VI AJ E DE
ULRICH
SCHMIDEL
AL RIO DE
LA PLATA
1534-1554
Edición
CABAUT & C
Buenos Aires
MCMIII
Eaouoo DE ARMA9
DE LA FAMILIA 80HMÍ0EL
BIBLIOTECA
DE LA
Junta de Historia y Numismática
Americana
TOMO I
Biblioteca de la Junta de Historia
Y Numismática Americana
COLECCIÓN DE LIBROS RAROS Ó INÉDITOS
SOBRE LA
REGIÓN DEL RÍO DE LA PLATA
PUBLICADA BAJO LOS AUSPICIOS
DE LA
JUNTA DE HISTORIA Y NUMISMÁTICA AMERICANA
Esta colección está destinada á reproducir libros
que se encuentran hoy fuera del comercio y que
se refieran á la región del antiguo Virreinato del
Río de la Plata, tanto durante la época colonial
como de la independencia. Serán traducidos aque-
llos que, refiriéndose á la misma región y publi-
cados dentro ó fuera del país, sean hoy raros ó
curiosos. Como regla general se hará la reimpre-
sión simple, pero, siempre que la Junta lo consi-
dere conveniente, se publicará una edición crítica,
anotada y con introducción biográfica y bibliográ-
fica. El propósito es facilitar el conocimiento de
los libros que hoy son curiosidad bibliográfica y
salvar los escritos inéditos, como son las memo-
rias de los próceros de la independencia. Así se
reunirán elementos de importancia para la histo-
ria de esta parte de América.
JUNTA DE HISTORIA Y NUMISMÁTICA AMERICANA
Presidente
Teniente General Bartolomé Mitre
❖
Vicepresidente
Señor Alejandro Rosa
Secretario
Doctor José Marcó del Pont
Prosecretario
Doctor Jorge A. Echayde
Miembros activos
f
4
Señor Amadeo Juan Carlos
Señor Ambrosetti Juan B.
Doctor Arata Pedro N.
Señor Biedma José Juan
Señor Cadelago Antonio
Doctor Cárcano Ramón J.
Señor Carranza Adolfo P.
Doctor Carrasco Gabriel
Doctor Decoud Adolfo
Doctor García Juan A. (hijo)
General Garmendia José Ignacio
Doctor González Joaquín V,
Señor Lafone Quevedo Samuel A.
Doctor Leguizamon Martiniano
Doctor Mantilla Manuel F.
Señor Meabe Alfredo
Doctor Molina Arrotea Carlos
Señor Ortiz Basualdo Eduardo
Señor Outes Félix F.
Señor Pelleschi Juan
Señor Peña Enrique
Señor Pillado José Antonio
Doctor Quesada Ernesto
Doctor Ramos Mejía José María
Doctor Urien Carlos M.
Doctor Zeballos Estanislao S.
Miembros correspondientes
Doctor Domínguez Manuel
Doctor Garzón Ignacio
Señor Gez Juan W.
Señor Lassaga Ramón
Señor Miguens Julián
Doctor Ortiz José Florencio
Señor Quiroqa Adam
Señor Ramírez Gensérico
VIAJE AL Rio DE LA PLATA
TIRADA ESPECIAL
40 ejemplares sobre papel Holanda
numerados de 1 á 40
-w?.
ÜLRICH SCHMÍDEL
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
( 1534 - 1554 )
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS Y BIOGRÁFICAS
POR
BARTOLOMÉ MITRE
PRÓLOGO, TRADUCCIÓN Y ANOTACIONES
POR
SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO
BUENOS AIRES
CABAUT Y Cía., Editores
Librería del Coleoio — Alsina 500
1903
/
- 3S S J L
Verahiftoria,
ADMIRAND/ECVIVS
dam naüigationis,quam Huí-
derícus Schmídel,Straub¡ngeníis,ab Anno t/^ 4 ,
ufqucadannuTn t^s4, Atocricam vel nouum
Mundum , iuxtaBrariIiain& Rio dclla PIata< confrcit Quid
prrhoíceannos I 9 .ru(linuerit'>quatn varias &quam mirandas
regiones ac homiues viderit. AbipfoSchmidelio Germanice,
delcripta: Nnn'£ vero, emendatis & corre¿lis Vibium, Regio.
DUIQ& Ruminumnomii^ibus, Adie¿laetiamtabula
Ceographica, figuris 8( ali|s notacioni*
bus quibi'fdam in hancfor.
mam reduela.
NORIBERGiE,
Impenfis Levini Húlín* | f 9 9.
ADVERTENCIA
Schmídel, el más conocido para nosotros de
cuantos en el siglo XVI escribieron sobre la his-
toria de la conquista y colonización del Río de
la Plata, ha tenido la desgracia de ser el peor
interpretado de todos ellos ; y no sólo esto, sino
también el de servir como original de muchos
errores que se han hecho clásicos entre los es-
critores de las épocas posteriores. Los errores
propios de él, aumentados por los que resultaban
de las glosas latinas y las traducciones de éstas,
han formado escuela. La versión castellana no
iba más allá; la inglesa publicada por la Socie-
dad tíakluyt de Londres, acepta sin rectificación
el texto del autor ; y la edición alemana que ha
servido de original para este trabajo, no se ha
creído en el deber de corregir los lapsus fre-
cuentes del famoso viajero y compañero de don
Pedro de Mendoza, muy particularmente en aque-
llo que se refiere á los nombres de los prota-
gonistas en el drama de los acontecimientos pre-
XIV —
vios á la llegada de Alvar Núñez Cabeza de
Vaca.
Para llenar este vacío y subsanar las deficien-
cias y errores de este tan interesante relato, se
ha traducido la obra de Schmídel de nuevo y
directamente de la última edición alemana.
En el prólogo se da cuenta de las confusiones
y deficiencias que aparecen en el texto del autor,
y se explican, hasta donde ello es posible, me-
diante lo que sobre los mismos hechos nos han
legado escritores contemporáneos.
En las notas al pie de la traducción se indican
los puntos que requieren modificación, con lla-
mada á los párrafos correspondientes del prólogo.
En los apéndices se reproduce la documenta-
ción en que se fundan los argumentos del prólogo ;
mucha parte de ella inédita hasta ahora, y la
demás corregida según los mejores M. SS. que se
han podido conseguir, ó cotejada con ediciones
como aquella de las Cartas de Indias.
Einalmente, se incluye una reproducción de las
láminas que embellecen la edición latina de Le-
vino Hulsio, generosamente facilitada con este
objeto por el Teniente General Bartolomé Mitre.
Se reproducen también tres mapas, uno de los
cuales corresponde á la edición latina citada, que
no es mejor ni peor que otros muchos de la
época. El segundo es copia del que figura en el
«Chaco», del abate Jolis, que, como mapa etno-
gráfico del siglo XVIII, es de los mejores que
tenemos. El tercero tiene por original un mapa
de Delisle, el que, aunque del año 1700, es pro-
bable responda á datos del siglo XVI, por con-
tener muchos nombres de lugar, etc., que halla-
mos en nuestro autor y otros contemporáneos.
De hoy en adelante no tendrán disculpa los
que citaren á Schmídel para comprobar la co-
nexión que existió entre ciertos personajes histó-
ricos y la actuación que se les atribuye en los
hechos de la epopeya nacional en su primera
épqca. Todo se aclara si con constante y verda-
dero empeño «lucem quaerimus ».
ULRICH SCHMÍDEL
PRIMER HISTORIADOR DEL RÍO DE LA PLATA
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS Y BIOGRÁFICAS
POR EL TENIENTE GENERAL
Don Bartolomé Mitre
ULRICH SCHMÍDEL
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS Y BIOGRÁFICAS
SCHMÍDEL Y BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO
Con motivo del famoso libro de Bernal Díaz del
Castillo, hemos señalado la coincidencia de que
los dos primeros historiadores de Méjico y del Río
de la Plata hayan sido dos simples soldados, tan
ingenuos como incultos, héroes y testigos presen-
ciales en los sucesos que narran, y que el género
á que sus obras pertenecen constituye una sin-
gularidad en la literatura histórica de todos los
tiempos.
Los grandes capitanes antiguos y modernos han
contado lo que hicieron, lo que vieron y lo que
pensaron, complementando así la acción con la
pluma; pero eran hombres de mando y de pensa-
miento, cuya palabra es una vibración del temple
de sus almas, que miraban las cosas desde arriba y
4
ULRICH SCHMÍDEL
de SU punto de vista, incorporándolas á la historia
de su propia personalidad. Mientras tanto, ningún
legionario de César, ninguno de los expediciona-
rios de las falanges macedónicas de Alejandro, ni
uno solo de los Diez mil de Jenofonte, ni veterano
alguno de Federico ó Napoleón, han escrito memo-
rias geniales que trasmitan á la posteridad los sen-
timientos y las impresiones de las multitudes que
acaudillaron, reflejando los juicios de la colectividad
que obedecía.
Es un rasgo característico del descubrimiento del
Río de la Plata y de Méjico, que sus dos primitivos
y más genuinos historiadores sean dos obscuros
soldados que, al contar lo que hicieron, se hayan
hecho célebres por sus escritos, legando á la pos-
teridad, no sólo un auténtico documento histórico,
sino también una obra original, espontánea, hija del
instinto y de la observación propia, y por lo mismo
llena de la más imparcial y equitativa verdad, y uno
de ellos, con una animación y colorido, cual el más
consumado arte literario no ha podido jamás refle-
jar en sus páginas.
Las cartas de Hernán Cortés no nos darían una
idea del espíritu de los aventureros que le seguían,
si no tuvieran por comentario la Verdadera Histo-
ria, como la llama su autor, de Bernal Díaz del
Castillo. Los comentarios del Alvar Núñez Cabeza
de Vaca carecerían de sentido, si el Viaje de
jUlrich Schmídel no nos suministrara los elementos
de un juicio completo respecto del carácter de tos
primeros caudillos conquistadores del Río de la
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS Y BIOGRÁFICAS
5
Plata, desde don Pedro de Mendoza hasta Irala,
porque les faltaría la opinión que de ellos y de sus
actos formaron los soldados colonizadores que los
acompañaban.
Bien que la obra de Schmídel pertenezca al
género de la de Díaz del Castillo, la de éste le es
muy superior, como producto de un genio nativo,
siendo única en la literatura universal. La del pri-
mero, alemán de temperamento flemático, obser-
vador atento y tranquilo de la naturaleza, sin ima-
ginación y despreocupado aunque no exento de
preocupaciones vulgares y de prevenciones perso-
nales, narra seca y concisamente los hechos, esta-
blece las fechas, determina las distancias, describe
lo que ve como lo comprende, sin ornamentos de
estilo ni divagaciones, y sólo de vez en cuando
formula un juicio, hace una reflexión ó consigna
datos etnográficos, geográficos, estadísticos, astro-
nómicos ó de historia natural, que en breves rasgos
nos dan un retrato, bosquejan una comarca, descri-
ben un animal ó una planta, señalan un punto en
el espacio ó dan idea de razas y costumbres perdi-
das, suministrando á la vez elementos preciosos
para la cronología y para la historia de la coloniza-
ción inicial del Río de la Plata por la raza europea.
La obra de Díaz del Castillo, español de tempera-
mento nervioso, es abundante en la palabra, prolija,
animada, llena de colorido y eclipsa, como narra-
ción, como descripción y como pintura, todas las
crónicas é historias escritas antes ó después sobre
el mismo asunto.
6
ULRICH SCHMÍDEL
Ambos libros tienen de común, el carácter militar
de sus autores, la ingenuidad del relato, la libertad
de los juicios respecto de los hechos, hombres y
cosas; la pintura al natural de los caracteres sor-
prendidos en la acción; las pasiones de partido de
que participan, y sobre todo, ser ellos la expresión
fiel de la opinión de los soldados en guerra con los
salvajes y envueltos en discordias civiles, que con
el criterio de las multitudes, juzgaban las acciones
de sus jefes y los hechos en que eran actores. Son
documentos históricos á la vez que elementos
morales, que explican los hechos y los ilustran,
animándolos con cierto soplo democrático, que
hace vibrar la fibra humana al través del tiempo.
11
BIBLIOGRAFÍA DE SCHMÍDEL
La obra de Schmídel fué escrita en alemán. La
primera edición se publicó en 1567 en una colec-
ción de viajes en 2 volúmenes ó partes, sin nume-
ración de tomos, pero con distinta foliatura cada
uno, en cifras arábigas y romanas. El título de la
primera parte es como sigue:
Erst theil dieses Welt- / buchs von Newen / er-
fundnen Landtschafften : / Warhafftige /
Beschreibunge aller theil der Welt etc. etc.
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS Y BIOGRÁFICAS
7
¡ Durch Sebastian Franck von Word etc.
etc. / — (Dos viñetas representando guerre-
ros asiáticos.) — Anno m.d.lx.vii. — (Pri-
mera parte de esta historia universal de
países nuevamente descubiertos. Verídica
descripción de todas las partes del mundo...
etc. Publicado por Sebastián Franck de
Word, pero corregido y revisado nueva-
mente). 1 vol. fol., letra gótica.
El título de la segunda parte, abreviado, es tex-
tualmente como sigue:
Ander theil dieses Welt. / buchs von Schif- /
fahrten. / Warhafftige Be- / schreibunge
aller / and mancherley sorgfeltigen Schif- /
farten, auch viler unbekanten erfundnen
Landtschafften, Insu- / len, Konigreichen,
and Stedten... Darch Ulrich Schmidel von
Straubingen, etc. / — (Dos viñetas repre-
sentando dos hombres de mar en paisaje
marítimo). — Getmckt zu Franckfurt am
Main, Anno 1567. (Otra parte de esta his-
toria universal de navegaciones. Verídicas
descripciones de varias navegaciones, como
también de muchas partes desconocidas,
islas, reinos y ciudades... también de muchos
peligros, peleas y escaramuzas entre ellos y
los nuestros, tanto por tierra como por mar,
ocurridos de una manera extraordinaria, así
como de la naturaleza y costumbres horrible-
8
ULRICH SCHMÍDEL
mente singulares de los antropófagos, que
nunca han sido descriptas en otras historias
ó crónicas, bien registradas y anotadas para
utilidad pública. Por Ulrich Schmídel de
Straubing).- — (Al fin:) Betruckt zu Franck-
furt am Mayn bey Martin Lechler, in verle-
I Sigmund Feirabends / and Simón
Hue- 1 ters. ¡ {Marca del librero). — Anno
MD.LXVii. / — 1 vol. fol., letra gótica. — 5 fsf.,
prel., con dos foliaturas: 1.^ 1-110 ff. —
2 A 1-29 ff., y una foja para el colofón ya
descripto.
En la segunda foliatura (bis), desde la foja 1 á
26 inclusive, se registra la narración de Schmídel,
con el siguiente título particular por encabeza-
miento de la primera página:
Warhafftige and liebliche Beschreibung etlicher
furnemen Indianischen Landtschafften and
Insulen, die vormals in keiner Chronicken
gedacht, and erstlich in der Schiffart Ulrici
Schmidts von Straabingen, mit grosser
gefahr erkundigt, and von ihm selber auffs
fieissigst beschrieben and dargethan. (Verí-
dica é interesante descripción de algunos
países indianos é islas, que no han sido
mencionadas anteriormente en ninguna cró-
nica, explorados por la primera vez en el
viaje de navegación de Ulrich Schmídel de
Straubing con mucho peligro, y descriptos
por el mismo con mucho esmero).
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS Y BIOGRÁFICAS
9
Á esta edición le falta el preámbulo y el epílogo
del autor. Es tan rarísima, que muy pocos la han
visto en el espacio de cerca de tres siglos, y algu-
nos han dudado de su existencia. León Pinelo
en su Epítome, aunque dice que fué impresa en
alemán, sólo menciona otra muy posterior en latín ;
y Barcia, en su Biblioteca adicionada, repite lo
mismo con algunos pormenores más. Meusel, uno
de los más eruditos bibliógrafos alemanes, dice en
su Bibliotheca Histórica, que jamás consiguió ver
un ejemplar. Camus, en su estimada Memoria
sobre los viajes de Thevenot y De Bry, dice: «No
sé si el original de esta relación, escrito en alemán,
ha sido impreso en esta lengua, en otra parte que
en la colección de Teodoro De Bry.» — Angelis,
en su Col. de Documentos, decía en 1836: «De
todas las obras que tratan de la conquista del Río
de la Plata, la de Schmídel es la más rara, y casi
puede tenerse por irreperible. » Ternaux Com-
pans en 1837, consignó por la primera vez el título
abreviado de la segunda parte en su Bibliothéque
Américaine. — En el catálogo de la Bibliotheca
Qrenvilliana, Payne señaló como casi descono-
cido un ejemplar completo, que actualmente existe
en el Museo Británico. En 1861 apareció por la
primera vez en el comercio de libros, ofrecido á la
venta por Brockhaus, en Leipzig, y en 1864 en el
catálogo de la librería de Franck, en París, de
donde lo obtuvimos al precio de 100 francos. Bru-
net no parece haberlo visto, pues aunque lo men-
cionó en 1864, le da un título incorrecto, como lo
10
ULRICH SCHMÍDEL
observa Quaritch, que es uno de los últimos que lo
cita, señalándole el precio de 5 libras esterlinas. En
1878, Maisonneuve (Bib. Leclerc) le asignaba el
precio de 450 francos. — En Buenos Aires existen
tres ejemplares de esta edición.
’ La segunda edición alemana, apareció en la
famosa colección de los grandes viajes de Teo-
doro de Bry, y forma la séptima parte de ella con
el siguiente título:
Das VIL Theil America / Warhafftige und
liebliche / Beschreibung etticher furnemmen
I Indianischen Landschafften and Insulen /
die vormals in keiner Chronicken gedacht,
und erst- / lich in der Schiffart Ulrici
Schmidts von Straubingen mit grosser
gefahr erkundigt, un von / ihn selber auffs
fleissigste beschrieben / und dargethan. ¡ —
Und an Tag gebracht durch Dietterich /
von Bry. / — Anno m.d.xcvii. / — Venales
reperiuntur in officina ¡ Theodori de Bry.
— (Parte Vil. América. Descripción verí-
dica é interesante de algunos países é islas
de importancia, de que no se ha' hecho
mención todavía en ninguna crónica, y
cuyas exploraciones han sido llevadas á
cabo por primera vez en el viaje de navega-
ción del Ulrich Schmidt de Straubing, con
grandes peligros y que han sido descriptos
y explicados por él con toda diligencia. —
Dado á luz por Teodoro de Bry). — 1 vol.
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS Y BIOGRÁFICAS
11
4° mayor, letra gótica. Con 2 fs. f. prel.,
incluso frontispicio grab., y 31 ff. de texto
con una lámina en la primera página.
A esta edición le falta como á la primitiva, el
preámbulo y el epílogo, como que es una repro-
ducción de ella, con la sola diferencia de dividir el
relato en XXXllI capítulos sin títulos.
Dos años después (15QQ), el mismo De Bry la
incluyó en su serie de grandes viajes en latín, tra-
ducida á este idioma por Gothard Arthus, con este
título :
Americae Pars Vil. — / Verissima et Jvcvndis-
sima Descriptio Praecipvarum Quarvndam
Indiae / regionum & Insalarum, quce qai-
dem nullis an- / te hcec témpora visee cog-
nitceque, iam primum / ab Vírico Fabro
Straubingensi, multo, cum per icalo inue ti-
tee & ab eodem summa dili- j gentia consig-
natee fuerunt, ex germánico in la- ¡ tinum
sermonem conuersa autore M. Gotardo
Artvs Dan- ¡ tiscano. / — Illustrata vero pul-
cherrimis imaginibus, & in / lucem emissa,
studio & opere Theodo / ridici de Bry piee
memoriee relictee / viduae & filiorum. — Anno
Christi, M.D.xcix. — Venales reperiuntur
in officina Theodo r i de Bry. — 1 vol. 4.°
mayor con 82 pp. incluso la portada gra-
bada igual á la anterior, y el prefacio, que
ocupan dos fojas, y una lámina idéntica en
la primera página del texto.
12
ULRICH SCHMÍDEL
Esta edición, salvo el idioma, está ajustada en
un todo á la anterior alemana del mismo De Bry.
En el mismo año, fué incluida, en alemán tam-
bién, en la 4.®- parte de la colección de Levinus
Hulsius, con este título: Wahrhafftgen Historien
einer Vunderbahen Schiffart welche Vlrich Schmie-
del von Straubingen von anno 1534 bis 1554 in
American oder Neuen Welt bey Brasilia und Rio
delta Plata gethan. — Nuremberg 1599. — (Verí-
dica historia de una navegación maravillosa, lle-
vada á cabo por Ulrich Schmiedel de Straubing,
desde el año 1534 hasta el año 1554, en América
ó Nuevo Mundo, en el Brasil y Río de la Plata).
Comparado el texto de esta edición con la ale-
mana, de De Bry, vese que ambos editores tuvie-
ron á la vista un original distinto, y en efecto, el
mismo Hulsius declara que la hizo con arreglo á
un manuscrito, de que daremos noticia más ade-
lante, y que difiere en parte del primitivo texto.
Casi simultáneamente, el mismo Hulsius, publicó
aparte una traducción latina, cuya portada, con el
retrato del autor, montado en una llama, con lanza
al hombro, y escoltado por indios del Chaco, que
llevan el tembetá, reproducimos en facsímil en su
formato en 4.°.
Esta portada, ocupa la 1 foja, y el reverso está
en blanco. Sigue otra hoja, á cuyo reverso se en-
cuentra el retrato del autor de cuerpo entero, con
sus atributos guerreros, pisando un tigre, con bla-
són á la izquierda y una especie de serpiente á la
derecha, cuyo facsímil damos también.
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS Y BIOGRÁFICAS
13
La foliatura comienza con la dedicatoria del edi-
tor al obispo príncipe soberano de Bamberg (Ba-
viera) con las armas de éste al frente, grabada en
cobre como las anteriores. Sigue el Admonitio
de Hulsius al lector, inserto en las páginas 3-5, á
cuyo pie se encuentra el preámbulo del autor que
falta en las primeras ediciones. Al reverso de la pá-
gina 5 empieza el texto, que termina en la página
101, con la inserción del epílogo, que también fal-
taba en las ediciones indicadas. Está dividida en LV
capítulos con títulos, en vez de los XXXIII de De
Bry, pero su contenido es sustancialmente el mis-
mo, salvo lo apuntado. Contiene 20 láminas suel-
tas, grabadas en cobre, incluso las ya citadas (dos
intercaladas en el texto), y entre ellas, un mapa de
la América, desde el trópico de Cáncer hasta el Es-
trecho de Magallanes y parte de la Tierra del Fuego.
Tales son las ediciones primitivas de la obra de
Schmídel, hechas en el siglo XVI, todas las que he-
mos tenido á la vista al escribir estas notas. La de
Hulsius es la más correcta y completa, y la más ele-
gante como trabajo tipográfico. Ella ha servido de
texto á las traducciones que posteriormente se han
hecho al francés y al español.
(1) Con posterioridad á este estudio, se ha publicado otra edición del viaje
de Schmídel, arreglada al texto del manuscrito de la Biblioteca de Munich de
que se da noticia en su lugar, el cual se considera como el más antiguo y se
supone sea copia del original. Su título es : Ulrich Sckmidels Reise nach
Süd-Amerika in den jahren 1534 bis 1554. Nach der Manchener hand
schrift herausgegeben von Dr. Valentín Langmantel. — Taringen 1889. —
in 8.® 162 pp.
14
ULRICH SCHMÍDEL
HI
EL NOMBRE DE SCHMÍDEL
¿Cuál es el verdadero nombre del primer histo-
riador del Río de la Plata? He aquí una cuestión
que todavía no ha sido resuelta.
En la primera edición alemana de 1567, se le lla-
ma Ulrici Schmidts y Schmidt; en la segunda de
De Bry, se le llama solo Schmidts; pero en la latina
del mismo se latiniza su nombre, y se convierte en
Ulríco Fabro. Hulsius, en la edición alemana, le
llama Ulrich Schmiedel, y en la latina, Huldericus
Schmidel. Por el nombre de Schmídel es universal-
mente conocido, y es el destinado á prevalecer, por
cuanto á él está vinculada su celebridad.
El primero que promovió la duda acerca de este
punto, fué el doctor Burmeister en su Description
physique de la République Argentine.
La cuestión sinónimo-biográfica que se relaciona
con este nombre (que significa herrero), había sido
tratada antes en general por Ooetz respecto de to-
dos los escritores apellidados, en alemán Schmiéd,
en inglés Smith, en francés Lefevre, en español Fa-
bricio, y en latín Faber. Burmeister, contrayéndose
especialmente al punto en discusión, sostiene, que
Schmídel, es una falsificación, y que debe escribirse
Schmidt, dando por razón ser un nombre muy ge-
neralizado en Alemania.
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS Y BIOGRÁFICAS
15
Los nombres de Schmídel ó Schmidl han sido
llevados por nobles familias teutónicas, sin que la
adición final altere sustancialmente el significado de
su origen. La l adicional en el bajo alemán y el en
el alto alemán, es una partícula, equivalente á coma,
ó proveniente de Schmidt, así como en castellano.
Rodríguez significa hijo de Rodrigo y González hijo
de Gonzalo. A veces la terminación se convierte
en partícula comparativa, para formar un nombre
diminutivo, como sucede con el famoso jefe de los
ubicuitarios luteranos, que fué apellidado Schmid-
lin, ó sea el herrerito, á causa de que su padre ejer-
cía este oficio y él lo practicó en sus, primeros años.
Por lo demás, ambos reconocen el mismo origen
con el mismo significado, pues derivan del gótico
Smitha y del frísico Smeth, como puede verse en
Webster. En el antiguo alemán era Smit ó Smid,
lo mismo que en el alto ó bajo alemán. En el mo-
derno alemán es Schmied, y así lo escribió Hulsius
al tiempo de la muerte del autor, agregándole la
terminación el. Esto por lo que respecta á la histo-
ria de los nombres y á su etimología con sus desi-
nencias.
Considerada la cuestión bajo su aspecto pura-
mente biográfico, ella se reduce á averiguar cómo
se denominaban sus antepasados, cómo lo llama-
ban á él y cómo se llamaba él á sí mismo. Son los
documentos escritos los que deben decidirla.
El último que sobre Schmídel haya escrito, es
Johannes G. Mondeschein, rector de la Academia
de Straubing y compatriota suyo, quien, después
16
ULRICH SCHMiDEL
de registrar todas las bibliotecas bávaras y especial-
mente los archivos de su ciudad natal, le llama
constantemente Schmídel ó Schmidl (que es lo mis-
mo), exhibiendo en su apoyo los documentos más
auténticos. En 1881 publicó su trabajo . en alemán,
en un folleto de 46 páginas y adelantó mucho las
noticias biográficas y bibliográficas que acerca de
él se tenían, con pruebas, que no dejan duda res-
pecto de su genealogía. He aquí su título: Ulrich
Schmidel von Straubing and seine Reisebeschrei-
bung. (Ulrich Schmidel y su relación de viaje).
El nombre de Schmídel ó Schmidl, según Mon-
deschein, era tradicional en Straubing y sus inme-
diaciones; está consignado en los árboles genealó-
gicos de su nobleza, así como en los registros mu-
nicipales de la ciudad, estando además registrado
en algunos títulos de enfeudación que existen ori-
ginales y grabado en las piedras tumularias de sus
antiguos cementerios.
En la biblioteca real de Munich existe un manus-
crito antiguo, que examinó el mismo Mondeschein,
el cual había pertenecido á la de la ciudad de Re-
gensburg (última residencia del autor), que parece
ser una copia del original. Lleva el milésimo de
1564 en el lado interior de la tapa. Arriba del título,
de letra distinta, que se supone con algún funda-
mento ser la del autor, se lee esta inscripción;
It gehering ulich Schmidl (pertenece á Ulrich
Schmidl). Este manuscrito lleva el preámbulo que
no se encuentra en la primera edición alemana de
1567, pero le falta el epílogo. Su relación es más
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS Y BIOGRÁFICAS
17
tosca que la del primer texto alemán impreso, como
producto nativo antes que sus editores lo puliesen
al publicarlo.
Hulsius hizo la impresión alemana y la traduc-
ción latina, de que hemos hecho antes mención,
sobre un manuscrito distinto, que él consideraba
original, y que parece indudable lo era. Llevaba el
retrato del autor dibujado, con algunas láminas
más, que él reprodujo fielmente por el grabado,
aumentándolas con otras de su invención. A su
frente puso el nombre de Schmidel, con que es co-
nocido. El manuscrito, que sirvió de texto, fué ad-
quirido por el barón de Molí, secretario de la Aca-
demia de Baviera, por el precio de 6 florines. Más
tarde pasó á formar parte de la biblioteca pública
del reino, de donde ha desaparecido, y «es de es-
perarse que no para siempre», dice su último y bien
informado biógrafo.
Existen además otras pruebas escritas, y algunas
de ellas grabadas en piedra dura que deciden la
cuestión en favor del nombre de Schmidel ó Sch-
mid!. Los nombres de su padre, llamado Wolfgang
Schmidel, y el de un hermano Tomás Schmidel,
están grabados con todas sus letras en las piedras
tumularias de los antiguos cementerios de St. Jacob
y St. Peter en Straubing. ,
El sepulcro de Schmidel no se conoce, pero en
la casa por él habitada en sus últimos años y edifi-
cada por él en Regensburg, existe en un vestíbulo
del primer piso, una chapa de mármol con el bla-
són de su familia, y abajo esta inscripción:
18
ULRICH SCHMlDEL
1563
ULRICH : S C
MIDL — VON
STRAVBINQ
En la pared exterior, en la parte más antigua de
la casa, que da á la Wallerstrasse (calle de Waller),
existe otra chapa de mármol, incrustada en ella con
esta inscripción:
DIESES HAUS WAR DAS WOHNHAUS
DES
ULRICH SCHMIDL VON STRAUBINQ
DES
MITENTDECKERS VON BRASILIEN
UND
MITERBAUERS VON BUENOS AIRES
(Esta casa fué la residencia / de / Ulrich Schmidl
de Straubing / co-descubridor del Brasil / y / co-
fundador de Buenos Aires).
Esta casa pertenecía en 1881 á un farmacéutico
llamado Schmídel, que, á pesar de la analogía del
nombre, no tenía ningún grado de parentesco con
su antiguo propietario, pero que conservaba por
tradición algunos recuerdos suyos, entre ellos el
retrato de Schmídel, grabado por Hulsius, algunas
conchas extrañas y un fragmento de piedra bolea-
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS Y BIOGRÁFICAS IJ
dora, perteneciente tal vez á los antiguos queran-
díes que destruyeron la primera población de
Buenos Aires. No se conoce en Europa ningún
manuscrito auténtico de Schmídel, pues el que se
reputaba por tal, y parece que lo era, se ha perdido,
según queda explicado. Por acaso, encontróse en
el archivo de la Asunción del Paraguay un docu-
mento con las firmas autógrafas de una gran parte
de los antiguos conquistadores del Río de la Plata
que acompañaron á don Pedro de Mendoza y á
Cabeza de Vaca, que lleva la fecha de 13 de Marzo
de 154Q y se encuentra en el archivo de don Andrés
Lamas. Entre estas firmas se destaca por lo bien
conservado de la tinta, el carácter elegante de la
letra, la firmeza del pulso y la soltura del rasgo, la
de Ulrich Schmídel, cuyo facsímil es este:
Como este autógrafo pudiera dar todavía motivo
para una cuestión paleográfica, queremos agotar la
materia, demostrando histórica, ortográfica y gráfi-
camente, que Schmídel se firmaba Ulrich Schmidl,
lo que resuelve definitamente la cuestión. Utz es
una abreviación de Ulrich, como Fritz de Fried-
rich, y existe como comprobante el antecedente
histórico de un antiguo y legendario duque de
Baviera llamado Ulrich, que en las antiguas cróni-
20
ULRICH SCHMÍDEL
cas y poemas de la edad media se le llama Utz.
Por lo que respecta al modo como está escrito el
apellido, los dos rasgos que preceden á Smidl (que
son clarísimos), representan la sh ligadas, que toda-
vía se usa en la escritura alemana, distinguiéndose
de la st ligadas, en que no se lleva el nudo ó cruz
indicante de la segunda letra. En cuanto á la orto-
grafía del nombre en sí, Schmidl es lo mismo que
Schmídel, como lo hemos apuntado antes, según
consta de los documentos y originales citados.
Después de esta demostración no quedará duda
que Schmídel se llamaba Schmídel.
IV
BIOGRAFÍA DE SCHMÍDEL
De la vida de Schmídel no se tenían más noticias
que las que él mismo suministra en su concisa his-
toria cuando en 1881 Mondeschein publicó la inte-
resante biografía de que hemos hecho mención
antes, merced á la cual puede seguírsele desde sus
orígenes hasta sus últimos años, en que se pierde
su rastro en la vida.
La familia de Schmídel era antiquísima en Bavie-
ra, y desde 1364 este nombre figura en su -historia
municipal. Sus antecesores fueron ennoblecidos
por Federico 111, quien les concedió por blasón un
escudo de armas con la cabeza de un toro negro
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS Y BIOGRÁFICAS
21
en cuerpo blanco, con una corona alrededor de las
astas, que es el mismo que se ve en el retrato gra-
bado por Hulsius, y que éste copió del manuscrito
original del autor, según lo declara.
El padre de Schmídel, que se llamaba Wolfgang,
fué tres veces burgomaestre de la ciudad de Straub-
ing, procurador de Azlburg y Augsburg, diputado
á la Convención de los Estados en 1506 al final de
la guerra de sucesión, y murió en 1511, según
consta de su piedra tumularia. Hay motivos para
creer que fué casado dos veces. Tuvo tres hijos
varones: Federico, el primogénito, cuyo fin se
ignora, y Tomás, de quien Ulrico hace especial
mención en su historia, que heredaron sucesiva-
mente las prerrogativas de su padre. Respecto del
nacimiento del que debía dar celebridad á su nom-
bre, no existen datos, pero es seguro que debió
tener lugar antes de 1511, en que murió su pa-
dre, ó sea á principios del siglo XVI; y que fué
en Straubing no hay duda, pues él mismo lo
declara: von Straubing.
Nada se sabe de la juventud de Schmídel.
Parece que recibió alguna educación elemental,
ó por lo menos que frecuentó una escuela en su
niñez, y el carácter correcto de su letra, así como
algunas citas literarias de su obra (si es que no son
ornamentaciones de sus copistas ó editores), así
lo harían suponer. Un cronista de Regensburg,
ciudad donde el autor pasó los últimos años de su
vida, deduce de algunos antecedentes vagos, que
se trasladó muy joven á Amberes, en calidad de
22
ULRICH SCHMÍDEL
dependiente de comercio. Lo sabido es que en
1534 se encontraba allí, según consta de su narra-
ción, cuando se alistó como simple soldado volun-
tario con el propósito de dirigirse al nuevo mundo,
de que se contaban tantas maravillas.
Al embarcarse en Amberes debía tener por lo
menos 25 años, pues hacía 23 que su padre había
muerto, y por su retrato, hecho por los años 1564,
se ve un hombre robusto en todo el vigor de la
edad viril, con todo su pelo y barba entera, que no
representa más de cincuenta años.
En el mismo año llegó á Cádiz, y el l.° de
Septiembre de 1534, según él, salló de San Lúcar
con la expedición del Adelantado don Pedro de
Mendoza, con destino al Río de la Plata, descu-
bierto por Solís, explorado por Gaboto y visitado
por Magallanes al dar la vuelta al mundo. Esta
expedición, la más considerable y de gente más
distinguida que hasta entonces hubiese salido de
España para conquistar y poblar nuevas tierras, se
componía de 14 grandes navios, con 2,500 hom-
bres y 150 soldados de la alta Alemania, flamencos
y sajones, armados como arcabuceros (bombardls
traduce Hulsius) y lansquenetes, debiéndose con-
tar él entre los últimos, según él mismo se ha repre-
sentado en su retrato.
Su vida, durante sus peregrinaciones por Amé-
rica, es bien conocida por su propia relación, y
puede seguírsele casi paso á paso en el espacio de
veinte años, que forman su cómputo histórico
(1534-1554). Es una odisea, sin más poesía que
NOTAS BIBLIOGRAFICAS Y BIOGRÁFICAS 23
ia de los hechos descarnados, que empieza con el
incendio de una nueva Troya de paja y termina,
como la del héroe griego, en el hogar paterno.
La expedición de que Schmídel formaba parte,
atravesó el Atlántico, y tocó en Río de Janeiro, á la
sazón despoblado. Allí tuvo lugar la primera trage-
dia, precursora de la conquista y colonización del
Río de la Plata, que debía ensangrentar su cuna y
dar origen á sus revueltas intestinas. Por orden del
Adelantado, fué muerto á puñaladas por cuatro de
sus oficiales, su segundo Juan de Osorio, y su
cadáver expuésto en la plaza, publicándose por
bando que moría por traidor, y que en igual pena
incurrirían los que se moviesen por su causa. La
opinión de los soldados condenó este atentado,
según nos lo hace saber el soldado historiador, con
estas palabras: « En lo cual se procedió sin motivo
justo, porque Osorio era bueno, íntegro, fuerte sol-
dado, oficioso, liberal y muy querido de sus com-
pañeros. » Este fallo ha sido confirmado por la
historia.
En 1535 llegó al Río de la Plata. Fué uno de los
primitivos fundadores de Buenos Aires en la embo-
cadura del Riachuelo, y se halló en la batalla de
Matanza, en que murió el hermano del Adelanta-
do. En la edición de Hulsius está pintada esta
batalla en una curiosa lámina, que reproducimos
en facsímil. (Ver lámina cap. VIIL)
Padeció el hambre que afligió á los primeros fun-
dadores de la nueva ciudad, y estuvo presente en el
asalto que le llevaron los querandíes, presenciando
24
ULRICH SCHMÍDEL
el incendio de sus ranchos y de parte de sus naves
el día de San Juan de 1536. Más adelante publica-
mos la lámina de la edición de Hulsius, en que se
representa la escena del asalto y del incendio de
las naves, que por su interés histórico reproduci-
mos también fielmente, lo mismo que la que con-
serva memoria de una de las atroces escenas de
aquel primer sitio. (Ver láminas caps. IX y XI.)
Después de este contraste se pasó revista á las
tropas, y sólo se hallaron presentes 560 hombres de
los 2,500 salidos de España. «Los demás, dice
Schmídel con su habitual laconismo, habían muer-
to, y la mayor parte de hambre. » En seguida con-
currió á la campaña contra los timbús, que dió por
resultado su sometimiento, siendo uno de los fun-
dadores de Corpus Christi, en el Paraná, que él
llama Buena Esperanza, tercera estación de la colo-
nización europea en el Río de la Plata.
En 1536-1537 formó parte de la expedición de
Ayolas, sucesor de Mendoza, subiendo los ríos
Paraná y Paraguay para descubrir nuevas tierras, y
fué uno de los fundadores de la Asunción, después
de asistir á todos los combates que precedieron á
este establecimiento. Desde entonces continuó
militando bajo la bandera de Domingo Martínez
de Irala, de quien fué constante partidario, y á
cuya proclamación como jefe de la reciente colo-
nia, por el voto de los conquistadores, concurrió,
haciéndole como historiador la justicia que la pos-
teridad le ha hecho. Volvió á Buenos Aires; y
enviado á la costa del Brasil formando parte de un
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS Y BIOGRÁFICAS
25
convoy en busca de víveres, naufragó á la entrada
del Río de la Plata en 1538, presenciando el año
1541 el abandono de la primera población de Bue-
nos Aires, fundada en el Riachuelo.
En el Paraguay continuó guerreando por el espa-
cio de cuatro años. Desde 1542 siryió con el Ade-
lantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca, del que se
muestra enemigo, y á quien trata con menosprecio,
juzgándolo con su criterio de aventurero: «No era
hombre para tanta empresa — dice en su historia,
— y le aborrecían todos porque era perezoso y
poco piadoso con los soldados. » Por este tiempo
navegó el Paraguay hasta sus nacientes en los
Xarayes, penetrando tierra adentro con sus compa-
ñeros en busca del país de las Amazonas, del que
dió noticias de oídas tres años antes que Orellana
acreditase esta fábula. En esta expedición dice él
que los soldados ganaron 200 ducados. De regreso
de ella, Cabeza de Vaca pretendió despojarlos en
provecho propio de su botín de guerra, y esto pro-
vocó la primera sublevación contra él, en que tomó
parte activa Schmídel. “Nos tumultuamos, dice,
contra el Adelantado, diciéndole cara á cara nos
restituyese lo que nos había quitado, que de otro
modo veríamos lo que habíamos de hacer”. Cabeza
de Vaca hubo de ceder, y desde,entonces su auto-
ridad, ya moralmente comprometida, quedó que-
brada. Poco después (1544), el Adelantado fué de-
puesto por un pronunciamiento unánime de “no-
bles y plebeyos”, según la expresión de Schmídel,
y aclamado nuevamente Martínez de Irala, quien
26
ULRICH SCHMiDEL
con su autoridad y sus talentos consolidó la colo-
nización emprendida y sometió todo el país á sus
armas y á su ley.
Schmídel acompañó á Irala en todas sus empre-
sas y trabajos, mereciendo su confianza, á pesar de
no ser sino un soldado raso. En seguimiento de su
caudillo cruzó el Chaco, en 1548, hasta el Alto Pe-
rú, donde los conquistadores del Río de la Plata se
encontraron en la ciudad de La Plata con los del
Perú, pasando los emisarios de Irala hasta Lima. En
esta marcha extraordinaria llena de peripecias, en
que los expedicionarios padecieron hambre y sed,
llegaron á un lugar en que sólo existía un manan-
tial por cuya posesión los naturales se hacían gue-
rra entre sí. Schmídel fué nombrado centinela y
distribuidor del agua por designación expresa de
su general, y desempeñó su cometido con tanta
firmeza, previsión y equidad, que se granjeó la es-
timación general, lo que indica el grado de consi-
deración que gozaba entre oficiales y soldados. De
regreso de esta expedición en 154Q, tomó parte en
las revueltas intestinas que agitaron al Paraguay, y
fué entonces cuando suscribió en San Fernando, el
13 de marzo de 154Q, el acta en que por el voto de
todos los conquistadores se confirmaba el nombra-
miento de Irala c»mo gobernador, y en la cual se
registra la única firma autógrafa que de él se cono-
ce, y de que hemos dado noticia ya con su facsí-
mil. Afirmada la autoridad de Irala en 1552, la co-
lonización se consolidó y la tierra entró en paz.
Por este tiempo recibió una carta de su hermano
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS Y BIOGRÁFICAS
27
en que le llamaba con instancia, y en consecuencia
solicitó licencia para retornar á Europa, la que al
principio le fué negada, y á sus ruegos concedida
al fin con recomendaciones muy honrosas por sus
buenos servicios. Después de veinte años conti-
nuos de navegaciones, fatigas, combates, explora-
ciones, descubrimientos y fundaciones de ciudades
nuevas, se despidió de sus compañeros de armas y
recorrió con veinte hombres y en veinte días en
medio de peligros y combates, parte del camino
mediterráneo que Cabeza de Vaca había andado
en ocho meses con más de 400 hombres. Embar-
cóse en el puerto de San Vicente en el Brasil, y pa-
sando por Portugal, España é Inglaterra, regresó á
su patria el 26 de enero de 1554, dando gracias al
Todopoderoso por haber preservado su vida en
medio de tantos trabajos, miserias y peligros.
Aquí terminan las aventuras y observaciones es-
critas por él mismo, y hasta aquí alcanzaban las no-
ticias que de él se tenían, cuando en 1881 publicó
Mondeschein su biografía completa.
A los ocho meses de restituido á su hogar, mu-
rió su hermano Tomás, que le había llamado, el 20
de septiembre de 1554, instituyéndole heredero de
una parte de sus bienes á la par de su viuda, por
testamento escrito tres días antes de morir, here-
dando á la vez el blasón de su familia como último
representante de ella por línea directa.
En su testamento, Tomás legó un capital de 2000
florines, que debía producir una renta anual de 100
florines, con destino á los estudiantes de la familia
28
ULRICH SCHMÍDEL
Schmídel, y en caso de no existir miembro alguno
de ella, beneficiar con la renta á dos estudiantes de
la universidad de Ingolstadt que diesen pruebas de
saber bien el latín, lo que indicaría que Tomás po-
seía una fortuna bastante considerable y que era
tradicional en su familia la cultura del espíritu. En
la carta fundamental de la institución que aun exis-
te, Ulrico aparece como ejecutor testamentario de
la voluntad póstuma de su hermano. En 1558 figu-
ra como consejero de su ciudad natal, lo que indica
que gozaba de popularidad y de consideración so-
cial entre sus conciudadanos.
La reforma de Lutero, que había agitado profun-
damente á la Alemania durante la ausencia del
guerrero-historiador, tuvo una repercusión póstu-
ma en Straubing, y vino á perturbar su descanso en
su pacífico hogar. Schmídel se declaró reformista,
y á consecuencia de la activa participación que to-
mó en las agitaciones que con tal motivo sobrevi-
nieron, hasta en el seno del mismo consejo de que
era miembro, fué desterrado de su país natal en
1562.
El proscripto se refugió en la imperial ciudad de
Regensburg, donde recibió de los habitantes y de
sus autoridades una munificente hospitalidad, jun-
tamente con otros ciudadanos de Straubing, extra-
ñados por cuestiones religiosas. El' l.° de marzo
de 1563 tomó carta de ciudadanía en su nueva re-
sidencia, según consta de los registros municipales
que aun se conservan. Allí, gozando de mucha
consideración, y al parecer dueño de una regular
NOTAS BIBLIOORAFICAS Y BIOGRÁFICAS
29
fortuna, compró un terreno con una casa en ruinas
sobre las cuales edificó una nueva.
Fué probablemente por este tiempo cuando em-
pezó á escribir sus memorias, consultando sus
apuntes de viaje, pues así se deduce de la multitud
de hechos, nombres, fechas y cantidades que cita
en ellas, y cuya exactitud el tiempo ha confirmado.
El milésimo de 1564 que lleva el códice de Mu-
nich, juntamente con el nombre del autor que se
tiene por autógrafo, prueba que en este año había
terminado su obra, y que corrían de ella copias ma-
nuscritas, pues se conocen dos que corresponden
i esa época.
Una especie de misterio acompaña esta última
época de su vida. Al trasladarse á Regensburg, lle-
vaba consigo una niña llamada Ana Weberin, de
nueve años de edad, nacida en Landau, que le so-
brevivió, muriendo á los 92 años. Todo esto induce
á pensar, que vivió soltero, y que con él se extin-
guió su estirpe.
Aquí se pierden los últimos rastros de la vida de
Schmídel. Es probable que terminase sus días en
la casa por él edificada, como lo indicarían las pie-
dras que atestiguan que la habitó y los recuerdos
tradicionales que aun se conservan en honor de su
memoria. Un anticuario bávaro le hace vivir hasta
1581, época en que se reedificaba la ciudad de
Buenos Aires, de que había sido primitivo funda-
dor, pero no existen documentos que lo com-
prueben.
El retrato de cuerpo entero de Schmídel da la
30
ULRICH SCHMIDEL
idea de un hombre de constitución robusta, con
miembros bien distribuidos y una poderosa muscu-
latura, apropiada para el ejercicio de las armas de
que está revestido. En su fisonomía se hermana la
benevolencia con la fuerza. Sus trabajos dan la
muestra de su resistencia física. Su letra indica una
mano firme y experta. Su relato revela el carácter
sólido de un alemán de temperamento sanguíneo-
linfático, con propensión instintiva á las aventuras,
á la par de un juicio sano y un sentido moral que
se subleva contra la injusticia en su medida. En
medio de esto, cierta indiferencia del soldado de
valor frío, que mata, incendia, saquea y cautiva
hombres y mujeres, en cumplimiento del deber ó
su provecho propio. Como historiador, se limita
por lo general á narrar lacónicamente los hechos,
malos ó buenos, sin reprobarlos ni aplaudirlos, y
sólo una que otra vez formula una condenación
relativa, ó consigna el juicio de la colectividad á
que pertenecía, y de cuyas pasiones participaba con
una templanza rara en un aventurero de aquella
época, tratándose de salvajes que sus contemporá-
neos consideraban poco menos que bestias. La
fidelidad á su caudillo de elección es otro de sus
rasgos característicos.
Las comisiones arriesgadas que desempeñó con
éxito en varias ocasiones, á pesar de no ser sino un
simple soldado, demuestran que mereció la con-
fianza de sus jefes. De la consideración que gozaba
entre sus camaradas, dan testimonio su influencia
en los pronunciamientos en que fué actor, la cir-
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS Y BIOGRÁFICAS
31
cunstancía de ser llamado á autorizar con su nom-
bre las deliberaciones de los oficiales que figura-
ban en primera línea, y, sobre todo, el episodio del
manantial de agua, de que se proveía el ejército en
un desierto, cuando todos padecían sed, y de que
él fué custodio y distribuidor.
La redacción de sus memorias es la de un hom-
bre de acción, más apto para manejar las armas
que la pluma, con poca imaginación y ninguna
inclinación á lo pintoresco ó adornos del estiloi
que aun después de limadas por su primer editor y
vertidas al culto idioma latino, acusan su nativa tos-
quedad. Empero, algunas de sus citas literarias in-
dicarían cierta cultura, como, por ejemplo, cuando
compara á Cabeza de Vaca á un personaje de
Terencio, ó dice que los tupis hacían una vida epi-
cúrica (que Hulsius traduce: Vitam agunt, ut Epi-
curei de gregi porci). A veces se manifiesta algo
crédulo respecto de las cosas que se le cuentan, con
tendencia á exagerar el número de las tribus bár-
baras con que combate. A la vez se nota en él un
espíritu despreocupado, aunque religioso, y obser-
vador atento de todo lo que ve, aunque no muy
penetrante. Lo que apunta de paso sobre los ani-
males y las plantas, los paisajes que describe con
un breve rasgo, la designación que hace de los
astros para marcar posiciones geográficas en los
mares y en la tierra, indican que los fenómenos de
la naturaleza no pasaban para él desapercibidos
y que llamaban fuertemente su atención. Un sen-
timiento de verdad en cuanto á los hechos, de
32
ULRICH SCHMÍDEL
exactitud y precisión en cuanto á los lugares,
fechas y distancias; un instinto de imparcialidad
sin afectación, con tendencia á identificarse con la
multitud de que forma parte, le caracterizan como
historiador. Como lo hemos dicho antes, es, á la
par de Bernal Díaz del Castillo, aunque en escala
inferior, uno de los dos únicos historiadores-sol-
dados que en su género cuenta la literatura uni-
versal.
V
LA OBRA DE SCHMÍDEL
La obra de Schmídel carece de un texto correc-
to que la presente ante la posteridad tal como es
y como debe ser. El manuscrito que sirvió de ori-
ginal para la primera edición alemana, está plaga-
do de errorés ortográficos, que hacen ininteligibles
los nombres de las personas, de las tribus y de los
lugares, errores que fueron reproducidos en las dos
ediciones de De Bry. Hulsius corrigió algunos
nombres de personas y diversas inexactitudes de
detalle, pero dejó subsistentes muchos lunares, que
es muy fácil borrar. Barcia, que la tradujo sobre el
texto latino de Hulsius, hizo algunas correcciones y
anotaciones, pero desgraciadamente murió antes
que saliese á luz su trabajo en su colección de los
«Historiadores primitivos de Indias». Angelis, que
la incluye en su colección de «Documentos para la
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS Y BIOGRÁFICAS
33
historia del Río de la Plata», se limitó á reproducir
con muy poca diferencia el texto de Barcia, sin co-
tejarlo con las ediciones originales, que, á estar á su
propia declaración, parece que entonces no cono-
cía, ni siquiera la de Hulsius. Ternaux Compans,
que la tradujo al francés, se ha ceñido al texto de
Hulsius, ateniéndose alguna vez á la letra de la pri-
mera edición alemana, y ha procurado ilustrarla
con algunas notas, pero ha adelantado muy poco,
porque no estaba bien preparado para la tarea. En
suma, está todavía por hacerse una edición de Sch-
mídel, comparada, correcta y bien ilustrada, que fije
su texto, á fin de que sea más útil á la historia como
documento.
El juicio respecto del libro de Schmídel está de-
finitivamente formado y es unánime. Hulsius dice
que leyó el manuscrito original «con placer y admi-
ración». Camus, entre otros méritos, le reconoce
el ser uno de los primeros que se hayan escrito so-
bre esta parte de la América meridional. Azara, tan
severo con los cronistas del Río de la Plata, y juez
competente en la materia como geógrafo y cono-
cedor del país, declara que «su obra es la más
exacta, la más puntual en las situaciones y distan-
cias de los lugares, y la más ingenua é imparcial».
Ternaux Compans, como americanista ratifica es-
tos juicios y agrega que «su narración lleva un gran
carácter de verdad». La opinión de Burmeister, no
menos severo y competente que Azara, es que «su
relación quedará como un documento importante
de la colonización europea en América, y sería bien
34
ULRICH SCHMÍDEL
precioso que existiesen otras relaciones de la misma
época tan dignas de fe, sobre las demás comarcas
de la América del Sud».
El libro de Schmídel, casi desconocido por el es-
pacio de dos siglos y medio, á causa de los idiomas
en que fué impreso, es muy poco conocido aún en
la misma Alemania. «Puede asegurarse, dice su
último biógrafo alemán, que la obra de Schmídel
es más conocida y apreciada en la República Ar-
gentina que en su propia tierra. Su misma ciudad
natal no posee siquiera un ejemplar del libro que
apareció impreso en cantidad». Corresponde, pues,
á los argentinos, á quienes interesa más y que lo
aprecian en lo que vale, hacer una edición comple-
ta y correcta, que fije su texto definitivo y lo ilustre,
confrontándolo con los documentos, y determinar
sobre esta base la carta etnográfica del país al tiem-
po de la conquista, á la vez que el itinerario de su
primer colono-historiador.
Para desempeñar cumplidamente esta tarea, se-
ría necesario tomar por base el manuscrito antiguo
que existe en la biblioteca de Munich, ya que el
original que sirvió de texto á Hulsius ha desapare-
cido, y cotejarlo con el texto de la primera edición
alemana. Prescindiendo de las ediciones de De
Bry, que sólo tienen un valor relativo, debe tenerse
presente en la comparación la traducción latina de
Hulsius, que la corrige en parte, la abrevia en otras
y la ilustra en algunos de sus parajes. Tomando en
cuenta las correcciones y anotaciones que poste-
riormente se han hecho en las ediciones en español
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS Y BIOGRÁFICAS
35
y francés, sería fácil depurar el texto con presencia
de la historia de Azara, que, escrita sobre documen-
tos originales, da la llave de la nomenclatura geo-
gráfica y biográfica, de la cronología y de la etno-
grafía de la época del descubrimiento, conquista y
población del Río de la Plata.
PRÓLOGO
DEL TRADUCTOR
D. Samuel A. Lafone Quevedo
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
I
PRELIMINAR
1. Este Prólogo tiene por principal objeto tratar
con algo más de extensión aquellos puntos del tex-
to de Schmídel que no se prestan á ser aclarados
en las cortas notas que nos permite el reglamento
á que se sujetaron las publicaciones de nuestra So-
ciedad: ellas han de limitarse á una sencilla y breve
explicación del texto, cuando éste lo requiera. La
limitación es acertada, porque notas largas interrum-
pen la lectura y fastidian, sobre todo cuando suce-
de que el texto es de una ó pocas líneas y la nota
de todo el resto de la página. A este mal se aumen-
ta otro, que la nota va en tipo diminuto, lo que
cansa la vista. Quedaba el otro recurso, el de no-
tas completas en un apéndice; mas esto también
tiene sus inconvenientes : no siempre se siente uno
con voluntad de revolver las páginas al fin de un
volumen. Se ha creído, pues, que todos estos in-
40
ULRICH SCHMÍDEL
convenientes se podrían salvar en un Prólogo con
párrafos numerados en que se presentasen al lector
los fundamentos de las explicaciones dadas en re-
sumen en las notas al texto. Para mayor facilidad
de referencia, cada capítulo, á más de su número,
llevará también un título alusivo á la materia de que
se trata.
II
CRONOLOGÍA
2. Se le acusa á Schmídel de ser inexacto á este
respecto, y seguramente las fechas que él da no
siempre son las de los acontecimientos á que co-
rresponden. La cuestión es si estos son errores de
pluma, de ignorancia ú olvido, ó de computación
por diferencia de calendarios; pero cierto es que el
error de Schmídel de incluir la primera fundación
de Buenos Aires en el año 1535 ha sido madre fe-
cunda de muchos otros durante el siglo que acaba
de terminar (XIX). Madero en su conocida obra
dejó establecido el año 1536 como el que corres-
pondía á la tal fundación. — Como se verá en la
nota al pie de la página citada. Madero deduce que
esto debió suceder á mediados del mes de Marzo
de 1536. Villalta dice que Mendoza «llegó á la
(1) «Historia del Puerto de Buenos Aires», 1892, p. 106.
Í2) Relación de Villalta, § 1. Ver Apéndice A.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
41
isla de San Gabriel entrante el año de 536,» mien-
tras queSchmídel (ó cuenta que, Dios mediante, lle-
garon al Río de la Plata el año 1535. Una de las
dos fechas está mal, y por cierto que no es la de
Villalta. ¿Cómo se explica entonces la diferencia?
Muy fácilmente. Para un Bávaro, que escribía ó
dictaba en Baviera, y probablemente valiéndose de
un clerical, el año 1535 duraba hasta el 28 de Fe-
brero del que para nosotros (y, para Villalta tam-
bién) sería 1536 Acostumbrados como estamos
al calendario reformado, en uso actualmente, nos
olvidamos que en otros tiempos y en otros países se
computaba el año de distinta manera. De esto re-
sulta que Schmídel en su relación arranca su cro-
nología con atraso de un año. Veamos si este error
es constante. Empecemos por eliminar la fecha
1538 ®, que es la de la llegada de Alonso de Ca-
brera al Río de la Plata. Pasemos al cap. XL en que
se da la fecha de la prisión de Alvar Núñez Cabe-
za de Vaca, día de San Marcos (Abril 25) de 1553.
Está visto que este es un error de pluma por 1543,
como está en la edición alemana de 1567. El hecho
tuvo lugar en el día citado, pero del año 1544
p. 181. Aquí, pues, tenemos nuevamente el año de
diferencia y en el mismo sentido. Dos fechas más
se dejan para tratarlas con la de arriba de 1538, y
(1) Cap. VI.
(2) VerN.o 29 de la «Revísta del Instituto Paraguayo», art. Schmídel, y
«Dice. Encicl. Hisp. Amer.*, voz Año.
(3) Dice la nota al texto alemán que el MS. da aquí 1539, como estaba en
las ediciones antiguas, p. 36, nota 2.
(4) «Memoria de Pero Hernández», ed. de Pelliza, p. 181, etc.. Ap. B.
42
ULRICH SCHMÍDEL »
son estas: (1) el levantamiento de los Carlos, 1546,
y (2) la expedición al Perú, 1548. El 25 de Julio de
1552 recibe Schmídel cartas de España llamándolo
á su país y el 26 de Diciembre del mismo año parte
de la Asunción. El 24 de Junio de 1553 se em-
barca en el puerto de San Vicente (Santos), llega á
Lisboa el 30 de Septiembre, y el 26 de Enero de
1554 desembarca en Amberes. Según la hipótesis
ya enunciada, 1554 debería ser 1555, y en tal caso
las dos fechas anteriores 1552 y 1553 serían respec-
tivamente 1553 y 1554, sin que sea una dificultad
la referencia al «día de año nuevo» en Enero de
1554; porque las variaciones de calendario no im-
pedían que se llamase así el l.° de Enero
3. En todas las fechas anteriores tenemos que
dos de ellas llevan un año de atraso, y en las de-
más sospechamos que suceda lo mismo ; pero que-
dan unas 3 en que el autor aumenta un año y son :
— (1) 153 Q ® por 1538 — llegada de Alonso Ca-
brera (2) 1546 por 1545 — guerra con los Ca-
ríos ; y (3) 1548 por 1547 — partida de Irala al Pe-
rú No nos explicamos cómo ha podido suceder
esto, no siendo que Schmídel apuntaba las fechas
sobre poco más ó menos, como que probable es
que hacía su relación de memoria, y que le pertur-
baba el diferente modo de computar el año.
4. La cosa no es de mayor importancia, y en los
(1) Véase la cita anterior del «Dice. Encid.», voz Año.
(2) P. 36, ed. alemana de 1889.
(3) «Memoria de Pero Hernández», ed. Pelliza, p. 163. Ap. B.
(4) Guerra con los Garios 1545. Carta de Irala 1555. «Schmídel» de Pelli-
za. 1881, p. 126. Ap. C.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
43
casos de significación tenemos documentos á la
mano que nos dan las fechas exactas.
5. Es curioso que en una de las ediciones alema-
nas dice Schmídel que regresó á los 20 años (de
1534 á 1554), mientras que en la latina los años son
19 calculados entre los mismos 1534 y 1554.
111
DISTANCIAS
6. Schmídel siempre habla de «■millas^, y las
más de las veces agrega esto — wegs — «de cami-
no», que no es la misma cosa que distancia abso-
luta, ó por altura, que sería la que calculaban los
pilotos. El mapa en la edición latina de Hulsius
(1599) trae una escala de millas en la que se ve
que 60 millas italianas son iguales á 17 4 españo-
las, así que las «^millas» en nuestro continente son
de á 17 4 en grado, ó sea una legua de algo más
que tres millas. Algunas de las distancias se ve que
resultan de error de pluma, como aquella de 20 mi-
llas entre San Lúcar y las Canarias, según la edición
alemana de 1567. La del año 1889 da aquí 200 mi-
llas, pero no dice el editor si es corrección de él ó
transcripción exacta del MS. Las 500 millas del Ja-
neiro al Río de la Plata serían unas 1500 á razón de
(1) «Entrada de Irala al Perú», ibid, p. 126 et seq.
(2) Véase el mapa I.
44
ULRICH SCHMÍDEL
3 por 1 ; pero aun aquí es probable que el <^wegs»
que califica esta distancia represente el aumento
ocasionado por una derrota que no es la de nues-
tros vapores de los siglos XIX y XX. Al fin del ca-
pítulo VI habla del ancho del Paraná en la altura de
San Gabriel, ó la Colonia, y las ocho leguas que es-
tablece corresponden muy bien á las que se cuentan
entre San Gabriel y la Punta de Lara. El explorador
Boggiani, gran conocedor de muchos de los luga-
res citados por Schmídel, insiste en que las distan-
cias citadas por nuestro autor son bastante exactas.
IV
EXPEDICIÓN DE MENDOZA
NÚMERO DE HOMBRES Y EMBARCACIONES
1. Schmídel dice terminantemente que fueron
«2500 Españoles y 150 Alto-Alemanes, Neerlande-
ses, y Sajones» y que 14 eran los navios. No sé que
el testimonio de Herrera haga fe contra lo que
dicen Schmídel Isabel de Guevara <3)^ Oviedo
y otros ®. El primero reduce á 800 más ó menos
la gente que se embarcó con Mendoza ; pero él
(1) Dec. V, lib. IX, cap. X, p. 220, ed. Mad., 1730.
(2) Cap. I.
(3) Carta «Schmídel*, ed. Pelliza, p. 244. Ap. D.
(4) «Hist. de Indias», lib. XXIII, cap. VI, p. 181.
(5) Ver «Schmídel». Artículo en la «Revista del Instituto Paraguayo», nú-
mero 29, por S. A. Lafone Quevedo.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
45
escribía ateniéndose á lo que constaba de docu-
mentos oficiales, que no son el todo en esta clase
de expediciones. Si se alega que Schmídel aumen-
taba, se puede contestar que Herrera disminuía, y
que los agregados pudieron ser dos tantos más que
los del escalafón oficial. Con 800 hombres no hu-
biesen quedado ni con quienes fundar la Asunción.
Herrera tampoco nombra mujeres y sin embargo
sabemos que las hubo ; entonces deberíamos tam-
bién asegurar que Isabel de Guevara ni existió ni
vió los 1500 hombres á que se refiere, porque He-
rrera no se acordó de ella. Esto no quiere decir que
Schmídel no exageró el número de los expedicio-
narios, y que en lugar de 2500 no fueron sólo 1500,
como asegura la Guevara, los que con los 150
Alemanes, mujeres, y otros, harían los 2000, que es
el guarismo más general. Fácil es que se haya equi-
vocado alguien escribiendo ó leyendo 2 mil por 1
mil : las cifras 1 y 2 no siempre se distinguen muy
bien en los MSS. viejos. Sea de ello lo que fuere,
en este punto no se le puede refutar á Schmídel con
datos precisos como en el caso de la fecha 1535
por 1536, que es (esta) la verdadera de la fundación
de Buenos Aires. En el artículo citado de la Revista
Paraguaya concluyo así : «Toda la «lucidez y eru-
» dición exquisita» del señor Fregeiro no va más
» allá de establecer que, por el dato oficial, 2000
» fueron los que Mendoza conducía por cuenta
» propia : Schmídel estaría, ó no, en lo cierto cuan-
» do escribió que de San Lúcar partieron 2500 Es-
» pañoles y 150 Tudescos en 14 naves. No se ha
» probado que esto no sea así.»
46
ULRICH SCHMÍDEL
V
LAS MARAVILLAS DEL MAR
8. De admirar es que Schmídel se haya conten-
tado con tan poca cosa, porque lo que cuenta de
los peces raros poco discrepa de la realidad. El
principal de ellos es ese Schaubhuetfischs, el Re-
mora Remora, que Burmeister llama Echeneis nau-
crates. El nombre alemán significa — pez-sombre-
ro-de-paja — y se llama así porque sobre la cabeza
tiene una especie de chupón ó fuente muy curiosa,
ovalada, con la que se adhiere á otro cuerpo cual-
quiera. De ello nació el cuento de que atajaban los
buques. Schmídel los describe dos veces, al prin-
cipio y al fin de su relación, y en la segunda vez les
da el nombre español de Sumére, que no puede ser
otra cosa que Sombrero. Extraño es que sólo le
hayan hablado de los golpes que estos peces da-
ban contra los costados de las embarcaciones
9. Los peces sierra y espadas son tan conocidos
hoy por las historias naturales que nadie se admira
de ellos ; mas en aquel tiempo las ballenas y los
peces voladores eran lo que sería el pez sombrero
para nosotros ; y de los segundos se cuenta que
una vieja se enojó con su nieto marinero cuando
Ojl Ver cap. IV al fin.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
47
éste le decía que en el mar había peces que vo-
laban, y sólo se reconcilió con ella al inventarle
que en el Mar Rojo habían pescado una de las
ruedas del carro de Faraón.
10. Precisamente es por la seriedad con que
Schmídel cuenta lo que vió en alta mar, por lo que
podemos confiar en él cuando nos hace la rela-
ción de sus viajes. En el curso de su historia se
verá que era un hombre sensato, y que cuando se
trataba de consejas, y cosas por el estilo, no les
atribuía más importancia que la que tenían, como
por ejemplo en el caso de los basiliscos á propó-
sito de los Yacaré. Lo de las Amazonas era creen-
cia general, y así muchas otras tradiciones, como
aquella de que un poco más allá estaba el Paititi,
el País de la Sal, la Ciudad de los Césares, — en
una palabra — El Dorado ; pero aun por este lado
era muy sobrio el Estraubigense.
VI
MANDIOCA. MANDUBÍ Y BATATAS.
11. Tanto la mandioca cuanto el maní (Mandu-
bí), y la batata, son plantas indígenas de América,
como lo demuestra de Candolle y lástima es que
(1) Caps. XVI, XX, XXXII y XLIV.
(2) Alphonse de Candolle. Origine des Plantes Ciiltivées^, pp. 27 et
seq.
4S
ULRICH SCHMÍDEL
no haya conocido, ó que no haya citado, las noti-
cias que Schmídel nos da de estas importantes
plantas de nuestro suelo americano Los lugares
remotísimos en que se hallaron estos productos ya
antes del año 1550, demuestra hasta la evidencia, y
sin lugar á la menor duda, que en nuestro conti-
nente, y no en el de Africa, se descubrieron. La
obra de Candolle es tan conocida, y de tan fácil
consulta que no hay para que reproducir sus argu-
mentos, y baste con decir que se refuerzan con las
noticias contenidas en el texto de nuestro Schmídel.
12. Según informes del doctor Manuel Domín-
guez, se distinguen hoy muchas más clases de
mandioca que las que menciona nuestro autor,
pero nos limitaremos aquí á éstas, que parecen
ser las mismas que cita Ruiz de Montoya
13. La mandioca es la raíz de una de las eufor-
bias, plantas por lo general venenosas, pero muy
Útiles, como por ejemplo el castor ó tártago. Pohl
la llama Manihot utilissima, y Lineo, Játropha
Manihot
14. Schmídel hace mención de la mandioca
cinco ó más veces, pero en sólo tres distingue en-
tre las clases Yo las identifico así:
15. Manteochade ó Manndeochade. — Man-
dióg eté ó tapoü''^ Esta es la Mandi-ó-tin del
doctor Manuel Domínguez quien dice : «Es la
(1) «Tesoro de la Lengua Guaraní», voz Mandióg.
(2) De Candolle, obra citada.
(3) Caps. XVI, XX, XXXII, XLIV, etc.
(4) Ruiz de Montoya, voz Mannióg.
(5) Actual Ministro de Reí. Ext. en el Paraguay. Carta de Enero 12, 1902.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
49
mejor mandioca. Es el pan de la mesa paraguaya».
Ruiz de Montoya confunde la eté con la tapoü.
Mandeoch mandepcere ó manndepone. — Es-
ta puede ser la pepirá que es la colorada y
dulce.
Mándeos perroy. — Si esta es la Mandi-ó-tapó-
yo-á de Domínguez ® «es la mandioca más gran-
de, un tanto insípida, pero se come : rinde mucho
almidón». Ver arriba § 15.
Manteoch ó Manteos propie ó propy.— Es
la poropi de Montoya ^3)^ que él llama «dulce» y
Schmídel dice «que sabe á castañas».
16. E Manduiss^‘^^ es nuestro maní. — Arachis
hypogcea de Lineo Lo encuentra Schmídel en
toda la tierra caliente del Interior y lo nombra va-
rias veces. Es otra de las plantas útilísimas origi-
narias de América, como lo es también la batata
quQ tantas veces nombra nuestro autor
17. Oviedo en su historia da esta noticia del
Mandubí: — «se siembra y nasge debaxo de tierra,
y tirándose la rama se seca ó arranca, y en la rays
está aquel fructo metido en capullos como los gar-
banzos y tamaño como avellanas, y assados y cru-
dos son de muy buen gusto».
(1) Ruiz de Montoya, voz Mandióg.
(2) Carta citada.
(3) Mandubí. Ruiz de Montoya.
(4) De Candolle, p. 330.
(5) Caps. XX, XXXII, XLIV.
(6) De Candolle, obra citada. Convólvolus Batatas, Lineo, Batatas edu-
lis, Chois.
(7) Lib. XXIII, cap. XII, p. 193.
50
ULRICH SCHMlDEL
18. Sólo nos falta en esta lista ese Vachgekhue
ó bachakhue que yo identifico con el Mbacucú ó
Xiquima de Ruiz de Montoya, quien sólo dice de
ella que es raíz conocida.
Vil
CERRO DE SAN FERNANDO
IQ. El Pan de Azúcar del mapa de Azara, en
21®30'. Se halla cerca del puerto de la Candelaria
por donde Juan de Ayolas hizo su entrada. Alvar
Núñez Cabeza de Vaca lo coloca en 21® «menos
un tercio», es decir 21° 20’, y no 20° 40’ Es un
modo de decir, porque el que subía le faltaba un
tercio de grado para alcanzar á los 21°. Que esto
es así se prueba fácilmente : Oviedo, después de
contar los regocijos cuando Salazar se juntó con
Vergara (Irala), dice que bajaron á lo que «agora
llaman — la Asungión, questá en 25 grados menos
un tergio^^. — Esta ciudad se halla en 25° 20’ de
Lat. Sur — más ó menos, y no en 24° 40’
(1) «Coment.», cap. XLIX.
(2) Lib. XXIII, cap. XIII, p. 195.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
51
vm
LOS HORRORES DEL HAMBRE
20. La traducción inglesa de 1891, publicada
bajo los auspicios de la Sociedad «Hakluyt» tra-
ta de exagerada y de increíble á la relación de
Schmídel en su capítulo IX. He aquí lo que al res-
pecto dice Villalta ® :
«Llegados al Pueblo los Bergantines i poca
» gente que heñíamos hallamos que hera tanta la
» necesidad i hambre que pasaban que hera es-
» panto por (que) unos tenían á su compañero
» muerto 3 i 4 días i tomaban la Ración por po-
» derse pasar la vida con ella ; otros de berse tan
» Hambrientos les aconteció comer carne huma-
» na i así se bido que asta 2 ombres que hicie-
» ron justicia se comieron de la cintura para abaxo.»
En sus párrafos 6 y 1 1 Villalta agrega esto á pro-
pósito de las necesidades : — «dig-o los Soldados,
porque los Capitanes i allegados á ellos estos nun-
ca pasaron necesidad, etc.»
21. Ruy Díaz de Guzmán w confirma todo esto;
entre otras cosas dice :
(1) Schmídel, p. 10, en la nota.
(2) Carta, § 7.°. Ap. A.
(3) La bastardilla es mía.
(4) «La Argentina», cap. XII.
52
ULRICH SCHMÍDEL
« Comieron carne humana ; así le sucedió á esta
» mísera gente, porque los vivos se sustentaban de
» la carne de los que morían, y aun de los ahorca-
» dos por justicia, sin dejarle más de los huesos, y
» tal vez hubo hermano que sacó la asadura y en-
» trañas á otro que estaba muerto para sustentarse
» con ella, etc.»
Si se objeta que este historiador no es de los
más fidedignos, acudamos á Herrera, quien com-
pulsó la mejor documentación de su tiempo En-
tre lo demás que conducía Antón López de Aguiar
venía un indulto al que se refiere el historiador de
indias en estas palabras :
« Y porque se entendió que la extrema hambre
» que aquellos castellanos habían padecido, los
» había forzado á comer carne humana y que por
» temor de ser castigados se andaban entre los In-
» dios, viviendo como Alárabes, el rey los perdonó y
» mandó que los recibiesen sin castigarlos por ello,
' teniéndolo por menos inconveniente, atenta la
» gran hambre que á ellos los necesitó que pasasen
» la vida sin oir los Divinos Oficios, ni hacer obras
» de cristianos. »
No hay para qué abundar en más citas : está
visto que Schmídel describía lo que presenció co-
mo testigo de vista, y como ésta muchas otras co-
sas más.
(1) Dec. VI, lib. III, cap. XVIII.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
53
IX
LOS COMEDORES DE CARNE HUMANA
22. Parece increíble que aun haya personas que
duden de la existencia en todos los tiempos de
«Comedores de carne humana», ó sean antropófa-
gos, llamados en América «Caribes».
23. Alvar Núñez Cabeza de Vaca describe la
ceremonia de cebar y comerse á los enemigos en-
tre los Caríos, y Schmídel hace otro tanto al pasar
por los Tupí del Brasil Las declaraciones de los
testigos en las informaciones que se levantaron
contra Sebastián Gaboto están llenas de datos
sobre este rito de los Indios de raza Guaraní. Los
Chiriguanos, Indios de la misma generación, tenían
la misma horrenda costumbre, y aún se cuenta de
algunos casos entre ellos en nuestros días. Los Ca-
ribes, los Mejicanos, los del Perú y los Araucanos,
unos más y otros menos, todos participaban de la
carne de las víctimas que sacrificaban, ya sea á al-
gún Dios, ya á los manes de sus parientes que ha-
bían muerto á manos de los prisioneros ó sus com-
pañeros.
(1) «Comentarios», cap. VI.
(2) Cap. XLII.
(3) Copias de los MSS. originales en la Biblioteca Nacional.
54
ULRICH SCHMÍDEL
24. Pero Hernández acusa á Irala de permitir
que los Garios se comiesen á los Agaces cautivos
en su presencia, y la de Alonso Cabrera y García
Venegas ; y no es esta la única ocasión en que los
Españoles se lo permitieron á los Indios. Este per-
miso otorgado por aquéllos á éstos cada y cuando
les convenía, es más deshonroso para la humani-
dad que el hecho de comer la carne humana en
los Indios, puesto que ellos creían cumplir con un
deber de su rito, mientras que los Españoles com-
praban su provecho á precio de horrendo, crimen.
X
DUCHKAMEYEN — TUCUMÁN
25. La edición inglesa de la Sociedad Hacluyt
(p. 19), trae una nota en que se critica la identifica-
ción de Tucumán por Ternaux Compans.
26. Tucumán era una Provincia muy conocida
por los Españoles desde los primeros días de la
Conquista. Mendoza sabía que Almagro le había
invadido su jurisdicción, y éste había pasado por
las cabeceras del río Bermejo en la dicha provincia.
Irala tenía que saber que entraba en sus 200 leguas
de Norte á Sud.
(1) «Memoria», ed. PelL, p. 164. Ap. B.
(2) Cap. XIX, al final. La pronunciación
en Schmídel por lo general dice «ciudad», pero es
voz algo lata en su significación : aquí conviene
traducirla así — jurisdicción.
30. Mientras viajaba Schmídel á Europa se es-
taba fundando la ciudad de Santiago del Estero
(1553), capital que fué por muchos años de la Pro-
vincia del Tucumán, juríes y Diaguitas. Por aque-
(1) Villalta, §§ 15 y 16.
(2) Lozano, «Hist. de la Conquista», t, IV, pp. 57, etc.
(3) Sitio conocido hoy con el nombre de Pueblo Viejo.
55
ULRICH SCHMlDEL
líos tiempos era más cosa Tucumán que todo el
Río de la Plata, sin que por ello faltasen algunos
hombres que, como el licenciado Matienzo, presin-
tiesen ya el espléndido porvenir de la cuenca de
nuestro argentino río En el tiempo de Schmídel
empero no había oro ni plata, se moría la gente de
necesidad, de pura hambre se convirtieron en an-
tropófagos, y poco faltó para que no emigrasen
todos al Tucumán en pos de las riquezas y abun-
dancia que les prometía Gerónimo ® Romero el de
la entrada de Gaboto.
XI
ETNOGRAFÍA
31. Los datos etnográficos que contiene la rela-
ción de Schmídel son muy abundantes; falta saber
si tienen valor científico. Esto es lo que se tratará
de conocer en las siguientes consideraciones.
32. Para ser un buen etnólogo en el siglo XVI,
como en todos, se necesitaba ser observador exac-
to y haber llenado las siguientes condiciones :
1. ^ Conocer personalmente á los Indios que
se describen ;
2. ® Consignar sus rasgos físicos ;
(1 ) Itinerario reproducido en parte por Ximénez de la Espada en sus «Re-
laciones Geográficas», t. II, Apéndices.
(2) Villalta, § 17.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
57
3. ^ Describir sus usos y costumbres ;
4. ^ Fijarse en la lengua ó idioma ;
5. ^ Precisar la distribución geográfica ;
6. ^ Dar los nombres con que los conocían, pro-
pios y extraños.
Pedir más que esto serían exigencias impropias
para aplicadas á un autor del siglo XVI, en que no
se daba la importancia que nosotros Ies atribuimos
á estas cosas. Veamos, pues, cómo se ajusta nues-
tro autor á las reglas á que pretendemos some-
terlo.
33. Llega Schmídel al Janeiro (Cap. V) y se da
con los Thopiss (Tupí), de la raza Guaraní, que
llamaban así en los dominios del Rey de Portugal.
Sobre estos Indios algo más nos dice á la pasada
por tierra de regreso á su país; pero en esta oca-
sión se contenta con nombrarlos como del Janeiro,
y así cumple con las reglas 5.^ y 6.^.
34. Puesto en San Gabriel del Río de la Plata se
encuentra con los Zechuruass (Charrúas), come-
dores de carne y pescado, que huyen con mujeres
é hijos sin dejar qué pudieran alzar los muy hon-
rados recién llegados ; éstos empero alcanzaron á
ver que los hombres andaban desnudos, y que las
mujeres se tapaban las vergüenzas con una especie
de delantal. Aquí sólo faltan dos de nuestras re-
glas, 2.^ y 4.^, pudiéndose completar los datos por
autores tan célebres como Hervás, Azara y d’Or-
bigny.
35. Pasan los expedicionarios á la banda occi-
dental del Río Paraná á fundar allí la primera Bue-
58
ULRICH SCHMÍDEL
nos Aires, y se encuentran con los Carendíes (Que-
randí), que comían y vestían como los Charrúas, y
andaban de acá para allá como los Gitanos, «d
noche y mesón^, como dice Villalta y hasta las
30 leguas y más á la redonda; á la sazón empero
se hallaban como á 4 leguas del real, esto es, como
por las Conchas. Los tales Querandí tenían sus
aliados y amigos, se defendían con arcos, dardos
y boleadoras, usaban mantas de pieles y hacían
acopio de pescado, de aceite y harina del mismo ;
sólo le faltó decirnos que eran hombres muy des-
arrollados y que hablaban la lengua tal ó cual.
36. Eran los últimos días del primer año de la
existencia de la sin suerte Buenos Aires cuando
acudieron á destruirla 23.000 guerreros de las 4 na-
ciones — Carendíes (Querandí), Barenís (Guaraní),
Zechuruas {Charma)y Zechaneís Diembus{0aná-
Timbú De éstas la primera y la tercera nos son
ya conocidas, no así las otras dos que para el
editor de 1567 eran Zechuas y Diembus, y para
Hulsius en su edición latina Sartenes y Timbúes.
Nadie atinaba á identificar esos Bartenes descono-
cidos en la etnografía Platense, y nos contentába-
mos con atribuirlos á la ignorancia de Schmídel;
mas hoy que los Bartenes de los editores se han
trocado en los Barenis del autor, ya sabemos dón-
(1) Relación de Francisco de Villalta, § 4. Ver Apéndice A.
(2) Junio 24 de 1536.
(3) Ver Oviedo, Lib. XXIII, Cap. XII, p. 192. Habla de Baranís Cari-
bes enemigos de los Timbas.
(4) Cap. XI, p. 15. Noribergae, 1599. El ejemplar citado se halla en la
biblioteca del General Mitre.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
59
de estamos : á éste que de Paraguay hizo Pare-
boe, etc., Guaraní tenía que sonarle Barení^^'' y, si
no á él, á su amanuense, que tanto vale. Aquí pues
tenemos representados los Guaraní de las Islas,
quienes por otros conductos sabemos que no eran
amigos de los Españoles, y con sobrada razón,
porque no era carga muy liviana dar de comer á
2.500 ó 1.700, ó sean sólo 800, huéspedes incó-
modos que se morían de hambre, por lo menos los
que no eran capitanes, al decir de Villalta
37. En cuanto á Diembus y Zechenaís Diembus
hay esta diferencia: este es "un nombre que precisa
los Timbó que eran, porque el nombre sólo de
Timbú es general de todo Indio que horadaba las
narices, de suerte que los hallamos hasta en los
confines de Bolivia, sin que por esto sean de la
misma generación ó raza de estos Zechenaís. Sabe-
mos por otros conductos que en el Río de la Plata
había ciertos Indios á que los Guaraní llamaban
Chana y de éstos había unos que eran Chaná-
Mbeguá, ubicados en la Banda Oriental y Entre
Ríos, y otros que se decían Chaná-Timbú y vivían
desde cerca de Buenos Aires hasta las inmediacio-
nes de Santa Fe (la de Cayastá). En todo tiempo
parece que hubo Indios que se llamaban Chana,
sin más calificativo. Los Timbú derivaban su sobre-
nombre de los adornos que se ponían en las nari-
(1) Como que Oviedo los llama Baranfs en el lugar citado.
(2) Ibtd. — § 11, etc. Ap. A.
(3) Va porque los consideraban sus parientes, ya porque eran salvajes.
Los etimologistas aun no estamos de acuerdo al respecto.
60
ULRICH SCHMÍDEL
ces, y fueron los Guaraní quienes se lo aplicaron,
como que por éstos fué por lo que los Españoles
conocieron á aquéllos. En cuanto á los Mbeguá
no podemos etimologar con la misma confianza
es sin embargo fundada la interpretación de —
Gente de tembetá ó barbote. — Schmídel no trata
de estos Chaná-Mbeguá así por este nombre; lo
que no quita que los Charrúa hayan podido for-
mar parte de esta generación de Indios.
38. Se ve, pues, que en la enumeración de los
Indios que él dice pusieron sitio á Buenos Aires,
incluye precisamente á los únicos que pudieron ha-
llarse presentes. Indios que conocemos con todos
sus pelos y señales, y en cuanto á la lengua de los
Querandí, sabemos que fué materia de un estudio,
como idioma separado, por el bien conocido Pa-
dre Alonso de Bárcena S. J. La lengua de los
Chañas ha sobrevivido y Hervás habló con los
que habían andado entre los Charrúas como mi-
sioneros : aquella no es Guaraní, esta según Her-
vás, Azara, d’Orbigny y otros no lo era tampoco.
39. En el Cap. XIII dice Schmídel que el princi-
pal de los Timbú se llamaba Rochera Wassu ó
Zchera Wassu. — Esto es Guaraní puro: — Nues-
tra Cabeza (Cacique) Grande — y de ello se ha
deducido que los Timbú hablaban Guaraní. — In-
(1) No está de más hacer notar que hay una voz Megiiá que dice «bellaco»,
que muy bien Ies vendría; y Burton en su edición de Hans Stade traduce
Mbeguá así: — « peaceful » — pacífico. Ed. Hakluyt, P. LXVIII.
(2) Techo, «Hist. de los Jesuítas».
(3) «Los Chañas» de Lafone Quevedo. MS. en la colección Lamas ex
Larranaga.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
61
dudablemente que lo hablaban, como nosotros
francés cuando se ofrece ; pero el argumento es
como este otro: — Almirante se llama el que manda
nuestras escuadras, desde luego somos Moros to-
dos, Ingleses, Franceses, Españoles, Italianos, etc.
Andando veremos qué idioma hablaban los Timbú.
40. Fundado el presidio de Corpus Christi, ó
sea de Buena Esperanza se dispuso Ayolas á bus-
car los Garios del río Paraguay, y sea que los vio
en este viaje, sea que fué en algún otro, porque la
relación es algo confusa en esta parte, entra Schmí-
del á darnos noticias etnográficas de la mayor im-
portancia.
41. Antes de pasar adelante conviene que esta-
blezcamos una ó dos distinciones. (1) No es necesa-
rio que los Chaná-Timbú que ayudaron al sitio de
Buenos Aires sean unos con los Timbú de Buena
Esperanza, ni creo yo que lo fuesen, pues estaban
separados por ciertos Indios de raza Guaraní, que
pueden ó no ser los Careará del Carcaraná y río
de Corrientes (2) El fortín de Oaboto estaba
servido por naciones de los Guaraní, que eran co-
medores de la carne de sus enemigos ; mientras
que Buena Esperanza y Corpus Christi estaban
fundados en plena tierra de los Timbú, que no se
sabe hayan comido carne humana bajo ningún
concepto.
(1) El asiento de esta población se mudó varías veces, y siempre en las in-
mediaciones del antiguo fortín de Gaboto, pero enia isla de los Timbú. Duró
de 1536 á 1539. Véase Villalta, §§ 8 á 23, Ap. A.
(2) Y por los Querandí del río del mismo nombre, tal vez el de Arrecifes.
62
ULRICH SCHMÍDEL
42. A 4 leguas de camino de los Timbú de
Buena Esperanza, coloca Schmídel á los Karen-
dos, los Corondas de los autores modernos, que
comían pescado y carne; muy parecidos á los Tim-
bú, con las mismas estrellas en las narices, altos
como ellos, horribles las mujeres, sus vergüenzas
tapadas, como las de los Timbú, con delantales, y
las caras arañadas y ensangrentadas Eran dies-
tros en trabajar mantas de pieles, y tenían muchas
canoas. Con los Garios eran enemigos, y dan á los
Españoles un cautivo de éstos para que les sirva
de baqueano y de «lengua».
43. De los Corondas, á las 30 leguas de camino,
llegan á los Gulgeissen, gente que se atienen á
pescado y carne, se horadan las narices, y hablan
la misma lengua que los Timbú y Corondas. Lo
demás se complementa, porque está visto que las
tres naciones son de una sola raza ó generación.
El nombre Oulgeissen, el ser laguneros, la distan-
cia que media entre ellos y los Corondas, todo
hace comprender que estos Indios eran los muy
conocidos bajo el nombre de Quiloazas ó Quilba-
zas w. Sobre el río de este nombre se fundó la
primera ciudad de Santa Fe. Los Indios especiales
de Santa Fe son los Abipones, y sus rasgos físicos
(1) Los «Earinda*, de Oviedo, Lib. XXIII, Cap. XII, p. 192.
(2) ¿No sería más bien embijadas ó tatuadas?
(3) Enthalten.—íAsíü interpretado «se abstienen». ¿Entonces qué comían?
— Estos eran los Quiloazas, de otros autores. Ver Oviedo, Lib. XXIII,
Cap. XIL
(4) Gulgeissen suena en alemán Gulgaisen. — Las confusiones entre g, by
u son interminables; por eso Gascón es el mismo nombre que Buscón, Vam~
ba que Bamba, etc.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
63
corresponden perfectamente á los de las tres nacio-
nes citadas. Sabemos también que se metían plu-
mas en las narices, desde luego que eran Timbú.
Serán ó no serán estas tres naciones Abipones,
pero Schmídel establece que ellas eran de raza
Timbú, y que, por las señales que nos da, de nin-
guna manera podían ser de los Guaraní. Por aho-
ra, á falta de prueba documentada, es preferible
clasificar á los Timbú, Corandas y Quiloazas como
naciones afines de los Chaná del Baradero y So-
riano, todos más ó menos Timbú, porque se hora-
daban las narices. Estas naciones vivían del lado
de Santa Fe, que Schmídel llama la margen izquier-
da del Paraná, á la inversa de lo que se diría ahora.
44. De los Gulgaises caminaron 18 días sin
encontrar gente, hasta llegar á los Machkueren-
des distancia de 64 leguas, por las vueltas y re-
vueltas del camino. Estos Indios eran comedores
de pescado, y de carne, pero poca; buenos canoe-
ros y amigos de los Españoles, lo que se confirma
en la carta de Irala de 1541. Vivían sobre un río que
se metía tierra adentro (sin duda el que separa tas
provincias de Entre Ríos y Corrientes) sobre el
lado oriental del río Paraná; hablaban «otra len-
gua», es decir, que no era la de los Corondas, Gul-
gaises, etc., pero, por lo de las narices horadadas, no
dejaban de ser Timbú. Los hombres eran hermo-
(1) Por Gulgeissen, adoptando el fonetismo castellano.
{2y.o^ Mocoretá^ de los demás autores. Azara llama Guaraní á éstos
como á los Quiloazas, etc.; pero las clasificaciones de este autor, de Indios
que no viera, no hacen peso.
64
ULRICH SCHMÍDEL
SOS de cuerpo, pero horrorosas las mujeres: en
una palabra, eran de la raza non-Ouaraní que
se había establecido en ambas márgenes del río
Paraná, y que constaba de naciones que más se
parecían en sus usos, costumbres y rasgos físicos
que en su lengua ó idioma El río que desem-
boca en el Uruguay y separa Corrientes de Entre
Ríos, aun conserva el nombre de estos Mocoretá.
45. Aquí llegamos á una jornada de las más
interesantes en todo el viaje, porque en este capí-
tulo (XVlll) se trata de los Indios llamados Zechen-
naus Saluaischco — en buen castellano: Nuestros
parientes salvajes, — que en boca de Indios Garios
ó raza Guaraní equivalía á decir que los reconocían
por paisanos. — ¿Y si estos eran paisanos de los
Guaraní porque se llamaban Chaná, por qué no lo
eran los Chaná-Timbú, que oían también de Cha-
ná? — La contestación la hallamos en el texto mismo
del autor nuestro. Era aquélla «una gente petiza
y gruesa» comía pescado, miel y toda clase de
alimañas, y andaban hombres y mujeres, chicos y
grandes, como la madre los largó al mundo. Vivían
á 18 leguas de los Machueradeis y estaban de
guerra con ellos; su morada quedaba á 20 leguas
del río Paraná. No falta quien crea que los Cara-
cará de la laguna Iberá eran Garios, y como se
sabe que andaban por el río de Corrientes, no sería
(1) Estos Indios son los <‘Mecoretaes», de Oviedo, quien los coloca en la
margen oriental del río grande y más arriba de los *Ckanaes salvajes*.
(2) Kurz und dickh leut., p. 40, edición de 1889.
(3) Los Machkuerendes de más atrás.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
65
extraño que fuesen Garios- Caracará, que Schmídel
vió y llamó Zechennaus Saluaischco.
46. Oviedo menciona á los Barrigudos en
seguida de los Quiloages; mas como estos Indios
no figuran en el texto de Schmidel, no hay para
qué nos ocupemos de ellos Una cosa se debe
observar, que ambas relaciones acusan un solo ori-
gen, y una á la otra se amplían y explican.
47. Según este historiador, los «-Chanaes salva-
jes» se hallaban «en la costa de Norte y par del Rio
Grande» en seguida ó adelante de los Quiloages y
Barrigudos, y más al Norte recién aparecen los
‘Mecoretaes». Schmidel invierte el orden, y nom-
bra primero á los Machueradeiss, y recién después
á sus <íZechennaus Saluaischco^. — Hay una expli-
cación sencilla de todo esto. Los tales Chaná se-
rian los Careará de la laguna íbera que habían
bajado por el río Corrientes de 20 leguas tierra
adentro, donde era su morada, rompiendo así la
zona dominada por los Mocoretá entre el Paraná
y Uruguay, más ó menos por los 30°. El mismo
Schmídel los trata de advenedizos en el momento
que los vió. La etnología de la costa occidental de
lo que es hoy la provincia de Corrientes está sin
aclararse por falta de documentación precisa; pero
si hubiesen sido naciones de la estirpe Guaraní ó
Caria nos lo hubiesen hecho conocer.
(1) *Hist. deind.», Lib. XXIII, Cap, XII.
(2) Oviedo coloca á los Barrigudos «más adelante» de los Quiloages y del
mismo lado del río, como se desprende de lo que sigue. Por los datos que
consigna y la ubicación geográfica pueden identificarse con los indios Ma-
tará^ Tonocoté ó Matacos de la región del río Salado.
66
ULRICH SCHMÍDEL
48. Las descripciones que de unos y otros Indios
hacen Oviedo y Schmídel concuerdan bastante
bien, así que no hay dificultad alguna en identifi-
car los Mocoretá y Chana salvajes, de uno y otro
autor.
49. Después de dejar á estos Indios, anduvieron
unas 95 leguas de camino, algo más de dos grados
de latitud, que corresponde á la región al norte del
río de Santa Lucía, entre las Garzas y la emboca-
dura del Paraguay, y allí dieron con los Mapenus
(Mepenes) una numerosa nación y muy canoe-
ra, que se extendía 40 leguas á todo viento. Por des-
gracia, nuestro autor sólo se ocupa de contar cómo
pelearon así que de esta relación no sacamos
más que el nombre de ellos y su costumbre de
pelear sobre el agua. Azara, en la edición francesa,
dice que los Españoles llamaban á los Abipones,
Mepones W; por el momento empero no hay más
que dejar á los Mepenes, Indios acuáticos, como
Mepenes, y á los Abipones, Indios terrestres, como
Abipones. Todos los mapas colocan á los Me-
penes en el rincón entre el Paraná y el Bermejo,
que muy bien puede haber sido ocupado por los
Abipones. Una cosa debe asegurarse, que no eran
Garios, porque, si hubiesen sido, Schmídel nos
hubiese contado que tenían mandioca, maní, etc.,
(1) Véase el mapa de JoHs al fin.
{2) Mepeos, átOwi^áo. Ibid. «Que duran hasta la boca del Paraguay.*
(3) Oviedo, por los rasgos físicos, etc., los clasifica con los Mocoretá.
Ibid. ,
(4) «Hist. del Paraguay», t. II, p. 167.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
67
y en Corrientes, y no en la Asunción, se hubiesen
asentado los Españoles
50. A los 8 días y 40 leguas de camino llegaron
los Españoles á los Kueremagbeis Indios que
siempre se mostraron amigos de los Cristianos.
Comían sólo pescado, carne y algarroba. Era gen-
te alta y gruesa, hombres y mujeres. Se horadaban
las narices para meterse plumas de papagayo; las
mujeres tenían las mejillas tatuadas con rayas azu-
les y las vergüenzas tapadas con delantales de
algodón. He aquí una verdadera descripción de
gente de raza Guaycurú, ya sea ella Toba, ya Abi-
pona. El mismo nombre de Kueremagbeis ó Kurg-
maibeis se presta á ser interpretado por este otro;
Kuru-meguá
51. De los Kuremagbeis caminaron 35 leguas
hasta llegar á los Aigeiss que ocupaban el terri-
torio bañado por el río Bermejo ó Yepedy, como lo
llama Schmídel Comían los Agá pescado y
carne; eran altos y esbeltos, hombres y mujeres,
éstas hermosas, pintadas y sus vergüenzas tapadas.
Todo indica la raza Pampeano-Guaycurú, rama
Payaguá-Mbayá. Eran ellos grandes guerreros por
agua.
(1) Véase el mapa de Ruy Díaz.
(2) Carumías, Trad. Esp.—Mec/iefeses, de Oviedo; Ihiá.—K^ueremagbas,
Ed. 567.—Cinamecaes, de Villalta, § 3l,~Conamegoals, de Luis Ramírez.
Madero, p. 346.—Tonamaguas, carta de Irala, 1541, Ap.
(3) Sarnoso-bellacOf que lo sería en boca de Guaraní. Mé'güá-hellaco.
(4) De muchos modos escribe Schmídel este nombre, como los demás.
Oviedo los llama *Agafes»,
(5) El lo escribe Jepedy.
(6) Nótese que *Agases» es un plural de otro plural: Agd, Agds, Agases.
68
ULRICH SCHMÍDEL
52. Con estos Indios se cierra la lista de las na-
ciones que fueron del Río de la Plata en tiempo
de la conquista, pero que han desaparecido, siem-
pre que no se admitan algunas de las identificacio-
nes que se han pretendido hacer, como ser aquella
de Mepenes convertidos en Abipones, etc. De
los Aigeiss, Aeiges ó Aygass (porque todas estas
variantes y otras más se encuentran en el texto)
adelante, ya trata Schmídel de Indios que se han
perpetuado hasta nuestros días, y nos servirán de
piedra de toque para aquilatar el valor científico del
saber y observación de nuestro autor.
53. De los <^Aygasy> caminaron 50 leguas río
Paraguay arriba, hasta dar con la nación de los
Canos, como se llamaban en aquel tiempo los
Guaraní del Paraguay. ¡Cómo se saborea el autor
en medio de esa abundancia de maíz, mandioca,
batatas, maní, etc., y también pescado y carne y
aves de todas clases, y miel para comida y bebida!
Era una bendición, era el paraíso. Dejaban atrás
las miserias de la Raza Pampeana (nómades, más ó
menos), y entraban en la tierra de promisión de la
Raza Guaraní (sedentaria, más ó menos). Raza
extendida, como dice Schmídel; gente petiza, cor-
pulenta, apta para la labor— como dirían los natu-
ralistas de hoy, — hecha para servir de hormiga
negra á la hormiga blanca que se presentaba á
sojuzgarlos. Los varones se abrían el labio infe-
(1) En el capítulo XXII dice que sólo son 30 leguas. Sería que los Agá
ocupaban unas 20 leguas del río Paraguay.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
69
rior para ingerirle el barbote de cristal de dos
gemes de largo. Hombres y mujeres andaban
«como las madres los... y Dios los echó al mun-
do», cosa muy de los Garios y de sus congéneres,
los Zennas Salmischco. Los padres, maridos y
hermanos vendían sus hijas, mujeres y hermanas
por cualquier baratija pero, naturalmente, estos
Indios, como más civilizados que los Pampeano-
Ouaycurú, tenían que estar más al corriente de
estas cosas, y que lo observe Schmídel es prueba
de que era un relator fidedigno del medio en que
actuaba. «^Item más», como á veces decía nuestro
autor, estos Garios comían... carne humana, siem-
pre que podían, á saber: cuando estaban de guerra
y les caía algún prisionero, hombre ó mujer, no im-
portaba cuál, y se la saboreaban como á cualquier
chanchito, y era ocasión de gran boda: sólo se
escapaban las lindas, por su hermosura, y los vie-
jos, por su carne dura!! Era la nación más exten-
dida de todas en el Río de la Plata, y sus «pueblos
ó ciudades» ocupaban toda la parte elevada del
río Paraguay. — Sus pueblos ó ciudades estaban
fortificadas de una manera muy curiosa, que el
autor describe con toda minuciosidad, y que el
artista de la edición latina de Hulsius ha pre-
tendido reproducir; guárdese el lector, empero.
(1) Parabol dice el texto; pero P es S en boca y oídos del Bávaro, y l y t
por ahí andan cuando se escriben.
(2) Una resina.
(3) Se nos ocurre preguntar ¿cuántas compraría Schmídel?
(4) Fleckhen oder stet.
(5) Véase la lámina, Cap. XXI.
70
ULRICH SCHMÍDEL
de creer que los demás Indios, como ser los Tim-
bú, etc., tenían pueblos así construidos. Esta es in-
vención del que ideó las láminas. Las «-demás na-
ciones^ no contaban con más palizadas que sus
piernas largas para huir, cuando no se creían con
poder bastante para triunfar del enemigo. Cristiano
ó Indio. Esta es una de las grandes diferencias que
Schmídel establece con perfecta claridad, porque
siempre habla de los pueblos (fleckhen) en gene-
ral, mientras que á propósito de los Garios ya los
distingue con esta advertencia: pueblo ó ciudad,
fleckhen oder stet. Esto no obstante algunas tribus
pueden haberle aprendido algo á los Garios, y en-
tre estas acaso debemos incluir á los Indios Timbú
y Careará.
54. Desde Buena Esperanza hasta la Asunción
cuenta Schmídel 335 leguas, de camino se en-
tiende; unos 10 grados por «altura».
55. A las 100 leguas «de camino» de la Asun-
ción estaban los Piembas ó Paimbass, etc., como
Schmídel llama á los Payaguá gente que vivía
sólo de pescado, carne y algarroba..., que por lo
tanto tenía que ser, como se ha visto que lo es,
hasta por su lengua, rama de la Raza Pampeana-
Ouaycurú.
56. Cerca de estos Indios estaba otra nación, que
Schmídel y otros apellidan de Naperus cuyo
alimento de sólo pescado y carne los declara
(1) Los restos de esta poderosa y temible nación se hallan hoy asentados
en las inmediaciones de la ciudad de la Asunción.
(2) Oviedo habla de *Mafaraes», Ibid., p. 194.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
71
nómades. Por la región que ocupaban es muy
probable que sean nación de esa raza que hoy
llamamos Lengua-Machicuy, que son los Lenguas
modernos, Angaité, Sanapaná y Guana Indios
que corresponderían perfectamente á la descrip-
ción de nuestro autor.
57. La expedición de Ayolas en la parte á que
se refiere Schmídel, concluye en San Fernando
y se reanuda cuando vuelve á este punto con
Alvar Núñez Cabeza de Vaca Caminan las 100
leguas de camino entre la Asunción y los Paya-
guá, y otras 100 más, de la misma especie, hasta
llegar á los Guajarapos, que nuestro autor llama
Baschereposs, según su fonetismo bávaro; gente
ésta que comía pescado y carne, era canoera, las
mujeres se tapaban las vergüenzas, y, por consi-
guiente, no eras Caríos. Estos son los mismos
Indios que Azara Hervás Casteinau ® y Mar-
tius llaman Guachi ó Guachica. Vivían tierra aden-
tro del río Paraguay, más ó menos en el paralelo
20° y margen oriental de este río. Martius repro-
duce un corto vocabulario recogido por Castel-
nau, y, según éste, su clasificación debería bus-
carse entre la Raza Pampeana, rama Guaycurú,
(1) No se confundan con los Guana ó Quiniquinao, de Miranda, que son
de raza Chañé. El explorador Boggiani se inclina á esta identificación de
los Naperus.
(2) En los 21® 20’, más ó menos. Ver mapa de Azara — el Pan de azúcar.
(3) «Comentarios», Cap. L, etc.
(4) Azara, «Hist. del Par.», t. I, pp. 193, etc. — Ed. de Madrid, 1847.
(5) Hervás, «Cat. de las Leng.», t. I, pp. 191, etc.
(6) Castelnau, *Martius Glossaria*, p. 131,
72
ULRICH SCHMÍDEL
pero con sus diferencias, que acaso respondan á
influencias de las vecinas naciones.
58. Schmídel abrevia su relación, y omite Indios
nombrados por Alvar Núñez, hasta que á las QO
leguas de los Guajarapos dan con una nación que
aquél llama Sueruekuessis y éste describe, sin
nombrarlos como habitantes del puerto de los
Reyes. Las varones usaban orejeras, y las mujeres,
tembetá ó barbote®: eran hermosas, y andaban
en cueros. Cada Indio tenía su casa por separado,
en la que vivía con su mujer y sus hijos, y eran
agricultores. Por lo visto se trata de una nación
Zamuca ó Chamacoca, como parece que eran tam-
bién los Jarayes y Siberis. Schmídel dice que el
barbote de estas mujeres era del largo y grueso de
un dedo. Que las mujeres usen tembetá parece
extraño.
59. De este punto parte Schmídel con Hernan-
do de Ribera, río arriba, y llegan á unos Indios
que vuelve á llamar Sueruckhuessis, y que com-
para á los Sueniekuissys ya nombrados; entre
unos y otros mediaban 4 leguas. A los 9 días de
viaje y 36 leguas de distancia, llegan á los Achc-
ress, nación de mucha gente, altos y desarrollados,
hombres y mujeres, como ningunos otros del Río
de la Plata; no comían otra cosa que pescado y
carne; las mujeres no se tapaban más que las ver-
(1) Ibid., cap. LIV. Relación de Hernando de Ribera, «Hist. Prim. de
Indias*, t. I, p. 598. Este los llama Urtiieses, gente parecida á los Jarayes.
(2) Más adelante veremos que las mujeres de los Karkhohhies se ponían
algo parecido.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
73
aüenzas Por las señas, estos Ajeres eran de
Raza Pampeana.
60. A las 38 leguas de los Ajeres llegaron á los
Schemess ó Jarayes. Estos Indios eran orejones, y
usaban barbote de resina; se pintaban de azul
hasta la rodilla, imitando ropa. Las mujeres se em-
bijaban de otra manera, desde los pechos hasta
las vergüenzas son hermosas á su modo y nada
mezquinas estando á obscuras. Algunos autores
quieren que sean Guarayos Se trata de una
nación Chamacoca ó Zamuca, como se desprende
de los usos y costumbres.
61. Lo que sean los Jarayes serán también los
Syeberiss, porque Schmídel identifica las dos na-
ciones, y otro tanto se puede asegurar de los
Orttmses, Urtueses de Alvar Núñez, Indios to-
dos agricultores, y por este lado interesantes para
loS' Españoles, que buscaban Indios útiles. Pue-
den ser los Oíúquis, Indios de la raza de Chi-
quitos.
62. Después que Alvar Núñez Cabeza de Vaca
fué derrocado de su mando y remitido á España
los «Carias^ y •¡■Aigaiss, con otras naciones más,
se sublevaron contra el Español, ó sean los Cris-
tianos, como los llama Schmídel y como los ape-
llidan siempre los Indios. Para conjurar este peli-
gro se hizo alianza con los Jheperus y Bata-
(1) Die frauen gehenn bedeckt mit ihrer scham. Ed. 188Q, p. 64.
(2) Según Boggiani, el tatuaje es desconocido entre estos Indios. «Rev. del
Inst. Parag.*, ano 1900.
(3) Trad. Ing. Hakluyt Society, p. 43— Nota.
(3) Es preferible clasificarlos como Zamucos ó Chamacocos.
74
ULRICH SCHMÍDEL
theiss Esta gente sólo comía pescado y carne,
y peleaba por agua y por tierra, lo más por tierra.
Sus armas eran dardos con punta de pedernal,
macanas y unos palillos con dientes de palometa,
con que degollaban á los enemigos que volteaban
con sus macanas. De las cabelleras hacían trofeos
para memoria de sus hazañas. Se trata, pues, de
Indios que no eran de la raza de los Guaraní.
¿Serían Tobas, Mataguayos ó Lenguas? — En
cualquier caso debieron ser Pampeanos, más ó me-
nos Guaycurú
63. Concluida esta guerra con los Garios y
entrado el año 1547, en alianza con los mismos
Garios ya reconciliados, parte Schmídel, bajo las
órdenes de Irala, con la expedición que se dirigía
al Perú Salieron del puerto de San Fernando
donde en aquel tiempo vivían los Payaguá. De allí
llegaron, después de 8 ó 9 días de viaje y 38 leguas
de distancia, á una nación llamada Naperus, que
sólo comían pescado y carne; eran gente alta y
corpulenta y sus mujeres feas, sin más adorno que
un delantal. — Todos los rasgos son de raza Pam-
peana— y lo probable es que hayan sido tribus de
Lenguas-Machicuy
(1) Jeperis y Bachacheis, Ed. Inglesa, p. 54. Yapirús y Nagases, Edición
Españ., Cap. XLI. Guatataes, de Alvai* Núñez, Cap. XXIII. Siempre sospe-
cho que estos Batatá sean Matará ó Mataguayos.
(2) Matacos ó Matará.
(3) Las variantes de Pero Heinández. Ed. 1881, p. 162. «Información> de Gon-
zalo de Mendoza. Preg. 11. Apend. C.
(2) citada. Pregs. 5 y S.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
85
tantos errores de igual especie que notamos en el
texto, debidos á olvido, descuido ó diferencia de
modo de computar el año.
78. El silencio de Villalta y Peío Hernández se
explica por la índole de sus relaciones, y sólo po-
díamos esperar alguna noticia del ataque llevado
por los Indios contra la naciente ciudad de Buenos
Aires en la información de Gonzalo de Mendoza:
éste lo calla como suceso de Junio, porque no se
halló presente, y lo calla también en Diciembre, sin
duda, porque no sucedió en esta fecha. Queda,
pues, establecido, hasta la presentación de mejor
prueba en contrario, que el incendio de Buenos
Aires tuvo lugar el 24 de Junio de 1536, fiesta de
San Juan Bautista.
XIV
LOS VIAJES DE AYOLAS Á LOS TIMBÚ
7Q. Después que don Pedro de Mendoza' llegó
á la margen occidental del Río de la Plata y fundó
allí la primera ciudad de Buenos Aires, comprendió
en seguida que poco podía espérar de los natura-
les para la alimentación de los suyos, y, en su mé-
rito, despachó expediciones á todas partes. Una de
ellas fué la de Gonzalo de Mendoza á Santa Cata-
lina, de que se ha dicho algo en el capítulo ante-
rior ; la segunda hizo una entrada por las islas al
SCi
ULRICH SCHMÍDEL
mando de un «caballero deudo» de don Pedro
que Schmídel llama Jerg Lichtenstein y la ter-
cera fué la primera de Juan de Ayolas río arriba al
lugar que fué asiento del fortín de Sancti Spíriíus ®.
En la laguna de los Timbú se establecen y regresa
Ayolas á Buenos Aires en busca del adelantado.
Más ó menos en Agosto ó Septiembre se embar-
có Mendoza en la escuadrilla de 8 bergantines y
bateles con Ayolas y 400 hombres y subieron río
arriba al asiento de Buena Esperanza, de donde
regresó el adelantado á Buenos Aires antes del 15
de Enero, época en que despachó á Juan de Sala-
zar en busca de Ayolas. Este es el segundo viaje
de Ayolas según Villalta y el único según Schmídel.
Lo que nos importa saber es que Schmídel acom-
pañó á Mendoza y á Juan de Ayolas cuando éstos
con el grueso de la gente pasaron á los Timbú y
fundaron sus asientos en Buena Esperanza y
Corpus Christi.
(1) Villalta. Carta de 1556, § 6. La madre de don Pedro era doña Cons
tanza de Luxán. Madero. «Hisí. del P. de Bs. As.*, p. 123.
(2) La edición de Niremberga dice ^Liicksatn.’', la de Frankforí, Lanchs-
tein. Ed. 1889, p. 31, Nota. Ver Cap. IV, Jorge Mendoza.
(3) Villalta, §§ 8-17.
(4) Pero Hernández. Ed. cit., p. 162.
(5) Antes del 20 de Octubre de 1536. El Archivo Nacional de la Asiin
ción, N.® 1, Documento VI, al fin.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
XV
LOS 4 AÑOS DEL CAP. XIV Y LOS 2 DEL CAP. XXX
80. •íinndiesem fleckhenn plieben wir 4 jhar
lang» — «en este pueblo permanecimos durante 4
años» — dice Schmíde!. El pueblo era el de los
Timbú, y los 4 años pueden computarse desde
fines de 1536 hasta principios de 1539, es decir, son
4 años incompletos, faltándoles meses. Es enten-
dido que el wir — nosotros — se refiere á los Cris-
tianos, y que no es necesario que los años sean
enteros ; porque las relaciones, como por ejemplo
la de Villalta, se hacen cargo de expresar que el
año 1539 hubo un abandono momentáneo de Bue-
na Esperanza ; pero se cae de su peso que éste
abandono se haría definitivo cuando Irala retiró
toda la gente de Buenos Aires y los puertos inter-
medios á la Asunción el año de 1541.
81. Los 2 años del cap. XXX son los que media-
ron entre la subida de Cabrera con Ruiz Galán á
la Asunción en 1539 y la llegada de Alvar Núñez
Cabeza de Vaca á Santa Catalina. Si seguimos el
orden del texto, parece que los 2 años deberían
contarse desde la dejación de Buenos Aires ; pero,
como se demostrará más adelante, el episodio del
naufragio corresponde al año 1538 (l.° de Noviem-
8S
ULRICH SCHMÍDEL
bre), y durante estos 2 años tuvieron lugar los
acontecimientos que se cuentan desde el cap. XX
hasta el XXVlll.
XVI
VIAJE DE RUIZ GALÁN Á LA ASUNCIÓN CON CABRERA
1539
82. Al doctor Manuel Domínguez, de la Asun-
ción, se debe el descubrimiento de que Ruiz Galán —
después que llegó Cabrera á fines de 1538, y pasa-
ron con él á Corpus Christi, donde le juraron obe-
diencia á Ruiz el 28 de Diciembre del538 — en
lugar de seguir viaje como equivocadamente lo su-
puso Madero regresó á Buenos Aires, « donde le
encontramos administrando justicia con Cabrera en
Febrero de 1539 siempre con Juan Pavón al la-
do». El 8 y 20 de Abril del mismo año aun esta-
ba Ruiz en Buenos Aires como lo confiesa el mismo
Madero y lo hace notar Domínguez y su parti-
da para la Asunción debió tener lugar en seguida del
despacho á España del galeón Santa Catalina ® ;
porque, como dice el mismo en Julio, Ruiz ya fir-
(1) Juramento en favor de Ruiz Galán. Revista Inst. Parag. N.® 18. Ap. F.
(2) Hist. citada, p. 172.
(3) N.® 12 del Archivo de la Asunción. Apend. G.
(4) Correspondencia inédita del Dr. Domínguez. Sept. 22 de 1902.
(5) Hist. citada, pp. 172 y 3. El Arch. Nacional de la Asunción, N.® 2,
pp. 72, 73, 74. Apend. H.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
89
maba documentos en la Asunción El viaje era dé
unos dos meses en aquella estación y basta esto para
probar que Ruiz no pudo ir y volver á la Asunción
para estar en Corpus Christi el 28 de Diciembre de
1538, en Buenos Aires en Febrero de 1539 y tam-
bién en este puerto el 8 de Abril del propio año.
83. Aparte de todo esto hay que tener en cuenta
el desastre de Corpus Christi, que Domínguez ha
probado no puede haber ocurrido sino entre Di-
ciembre 28 de 1538 y el 20 de Abril de 1539, por-
que, para las condiciones del problema histórico,
Ruiz Galán tenía que estar en Buenos Aires. Ma-
dero, á pesar de la documentación que invoca, se
equivocó en esta parte : lástima que no la publicó.
XVII
CONFUSIONES EN EL RELATO DEL AUTOR
84. No se puede negar que Schmídel se enredó
más de una vez al hacer la historia de su famoso
viaje: entre digresiones, ampliaciones, omisiones y
algunos errores que no ha dejado de cometer
vemos que hay que estudiarlo á la luz de los
demás documentos de la época, que, sea dicho
de paso, no son tampoco inmaculados. Faltándo-
nos por ahora parte de las informaciones á que se
(6) El Archivo Nacional citado, N.“ 2, pp. 41 y 43. Apend. 1.
90
ULRICH SCHMÍDEL
refiere Madero, y que no publicó este señor, nos
atendremos: (1) á las cartas de Irala, (2) á la me-
moria de Pero Hernández y Acta de 1538, (3) á la
carta de Francisco de Villalta, (4) á la información
de Gonzalo de Mendoza hasta donde la conoce-
mos, y (5) á la historia de Oviedo en el Lib. XXlll
y Caps. Xll y siguientes.
85. Pero Hernández es muy breve en la primera
parte de su relación. A los 7 meses de llegar don
Pedro de Mendoza al Río de la Plata, despacha á
su teniente Juan Ayolas á descubrir la tierra, con 3
navios y 150 hombres. El 15 de Enero de 1537
parte Juan de Salazar del puerto de Buenos Aires
en busca de Ayolas. A los 4 meses después, regre-
sa Mendoza á España dejando á Juan de Ayolas
de su lugarteniente, y al capitán Francisco Ruiz Ga-
lán de interino en Buenos Aires. Salazar «viene»
6 meses después de salir Mendoza, y cuenta que
Ayolas se había ido tierra adentro, dejando á ira-
la con 30 hombres en el puerto de la Candela-
ria, asiento de los Payaguá. Aparte de esto, avisa
Salazar que al bajar había «asentado un pueblo
en concordia de los naturales de generación Ca-
ríos», y en la ribera del río Paraguay. En Abril de
1538 llega á Buenos Aires el navio de Pan Caldo,
y en Octubre del mismo año Alonso Cabrera
veedor, «con una nao é cierta gente». Se produ-
(1) Parece que en Mayo.
2) No dice si á Buena Esperanza ó á Buenos Aires.
(3) Dice:— «M7Z Domingo de Irala vízcamo»^ ed. Pell., p. 162. Apend. B.
(4) Ibid., p. 163.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
91
cen «pasiones y contentaciones» entre Cabrera y
Ruiz por el mando y después parten los dos con
7 bergantines y 200 hombres para el Paraguay,
«donde residía» Salazar, «para dar socorro á Juan
de Ayolas, é llegados al puerto hallaron alli á Do-
mingo de Irala, vizcaíno». Cabrera se entiende con
Irala, destituyen á Ruiz, y queda mandando Irala
86. Madero citando una información de Junio
1538, dice que Ruiz y Cabrera dejaron una peque-
ña guarnición en Buenos Aires, y que con el
grueso de la gente (200 á 250 hombres) subieron
al Paraguay, y en una acta levantada de paso en
Corpus Christi, firma Juan de Salazar, entre varios
otros, reconociendo á Ruiz de teniente gobernador
interino. En Enero de 1539 siguen viaje á la Asun-
ción w. Hay desacuerdo con Irala, se retira Ruiz, y
en Abril de 1539 estaba ya en Buenos Aires despa-
chando el galeón Santa Catalina á España. De este
viaje resultó la confirmación real de los títulos de
Ayolas, que le llegaron á Irala más ó menos á prin-
cipios de 1540 (5). Hasta aquí Madero.
87. Francisco de Villalta se extiende más, y
suplementa mucho de lo que falta en los otros
relatores: daré en resumen el contenido de sus
párrafos : —
(1) Ibid., p. 163.
(2) Ibid., p. 163 y 4.
(3) «Historia del Puerto de Buenos Aires*, pp. 132 á 136. Col. de Doc.,
Garay, Asunción, 18Q9, pp. 200 eí seq. «Información* de Gonzalo de Men-
doza. Esta es del 15 de Feb. de 1545.
(4) Erron véase el cap. anterior, XVI.
(5) Madero, p. 136 y demás documentos.
'6) Carta de Villalta. Ver Apéndice, §§ 1 á 50.
92
ULRICH SCHMÍDEL
1. 1536. Llegada de Mendoza á San Gabriel.
2. Fundación de Buenos Aires.
3. Número de gente: 1800; empiezan á morir de
hambre.
4. Enfermedad de Mendoza y envío de Diego,
su hermano, en busca de comida.
5. Pelea y muerte de Diego de Mendoza.
6. Manda Mendoza 200 hombres en busca de
comida.
7. Regresan los bergantines. Grande hambruna.
Comen carne humana, etc.
8. Mendoza envía á Sancti Spíritus al capitán
Ayolas
9 y 10. Pasan éstos grandes necesidades.
11 y 13. Llegan á ios Timbú y Careará, se reme-
dian del hambre, y regresan á Buenos Aires.
18. Arribo de Mendoza con Ayolas á los Timbú.
23. Regresa Mendoza á Buenos Aires, dejando
á Alvarado en Buena Esperanza, porque
Ayolas había partido con 160 hombres y 3
navios río Paraná arriba.
[Aquí empieza la relación del verdadero viaje de
Ayolas, reproducido por Herrera en sus Décadas.
En el párrafo 36 deja á Ayolas, y narra lo que
sucedía en los puertos de abajo
25 á 35. Sale Ayolas de viaje, pierde uno de los
3 navios, llega á los Caríos, éstos le dan
maíz, etc., sigue á los Payaguá, 100 leguas
(1) Este es el primer viaje de Ayolas.
(2) Esta es la relación del verdadero viaje de Ayolas, reproducido por He-
rrera. Ver Oviedo, lib. XXIII, cap. XIIÍ.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
93
más arriba, y se mete tierra adentro con 130
hombres. Irala queda con los 30 restantes
esperando.
36. Mendoza despacha á Juan de Salazar en
busca de Ayolas, y regresa á España, 1537.
37. Salazar é hala quieren entrar á socorrer á
Ayolas. Las aguas y la mala voluntad de
los Indios se lo impiden.
38. Funda Salazar la «cesa fuerte-^ en los Ga-
rios, sin dar el nombre.
39. Deja allí 20 hombres, y se vuelve á Buenos
Aires á dar cuenta á Ruiz.
40. Sube Francisco Ruiz al Paraguay con 200
hombres, en socorro de Ayolas.
41. Peleas de los Españoles con los Indios por
comida.
42. Vuelta de Ruiz á los Timbú.
43. Matanza de Indios por orden de Ruiz. Re-
gresa éste á Buenos Aires.
44. Desastre en los Timbú, y abandono de ese
pueblo.
45. Llegada á Buenos Aires de los dos berganti-
nes que Ruiz mandó á los Timbú. Arribo de
un navio que no pudo seguir viaje al Estre-
cho y, más tarde otro de Alonso Cabrera.
Pasiones y revueltas con Ruiz. Pasan Ruiz y
Cabrera á la Asunción con 250 hombres,
algunos de ellos de la gente de Pan Caldo.
46. Cabrera y demás capitanes quitan el mando
á Ruiz.
47. Derrocado Ruiz, hala (ó sea «capitán Ver-
Q4
ULRICH SCHMÍDEL
gara») hace una tentativa de socorrer á
Ayolas, pero sin éxito, por el hambre y las
inundaciones. Se les presenta un Indio, y
avisa de la muerte de Ayolas.
48. Interrogan á ciertos indios Payaguá, y con-
firman éstos el testimonio del Indio Chañé.
49. Regresa Irala á la Asunción, y manda 3 ber-
gantines á rescatar comida.
50. Vuelven los bergantines, y despacha otros 2
adelante, y siguió él después á despoblar
Buenos Aires.
88. igual en importancia con la carta de Villalta
es la Información levantada en la Asunción por
Gonzalo de Mendoza el 15 de Febrero del año
1545. Este Mendoza fué yerno y sucesor de Irala,
pero sólo le sobrevivió unos dos años Los de-
clarantes son varios y entre ellos Francisco de
Mendoza y Juan de Salazar, ambos protagonistas
en la conquista Según el Interrogatorio, casi en
seguida de llegar Mendoza, y de haber asentado
su real y pueblo en el puerto que dicen de Buenos
Aires, despachó al capitán Gonzalo de Mendoza á
la costa del Brasil á rescatar bastimentos para aliviar
el hambre que empezaba á hacerse sentir ; éste
salió el 3 de Marzo de 1536. De allí no sólo trajo
los bastimentos y otras cosas necesarias, sino cier-
tos cristianos que allí vivían con sus familias y es-
(1) Madero, «Hist. del Puerto de Bs. As.», p. 167. Irala murió en 1556 y
Mendoza en 1558.
(2) Colección de Documentos del doctor Blas Garay, pp. 200, etc. Desgra-
ciadamente la información está incompleta.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
95
clavos, para que les sirviesen de intérpretes en sus
tratos con los Indios comarcanos. A Buenos Aires
llegaron el 17 de Octubre de 1536. Más ó menos
por el mismo tiempo regresó don Pedro de Men-
doza de Buena Esperanza, y después que se con-
cluyeron las naos que se estaban preparando (que
eran 3), despachó á Juan de Salazar y á Gonzalo
de Mendoza el 15 de Enero de 1537 en busca de
Juan de Ayolas, demorando ellos 6 meses hasta
llegar al puerto de la Candelaria Como habían
dejado un navio en Buena Esperanza, los otros 2
con los 2 de Irala, en muy mal estado bajaron á un
puerto de los Caríos. Mucho les sirvió de «lengua»
el cristiano Juan Pérez, que Gonzalo de Mendoza
había traído del Brasil. Aquí se fundó la «casa
fuerte» origen de la ciudad de la Asunción En
seguida partió Juan de Salazar para Buenos Aires
quedando Gonzalo de Mendoza al mando de la
fortaleza.
89. Cinco ó seis meses después de esto llegaron
al dicho puerto los capitanes Francisco Ruizyjuan
de Salazar de Espinosa, de donde en seguida
regresaron Ruiz y el capitán Gonzalo de Men-
doza á Buenos Aires, y desde allí despachó Ruiz
un galeón á la costa del Brasil por bastimentos el
4 de Junio de 1538 al mando del dicho Mendoza.
En Santa Catalina se encontraron con el veedor
(1) El de San Fernando, en 21*^ 20’.
(2) Seis meses del 15 de Enero, más el tiempo para bajar del puerto de la
Candelaria, nos permiten fijar la fecha de la fundación, más ó menos el 15 de
Agosto.
96
ULRICH SCHMÍDEL
Alonso de Cabrera y juntos se pusieron en viaje
para el Río de la Plata, pero se perdió la nao de
Gonzalo de Mendoza en la noche del l.° de No-
viembre á la entrada del río, ahogándose 5 perso-
nas y perdiéndose lo más del cargamento ; los so-
brevivientes se reunieron en San Gabriel con Ca-
brera y la gente de la nao Marañona.
QO. Subió Cabrera á los Indios Caríos con Gon-
zalo de Mendoza, y después que se dió «la obe-
diencia al capitán Domingo de Irala» viendo
que «estaba la tierra levantada» encargaron á
Mendoza de la pacificación de los Indios, y partie-
ron en seguida á «dar socorro al capitán Juan de
Ayolas»
91. Todo esto, más ó menos, lo confirmaron los
testigos Francisco de Mendoza y Juan de Salazar,
con detalles interesantes, como por ejemplo : que
Hernando de Ribera y Gonzalo Morán eran de
los que Gonzalo de Mendoza trajera de Santa Ca-
talina en su nao del mismo nombre; que éstos y
Ruiz construían 3 bergantines para ir á presentarse
á don Pedro de Mendoza en Buena Esperanza,
pero antes de poderlos concluir bajó don Pedro á
Buenos Aires y en tales bergantines despachó á Sa-
lazar y á Gonzalo de Mendoza en busca de Ayolas.
92. Según estas declaraciones, don Pedro per-
maneció muy poco tiempo en Buena Esperanza.
(1) No lo nombra á Ruiz Galán, ni tampoco hace reíerencia á ese regreso á
Buenos Aires entre el 28 y 29 de Diciembre de 1538 y Febrero de 1539.
’Q.) Aquí cabe lo que cuenta Schmídel del asedio de Lambaré.
(3) Todavía soñaban con la idea de hallarlo vivo y esto sucedía estando
avanzado ya el año 1539.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
Más Ó menos en Octubre envió Mendoza á
Ayolas desde este puerto río arriba; el 15 de Enero
de 1537 despachó de Buenos Aires á Salazar á bus-
carlo; el 17 de Octubre de 1536 Gonzalo de Men-
doza entró de regreso de Santa Catalina á este
puerto, de suerte que entre estas dos fechas de-
bemos colocar el regreso de don Pedro á dicha
ciudad. Si el asedio de Buenos Aires hubiese te-
nido lugar el día de San Juan Evangelista < 2 ) lo
hubiese presenciado Gonzalo de Mendoza, é in-
vocado para mayor aumento de méritos.
93. Nos queda por analizar lo que dice un histo-
riador muy famoso acerca de la entrada de Ayolas.
Oviedo en su Lib. XXlll y Cap. Xll enreda la rela-
ción del viaje de Juan de Ayolas con la del de
Alonso de Cabrera, y de una manera tal que medio
justifica las confusiones de Schmídel. A propósito
de la reunión de Cabrera con «Pancalvo, genovés»
en el Río de la Plata pasa á contar lo de Juan de
Ayolas en su entrada desastrosa. Llevaba Ayolas
160 hombres en 2 bergantines y una carabela man-
dadas respectivamente por Ayolas, don Carlos de
Guevara y el capitán Domingo de Irala. En el ca-
mino se perdió la carabela, pero como pudieron
llegaron á la «boca del Paraguay» donde encontra-
ron una nación de Indios dichos «-Mechereses-»,
que estaban á la parte del Oeste dejando á la
(1) Pero Hernández, Apend. B. Edición 1881, Schmídel, p. 162.
(2) El 27 de Diciembre de 1536.
(3) Para los de ese tiempo «Este* y «Oeste* era «Norte» y «Sur*, por aque-
llo de «Mar del Norte* y «Mar del Sur».
98
ULRICH SCHMÍDEL
parte del Este «otras nasgiones e lenguas diferen-
tes hasta llegar á la mar». Este curioso paréntesis
(que aquí acaba) interrumpe la relación que corres-
ponde al viaje de Cabrera, y esta palabra «mar» le
sirve para volver atrás y para reanudar el hilo de la
narración del veedor Alonso de Cabrera, y el capí-
tulo entero se dedica á datos etnográficos del ma-
yor interés ; pero en la pág. 193 al llegar á los
«Mechereses ya dichos» vuelve á acordarse del
«Capitán Juan de Ayolas», y lo hace llegar á los
«llamado^ Guaraníes (que) por otro nombre se
digen Cariosa. De allí en el Cap. Xlll lo hace su-
bir á los «-Apayaguásy> , se entiende con ellos y con
los «Mataráes» de más arriba «y se entró la tierra
adentro», dejando por teniente á Domingo de Irala.
94. Vuelve la relación á hablar de Mendoza y
del envío de Salagar y de Oongalo de Mendoga
con 60 hombres en 2 bergantines, que «llegaron
hasta donde estaba Domingo de Irala, que por otro
nombre assimesmo se degia Domingo de Verga-
rai>. De allí bajaron juntos los 3 á «la cibdad que
agora llaman de la Asungion, que está en veynte e
ginco grados, menos un tergio» «é hicieron allí
los nuestros una casa fuerte de madera, que llama-
ban ellos la fortalega»
95. Salazar regresó de allí en busca de don Pe-
dro de Mendoza para darle cuenta de su comisión,
pero halló que había partido para España dejando
(1) Aquí se ve claro que 25® <^menos un tercio^ son 25® 20’ — la verdadera,
altura, y no 24® 40’. Ver Cap. San Fernando en el Prólogo.
(2) Lo que significa que no se llamó más que ^^fortalega^ al principio.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
99
á Francisco Ruiz Galán de su lugarteniente. Éste,
desobedeciendo órdenes expresas que para el
efecto tenía, en lugar de marcharse á España en
pos de don Pedro, subió río arriba con Salazar á
verse con Irala, y de paso se hizo jurar en «Buena
Esperanza y Corpus Christi» De allí pasaron á
la fortaleza en la Asunción y se encontraron con
Irala (Vergara) quien le negó el juramento de obe-
diencia á Ruiz. Por este tiempo, y durante la ausen-
cia de Irala en la fortaleza, llegó Ayolas al puerto,
y él y toda su gente fueron muertos á traición.
Vuelve á subir Irala y casi cayó él también en una
celada de los Indios.
Q6. Después de esto bajó Irala á la Asunción y
fué mal recibido por Salazar, dejado allí por Ruiz
Galán, quien bajó á Buenos Aires apurado por la
falta de víveres. Éste á la pasada por el «Asiento
de los Timbus» perpetró la histórica felonía contra
estos Indios y su principal «Chararaguagu, que
quiere decir «capitán grande». Los demás Indios le
suplicaron que retirase á todos los Cristianos por-
que era su intención matarlos á todos; mas Ruiz
no hizo caso, sino que dejó allí á Antonio de Men-
doza con 80 hombres y siguió viaje á Buenos Aires
adonde lo esperaban una de las dos carabelas de
Alonso Cabrera y la nao de «Pao Calvo».
97. Mientras esto sucedió la tragedia de Buena
Esperanza tal y como la cuenta Schmídel pero con
menos detalles, y sin fijarse en el orden cronológico.
(1) Falta esta acta.
loo
ULRICH SCHMÍDEL
Q8. En el Cap. XIV se da cuenta de la llegada
de Cabrera con «provisiones para que Johan de
Ayolas gobernasse ó aquel que él oviesse nombra-
do, é que si el tal nombrado no oviesse, que era la
voluntad de Su Magestad que la gente se juntasse,
y en conformidad que eligiessen gobernador, etc.»
Marcharon Ruiz y Cabrera á la Asunción en 17
bergantines y con 340 hombres y allí, derrocado el
primero, dieron la obediencia á Domingo de Irala,
«alias Vergara», quien en seguida despachó á Ruiz
Galán con 3 navios en busca de Juan de Ayolas,
debiendo alcanzarlos él con la demás gente.
99. Cerciorados Irala y los demás de la muer-
te de Ayolas, regresaron á la Asunción y después
de algún tiempo bajaron á despoblar Buenos Aires,
como lo efectuaron, dejando cartas escritas en
este lugar y en la isla de San Gabriel. Aquí inter-
cala Oviedo cosas que ocurrieron en la Asunción
durante su ausencia, y al concluir el capítulo, vuel-
ve al viaje de Irala río arriba.
100. Así cuenta Oviedo los sucesos acaecidos
entre los años 1537 y 1541, después de la partida
de don Pedro de Mendoza para España, pero sin
muchos de los detalles pintorescos que narra Schmí-
del. Restáurense los verdaderos nombres de los je-
fes en esta relación y veremos que la historia de
Oviedo y el viaje de Schmídel nacen del mismo
origen. No es probable que se hayan copiado el
uno al otro, pero todo lo que se cuenta gira al re-
dedor de Alonso de Cabrera y de sus informes.
101. Otro documento muy importante es el
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
101
Juramento de Obediencia al Capitán Francisco Ruiz
Galán, reproducido en la Colección de Blas Garay,
páginas IQ á 24. Está fechado en el puerto de Cor-
pus Christi, á 28 de Diciembre del año 1538, y en
él figura Antonio de Mendoza (pág. 23) El acta
habla de «las personas, etc., que están y residen en
este dicho puerto», lo que prueba que aún no se
había abandonado la colonia en los Timbú; por otra
parte, como Antonio de Mendoza estaba aún en
vida, no podía tratarse de un renacimiento de la
plaza fuerte, se impone que el desastre de Corpus
Christi recién sucedió después de la bajada de
Ruiz á Buenos Aires en Enero de 1539, en esa mis-
ma vez en que fué jurado en dicho puerto y antes
de emprender su viaje con Cabrera á la Asunción.
102. Todo esto parece muy claro y muy sencillo
si no fuese que Villalta (§§ 40 á 44) en su relato
introduce una nueva complicación. Según él, en
seguida de la llegada de Salazar á Buenos Aires, de
regreso del Paraguay, subió Ruiz río arriba para
conocer el estado de las cosas. Poco tiempo per-
maneció con írala y «llegados á los Timbues y he-
cho el asiento y pueblo» manda hacer la matanza
de Indios, á que se refieren todos, y baja al puerto
de Buenos Aires «dejando 100 hombres en el pue-
blo y palizada questaba en los Tinbues». A conti-
nuación cuenta el desastre ocurrido allí, sin hacer
referencia al intervalo que pudo separar la matanza
(1) El primero que se ha fijado en este nombre es el doctor Manuel Do
mínguez, actual Vicepresidente de la República del Paraguay. Esta cita fija
el año de la tragedia en los Timbú.
102
ULRICH SCHMiDEL
de Indios de la venganza de los sobrevivientes, y
sin fijar una sola fecha. En el párrafo 45 se trata de
la llegada de Alonso Cabrera, casi como si fuese
un incidente intercalado en los sucesos del § 44 ;
pero sin que se aclaren las vagas noticias de los de-
más autores.
103. No es sólo Schmídel que, por su modo
confuso de contar las cosas, nos expone á errar en
materia del orden cronológico de nuestra historia
primitiva. Sobre los hechos parece que no cabe
duda alguna, sólo las fechas son las que nos faltan.
Ahora bien, los dos documentos citados son irre-
prochables, y por su calidad más expuestos á estar
en lo justo que Schmídel. Es una prueba más de la
necesidad de no limitarnos á la primera impresión
que nos dejan los papeles consultados, y de tener
en cuenta su índole. Schmídel hace la relación de
un viaje ; para él lo importante eran los incidentes
pintorescos, sin necesidad de observar el orden
cronológico en toda su rigidez ; Villalta contaba los
hechos de la entrada de don Pedro de Mendoza, y
hasta donde cabía, empezaba y concluía cada epi-
sodio por sí. Pero Hernández era escribano, y es-
tablece que el 28 de Diciembre de 1538 existían
aún el puerto de Corpus Christi y el capitán Anto-
nio González. Se deduce, pues, que así como se
leen, ni Villalta ni Schmídel bastan para establecer
el orden cronológico de los sucesos en los Timbú.
Este defecto no les quita méritos ni al uno ni al
otro; sólo sí tenemos que ocurrir á Pero Hernández
para determinar que la dejación de Corpus Christi
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
103
no pudo tener lugar antes de 1539, año que integra
los 4 que dice Schmídel duró el asiento en los Tim-
bú (Cap. XIV).
104. Por ahora estas son las principales fuentes
que tenemos á la vista para el esclarecimiento del
relato de nuestro autor Schmídel desde el arribo de
Mendoza al puerto de San Gabriel, entrado el año
1536 hasta la dejación de la primera ciudad de
Buenos Aires á mediados del año 1541 por Do-
mingo Martínez de Irala.
105. Según lo que se ve, el itinerario que des-
cribe Schmídel corresponde al viaje con Alonso
Cabrera en 1539, como se comprueba por lo que
dice Oviedo en su historia Otro punto más se
establece, que el despueble de Corpus Christi se
efectuó después que Ruiz bajó de allí en Enero de
1539, después de haberse hecho jurar obediencia,
según se dijo más atrás en el § 101. Ni Oviedo, ni
Villalta, ni Schmídel, ni Ruy Díaz de Guzmán men-
cionan ese viaje de Ruiz Galán en Diciembre 1538
á Corpus Christi, ni menos su regreso y permanen-
cia en Buenos Aires y posterior partida en Mayo
de 1539 á la Asunción; siendo que justamente en
este intervalo, es decir, entre Diciembre de 1538 y
Mayo de 1539, es cuando debió suceder el desas-
tre de Corpus Christi, según lo ha comprobado el
doctor M. Domínguez con la documentación con-
temporánea en la mano. En la relación de Ruy
Díaz hay puntos que esclarecer; porque Felipe de
(1) «Hist. de Indias», Lib. XXIII, Cap. XII.
104
ULRICH SCHMÍDEL
Cáceres estaba en Corpus Christi el 28 de Diciem-
bre de 1538 éste parece que se embarcó para
España después del 20 de Abril de 1539, fecha
después de la cual debió partir Felipe de Cáceres,
cuya partida precedió á la noticia del «notable
aprieto» de Antonio de Mendoza en Corpus Chris-
ti ¿Dónde queda, pues, la fecha del 3 de Fe-
brero del año 1539, único que cuadra al desas-
tre de aquel puerto, si hemos de estar á que Ruiz
Galán, y no otro, despachara socorro en los dos
bergantines? No cabe más respuesta que una:
es esta otra de las varias fábulas interesantes, pero
poco auténticas, del simpático historiador pla-
tense.
106. Pero Hernández, el 28 de Diciembre de
1538, en el acta citada, habla de las personas '¡■que
están y Resyden en este dicho puerto^ (Corpus
Christi), y uno de los que prestaron juramento de
obediencia á Ruiz Galán fué ese mismo Antonio
de Mendoza, quien, á estar al orden de la relación,
ya debía haber muerto en el ataque llevado por los
Indios, como muy bien lo hace notar el doctor Ma-
nuel Domínguez, de la Asunción.
107. La verdad del caso es que el acta aludida
se labró entre las dos series de acontecimientos
que sirvieron de causa y efecto para los sucesos
de Corpus Christi. Es curioso que así Oviedo y
Villalta como Schmídel hayan concluido con Cor-
pus Christi antes de ocuparse de la entrada de Ca-
(1) Col. Doc. Blas Garay, N. 4, p. 20. Apend. J.
(2) Ruy Díaz. Hist. Ed. Pell, p. 76.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR 195
brera en todos sus detalles; pero siendo esto así
en los tres casos citados, le cabe algo más de dis-
culpa á Schmídel; que sí, es error exclusivamente de
este autor equivocarse en muchos de los nombres
de sus protagonistas en los diferentes episodios
en que los hace actuar antes de la llegada de Alvar
Núñez Cabeza de Vaca. Para él no había más
jefes que don Pedro de Mendoza, Juan de Ayolas
y Domingo Martínez de Irala. Pasa por alto á Fran-
cisco Ruiz Galán y á Juan de Salazar de Espinosa,
atribuyendo á otros hechos que correspondían á
estos dos. Este descuido ú olvido del autor ha sido
una de las causas de la confusión que hace siglos
se ha implantado en la historia de la entrada de
don Pedro de Mendoza. Era Ruiz, y no Ayolas,
que fué el jefe de la expedición al Paraguay des-
cripta por nuestro autor; era Ruiz, y no Irala, que
mandaba en Buenos Aires cuando el viaje de
Schmídel á Santa Catalina; no era Ayolas que
tomó el « pueblo ó ciudad » de Lambaré. — Son
estos descuidos los que han expuesto á nuestro
autor á la crítica adversa y no mal fundada del
doctor Domínguez. Lo que no se explica es que
nadie haya advertido antes que la verdadera rela-
ción del viaje de Ayolas era la de Villalta repro-
ducida por Herrera.
108. Algo más hay, empero, en lo que nos
cuenta Schmídel, que requiere explicación. Se ha
(1) Para mí es esto una prueba más de que Schm'del refrescó su memoria
con escritos y relaciones contemporáneas que le facilitarían los instigadores
de su trabajo.
106
ULRICH SCHMÍDEL
observado que es el único que refiere el ataque de
los Indios á la ciudad naciente de Buenos Aires, lo
que es muy cierto, á juzgar por la documentación
con que contamos por ahora Este argumento
negativo en contra de nuestro autor pierde algo
de su fuerza por las siguientes consideraciones:
Pero Hernández tenía por principal objeto deni-
grar á Irala ; cuenta al galope los varios viajes río
arriba y regreso de don Pedro de Mendoza á Es-
paña, etc., hasta llegar á su vizcaíno. — Hace caso
omiso de todos los detalles, tan conocidos, y, des-
de luego, su silencio en el caso del asedio no es
de extrañarse.
109. Como Schmídel hace comprender que el
incendio de Buenos Aires por los Indios tuvo lugar
el día de San Juan, anterior á la subida de don
Pedro á Buena Esperanza, el «San Juan» tiene que
ser el Bautista (24 de Junio); por este tiempo Gon-
zalo de Mendoza se hallaba en viaje á Santa Cata-
lina, con cual motivo esta escaramuza no pudo
ser causa de una pregunta en el Interrogatorio, ni
menos de una contestación por parte de los testi-
gos. Lo único que se prueba con la Información
es, que el hecho pudo suceder el 24 de Junio, y no
el 27 de Diciembre del año 1536. — Schmídel no
ha inventado los demás incidentes del año aquel;
justo es, pues, concederle que esta noticia curiosa
y pintoresca sea auténtica.
(P Ver Colección de Documentos de Blas Garay; el «Schmídel* de Pelliza,
ed. 1881; Madero, «Historia del Puerto de Buenos Aires»; las Cartas de Irala;
Pero Hernández; Francisco de Villalta, etc.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
107
110. El silencio de Villalta es más grave; pero él
mismo cuenta que por aquel tiempo andaba en
viaje. Peleas con los Indios eran cosas tan comu-
nes que no merecían especial mención para ellos.
111. Lo referente á Lambaré es una intercala-
ción, y al hacerla ha vuelto á enredarse en los
nombres y fechas nuestro Schmídel. Los autores de
cartas, relaciones y memorias son muy amigos de
ponderar «/as pacificaciones , k pero eran éstas á
costa de hecatombes de Indios. La de Lambaré
sería una de tantas.
112. En los siguientes párrafos se restablece
el orden cronológico de los hechos que refiere
Schmídel. Los números romanos dan los capítulos
de las ediciones más conocidas, que se hallarán
también en el texto de la traducción. Las omisio-
nes se intercalan, pero van señaladas con este
signo [ ].
113. Según Schmídel, pues: —
Llegó la expedición al Río de la Plata el año
1535 y puerto de San Gabriel, donde se encon-
traron con los Indios Charrúa; y de allí pasaron á
la banda argentina del Paraná Quazú (VI) (Vil)
Se funda Buenos Aires en tierra de los Querandí,
nación de Indios parecidos á los Charrúa: éstos
dieron de comer á los Españoles, pero á los 14
días hubo sus diferencias, y se retiraron ; Juan Pa-
vón va en pos de los Indios, y es corrido por
(1) ^Entrado el año 1536*^ Villalta, § 1, etc. Ap. A.
(2) Los números romanos éstos se refieren á los capítulos de las edicio-
nes conocidas.
108
ULRICH SCHMfDEL
ellos, y con tal motivo Mendoza envió á su her-
mano don Diego á escarmentarlos (VIH) Triun-
faron los Españoles, pero murieron varios, y entre
ellos don Diego; los Indios huyeron todos, dejando
sólo sus reales con las provisiones (pescado) y
peleterías que en ellos se hallaron
114. (IX) Levantaron los Españoles una casa
fuerte y los muros de la nueva ciudad, pero en
medio de todo arreciaba la escasez de provisiones,
así que no se excusaban de comer hasta los zapa-
tos, y más tarde se comieron la carne de los ajus-
ticiados, etc.
115. En tales apuros envió Mendoza á Jorge
>íLichtenstein^ w con gente á buscar comida, yen-
do Schmídel con ellos; pero les fué mal, porque
perdieron mucha gente de pura necesidad, y tra-
jeron poco ó ningún auxilio de comida.
116. [Más ó menos por este tiempo ® debió
marcharse Ayolas, en su primer viaje río Paraná
arriba, á descubrir y poblar su presidio ó fortaleza
de Buena Esperanza, en los Timbú, cerca de don-
de estuvo el fortín de Gaboto (Sancti Spiritus)
117. (XI) Por este tiempo 4 naciones de Indios,
á saber: Querandí, Guaraní, Charrúa y Chaná-
Timbú, pretendieron destruir la ciudad naciente
(1) Omite Schmídel dar cuenta del primer viaje de Gonzalo de Mendoza á
la costa del Brasil. «Información» de éste ya citada. Ap. C.
(2) Más ó menos por esta época sale Gonzalo de Mendoza de viaje á Santa
Catalina en busca de bastimentos. Ver «Infonnación». Ap. C.
(3) La exageración, si la hay, es de Villalta también. Ver § 7. Ap. A.
(4) Jorge (ó Diego, según Ruy Díaz) Lujan, deudo de Mendoza.
(5) Esta parece que es la primera omisión de Schmídel en su relato.
(6) Ver Villalta, §§ 8 á 13. Ap. A.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
ÍW
de Buenos Aires, pero fueron rechazados. Esto
sucedió más ó menos por San Juan (Bautista, de
1536) (í).
118. (XII y XIII) Acaecido todo esto, y hallán-
dose Ayolas en Buenos Aires, delega Mendoza el
mando en él. Se revista la gente, y dejando unos
160 hombres en Buenos Aires, se marchan los
demás á los Timbó en 8 bergantines, Ayolas y
Mendoza con ellos
119. p) En esta parte se planta Schmídel en los
Timbó, y se debe ocurrir á la relación de Villalta
para conocer los incidentes del viaje y desastroso
fin de Juan de Ayolas Lo que Schmídel más
tarde cuenta al respecto, es lo que supieron de
boca del Indio Chañé y de los Payaguá atormen-'
tados. Todo lo del viaje de Ayolas, y algo más,
sucedió mientras pasaba lo que Schmídel cuenta
en sus capítulos XIV, etc. La confusión nace del
nombre Juan «Eyollas» por Juan de Salazar ó Fran-
cisco Ruiz Galán, á mediados del capítulo XV.
120. Tampoco menciona Schmídel el envío por
Mendoza de Juan de Salazar en busca de Ayolas;
Madero citando documentos de la época, hace
que Salazar regrese á Buenos Aires en Octubre
(1537), y dé cuenta de la casa que había dejado en
(1) San Juan, 1535, dice el texto. Ver Villalta, § 1.
(2) Más ó menos en Septiembre. Pero Hernández— Ed. citada, p. 162.
Ap. B.
(3) Esta es la segunda omisión de Schmídel, y la más importante, porque
calla la expedición de Ayolas al Paraguay, que nada tiene que ver con los
acontecimientos que se relatan en los capítulos que siguen.
(4) Villalta, §§ 25 á 35. Apéndice A.
(5) «Historia del P. de Buenos Aires», pp. 129 et seq.
no
ULRICH SCHMÍDEL
el río Paraguay. , Con los informes favorables de
este capitán partió Ruiz Galán con 150 hombres en
4 bergantines y 1 zabra, dejando en Buenos Aires
50 hombres y 3 navios grandes: Santa Catali-
na, Trinidad y Anunciada. Al pasar por Corpus
Christi sacaron 50 hombres, y siguieron viaje á la
«casa» que estaba en el río Paraguay, donde se
reunieron con Irala. Hizo iglesia, y dejó 50 hom-
bres al mando de Juan de Salazar. De allí regresó
á Corpus Christi con Gonzalo de Mendoza, dejan-
do en el fortín 100 hombres al mando de Antonio
de Mendoza, y en seguida pasó á Buenos Aires,
adonde llegó en Mayo de 1538
121. (XIV) En los Timbó permanecieron los
Españoles 4 años (de 1536 á 1539), y mientras
esto, sucedieron muchas cosas. Mendoza volvió á
bajar á Buenos Aires, de allí se embarcó para
España, murió en el viaje, y en cumplimiento de
promesas y disposiciones testamentarias, fué des-
pachado Alonso Cabrera al Río de la Plata con
socorro de gente y de toda munición. ,
122. (XXIX y XXX) Estando, pues, Schmídel
en Buenos Aires, según él dice, con Irala de jefe,
pero en realidad con Ruiz Galán, llegó una cara-
bela de Santa Catalina con noticias del arribo á
ese puerto del capitán Alonso Cabrera con 200
hombres, y el capitán (no lo nombra) envió una
nao pequeña á que lo encontrase, al mando de
(1) Docum. citados por Madero, ibid.
(2) Aquí la relación salta al capítulo XXIX. Cabrera llegó en Octubre de
1538. — Se impone la intercalación según el orden cronológico.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
111
Gonzalo de Mendoza : ésta debía cargar víveres á
la vuelta. Schmídel acompañó la expedición. To-
dos llegaron bien á Santa Catalina, y de allí regre-
saron al Río de la Plata, perdiéndose la nave en
que iba Schmídel, como á 10 leguas de San Ga-
briel. Los náufragos y Alonso Cabrera llegaron
juntos á Buenos Aires y se reunieron con Martínez
de Irala según el texto de nuestro autor, lo que
no es posible, desde que Ruiz Galán, y no Irala,
estaba mandando en Buenos Aires é Irala au-
sente en la Asunción.
123. Madero confirma el episodio del viaje á
Santa Catalina, y más ó menos como sigue:— El 4
de Junio de 1538 Ruiz despachó el galeón Anun-
ciada con Gonzalo de Mendoza de capitán y Juan
Sánchez de Vizcaya de piloto, á Santa Catalina ;
allí se encontraron con la nao Maradona ® de
Alonso Cabrera, y después de cargar bastimentos
y lo demás necesario, partieron para Buenos Aires.
La Anunciada se perdió á la entrada del Río de la
Plata, ahogándose 4 hombres; los demás se reunie-
ron en San Gabriel con la Maradona el l.° de No-
viembre
124. (XV) Habiendo llegado Cabrera á Buenos
(1) Irala estaba en la Asunción cuando llegó Cabrera en Octubre de 1538;
fué en Abril y Mayo de 1541 que se tramitaba la despoblación de Buenos Ai
res entre Irala y los demás capitanes; pero en este tiempo no consta que espe-
rase socorro de Santa Catalina, ni había lugar de enviar á traerlo.
(2) «Hist. del Puerto de Buenos Aires», p. 131.
(3) La otra había logrado arribar á Buenos Aires antes de la partida de
Schmídel para Santa Catalina.
(4) Ibid. Concuerda esta fecha con la de Pero Hernández, Octubre de
1538. «Información» de Gonzalo de Mendoza, Col. de Doc. de Blas Caray.
112
ULRICH SCHMÍDEL
Aires con sus navios, se propuso ir en busca de
Juan de Ayolas, quien por la muerte de Mendoza
venía á ser el gobernador en propiedad. Aquí se
ve que hay un error en el nombre, porque mal
podía Alonso Cabrera hacer junta con Juan de
Ayolas á quien precisamente iba buscando,
como perdido que estaba. Irala por aquel tiempo
se hallaba en la Asunción, Ruiz Galán, empero,
mandaba como interino en Buenos Aires, y sabe-
mos que Juan de Salazar estaba allí también, ó en
Buena Esperanza, porque firma el acta de obe-
diencia á Ruiz el 28 de Diciembre de 1538 en
Corpus Christi El dilema está entre Ruiz y Sala-
zar; éste, al firmar el acta, confesaba que no era
más que uno de los otros capitanes así, pues,
lo cierto es lo del oberster hauptman (capitán
general), que en cuanto al nombre le metió al que
acababa de nombrar, Juan de Ayolas. La presen-
cia de Irala fué en la Asunción, y no en Corpus
Christi. En seguida pasaron revista de la gente, y
encontraron que había 550 con los de Cabrera:
es un error decir que se llevaron 400 consigo río
Paraná arriba y que 150 quedaron en los Timbó,
con Carlos Dubrín de capitán w.
(1) Se comprende que Schmídel se haya olvidado quién mandaba á la
sazón; porque lo cierto es que en 1538 tres «magníficos señores* se disputa-
ban el bastón: Ruiz, Cabrera é Irala.
(2) Colección de Doc., Blas Caray, pp. 19, etc. Ap. J.
(3) Anderen zeinen hauptleuUn. Schmídel nada dice del viaje de Ruiz á
Corpus Christi en Diciembre de 1538, ni del regreso á Buenos Aires y per-
manencia allí hasta Abril de 1539.
(4) Se equivocan los que creen que Dubrín muriera con Ayolas: es uno de
los firmantes del acta de Corpus Christi en Diciembre de 1538. Madero,
p. 133. Col. de Doc., Blas Caray, pp. 19, etc. Ap.J. y Pero Hern. Ap. B., § 15.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
113
En esta relación se confunde Schmídel, por-
<}ue no consta que al subir Cabrera y Ruiz Galán
de paso á la Asunción hubiesen entrado á los
Timbóes, ni existía Corpus Christi.
Estos dos caudillos bajaron otra vez á Buenos
Aires en los primeros días de Enero de 1539, de-
jando á Antonio de Mendoza al mando de la
fuerza en Corpus Christi, como dice el mismo
autor en su Capítulo XXVI!. La confusión nace
de que Schmídel calla el primer viaje de los capi-
tanes Ruiz y Cabrera á los Timbóes, viaje que
precedió al desastre. Consta que Mendoza dejó á
Carlos Dubrin y á Gonzalo Alvarado mandando en
Buena Esperanza ó Corpus Christi En un caso
como éste el solo testimonio de Schmídel no
basta, porque ya conocemos la fragilidad de su
memoria en cuanto á los nombres de los caudillos
en cualquier acontecimiento.
125. (XVI á XX) Después del acuerdo de los
capitanes, marchan todos Paraná arriba en los 8
bergantines, sin decirse quien era el que los man-
daba, con ser que Schmídel es hasta cargoso en
aquello de repetir nombres. Para él era «Bon Es-
perainso», y no Corpus Christi^, el punto de
partida. Aquí sigue el famoso itinerario, que para
todos ha sido e! de Ayolas, pero que nunca lo
pudo ser, por razones que iremos haciendo notar.
A su tiempo llega la escuadrilla á los Garios, y allí
se planta el autor para describirlos
(1) Ver Ap. J. bis.
(2) Véase Oviedo, «Hist. delnd.«, Líb. XX!H, Cap. Xíl, etc.— Esta rela-
ción confirma la de Schmídel.
lU
ULRICH SCHMÍDEL
126. (XXI) Después cuenta cómo era la ciu-
dad « Lamberé » de los Indios Garios y cómo es-
taba fortificada, y para hacer resaltar lo inútiles y
contraproducentes que resultaron las zanjas con
hoyos y estacas puntiagudas, que empalaban á los
que en ellas caían, refiere lo que pasó cuando el
asedio de Lambaré. Este curioso episodio se intro-
duce con estas palabras, nemlich ais, — por ejem-
plo como cuando, — y, desde que Schmídel habla
de los 4 años de miserias pasadas antes de llegar á
esa tierra de promisión en los Garios, se compren-
de que se trata del año 1539, y no del 1536. Esta
misma mención de los 4 años hace imposible la
presencia de Juan de Ayolas como caudillo de la
jornada: sobre este punto no hay discusión posible,
y Schmídel al nombrarlo cometió otro de esos
errores inexplicables, que le han hecho acreedor á
cargos muy graves. Para él Ayolas era — >¡-Ey ollas»
tírala — «Ayolla». Esto puede explicar en parte
la confusión; pero queda siempre lo otro, que en
cada caso decía i-Jann Ey ollas» y <íMarthin Do-
ménico Ayolla». Puede haber intervenido algún
corrector de los MSS. á quien deba imputarse la
confusión; pero ahí está ella.
127. No es esto lo único que hay que corregir,
porque se dice que el nombre de «Asunción»
se dió á la ciudad Lambaré porque fué tomada
el 15 de Agosto en el 4P año de la conquista.
Sabemos por acta del 28 de Diciembre de 1538
(1) Acta de Pero Hernández. Col. de Doc. Oaray— p. 22, etc. Ap. J.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
115
que el puerto en los Canos del Paraguay ya en
esa fecha se llamaba «Nuestra Señora de la Asun-
ción». Sabemos también que se fundó en paz y
concordia con los naturales No es imposible
que los acontecimientos del año 1539 hayan ocu-
rrido más ó menos por la fiesta del Tránsito; pero
esto podemos asegurar: que ni en la fundación de
Juan de Salazar en 1537, ni en la época que cuenta
Schmídel se halló presente Juan de Ayolas, para
quien jamás había existido la Asunción del Para-
guay.
128. (XXll y XXIII) Vencidos los Garios, se pre-
para la campaña contra los Agá. Estas guerras y
expediciones tomaron tiempo, como lo dice el mis-
mo Schmídel, y no sólo esto, sino que el capitán
se queda 6 meses en la Asunción y emplaza para
2 meses después de esto á la gente para la entra-
da de los Jarayes. En sólo este párrafo se invierte
un año de meses, sin tener en cuenta lo que corría
desde Buena Esperanza hasta la toma de Lambaré.
A ser todo esto así, Juan de Salazar hubiese en-
contrado á Juan de Ayolas en la Asunción holgán-
dose con las 6 indiecitas que le regalaron, la ma-
yor de 18 años. Está visto, pues, que el Eyollas es
por Ayolla (Irala), confusión del mismo Schmídel
ó de su amanuense
129. (XXIV) Llega la expedición á los Payaguá
(1) Carta de Villalta, Información de Gonzalo de Mendoza, etc. Ap. A. y C.
(2) Juan Ayolas, lo que es imposible. Sería Irala ó alguno de sus capi-
tanes.
(3) Eso de las indiecitas le cuadra mejor á Irala que á Ayolas.
116
ULRICH SCHMÍDEL
y cerro de San Fernando y trataron de averiguar
cómo eran los Jarayes y Careará.
130. Al fin de este capítulo se aumenta la confu-
sión, porque aquí se ensambla la expedición de
irala (Noviembre de 1539) en busca de Ayolas
con la del mismo Ayolas. Todo esto queda claro
si pasamos al capítulo XXVI, en que cuenta el
autor cómo supieron el trágico fin del desgraciado
lugar teniente de Mendoza.
131. (XXV) Aquí introduce Schmídel el episo-
dio de la entrada de Ayolas, y su muerte, contado
por el Indio Chañé.
132. (XXVI) Con datos sueltos y enredados
Schmídel da razón de cosas del ano entero que
permaneció Irala en la Asunción, antes de la llega-
da de Ruiz con Cabrera y concluye con la elección
de Irala ® para capitán general de la Provincia, y
en seguida (XXVII) nos presenta á Irala preparán-
dose para bajar á despoblar Buenos Aires.
133. Sigue ia relación y con un Und Zuvor — ya
antes de esto — se remonta á la primera bajada de
Ruiz á mediados del año 1538 y á la matanza que
ordenó de los Indios Timbó y otros. Aquí debió
Schmídel haber referido lo del viaje á Santa Cata-
lina en busca de víveres y de Alonso Cabrera
(XXIX); en lugar de esto, él, como Villaltay Oviedo,
(1) Llamado también Puerto de la Candelaria; el cerro este es el Pan
de Aziicar del mapa de Azara en los 2Ͱ 20' más ó menos. Ver Mapa
N.^2.
(2) Por esta vez •Domingo Ayolla>. Villalta dice que «derrocaron» á Fran-
cisco Ruiz y que «eligieron y nombraron» a! capitán Vergara (alias de Irala),
^ 46.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
117
pasa á concluir con el episodio de la pérdida de
Corpus Christi, y hace figurar el nombre de hala en
lugar del de Ruiz; siendo así que hala desde 1536
hasta Marzo de 1541 no volvió á salir del Para-
guay; y desde que Ruy Díaz da la fecha de un 3
de Febrero como la del fracaso en Corpus Christi,
si resulta esta ser cierta, no es posible la interven-
ción de hala en aquellos acontecimientos. Lo que
hay es esto: Schmídel, á propósito de la bajada de
hala en 1541, se acuerda del episodio de Corpus
Christi, que empezó antes y acabó después del
viaje del autor con Gonzalo de Mendoza á Santa
Catalina en 1538. Donde Schmídel dice «/rato»
debe entenderse •‘Ruiz Galáii ‘>: — éste y no aquél
tuvo que ver con todo lo de Corpus Christi y con
el envío de Mendoza al Brasil.
134. La relación sigue dando curiosos é intere-
santes detalles hasta llegar á los capítulos XXIX y
XXX, en que introduce el episodio del viaje á Santa
Catalina. Este, como ya se ha visto, corresponde al
año de la llegada de Alonso Cabrera y debe in-
tercalarse en los capítulos XV y XXVil.
135. Desde aquí, es decir, el despueble de Bue-
nos Aires, el relato de Schmídel sigue con más
orden. Schmídel no era literato, ni su época la de
las exactitudes más ó menos científicas de la nues-
tra ; relata lo que se acuerda de sus viajes sin im-
portarle demasiado el orden cronológico ; y cuando
habla de su capitán, ó de su gobernador, no le
(1) Octubre 1558. Pero Hernández, pág. 163 y documentos citados por
Madero. Historia, pág. 132. Información de Gonzalo de Mendoza.
118
ULRICH SCHMÍDEL
daba mucho cuidado si lo nombraba bien ó mal.
Según la Memoria de Pero Hernández y la carta de
Villalta podemos restaurar los verdaderos nom-
bres y fechas, y vemos que, en lo general, lo que
dicen estos escritores se ajusta bien á la relación de
Schmídel y que unos á otros se suplementan y
completan.
XVI
CORPUS CHRISTI Y BUENA ESPERANZA
136. ¿Eran éstos dos puertos ó sólo uno? Men-
doza en Abril (1537) habla de Buena Esperanza ó
Corpus Christi Villalta, en la carta que se encon-
trará en el Apéndice, habla de varios cambios de
asiento practicados por los Españoles después que
Juan de Ayolas, por mandato de Don Pedro de Men-
doza, subió á Sancti Spiritus ( § 8 ). Llegados los Es-
pañoles á la laguna y casas de los Timbó y Careará,
ocupan una casa de éstos y regresa Ayolas á Bue-
nos Aires (§ 13). En seguida, los que quedaron,
hicieron un «asiento y pueblo» desviado délos In-
dios (§ 14). Después del regreso de Ayolas con
Don Pedro de Mendoza mudan la población « 4 le-
guas más abajo», á unos pantanos plagados de
mosquitos (§ 19). Ya se llamaba el pueblo Buena
Esperanza ( § 23 ). Partido Ayolas, vuélvese á mu-
(1) Y la Información de Gonzalo de Mendoza. Col. Blas Garay. Ap. C.
(2) Poderes de Ayolas. Ap. J. bis.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
119
dar el pueblo al «asiento y tierra de los Timbú», que,
sin duda, sería el que se llamó Corpus Christi, fecha
en que más ó menos se fundaría el primer asiento.
137. En la lámina al Cap. Xlll, se vé la isla ó es-
tero de los Timbú, más arriba una fortaleza con el
nombre de Corpus Christi, y más abajo un pueblo
rodeado por una palizada, á que se le pone el le-
trero Buena Esperanza. El dibujante pudo haberse
guiado por alguna relación oral ó escrita ; pero la
verdad es que la lámina concuerda con la carta de
Villalta.
138. Esto, en cuanto á las mudanzas del asiento
de Buena Esperanza, que estaba ya fundada el 20
de Octubre de 1536, según consta en el título de
veedor para el capitán Juan de Salazar de Espinosa,
otorgado allí por el mismo Don Pedro de Mendo-
za En el momento que desaparece de la historia
llamábase ya Corpus Christi, pero la fecha precisa
de su dejación no consta de documento que co-
nozcamos.
139. Pero Hernández no incluye mención en su
memoria de los asientos en los Timbú, sin duda
porque no le ayudaban á formular más cargos con-
tra Irala; mas él firma el «Juramento de Obedien-
cia » á Francisco Ruiz Galán, en Corpus Christi, el
,28 de Diciembre de 1538 ®; como Antonio de
Mendoza es uno de los firmantes, el mismo que
después murió en el asalto, podemos asegurar que
■el abandono de la colonia en Corpus Christi no
(1) El Arch. A/ac.— Agosto IQOO.— N.® VI, pp. 17 y 18. Apénd. M.
(2) Col. de Doc. Blas Garay. N.® IV, pp. 19, etc. Ap. J.
120
ULRICH SCHMÍDEL
pudo efectuarse antes del año 153Q, sino después
que Ruiz regresó á Buenos Aires.
140. En Febrero de 1539 Ruiz y Cabrera es-
taban en Buenos Aires administrando justicia ® en
lugar de haber seguido viaje á la Asunción, como
lo suponía Madero y allí permanecieron hasta
después del 20 de Abril de ese año, como se com-
prueba por actas del 8 y 20 de Abril
141. Como muy bien observa Domínguez, Juan
Pavón era el fidus Achates de Ruiz, y en julio 11
de 1539 firma aquél un documento en la Asun-
ción (5), lo que prueba que Ruiz salió de Buenos
Aires más ó menos á principios de Mayo. Ahora,
pues, como el auxilio que fué en socorro de la
gente de Corpus Christi fué despachado por Ruiz,
cuando éste mandaba en Buenos Aires, según Vi-
llalta, Oviedo, Herrera y Ruy Díaz se impone
que tuvo que ser en alguna fecha entre principios
de Enero y fines de Abril del año 1539.
142. Ruy Díaz, expresamente dice que Ruiz supo
del aprieto en que estaba Antonio de Mendoza en
su casa fuerte de Corpus Christi después que par-
tieron Felipe de Cáceres y Francisco de Alvarado á
España Ahora, como Madero supone que Cá-
ceres partió en el galeón Santa Catalina para Es-
(1) Sigo un estudio inédito del Dr. Manuel Domínguez.
(2) Archivo de la Asunción. N.® 12. Apénd. O.
(3) Hist. citada, p. 171.
(4) Id. pp, 172 y 173. El Arch. Nac. de la Asunción. Oct. 1900, p. 49:
Apénd. K.
(5) El Arch. Nac. citado, p. 54, Apénd. L'
(6) Estudio citado de Domínguez.
(7) La Argentina. Ed. 1881, p. 76.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
121
paña después del 20 de Abril mientras nos
consta que el mismo Cáceres estaba en Corpus
Christi el 28 de Diciembre de 1538 jurando obe-
diéncia á Ruiz Galán, si no sale á luz algún otro do-
cumento que más fe haga, habrá que interpretar
muy latamente aquello de Ruy Díaz : — luego que
desembarcaron (Alonso Cabrera y sus compañe-
ros) se determinó volver á despachar la misma nao,
por dar aviso á S. M., etc. », — porque el «-luego que»
tiene que ser ó después del 29 de Diciembre de
1538 ó fines de Abril de 1539. No hay la menor
prueba que entre Enero y Abril del año 1539 haya
salido más embarcación para España que la consa-
bida en la segunda fecha. Abril, sea ella llamada
Maradona, con Ruy Díaz ó Trinidad y Santa
Catalina, con Madero porque de los dos modos
la llama.
143. Estas dos fechas son de mucha importan-
cia para poder apreciar el valor de lo que á este
respecto escribió Ruy Díaz. Si Cáceres partió en
Mayo se viene abajo la fábula del asalto y salva-
ción de Corpus Christi el 3 de Febrero de 1539;
si hemos de estar á un viaje hipotético emprendido
en Enero, difícilmente se pueden meter tantos
acontecimientos en tan corto plazo: — bajada á Bue-
nos Aires, despacho de un galeón á España, noti-
cia de los apuros de Antonio de Mendoza, despa-
(t) Madero, pp. 172 y 173.
(2) Blas Caray, Doc. p. 20. Ap. J.
(3) La Arg. p. 75.
(4) Hist., pp. 172 y 173.
122
ULRICH SCHMÍDEL
cho de los 2 bergantines al socorro de los sitiados,
tiempo consumido en el viaje por los mismos, y
todo entre el 29 de Diciembre en que se juraba y
festejaban juramentos en Corpus Christi y el 3
de Febrero inmediato. Yo le doy menos crédito á
la fábula de esta fecha que lo que le concede Do-
mínguez — es otra más de las tantas del ameno
historiador del Río de la Plata. Domínguez ha pro-
bado hasta la evidencia en su Estudio sobre la
materia que el asalto de Corpus Christi tuvo que
suceder antes de la partida de Ruiz Galán con
Cabrera; la cita de Ruy Díaz sola no abona la
fecha del 3 de Febrero, fiesta de San Blas; cabe,
pues, esta hipótesis. En momentos (fines de Abril)
que Ruiz Galán se preparaba para subir con Ca-
brera á la Asunción, llegan las nuevas del «aprieto»
en Corpus Christi. Preocupados como estaban los
dos caudillos con sus pretensiones de mandar en
jefe, despachan el socorro en los dos bergantines
y sin más se lanzan río arriba, desentendiéndose
de Corpus Christi, á socorrer á Ayolas, como pre-
texto, arrebatarse el mando, si ello cabía. Lo que
pueda haber más allá, está enterrado en la do-
cumentación inédita de la época.
144. En Villalta se encontrará una relación exac-
ta de lo ocurrido en Corpus Christi, y en Schmídel
la misma historia con más pintorescos detalles.
Oviedo y Herrera se refieren también á los mismos
acontecimientos: aquél se comunicó con muchos
de los descubridores y conquistadores, y éste com-
pulsó la documentación oficial contemporánea.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
123
Ruy Díaz consignó la historia legendaria y fabulo-
sa, autor que debe ser prohibido, no siendo en una
edición anotada á la luz de los documentos de la
época.
XVll
NOMBRE DE LA ASUNCIÓN
145. Es el doctor Manuel Domínguez quien ha
puesto en limpio este punto interesante en la his-
toria del Paraguay. «Puerto de Nuestra Señora
de la Asunción» se llamaba ya el 28 de Diciem-
bre del año 1538, como se establece en el Juramen-
to de Obediencia al Capitán Francisco Ruiz Galán
Juan de Salazar salió en busca de Ayolas el 15 de
Enero de 1537 Seis meses demoraron en llegar
al puerto de la Candelaria, es decir, hasta media-
dos de Julio. En seguida bajaron é hicieron y asen-
taron «puerto y pueblo» en lo que es y fué la
Asunción, en tierra de Caríos Las fechas de
arriba nos permiten suponer que la fundación
pudo hacerse el 15 de Agosto de 1537.
146. Todas estas noticias se confirman en la
carta de Francisco Villalta, § 37 y 38 Lo que
(1) Col. de Doc. Blas Garay, p. 22, Ap. J.
(2) Pero Hernández, p. 162. Apénd. B.
(3) Inform. Gonz. de Mendoza, Preg. 13, 14 y 15. Col. Garay, pp. 204 y
205. Apénd, C.
(4) Ver Apéndice A.
124
ULRICH SCHMÍDEL
Schmíde! cuenta en sus capítulos XXI y siguientes,
es un episodio intercalado de una escaramuza con
los Indios del pueblo ó ciudad de Lambaré, ocurri-
da 4 años después de la entrada, más ó menos en
1539, época en que ya hacía mucho rhás de un año
que el nombre de la Asunción figuraba en actas
públicas de la gobernación. El dato contenido en
el capítulo XXII que asigna el nombre de Nuestra
Señora de la Asunción al pueblo, porque en ese
día se rindieron los Indios Garios de Lambaré es
un simple error, siempre que se entienda que eso
quiso decir Schmídel. No negaremos que por ca-
sualidad la escaramuza de Lambaré pudo suceder
en un 15 de Agosto también, pero si ese 15 de
Agosto fué del año 1539, mal pudo ser causa de
llamarse así el puerto de la Asunción; y si se trata
del año 1537, no pudo haber tal escaramuza, por-
que Ayolas llegó á los Garios, trató de paz con
ellos, le dieron «mucha comida de maíz y batatas i
algunas abas por sus Rescates» y pasó de largo
río arriba hasta los Payaguá La relación del ca-
pítulo XXII no está muy clara y bien puede suceder
que Schmídel no quiso decir más sino que los
Gristianos se posesionaron del puerto en los Ga-
rios el día de la Asunción, sin que necesariamente
fuese consecuencia del episodio que precede.
(1) 1539.
(2) Villalta, § 31-33. Ap. A.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
125
XVIII
GOBIERNO DE ALVAR NÚÑEZ CABEZA DE VACA
147. En el capítulo XXXI cuenta Schmídel como
llegó Alvar Núñez á Santa Catalina y de allí á la
Asunción con 300 hombres y el resto de los 30 ca-
ballos que habían salvado del viaje. En el capítulo
XXXII refiere la muerte de Aracaré y en los siguien-
tes trata de la guerra con Atabaré ó Taberé. Con-
cluida ésta sale Alvar Núñez al descubrimiento de
la tierra. Schmídel cuenta las cosas á su modo, y
en todo demuestra que era poco afecto á Cabeza
de Vaca. Para poder juzgar cuál de las dos rela-
ciones es la más verídica, ésta ó la del mismo Alvar
Núñez, sería necesario hacer un estudio detallado
de los instrumentos que sirvieron en el juicio que
se le siguió al adelantado en España. Si Schmídel
no ha falseado los hechos, no era Cabeza de Vaca
el hombre para dominar á la gente del Río de la
Plata, y una vez producido el escándalo referido en
el capítulo XXXVlíí, quedaba de manifiesto la in-
competencia de aquel jefe, cuya autoridad desde
luego desaparecía por completo. El historiador
Oviedo confirma el juicio desfavorable de Schmí-
del lo que prueba que por algo se le retiró el
(1) .Hist, de Ind.. Lib. XXIII, Cap. XVI.
126
ULRICH SCHMÍDEL
mando al jefe derrocado. Hombres buenos se va-
len de malos elementos, y éstos comprometen la
fama y reputación de sus superiores; pero éstos
tienen que ser responsables de los excesos de sus
subalternos. La verdad histórica de los hechos no
se establece ni con la relación de Schmídel ni con
la de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, para ello nos
faltan las piezas del proceso á que fué sometido
éste; pero en todos los casos habrá que tener en
cuenta lo que dice nuestro viajero, quien nos ha
dejado una descripción pintoresca y al parecer
exacta de todo cuanto vió y experimentó.
XIX
LOS ÚLTIMOS AÑOS DE SCHMIDEL EN EL RÍO
DE LA PLATA
148. Después de la expulsión de Cabeza de Vaca
pasa Schmídel á contar en el capítulo XLl lo ocu-
rrido en la colonia bajo el mando interino de Do-
mingo Martínez de Irala, hombre muy querido por
todos los que no eran del bando del adelantado.
Describe varias guerras contra los indios Caríos,
etc., y marcha Irala á su famosa expedición á los
Chamacocas y Corocotoquis, según él mismo nos
la cuenta en su carta del año 1555. Creyeron lle-
gar por allí á un «el Dorado», pero al fin se apro-
ximaron al Perú. En la jornada medio se le sublevó
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
127
la gente, y algo de esto se desprende del capítulo
XLVIH. Schmídel calla lo de la renuncia de Irala
y su reelección en el puerto de San Fernando, pero
sin duda, porque era cosa fea y que no conducía á
nada. La gente quería hacer de las suyas mientras
merodeaban entre los pobres Indios, pero al saber
que, en la Asunción, Diego de Abreu había usur-
pado el mando después de dar muerte á Francisco
de Mendoza, lugar-teniente de Irala, volvieron nue-
vamente á someterse á este caudillo.
14Q. Los tres viajes últimos de Schmídel deben
ser anotados por personas que hayan andado por
donde él pasó. Si el explorador Guido Boggiani no
ha caído víctima de su temeridad al meterse sin
más defensa que su bondad entre los Indios Cha-
macocos y Tuminahás, sabremos como eran los
lugares y las naciones por donde se pasearon Irala,
Hernando de Ribera y Ulrico Schmídel en busca
de los Amazones y su el Dorado; pero mientras
este viajero (ó algún otro) no nos traiga noticias
frescas de aquellos lugares, quedarán las cosas co-
mo nuestro Schmídel las dejó.
150. Otro tanto se dirá del viaje de la Asunción
al puerto de mar. Alvar Núñez tomó por el Iguazú,
Schmídel por el Uruguay: uno y otro se encon-
traron con Indios Garios ó Guaraníes, antropófa-
gos, amigos de los Españoles á más no poder.
(I) Desgraciadamente se sabe que ésto es lo que ha sucedido: la ciencia
y el arte han perdido un distinguido é intrépido investigador de cosas ame-
ricanas.
128
ULRICH SCHMfDEL
XIX
CONCLUSIÓN
151. Hemos llegado al fin de este Prólogo y no
me resta más que llamar la atención á esa sencillez
y claridad del relato, que contrasta tan bien con las
noticias confusas de los demás papeles viejos,
que tantas veces repelen al lector y lo dejan en
peor duda que antes. Schmídel no era literato ni
pretendía serlo, pero la misma sencillez de su estilo
le da méritos. Sus juicios son acertados y de un
hombre de buen sentido. Para él Alvar Núñez ca-
recía de méritos, á Irala le sobraban: y la verdad es
que éste salvó la colonia española, mientras que al
otro lo expulsaron indignamente. Por lástima se en-
salzan los méritos, acaso negativos, de Cabeza de
Vaca; — pero por casi un cuarto de siglo e! porvenir
del Río de la Plata estuvo en manos de Martínez de
{rala. Al fin son los éxitos, y no los fracasos, que la
historia celebra, y ésta se ha hecho cargo de de-
mostrar que no era Cabeza de Vaca el hombre
para suceder á Don Pedro de Mendoza, cuyo go-
bierno desde su cama de moribundo había tripli-
cado las dificultades de la conquista de su gober-
nación del Río de la Plata, en aquel siglo, como en
los posteriores, invadido por otras jurisdicciones.
vi) Descontado aquello de los errores cronológicos y de los cambios de
nombres, unos por otros.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
129
152. En la traducción se ha tratado de conser-
var el estilo del original, tal vez en algunos casos
con menoscabo de la lengua castellana ; pero hay
que tener presente que el mismo texto alemán está
plagado de españolismos, y que el autor, al pensar
de nuestras cosas, escribía como pensaba; — en len-
gua mixta.
153. En algunas partes he introducido innova-
ciones en la traducción, porque el sentido de la
frase así lo exigía: por ejemplo, como en el capí-
tulo II donde dice — Unnd alda wirt feur gemacht
— «muy abundantes de azúcar» en las ediciones
corrientes, es más probable que sea «se hizo fiesta»,
Jeur por feir — fiesta; expresión ésta bastante usual
en alemán.
En los capítulos XVI y XVII encontramos la fra-
se — ennthaltenn sich von fischs and tra-
ducida en la edición inglesa así — se abstienen de
pescado y carne. La edición de 188Q explica
ennthaltenn como un bavarismo por erndhren ó
erhalten—m?eí\'i.ntx — y por lo tanto yo me atengo
á la ^versión castellana, que dice que esto era lo que
comían.
154. Los nombres de personas y de lugar se
conservan en la misma forma del original, con
las equivalencias del caso en el texto ó en las no-
tas.
155. Parece increíble que durante un siglo ente-
ro nos hayamos ocupado en el Río de la Plata de
nuestro célebre Schmídel, y que recién á fines
del XIX se haya levantado en el Paraguay la voz
130
ULRICH SCHMÍDEL
del doctor Manuel Domínguez contra las defi-
ciencias de los datos históricos contenidos en el
viaje de nuestro autor. ¿Con qué nos disculpare-
mos? En la primera mitad del siglo que fué nuestro
contábamos con las Décadas de Herrera, que con-
tienen la relación del verdadero viaje de Ayolas,
cuando marchó á esa muerte, justo castigo por otra
de que fué autor él antes de entrar al Río de la
Plata; eran también conocidas la Memoria de Pero
Hernández, y algunas de las cartas de Irala. En la
segunda mitad del mismo siglo se publicó la Histo-
ria de Oviedo, en que se reproduce todo, ó casi
todo, lo concerniente á la entrada de Alonso Ca-
brera: con esta crónica y lo que se halla en las
Décadas, bastaban para establecer la verdad de los
hechos citados por Schmídel. Más tarde se han
conseguido la Relación de Villalta, original que le
sirvió á Herrera, los documentos publicados por el
doctor Caray en el Paraguay y algunas piezas más.
Todo esto, no obstante, el año 18Q1, la Sociedad
Hakluyt publicó una traducción inglesa en que no
se utiliza para nada la luz que arrojan las historias
y documentos conocidos por todos hasta esa fecha.
Nadie se acordó de decir que la historia de la con-
quista del Río de la Plata no podía aceptarse como
tal sin que primero se restaurasen los verdaderos
nombres de los jefes y se asignasen sus fechas á
los hechos narrados; porque de lo contrario se
exponía á nuestro autor á los ataques bien funda-
dos del ya citado doctor Domínguez.
(1) Vicepresidente de aquella República.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
131
156. No es fácil darse cuenta de cómo Schmídel,
tan exacto en sus otros detalles, pudo confundir
tan lastimosamente los nombres de los jefes que
acaudillaron las expediciones anteriores á la entra-
da de Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Estas confu-
siones nos han inducido á todos en error, y recién,
cuando el doctor Domínguez impugnó los hechos
á consecuencia del error en los nombres de los
jefes, me hice cargo yo que rectificados estos se
ponía todo en su lugar, si bien con ciertas adver-
tencias que á su vez se irán haciendo notar.
157. Ahora que sabemos que no fué con Juan
de Ayolas, sino en busca de él, que partieron Fran-
cisco Ruiz Galán, Juan de Salazar y Alonso Ca-
brera á reunirse con Domingo Martínez de Irala en
la Asunción á principios de 1539 (Capítulo XV),
con Oviedo en la mano podemos seguir á Schmídel
sin más interrupción que para cambiar el nombre
de Juan de Ayolas por el de Irala, ó de algún otro
que corresponda, según los documentos contem-
poráneos, hasta que llegamos al 2P párrafo del ca-
pítulo XXVIl, en que lo deja á hala preparándose
para bajar á Buenos Aires, á despoblar esta ciudad
y puerto.
158. Se ve, pues, como en muy pocos renglones
hemos podido dejar la relación de Schmídel clara
y ajustada á la verdad. Ignoramos si fué él ó alguno
de sus secretarios ó copistas quienes introdujeron
los serios errores que se han notado; pero, por
suerte, la documentación contemporánea no es
escasa, y mucha parte de ella se ha utilizado, así
132
ULRICH SCHMiDEL
no será necesario ya que se invoque á nuestro
Schmídel cuando se quiera hablar de un Buenos
Aires fundado en 1535; de un Ayolas, quien con
numerosa escuadrilla, después de merodear por
los ríos Paraná y Paraguay y de fundar la ciudad de
la Asunción, recién se metió tierra adentro por el
país de los Payaguá, á cuyas manos más tarde él y
sus compañeros perecieron miserablemente; de un
Irala, que regresara á Buenos Aires antes del año
1541; y de tantas otras cosas que tan lejos están
de la verdad histórica, según la documentación
contemporánea.
159. La traducción española del siglo XVlll, y
las reproducciones por Angelis y Pelliza en el XIX,
nos dejaron á Schmídel donde había quedado des-
pués de las ediciones latinas de Hulsius y de Bry á
fines del siglo XVI.
160. El año 1891 la «-Haklayt Society» de Lon-
dres, agregó un tomo más á su valiosa colección
de textos raros sobre viajes. Las Notas é Introduc-
ción son de la pluma de don Luis L. Domínguez y
el texto lo forman traducciones (1) del Viaje de
Ulrich Schmídt á los Ríos de la Plata y Para-
guay y (2) de Los Comentarios de Alvar Núñez
Cabeza de Vaca. La primera está basada en la edi-
ción alemana de 1567, y se atiene al texto con tal
fidelidad que no se hace referencia alguna á la du-
da sobre si el año 1535 era ó no el de la fundación
de Buenos Aires; se acepta sin nota ni observación
(1) El N.» LXXXI.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
133
que Ayolas estaba vivo en la Asunción 4 años des-
pués de la entrada de Mendoza al Río de la Plata;
y muchas otras cosas más que ya en el año 1891
podían ponerse en duda. Se imponía, pues, la ne-
cesidad de una edición castellana que á la vez de
ser fiel reproducción del nuevo MS. publicado en
1 889, salvase en el comentario y notas los errores
que indudablemente afean el texto, sobre todos,
aquel de poner un nombre por otro cuando se
trata de los caudillos que actuaron en los aconte-
cimientos materia de la relación.
161. Razón tenía el doctor Manuel Domínguez
cuando fustigaba al pobre Ulrico Schmídel 9), y su
dura crítica ha producido su efecto, porque en la
nueva traducción se deja ver que muchos de los
defectos no eran del autor, que otros respondían á
la inexactitud y criterio de la época, mientras que
otros eran lisa y llanamente el error craso de atri-
buir á Juan de Ayolas ó á Irala hechos que no eran
hazañas de ellos, pero que como de otros, y en el
propio lugar, quedaban subsistentes.
162. Todo esto va corregido en las notas con
referencia á los párrafos correspondientes en el
prólogo, y Schmídel dejará de ser un texto peligro-
so para los que lo han estudiado sin el cotejo in-
dispensable con lo que dicen Oviedo, Herrera,
Ruy Díaz de Guzmán y los documentos de la
época, y esto sin haber perdido en nada lo útil y
lo ameno por la infinidad de datos novedosos y
(1) «Rev. del Inst. Paraguayo».— Ano III, Tomo II, p. 3 et seq.
134
ULRICH SCHMÍDEL
pintorescos con que, como buen viajero y obser-
vador, ha salado su relación.
163. Se ha creido conveniente reproducirla di-
visión en capítulos con el resumen de su conteni-
do, que son los mismos que están señalados en el
texto alemán del 8Q. La traducción inglesa ha
prescindido de esta comodidad con el resultado
de que esta parte del libro es una pampa sin un solo
ombú, — de suerte que el que busca una cita se
pierde en ese maremagnum, sin faro ni pontón.
164. No será nuestro Schmídel la última pala-
bra acerca del famoso Estraubigense y su obra;
pero se han disminuido los escollos y se han abier-
to derroteros que podrán aprovechar otros cuan-
do la documentación sacada á luz en el siglo XX
venga á enriquecer la que tarde conocimos en
el XIX.
Samuel A. Lafone Quevedo.
Museo de La Plata, 13 de Septiembre de 1902.
VIAJE DE ULRICH SCHMÍDEL
AL RÍO DE LA PLATA
( AMÉRICA DEL SUD )
VIAJE DE ULRICH SCHMIDEL
AL RÍO DE LA PLATA
En el año que se cuenta después de nacido
Cristo nuestro amado Señor y Redentor 1534,
yo Ulerich Schmidel de Straubing he visto las si-
guientes naciones y tierras, partiendo de Andorff
(Amberes) por mar, á saber: Hispaniam (España),
Indiam (Indias), y muchas islas; con peligros varios
por lances de guerra las he visitado y recorrido; y
este viaje (que ha durado desde el susodicho año
hasta el de 1554 ® en que Dios el Todopoderoso
me ayudó á llegar otra vez á mi tierra) juntamente
con lo que á mí, y á los mismos mis compañeros
aconteció y nos tocó sufrir, lo he descripto yo aquí
con la brevedad posible.
(1) El año debe ser 1535, si bien pudo llamarse 34 antes del 28 de Febrero.
Ver, Prol. Cap. II § 2.
(2) 1554 Enero para los Bávaros sería 1555 para nosotros. Ver Nota ante-
rior.
138
ULRICH SCHMfDEL
CAPÍTULO l
LA NAVEGACIÓN DE AMBERES Á ESPAÑA
En primer lugar después de haber partido de
Ando rf (Amberes) llegué á los 14 días á Hispania,
á una ciudad que se llama Khalles (Cádiz), hasta
allí se cuentan 400 millas (leguas) por mar.
En la costa de aquella ciudad vi una ballena ó
cetáceo de 35 pasos de largo, de la que se saca-
ron unos 30 cascos llenos de aceite, cascos como
los de harenques.
Cerca de la susodicha ciudad de Khalles (Cá-
diz) estaban surtos 14 grandes navios bien provis-
tos de toda munición y de cuanto era necesario,
que estaban por emprender viaje al Rieo delle Pla-
tta en Indiam (Indias). También se hallaban allí
2500 Españoles y 150 Alto- Alemanes, Neerlan-
deses y Sajones, junto con el capitán general de
todos nosotros, que se llamaba tum Pietro Man-
do ssa.
Entre estos 14 navios estaba uno de propiedad
de los señores Sewastian Neithart y Jacoben Wel-
ser de Niremburgo, quienes mandaban á su factor
(1) La del autor es legua. Véase el mapa de Hulsius. Prol. N<®I. §6.
(2) Otros autores dan un número muy inferior. Ver Madero, «Historia
del Puerto de Buenos Aires*. Carta de Villalta, § 3 (dice 1800). Ver Prol.
Cap. IV § 7.
VIAJE AL Rio DE LA PLATA 13 q'
Heinrich Paimen con mercaderías al Rieo delle
Platta. Con estos partimos al Rieo delle Platta yo
y otros Alto-Alemanes y Neerlandeses, más ó me-
nos en número de 80 hombres armados de arca-
buces y ballestas . Después de esto salimos de
Sievilla en 14 navios, con los susodichos caballeros
y el capitán general en el susodicho año, y día de
Sannt Bartholomei ® y llegamos á una ciudad en
Híspanla llamada San Lucas (San Lucar de Barra-
meda), que está á 20 millas (leguas) de Sievilla.
Allí tuvimos que demorar hasta el I." de Septiem-
bre del susodicho año w, por causa de los tempo-
rales que corrían.
CAPÍTULO II
LA NAVEGACIÓN DE ESPAÑA Á LAS CANARIAS
Después de esto salimos de allí y arribamos á
tres islas que están cerca unas de otras, de las que
la primera se llama Dennerieffe, la segunda. Cu-
mero (Gomera) y la tercera, Polmant (Palma); y de
la ciudad de 5. Lucas (San Lucar) á las islas se
cuentan más ó menos 200 millas (leguas). En estas
islas se dispersaron los navios. Las islas pertene-
(1) Mit pixenn unnd gewertenn. Ed. 1889, p. 22.
(2) Agosto 24 de 1535.
(3) Millas son leguas; pero falta que saber de qué nación. Ver. Escala en
Mapa de Hulsius. Prol. § 6.
( 4 ) 1535 .
140
ULRICH SCHMÍDEL
cen á la Cesárea Majestad, y las habitan sólo los
Españoles con sus mujeres é hijos. Y allá descan-
samos Arribamos también con 3 de los navios
á la Palma y allí permanecimos unas 4 semanas
haciendo provisión y reparando averías.
Mas después de ésto, mientras nuestro general,
tum Pietro Manthossa se hallaba á unas 8 ó Q
millas (leguas) distante de nosotros, resultó que
habíamos tenido á bordo de nuestro navio á ton
Jerg Manthossa primo del señor tonn Pietro
Manthossa: este se había enamorado de la hija de
un vecino en Palman (la Palma) y como estába-
mos por salir al día siguiente, el dicho thonn Jerg
Manthossa bajó á tierra esa misma noche, á las 12,
con 12 compañeros de los buenos, y sin ser senti-
dos se robaron de la isla Palman á la dicha hija
de aquel vecino, con la doncella, ropa, alhajas y
algún dinero, volviendo en seguida al navio muy
ocultamente para no ser sentidos ni por nuestro
capitán, Heinrich Palmen, ni por otra persona
alguna de los del navio; sólo la guardia se aperci-
bió de ello, por ser la media noche.
