E la nau de l'almirall de Castella venia dita a la boca del riu de Llobregat, per a fer desembarc, e la nau de l'almirall de Catalunya, e totes les altres naus de Catalunya, se posaren en una filera davant les de Castella. E, mentre la dita armada de Catalunya se'n venia de la mar envers terra, los de Castella los començaren a ferir de pedres e de saetes, e la nau nostra desparà una bombarda e ferà en la nau de l'almirall de Castella, e llevà -li un arbre. Per la qual cosa los de Castella s'esporugiren molt.
Decir que la batalla de Barcelona de 1359 sólo està documentada en la Crónica de Pedro el Ceremonioso es una muestra de un estudio historiogrà fico superficial, ya que existen referencias muy claras y detalladas fuera de la historiografÃa catalana. Al tratarse de un episodio central de la Guerra de los dos Pedros (1356-1369), la principal fuente no catalana es castellana: la Crónica del rey don Pedro I, escrita por el canciller Pero López de Ayala.
López de Ayala no solo era el cronista oficial de la corte de Castilla, sino que vivió el conflicto en primera mano. En su crónica detalla minuciosamente la expedición naval de la flota del almirante genovés Micer Gil Bocanegra (Egidio Bocanegra) que partió de Sevilla llevando embarcado al propio rey Pedro I de Castilla .
En los capÃtulos correspondientes al año 1359 (Año Décimo del reinado de Pedro I), Ayala describe cómo se organizó la flota en Sevilla y su avance por el Mediterráneo hasta llegar a Barcelona el 9 de junio.
El cronista castellano plasma perfectamente la sorpresa que supuso para los catalanes ver aparecer semejante armada en sus costas:
"Asombrados quedaron éste [el rey de Aragón] y sus catalanes, acostumbrados a dominar el Mediterráneo, al ver tan respetable fuerza naval de Bocanegra por el rey de Castilla a bordo, y más cuando la vieron acometer a doce galeras, que acostadas a tierra en aquel puerto habÃa..."
El despliegue de Bocanegra: Describe que la armada de Bocanegra contaba con más de 30 galeras, naos y leños . Al llegar a Barcelona, intentaron romper la lÃnea defensiva catalana que se habÃa parapetado muy cerca de la playa.
La resistencia desde tierra: Ayala reconoce la durÃsima oposición de la ciudad. Explica que los "oficios de Barcelona" (los gremios y la población civil), junto con contingentes de ballesteros, bajaron en masa a la playa para defender las naves catalanas e impedir que los castellanos y genoveses desembarcaran.
La retirada: Aunque la crónica castellana tiende a suavizar el impacto militar (omitiendo o minimizando el uso pionero de las bombardas de pólvora que las fuentes catalanas sà destacan como el factor de terror que los hizo huir), López de Ayala reconoce que tras la feroz resistencia en la playa, el rey Pedro I de Castilla y el almirante Bocanegra decidieron retirarse hacia Ibiza al no poder consolidar el ataque.
Otra crónica completamente neutral y ajena a ambos reinos es la de los Anales del Papa Inocencio VI.
El Papa habÃa enviado al cardenal legado Guido de Bolonia para intentar mediar una tregua entre ambos reyes cristianos. El cardenal llegó a entrevistarse con Pedro I de Castilla en la desembocadura del Ebro justo antes del ataque a Barcelona, pero el rey castellano se negó a detenerse. Los anales papales registran el ataque del 9 de junio a Barcelona, confirmando el choque naval y el fracaso de la flota castellano-genovesa de Bocanegra ante las defensas organizadas por Pedro el Ceremonioso.
Final del Almirante Bocanegra: Como nota histórica irónica que conecta con las traiciones y giros de la época, las crónicas de López de Ayala explican que, pocos años después de esta batalla, el almirante Gil Bocanegra acabó traicionando a Pedro el Cruel. Se pasó al bando de su hermano Enrique de Trastámara durante la guerra civil castellana. Cuando Pedro I recuperó temporalmente el poder, capturó a Bocanegra en Sevilla y lo mandó ejecutar en 1367.
Final de Pedro el Cruel: Posteriormente la Crónica de Froissart i el Roman de Duguesclin cuentan como éste ayudó a Enrique a matar a Pedro el Cruel el 23 marzo de 1369, difÃcilmente lo habrÃa podido matar si éste hubiera sido Pere Terç de Cataluña, tratado por separado de Pedro el cruel en esas dos crónicas (como dos personas distintas) y que murió el 6 enero de 1387, pero claro, algunos explicarán esos 18 años de diferencia diciendo, que todas les fechas de las tumbas están falsificadas..
Afegeix-hi un comentari: