tan breve como a la Espa√Īola, porque ha de ser con viento. Tan se√Īores son Vuestras Altezas de esto como de Jerez o Toledo. Sus nav√≠os que fueren all√≠ van a su casa.

De all√≠ sacar√°n oro. En otras tierras, para haber de lo que hay en ellas, conviene que se lo lleven, o se volver√°n vac√≠os; y en la tierra es necesario que f√≠en sus personas de un salvaje. Del otro que yo dejo de decir, ya dije por qu√© me encerr√©: no digo as√≠ ni que yo afirme en el tres doble en todo lo que yo haya jam√°s dicho ni escrito, y que yo est√© a la fuente. Genoveses, venecianos y toda gente que tenga perlas, piedras preciosas y otras cosas de valor, todos las llevan hasta el cabo del mundo para las trocar, convertir en oro. El oro es excelent√≠simo; del oro se hace tesoro, y con √©l, quien lo tiene, hace cuanto quiere en el mundo, y llega a que echa las √°nimas al Para√≠so. Los se√Īores de aquellas tierras de la comarca de Veragua cuando mueren entierran el oro que tienen con el cuerpo; as√≠ lo dicen.

A Salomón llevaron de un camino seiscientos sesenta y seis quintales de oro, allende los que llevaron los mercaderes y marineros, y allende lo que se pagó en Arabia. De este oro hizo doscientas lanzas y trescientos escudos, e hizo el tablado que había de estar arriba, pellas de oro y vasos muchos y muy grandes y ricos de piedras preciosas. Josefo, en su crónica De antiquitatibus, lo escribe. En el Paralipomenon y en el Libro de los Reyes se cuenta de esto. Josefo quiere que este oro se hubiese en la Aurea.

Si as√≠ fuese, digo que aquellas minas de la Aurea son unas y se contienen con √©stas de Veragua, que, como yo dije arriba, se alargan al Poniente veinte jornadas y son en una distancia lejos del polo y de la l√≠nea. Salom√≥n compr√≥ todo aquello, oro, piedras y plata, y V. A. le pueden mandar a coger si les place. David, en su testamento, dej√≥ tres mil quintales de oro de las Indias a Salom√≥n para ayudar a edificar el templo, y seg√ļn Josefo era √©l de estas mismas tierras. Jerusal√©n y el monte Si√≥n ha de ser reedificado por manos de cristianos.

Qui√©n ha de ser, Dios por boca del Profeta en el decimocuarto salmo lo dice. El abad Joaqu√≠n dijo que √©ste hab√≠a de salir de Espa√Īa. San Jer√≥nimo a la santa mujer le mostr√≥ el camino para ello. El Emperador de Catayo ha d√≠as que mand√≥ sabios que le ense√Īasen la fe de Cristo. ¬ŅQui√©n ser√° que se ofrezca a esto? Si Nuestro Se√Īor me lleva a Espa√Īa, yo me obligo de llevarle, con el nombre de Dios, en salvo.

Esta gente que vino conmigo han pasado incre√≠bles peligros y trabajos. Suplico a V. A., porque son pobres, que les manden pagar luego y les hagan mercedes a cada uno seg√ļn la calidad de la persona, que les certifico que, a mi creer, les traen las mejores nuevas que nunca fueron a Espa√Īa.

El oro que tiene el Quibi√°n de Veragua y los otros de la comarca, bien que seg√ļn informaci√≥n √©l sea mucho, no me pareci√≥ bien ni servicio de Vuestras Altezas de se le tomar por v√≠a de robo. La buena orden evitar esc√°ndalo y mala fama y har√° que todo ello venga al tesoro, que no quede un grano.

Con un mes de buen tiempo yo acabara todo mi viaje: por falta de los navíos no porfié a esperarle para tornar a ello, y para toda cosa de su servicio espero en Aquél que me hizo y estar bueno. Yo creo que V. A. se acordará que yo quería mandar hacer los navíos de nueva manera; la brevedad del tiempo no dio lugar a ello, y cierto yo había caído en lo que cumplía.

Yo tengo en m√°s esta negociaci√≥n y minas con esta escala y se√Īor√≠o, que todo lo otro que est√° hecho en las Indias. No en √©ste hijo para dar a criar a madrastra. De la Espa√Īola, de Paria y de las otras tierras no me acuerdo de ellas que yo no llore.

Creía yo que el ejemplo de ellas hubiese de ser por estas otras; al contrario: ellas están boca abajo; bien que no mueran, la enfermedad es incurable o muy larga. Quien las llegó a esto, venga ahora con el remedio si puede o sabe; al descomponer, cada uno es maestro. Las gracias y acrecentamiento siempre fue uso de las dar a quien puso su cuerpo a peligro. No es razón que quien ha sido tan contrario a esta negociación le goce, ni sus hijos.

Los que se fueron de las Indias huyendo los trabajos y diciendo mal de ellas y de mí, volvieron con cargos; así se ordenaba ahora en Veragua: malo ejemplo y sin provecho del negocio y para la justicia del mundo. Este temor, con otros casos hartos que yo veía claro, me hizo suplicar a Vuestras Altezas, antes que yo viniese a descubrir estas islas y tierra firme, que me las dejasen gobernar en su real nombre.

Pl√ļgoles: fue por privilegio y asiento, y con sello y juramento, y me intitularon de Virrey y Almirante y Gobernador General de todo, y se√Īalaron el t√©rmino sobre las islas de los Azores cien leguas, y aquellas de Cabo Verde por la l√≠nea que pasa de polo a polo, y esto y de todo que m√°s se descubriese, y me dieron poder largo. La escritura a m√°s largamente lo dice.

El otro negocio famos√≠simo est√° con los brazos abiertos llamando: extranjero he sido hasta ahora. Siete a√Īos estuve yo en su Real Corte, que a cuantos se habl√≥ de esta empresa todos a una dijeron que era burla. Ahora hasta los sastres suplican por descubrir. Es de creer que van a sastrear y se les otorga, que cobran con mucho perjuicio de mi honra y tanto da√Īo del negocio. Bueno es de dar a Dios lo suyo y a C√©sar lo que le pertenece. √Čsta es justa sentencia y de justo.

Las tierras que ac√° obedecen a Vuestras Altezas son m√°s que todas las otras de cristianos y ricas. Despu√©s que yo, por voluntad divina, las hube puestas debajo de su real y alto se√Īor√≠o y en filo para haber grand√≠sima renta, de improviso, esperando nav√≠os para venir a su alto conspecto con victoria y grandes nuevas del oro, muy seguro y alegre, fui preso y echado con dos hermanos en un nav√≠o, cargado de hierros, desnudo en cuerpo, con muy mal tratamiento, sin ser llamado ni vencido por justicia.

¬ŅQui√©n creer que un pobre extranjero se hubiese de alzar en tal lugar contra Vuestras Altezas sin causa ni sin brazo de otro Pr√≠ncipe y estando solo entre sus vasallos y naturales teniendo todos mis hijos en su Real Corte? Yo vine a servir de veintiocho a√Īos, y ahora no tengo cabello en mi persona que no sea cano y el cuerpo enfermo y gastado cuanto me qued√≥ de aqu√©llos, y me fue tomado y vendido y a mis hermanos hasta el sayo, sin ser o√≠do ni visto, con gran deshonor m√≠o.

Es de creer que esto no se hizo por su real mandado. La restituci√≥n de mi honra y da√Īos y el castigo en quien lo hizo har√° sonar su real nobleza; y otro tanto en quien me rob√≥ las perlas y de quien ha hecho da√Īo en este Almirantado.

Grand√≠sima virtud, fama con ejemplo ser si hacen esto, y quedar√° a la Espa√Īa gloriosa memorizaci√≥n de Vuestras Altezas, de agradecidos y justos Pr√≠ncipes. La intenci√≥n tan sana que yo siempre tuve al servicio de Vuestras Altezas y la afrenta tan desigual no da lugar al √°nima que calle, bien que yo quisiera. Suplico a Vuestras Altezas me perdonen.

Yo estoy tan perdido como dije. Yo he llorado hasta aquí a otros. Haya misericordia ahora el cielo y llore por mí la tierra. En el temporal no tengo solamente una blanca para la oferta; en el espiritual he parado aquí en las Indias de la forma que está dicho: aislado en esta pena, enfermo, aguardando cada día por la muerte y cercado de un cuento de salvajes y llenos de crueldad y enemigos nuestros, y tan apartado de los Santos Sacramentos de la Santa Iglesia, que se olvidará de esta ánima si se aparta acá del cuerpo. Llore por mí quien tiene caridad, verdad y justicia.

Yo no vine a este viaje a navegar por ganar honra ni hacienda: esto es cierto, porque estaba ya la esperanza de todo en ello muerta. Yo vine a Vuestras Altezas con sana intención y buen celo, y no miento. Suplico humildemente a Vuestras Altezas que, si a Dios place de me sacar de aquí, que hayan por bien mi ida a Roma y otras romerías. Cuya vida y alto estado la Santa Trinidad guarde y acreciente.

Hecha en las Indias, en la isla de Jamaica, a 7 de julio de 1503 a√Īos.

Fuente:

http://www.cervantesvirtual.com/historia/colon/doc26.shtml




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