Y cuando nos hicimos á la vela de mañana, an-
tes de andar más de unas 2 ó 3 millas (leguas) se
armó un fuerte temporal que nos obligó á volver
á entrar en el mismo puerto de donde acabábamos
de salir. Mas después que largamos nuestras an-
clas al agua, se le antojó á nuestro capitán, el dicho
Heinrich Palmen, desembarcar en un pequeño
(1) Feur gemacht xxiv feier gemacht, expresión que equivale á cdescan-
sar*, «hoIgar>, «hacer fiesta>. Es lo natural, y no lo otro, «azúcar» ó «fuego».
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
141
esquife llamado pot (bote) ó podell (batel). Eso
que se acercaba y éstaba ya por poner pie en tie-
rra, lo esperaban allí más de 30 hombres armados
con arcabuces, lanzas y alabardas, dispuestos á
tomar preso á nuestro capitán Hainrich Palmen.
En el mismo instante uno de su gente le advirtió
que no saltase á tierra sino que se volviese á bordo;
entonces el capitán se dispuso regresar al navio,
mas no le dieron tiempo; porque los de tierra se le
habían acercado demasiado en otras barquillas,
que estaban allí ya preparadas: con esto y todo
logró escapárseles á otro navio que se hallaba más
cerca de la tierra. Como la gente no pudo tomarlo
en seguida hicieron tocar á rebato en la ciudad de
Palman, cargaron 2 piezas de artillería gruesa, y
con ellas hicieron 4 descargas contra nuestro na-
vio, pues nos hallábamos no muy distantes de la
tierra. Con el primer tiro nos agujerearon el can-
illón que estaba en la popa lleno de agua fresca,
de la que se derramaron 5 ó 6 baldadas. Después
nos hicieron pedazos la mesana, que es el último
mástil, el más inmediato á la popa. El tercero nos
acertó abriéndonos un boquerón en el costado del
navio, y nos mató un hombre. El cuarto nos erró
del todo.
Estaba también otro capitán presente que tenía
su navio á la par del nuestro, con rumbo á New-
Hlspanlen (Nueva España (ó sea) Mechssekhen
(México): este se hallaba en tierra con 150 hom-
bres, y cuando supo de nuestro combate, trató de
hacer las paces entre nosotros y los de la ciudad,
142
ULRICH SCHMÍDEL
bajo la condición de entregarles las personas de
ton Jerg Manthossa, la hija del vecino y su sirvien-
ta. No tardaron en presentarse el Stathalter (Re-
gidor) y el Richter (Alcalde) en nuestro navio,
pretendiendo llevarse presos á thon Jerg Mantho-
ssa y á sus cómplices. Al punto les contestó él
que era ella su legítima mujer, y á ella no se le ocu-
rrió decir otra cosa, casándose en seguida, con
gran disgusto del afligido padre; y nuestro navio
quedó muy estropeado de resultas de los balazos.
CAPÍTULO 111
VIAJE DE LA PALMA A SANTIAGO
Después de todo esto dejamos en tierra á ton
Jerg Manthossa y á su mujer, porque nuestro capi-
tán no quería tenerlos más á su bordo.
Volvimos á aprestar nuestro navio y navegamos
hasta llegar á una isla ó tierra que se llama de San
Jacob, ó sea en español Augo (Santiago) es una
ciudad que depende del rey de Portugal; los Por-
tugueses mandan en el pueblo y los Negros les
sirven. Esta ciudad está á 300 millas (leguas) de
la dicha isla de Palman (Palma) de donde había-
(1) Sería curioso que este Jerg Manthossa resultase ser el Jorge Luján de la
subsiguiente historia: que los Alemanes lo dejasen no quiere decir que no
siguiese viaje con Mendoza.
(2) Archipiélago del Cabo Verde.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
143
mos salido Permanecimos allí 5 días, y de nue-
vo abastecimos el navio de provisiones frescas y
de mesa, como ser: pan, carne, agua y todo lo
demás que se necesita en alta mar.
CAPÍTULO IV
VIAJAN POR ALTA MAR Y DESCRIBE SUS MARAVILLAS
Así toda la flota, á saber tos 14 navios, se volvie-
ron á reunir. Nuevamente salimos mar afuera y
navegamos por dos meses hasta que arribamos á
una isla en que no había más que aves que matá-
bamos á garrotazos. En este lugar demoramos 3
días. La isla está del todo despoblada; tiene de an-
cho y largo unas 6 millas (leguas) á todo viento
y dista de la susodicha isla de San Augo (Santiago),
de donde habíamos partido, 1.500 millas (leguas).
En este mar hay peces voladores, y otros muy
grandes de la especie de las ballenas; otros tam-
bién grandes, llamados Ichaub-huet-fischs (pez
sombrero de paja) en razón de que un disco
extremadamente grande les tapa la cabeza, con el
que pueden ofender á los demás peces en sus
(1) Valga lo dicho ya sobre ^millas*. Ver escala en mapa de Hulsius y
Prol. § 6.
(2) Profant.—Eá. 1889, p. 24.
(3) El original nuestro (1889) supone que sea el islote Fernando Noroña.
(4) Burmeister dice que es el echeneis naucrates, pez que con la cabeza se
pega á los buques, etc. Este cysco es un chupón muy curioso que tapa la
cabeza á manera de sombrero. Ver cap. LUI, p. III de la Ed. 1889.
144
ULRICH SCHMiDEL
peleas. Son peces de mucha fuerza y muy malos.
Otros hay de cuyo lomo nace una especie de cu-
chilla de hueso de ballena, y se llaman en caste-
llano pes espade (pez espada); y más otros con un
serrucho de hueso de ballena que también arranca
del lomo; son malos y grandes: se llaman pese de
sere (pez sierra). Aparte de estos son muchos los
peces raros que hay, cuya forma, tamaño y cuali-
dades no puedo describir yo en esta vez
CAPÍTULO V
LLEGADA Á RÍO DEL JANEIRO V MUERTE DE OSORIO
Después navegamos-de esta isla á otra ® que se
llama Río Genna (Río Janeiro) á 500 millas de la
anterior dependencia del rey de Portugal : esta
es la isla de Rio Genna (Río del Janeiro) en Inndia
(Indias) y los Indios se llaman Thopiss (Tupís)
Allí nos quedamos unos 14 días. Fué aquí que
thonn Pietro Manthossa, nuestro capitán general,
dispuso que Hanss Ossorio (Juan de Osorio), como
que era su hermano adoptivo, nos mandase en
calidad de su lugar teniente; porque él seguía siem-
pre sin acción, tullido y enfermo. Así las cosas él,
Hans (Juan) Ossorio, no tardó en ser malquistado
(1) Ver cap. LUI.
(2) Modo de decir tratándose de Indias.
(3) No la nombra, la supuesta Fernando Noroña.
(4) Tupís.— Guaranís del Brasil.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA 145
y calumniado ante thonn Pietro Manthossa, su
hermano jurado, y la acusación era que trataba de
sublevarle la gente á thonn Pietro Manthossa
el capitán general. Con este pretexto él, thonn
Pietro Manthossa, ordenó á otros 4 capitanes
llamados Joan Eyolas (Ayolas), Hanns Salesser
(Juan Salazar), Jerg Luchilem (Jorge Lujan) y La-
zaras Sallvaischo que matasen al dicho Hanns
Assario (Juan Osorio) á puñaladas, ó como mejor
pudiesen, y que lo tirasen al medio de la plaza por
traidor. Más aún, hizo publicar por bando que na-
die osase compadecerse de Assirio (Osorio) so
pena de cprrer la misma suerte, fuere quien fuere.
Se le hizo injusticia, como lo sabe Dios el Todopo-
deroso, y que El lo favorezca; porque fué aquel
un hombre piadoso y recto, buen soldado, que
sabía mantener el orden y disciplina entre la gente
de pelea.
CAPÍTULO VI
LLEGAN AL RÍO DE LA PLATA V PUERTO DE
SAN GABRIEL. LOS CHARRÚA.
De allí navegamos al Rio de le Platta y dimos
con una corriente de agua dulce que se llama
(1) Estas repeticiones son características del original alemán, y las más de
las veces se reproducen.
( 2 ) Schmídel llama siempre á los ríos «agua corriente^.
10
146
ULRICH SCHMÍDEL
Parnau Wassu (Paraná Guazú), y tiene de an-
cho en la boca, donde deja de ser mar, una exten-
sión de 42 millas (leguas) de camino y desde
Río Gena hasta esta agua se cuentan 500 millas
(leguas) de camino
En seguida arribamos á una bahía que se llama
Sannt Oabriehel (San Gabriel) ® y allí en la suso-
dicha agua corriente Parnau largamos las anclas
de nuestros 14 navios. Y como tuviésemos que
hacer quedar los navios mayores á un tiro de
arcabuz de la tierra, nuestro general thon Pietro
Manthossa había ordenado y mandado que los
marineros desembarcasen la gente en los peque-
ños esquifes, que con este fin estaban ya dispues-
tos, y se llaman podel ó poet (batel ó bote). Así
pues, con el favor de Dios llegamos al Rio de la
Platta el año 1535
Allí nos encontramos con un pueblo de Indios
llamados Zechuruass (Charrúas) ® que constaba
como de unos 2.000 hombres, y que no tenían
más de comer que pescado y carne. Estos al llegar
nosotros, habían abandonado el pueblo huyendo
con mujeres é hijos, de suerte que no pudimos dar
con ellos. Esta nación de Indios se anda en cueros
vivos, mientras que sus mujeres se tapan las ver-
(1) Es más ó menos la distancia en ia embocadura.
(2) Falta que saber cómo se las anduvieron y contaron.
(3) Hoy la Colonia.
(4) 1536. Ver Madero, Relac, de Villalta y Ruy Díaz de Guzmán.
(5) Flecken.—ksi llama siempre al pueblo de Indios.
(6) La ubicación es exacta. Las costumbres de estos Indios nos enseñan
que no eran de la raza Guaraní. Ver Prol. Cap. XI § 34.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
147
güenzas con un paño de algodón que les cubre
desde el ombligo hasta la rodilla.
Entonces el general thon Pietro Manthossa
mandó que se vuelva á embarcar la gente, y que la
hagan pagar á la otra banda del agua Pernaw (Pa-
raná), que allí no tiene más anchura que 8 millas
(leguas) de camino
CAPÍTULO VII
LA CIUDAD DE BUENOS AIRES Y LOS INDIOS
QUERANDÍ
Allí levantamos una ciudad que se llamó Bonas
Ayers (Buenos Aires), esto es en alemán — gueter
windt (buen viento) También traíamos de Espa-
ña, en los 14 navios, 72 caballos y yeguas.
En esta tierra dimos con un pueblo en que esta-
ba una nación de Indios llamados Carendies
como de 2.000 hombres con las mujeres é hijos, y
su vestir era como el de los Zechurg (Charrúa),
(1) Es lo que habrá entre Buenos Aires, ó mejor dicho, Punta de Lara y
San Gabriel ó la Colonia.
(2) El nombre oficial era: — Nuestra Señora de Buenos Ayres — Instruc-
ción de Mendoza á Ruiz — Abril 20 de 1537; ó 5.» 5.*» Mana de Buen
Ayre. Escritura de Ruiz Galán, 1538. Col. Garay, pp. 18 y 30. Ap. N. y O.
(3) Los usos y costumbres de los Querandi, así como sucede con los
Charrúa, indican que no son de la raza Guaraní : los Araucanos aún no ha-
bían entrado en la Pampa. Los Querandí eran los verdaderos Pampas y
forman parte de la Raza Pampeana de d'Orbigny. Estos eran los Querandí
que recorrían la ribera sur del Plata entre el Cabo de San Antonio y el río
de las Conchas. Ver Pról. Cap. XI § 35.
148
ULRICH SCHMÍDEL
del ombligo á las rodillas; nos trajeron de comer,
carne y pescado. Estos Carendies (Querandí) no
tienen habitaciones propias, sino que dan vueltas á
la tierra, como los Gitanos en nuestro país; y cuan-
do viajan en el verano suelen andarse más de 30
millas (leguas) por tierra enjuta sin hallar una
gota de agua que poder beber. Si logran cazar
ciervos ú otras piezas del campo, entonces se be-
ben la sangre. También hallan á veces una raíz
que llaman Cardes (Cardos) la que comen por la
sed. Se entiende que lo de beberse la sangre sólo
se acostumbra cuando les falta el agua ó lo que la
suple; porque de otra manera tal vez tendrían que
morir de sed
Estos Carendies traían á nuestro real y compar-
tían con nosotros sus miserias de pescado y de
carne por 14 días sin faltar más que uno en que no
vinieron. Entonces nuestro general thonn Pietro
Manthossa despachó un alcalde llamado Johann
Pabón y él y 2 de á caballo se arrimaron á los
tales Carendies, que se hallaban á 4 millas (leguas)
de nuestro real. Y cuando llegaron adonde esta-
(1) Ruy Díaz dice que corrían «desde el Cabo Blanco hasta el río de las
Conchas», p. 30. Ed. 1881.
(2) Hirschen. Lo común es llamarlos Venados.
(3) Wurtzel á veces dice — «planta» — en nuestro autor. Cardones llaman
en el interior á las tunas altas.
(4) Todo esto indica que los Querandí la vida nomádica del de-
sierto, y no la semicivilizada del Guaraní. Villalta cuenta que los Querandí
era gente que andaba á 3 » Parr. 4.“^ — El cereus ó cardón es
muy aguanoso y aplaca la sed.
(5) Richter.
(6) Ruiz Galán, dice la versión castellana, el alier ego de Pavón, al decir
del Dr. Domínguez.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA 149
ban los Indios, acontecióles que salieron los 3 bien
escarmentados, teniéndose que volver en seguida
á nuestro real.
Pietro Manthossa, nuestro capitán, luego que
supo del hecho por boca del alcalde, (quien con
este objeto había armado cierto alboroto en nues-
tro real) envió á Diego Manthossa, su propio her-
mano, con 300 lanskenetes y 30 de á caballo bien
pertrechados: yo iba con ellos, y las órdenes eran
bien apretadas de tomar presos ó matar á todos
estos Indios Carendies y de apoderarnos de su
pueblo. Mas cuando nos acercamos á ellos había
ya unos 4.000 hombres, porque habían reunido á
sus amigos
CAPÍTULO VIH
LA BATALLA CON LOS INDIOS QUERANDÍ
Y cuando les llevamos el asalto se defendieron
con tanto brío que nos dieron harto que hacer en
aquel día. Mataron también á nuestro capitán thon
Diego Manthossa y cOn él á 6 hidalgos de á pie y
de á caballo. De los nuestros cayeron unos 20 y
de los de ellos como mil. Así, pues, se batieron tan
furiosamente que salimos nosotros bien escarmen-
tados.
(1) Otros Indios de la comarca que no eran Querandí.
150
ULRICH SCHMÍDEL
Estos Carendies usan para la pelea arcos, y unos
dardes (dardos), especie de media lanza con punta
de pedernal en forma de trisulco También em-
plean unas bolas de piedra aseguradas á un cordel
largo; son del tamaño de las balas de plomo que
usamos en Alemania. Con estas bolas enredan las
patas del caballo ó del venado cuando lo corren
y lo hacen caer. Fué también con estas bolas que
mataron á nuestro capitán y á los hidalgos, como
que lo vi yo con los ojos de esta cara, y á los de á
pie los voltearon con los dichos dardes.
Así, pues. Dios, que todo lo puede, tuvo á bien
darnos el triunfo, y nos permitió tomarles el pue-
blo (3); mas no alcanzamos á apresar uno sólo de
aquellos Indios, porque sus mujeres é hijos ya con
tiempo habían huido de su pueblo antes de ata-
carlos nosotros. En este pueblo de ellos no halla-
mos más que mantos de tiuederen (nutrias) ó ytte-
ren como se llaman, iten harto pescado, harina
y grasa del mismo (5); allí nos detuvimos 3 días y
recién nos volvimos al real, dejando unos 100 de
los nuestros en el pueblo para que pescasen con
las redes de los Indios y con ello abasteciesen á
(1) Como dice la versión castellana.
(2) Hirschen ciervo.
(3) Flechen — la voz usual en SchmídeL
(4) Myopotamus coypus. Burmeister.
(5) Las voces en el original son ^fischsmel* y *fischsschmalz» . Dice Hans
Stade: «Hacen harina de carne y pescado así (Los Guaraní del Brasil): la
asan al fuego en medio del humo, la dejan secar, desmenuzándola en segui-
da y la vuelven á secar en ollas que llaman Yueppaun (Cambocy, dice
Burton). Después la muelen en mortero de palo, la ciernen en cedazo, y la
reducen á polvo. Se conserva mucho tiempo, etc.» — 2.* Parte, Cap. X.
Ed. Hakluyt Society, p. 132.
ucnas Jitrts- .
VIAJE AL RIO DE LA PLATA
I5I
nuestra gente; porque eran aquellas aguas muy
abundantes de pescado; la ración de cada uno era
de 6 onzas de harina de trigo por día y al tercero
un pescado. La tal pesquería duró dos meses lar-
gos; el que quería aumentar un pescado á la ración
se tenía que andar 4 millas (leguas) para conse-
guirlo.
CAPÍTULO IX
SE FORTIFICA BUENOS AIRES V SE PADECE HAMBRE
Y cuando volvimos al real se repartió la gente
en soldados y trabajadores, así que no quedase uno
sin qué hacer. Y se levantó allí una ciudad con
un muro de tierra como de media lanza de alto á
la vuelta, y adentro de ella una casa fuerte para
nuestro general el muro de la ciudad tenía de
ancho unos 3 pies; mas lo que un día se levantaba
se nos venía abajo al otro; á esto la gente no tenía
qué comer, se moría de hambre, y la miseria era
grande; por fin llegó á tal grado que ya ni los caba-
llos servían, ni alcanzaban á prestar servicio alguno.
Así aconteció que llegaron á tal punto la necesi-
dad y la miseria que por razón de la hambruna ya
(1) Probablemente de tapia y de adobes crudos con algunos techos de
«torta» de barro, y otros de paja, como se acostumbra aún en el Interior.
Siendo la *torta> bien podrida forma un techo impermeable y de bastante
duración.
(2) Esta llevaría techo de «torta», el Ziegel del cap. XI.
152
ULRICH SCHMÍDEL
no quedaban ni ratas ratones, ni culebras, ni
sabandija alguna que nos remediase en nuestra
gran necesidad é inaudita miseria; llegamos hasta
comernos los zapatos y cueros todos
Y aconteció que tres Españoles se robaron un
rocín y se lo comieron sin ser sentidos; mas cuan-
do se llegó á saber los mandaron prender é hicie-
ron declarar con tormento; y luego que confesaron
el delito los condenaron á muerte en horca, y los
ajusticiaron á los tres. Esa misma noche otros Es-
pañoles se arrimaron á los tres colgados en las hor-
cas y les cortaron los muslos y otros pedazos de
carne y cargaron con ellos á sus casas para satisfa-
cer el hambre. También un Español se comió al
hermano que había muerto en la ciudad de Bonas
Ayers
(1) Weder ratzen noch meís, p. 30, Ed. 1889. Eso de los gatos era cosa de
la versión castellana. Gatos pudieron llevar, pero serían pocos. Ratas no fal-
tarían en los navios. A los caballos los salvaban por razones que se imponen,
y porque no era la superioridad que tanto padecía, al decir de Villalta. Ver
Prol. Cap. VIII §§ 20 y 21. Villalta § 10.
(2) Villalta confirma todo esto, §§ 6.® y 7.®, y agrega que tenían los muer-
tos en sus casas días para lograr la ración. Se ha criticado la noticia ésta
como exageración de Schmídel; tal vez valga más la palabra de Villalta, su
compañero.
i 3) Hechos bien comprobados. Véase Prol. cap. VIII, §§ 20 y 21.
VIAJE AL Rio DE LA PLATA
153
CAPÍTULO X
EXPEDICIÓN DE JORGE LUJAN
Ahora, pues, nuestro capitán general thon Pietro
Manthossa vio que no podía mantener la gente por
más tiempo allí, así ordenó y mandó él á una
con sus capitanes, que se aprontasen cuatro pe-
queñas embarcaciones que habían de navegar á
remo, y se llaman parckhadiness (Bergantines), en
que entraban hasta 40 hombres; como también
otras tres menores á que llaman podel (batel) ó
potht (bote), y cuando los 7 navios estuvieron listos
y provistos hizo que el capitán nuestro reuniese
toda la gente y envió á Jerg Lichtenstein con
350 hombres armados río Parnau arriba, á que
descubriesen Indios, que nos proporcionasen co-
mida y víveres. Pero ni bien nos sintieron los In-
dios nos jugaron una de las peores, porque em-
pezando por quemar y destruir su pueblo, y cuanto
tenían de comer, en seguida huyeron todos de allí;
y así tuvimos que pasar adelante sin más de comer
que tres onzas de pan al día en pischgosche (bis-
cocho).
(1) Nuestro <^ordeno y mandos, ‘^ordinirt und manndirt» . Proí. Cap. XII
§. 75, Ed. 1889, p. 31.
(2) Las demás ediciones alemanas dicen George Lanchstein, y Luchsam, eí
Jorge Liiján de las otras ediciones. Es probable que sea Diego y no jorge
Luján. Ver Ed. 1889, p. 31 en la Nota.
(3) Vülalta dice 200 más ó menos.
154
ULRICH SCHMÍDEL
La mitad de la gente se nos murió en este viaje
de esta hambre sin nombre, y la otra mitad hubo
que hacerla volver al susodicho pueblo, do se ha-
llaba nuestro Capitán General. Thonn Pietro Man-
thossa quiso tomar razón á JergenLichtensteinen
nuestro capitán en este viaje, porqué tan pocos
habíamos vuelto siendo que la ausencia sólo había
durado 2 meses á lo que le contestó éste que
de hambre habían muerto, porque los Indios habían
quemado la comida que tenían y habían huido,
como ya se dijo antes en pocas palabras.
CAPÍTULO XI
EL SITIO DE BUENOS AIRES
Después de esto ® seguimos un mes todos jun-
tos pasando grandes necesidades en la ciudad de
Botias Ayers hasta que pudieron aprestar los na-
vios. Por este tiempo los Indios con fuerza y gran
poder nos atacaron á nosotros y á nuestra ciudad
de Bonas Ayers en número hasta de 23.000 hom-
bres; constaban de cuatro naciones llamadas, Ca-
rendies, Barenis (Quaranís), Zechuruas, (Charrúas)
(1) Ver la nota anterior. Villalta dice que fué un deudo de Mendoza, pero
sin nombrarlo. (Ver § Esto desvirtúa la suposición que tué uno de tan-
tos alemanes. La madre de Mendoza era una Luján.
(2) Villalta la confirma, § 6.
(3) Aquí más ó menos entra el primer viaje de Juan de Ayolas á descubrir
y poblar el ciento de Buena Esperanza.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
153
y Zechenais Diembus {ChanásTimhús) La mente
de todos ellos era acabar con nosotros; pero Dios,
el Todopoderoso, nos favoreció á los más; á él tri-
butemos alabanzas y loas por siempre y por sécula
sin fin; porque de los nuestros solo cayeron unos
30 con los capitanes y un alférez.
Y eso que llegaron á nuestra ciudad Bonas Ayers
y nos atacaron, los unos trataron de tomarla por
asalto, y los otros empezaron á tirar con flechas
encendidas ® sobre nuestras casas, cuyos techos
eran de paja, (menos la de nuestro capitán general
que tenía techo de teja) y así nos quemaron la
ciudad hasta el suelo. Las flechas de ellos son de
caña y con fuego en la punta; tienen también cier-
to palo del que las suelen hacer, y éstas una vez
prendidas y arrojadas no dejan nada; con las tales
nos incendiaron, porque las casas eran de paja
A parte de esto nos quemaron también cuatro
grandes navios que estaban surtos á media milla
(legua) de nosotros en el agua La tripulación
que en ellos estaba, y que no tenía cañones
cuando sintieron el tumulto de Indios, huyeron
de estos 4 navios á otros 3, que no muy distante
(1) /a«í— Ed. 1889, p. 33. Bastimento.
(2) Los viajes de Ayolas, según Villalta, fueron dos, y recién en el segundo
se llevó á don Pedro de Mendoza; en el primero se embarcó en 3 navios con
270 hombres y llegaron á los Timbú. En el camino perdieron unos 100 hom-
bres de hambre. El viaje duró 50 días. §§ 8 á 13.
(3) La distancia era de 60 leguas. Villalta, § 18.
(4) Ver Ruy Díaz— La Argentina, pp. 30 y 31. Ed. 1881. Concuerdan las
•dos descripciones. «Son más afables y de mejor trato y costumbres que los
■de más abajo».
158
ULRICH SCHMlDEL
trario, viejas y mozas, son horribles, porque se ara-
ñan la parte inferior de la cara que siempre está
ensangrentada
Esta nación no come otra cosa, ni en su vida ha
tenido otra comida, ni otro alimento que carne y
pescado. Se calcula que esta nación es fuerte de
15.000 ó más hombres Y cuando llegamos
como á 4 millas (leguas) de esta nación, nos vie-
ron y salieron á recibirnos de paz en 400 kanneonn
(canoas) ó barquillas con 16 hombres en cada una.
Las tales barquillas se labran de un solo palo, son
de 80 pies de largo por 3 de ancho y se boga como
en las barquillas de los pescadores en Alemania,
sólo que los remos no tienen los refuerzos de
hierro.
Cuando nos juntamos en el agua (el río) nues-
tro capitán, y<7íz«« Eyollas, mandó al Indio princi-
pal ® de los Tiembú, que se llamaba Rochera Wa-
ssú una camisa, un gabán, un par de calzas y
varias otras cosas más de reschat (rescate). Des-
pués de esto el dicho Zchera Wassú nos condujo
á su pueblo y nos dió de comer carne y pescado
hasta hartarnos. Pero si el susodicho viaje durara
unos 10 días más á buen seguro que todos de ham-
bre pereciéramos; y con todo, en este viaje, de los
(1) Pluetig—VntáQ sospecharse que sea de — azul— en cuyo caso se
referiría ai tatuage. Ver adelante.
(2) Los Timbú por sus rasgos físicos, usos y costumbres no eran de la ge-
neración Guaraní. Ver Prólogo, Cap. XI, § 37.
(3) La palabra ^cacique* aun no había entrado en uso, y los Españoles
oían de boca de guaranizantes.
(4) Nombre con que los Indios Guaraní de Ayolas llamaban al principal
de los Timbú y Caracará.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
159
400 hombres, 50 sucumbieron en esta vez nos
socorrió Dios el Todopoderoso, y á El se tributen
loas y gracias.
CAPÍTULO XIV
REGRESA DON PEDRO DE MENDOZA Á ESPAÑA Y
MUERE EN EL VIAJE
En este pueblo permanecimos por espacio de 4
años Mas nuestro capitán general, thonn Pietro
Mantossa, agobiado de sus dolencias, ya no podía
mover ni manos ni pies, y había gastado en este
viaje 4.000 ducados en oro o); ya no podía quedarse
más tiempo con nosotros en este pueblo y se volvió
con dos pequeños parckhadienes (bergantines) á
Bonas Ayers á juntarse con los 4 navios gran-
des [de los que tomó dos] con 50 hombres y par-
tió para Hispanien. Mas cuando llegaron como á
medio camino, la mano de Dios, que todo lo puede,
cargó sobre él, así que murió miserablemente.
¡Dios le tenga misericordia! ®
El, empero, nos había prometido, antes de dejar-
(1) Villalta dice que murieron como'300 hombres en los 2 viajes. §§ 9 y 18.
(2) Desde 1536 hasta 1539, más ó menos.
(3) Las otras ediciones dicen 40.000.
(4) A fines del año 1536. Ver Información de Gonzalo de Mendoza. Ap. C.
(5) Esto y lo que sigue hasta llegar á la Asunción es un episodio intercala-
do que interrumpe el hilo de la historia, según ella consta en Villalta. Suges-
tionado por el nombre de Cabrera, pero con el nombre de Ayolas en la cabe-
za, relata lo que corresponde á la entrada de aquél, como si fuese de este
capitán. Ver Oviedo, Lib. XXII. Cap. XII á XIV.
160
ULRICH SCHMÍDEL
nos, que al punto de llegar él ó los navios á Espa-
ña, mandaría otros 2 al Rio delta Plata, lo que
también se consignó fielmente en su testamento y
se cumplió. Así, pues, luego que los 2 navios arri-
baron á Hispania y que lo supieron los del conse-
jo de la Cesárea Majestad, sin demora y en nombre
de Su Majestad hicieron aprestar y despacharon al
Río delta Platta otros navios con gente, comida y
rescates y lo demás que podría faltarles.
CAPÍTULO XV
ALONSO CABRERA LLEGA AL RÍO DE LA PLATA
El capitán de estos 2 navios se llamaba Aluiso
Qabrero (Alonso Cabrera), y se traía 200 Españoles
y víveres como para 2 años; llegó á Bonas Ayers, á
donde los otros 2 navios habían quedado, con los
160 hombres, el año 1538
Y cuando llegó el capitán Aluiso ® Cabrero á
la isla de los Tyembús á verse con nuestro capitán
Johan Eyollas se dispuso á despachar un navio
(1) «Una nao é una caravela», dice Oviedo. Los hombres «eran hasta 140».
Equivoca la fecha 1537 por 1538. Lib. XXIII, Cap. XII.
(2) Mal hizo el editor de 1889 al alterar la fecha del MS. y de las dos edi-
ciones alemanas primitivas. Cabrera llegó el ano 1538, pero partió para la
Asunción el 1539, fecha en que quedaron los susodichos. Ver Ed. 1889,
p. 36, en la Nota. Pero Hernández. Ap. B, § 7.
(3) Alonso Cabrera,
(4) Porque aun ignoraba que hubiese muerto. Llama la atención que
Oviedo en el Cap. XII trata de Cabrera, en el Cap. XIII, de Ayolas, y en el
Cap. XIV vuelve otra vez á Cabrera.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
161
nuevamente á Hispienia, porque así era la volun-
tad y mandamiento del Concejo de la Cesárea
Majestad, que se le haga saber al dicho Concejo
cómo eran los arreglos en aquella tierra y en qué
«stado se hallaba.
Después de todo Joann Eyollas, nuestro
capitán general, hizo junta con Aluiso Gabrero y
con Mart[no Thomingo Ayona (Domingo Mar-
tínez de Irala) y otros de sus capitanes. También se
resolvió que se pasase revista de la gente, y se halló
que con los nuestros y los otros recién llegados de
Hispanien, había 550 hombres ; se separó, pues,
400 hombres para sí, y los restantes 150 los dejaron
en los Tiembús, porque no alcanzaban los navios;
á éstos les nombraron un capitán llamado Carollus
Doberin ® para que los mande y gobierne éste
(1) Esto que cuenta Schmídel es materialmente imposible: Juan de Ayolas,
Alonso Cabrera y Domingo Martínez de Irala, jamás pudieron reunirse en
jDarte alguna del Río de la Plata. Este párrafo confunde hechos del tiem-
po de Mendoza con otros que corresponden á la entrada de Cabrera y su
partida para la Asunción con Ruiz en 1539. Los únicos jefes que podían
reunirse en aquel entonces, serían Francisco Ruiz, Alonso Cabrera y Juan de
Salazar; porque Irala no se había movido del Paraguay.
Schmídel calla el verdadero viaje de Ayolas, y el de Salazar en pos de
aquél, como lo mismo el de Ruiz y Salazar al puerto de la Candelaria en San
Fernando de los Payaguá para verse con Irala, y el regreso de Ruiz á Buenos
Aires antes de Junio de 1538. Todo lo que sigue se relaciona con la entrada
de Cabrera. Ruiz era quien mandaba interinamente en Buenos Ayres, y Ayo-
las seguía perdido en el Chaco de los Payaguá, cerca del Pan de Azúcar, en
los 21®20' río Paraguay arriba.
(2) Se halló en la jura de Corpus Christi el 28 y 29 de Diciembre de 1538.
Doc. Blas Caray, p. 23, Apénd. J., y en Buenos Aires el 20 de Abril de 1539.
Madero, p. 133. Este hecho, al decir de Oviedo, se refiere á la subida de
Ruiz con Salazar á la Asunción en 1537. De paso entró y se hizo jurar obe-
diencia en Buena Esperanza y Corpas Christi de los Timbú, donde manda-
ban García Benegas y don Carlos de Ugrie (Dubrin), dejados allí por
-Alvarado, tenierite de D. Pedro. Lib. XXIII, Cap. XíII. Ver Ap. J. bis.
(3) Guberniren. Ed. 1889, p. 36.
11
162
ULRICH SCHMÍDEL
en otro tiempo había sido paje de Su Cesárea Ma-
jestad
CAPÍTULO XVI
PARTEN EN BUSCA DEL PARAGUAY Y LLEGAN.
Á LOS CORONDAS
Después de esto, pasado el acuerdo de los ca-
pitanes, partimos con los 400 hombres en 8 peque-
ños navios (ó) parchadines (bergantines) aguas
arriba del Paranaw, en busca de otra agua corriente
llamada Paraboe ( Paraguay ), adonde viven los
Carlos que tienen trigo turco (maíz), y una raíz
con el nombre de manteo chade ( mandioca ) y otras
x 2 lzqs zovao padades [hdA. 2 á.a.s,) '^ y manteoch pro-
pie y mandeoch mandepore. La raíz padades (ba-
tatas ), se parece á la manzana y es del mismo
sabor ; mandeoch propie sabe á castaña ; de man-
(1) Como se ha visto, esto de Carlos Dubrin es un recuerdo de la primera
subida de Ruiz á la Asunción, 1537. Vuelve en seguida á lo que corresponde
á la entrada de Cabrera, 1539, pero siempre con el enredo de Ayolapor Ruiz.
(2) El verdadero viaje de Ayolas se contiene en Oviedo, Lib. XXIII,
Cap. X y XIII, en Villalta, §§ 25 á 35. Ap. A, en Herrera, Dec. V, Lib. X
cap. XV. La relación de éste y capítulos siguientes corresponde á la entrada
con Cabrera y Ruiz. La gente, según Villalta, (§ 45), eran 250. Oviedo dice
que fueron 340 más ó menos, y 7 los bergantines que hicieron. Cap. XIV.
En una palabra, los hechos son del tiempo de Cabrera, 1539, dos años des-
pués de la muerte de Ayolas.
(3) Los Guaraní del Paraguay. Ver Pról. Cap. XI, § 53.
(4) Varias clases de mandioca. Ver Pról. Cap. VI, § 15. La nota á la edi
ción de 1889 (p. 37) dice que la apropie» es la manihot Janipha^ la dulce, lla-
mada en Guaraní poropí. Ld. pepita es la mandioca dulce y colorada.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
163
deoch poere se hace vino, que beben los Indios.
Estos Garios tienen pescado y carne, y unas ovejas
muy grandes como las muías de esta tierra (Ale-
mania); iten más tienen chanchos del monte, aves-
truces y otras salvajinas; iten más gallinas y gansos
en gran abundancia
(3) Así, pues, partimos del puerto Bon Esperainso
( Buena Esperanza) f"*) con los dichos 8 navios
parckhadienes, y el primer día, á las 4 leguas de
camino, llegamos á una nación con el nombre de
Kar endos (Corondas). Ellos se mantienen de
carne y pescado, son fuertes de 12.000 hombres,
todos aptos para la pelea. Esta nación se parece á
la anterior, es decir, á los Tiembú usan estrellitas
en las narices, y son bien formados de cuerpo; iten
las mujeres son horrorosas, viejas y mozas, con las
caras arañadas y siempre ensangrentadas ; iten
visten, como los Tiembú, un corto paño de algodón
que las cubre del ombligo á las rodillas, como ya
(1) En este caso, guanacos.
(2) Aquí acaba el paréntesis.
(3) Según parece, aquí empieza un itinerario abstracto, que se ajusta bien
al que reproduce Oviedo en su Lib. XIII, Cap. XII, á propósito de la su
bida de Cabrera con Ruiz. El puerto se llamaba Esperanza o.n 1537,
cuando Ruiz subió con Salazar, pero ya se conocía como Corpas Christi en
Abril ó Mayo de 1539, época en que Ruiz y Cabrera pasaron á la Asunción.
D. Pedro de Mendoza nombra á los dos en los poderes que dejó á Ruiz.
Ap. J. bis.
(4) Así también lo llama Villalta, § 24,
(5) Ennikalten quiere decir «se abstienen de»; pero el editor de 1889
advierte que es un bavarismo por erhalten ernahren, «alimentarse». Ver
Cap. XXIII.
(6) Tiembú, Karendos, etc. Ver Pról. Cap. XI, § 37.
(7) En cuanto á *arañadas’>^ será por el tatuage ; por lo que respecta á
^ensangrentadas*^ solo sería con pintura. Ver atrás p. 158. Ñola 1.
164
ULRICH SCHMÍDEL
se dijo antes. Estos Indios tienen gran copia de
pieles de nutria ; iten muchas cannaon ( canoas )
ó esquifes. Ellos se compartieron con nosotros de
su pobreza, como ser, carne, pescado [y pieles];
nosotros les dimos abalorios, rosarios, espejos, pei-
nes, cuchillos [y anzuelos]; 2 días permanecimos
con ellos, y nos dieron 2 Garios cautivos que
eran de ellos: éstos deberían servirnos de baquea-
nos y ayudarnos con la lengua.
CAPÍTULO XVII
LLEGAN Á LOS QULQAISES Y MACHKUERENDES
De allí, seguimos nosotros adelante hasta llegar
á otra nación, que se llaman Gulgeissen que al-
canzan á ser unos 40.000 hombres de pelea, se
mantienen de pescado y carne, también tienen 2
estrellitas en las narices ; iten más se hallan á unas
30 millas ( leguas ) de camino de los Carendes
( Corondas ) ; hablan una sola lengua con los
Tiembú y Carendes ; viven en una laguna que mi-
de de largo 6 millas ( leguas) por cuatro de ancho
(1) Se distingue entre Cavíos y las otras naciones.
(2) Aquí se ve que los Gulgaises eran de la misma generación ó raza que
los Timbó, y los Coronda., en usos, costumbres y lenguas, y de suponer es
que en rasgos físicos también. Estas 3 naciones corresponden á la Raza
Pampeana. Ver Pról. Cap. XI, § 43. De sospechar es que los tales Gulgai-
ses sean los Quiloazas, cuya laguna y río son famosos en las relaciones de la
conquista. Son los Indios de Cayastá, primer asiento de Santa Fe.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
165
del lado izquierdo del Parnau ; 4 días nos que-
damos con ellos ; compartieron también con nos-
otros de su pobreza, como igualmente nosotros de
la nuestra con ellos.
De allí seguimos adelante sin encontrar más In-
dios por 18 días; después dimos con un agua que
corre tierra adentro, y allí encontramos mucha gente
llamada Machkuerendes Estos no tienen más
comida que pescado y algo de carne ; son fuertes
como de unos 18.000 hombres de pelea, tienen mu-
chas canaen ( canoas ) ó esquifes ; nos recibieron
bien á su modo haciéndonos parte de su miseria.
Ellos viven del otro lado del Parnaw, esto es, á la
derecha ; hablan otra lengua, se ponen 2 estrellitas
en las narices. Altos y bien formados los hombres,
las mujeres empero son horrorosas, como se dijo
ya. Están á 64 meil (leguas) de los Gulgaises.
Y cuando se cumplieron los 4 días de estar con
ellos, hallamos estirada en la tierra una serpiente
extremadamente grande, que medía 25 pies de
largo y gruesa como un hombre, overa de negro y
amarillo; y la matamos con un arcabuz. Y eso que
la vieron los Indios se maravillaron de su tamaño,
(1) Nosotros diríamos derecho, es decir, margen occidental.
(2) Machkuerendes. Interprétense la derecha y la izquierda de un río coma
se quiera, queda el hecho que Schmídel colocó á los Gulgaises de un lado y
á los Machkuerendes del otro, y dadas las demás noticias, parece que éstos
estaban del lado de Entre Ríos ó Corrientes, Lo probable es que sean los
Mocoretá, cuyo nombre aún se conserva como el de un río entre las dos
provincias. En razón de las narices horadadas, son Timba, como lo son tam-
bién por sus rasgos físicos, etc.; por lo tanto, son Pampeanos — Ouaycurú—
en su generación ó raza, y no Guaraní. Ver Pról. Cap. XI, § 44. Las dis-
tancias son «de camino» que las aumenta por las vueltas y revueltas.
(3) Ver nota anterior— serán unas 40 de distancia.
165
ULRICH SCHMÍDEL
porque jamás habían visto otra igual. Esta serpien-
te, según nos contaron, los tenía mal á los Indios;
porque cuando se bañaban en el agua siempre
solía estar oculta en el agua, envolvía á los Indios
con la cola y zambulliendo con ellos se los tragaba;
así que muchas veces Indios desaparecían sin que
se supiese la suerte que habían corrido. Yo mismo
medí esta serpiente con carne y todo, así que me
doy cabal cuenta de como era de larga y gruesa.
Esta serpiente después los Indios la despedazaron,
la asaron, la hicieron hervir y se la comieron en sus
casas.
CAPÍTULO XVIII
LLEGAN Á LOS ZECHENNAUS SALUAISCHCO
Y MEPENES
De allí navegamos el Paranaw arriba y después
de 4 días de viaje llegamos á una nación que se
llama Zechennaus Saluaíschco (Chaná-Salvajes)
[son] gente petiza y gruesa, no tienen más de co-
mer que pescado y miel. Esta gente, tanto hom-
bres como mujeres, mozos como viejos, andan en
cueros vivos, así como fueron lanzados al mundo.
(1) Zechennaus ó Zennas Saluaischco~Ch 2 .ni. Salvajes. — Chana había
de varias generaciones ó razas. Esta, por sus rasgos físicos, se diferencia ra-
dicalmente de los Chana Tímbú, y más se parecen á los Guaraní. Ver Pról,
Cap. XI, § 45.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
167
de suerte que no visten ni un trapillo ni cosa alguna
que Jes sirva para tapar las vergüenzas; están de
guerra con los Machueradeiss y su carne es
la de ciervos chanchos del monte, avestruces
y conejos que parecen ratones, pero sin la cola.
Esta nación está á 18 millas (leguas) de los Ma-
chueradeis. Esta jornada la hicimos en 4 días.
Permanecimos sólo una noche con ellos, porque
ni para ellos tenían de comer; es una nación que
se parece á los salteadores de caminos de nues-
tro país. Viven ellos á unas 20 millas (leguas) del
agua (el río), para evitar que los tomen de sorpresa
sus enemigos. Pero en esta ocasión habían bajado
al agua 5 días antes de llegar nosotros para pro-
veerse de pescado y para pelear con los Machura-
des; son fuertes de unos 2.000 hombres.
De allí partimos y llegamos á una nación que se
llaman Mapenuss (Mepenes) Estos son fuertes
como de 100.000 hombres ®, viven en todas par-
tes de aquella tierra, que se extiende por unas 40
millas (leguas) á uno y otro viento, pero se los
puede reunir á todos por tierra y agua en 2 días;
tienen más canoas ó esquifes que cualquier otra
(1) Ver Cap. anterior.
(2) Ciervos (cervus paludosus) . El nombre general es «venados».
(3) Conejos — aperladas — (Cavia leucopyga).
(4) Villalta trata á los Indios en este viaje de ^Sartehadores.* § 25.
(5) Mapenuss, una de las naciones más conocidas por las relaciones; figu-
ran en casi todos los mapas de aquella época. Algunos quieren que sean
Abipones, pero no está probado. No eran Ouaranis. Ocupaban las márge-
nes del Paraná al sud de la boca del río Paraguay. Ver Pról. Cap. XI, § 49,
y Mapa.
(6) Las otras ediciones dicen 10.000.
168
ULRICH SCHAílDEL
nación de las que hasta allí habíamos visto; en ca-
da una de estas canoas ó esquifes cabían hasta 20
personas
Esta gente nos salió al encuentro por agua en
son de guerra, con 500 canoas ó esquifes, pero sin
sacarnos mayor ventaja. Ies matamos á muchos con
nuestros arcabuces, porque hasta entonces no ha-
bían visto arcabuces ni cristianos Mas cuando
llegamos á sus casas no Ies pudimos sacar ventaja
alguna, porque el lugar distaba una milla (legua)
de camino del agua Paranaw, donde teníamos los
navios, y sus pueblos estaban rodeados de agua
muy profunda á todos vientos, así que no les pudi-
mos hacer mal alguno, ni quitarles nada; y como
hallamos 250 canoas, ó esquifes, las quemamos y
destruimos. Tampoco nos pareció prudente apar-
tarnos demasiado de nuestros navios, porque rece-
lábamos que nos pudiesen atacar por el lado
opuesto; así, pues, nos volvimos á los navios; por-
que la guerra que ellos hacen es sólo por agua.
Hasta estos Mapenus, desde la antedicha nación
que acabamos de dejar (se cuentan) 95 millas (le-
guas) de camino.
(1) Person.
(2) Indudablemente habían visto á Oaboto, que por allí pasó con su gente-
y los nombra.
(3) La distancia ésta es exageradísima; pero rebajando los caracoleos, por-
que caminaban á toa y remo, se comprende la cifra alta del leguaje. Tal-
vez ni 60 se deberían contar.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
163.
CAPÍTULO XIX
LLEGAN Á LOS KUEREMAQBEIS Y AGÁ
Desde allí á los 8 días llegamos á un agua co-
rriente llamada Paraboe (Paraguay); por ella nave-
gamos aguas arriba. Allí encontramos muchísima
gente, (que se llaman) Kueremagbeis, que no
tienen más de comer que pescado y carne y pan
de San Juan ó cuerno de cabra (algarrobo), de lo
que hacen vino; esta gente nos trató muy bien y
nos proporcionó cuanto nos faltaba. Son altos y
corpulentos, así hombres como mujeres. Estos hom-
bres se horadan las narices y en la aberturita me-
ten una pluma de papagayo; las mujeres se pintan
la parte inferior de la cara con unas rayas largas de
azul, que les duran por toda la vida y se tapan
las vergüenzas con un pañito de algodón desde el
ombligo hasta las rodillas. Hay desde los dichos
Mapenniss hasta estos Kurgmaibeis 40 millas (le-
guas) de camino; paramos 3 días con ellos.
De allí llegamos á una nación llamada Aigeiss
(Agazes) tienen pescado y carne; iten son altos
(1) Los Conamaguas de Irala, Carta de 1541, Apénd. C, y Cinamecaes de
VUlalta, §31. Los usos y costumbres son de los Tobas y sus congéneres.
Ver Pról. Cap. XI, § 50.
(2) Rasgos éstos muy de los Guaicurú, Abipones ó Tobas.
(3) Aigeiss— Lo% Agaces, algunos quieren que sean nación de los Paya-
guá, y por sus rasgos físicos, usos y costumbres pueden serlo. En tal caso-
serían Pampeanos Guaycurú-Payaguá.
170
ULRICH SCHMÍDEL
y bien formados, uno y otro sexo; las mujeres son
lindas, se pintan y se tapan las vergüenzas.
Eso que llegamos adonde ellos estaban, se pre-
sentaron de guerra dispuestos á pelearnos; y con
esto creían no dejarnos pasar adelante; cuando
esto vimos y que no había más remedio, nos enco-
mendamos á Dios, el Todopoderoso, y nos prepa-
ramos en orden de batalla por agua y por tierra,
los peleamos y acabamos á muchísimos de los
Algas, y ellos nos mataron 15 hombres. Dios los
favorezca á todos. Estos Aeiges son buenos gue-
rreros, los mejores que hay, si es por agua, pero
por tierra no lo son tanto.
Con tiempo habian hecho huir á sus mujeres é
hijos, del mismo modo habían ocultado la comi-
da y cuanto tenían, así que no les pudimos quitar
ni aprovechar nada. Mas cómo les fué al fin es lo
que á su tiempo se dirá.
Su pueblo está cerca de un agua corriente (río)
que se llama Jepedy (Ipiti), se halla en la otra
banda del Paraboe, nace de la sierra del Perú, de
una ciudad llamada Duchkameyen (Tucumán)
A los Aeiges de los dichos Kuremagbeis son 35
milla (leguas) de camino.
(1) Para Schmídel «río» es fliesenten Wasser, p. 43.
(2) El Bermejo.
(3) 7"M£‘M/7za«— Schmídel salió del Paraguay en 1554, y el Barco de Tucu
■man se fundó por Juan Núñez de Prado en 1550; á parte de esto escribió
•cuando ya en Europa se conocían estas conquistas. El Bermejo nace en la
antigua provincia de Tucumán. Ver Prol. Cap. X, §§ 25-30.
Ca-MOí
VIAJE AL Rio DE LA PLATA
171
CAPÍTULO XX
LOS PUEBLOS CARÍOS
Después de esto tuvimos que dejar á estos Aygass
y llegamos á una otra nación, llamada Caries (Ca-
rlos) están á 50 millas (leguas) de camino de los
Aygas; allí Dios, él que todo lo puede, nos dió su
santa bendición, porque estos Carias tenían trigo
turco ó meys (maíz) y manndeochade (mandioca)
padades (batatas), manndeos perroy, mandeporre,
manduris (manduvis) vachgekhue también
pescado y carne, ciervos (=) y chanchos del monte,
avestruces, ovejas de la tierra (guanacos), coneji-
llos, gallinas y gansos; también tienen miel, de la
que se hace vino, en mucha abundancia, iten hay
muchísimo algodón en la tierra.
La tierra de estos Caríos es de mucha extensión,
casi 300 millas (leguas) de ancho y largo son
hombres petizos y gruesos y más capaces de ser-
(1) Carlos, los Guaraní del Paraguay, Villalta, § 31. Apénd, A. Prol.
Cap. XI, § 53.
(2) Mandioca. Ver. Prol. Cap. VI, §§ 11 15.
(3) Manduvi— Ver Prol. id. § 17.
(4) Vachgekhue— Bocaja-palmera acrocomía. Nota Ed. 1889, p. 43.
(5) Ciervos— los venados de los demás autores.
(6) Estas uotidas de Schmidel parece que resuelven las dudas que aun le
quedaban á de Candolle (Alfonso) sobre si eran ó no plantas indígenas de
América la mandioca y el maní. Ver Prol. Cap. VI, § 11 .
(7) 300 leguas — pero con interrupciones, como se hará notar después.
172
ULRICH SCHMiDEL
vir á otros. Iten los varones tienen en el labio un
agujero pequeño en el que meten un cristal ama-
rillo, que en lengua de ellos se llama parabol
(barbote), de dos jemes de largo y grueso como el
canuto de una pluma. Esta gente, hombres y mu-
jeres, andan en cueros vivos, tal como Dios los
echó al mundo. Entre estos Indios el padre vende
á la hija, iten el marido á la mujer, si esta no le
gusta, también el hermano vende ó permuta á la
hermana; una mujer cuesta una camisa, ó un cu-
chillo de cortar pan, ó un anzuelo ó cualquier otra
baratija por el estilo.
Estos Carlos también comen carne humana,
cuando se ofrece, es decir, cuando pelean y toman
algún enemigo, sea hombre ó mujer, y como se
ceban los chanchos en Alemania, así ceban ellos á
los prisioneros; pero si la mujer es algo linda y
joven, la conservan por un año ó más, y si durante
ese tiempo no alcanza á llenarles el gusto la matan
y se la comen, y con ella hacen fiesta solemne, ó
como si fuese para una boda; mas si la persona
es vieja la hacen trabajar en la labranza hasta que
se muere.
Esta gente es la más caminadora de cuantas na-
ciones hay en el Río delle Plato.', son grandes
guerreros por tierra. Sus pueblos ó ciudades están
en las alturas del agua (río) Paraboe
(1) El famoso tembetá de resina. Parabol por Barabot.
(2) Garios caminadores — Con razón decía Schmídel esto, porque los halla
ba en muchas partes; en las islas del Delta del Plata, en el Paraguay, en el
alto Paraguay, en el alto Perú, en el Brasil, pero con otras generaciones de-
por medio.
(3) Esta descripción es general de los Garios, como lo es también lo que
sigue.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
173
CAPÍTULO XXI
DESCRIBE LA CIUDAD DE LAMBARÉ Y SU CAPTURA
Y este pueblo antes se llamó, en lengua de In-
dios, Lamberé (tambaré) la ciudad de ellos está
rodeada con 2 pallersaide (palizadas) de madera,
cada poste del grueso de un hombre; y la una pa-
llersaide está á 12 pasos de la otra; los postes es-
tán enterrados ó clavados en hondura de 6 pies, y
se levantan del suelo lo que puede alcanzar un
hombre con la punta de su tizona
líen habían cavado unos fosos también á dis-
tancia de 15 pies del muro de esta su ciudad habían
dejado unos hoyos en que podían pararse 3 hom-
bres, adentro habían clavado (como para que no
sobresaliesen) estacones de palo duro y puntiagu-
dos como aguja; y habían tapado estos hoyos con
paja y ramas cubiertas de tierra y pasto, á fin de
que cuando nosotros los Cristianos persiguiése-
mos á los Caríos ó atacásemos su ciudad, cayése-
mos en estos hoyos; pero fueron tantos los hoyos
cavados, que al fin los mismos Indios se caían en
ellos.
(1) Este es otro de los tantos paréntesis intercalados.
(2) *Lambaré» no es guarani. Sin duda es un fósil recuerdo de otra ge-
neración de Indios.
(3) Rapir. Ed. 1889, p. 44.
(4) Schanzgreben. Ibid.
174
ULRICH SCHMÍDEL
Como por ejemplo cuando nuestro capitán
general Ey ollas ® puso en orden á toda nues-
tra gente menos 60 hombres que dejó de guardia
en los par (k) adiennes (bergantines), y con ella
llevó el ataque contra Lambore la ciudad de
ellos, y nos divisaron estando nosotros como á un
tiro largo de arcabuz de distancia, siendo ellos
unos 40.000 bien armados con arcos y fleschen
(flechas), y nos mandaron decir que nos retiráse-
mos á los parekhadienes y nos volviésemos; por-
que así nos proveerían de comida y de lo demás
que nos hacía falta, y que con esto nos fuésemos
en sana paz, que de no se convertirían en enemi-
gos nuestros; mas esto de ningún modo convenía
á nuestro capitán general ni á nosotros; porque la
tierra y su gente nos parecía bastante bien con su
abundancia de comida; y sabido era que en los úl-
timos 4 años no habíamos probado ni visto si-
quiera bocado de pan, y sólo con pescado y carne
nos habíamos alimentado.
Entonces empuñaron los Garios sus arcos y sus
rodelas, con ellos en las manos nos recibieron y
ésta fué la bienvenida que nos dieron. Ni aun así
quisimos nosotros hacerles mal, y les rogamos por
(1) Un cuento al caso y nada más, introducido con las palabras *Nemlich
als> (Ibid. p. 45).
(2) ^o//a5— cosa imposible, porque estaba ya perdido en e! Chaco
desde 1537. Sería Irala ó Riiiz, y el año, 1539.
(3) La Asunción era una casa fuerte sobre el mismo puerto; Lambaré sería
la población Guaraní inmediata.
(4) Estos 4 años excluyen toda idea de que se trata de la entrada de Ayolas
y año 1536 y 7; mientras que en el supuesto de referirse á la expedición con
Alonso Cabrera se ajustan bien á las escaseces de los años 36, 37, 38 y 39.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
175
tercera vez que se mantuviesen de paz [porque de-
seábamos ser sus amigos]; mas ellos no quisieron
hacer caso, porque no habían experim’entado lo
que eran las rodelas y los arcabuces nuestros. Y
cuando ya nos pusimos cerca de ellos les hicimos
un descarga con nuestras bocas de fuego; eso que
la oyeron y vieron que su gente caía al suelo, y,
que no asomaban ni jara ni flecha alguna y sólo sí
un agujero en el cuerpo, se llenaron de espanto,
les entró miedo y al punto huyeron en pelotón y
se caían unos sobre otros como perros; y tanto fué
el apuro de meterse en su pueblo que como unos
200 Garios cayeron ellos mismos en sus ya dichos
hoyos durante el descalabro
Después de esto nosotros los Cristianos nos
acercamos al pueblo de ellos y lo atacamos, mas
ellos se defendieron lo mejor que pudieron, hasta el
tercer día. Como ya no podían resistir más y temían
por las mujeres é hijos, que también tenían con-
sigo en la ciudad, nos pidieron misericordia pro-
metiendo complacernos en todo con tal que les
perdonásemos las vidas. También le trajeron á
nuestro capitán Jann Eyollass 6 mujeres, de las
que la mayor tendría unos 18 años; iten le presen-
taron también 8 venados, ciervos y otras salva-
jinas más. De ahí se empeñaron con nosotros para
(1) La Información de Gonzalo de Mendoza (p. 208) dice que estaba la
tierra levantada cuando entró Cabrera. Ap. C. Ayolas fué bien recibido y
pasó de largo. Villalta, § 32.
(2) Error por Irala {Eyolla) ó Ruiz. Véase el Prólogo Cap. XVII. A Irala
conviene mejor aquello de las «chinitas», porque era aficionado.
(3) Presenntireten — le regalaron. Ver Pról. — Españolismos, Cap, XII, § 7?.
176
ULRICH SCHMÍDEL
que nos quedásemos con ellos, y le regalaron á
cada soldado 2 mujeres, para que nos sirvan en el
lavado y cocina. También nos dieron comida y de
cuanto nos hacía falta. Así de esta manera se hizo
la paz entre nosotros.
CAPÍTULO XXll
LA ASUNCIÓN FUNDADA. — GUERRA DE LOS AOÁ
Después de esto se vieron obligados los Ga-
rios á levantarnos una gran casa de piedra, tierra y
madera, para que si con el andar del tiempo llegase
á acontecer que se levantasen contra los Cristianos,
tuviesen estos un amparo y pudiesen defenderse.
Tomamos este pueblo de los Garios el día de Nos-
ira Singnora de Sunsión [ganado el año 1536] y
se llama todavía Nostra Singnora de Sunsión esta
su ciudad; en esta escaramuza cayeron de los nues-
tros 16 hombres; y quedamos allí 2 meses largos.
A estos Garios desde los Aygaysen (Agaces) hay
(1) Encierra otro paréntesis: Nach dem etc. — Tiempo después.
(2) 1536. Siguiendo nuestra regla sería 1537, y 15 de Agosto. Las 2 edi-
ciones primeras dan la fecha 1539. Villalta cuenta como Mendoza despachó á
Juan de Salazar en pos de Ayolas, y como Salazar fundó la «Casa fuerte* en
el Paraguay y todo con fecha de 1537. §§ 36 y 37. Ver Prol. Cap. XVII, § 85.
Domínguez puso en limpio esta fecha. Probable es que el nombre se derive
del 15 de Agosto de 1537, y que en ese día Juan de Salazar haya tomado
posesión del puerto. El nombre ya era corriente á fines de 1538. Ver Jura.
Apén. J; asi que no pudo deberse á la época de Cabrera, y no le cabe otro
origen que el de N.®' S.® de Agosto del año 1537, como lo ha probado el
Dr. Domínguez. Ver Prol. Cap. XVII, § 149.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
177
30 millas (leguas) y desde la isla Bon Esperain-
so, esto es, Gueíe Hofnung (Buena Esperanza)
donde viven los Tiembus, cerca de 335 millas (le-
guas) de camino
Así celebramos un contrato con los Garios, por
el que se obligaban y prometían acompañarnos á
la guerra y auxiliarnos con 8.000 hombres contra
los antedichos Aygaissen (Agaces)
Después que nuestro capitán general hubo arre-
glado todo esto, sacó él 300 Españoles con más
los Garios estos y navegó aguas abajo, y después
por tierra las 30 millas (leguas), hasta donde los
dichos Aigais vivían, de quienes y de cómo nos
trataron se dijo ya en el Gap. XIX. Los encontra-
mos en el mismo lugar en que los dejamos, y los
sorprendimos, sin que nos sintiesen, en sus casas,
porque aun dormían, entre las 3 y 4 de la mañana;
porque los Garios los habían descubierto ó espia-
do; allí matamos chicos y grandes dando muerte á
todos; porque es costumbre de los Garios, cuando
guerrean y salen ganando, que matan á todos, y no
se compadecen de nadie.
Después de esto tomamos nosotros 500 canna-
non (canoas) ó esquifes y quemamos todos los
pueblos que pudimos hallar é hicimos mucho daño.
A los 4 meses vinieron algunos de los Aygaissen,
(1) Más atrás, cap. 20, cuenta 50 leguas. Sin duda esta vez se calculó por «al
tura». Aquí se ve que Buena Esperanza estaba en la isla y no en tierra firme.
( 2 ) Por las vueltas y revueltas del Río.
(3) Aquí concluye el paréntesis. Ver atrás, p. 176.
(4) Villalta calla esta expedición, Pero Hernández la precisa y con Irala
de caudillo y año 1539. Ap. B, §§ 9 y 10.
12
178
ULRICH SCHMiDEL
que no habían tomado parte en la tal escaramuza,
por no haberse hallado en sus casas y pidieron
perdón. Este se lo tuvo que conceder nuestro capi-
tán general según orden de la Cesárea Majestad,
que se había de perdonar á los Indios hasta la ter-
cera vez; pero había de ser así que si alguno se
alzase por tercera vez, debería quedar preso [ó de
esclavo] por toda su vida.
CAPÍTULO XXlll
LOS PAYAQUÁ. VIAJE DE DESCUBRIMIENTO
Después de esto permanecimos nosotros 6 me-
ses más en esta ciudad Nostra Singnora de Sun-
sión, en Alemán — Unnser Trauen Himelfart (El
Tránsito de N. S.), y descansamos esa temporada.
Por ese tiempo hizo nuestro capitán Jann Eyollas
que estos Caños le contasen de una nación lla-
mados P/e/zóc/s (Payaguá); contestaron ellos, que
de esta ciudad Sunsión hasta los Pienbas había
100 millas (leguas) de camino aguas arriba del
Paraboe (Paraguay). Otra vez hizo preguntarles
nuestro capitán á los Caños, si también ellos, los
(1) Villalta cuenta la entrada esta á los Payaguá y los coloca á 100 leguas
de la Asunción, como Schmídel. §§ 33 á 35.
(2) Error por Marthin Eyolla (Irala), Aun se dudaba de la muerte de Ajeó-
las. Muchos olvidos y confusiones pueden atribuirse á la costumbre de lla-
mar á Irala ^capitán Vergara*.
(3) 100 leguas de camino, pero sólo 3° 40’ por altura.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
179
Pienbass (Payaguá) tenían comida, y qué era lo
que no Ies gustaba iten, la clase de gente que
era y cuáles sus defectos; así contestaron ellos, los
Piembas no tienen más comida que pescado y
carne, iten cuerno de cabra, ó algarabo (algarro-
ba) ó pan de San Juan; de estos cuernos de cabra
(vainas de algarroba) hacen ellos miel que comen
con el pescado; también de esto hacen vino, y es
dulce como la hidromel en Alemania.
Y luego que nuestro capitán Jann Eyolias supo
todo esto de los Garios Ies mandó ® que cargasen
5 navios con comida de trigo turco (maíz) y de lo
demás que había en el país, lo^que se había de
hacer plazo de 2 meses, porque en este tiempo
también él y los suyos se prepararían para el viaje,
y visitarían en primer lugar una nación llamada
Charchareis (¿Jarayes?) la primera después de
los Pambas (Payaguá)
Entonces se obligaron los Garios á prestarse
siempre y ser obedientes y á cumplir en todo lo
que el capitán mandase. Así consiguió también
nuestro capitán de los marineros que acabasen de
aprestar los navios para realizar este viaje
Guando todo aquello quedó arreglado y lis-
(1) Von wohe sie sich ennthilten—áe. qué hacían su ayuno— el mismo idio-
tismo bávaro de los capítulos. Ver Cap. XVI.
(2) Martínez de Irala, el *Eyolla> del autor; Juan de Ayolas no podía ser.
Manndirt,
(3) Caracará, según Angelis, Indios de raza Guaraní según Maríius. Beit. I
S. 186.
(4) No tan la primera.
(5) Información de Gonzalo de Mendoza. Ed. citada, p. 208, preg. 21; y
las Respuestas á la misma. Apénd. C.
180
ULRICH SCHMiDEL
to, y cargado el bastimento en los navios, hizo
nuestro capitán que se reuniese toda la gente
y de los 400 hombres separó 300 bien arma-
dos, y á los too los dejó en la antedicha ciudad
Vordelesso (Fortaleza) esto es, Nostra Singno-
ra de Sunssión, donde en aquel tiempo vivian los
susodichos Garios.
De ahi navegamos aguas arriba y encontramos á
cada 5 millas (leguas) de camino un pueblo de los
dichos Garios, asentados sobre el agua (rio) Pero-
boe; [estos] nos trajeron á los Gristianos lo necesa-
rio y comida de pescado y carne, gallinas, gansos,
ovejas de los Indios [y] avestruces. Mas cuando
al fin llegamos al pueblo de los Garios que se llama
Weybingon (Guayviaño) ® que cae á 80 millas (le-
guas) de la ciudad Nostra Singnora de Sunsión,
alli tomamos nosotros de estos Garios comida y
todo lo demás que nos hacia falta y de ellos pudi-
mos conseguir.
(1) Stat Vordelesso, plaza fuerte. — Se ve aquí que aun en 153Q los Indios
Garios compartían el lugar con los Españoles.
(2) Ovejas de los Indios— guanacos.
(3) Germanización del nombre Guayviaño como lo escribe
Herrera, Dec. VII, Lib. VI, Cap. XIV, p. 125, á propósito de la entrada de
Alvar Núñez, y dice así: «Puerto de Guaybiaño, que es adonde acaba la Na-
ción de los Indios Guaraníes*. Es probable que sea el mismo que en otras
partes Schmídel llama Frontera.
VIAJE AL RIO DE LA PLATA
181
CAPÍTULO XXIV
CERRO DE SAN FERNANDO Y VIAJE A LOS PAYAOUÁ
De allí llegamos á un cerro llamado 5. Ferdi-
nannt que se parece al Pn^^«/?g/-^(Bogenberg);
allí encontramos á los susodichos Pienbas; á estos
de Weibingen (Guayviaño) hay 12 millas (leguas)
de camino; y nos salieron á recibir de paz, pero
con mala intención, como lo sabréis más tarde.
Nos llevaron á sus casas y nos dieron de comer
pescado y carne y cuernos de cabra, ó pan de San
Juan (algarroba). Así permanecimos nosotros 9
días con estos Pienbass.
Después de lo cual nuestro capitán hizo pre-
guntar al principal de ellos lo que sabía de una na-
ción que se llama Carchkareisso dijo él, que no
sabía nada de cierto de la tal nación, no siendo lo
que por casualidad habían oído; que debían hallarse
ó vivir lejos de allí tierra adentro, y que debían tam-
(1) Cerro de San Fernando, ó sea el Puerto de la Candelaria, en «21 grados
menos un tercio» según Alvar Núñez, Com., pero en realidad en 21® 40' se-
gún Boggiani. — Cartas inéditas. Azara en su mapa coloca el Pan de Azúcar
precisamente en los 21® 30’; lo de Pan de Azúcar condice con la descripción
de Schmídel que se parecía al Bogenberg en Baviera. Esto lo hizo notar
Boggiani, quien tiene varios cuadros pintados de este curioso cerro. Véase
Mapa de Azara— Pan de Azúcar, y Pról. Cap. VII, § 19. La altura sería
21® 20’— esto es— un tercio de grado antes de 21® subiendo.
(2) Capitán. — No lo nombra. No podía ser otro que Irala. Todo esto se
reftere al viaje de 1539, pero enredado con reminiscencias del de 1537.
(3) Carchkareisso, — Carácará en ciertas combinaciones se refiere á la gen-
te del Perú. Ver González Holguín in voce.
182
ULRICH SCHMÍDEL
bién tener mucho oro y plata; pero ellos, los Pien-
bas, no habían visto nada. También nos contaron
que los Karkeis eran gente entendida, como nos-
otros los Cristianos, y que tenían mucho de comer,
trigo turco (maíz), mandeoch (mandioca), manduiss
(maní), padades (batatas), wackekhue mandeoch
proprie, mandepore ® y otras raíces más, carne de
las ovejas de los Indios antas, esta una bestia
como un burro, pero que tiene patas como una
vaca, y el cuero grueso y obscuro; ítem venados,
conejillos, gansos y gallinas en gran cantidad. Pero
ni uno solo de los Piembas lo había visto personal-
mente, y sólo lo sabía de oídas; mas nosotros expe-
rimentamos como era la cosa.
Después de esto nuestro capitán general w pidió
algunos Pyenbas, para que fuesen con él tierra
adentro; se prestaron de buen grado, y al punto
el principal Pyenbas separó 300 Indios para que lo
acompañasen y cargasen la mantención, y lo de-
más que les hacía falta, y mandó nuestro capitán
que se aprestase la gente esta, porque él partiría
dentro de 4 días; en seguida hizo que de los 5 na-
vios los 3 zarpasen y en los 2 metió él 50 ® hom-
bres de nosotros los Cristianos, desde que nosotros
deberíamos permanecer allí por 4 meses durante su
(1) Wackekhue, etc. Ver Pról. Cap. VI, 18.
(2) Varías clases de mandioca. Ver Pról. Cap. VI, §§ 11 á 18.
(3) Llamas, alpacas, guanacos, vicuñas.
(4) Es decir Irala (1539). Todo lo que precede y esto se refiere á la entra-
da de Irala con Cabrera á socorrer á Ayolas.
(5) Zerprechen, dice el texto alemán.
(6) 50. Vülalta dice 30, § 35 y 130 los que llevó Ayolas, § 34; pero él des-
cribe la entrada de Ayolas 1537 y Schmídel la del ano 1539.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
183
ausencia, y si llegase el caso que el capitán no se
volviese á juntar con nosotros dentro del plazo es-
tipulado, deberíamos nosotros regresar con estos 2
navios á la ciudad Nostra Singnora de Sunsión.
Aconteció, pues, que aunque nosotros permaneci-
mos con los Payenbas durante 6 meses no supimos
nada de nuestro capitán Jan Eyollas; ya no tenía-
mos cosa que comer, así que nos vimos obligados
á viajar con este nuestro dicho capitán Marthin
Thomingo Ayolla de vuelta á la ciudad Signara
(Asunción), según lo mandado por nuestro capitán
general
CAPÍTULO XXV
AYOLAS VIAJA POR TIERRA DE LOS PAYAQUÁ
Y NAPERÚ
Y primero ® después que partió délos Pyembas,
llegó él á una nación llamada Naperus que son
amigos de los Pyembas y no tienen más que pes-
cado y carne; es una nación de mucha gente. De
estos Naperus también nuestro capitán general se
separó algunos que le sirviesen de baqueanos; pa-
(1) Parece como si Schmídel hablase en general, y que el ^nosotros» no
dijese más que «nuestra gente». No consta que él haya subido con Ayolas, y
por eso ha confundido tanto toda su relación.
(2) Aquí realmente cuenta Schmídel algo que corresponde á la entrada de
Ayolas.
(3) Naperus.— TsX vez los Lengua-Machicuy de hoy. Prol. Cap. XI, § 55.
184
ULRICH SCHMiDEL
saron en seguida por muchas naciones con grandes
penas y trabajo, y se Ies hizo gran resistencia; tam-
bién murieron de hambre en este viaje la mitad del
número de los Cristianos; y en eso llegó á una
nación llamada Payssenos (Payzunosl t’’; de allí no
pudo pasar más adelante, sino que se vió obligado
á retroceder con la gente, menos tres españoles, que
por estar enfermos tuvo que dejar atrás entre los
Paysennos. Así él, nuestro capitán Jann Eyollas
salverende (sano y salvo) en cuanto á su persona,
es decir gesunndt, regresó con la gente á los Na-
perus; allí quedaron y descansaron hasta el tercer
día, porque la gente estaba muy cansada y enferma,
y ya no les quedaba más munición.
Estando las cosas así convinieron los Naperrus
con los Payenbas y se obligaron entre sí que al
capitán Jann Eyollas y á los suyos les darían muer-
te ó los acabarían, como que así más tarde también
lo cumplieron. Y eso que Jann Eyollas, el capitán,
con los Cristianos, marchaban de los Naperrus á
los Pyembas, á medio camino como estaban y al
descuido fueron sorprendidos por los Naperrus y
Pyembas con gran fuerza en un espeso bosque;
porque los Naperrus y Pyennbas, según su conve-
nio de sorprender[los] en la selva por donde tenían
que pasar [los] Cristianos, embistieron sin piedad
al capitán y [á los] Cristianos, como si fuesen pe-
rros rabiosos, y acabaron de matar y destruir á los
debilitados Cristianos junto con el capitán Jann
(1) Payssenos .~ el Cap.,XLVI.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
185
Eyollas de suerte que ni uno de ellos escapó.
Dios se apiade de ellos y de todos nosotros y nos
tenga misericordia.
CAPÍTULO XXVI
SE SABE DE LA MUERTE DE AYOLAS. — ELIGEN
k IRALA
® Ahora [pues] nosotros los 50 hombres, eso que
fuimos al asiento Nostra Singnora de Sunsión y
allí esperábamos á Jann Eyollas, el capitán, y á
nuestros soldados, supimos como les había ido por
un Indio, que era esclavo del finado Jann Eyollas
y que él había traído de los Payse[n]os; este gra-
cias á su lengua había escapado, nos contó todo de
principio á fin como había sucedido; sin embargo no
nos fué posible creerle. Y durante el año ® que per-
(1) En todo esto se narra la tragedia de Juan Ayolas y su gente como la
contó el Indio Chañé. Es un episodio intercalado, y no depende de lo que
precede, porque esto se refiere á la entrada de Irala y Cabrera á socorrer á
Juan de Ayolas en 1539, como lo cuenta Villalta en los § 47 y 48. Si Schmídel
acompañó á Ayola tuvo que estar de vuelta en Buenos Ayres con Ruiz en
Mayo de 1538; pero más bien se debe suponer que contaba de oídas.
(2) En este Capítulo XXVI sigue Schmídel la enredada relación de lo que
corresponde al ano 1539 en que supieron definitivamente la suerte que
corriera el desgraciado Ayolas. Parece increíble que durante 2 años no se
pudiese establecer la verdad de los hechos; pero, valia la pena de que se per-
maneciese en duda: en ello le iba el mando á uno ó más de los magníficos.
Aquí se refiere al Indio Chañé, pero la relación de éste se había anticipado
en el capítulo anterior.
(3) Este «año» sólo se refiere al largo tiempo que duró la incertidumbre
acerca del fin que tuvieron Ayolas y su comitiva; y el plural de primera per-
sona es simplemente general, porque se trata de los «nuestros Cristianos».
186
ULRICH SCHMÍDEL
maneamos en la dicha ciudad Nostra Singnora,
y sin poder conseguir la menor noticia ni voz algu-
na de como les había ido á nuestra gente, sólo los
Garios le anunciaban á nuestro capitán Domenigo
Eyolla ser voz general que nuestros Cristianos te-
nían que haber perecido todos á manos de los
Peyenbass, como se decia. Pero nosotros no que-
ríamos creer que fuese cierto mientras no lo oyése-
mos declarar á un Payenbas que la tal cosa era así.
A los 2 meses de este tiempo llegaron allí los Ga-
rios y le trajeron á nuestro capitán Marthin Dome-
nigo Eyolla (hala) 2 Payenbas, que habían tomado
prisioneros; cuando nuestro capitán los vio les
preguntó si ellos habían tenido parte en la muerte
de los Cristianos; aquí mintieron mucho y dijeron
que él, nuestro capitán general, y su gente aun no
habían llegado de tierra adentro. En seguida el
capitán consiguió del justicia y del maestre de cam-
po que se interrogase á los Payenbas con apremio,
porque así se averiguase la verdad; y se les dió
tormento á tal punto que declararon y confesa-
ron ser verdad que ellos habían muerto á los Cris-
tianos con su capitán. Después de esto nuestro
capitán Marthin Eyolla hizo condenar á los dos
Bayenbas y atarlos á un palo con una gran hogue-
ra á la vuelta para quemarlos
(1) Tormendt.—TQxio alemán.
(2) Villalta, § 48, confirma esto de la declaración de los Payaguá, pero omi-
te dar cuenta del castigo espantoso de los pobres Indios, que serian ó no los
verdaderos culpables; porque el tormento saca verdades á gusto del que in-
terroga. Villalta escribía para quejarse de Irala, y no para dar cuenta del fin
y muerte de pobres Indios, que trataban de deshacerse de sus molestos hués-
pedes.
VIAJE AL Río DE LA PLATA
187
Mientras esto nos pareció bien á los Cristianos
todos tomarlo á Marthin Domenigo Eyolla (Irala)
para capitán general nuestro, por lo mismo que se
había portado tan bien con los soldados, hasta tanto
que la Cesárea Majestad otra cosa proveyese.
CAPÍTULO XXVII
BAJADA DE IRALA Á BUENOS AYRES EN 1541.
TRAGEDIA DE CORPUS CHRISTI
Así pues mandó él, Marthin Eyolla (Irala), y
ordenó que se preparasen 4 navios de los parckha-
dienes (bergantines) y tomó de los [soldados 150
hombres], á los demás los dejó él en la dicha
ciudad Nostra Singnora de Sunsión y nos dió á
entender que quería reunir en la dicha ciudad.
Nuestra Singnora de Sunsión, á la demás gente
que había dejado en los Tiembus de qué se tra-
tó ya en la p. 12 w, ítem 160 Españoles, que ha-
bían quedado en Bonas Ayers en los 2 navios, de
los que se dijo ya en la p. 10.
En seguida partió Marthin Domenigo Eyolla
(1) «Mientras esto*— Aí/í rfer ZeíY.— Otra noticia fuera de lugar, porque
la elección y nombramiento de Irala (Capitán Vergara) precedió á la captu-
ra de los Payaguá.— Villalta, § 46 y 47,
(2) Irala salió de la Asunción en Marzo de 1541. Pero Hernández. Ed. cit.
p. 166. Ap. B. § 15.
(3) Los Timbú, es decir, Buena Esperanza ó Corpus Chrisfi. Ver Caps.
XII y XV. Eran Ruiz y otros quienes los dejaron.
(4) Foliatura dada por la edición de 1859^ que no es la del MS.
188
ULRICH SCHMÍDEL
(Irala) con los 4 navios parckhadines aguas abajo
del Paraboe y Paraneu Y antes de esto/^^ cuan-
do él aun no había llegado á los Tienbus, se resolvió
por los Cristianos, que allí nos esperaban, á saber,
un capitán, que se llamaba Francisco Riss (Ruiz),
y también Jann Pabón, un sacerdote, y un secreta-
rio, que se llamaba Jann Eronandus (Hernández),
como gobernadores sustitutos de los Cristianos,
que se había de dar muerte al Indio Principal de los
Tiembus, y á ciertos otros Indios con él como
que ellos así ejecutaron tamaño crimen, y los Indios,
que por tan largo tiempo los habían servido en
toda cosa buena, fueron pasados escandalosamen-
te de la vida á la muerte, antes que llegáramos nos-
otros con Marthin Domenigo Eyolla (Irala) nuestro
capitán
Ahora pues, cuando Martín Domenigo Eyolla
(Irala), nuestro capitán, llegó con nosotros del asien-
to Nostra Singnora de Sunsión á los dichos Tiem-
bus [y Cristianos, mucho le pesó esta matanza y la
(1) La verdadera historia es esta: El 28 de Julio de 1540 Irala mandó á
Juan de Ortega con 2 bergantines á Buenos Ayres como su lugar teniente
allí. En Marzo de 1541 bajó Irala con otros 2 bergantines y se despobló Bue-
nos Ayres. Mem. de Pero Hernández, p. 165 y 166. Apénd. B, §§ 15.
(2) Und Zuvor . — Episodio de la matanza que hizo Ruiz en Corpus Christi
el ano 1538, al bajar de la Asunción, y sus consecuencias. Nada tuvo que ver
Irala con todo esto. Ver Pról. Cap. XVI, §§ 136 á 144.
(3) Villalta cuenta este episodio en breves palabras, pero no hace referen-
cia á Irala á quien él suele llamar ^Capitán Vergara*. § 43 á 45.
(4) Todo este episodio, según Villalta, corresponde á las hazañas de Fran-
cisco Ruiz y año 1538. Ver § 43 á 45.
No es posible explicar la cosa sí hemos de admitir que quede el nombre
de Irala. Fué Ruiz el culpable de todo, y todo había pasado cuando bajó Ira-
la de la Asunción en 1541. Schmídel no supo ordenar bien el hilo de su rela-
ción. Ver Pról. Cap. XVI, § 133.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
189
huida délos Thyembus]-, mas no halló qué hacerles y
dejó bastimento y provisiones en Corporis Chris-
ti, también 20 hombres de los nuestros con un
capitán Anthoni Manthossa y mandó, so pena
de la vida, que no se fiase por nada de los Indios,
sino que de día y de noche se asegurase bien con
guardias, y si sucediere que llegasen los Indios y
quisiesen volver á ser amigos que los tratasen bien
y les mostrasen la vieja amistad; pero que todo fue-
se sin descuidarse, mirando bien que no les pasase
ningún perjuicio ni á él ni á los Cristianos.
Después de esto nuestro capitán general Mar-
thin Doménigo Eyolla (Irala) se llevó consigo de
allí las (3) personas, como causa efficiens de la ma-
tanza, á saber, el Francisco Reyss, el sacerdote,
Jann Pabón y JannEronandus que era el secreta-
rio; y cuando estaban por partir y hacerse á la vela,
se presentó allí un principal [de] los Tyembus, que
se llamaba Zeiche Legemi, gran amigo que fué
de los Cristianos, pero que á pesar de esto tenía que
hacerles el gusto á los Indios por causa de su mujer
é hijos y amigos, y dijo á nuestro capitán Marthin
(1) Bastamente profant. Todo esto corresponde á Ruiz y su tiempo.
(2) Madero repite el nombre de Antonio de Mendoza, pero no cita proce-
dencia, p. 130. Villalta habla de «el Capitán» § 44, Fué Ruiz Galán que
dejó al Capitán Antonio de Mendoza.
(3) Se vuelve aqui á Ruiz.
(4) Léase aquí Francisco Ruiz. Así también sale la cuenta, porque de lo
contrario serían «4» y no «3» personas. El escribano se llamaba Pero (Pedro)
y no Juan Fíernández. Este episodio, origen de la famosa leyenda de Lucía
Miranda, corresponde todo él á los años 1538 y 1539, administración de Ruiz
Galán.
(5) La nota en nuestro original da la interpretación de Burmeister. Knzike
por Zeiche; p. 53.
190
ULRICH SCHMÍDEL
Thoménigo Eyolla (Irala), que debería llevarse á
todos los Cristianos consigo, porque toda la tierra
estaba alzada contra ellos y querían matarlos y ex-
pulsarlos del país; á esto te contestó el capitán
general Domenigo Eyolla (Irala) que no tardaría
en volver, que su gente se bastaba para con los
Indios; y dijo más, que Zeiche Leymi debería mu-
darse con mujer é hijos, amigos también, y con toda
su gente á los Cristianos; á lo que dijo él, Zeiche
Lyetni, que así lo haría.
Al punto partió nuestro capitán general Marthin
Doménigo Eyolla (Irala) aguas abajo y nos
dejó solos allí.
CAPÍTULO XXVIII
TRAICIÓN DE LOS TIMBÓ Y ASALTO Á CORPUS
CHRISTI
Unos 8 días después sucedió que el dicho Indio
Tyembus, Zeiche Lyemi, envió á uno de sus herma-
nos, llamado Sudaba con engaño, y rogó á
nuestro capitán Annthoni Mannthossa que le man-
dase 6 Cristianos con arcabuces y otras armas, que
(1) Ruí2 se entiende.
(2) Es deeir, Ruiz.
(3) Suelaba.—Yj¿Xt debe ser el fabuloso Siripo, hermano de Mangoré, he
roes del episodio trágico que figura en Ruy Díaz de Guzmán como aconteci-
do en el fortín de Gaboto, cosa históricamente imposible. «La Argentina*.
Cap. vn.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
191
quería con ellos traernos su familia con los suyos, y
en adelante vivir con nosotros; y además nos hizo
saber, que él se recelaba de los Tiembús, y que sin
esto no podría él llevar á cabo su propósito con
seguridad. El se pronunció de tal manera [que nos
convenció de sus muy buenas intenciones y nos
prometió también] que él traería consigo comida y
cuanto nos hacía falta; pero todo esto era picardía
y engaño. En su mérito le prometió nuestro capi-
tán que no sólo 6 hombres le daría sino 50 Españo-
les bien armados con armas de defensa y ofensa;
lo que encargó nuestro capitán á estos 50 hombres
fué, que no se descuidasen y estuviesen bien pre-
venidos, á fin de que no cayesen en alguna celada
de los Indios.
Pero no había más que un medio cuarto de milla
(legua) de distancia entre nosotros los Cristianos y
estos Tyembus, y cuando estos 50 hombres nues-
tros llegaron á las casas de ellos en la plaza se les
acercaron los Tyembus y les dieron un beso, como
Judas el traidor al Señor Chriesto y les trajeron de
comer pescado y carne; mientras comían los Cris-
tianos se les fueron encima estos amigos y otros
Tyembus que estaban ocultos en las casas y en los
rastrojos y tes bendijeron la mesa de tal suerte que
ni uno de ellos salió de allí con vida, salvo un solo
muchacho que se llamaba Kalterón. Dios los fa-
vorezca y tenga misericordia de ellos y de todos
nosotros. Amén
(1) Villalta cuenta todo esto en pocas palabras. § 44.
192
ULRICH SCHMÍDEL
Una hora después marchó el enemigo, fuerte de
10.000 ó más hombres, contra nuestro pueblo, nos
asediaron y creyeron podernos vencer, mas esto
no sucedió ¡Dios, el Señor sea loado! y durante 14
días acamparon fuera de nuestro pueblo y nos
asaltaban día y noche. En esta ocasión ellos se
habían fabricado lanzas largas con las espadas,
como se lo habían aprendido á los Cristianos; con
estas nos embestían y se defendían. Y aconteció
en el mismo día en que los Indios con toda la fuer-
za nos llevaron el ataque nocturno y nos quema-
ron las casas, que al punto corrió nuestro capitán,
Anthony Manthossa con un montante ® á un
portón; allí estaban algunos Indios tan ocultos que
no se los podía ver, y estos ensartaron al capitán
con las lanzas, de suerte que ni ¡ay! no dijo ¡La
misericordia de Dios le valga! Ya los Indios no
podían estarse más tiempo, porque no tenían qué
comer, por lo que tuvieron que levantar campa-
mento y mandarse mudar. Después de esto nos
llegaron 2 bergantincitos con provisiones de Bonas
Ayers que nos mandaba nuestro capitán Marthin
Doménigo Eyolla (Irala) para que nos sostuviése-
mos allí hasta la llegada del dicho capitán w, con
lo que nos 'alegramos mucho, no así los que lie-
(1) Villalta cuenta que murió el capitán, pero no lo nombra.
■ (2) Montante ó mandoble, espada qne se manejaba con las dos manos.
(3) Ruy Díaz cuenta otra cosa, pudo recibir los últimos auxilios. Arg.,
Cap. XIV.
(4) Villalta lo confirma, pero dice que fué Ruiz que los envió, § 45; lo cual
pone fuera de toda duda la colocación que debe dársele á este episodio, y los
cambios que hay que introducir en los nombres de los jefes.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
193
^aron con los 2 berg{erí)tin (bergantines), que
sentían la muerte de los Cristianos. Así, pues, acor-
damos entre los dos bandos y tuvimos á bien no
quedarnos más tiempo allí en Corporis Chriesti,
en los Tyembus sino que nos fuimos todos jun-
tos aguas abajo y llegamos á Bonas Ayers, donde
estaba nuestro capitán Marthin Doménigo Eyolla
(Irala) con esto se alarmó mucho y fué grande ®
su pesar por la gente que se perdió; porque no
atinaba á saber qué sería de él [ni lo que haría con
nosotros], porque ya no teníamos víveres.
CAPÍTULO XXIX
LLEGA LA CARABELA DE SANTA CATALINA Y VIAJE
DEL AUTOR Á ENCONTRAR Á CABRERA
w Pero unos 5 días después de nuestro arribo á
Bonas Ayers nos llegó de Hispanien una peque-
ña nao, llamada carabelle (caravela) y nos trajo
buenas nuevas, á saber, que un navio más había
arribado á Sannta Katarina, cuyo capitán, del
mismo, llamado Aluiso Qabrero (Alonso Cabré-
(1) Como se decía siempre.
(2) Ruiz Galán.
(3) Ruiz tenía razón de afligirse, porque era el culpable de la tragedia de
Corpus Christi.
(4) Desligúese esto de lo que precede: aquello se refiere á 1539, esto á
Abril ó Mayo de 1538, fecha en que llegó Ruiz á Buenos Aires de la Asun-
ción y Corpus Christi, después de la matanza de los Careará. Ver Inform. de
'^Gonzalo de Mendoza. Ap. C.
13
194
ULRICH SCHMiDEL
ra) había traído consigo de Hispanien 200 hom-
bres Ni bien supo nuestro capitán las tales nue-
vas hizo aprestar de los 2 navios uno, que era un ga
líber (galeón) ® y lo despachó con el primero á S.
Katarina en Presad (Brasil), que está á 300 millas
(leguas) de Bonas Ayers, y le nombró un capitán,
llamado Consalto Manthossa (Gonzalo de Men-
doza) para que mandase el navio, y le encargó que
tan luego como llegase á S. Catarina, en Pressel
(Brasil), donde estaba el navio, había de cargar su
nao con víveres de arroz, mandeoch (fariña?) y
otra comida más que le pareciese bien.
Con esto el tal capitán Consaillo Mannthossa
(Gonzalo Mendoza) pidió á nuestro capitán general
Marthin Domenigo Eyolla (Irala) que le diese ó
facilitase 6 compañeros de la gente de guerra, para
que pudiese darse vuelta; él se lo prometió; así
pues nos llevó á mí y á 5 Españoles consigo, más
20 hombres de la gente de guerra y marineros.
Eso que partimos de Bonas Ayers al mes lie-
(1) Alonso Cabrera. Ver cap. XV. Sigue la actuación de Ruiz Galán. Véase
Víllalta § 45, y la Información de Gonzalo de Mendoza, quien confirma el
relato de Schmídel. Col. Doc. Blas Garay, p. 206 y 207. Pregs. 17-20. Ap. C.
Madero, que cita una Información del 3 de Junio de 1538 dice que el Piloto
era Juan Sánchez de Vizcaya. «Hist. del Puerto de Bs. As.» p. 131. Ap. Q.
Víllalta nada dice al respecto, porque no le iba ni venía.
El galeón en que iba Schmídel se llamaba la ^Anunciada*. Mad. p. 132.
(2) Villalta omite todo el episodio del viaje á Santa Catalina en busca de
Cabrera y del naufragio á la vuelta.
(3) El galeón ^Anunciada*. Madero, p. 131. Ver Ap. Q.
(4) Mandeoch.~j&. mandioca es una raíz delicada que se come fresca: está,
claro que lo que conducían era la fariña^ que era y es el pan de los Guaraní
y sus imitadores.
(5; Ruiz Galán, se entiende.
(6) El 4 de Junio de 1538— Inforín. G. de Mendoza, p. 206. Ap. C.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
195
gamos á Sannt Katarina, allí nos encontramos
con el susodicho navio, que de Hispania había lle-
gado, y al capitán junto con toda su gente; nos
alegramos en grande, y nos quedamos 2 meses
allí mismo, y cargamos nuestro galeón de arroz,,
mandeoch (fariña?) y trigo turco (maíz) en mucha
cantidad, de suerte que ya no podíamos meter más
en los 2 navios; después de esto nosotros y los 2
navios y el capitán Aluiso (Cabrera) y toda su gente
juntos salimos en viaje de S. Katarina á Bonas
Ayers en Inndiam (Indias), y de alli llegamos como á
las 20 millas (leguas) y dimos con un agua corrien-
te Parnaw Wassu (Paraná Ouazú). Esta agua tiene
de ancho en la boca 40 millas (leguas) ® y sigue
de este ancho por 80 millas (leguas) de camino
hasta que uno llega á un puerto llamado S. Ga-
briel; allí el agua Parnau tiene 8 millas (leguas) de
ancho Así pues llegamos, como se dijo, á 20
millas (leguas) en esta agua, la víspera de Todos
Santos, y arribamos al anochecer á este punto con
los dos navios reunidos; y nos preguntamos el
uno al otro si estábamos ya en el agua corriente
Pernau] y aunque aseguraba nuestro piloto, que
habíamos llegado ya al agua corriente, el otro pilo-
to le decía á su capitán, que estábamos aun á 20
millas (leguas) de distancia de ese punto. Porque
en el mar cuando 2, 3 ó más navios andan en com-
(1) Este era Alonso Cabrera.
(2) 40 leguas— Ya se dijo que es así más ó menos.
(3) 80 leguas— El ancho del estuario no es uniforme.
(4) 8 leguas es justamente el ancho del Río de la Plata entre San Gabriel y
la Punta de Lara. La edición castellana da 18.
196
ULRICH SCHMÍDEL
pañía, siempre se juntan á puestas de sol; entonces
se averiguan entre sí cuanto han caminado día y
noche, y cual el rumbo á tomar en el siguiente, con
arreglo á lo cual poderse reunir.
Después de esto el piloto nuestro volvió á pre-
guntar al otro piloto, si quería seguirlo; mas éste le
dijo que ya era casi de noche, y que por eso se
quedaría mar afuera hasta la mañana de alba y que
no estaba para tomar tierra á esas horas; este piloto
era algo más avisado que el nuestro, como se verá
más tarde. Así nuestro navio siguió su camino y se
separó de la otra nao.
CAPÍTULO XXX
NAUFRAGIO CERCA DE SAN GABRIEL. LOS SOBRE-
VIVIENTES LLEGAN Á BUENOS AYRES Y PASAN A LA
ASUNCIÓN.
De este modo caminamos nosotros á obscuras
y se levantó un recio temporal en la mar; y fué el
caso que á eso de las 12 de la noche vimos nos-
otros la tierra, pero antes que pudiésemos largar
nuestra ancla. Después encalló el navio, y nos
faltaba una buena milla (legua) de distancia para
llegar á tierra. Entonces comprendimos que no nos
quedaba más remedio que clamarle á Dios Todo-
poderoso que nos favorezca y nos tenga miseri-
cordia. Y fué en el mismo instante que nuestro na-
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
197
vio se hizo cien mil pedazos y se ahogaron 15
hombres y 6 indios algunos escaparon sobre
trozos de madera, yo y 5 compañeros más nos sal-
vamos en el mástil; de las 15 personas no pudimos
recoger un solo cuerpo. El Señor Dios nos favo-
rezca, á ellos y á nosotros todos.
Después de esto nos vimos obligados á caminar
á pie 10 millas (leguas); habíamos perdido toda
nuestra ropa en el navio, y los víveres también; y
nos tuvimos que remediar con las raíces y frutillas
que hallábamos en el campo, hasta que llegamos
á un puerto ó ensenada llamada 5. Gabrihel; allí,
encontramos al susodicho navio con su capitán,
que había llegado 3 días antes que nosotros.
Y se lo habían comunicado á nuestro capi-
tán Marthín Domenigo Eyolla (traía) en Bonas
Ayers él en persona se afligió sobremanera por
nosotros y creyó que habíamos perecido, y por ello
mandó decirnos algunas misas.
Y después que nosotros llegamos á Bonas Ayers,.
nuestro capitán Marthín Doménigo Eyolla (Irala)
hizo llamar á nuestro capitán y al piloto ó timonel;
y á no ser los grandes empeños w que por él se
(1) Gonzalo de Mendoza dice que fueron 4 y un fraile franciscano. Inform..
p. 207.— Ap. C.
(2) Se salvó el batel y algo de provisiones. La ropa y armas las perdie-
ron. Marcharon por mar y parte por tierra, porque no cabían todos en el
batel y llegaron al puerto de San Gabriel adonde estaba surta la nao Maraño-
na de Cabrera. Inform. citada, p. 207— Ap, C.
(3) Francisco Ruiz Galán, se entiende, quien á la sazón mandaba en
Buenos Ayres. Madero, p. 132.
(4) Si hubiese sido Irala lo hubiese hecho yerno al piloto, y no hubiese pre-
tendido darle muerte.
198
ULRICH SCHMÍDEL
hicieron, lo hubiese hecho ahorcar al piloto; así y
todo tuvo que pasar 4 años largos en la barquilla
pergentin (bergantín)
Ahora ya que estaba toda la gente reunida en
Bonas Ayers mandó en seguida nuestro capitán
general, que se aprontasen los pergantín (bergan-
tines), y reunió toda la gente y quemó los navios
grandes y reservó la ferretería; y después navega-
mos nosotros aguas arriba del Parnau y al antedi-
cho asiento Nostra Singnora de Sunssión; allí per-
manecimos 2 años largos esperando que la Cesárea
Majestad otra cosa proveyese
(1) Con esto concluye el episodio de todo lo que precedió á la llegada de
Cabrera, quien con Ruiz y Salazar subieron río Paraná arriba á reunirse con
Irala. Aquí debe el lector retroceder al capítulo XVI, sin perjuicio de tener
en cuenta la última parte del XV con los nombres corregidos, y continuar
hasta mediados del capítulo XX, en que se pasa á dar noticias generales de
lo que eran los Guaraní y su tierra.
(2) La fecha oficial de la dejación de la primera ciudad de Buenos Ayres es
el 10 de Mayo de 1541. Ver la Relación de Irala, Apéndice E, Villalta, § 45,
dice que sacaron 250 hombres de Buenos Aires, é Irala, que estos con los de
la Asunción ascendieron á 400. Véase Villalta, § 50.
(3) Aquí se cierra otro período en la narración de Schmídel, es decir, el
de la primera administración de Irala, y principia el gobierno de Alvar Nií-
ñez Cabeza de Vaca; pero hay que advertir que el autor cuenta 2 años largos
después de la dejación de Buenos Aires y la llegada de Alvar Núñez, cosa
imposible; es pues, un argumento más en favor de la interpretación que se
da al texto del original, es decir, que los 2 años se refieren á la subida de
■Cabrera en 1539, y no á la de Irala en 1541.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
199
CAPÍTULO XXXI
LLEGA ALVAR NÚÑEZ CABEZA DE VACA Á SANTA
CATALINA Y PASA Á LA ASUNCIÓN
Mientras esto llegó un capitán general de
Hispania, que se llamaba Albernuso Capesa de
Wacha al tal capitán lo había nombrado la Ma-
jestad Cesárea y venía con 400 hombres y 30 ca-
ballos en 4 navios, de los que 2 eran mayores y 2
Karabella (carabelas); y cuando él arribó con esta
gente á un puerto ó bahía en Presel, que se llama
Wilsey (Mbiagá?) mas este puerto se llama tam-
bién S. Katarinna; allí quiso él cargar bastimento ó
víveres; y cuando el capitán despachó 2 carabelas
unas 8 millas (leguas) del dicho puerto á buscar
víveres, les sobrevino tal tempestad, que las 2 tu-
vieron que quedar en el mar ó piélago y lo único
que de ellas volvió fué la tripulación que en ellas
había cuando el capitán general se impuso de
la tal cosa, ya no se quiso exponer con sus 2 na-
vios mayores al viaje por agua; acaso porque no
sería mucha la gana que tenía es que se recelaba
(1) Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, partió de S. Lucar el 2 de Noviembre
de 1540 y llegó á Santa Catalina el 29 de Marzo de 1541,
(2) Wilsey. El territorio en frente de Santa Catalina se llamaba Biaza.
Esta parte del Brasil era española.
(3) En los Com., capítulo IV, no dice que naufragaron los navios. Esta no
íicia es de oidas, y á esto puede atribuirse el error.
200
ULRICH SCHMÍDEL
de la cosa; y pasó por tierra hasta el Río delle Plat-
ta, y llegó hasta nosotros en el asiento Nostra
Singnora en El Paraboe y lo condujeron 300 de
los 400 hombres; los demás habían perecido de
hambre y de enfermedad.
Este capitán demoró 8 meses de tiempo en el
camino y hay 500 millas (leguas) de la ciudad
Nostra Singnora hasta este pueblo ó bahía de 5.
Katarina Traía pues consigo de Hispania su
gubernazión (provisión?) de la Cesárea Majestad, y
decía que Marthin Domenigo Eyolla (Irala), nues-
tro capitán, tenía que entregarle su gubernazión
(gobernación) y que toda la gente había de aca-
tarlo.
A todo esto el capitán Marthin Domenigo Eyo-
lla (traía) y toda la gente se declaró estar pronta y
obediente, pero con esta salvedad, que él Albeíj)-
nuso Capossa ¿[e] Wacha le mostrase algo como
que él había obtenido y recibido la tal provisión de
la susodicha Cesárea Majestad; misterio este que el
común de la gente no pudo esclarecer, sino que los
sacerdotes y 2 ó 3 de los oficiales ® lo verificaron
y con ellos él, Albernuss Capossa etc., mandó y
gobernó. Pero de cómo le fué es lo que se con-
tará más tarde
(1) 8 meses.— Los Com. dicen que partió el 18 de Octubre de Santa Cata-
lina (Cap. VI) y llegó á la Asunción el 11 de Marzo del año 1542. (Cap. XIII)*
(2) 500 leguas. Son como 20 grados. Villalta, p. 51.
(3) Fueron: Alonso de Cabrera, veedor, Felipe de Cáceres, contador, Pe-
dro Dorantes, factor. Com., Cap. XIII.
(4) Es más ó menos lo que refiere Alvar Núñez. Hay que descontar algo
de lo que uno y otro cuentan. Com., Cap. XIII.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
201
CAPÍTULO XXXII
CABEZA DE VACA MANDA UNA EXPEDICIÓN
A LOS SURUCHACUISS Y OTROS INDIOS
Ahora este dicho Capessa etc. hizo pasar re-
vista de toda la gente; y así halló él que eran 800
hombres por toda cuenta; también por este tiempo
hizo él hermandad con Marthín Domenigo Eyo-
lla (Irala) y se juraron fraternidad, así que este te-
nía que hacer y que entender con la gente no me-
nos que antes.
En seguida él, Albernuso Capessa de Wacha
mandó aprestar 9 navecillas pergentin (berganti-
nes) (2) y quiso navegar el Paraboe aguas arriba,
hasta donde se pudiese; y así por este tiempo,
mientras se alistaban los navios, envió 3 bergentín
(bergantines) con 115 hombres que deberían
subir hasta donde pudiesen y hallasen Indios que
por allí tuviesen manndeoch (mandioca ó fariña) y
algo de trigo turco, esto es, maíz; y nombró para
que los mandasen á 2 capitanes llamados Anthoni
Cabrero (Antonio Cabrera) y Tigo Tobellino (Die-
go Tabellino?); y llegaron primero á una nación
(1) Así en el original.
(2) Eran 1 «carabela y 10 navios de remos», según Alvar Nuñez. Com.,
Cap. XXXVI.
(3) Alvar Núñez dice que iba mandando Irala y que los Cristianos eran
90. Salieron el 20 de Noviembre 1542. Com., Cap. XXXIV.
202
ULRICH SCHMÍDEL
que se llaman Suruchakuiss; (Cacocies Chaneses?)
estos tienen algo de trigo turco (maíz) y man-
deoch (fariña) y otras raíces, como manduies
(maní) que se parece á las avellanas, ítem pescado
y carne. Los hombres usan en los labios una pie-
dra lisa y grande como ficha de damas; las muje-
res andan con las vergüenzas por adorno
Con los de esta nación dejamos nuestras na-
vecillas y algunos de nuestros compañeros en
ellas para su resguardo, y en seguida nosotros
nos metimos tierra adentro unos 4 días de cami-
no; así hallamos un pueblo que era de los Carlos,
los que más ó menos eran fuertes de 300 hom-
bres; también tomamos nosotros noticia de la
tierra y ellos nos dieron buenos informes. Después
de esto volvimos nosotros á las navecillas y navega-
mos el Paraboe aguas abajo y llegamos á una
nación llamada los [A] cherery; allí encontramos
una carta de nuestro capitán general Albernuso
Capessa de Bacha; esta carta decía, que había que
ahorcar ® al indio Principal de allí, Achere ® .
Nuestro capitán obedeció la tal orden sin perder
un momento; por ello y en seguida se armó una
guerra grande, ^omo se oirá después. Ya que esto
''1} Suruchakuiss —Cova. Alvar Núnez, Caps. XXXIX y LIV. Ver Prol.
Cap. XI, § 59.
(2) Cazabí.
(3) Gehenn bedeckht mit irer scham. Ed. 1889, p. 60. Según Alvar Núnez,
«sus vergüenzas de fuera», Cap. LIV. Entiéndase así en XVI y XXIII.
(4) Por el Puerto de Jos Reyes, Com., Cap. XXXIX.
(5) Com., Cap. XXXV — Véase lo que dice Alvar Núñez de la mala con-
ducta del Principal Aracaré, sobre todo en el Cap. XXXIX,
(6) Achere— Aracare—V . Com., Cap. XXXV, allí se verá lo que pasó.
Dic. 1542. El relato está ampliado en el Cap. XXXVII.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
203
se había cumplido, á saber que el dicho Indio ha-
bía tenido que recibir la muerte de esta manera,
emprendimos nosotros viaje aguas abajo al asiento
Nostra Singnora de Sunssión, y anunciamos á
nuestro capitán general Albernuiso Capessa de
Bacha lo que nosotros en este viaje habíamos
hecho y visto
CAPITULO XXXllI
QUERRA CONTRA TABARÉ. ÉSTE ES VENCIDO
Después de ésto, dijo él al principal de los In-
dios que estaba en el asiento Nostra Singnora
•que tenía que facilitarle 2.000 Indios y marchar
con los Cristianos aguas arriba; los Indios se
ofrecieron de buena gana y prometieron obede-
cerle, y agregaron esto más, que él, nuestro capi-
tán general, debería pensarlo bien primero y no
lanzarse así no más tierra adentro; porque toda
la provincia Dabre (Tabaré) de los Caríos esta-
ba alzada con todo su poder y se disponían á
marchar contra los Cristianos; porque este Dabre
(Tabaré) era hermano del Acheres (Aracaré) que
había sido ahorcado, por eso quería él vengar
aquella muerte.
(1) Com„ Cap. XXXIX— ano 1543 y Febrero.
(2) Tabaré. Ver Com., Caps. XL á XLII. El principal se llamaba Atabaré.
Schmídel usa el nombre para designar al cacique ó á sus Indios.
(3) Hermano— así tratan los Indios á sus amigos.
204
ULRICH SCHMiDEL
Así pues, nuestro capitán general tuvo que de-
jarse de este viaje y á causa de esto prepararse y
marchar contra sus enemigos. En seguida man-
dó de acuerdo con su hermano de adopción
Marthin Domenigo Eyolla (Irala), que tomase 400
hombres ® y 2.000 Indios y marchase contra los
susodichos Daberes (Tabarés) ó Carias y que á
todos ellos juntos los expulsase ó destruyese.
Marthin Doménigo Eyolla (Irala) obedeció la tal
orden y marchó con esta gente de la ciudad
Nostra Singnora y avanzó contra los enemigos, y
primero hizo requerir al Damero (Tabaré) de parte
de la Cesárea Majestad. Mas este Dabere (Tabaré)
no quiso ceder ni prestarse; tenía mucha gente
reunida y su pueblo bien fortificado con paliza-
das que es un muro hecho de maderos; de es-
tos muros tenía el pueblo 3 á la redonda y zanjas
muy anchas, como consta en el capítulo XXI; mas
nosotros ya desde antes sabíamos qué valor dar-
les á las tales cosas.
Así acampamos hasta el cuarto día en que ga-
namos la primera ventaja, y 3 horas antes de ama-
necer entramos al pueblo y matamos á todos los
que encontramos y tomamos á muchas mujeres;
que nos sirvieron de mucho después. En la tal es-
caramuza 18 Cristianos murieron y muchísimos
de los nuestros fueron heridos; ítem sucumbieron
(1) Mandirt.
(2) Irala marchó con 150 hombres en 4 bergantines á socorrer á Gonzalo •
de Mendoza río arriba. Com. XL. Los 400 serían con los de este Capitán.
(3) Mandat.
(4) Pallasaide.
(5) 16 dice la edición castellana.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
205
muchos de nuestros Indios; pero no nos llevaron
mucha ventaja, porque de la parte de ellos los
muertos de los Canibelless (antropófagos) al-
canzaron á los 3.000.
No se pasó mucho tiempo sin que viniesen
Dabere (Tabaré) con su gente á pedirnos perdón y
nos rogaron que les quisiésemos devolver sus mu-
jeres é hijos, porque así también él, Dabere (Taba-
ré), y su gente nos servirían á los Cristianos y se-
rían nuestros súbditos. Lo cual tuvo que prome-
terle nuestro Capitán según las instrucciones de la
Cesárea Majestad
CAPITULO XXXIV
CABEZA DE VACA SUBE Á SAN FERNANDO Á LOS PA-
YAQUÁ, QUASARAPOS Y SACOCÍES
Después que estas paces se ajustaron volvimos
á tomar aguas abajo del Paraboe (Paraguay) á reu-
nimos con el capitán general de todos A [1]-
bernuso de Bacha y le hicimos relación de como
nos había ido; así pues, resolvió él realizar su ya
pensado viaje de marras, y pidió á Dabere (Taba-
ré), que ya estaba pacificado, 2.000 Indios arma-
{!) Canibelless, Ed. 1889, p. 61. Los Cámbales de otras ediciones.
(2) Com., Cap. XLII. Los principales nombrados son Alabaré y Ouacani.
(3) Com. XLII.
206
ULRICH SCHMiDEL
dos que marchasen con él; y manifestaron su buena
voluntad, y prometieron que siempre la tendrían;
también mandó él que ellos, [los] Garios cargasen
9 navecillas bergentin (bergantines). Eso que todo
estuvo dispuesto, de los 800 hombres Cristianos
tomó él 500 y á los 300 los dejó él, en la ciu-
dad Nostra Singnora de Sunssión, nombró un
capitán llamado Jan Salleysser (Juan de Sala-
zar) (2^, en seguida emprendió la marcha aguas
arriba del Paraboe con los 500 Cristianos y 2.000
Indios.
Los Carias tenían 83 conanen (canoas) ó esqui-
fes ® y nosotros los Cristianos teníamos 9 navios
bergentin (bergantines), y en cada uno de ellos 2
caballos pero á estos se los hizo caminar por
tierra 100 /7z//tos (leguas), y nosotros marchamos
por agua hasta llegar á un cerro llamado Sannf
Ferdinandt allí se embarcaron los caballos y de
allí caminamos y llegamos á los Payenbas (Paya-
guá), enemigos nuestros; mas ellos no se dejaron
estar sino que huyeron presto de allí con mujeres é
hijos después de haber quemado sus casas. En
seguida caminamos unas 100 ra/Ztes (leguas) más
de marcha, en que no encontramos gente alguna;
(1) Diez bergantines. Com., Cap. XLIV. Indios 1.200 — Españoles 400. Los
que quedaron en la Asunción eran 200 y tantos. Ibid.
(2) Com. Ibid.
(3) Las canoas eran 120, según los Com. Ibid.
(4) Los de á caballo 12. Com. Ibid.
(5) Com., Cap. XLVIIL— Dice que en Itabitan embarcaron los caballos.
Sannt Ferdinandt, ó puerto de la Candelaria, en 21® 20’, el 21® menos un
tercio de los Comentarios.
Ver Cap. XLIV.
VIAJE AL Río DE LA PLATA
207
y después llegamos á una nación llamada Basche-
reposs (Guaxarapos) tienen pescado y carne; es
una gran nación y se extiende por unas 100 millas
(leguas) y tienen hartas khannean (canoas), y baste
con lo dicho de esto; sus mujeres se tapan las ver-
güenzas, no quisieron saber nada con nosotros,
sino que huyeron de allí. De estos llegamos á otra
nación, llamada de los Sueruekuessis ® (Saco-
cíes) donde en aquella ocasión estuvieron los
3 antedichos navios; está á las 90 millas (leguas) de
los Basherepass (Guaxarapos); nos recibieron muy
de á buenas, cada cual tiene casa sola para sí con su
mujer é hijos. Los hombres tienen una rodelita de
madera como ficha de damero colgada en el lóbulo
de la oreja; las mujeres tienen una piedra gris de
cristal que les cuelga de los labios, es del largo y
grueso de un dedo son hermosas y andan en
cueros vivos como nacieron. Item tienen algo de
trigo turco (maíz), manndeoch (mandioca ó fariña),
manduiss (maní), padades (batatas), pescado y car-
ne en abundancia; es una gran nación; nuestro ca-
pitán les hizo preguntar de una nación llamada
(1) Los Guajarapos de Alvar Núnez.— Com. Cap. L y LL— El 18 de Octu-
bre llegaron aquí. Estos Indios vivían tierra adentro del río Paraguay,
margen oriental, entre los 19^ y 20°: son los mismos que algunos autores
llaman Guachi ó Guachica. Ver Pról., Cap. XI, § 57. Bedeckte scham.
(2) ^Sueruekuessis» son los Sacocies de Alvar Núñez, nombrados junto
con los Xaqueses y Chañases. Son los llamados «Orejones». La descripción
del autor concuerda con lo que de ellos cuenta Alvar Núñez. -Com. LUI
y LIV. Ver atrás p. 202.
(3) Ver Prol. Ibid. § 58 y 59.
(4) De este ^tembetá» no habla Alvar Núñez. Com., Cap. LIV. No es ge
neral que las mujeres usen tembetá ó barbote.
208
ULRICH SCHMiDEL
Karkhareiss Careará, ¡ten más de los Garios '2);
pero ellos no le pudieron dar noticias de los Kar-
ckhareiss, pero en cuanto á los Garios dijeron ellos,
que estos estaban aun en sus casas; mas esto no
era asi
Después de lo cual nuestro capitán mandó
que se aprestasen; él queria marchar tierra adentro
y dejó 150 hombres alli con los navios y viveres
para 2 años y se llevó los 350 hombres Cristianos
más los 18 caballos y los 2.000 Garios, que con
nosotros salieron de la ciudad de Nostra Singnora
de Sunssión, y se metió tierra adentro; pero poco
fué el provecho que él sacó, porque no era el hom-
bre para tanta empresa; á esto se agregaba que los
capitanes y caballeros todos eran sus enemigos; á
tal grado de demasia habia llegado él en su modo
de portarse con la gente de guerra
Asi pues, caminamos durante 18 dias, en que no
hallamos ni Garios ni otra población alguna y
no eran muchos los viveres [que nos quedaban],
asi que por eso nuestro capitán tuvo que contra-
(1) Fué á los Chaneses que interrogó Alvar Núnez.— Estos tenían guerra
conloa *Chinteneos» y con los *Car cardes». Se averiguó también de los
Gorgotoquies, Payzuñoes, Estarapecocies y Candírees, gente labradora
y criadora. Estos Q=Y). Ed. 1889, p. 67, nota 2. Es la Rhea Ame-
ricana.
(5) Foriren. Ed. 1889, p. 67.
(6) Monnir. Ibid.
(7) Estos detalles todos son propios de nuestro autor.
(8) «Foja 34» dice el original.
216
ULRICH SCHMÍDEL
hacen unas mantas grandes de algodón, tan sutiles
como tela de Arlas (Arles), en las que ellas después
bordan varias figuras como ser venados, aves-
truces, ovejas de Indias (llamas ó guanacos), ó lo
que sea que se puede. En las tales mantas duer-
men cuando hace frío, ó se sientan sobre ellas, se-
gún la necesidad ó el antojo del momento. Estas
mujeres son muy hermosas y grandes enamora-
das muy corrientes y de naturaleza muy ar-
diente á mi modo de ver.
Allí ® nos demoramos unos 4 días, y en ese
tiempo el rey preguntó á nuestro capitán cual era
nuestro deseo é intención, y hacia donde quería-
mos marchar. A esto contestó nuestro capitán
que él buscaba oro y plata. También le dió el rey
una corona de oro que pesaba casi un marco y
medio ítem una plenschen (plancha) de oro,
que alcanzaba á jeme y medio de largo y á medio
jeme de ancho; también un prusseleh (brazalete)
esto es, un medio harnischs (arnés) y otras cosas
más de plata, y dijo después á nuestro capitán, que
él ya no tenía más oro ni plata y que estas susodi-
(1) Figuren. Ibid.
(2) Hirschen — ciervos.
(3) Qross pulerin. Ibid.
(4) Sehr hizig am leib. Ibid.
(5) Según Hernando de Ribera más ó menos en los 15® menos dos tercios ^
lo que tan puede ser 14® 20’ como 15® 40’, porque como subían río arriba se
podía describir así esta última altura. Me decido por lo segundo. Ver Cap.
XXXIV. Nota. San Fernando. Com., p. 59S. Irala dice 16®. Carta de 1555,
Schmídel, Ed. Pell., p. 126.
(6) Annderhalb marckh. El marco era de 8 onzas, así que el peso era de
12 onzas. Ibid. p. 68.
(7) Planchas, etc. Confirmado por Hernando de Ribera. Ibid.
VIAJE AL Rio DE LA PLATA 217
chas piezas las había tomado de los Amossenes
(Amazones) en la guerra en tiempos atrás. Y
entonces él se hizo oir acerca de los Amossenes
(Amazones) y nos dio á entender cuán grande era
su riqueza, así que nos alegramos mucho; y luego
al punto preguntó nuestro capitán al rey si podría-
mos nosotros llegar allí por agua con nuestros
navios y qué distancia habría hasta los dichos
Amossenes (Amazones) A lo que contestó el rey,
que no podríamos nosotros llegar allí por agua,
sino que tendríamos que marchar por tierra y
habría que andar 2 meses de tiempo uno en se-
guida de otro. Así resolvimos nosotros caminar á
los dichos Amossenes (Amazones), como se pasará
á contar
(1) Schmídel habla de los Amazones ó Indios del Mosu, uno de los nom
bres de El Dorado.
(2) Amazonas. La leyenda era de la época. Véase la Relación de Hernando
de Ribera. Estos cuentos de Indios son generales. Así oyó Gaboto de Indios
con las rodillas para atrás, y aun hoy es voz corriente que los hay en el
Chaco. Yo he oído el cuento de boca de Indio Toba.
218
ULRICH SCHMiDEL
CAPÍTULO XXXVÍI
BUSCAN Á LOS AMOSENES Y PASAN POR LOS
SYEBERIS Y ORTUESES
Las mujeres de estos Amossenes no tienen más
que un pecho y sólo se juntan con sus maridos 3
ó 4 veces en el año, y s¡ de este contacto con el
marido quedan preñadas de varón, se lo mandan
ellas á que se esté con el marido; mas si resulta
mujer, la conservan á su lado y ellas no más le
queman el pecho derecho, para que no pueda
criarse más. Pero la razón es esta, para hacerse
diestras y poder manejar sus armas, los arcos;
porque son mujeres de pelea y hacen guerra con-
tra sus enemigos.
También estas mujeres viven en una isla que
está rodeada de agua á la vuelta y es una isla gran-
de; si se quiere llegar allá hay que ir en cannaen
(canoas); pero en esta isla los Amossenes (Amazo-
nes) no tienen ni oro ni [plata], sino en Terra fer-
ma (tierra firme), esto es, tierra adentro, allí donde
viven los maridos, ellos son los que tienen grandes
riquezas. Es una nación grande y [un] rey pode-
roso que parece llamarse Jegiuss como tam-
bién lo demuestra el lugar.
(1) Paititi dice la versión castellana. Todo esto es Folk-lore de El
Dorado.
(2) Jegiuss ó sea Yegíuss. La edición alemana (1889) cree que pueden
ser los Yaguas. P. ó9.
VIAJE AL Rio DE LA PLATA
219
Ahora nuestro capitán Ernando Rieffiro (Ribe-
ra) pidió al dicho rey de los Scherueses (Xarayes)
que nos facilitase algunos hombres de su gente,
porque él quería marchar tierra adentro y buscar á
los susodichos Amossenes (Amazones), para que
así los Scherues (Xarayes) cargasen nuestro botín
y nos mostrasen el camino; de su parte el rey se
hallaba dispuesto, mas demostró á las claras, que
la tierra en este tiempo estaba anegada y que no
era bueno por ahora viajar tierra adentro; mas
nosotros no quisimos creer, sino que le exigimos
los Indios, así pues él le dió á nuestro capitán para
su persona 20 hombres, que debían cargarle el
botín y los víveres, y á cada uno de nosotros 5 In-
dios para que nos sirviesen y cargasen lo que ha-
cía falta, porque teníamos que caminar 8 días en
que no encontraríamos más Indios
Así llegamos á una nación llamada de los
Syeberiss (Paresis?) se parecen á los Scherues
(Xarayes) en la lengua y en otras cosas. Estos 8
días caminamos nosotros siempre y siempre en el
agua hasta la cintura y la rodilla, día y noche, así
que de allí no podíamos ni sabíamos como salir.
Si se nos ofrecía hacer fuego, teníamos que amon-
tonar trozos grandes unos sobre otros y hacer el
fuego encima; y aconteció muchas veces, que la
olla en que teníamos la comida junto con el fuego
(1) Personn, Ibid. p. 69.
(2) Todos estos son detalles que no se encuentran en la relación de Her-
nando de Ribera.
(3) Ver Prol., Cap. XI, § 61. La Ed. 1889, p. 69, Nota 4, los identiíica
con los Tapayos. De Angelis los titula Paresis.
220
ULRICH SCHMÍDEL
se caían al agua y nos quedábamos por lo tanto
sin comer; tampoco teníamos descanso, ni de día
ni de noche, á causa de las pequeñas moscas (mos-
quitos), que no nos dejaban dormir.
Así preguntamos nosotros á los Syeberís si aun
nos quedaba agua más adelante; dijeron ellos, que
teníamos que andar aun 4 días enteros por el agua
y de ahí todavía más de 5 por tierra, y que así
llegaríamos á una nación llamada Ortthuessen
(Urtueses) y nos dieron también á entender
que éramos nosotros muy pocos, y que convenía
nos volviésemos. Mas nosotros no quisimos ha-
cer tal cosa por considerar á los Schemes (Xara-
yes), antes bien estuvimos por despachar de vuelta
á sus casas y su pueblo á los Schemes (Xarayes)
que nos acompañaban, mas ellos, los dichos Sche-
rues se negaron á hacerlo, porque su rey les había
encargado, que no nos dejasen sino que nos sir-
viesen mientras no regresásemos nosotros otra vez
de tierra adentro. Así pues los dichos Syeberís
nos dieron 10 hombres para que junto con los
Schemes (Xarayes) nos mostrasen el camino á los
Ortheuesen (Urtueses). Así marchamos nosotros
7 días más por el agua que nos daba á la cintura ó
á la rodilla. La tal agua estaba tan caldeada como si
hubiese estado al fuego; esta agua también tenía-
mos que beber, visto que con otra no contábamos.
Pero era cosa como para creer que se trataba de
un agua corriente lo que no era así, sino que
(1) Com., Cap. LIV. Ver Prol., Cap. XI, § 61.
(2) Es decir—un río.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
221
por aquel tiempo mismo había llovido tanto que la
tierra estaba llena de agua, porque la tierra es una
planicie llana; con el tiempo quedamos bien escar-
mentados de la tal agua, como oiréis más tarde.
Después de esto el día Q entre 10 y 1 1 del día lle-
gamos al pueblo de los Orttheueser (Urtueses)
y eso que fueron ya las 12 recien llegamos á la
plaza en el pueblo, allí donde estaba la casa del
principal de los Ortteuesen.
Pero casualmente por ese tiempo había una pes-
te grande entre los Ortthuessen, de pura hambre,
porque no tenían qué comer; á causa de que los
duckhuss (Tucus) ó langosta P' por segunda vez
y casi por completo les había comido y destruido
el maíz y el fruto de los árboles. Cuando nosotros
los Cristianos tal cosa comprendimos y vimos nos
alarmamos mucho y nos convencimos que no po-
díamos quedar mucho tiempo en la tierra, porque
nosotros tampoco teníamos mucho de comer. Así
pues nuestro capitán le averiguó al principal de
ellos acerca de los Amosenes (Amazones), y él le
contó, que necesitábamos un mes entero hasta lle-
gar á los Amossenes (Amazones), y más aun, que
toda la tierra estaba llena de agua, como que al fin
y al cabo así se dejaba ver.
Aquí fué que el principal de los Ortheueses dió
á nuestro capitán 4 plenschen (planchas) de oro y
(1) Los Urtueses y Abarañes de Hernando de Ribera. Declaración del
mismo en los Com. p. 598. Ap. R.
(2) Tucu, voz guaraní.
(3) Heyschneckhenn.
222
ULRICH SCHMlDEL
4 argollas de plata, que se ponen en los brazos
pero las plenschen (planchas) ® las usan los Indios
en la frente como adorno, así como en esta tierra
(Alemania) los grandes señores usan ricas cadenas
en los cuellos. En cambio de estas cosas nuestro
capitán dio á este Indio principal hacha, cuchillo,
rosario, tijera y otras baratijas más, de las que se
fabrican en Niremberga; de buena gana les hubié-
semos sacado más cosas, pero no nos atrevimos,
porque nosotros los Cristianos éramos muy pocos,
y por lo mismo había que desconfiar; los Indios
eran muchos, al grado que yo jamás en todas las
Indias he visto pueblo más grande ni más gente
junta, y eso que he andado la ceca y la meca. Esta
peste de los Indios, por lo que tantos morían de
hambre, fué, á no dudarlo, nuestra salvación, por-
que de lo contrario lo probable es que los Cristia-
nos no hubiesen salido de allí con vida.
CAPÍTULO XXXVIII
REGRESO DE HERNANDO DE RIBERA. SUBLEVACIÓN
DE LA GENTE
Después de esto contramarchamos á los antedi-
chos Syeborís y Scherues (Xarayes). Nosotros los
Cristianos también estábamos mal provistos de ví-
(1) Ver Cap. XXXVI, al fin.
(2) De estas planchas existen algunas, una de ellas de oró, en la colec-
ción de Calchaquí, de Lafone Quevedo.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
223
veres, no teníamos otra cosa de comer que una
pamb (palma) llamada palmides (palmitos) y cardes
(cardos) y otras raíces del campo que se crían
bajo de tierra.
Cuando llegamos nosotros á los Scherues estaba
nuestra gente á la muerte de enferma por causa
del agua, y de las necesidades que en este viaje
habíamos sufrido; porque por 30 días y noches
seguidas habíamos estado en el agua, y de la mis-
ma habíamos bebido. Así nos quedamos allí entre
los Scherues, donde vive el Rey, unos 4 días; nos
trataron ® muy bien y nos sirvieron al pensamien-
to, y el Rey encargó á sus súbditos que nos cuida-
sen y nos diesen cuanto nos hacía falta.
Así en este viaje cada uno de nosotros se había
ganado un valor como de 200 ducados sólo en
mantas de algodón de Indias y plata, que les ha-
bíamos comprado á ocultas, y sin que se sepa, por
cuchillos, rosarios, tijeras y espejos
Después de todo esto volvimos á navegar aguas
abajo á juntarnos con nuestro capitán general
Alwiso Capessa de Bacha [Luego que llegamos
á los navios, ordenó él, Albernunzo Capessa de
Bacha] que so pena de la vida ni uno de nosotros
(1) Cardos^ estos son los Caraguatá^ especie de bromelia.
(2) Tragtirten.
(3) Mentí. Ibid. p. 72.
(4) Según los Com. (Cap. LXXII) H. de Ribera salió el 30 de Enero de
1543 (error por 1544), y según el mismo Ribera, partió él de los Reyes el
20 de Diciembre de 1543.
(5) Parece como si Schmídel se desahogase dándole á don Alvar Núnez el
trato de 5cAí/z.— C iervos.
(3) Ovejas. —Guanacos.
(4) Sprach.
254
ULRICH SCHMÍDEL
ñas que nos mostrase el camino, porque así tu-
viésemos agua que beber; desde que hay largos tre-
chos en esta tierra sin agua.
Así llegamos nosotros á las 4 millas (leguas) á
una nación llamada de los Maiehonas (Mayecu-
na?) ® donde nos quedamos un día, y de estos vol-
vimos á tomar un «lengua», que nos mostrase el
camino; estos se prestaron y nos dieron lo que ne-
cesitábamos. Desde allí marchamos nosotros 8 mi-
llas (leguas) y llegamos á una nación llamada de los
Morroños; es una gran multitud de gente; nos re-
cibieron muy bien; quedamos 2 días enteros entre
ellos y tomamos relación de la tierra; de estos tam-
bién sacamos nosotros un «lengua», que nos en-
señase el camino; en seguida marchamos 4 millas
(leguas) desde allí hasta una pequeña nación lla-
mada de los Perronoss no tienen mucho que
comer; son fuertes de unos 3 ó 4.000 hombres de
pelea; quedamos un día entre ellos.
De allí marchamos nosotros 12 millas (leguas) á
una nación llamada de los Sánennos w, es una gran
multitud de gente toda junta, y se halla sobre un
cerrillo alto; el pueblo de ellos está rodeado de un
bosque espinudo ® como muro; nos recibieron
con sus arcos y flechas [y nos dieron dardes (dar-
(1) Thohanas y Payhanas. — Ver atrás Nota. Prol. Cap. XI, § 68.
(2) Maiehonas y Morroños.— 'Naciones desconocidas; tal vez Morotocos.
Mapa de Jolis. Prol. Ibid. Los Moyganos y Mogranoes del clérigo Martín
González, Ap, P, §§ 29 y 31.
(3) Perronos. — Ver nota anterior.
(4) Sánennos.— el mapa de Jolis hay unos Zatienos.
(5) Tal vez del cereus llamado cardón.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
255
dos)] de comer; mas no las tuvieron mucho tiempo
consigo; muy pronto tuvieron que abandonar el
pueblo, pero primero lo incendiaron al mismo; con
todo hallamos nosotros bastante que comer en el
bosque; quedamos allí 3 días y los buscamos en
los bosques y en el campo.
CAPÍTULO XLVI
DE LOS BORRENES, LEICHONOS, KHARCHKONOS,
SYEBERIS Y PEYSSENNOS.
De allí marchamos en 4 días 24 millas (leguas)
y llegamos á una nación llamada de los Borke-
nes estos no esperaron nuestra llegada, sino que
cuando ya estábamos nosotros muy cerca de su pue-
blo, con tiempo emprendieron la fuga, mas no lo-
graron escapársenos; les pedimos, pues, de comer,
y nos llevaron allá gallinas, gansos, ovejas, avestru-
ces y venados, también lo demás que habíamos
menester, con lo que quedamos bien satisfechos;
permanecimos 4 días enteros entre ellos y tomamos
razón ® de la tierra.
De allí marchamos nosotros 3 días enteros, 12
millas (leguas) hasta una nación que se llama de
los Leichonos Estos no tenían mayor cosa de
(1) Como se ve, jornadas algo forzadas de 6, debiendo ser de 4 leguas.
(2) Con los datos de Schmídel no es posible identificarlos.
(3) Relazión.
(4) Ver Nota anterior N.° 2.
256
ULRICH SCHMÍDEL
comer, porque la langosta les había devorado el
fruto. Allí no quedamos más que hasta el otro día
y marchamos de allí 4 días de viaje, 20 millas (le-
guas) hasta una nación llamada de los Kharchko-
nos entre ellos también había habido langosta,
mas no había hecho tanto daño como en otros lu-
gares; [así] permanecimos nosotros sólo un día
entre ellos y tomamos razón de la tierra, y nos
dijeron ellos, que en 30 millas (leguas) no halla-
ríamos una gota de agua hasta dar con una na-
ción llamada de los Sieberis
Así tomamos nosotros 2 Indios, que nos mostra-
sen el camino y llegamos en 6 días á los Syeberís.
Pero muchos de los nuestros murieron de sed, y
eso que llevábamos agua con nosotros sacada de
los dichos K.arckonos'psxa. el viaje. También encon-
tramos nosotros en este viaje, y en algunos luga-
res, una planta que sale de la tierra, tiene hojas
gruesas y anchas, llámase Kardes y eso que
cuando le llueve á la planta ó á sus hojas, se con-
serva el agua en ellas y no puede salir, y ni con-
sumirse, tal y como si estuviese en una tinaja y
cabe casi una media medida de agua adentro en
estas plantas. Así llegamos nosotros á las 2 de la
mañana á los dichos Syeberís, que se preparaban
á huir de allí con mujeres é hijos; mas nuestro ca-
pitán les hizo anunciar por boca de un intérprete ®
(1) Relazión,
(2) Los Sivisicosis de la traducción castellana.
(3) D'Orbigny.— Viaje. París 1835—1, s. 169— Ed. Al. 1889, p. 90. Esta
llama á la planta tillandsía,
(4) Geschirr.
(5) Dulmescher.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
257
que se dejasen estar en sus casas en paz y toda
seguridad, y que no había por qué nos recelasen.
Estos Syeberís también sufrían gran escasez de
agua, y ni tenían otra cosa alguna que beber; hacía
3 meses que no les llovía, por eso se hacían una
bebida de una raíz llamada manndopoere (man-
dioca) á saber, se toma la dicha planta, la ma-
chucan en un mortero; este jugo se parece á una
leche. Pero si hay agua, entonces se puede hacer
también vino con ella. En este pueblo solo había
un manantial único, y había que ponerle guardia,
para que se mirase por el agua y se diese cuenta
y razón de ella; [también tuvo á bien el capitán
encargarme del agua en ese tiempo] para que
hasta el agua se arreglase y distribuyese según la
medida impuesta por el capitán en aquel momento
y para este fin. Porque grande era la escasez de
agua, al grado que nadie averiguaba ni de oro, ni
de plata, de comer ni de otra cosa alguna, sino
sólo de agua. Así me gané en esta vez entre no-
bles y plebeyos, [y] de todos en general, la buena
voluntad y favor, porque no les mezquinaba en
esa ocasión; al propio tiempo tuve buen cuidado,
que á mí tampoco me faltase agua. En todo el an-
cho y largo de esta tierra no se encuentra más
agua que la que proporcionan las represas. Más,
los Syeberís hacen la guerra á otros Indios por in-
terés del agua.
Con esta nación nos quedamos 4 días, porque
(1) Warzl.
(2) Prol. Cap. VI.
17
258
ULRICH SCHMiDEL
nosotros no sabíamos lo que deberíamos hacer, sí
teníamos que marchar para atrás ó para adelante;
entonces tiramos á la suerte sobre los dos caminos,
por saber si habíamos de marchar para atrás ó
para adelante; y fué que tocó la suerte de marchar
adelante. A esto nuestro capitán pidió á los Sye-
berís informe de la tierra y razón de toda ella; en-
tonces contestaron ellos, que teníamos que marchar
6 días hasta llegar á una nación llamada Peysennes^'^^
y que en el camino encontraríamos que beber de 2
arroyuelos y de los antedichos Kardes.
Así pues nos preparamos para la marcha y nos
llevamos algunos Syeberís para que nos mostrasen
el camino. Mas cuando hubimos llegado á los 3
días de camino del pueblo de ellos, huyeron los
dichos Syeberís esa noche de allí, así que no los
vimos más; de suerte que nosotros mismos tuvimos
que dar con el camino y llegamos después de to-
do á los Peyssennos, que se prepararon á la de-
fensa y no quisieron ser nuestros amigos, pero
poco fué lo que nos sacaron, antes bien, con el
favor de Dios los vencimos y les conquistamos el
pueblo y ellos se dieron á la fuga; no obstante nos-
otros hicimos algunos prisioneros en esta escara-
muza, que nos contaron como habían tenido en
su pueblo á 3 Españoles, de los que uno, con el
nombre de Jehronimus (Gerónimo), había sido
trompa de thonn (don) Piettro Manthossa, los
cuales 3 Españoles había dejado Jann Eyollas
(1) Indios desconocidos. Estos y los Syeberís son los Cimeonos de Mar-
tín González. Ap. P, § 33.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
259
(Ayolas) enfermos entre los Peyssennes de lo que
se trató ya en la foja [22], en el tiempo que Jann
Eyollas (Ayolas) marchó de regreso de esta nación;
á estos 3 Españoles los habían asesinado los Pey-
sennos 4 días antes de nuestra llegada, es decir,
después que se anoticiaron de nuestro arribo por
los Syeberis; por lo que más tarde recibieron buen
escarmiento á manos nuestras. Así nos acampa-
mos 14 días enteros en el pueblo de ellos, y los
buscamos y hallamos todos juntos cerca de un
bosque, pero no á todos; á aquellos los matamos
y tomamos prisioneros; ellos nos avisaron de todas
las ventajas de la tierra, sobre la que nuestro capi-
tán sacó muchas cosas de la relación ® de ellos,
y nos dieron una buena noticia, á saber, que nos
faltaban 4 días de camino ó 1[6] /«//tes (leguas)
de camino para llegar á una nación llamada Mai-
genos
(1) Cap. XXV.
(2) Relazion,
(3) Con solo el nombre no es posible la identificación. Siguiendo el orden
serían los Corocotogues de Martín González. Ap. P, § 34. Como nombre se
parece al de los Moyganos, del § 30.
260
ULRICH SCHMÍDEL
CAPÍTULO XLVIl
DE LOS MAYQENNOS Y KARCKHOKÍES Y DELAS
SALINAS
Después de esto marchamos nosotros á los
Maygennos y llegamos á su pueblo; que se dis-
pusieron á la def ensa y no quisieron ser nuestros
amigos. El pueblo de ellos se hallaba sobre un
cerrillo que estaba rodeado por cerco de espinas,
muy tupido y ancho y tan alto que se necesitaba
un hombre con un espadín para que alcance á
ia cima. Eso que nosotros los Cristianos junto con
nuestros Caríos atacamos á este pueblo por los
dos costados, ellos, los Maygennos, nos mataron
12 Cristianos junto con algunos otros de los Caríos
nuestros que ellos voltearon en la escaramuza,
antes que nosotros ganamos el pueblo; cuando ya
vieron que nosotros estábamos bien adentro de
su pueblo, ellos mismos lo incendiaron y á toda
prisa dispararon; allí tuvieron que dejar á algunos,
como es de suponer.
Después que ya todo esto se había concluido, á
los 3 días, los Caríos se mandaron mudar con tan-
to sigilo que nosotros no nos apercibimos de ello,
y alzaron sus arcos y flechas, marcharon unas 2 ó
3 millas (leguas) de nuestro real, alcanzaron á los
(1) Rapir, estoque.
VIAJE AL Rio DE LA PLATA
261
fugitivos Maygennos, pelearon estas 2 naciones
una con otra allí con tal encarnizamiento que de
los Garios perecieron más de 300 hombres, y de
los Meygennos, sus enemigos, innumerables per-
sonas, como para no escribirlo; eran ellos tantos
que llenaban una milla (legua) entera de camino.
Entonces nuestros Carias enviaron un correo á
nuestro capitán en el pueblo y pidieron y suplica-
ron que fuésemos en su ayuda, que ellos estaban
acampados en un bosque, que no podían moverse
ni para atrás ni para adelante, y también que esta-
ban rodeados por los Maygennos.
Cuando nuestro capitán esto supo no perdió un
momento é hizo reunir los caballos y 150 Cristia-
nos y 1.000 Garios de los nuestros; el resto de la
gente tenía que quedarse en el real y defenderlo,
porque los Maygennos nuestros enemigos no lo
sorprendiesen durante nuestra ausencia; en segui-
da marchamos con los dichos caballos, 150 Cris-
tianos y 1 .000 Carlos ó Indios en auxilio de los
susodichos Garios nuestros. Después que los May-
gennos nos vieron y observaron, abandonaron ellos
su real y huyeron á prisa de allí; nosotros también
los perseguimos, pero sin poderlos alcanzar. Mas
como les fué al fin y al cabo, [eso que] marchába-
mos de regreso á nuestra ciudad, de donde había-
mos salido, será asunto para después. Así pues
llegamos á los Carlos y dimos con muchos muer-
tos de ellos y de los enemigos Maygennos, cosa
que nos causó admiración; pero nuestros amigos
los Garios, que aun quedaban con vida, se alegra-
252
ULRICH SCHMÍDEL
ron mucho porque habíamos llegado nosotros pa-
ra ayudarlos. Después marchamos juntos con ellos
de regreso á nuestro real y nos quedamos allí 4
días largos, y teníamos en este pueblo de los May-
gennos abundancia de comida y todo lo nece-
sario.
Allí nos pareció bien á todos juntos llevar á
cabo nuestro proyectado viaje, ya que se nos pro-
porcionaba la ocasión de experimentar cómo era
la tierra, por eso también nos pusimos en camino
y marchamos 13 días largos, hay más ó menos á
nuestro juicio 72 millas (leguas) á una nación lla-
mada Karckhokies, y cuando estábamos en los
primeros Q días de este viaje llegamos á una tierra
que tenía de largo y de ancho 6 millas (leguas) de
camino, en que no había otra cosa que pura sal de
buena calidad, tan gruesa que parece que hubiese
nevado; la tal sal se conserva invierno y verano
En esta tierra de salinas permanecimos 2 días
de tiempo, porque no sabíamos por donde salir
ni por qué camino tomar para acabar con nuestro
(1) No conduce á nada querer identificar á estos Indios, que eran de los
Tamacocas y Corocofoquís nombrados por Irala, carta de 1555, ed. cit. — Son
los Zamucos de Jolís, Chamacocos de Boggiani, Chiquitos y otras nacio-
nes de esa región. Véase la carta de Martín González, Ap. P, § § 27 á 35.
El desgraciado fin del explorador Guido Boggiani en 1901, nos ha privado
de una nueva oportunidad de conocer á fondo esta región del punto de vista
etnográfico. Por ahora quedamos en lo cierto, que Irala anduvo por tierras
de Chamacocos, Chiquitos, Mojos y Chiriguanos, de acá para alláy bus-
cando El Dorado, y haciendo algunas de las cosas que le imputa Martín
González, carta indispensable para el estudio de la relación de nuestro
autor. Ver Pról. Cap. XI, §§ 65 á 71. Ap. P.
(2) En el mapa del P. Jolis (Gran Chaco) al N. del paralelo 20°, y entre los
meridianos 317° y 318, en tierra de Zamucos (Chamacocos), están marcadas
unas salinas.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
263
ya emprendido viaje. Aquí nos favoreció Dios el
Todopoderoso, así que tomamos el buen camino y
llegamos, pasados 4 días de viaje, á los Kharckho-
kíes f’); y cuando nosotros estábamos como á 4
millas (leguas) del propio pueblo, mandó allá
50 Cristianos y 500 Garios, para que preparasen
losament (alojamiento). Después que nosotros ya
habíamos entrado en el pueblo, encontramos allí
una gran nación reunida, como no habíamos visto
otra igual en este viaje, por lo que nos pusimos en
bastante cuidado. Pero en este apuro hicimos que
uno de los nuestros volviese atrás é hicimos saber
al capitán el lance que nos esperaba para que vi-
niese á socorrernos lo más pronto posible; y tan
luego como nuestro capitán recibió el tal mensaje,
se apareció esa misma noche con toda la gente y
esa mañana entre 3 y 4 estaba ya con nosotros.
Mas los Karkhokhles ignoraban que tenían que ha-
bérselas con más gente que nosotros los de antes,
y así no pensaban en otra cosa que en la derrota
segura que nos esperaba. Pero después que ellos
comprendieron y vieron que nuestro capitán había
llegado con más gente allí, quedaron muy pesaro-
sos, en seguida nos manifestaron su buena volun-
tad y pacífica intención en todo, porque otra cosa
ya no podían hacer, sin exponer á sus mujeres, é
hijos y á su pueblo; mientras tanto nos traían carne
de venados, gansos, gallinas, ovejas (guanacos)
avestruces ennden (antas), conejillos y más otras
(1) Kharckhokies . la descripción pueden ser nación de los Chirigua.
nos, pero más probable es que sean los Corocotoques, Ap. P, § 34.
264
ULRICH SCHMÍDEL
piezas de campo y aves, de que había gran abun-
dancia en la tierra.
Ellos los Indios se ponen una piedra redonda y
azul del tamaño de una dama en los labios. Sus
defensas ó armas son dardes (dardos), arcos y fle-
chas, y más, payeses hechos de annda (anta) ó
sean rodelas. Pero sus mujeres tienen un canutillo
asegurado á los labios en el que meten ellas una
piedra verde ó gris. También visten un dipoe
(tipoy) que se teje de algodón, del tamaño de
una camisa, pero no tiene mangas; y son mujeres
hermosas, porque no hacen otra cosa que coser y
cuidar la casa; el hombre tiene que trabajar en el
campo y procurar todo lo necesario.
CAPÍTULO XLVHl
DE LOS MACHKAISÍES Y LLEGADA AL PERÚ
De allí marchamos nosotros á los dichos Mach-
kaisies y nos llevamos algunos de los Korchkay-
kies para que nos mostrasen el camino; y cuando
estábamos á 3 días de viaje de este pueblo, de allí
los dichos Karchkokies nos dejaron callados, no
por esto dejamos de viajar y llegamos á un agua
corriente llamada Machkaysies, que tiene milla
(legua) y media de ancho, y cuando llegamos allá
(1) Estos usos y costumbres son de los Chiriguanos. Véase nota anterioFi.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
265
no dábamos nosotros con un vado seguro para
pasarlo; así pues, Dios, nuestro Señor, nos conce-
dió su Divino favor, mediante el cual logramos
pasar esta agua, es decir, en la forma que sigue ;
hicimos unas pequeñas balsas para cada 2, de
palos y ramas, y nos dejamos llevar aguas abajo,
esto mediante llegamos á la banda del agua; y en
el pasaje este se ahogaron de la gente nuestra 4
personas de una de las balsas. ¡Dios nos favorez-
ca [á ellos y] á nosotros! Esta agua da buen pesca-
do, iten fieras como tigres muchas, y está á no más
de 4 millas (leguas) de camino de los Machkay-
sís.
Después que nosotros ya nos acercábamos á
algo más que una milla (legua) larga de camino de
los dichos Machkaysis, allí nos salieron al encuen-
tro y nos recibieron muy bien, y en seguida nos
empezaron á hablar en español; nos quedamos
fríos donde estábamos y acto continuo les pregun-
tamos á quien estaban sometidos, ó á quien tenían
por señor; contestaron ellos á nuestro capitán y á
nosotros, que eran súbditos de un caballero en Es-
paña, llamado Peter Ansuless (Pedro Anzures)
Entramos, pues, nosotros en el pueblo de ellos y
encontramos que los chicos, como también algu-
nos hombres y mujeres, estaban todos comidos de
un insecto, que se parece á una pulga; éstos, si lle-
gan á meterse entre los dedos de los pies de la
(1) La nota á la edición de 1889 propone identificación con los Machi-
cuy s, cosa imposible. Ver Prol. XI, § 73, al fin.
(2) Fundador de La Plata, ó Chuquisaca en los Charcas.
266
ULRICH SCHMÍDEL
gente, salvando los respetos sea dicho, ó cualquier
otra parte del cuerpo, allí comen y penetran hasta
que sale al fin un gusano allí, como los que se ha-
llan en las avellanas; pero hay que sacarlos opor-
tunamente, para que no se echen á perder tas car-
nes; pero si se deja pasar demasiado tiempo, aca-
ban por comerse los dedos enteros: mucho se
podría contar sobre esto De nuestra tantas ve-
ces citada ciudad Nostra Singnora de Sunssión á
este pueblo Machkaysies, por tierra hay 377 millas
(leguas) ® según la altnere (altura)
Ahora, pues, unos 20 días de tiempo estuvimos
acampados en este pueblo de tos Machkaysies. Por
esos días nos llegó una carta de una ciudad llama-
da Lyeme (Lima) en el Perú; allí en aquella sazón
se hallaba el gobernador principal por la Cesá-
rea Majestad con el nombre de presente (Presiden-
te) ó lizenziate (Licenciado) de Cascha (La Gasea),
quien por aquel entonces había hecho cortar las
cabezas á Connsulo Presero (Gonzalo Pizarro) y
á otros nobles y plebeyos que hizo decapitar jun-
to con él, ó condenar á galeras; es decir, que así
lo hizo, porque el dicho Consulo Piesiero (Gonza-
lo Pizarro), ya finado, no quiso sometérsele al li-
cenciado de Cascha (La Gasea), sino que se alzó
(1) Se trata del pique ó nigua, tan general en los países cálidos de nuestra
América.
(2) La Asunción está en 25® 20* de Lat. S. y 60® Long. O. de París. Los
Machkaysies no podían estar muy lejos de los 20® Lat. y 65® Long. Se ve,
pues, que anduvieron de acá para allá; porque en línea recta no podían ser
ni la mitad de las 377 leguas.
(3) Altnere por Altuere, confusión de n por u.
(4) Oberster Statthalter.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
267
con la tierra contra la Cesárea Majestad; por esto
el dicho presente de Cascha (Presidente La Gasea),
en nombre de la Cesárea Majestad, con demasia-
do rigor le dio su merecido; porque muchas veces
sucede que uno hace más que lo que el mandato
de su superior le faculta á hacer, y que lo que
le ha encargado su señor, como suele suceder en
el mundo. Yo tengo para mí que la Cesárea Ma-
jestad le hubiese perdonado la vida al dicho
Connsulo Piesiero (Gonzalo Pizarro), si él en perso-
na imperial lo hubiese prendido; esto le dolía, que
se le impusiese señor en lo que eran bienes suyos;
porque esta tierra del Perú era á todas luces de-
lante de Dios y del mundo, de él Consulo Piesiro,
en razón de que él junto con sus hermanos
Margóse (el Marqués) y Ernando Piesieron (Her-
nando Pizarro), habían sido los primeros de todos
que descubrieron y conquistaron la tierra del tal
reino. Esta tierra con razón se llama tierra rica;
porque todas las riquezas que posée la Cesárea
Majestad salen del Perú y de Nove Hispaniam
(Nueva España) y Terra firma (Tierra Firme)
Pero la envidia y el odio son tan grandes en el
mundo que el uno al otro no se quiere el bien; así
también le aconteció al pobre Connsulo Piesiero,
que un rey había sido, y después se le había he-
cho cortar la cabeza. ¡Dios lo favorezca! Mucho
(1) ¿Qué contestarían á esto Atau-Uailpa y las demás víctimas de la Con-
quista?
(2) México.
(3) La costa boreal de la América del Sud.
268
ULRICH SCHMÍDEL
habría que escribir sobre esto, pero el tiempo no
lo permite.
Ahora esto era lo que la antedicha carta decía,
que, en nombre de la Cesárea Majestad, nuestro
capitán Marthín Domenigo Eyolla con su gente
de guerra no se moviese de allí so pena de cuerpo
y vida sino que esperase allí entre los Maygosís
hasta nuevas órdenes. Mas lo cierto del caso es
probable que fuese, que el gubernator (Goberna-
dor) temía, que nosotros no hiciésemos algún albo-
roto contra él en la tierra juntándonos con los que
se habían escapado de allí y habían huido á los
chacos y á los cerros y eso es precisamente lo
que también hubiese sucedido al habernos juntado
los unos con los otros; lo hubiésemos corrido de la
tierra nosotros al gubernator (Gobernador). Pero
el dicho gubernator (Gobernador) hizo un con-
venio con nuestro capitán y le dedicó un gran
regalo, con lo que él lo tranquilizó y se aseguró la
vida de aquel lance; nosotros la gente de guerra
no sabíamos nada de estas componendas, que de
de haberlas sabido, lo habríamos atado de pies y
manos á nuestro capitán y llevado al Perú
Después de lo cual nuestro capitán envió al Perú,
al gubernator (Gobernador), 4 mensajeros, y uno
(1) Pey leib unnd pey leben—so pena corporal y capital. Véase la Carta de
Irala, 1555. Apénd. C bis.
(2) Se advierte la anarquía que reinaba en el real de Irala, de la que tanto
se queja éste. Carta Ibid.
(3) Irala se queja amargamente de la insubordinación de su gente y del
mal ejemplo de los Oficiales Reales, pero en palabras muy medidas. Carta
Ibid.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
269
capitán llamado Nufflo de Schaifess (Ñuflo de
Chaves) el otro Unngate (Pedro de Oñate), el
tercero Michel Pude (Miguel de Rutia), el cuarto
Abai de Kprthua (Rui García) Estos 4 compa-
ñeros llegaron al Perú en mes y medio, y primero
á una ciudad llamada Poduesies (Potosí) en se-
guida á otra llamada Kuesken (Cuzco) la tercera
Bille de le Platte (Chuquisaca) y la cuarta capital
llamada Líeme (Lima); estas 4 son las más principa-
les ciudades y más ricas del Perú.
Allá cuando estos 4 mensajeros llegaron á la
primera ciudad Poduesis (Potosí) en el Perú, allí
se quedaron los 2 llamados Michel Paedt (Miguel
de Rutia) y Abale por causa de debilidad, porque
se habían enfermado en el viaje; y los otros dos
Naeffle (Chaves) y Ungenade (Oñate) siguieron
viaje por la posta y llegaron á Líeme (Lima) í®) á lo
del gubernator (Gobernador); los recibió pues muy
bien y les tomó relación de todo, de como se
habían arreglado las cosas en la tierra del Río de le
Platta, y mandó después que los alojasen bien y
(1) Irala dice que él mandó á Ñuflo de Chaves, Los otros irían de parte de
los sublevados. — Carta citada. Ruy Díaz dice que Ñuflo de Chaves y Miguel
de Rutia fueron de parte de Irala, y Rui García de los otros. — Ed. 1882,
p. 121.
(2) Abai de Korthua. Ver Arg. ut supra.
(3) Si es cierto que Potosí (68® 20’, por 19®30’) fue la primera, ello preci-
saría el punto de entrada.
(4) Si el Cuzco fué la segunda, mal pudo ser La Plata (Sucre hoy) la terce-
ra, si marchaban camino de Lima.
(5) Aquí reitera que entraron por Potosí.
(6) Entrarían por Potosí y el Cuzco á Lima, y volverían por el Cuzco y
Chuquisaca ó La Plata.
(7) Relazion.
270
ULRICH SCHMÍDEL
los tratasen lo mejor posible, también Ies regaló á
cada uno 2.000 ducados. Después de esto el gu-
bernator encargó á Nueffle Schaifies (Ñuño de
Chaves) que le escribiese á su capitán, para que se
estuviese él con su gente allá entre los Marchkay-
sies hasta nueva orden, pero que no les tomase
nada ni hiciese mal, no siendo cosa de comer que
hubiese allí; porque nosotros sabíamos muy bien
que había rescates de plata entre ellos; pero como
eran súbditos y vasallos de un Español no nos atre-
víamos á perjudicarlos
Pero este correo del gubernator estando en
viaje fué descaminado por un Español, llamado
Parnau ® que estaba en acecho por orden de
nuestro capitán; porque éste desconfiaba que es-
tuviese por llegar otro capitán del Perú á gobernar
su gente, como que también ya por ese tiempo se
había nombrado uno por esta causa mandó él,
nuestro capitán, al dicho Pernau al camino y le
ordenó que si fuese cosa que se tratase de carta,
la trajese él consigo á los Caños lo que á su
tiempo se cumplió.
(1) Le valga la franqueza.
(2) El chasqui ó chasque de los Peruanos.
(3) Nombre desconocido.
(4) Diego Centeno, con jurisdicción desde 23* 33’ Laf. Sur 14 grados
para abajo (37® 33'), y desde la línea del Cuzco y de los Charcas hasta la del
Brasil, con facultad de poblar ciudades fuera de estos límites. Murió sin re-
cibirse.— Ver Herrera, Año 1548, Dec. VIII, Lib. V, Cap. I.
(5) Irala se había retirado de los demás, y andaba solo. La Providencia
parece que prefería el «malo» de Irala á los «buenos» que morían ó des-
aparecían para hacerle lugar.
VIAJE AL Rio DE LA PLATA
271
CAPÍTULO XLIX
DE LA TIERRA DE LOS MARCHKHAYSÍES.— REGRESO AL
RÍO DE LA PLATA. — ALZAMIENTO DE DIEGO DE
ABREU.
De tal modo se había manejado y tanto había
hecho nuestro capitán allí con la gente, que en
razón de víveres ya no podíamos permanecer más
entre los Marchkhaysies; porque los víveres que
teníamos no alcanzaban para un mes; mas si nos-
otros hubiésemos sabido, que se nos iba á pro-
veer ó nombrar un [nuevo] gubernator, no nos
hubiésemos movido de allí, hubiésemos hallado
harta comida y remedí (remedio) (á la cosa) pe-
ro en el mundo todo es picardía Después
marchamos nosotros de regreso á los Harchkokoes
(Corocotoquis) w. Debía yo haberos contado
también, á saber, que los dichos Machkaysis tie-
nen una tierra tan fértil que no se había visto otra
igual hasta entonces; por ejemplo, cuando un Indio
sale al monte ó selva, y en el primer árbol que allí
(1) Probiedo.
(2) A no dudarlo, pero con perjuicio.— Ver Carta de Irala. Ap. C bis.
(3) Hasta el no dejar que la hagan con los Indios de paganos. La fran-
queza del autor encanta.
(4) Donde determinó Irala «aguardar». Era «provincia de los Corocoto-
quiSf 52 leguas distantes destos Tamacocas, así por mi palabra como por
la de los oficiales de V. A. contra mi voluntad^ y de hecho, trataron los ofi-
ciales de V. A. de dar vuelta á esta ciudad de la Asunción etc.». Ap. C bis.
(5) Esto precede en la versión castellana.
272
ULRICH SCHMÍDEL
encuentra abre un agujero con el hacha, de él sal-
tan unas 5 ó 6 medidas de miel tan pura como
almíbar; las tales abejas son muy pequeñas y no
pican. La tal miel, que [es] de la buena, se puede
comer con pan ó con cualquier otra comida, se
hace también de ella buen vino, como en esta tie-
rra (Baviera) hidromiel; [es] aun mejor y más sabro-
sa al paladar (i).
Cuando después de esto llegamos nosotros á los
antedichos Worckhobosíes (2), todos ellos con mu-
jeres é hijos habían huido de allí y se ponían á buen
recaudo de miedo de nosotros; pero mejor les hu-
biese estado quedarse en su pueblo; porque al
punto les envió nuestro capitán otros Indios y les
hizo decir que debían volver á sus pueblos y que
se dejasen de tenernos miedo, que no se Ies irroga-
ría perjuicio alguno; mas ellos no quisieron hacer
caso de ello sino que por contestación nos man-
daron que despejásemos el pueblo, porque de no,
nos arrojarían de allí á la fuerza.
Después que nosotros nos hicimos cargo de la
tal cosa, nos dispusimos á toda prisa y marchamos
contra ellos, no obstante que entre nosotros la
gente de pelea había algunos cuyo parecer y de-
seo era que se mandase al capitán y se le hiciece
decir, que no debía marchar contra aquellos, por-
(1) La edición Hakluyt tiene aquí una nota inexplicable, p. 77. La miel
de los camoatí es una cosa, la miel de palo es otra, y se saca como lo des-
cribe Sehmidel: los árboles de los Chacos están llenos de esta miel.
(2) Corocotoquis.
(3) Esta relación en el fondo concuerda con las quejas de Irala en su carta
ya citada. No era ya él jefe de la expedición, sino Gonzalo de Mendoza.
VIAJE AL Río DE LA PLATA
273
que ello podría ser causa de una gran hambruna
en la tierra, de suerte que si se ofreciere pasar del
Perú al Rio delle Plata, no encontrarían allí nada
de comer mas nuestro capitán y la comuni-
tett (comunidad) no quisieron entrar por ello,
sino que siguieron el antedicho propósito y mar-
charon contra los dichos Wockhhobosíes (Coroco-
toquis) y cuando ya estábamos nosotros como
á 1 ¡Imilla (legua) de camino de ellos ya habían sen-
tado sus reales al abrigo de 2 cerros y bosques á
los 2 costados, porque, llegado el caso de que nos-
otros los venciésemos, pudiesen ellos escaparse de
nosotros con más facilidad. Pero la cuenta les sa-
lió mal parada: aquellos que nosotros alcanzamos
tuvieron que quedar allí ó ser nuestros esclavos;
así que en la tal escaramuza nos ganamos ® hasta
unos 1.000, sin contarlos que matamos hombres,
mujeres y niños
Después de estos nos quedamos 2 meses largos
en este pueblo que era tan grande como serían
cualesquiera 5 ó 6 de los otros. Así, pues, mar-
chamos adelante hasta el pueblo donde habíamos
dejado los 2 antedichos navios de que se trató en
la f. (48) W y estuvimos en el viaje año y medio, en
que nosotros no hicimos más que guerrear con los
(1) Pfofant.
(2) Capitán— en este caso ya no era Irala.
(3) Cotniinitett~~hQ.siz. esta palabra para comprender el estado de subleva-
miento en que se hallaba la expedición.
(4) Carta de Irala. Apend. C bis.
(5) Irala lo trata de— «Ca5£7 puA* cierto feo>. Ibid.
(6) La de siempre.
il) Cap. XLIV.
18
274
ULRICH SCHMÍDEL
demás, y en este viaje nos hicimos de hombres,
mujeres y niños hasta el número de 12.000 /7^/"S£7-
ñas obligados á ser nuestros esclavos; tam-
bién me tocaron por mi parte unas 50 personas
entre hombres, mujeres y niños.
Y eso que nosotros llegamos á las naos (2) nos
avisó la gente que habíamos dejado en estos na-
vios bergentín (bergantines) de como, en nuestra
ausencia, un capitán llamado Diego Abriegenn
(Diego de Abrego) natural de Sievilla en Hispa-
nia, por propia cuenta, y un capitán con el nombre
de thonn Fran. Manthossa (don Francisco de
Mendoza) que nuestro capitán general Dome-
nigo Marthin Eyolla (Irala) había nombrado para
capitán de los 2 navios y de la gente misma, ha-
bian armado un gran alboroto entre ellos, preten-
(1) Personn. ¡Pobres Indios!
(2) El 13 de Marzo de 1549 fué elegido Irala nuevamente teniente de Go-
bernador en el puerto de San Fernando. — Ver Probanzas á la Carta de Ita-
la. Ed. 1881, p. 135. Ruy Díaz dice que llegaron a! puerto á fines de 1549.
Arg. p. 122. Ed 1882. Irala dice que llegaron á principios de Marzo.
(3) O sea Diego de Abreu.
(4) La mejor fuente que tenemos para conocer estos acontecimientos es
la carta del mismo Irala de fecha 1555. El 10 de Noviembre 1548 se «desis-
tió del cargo» Irala, y los Oficiales nombraron á Gonzalo de Mendoza. Ha-
cen de las suyas con los Indios. En Marzo del 49 al llegar á San Fernando
saben que «Diego de Abrigo» le había cortado la cabeza á Francisco de
Mendoza, teniente de Irala, en la Asunción. El 13 de Marzo es reelegido
Irala por los mismos Oficiales Reales y marcha contra Abreu. Lo que pasó
se cuenta en la carta tantas veces citada.
En Enero de 1553 sale Irala de la Asunción, regresa por los desasosiegos
de Abreu, vuelve á salir á su expedición, y de vuelta en Septiembre de 1553
halla que habían muerto á Diego de Abreu. Esto es oficial y cierto. No se
comprende como Herrera incluye el alzamiento y muerte de este capitán ba-
jo ios años 1545 y 46. Dec. VII, Lib. X. Cap. 15 y Dec. VIII, Lib. II, Cap.
17, p. 43. Ed. Mad. Si Herrera pudo equivocarse asi, hay que disculpar
muchos errores de Schmidel.
VIAJE AL Rio DE LA PLATA
275
diendo éste que él y no otro debería mandar y
gobernar en la ciudad, durante la ausencia,
mientras que el dicho Diego de Abriego (Diego
de Abreu ó Abrego) quería mandar sólo; mas thonn
Francisco Manthossa, como capitán delegado y lu-
garteniente de Marthín Domenigo Eyolla (Irala),
no quería consentírselo A todo esto se armó una
merienda de negros entre ellos, hasta que por fin
Tiego de Abriego quedó dueño del campo, y de-
rrotó y le cortó la cabeza á thonn Fran Man-
thossa.
CAPÍTULO L
MOTÍN DE ABREU. — SCHMIDEL RECIBE CARTAS DE
ESPAÑA.
Entonces sin perder un instante puso á toda la tie-
rra en alarma y quiso marchar contra nosotros aquí,
y primero se fortificó en la ciudad; mientras esto
llegamos nosotros con nuestro capitán Marthín
Domenigo Eyolla (Irala), á las puertas de la ciu-
dad, mas ni así quiso él dejarlo entrar á nuestro
capitán, ni tampoco entregarle la ciudad, ni mucho
menos reconocerle por señor.
Después que nuestro capitán se apercibió de la
tal cosa, le pusimos nosotros cerco á la ciudad
(1) Connsenthiren.—Vtt nota anterior.
(2) Pettlersdanz.
276
ULRICH SCHMfDEL
Nostra Signara de Sunssión; después de lo cual la
gente de pelea que estaba en la ciudad, cuando
vieron que la cosa era de veras de parte nuestra,
salían diariamente adonde nosotros estábamos en
el campo y le pedían perdón á nuestro capitán.
Cuando el dicho Diego de Abriego (Abrego)
conoció cuál era la conducta de su gente, y que no
se podía fiar de ella, por otra parte recelaba que
cualquier noche de esas tomásemos la ciudad por
traición, que era lo más probable que allí aconte-
ciese, se aconsejó él con sus mejores compañe-
ros y amigos, y averiguó cuáles eran los que esta-
ban dispuestos á salir de la ciudad con él; así se
llevó consigo cerca de 50 hombres; los demás, tan
luego como salieron de la ciudad los que iban con
el Diego, se plegaron á nuestro capitán y le entre-
garon la ciudad y le pidieron perdón; así se los
prometió el capitán y eptró en la ciudad.
Mas el dicho Diego de Abriego (Abreu) mero-
deó con los 50 Cristianos en unas 30 millas (le-
guas) de camino á la redonda, así que nosotros no
pudimos vencerlos; y estos dos caudillos se hicie-
ron la guerra el uno al otro durante 2 años ente-
ros, de suerte que el uno por causa del otro no se
contaba seguro; porque el Diego de Abriego (Abre-
go) no se quedaba mucho en lugar alguno; hoy
allí, mañana en otra parte, y donde nos podía per-
judicar no se descuidaba él, porque hasta se pa-
recía á un salteador de caminos. En suma si
(1) Ver la carta de Irala. Apend. C bis.
(2) Jnn suma.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
277
quería nuestro capitán estar en tranquilidad tenía
que buscar arreglo con el Diego, y pactó un casa-
miento con sus 2 hijas que dio él á los 2 pri-
mos del Diego (Abreu), llamados el uno Aluiso
Richkell (Alonso Riquelme de Ouzmán), ® y el
otro Francisco [Vergara] (Francisco Ortiz de Ver-
gara), y recién cuando se concertaron los tales ca-
samientos conseguimos estar en paz entre nos-
otros.
Por el mismo tiempo me llegó una carta de His-
pania por Sevilla y del factor de Fuckher, llamado
Chriestoff Reysser, á saber, de como á la misma
persona le había escrito Sebastián Neithart, por
pedido de mi finado hermano Thoma Schmidl, por
si fuese posible que se me ayudase á regresar á mi
tierra, lo cual él, el dicho Chriestoff Reysser, cou
toda diligencia de su parte había solicitado y
tratado de cumplir, á lo que se debió que me llegó
la carta, la cual recibí yo el año 1552, el día 25
de Julio, ó sea el día de Santiago.
(IJ Los casamientos fueron 4, uno de ellos con Gonzalo de Mendoza,.
(2) Padre del historiador Ruy Díaz de Guzmán.
(3) Mann.
(4) Solicítiért.
(5) La «víspera de Santiago del dicho ano de 52, llegó á esta ciudad Her-
nando de Salazar, etc.». Carta de Irala, 1555. Apénd. C bis. Este traería
las cartas á que se refiere Schmidel. No puede darse una concordancia más
completa.
278
ULRICH SCHMÍDEL
CAPÍTULO LI
EL AUTOR EMPRENDE VIAJE DE VUELTA — BAJA POR
EL RÍO DE LA PLATA Y SUBE POR EL PARANÁ
Después que leí yo la carta, sobre la marcha
pedí licencia á nuestro capitán Thomenigo Martín
Eyolla (Irala), mas él al principio no quiso dárme-
la; pero más tarde tuvo él que reconocer mi largo
servicio prestado, desde que yo por tantos años
había servido fielmente á la Cesárea Majestad en
tierra, y que por él, capitán Eyolla (Irala) muchas
veces había puesto en peligro cuerpo y vida y que
jamás lo había abandonado; de esto debió acor-
darse él y me dió licencia, me encomendó también
carta para la Cesárea Majestad, es decir, para que
en ella hiciese él saber á Su Majestad cómo se
estaba en la tierra Rio delle Platta, y qué era lo
que en ella había acontecido durante el tal tiempo.
Las tales cartas las entregué yo á los Consejeros
de la Casárea Majestad en Sevilla, á quienes yo
también de palabra hice relación y di buena cuen-
ta de la tierra.
Y cuando yo ya tuve todas mis cosas dispuestas
para el viaje, fué que me despedí amistosamente
del capitán Marthin Domenigo Eyolla (Irala) y de
los demás buenos compañeros y amigos; me llevé
también 20 Indios Caríos, que cargasen con lo
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
279
necesario para un viaje tan lejos; porque cada uno
tiene que calcular lo que puede precisar para el
camino.
Y 8 días antes que yo debía partir, llegó uno del
Presiel (Brasil); trajo noticia, de cómo precisamen-
te debió haber llegado allí un navio de Liesebonna
(Lisboa) en Portugal, el cual pertenecía al muy ho-
norable y discreto señor Johann von Hielst allá en
Lisabona (Lisboa), un comprador ó un factor del
Erasmus Schezen en Amberes.
Y cuando yo hube averiguado cuanto tenía que
decirme me puse en marcha en nombre de Dios
el Todopoderoso el año 1552 á 2ó de Diciembre
y día de San Esteban, y abandoné el Río delle
Platta, partiendo de la ciudad Nostra Singnora
de Sunssionn con 20 Indios y 2 cananen (canoas),
y primero llegamos á las 26 millas (leguas) á un
pueblo llamado Juegrichsaibe (Yeruquihaba)
allá en ese pueblo se me juntaron 4 compañeros,
2 Españoles y 2 Portugueses, los mismos que no
traían licencia del capitán. De allí marchamos
juntos y llegamos como á las 15 millas (leguas) á
un pueblo grande llamado Barey P); de allí mar-
chamos 4 días de viaje, 16 millas (leguas), hasta
(1) Ver Cap. XLIII. Las distancias no concuerdan de los dos lugares, ni
la dirección. Posible es que haya habido dos pueblos de Indios del mismo
nombre. Indios encomendados cambiaban de local y llevaban el nombre
consigo.
(2) Para poder identificar estos lugares hay que conocer la documentación
local del Paraguay. Las 57 más 54 leguas las cuento yo hasta la confluencia
del Paraguay y Paraná, por las muchas vueltas que da el río y algo por error
xle cálculo. Aun nos falta un estudio de geografía histórica del Paraguay y
Brasil, con el texto del verdadero Schmídel en la mano.
280
ULRICH SCHMlDEL
llegar á un pueblo llamado Oebareche; de éste
marchamos nosotros Q días de viaje, 54 millas (le-
guas), hasta un pueblo llamado Barode Allí nos.
quedamos 6 días largos, porque buscábamos víve-
res y cannanen (canoas); visto que teníamos nos-
otros que navegar 100 millas (leguas) aguas arriba
del Parnau (Paraná) y llegamos á un pueblo
llamado Gienge allí quedamos 4 días. Hasta
aquí en este pueblo todo obedece á la Cesárea
Majestad, y es tierra de Carlos
CAPÍTULO Lll
PASAN POR LOS TUPÍ.— SU DESCRIPCIÓN. — LLEGAN
AL PUEBLO DE JUAN KAIMUNNELLE (RAMALEO)
Ahora empieza la tierra del Rey de Portugal, á
saber, la de los Thopiss (Tupí); ahí tuvimos que
dejar el Parnau (Paraná) y las cannanon (canoas),
y marchar por tierra á los Thopis (Tupí), y cami-
namos 6 semanas largas por desiertos, cerros y
valles, en que [por miedo] de las fieras del campo
no podíamos dormir tranquilos ; y hay entre el suso-
dicho pueblo Gienge y los Thopis 126 millas (le-
(1) Aquí parece que tomaron el Paraná con intención de navegar 101>
leguas aguas arriba.
(2) Profannt.
(3) Más ó menos hasta el Iguazú. Ver Nota anterior 1.
(4) Pudieran ser Cainguás.
(5) En tierra de Portugal ya eran Indios Tupí.
VIAJE AL Rio DE LA PLATA
281
guas, de camino. Estas naciones Thopis se comen
á la gente, cuando es enemiga; no hacen otra cosa
que andar siempre en guerra, y cuando vencen á
sus enemigos, conducen ellos los prisioneros á su
pueblo tal y como en la tierra aquí (Baviera) se
dispone una boda; y cuando es llegado el tiempo
en que quieren acabar con los prisioneros ó ma-
tarlos, se preparan ellos una gran ceremonia con
este fin; pero hasta tanto por lo que es el hombre
prisionero, se le da cuanto se le antoja ó que pue-
de desear, como ser mujeres con quienes holgar ó
cosas de comer, lo que el corazón le pida, hasta
que llega la hora en que tiene (de morir) Su
gusto y su encanto está en la guerra perpétua.
Iteti [ellos] beben, y comen y están día y noche
borrachos; también son amigos del baile, y llevan
á tal extremo la vida de adulterio, que no es para
contada; es una gente fiera, ambiciosa y soberbia;
hacen vino del trigo turco (maíz) con el que se lle-
nan, tal como cualquiera aquí se toma el mejor de
los vinos; tienen idioma parecido [al de] los Ca-
rias, con los que bien poca es la diferencia que
hay P).
De allí llegamos nosotros á un pueblo llamado
Karieseba son también Thopis, están de guerra
con los Cristianos, mas los anteriores son amigos
de los Cristianos ; eso que llegamos el Domingo
(1) El cautiverio de Hans Stade de Hesse, 2.® Parte, Cap. XXVIII.
(2) Esta observación de Schmídel nos prueba que se daba cabal cuenta de
lo que eran las diferencias entre las lenguas é idiomas de las «naciones» que
visitó.
(3) Kctñesebá,~Qomo si fuese algún pueblo de Carlos.
282
ULRICH SCHMÍDEL
de Palmas á 4 millas (leguas) de un pueblo, nos
convencimos que teníamos que guardarnos bien
de los Karleseba; y esta vez, con ser que estába-
mos en tanta escasez de bastimento tuvimos sin
embargo que caminar un poco más en busca de
comida, pero no pudimos contener á 2 de nues-
tros compañeros, que á pesar de nuestro buen
consejo se metieron en el pueblo; les prometimos
pues esperarlos, lo que allí también se cumplió.
Pero ni bien entraron ellos al pueblo fueron muer-
tos y comidos en seguida. ¡Quiera Dios apiadarse
de ellos! Amén.
Después de esto se nos presentaron estos mis-
mos Indios en número como de 50 hombres á dis-
tancia de 30 pasos; traían puesta la ropa de los
Cristianos y se pararon y platicaron con nosotros;
pero es costumbre entre estos Indios, que si algu-
no se para á pocos pasos de su enemigo y platica
con él, nada de bueno le está urdiendo. A esto
cuando lo advertimos, nos preparamos lo mejor
que pudimos con nuestras armas y Ies preguntamos
adonde habían quedado nuestros compañeros, allí
dijeron ellos que estaban en su pueblo y que nos-
otros también deberíamos pasar allá; mas nos-
otros no lo quisimos hacer, porque bien les conoci-
mos la mala intención. En seguida nos hicieron
disparos con sus arcos, pero no nos resistieron
mucho tiempo, sino que dispararon á su pueblo y
al punto trajeron de allí hasta unos 6.000 contra
(1) Profandi.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
283
nosotros; pero nosotros en tal apuro no teníamos
más amparo que un bosque grande y cuatro arca-
buces junto con 20 (60) Indios de los Carlos,
que nos habíamos traído de la ciudad Nostra
Singnora de Sunssión; así, pues, nos sostuvimos
allí unos 4 días con sus noches, en que nos hacía-
mos continuas descargas, y en la cuarta noche
con todo sigilo abandonamos el bosque y mar-
chamos de allí, porque no teníamos mucho que
comer, y los enemigos también empezaban á lle-
varnos ventaja; como dice el refrán: porque son
muchos los perros muere la liebre.
De allí marchamos nosotros 6 días seguidos por
bosques desamparados, como que en mis días (y
eso que he andado la seca y la meca) no he visto
iguales, ni he viajado por camino más enmaraña-
do; tampoco teníamos que comer, y por eso había
que remediarnos con miel y raicecillas que encon-
trábamos; también se apoderó de nosotros descon-
fianza de que el enemigo nos alcanzase, si nos
permitíamos aunque no fuese más que el tiempo
para cazar alguna salvagina del campo.
Así llegamos á una nación llamada Biessaie
(Mbiagá), allí paramos 4 días largos é hicimos
bastimento, mas no nos atrevimos á entrar en el
pueblo, siendo nosotros los pocos que éramos.
Cerca de esta nación está un agua (río) llamado
Urquaie (Uruguay) allí vimos víboras ó ser-
(1) Pixenn.
(2) Provincia de Santa Catalina.
(3) Urquaie. Así está.
284
ULRICH SCHMlDEL
pientes, llamadas en su lengua de Indios schue éyba
thuescha es de 14 pasos de largo y 2 braza-
das de grueso en el medio; hacen mucho daño,
por ejemplo, cuando se baña la gente, ó bebe una
fiera de la misma agua ó se pone á nadar sobre el
agua, así se le arrima una serpiente de éstas deba-
jo del agua, nada hasta donde está el hombre, ó la
fiera, y lo envuelve en la cola, zambulle en segui-
da bajo del agua y se lo come; porque siempre
se mantiene con la cabeza á flor de agua y obser-
va á ver si se presenta algo que sea hombre ó bes-
tia, que pueda matar y envolver. ^ 2 )
De allí marchamos nosotros adelante un mes
largo y seguido, 100 millas (leguas) de camino, y
llegamos á un pueblo grande ñamado Scherebe-
thuebá, allí nos quedamos 3 días y estábamos
muy rendidos; no nos había sobrado de comer,
porque nuestro principal alimento era miel, con lo
que estábamos todos sin fuerzas; así, pues, cual-
quiera puede con lo dicho hacerse cargo de los
peligros y de la pobre y mala vida que fué la nues-
tra en tan dilatado viaje, muy particularmente en lo
tocante á la comida, bebida y dormidas; la cama
*que cada uno traía consigo, pesaba 4 ó 5 libras, (y)
era de algodón W; se hacen en forma de red, se
atan á 2 árboles, y allí se echa encima cada uno;
esto se hace en el bosque bajo del azulado cielo;
(1) No hallo interpretación satisfactoria de estas 3 palabras.
(2) Ver Cap. XVII.
(3) Verubatibá en la provincia del Janeiro. Ver Ed. al. 1889, p. 107,.
Nota 3.
(4) Hamaca.
VIAJE AL Río DE LA PLATA
285
porque si no son muchos los que juntos marchan
por tierra en Indiam (Indias), es más seguro sa-
carla bien en el bosque que en las casas ó pueblos
de los Indios.
Ahora marchamos nosotros á un pueblo que
pertenece á los Cristianos, en que el principal se
llama Johann Kaimunnelle (Juan Ramallo) y
por suerte nuestra no estaba en casa, porque este
pueblo me pareció una cueva de ladrones; fué que
el dicho principal estaba en casa de otro Cristiano
en Vincendo (San Vicente) ® y estos desde ya antes
estaban por entrar en un arreglo entre sí; estos 800
Cristianos, pues, en los 2 pueblos dependen del
rey de Portugal, y del dicho Kaimunnelle (Ramallo),
quien según él mismo lo asegura hace ya 40 años
largos que ha vivido, mandado, peleado y conquis-
tado en tierra de Indias, razón por la que quiere
seguir mandando en la misma con preferencia á
cualquier otro, cosa que el otro tal no se la con-
siente, y por lo tanto se hacen entrambos la guerra;
y este más nombrado Kaimunnelle (Ramallo) pue-
de en un día reunir 50.000 Indios, mientras que el
rey no reúne 2.000; tanto es el poder y el prestigio
de que él goza en la tierra.
Pero sucedió que el hijo del tantas veces nom-
brado Kaimunnelle (Ramallo) había estado allí
cuando llegamos nosotros al susodicho pueblo,
(1) Juan Ramallo, fundador de Piratininga ó San Paulo. Trad. Ing. Ha-
kluyt Soclety, p. 84. Nota.
(2) San Vicente — Provincia de San Paulo — Brasil. Pueblo fundado por
Martín Alfonso de Souza en 1531.
286
ULRICH SCHMÍDEL
quien nos recibió bien, aunque nosotros teníamos
que desconfiar más de él que de los Indios; mas
como aquí nos fué bien, demos siempre gracias, á
Dios el Creador por Cristo Jesús, su único Hijo,
que hasta aquí tanto nos ha favorecido y de todos
modos nos ha amparado.
CAPÍTULO LUI
LLEGADA Á SAN VICENTE. — VIAJE Á ESPAÑA. —
MARAVILLAS DEL MAR
Ahora marchamos algo más adelante á una pe-
queña ciudad llamada 5. Vicendo (San Vicente)
20 millas (leguas) de camino; allá llegamos el año
1553 íz««p Domini, el 13 de Junio, en día de San
Antonio, y dimos con un navio portugués, que es-
taba allí cargado con azúcar, palo de Brasil y al-
godón, y pertenecía al honorable Schezen; su fac-
tor está en Lisabonna (Lisboa), se llama Johann
vonn Huessen, quien á más tiene otro factor allí en
Vincendo (S. Vicente), llamado Petter Rosel.
Iten los antedichos señores Schezenn y Johan
von Halsen tienen allá en la tierra muchos pueblos
y villorrios azucareros, en que se hace azúcar año
redondo. Así, pues, me recibió el susodicho Petter
Rossel muy amistosamente y me trató muy en
(1) Al Sur de Santos fundado en 1531 por Martín Affonzo de Souza.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
287
grande; é! también me recomendó á la tripulación
con que tenía que navegar, y les pidió que se qui-
siesen poner á mis órdenes, lo que después cum-
plió con exactitud el capitán este, y [yo] confieso
que es así; así nos quedamos aún 1 1 días en la
ciudad Vincendo (S. Vicente), para prepararnos y
proveernos de todo lo necesario que puede á uno
hacerle falta en alta mar. Iten echamos 6 meses
largos, de la ciudad Nostra Singnora de Sunssión
hasta la ciudad 5. Vincenndo en Presidí (Brasil) y
hay 476 millas (leguas) de camino.
Después nos hicimos á la vela, en seguida de
habernos despachado de lo que había que hacer,
y salimos de la ciudad S. Vincenndo el año 1553,
anno Domlni, el 24 de Junio, día de San Juan; así
mismo estuvimos nosotros 14 días largos en el pié-
lago ó mar, sin alcanzar un viento favorable, antes
al contrario tormentas y tiempo horrible sin tregua,
así que no podíamos atinar adonde estábamos; á
todo esto se nos tronchó el mástil del navio, que
empezó á hacer mucha agua, así que tuvimos que
acercarnos á tierra y llegamos á un puerto ó bahía
llamada ciudad Spirltu Sanntto (Victoria), está en
Presll (Brasil) en Inndia (Indias) pertenece al
rey de Portugal, hay Cristianos en la ciudad, con
sus mujeres é hijos hacen azúcar, tienen algodón y
palo de Brasil y de otras clases que por allí se en-
cuentran.
En estos lugares del mar entre S. Vicenndo y
(1) Por los 20».
(2) Para teñir, etc.
288
ULRICH SCHMÍDEL
Spiritu Sannto es donde más se encuentra la ba-
llena ó cetáceo hacen mucho daño, por ejemplo,
cuando se quiere navegar de un puerto al otro en
pequeños navios, que al fin son algo mayores que
los navios grandes de aqui en esta tierra (Baviera),
alli se presentan estas ballenas en mesnada y arman
batalla entre si, y si en esto se encuentran con el
navio, alli lo hacen zozobrar con gente y todo. Es-
tas ballenas vomitan ó arrojan agua constantemen-
te por la boca, y una que otra vez tanta cuanta
cabe en un buen tonel de Francia; y el tal golpe
de agua lo produce ella cada y cuando mete la
cabeza bajo del agua y la vuelve á sacar: esto ha-
ce ella dia y noche y quien por primera vez lo ve
se hace de cuenta que tiene un peñasco á la par.
Mucho habria que escribir del pez este.
Iten hay también cantidad de otros peces raros
y maravillas del mar, de las que todo lo que se
puede decir y contar, por más detallado que fuese,
seria poco. Hay otro pez muy grande, se llama en
español sumare esto es en alemán schnub-huet
vischs (pez sombrerero de paja); es este un pez
del que todo lo que se diga y escriba es poco; tal
es de grande, de fuerte y de poderoso el tal pez;
en algunas partes perjudica mucho á los navios;
porque siendo que no corra viento, y que por ello
están los navios encalmados sin poder marchar ni
para atrás ni para adelante; cuando el pez embiste
(1) Walfisches
(2) Surtiere— sin duda por «sombrero*. El autor aquí nos repite los cuentos
que le meterían los marineros, famosos por sus exageraciones é invenciones
acerca de las maravillas que contiene el mar.
VIAJE AL Rio DE LA PLATA
289
a navio con un golpe tan recio, que todo él tiem-
bla y se estremece, entonces al punto hay que arro-
jarle del navio una ó dos grandes pipas; y asi el di-
cho pez se apodera de las barricas, deja al navio y
juega con ellas.
Iten más otro pez muy grande, llamado pesche
spaide (pez espada), esto es en alemán vischsme-
sser ó schwertmesser, hace gran daño á los demás
peces, y cuando aquellos se pelean entre si, es la
cosa como cuando en tierra se juntan 2 caballos
bellacos y se acometen uno al otro : lo cual es di-
vertido ver en la mar; mas cuando los peces pe-
lean entre si, por lo general sobreviene mal tiempo
en Ja mar. Iten más hay otro pez grande y malo,
que supera á todos en aquello de pelear ó batirse;
se llama en español serre pesche (pez sierra), en
alemán sagvischs Hay otros peces más cuyos
nombres no los sé. Iten peces voladores y otros
peces grandes llamados doninnen (toninas).
CAPÍTULO LIV
LLEGADA Á LISBOA Y SEVILLA. PASA Á CADIZ. ESCA-
PADA DE UN NAUFRAGIO
Asi pues navegamos 4 meses largos seguidos en
la mar, sin que viésemos tierra alguna, y conducía-
mos mercaderías del dicho puerto Spíritu Sancto.
(1) Véase el Cap. IV.
19
290
ULRICH SCHMfDEL
Después llegamos á una isla llamada leste de Ter-
zero (Isla Terceira) allí volvimos á tomar víveres,
pan, carne y agua y lo demás que nos faltaba y nos
quedamos allí 2 días enteros; pertenece al rey de
Portugal.
De allí navegamos á Lisebonna (Lisboa) á los 14
días, año 1553, anno domini, Setiembre 30; el día
de Sannt Jerónimo arribamos allí y nos quedamos
14 días largos en la ciudad de Lisebonna. Allí se
me murieron 2 Indios que traía yo conmigo de la
tierra (el Paraguay). De allí viajé per postam (por la
posta) á Sevilla en 6 días — son 72 millas (leguas); y
me quedé unas 4 semanas largas hasta que estuvie-
sen listos los navios; después salí de Sevilla por agua
y llegué en 2 días á la ciudad de 5. Lucas (San Lúcar
de Barrameda) donde me quedé hasta el otro día.
De allí viajé yo un día de camino por tierra y llegué
á una ciudad llamada Portía S. Marie (Puerto de
Santa María), de donde anduve 8 millas (leguas) de
camino por agua y llegué á la ciudad Calles (Cá-
diz), (2) allí á la sazón estaban los navios holandeses,
que debían partir para los Países Bajos; los mismos
que eran unos 25, todos navios grandes, que se
llaman hulckhenn (urcas).
Entre estos 25 navios había uno nuevo, grande
y muy lindo, que sólo había hecho un viaje de
Andorff (Amberes) á Hispaniam; así pues me acon-
sejaron los comerciantes que debía yo embarcarme
(1) En las Azores.
(2) Modo antiguo de pronunciar el nombre según Monlau, Dic. Etim. Ed„
Ai. de 1889, p. 112, Nota.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
291
en este navio nuevo; y el patrón se llamaba
Heinrich Ses; era un hombre honorable y capaz, con
él traté yo y arreglé mi pasage, también la comida
y las demás cosas que faltaban para este viaje, por
todo esto cerré yo trato con él. Esa misma noche
acabé yo de aprestarme de todo, é hice llevar mi;
botín, vino, pan y cosas por el estilo, también los pa-
pagayos que habia yo traido de /«¿/c (Indias), todo
al navio; y por último convine con el patrón
que para complacerme me haria anunciar la hora
de partir, lo que él patrón me prometió, y que no
se iría sin mi, sino que con toda seguridad me haria
avisar. Ahora sucedió que el dicho patrón w esa
misma noche tomó algo de más, asi que (por suer-
te mia) se olvidó y me dejó en la posada, sucedió
que 2 horas antes de amanecer, el timonel, que era
quien manejaba el navio, hizo que se levase el an-
cla, y allí se hizo á la vela. Y cuando yo de mañana
fui á buscar el navio, ya estaba este una m'//a (le-
gua) larga de camino distante de tierra; en seguida
tuve que buscarme otro navio y cerrar trato con
otro capitán, al que tuve que darle lo mismo que al
anterior; así partimos al punto de allí con los otros
24 navios y tuvimos viento favorable los primeros
3 días, mas después nos vino un viento fuerte y
contrario de suerte que no podíamos seguir na-
vegando; estuvimos, pues, 5 días largos siempre en
(1) El Schieffer.
( 2 ) Pactirte.
(3) Schieffer, el *skipper», como dirían los Ingleses.
(4) Schieffer, porque era capitán de buque mercante.
(5) Cotintrary,~jd. propia palabra española, porque alemana no es.
292
ULRICH SCHMÍDEL
gran peligro esperando bonanza; pero cuanto más
nos demorábamos más brava se ponía la mar, has-
ta que ya no nos fué posible esperar más mar afue-
ra, sino que tuvimos que regresar para atrás por el
camino que habíamos traído.
Ahora es costumbre en práctica de la mar, que
los marineros y patrones hagan un capitán ge-
neral entre ellos, que en español se llama almeran-
do (almirante); este manda á todos los navios, y lo
que él quiere eso se ha de hacer, eso se ha de cum-
plir, en alta mar; y ellos, los marineros y patrones,
tienen que jurarle que ninguno de ellos se ha de
querer separar de los demás; porque la Cesárea
Majestad había ordenado y mandado que menos de
20 navios no deberían emprender viaje de España
á los Países Bajos, por causa del Rey de Francia,
mientras duraba la guerra entre ellos. Fuera de
esta hay otra costumbre más en alta mar, que un
navio no ha de navegar á más de una milla (legua)
de distancia del otro, y cuando se pone ó entra el
sol, también los navios tienen de juntarse y los
patrones han de saludar al miranndo (almirante)
con 3 ó 4 tiros, y todos los días 2 veces; también
por la otra parte el miranndl (almirante) ha de col-
gar del navio suyo 2 linternas hechas de hierro,
que se llaman farall (faroles) <2)^ [y] las ha de dejar
prendidas toda la noche, así los demás han de se-
guir al navio, en que está la luz, y no se han de se-
parar por nada.
(1) Schieffer.
(2) Farall en el MS.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA
29 J
Iten más el mirando (almirante) les avisa cada
noche á los navegantes el rumbo que piensa tomar,
porque si llega el caso de sobrevenir un temporal
en alta mar puedan ellos saber el rumbo ó viento
que ha seguido [el] mirannd (almirante), y así no
se aparten los unos de los otros.
Y eso que tuvimos que regresar y volvernos
atrás, como se dijo, allí estaba el navio del suso-
dicho HaUyirich Schezen, en que tenía yo todo
mi botín, el mismo me había dejado en Calless
(Cádiz), el postrero de los demás navios, y cuan-
do ya nos aproximamos como á una milla (legua)
de camino de la ciudad de Calless (Cádiz) allí se
nos hizo obscuro y anocheció; así que el almiran-
dos (almirante) tuvo que mostrar un farol, mediante
el cual se le arrimasen los navios. Y cuando ya
hubimos llegado á la ciudad Calless (Cádiz), cada
patrón largó su ancla al agua y el mirando (almi-
rante) también retiró su farol. Mientras esto se
hizo una lumbre en tierra sin dañada intención,
mas le fué funesta para la suerte de Hainrich Sche-
zen y su navio; ahora la lumbre procedía de cerca
de un molino, como á un tiro de arcabuz de la
ciudad de Calless (Cádiz), y así el antedicho Hain-
rich Schez se encaminó derecho á ella, porque se
le puso que era el farol del miranndo (almirante)
y cuando él con su navio estaban ya muy cerca de
la luz, dió con toda fuerza sobre un peñasco, que
estaba allí dentro del agua, y su navio se hizo cien
(1) Estaría un poco alumbrado, como cuando se olvidó y dejó en tierra á
Schmídel.
294
ULRIH SCHMÍDEL
mil pedazos y se fueron á pique gente y carga,
^en menos de un medio cuarto de hora, y no quedó
un palo sobre otro; también de 22 almas solo se
salvaron el patrón y el timonel, que escaparon
sobre un madero grueso; también se perdieron
‘6 baúles con oro y plata perteneciente á la Ce-
sárea Majestad y gran cantidad de mercancías
más de propiedad de los comerciantes. Por lo
cual doy yo á Dios mi Redentor y Salvador por
Cristo Jesús alabanzas, honor, loas y gracias por
siempre, porque esta vez más tan misericor-
diosamente me dirigió, defendió y amparó por
cuanto yo en la primera vez no alcancé el
navio.
CAPÍTULO LV
VUELVE Á EMBARCARSE EL AUTOR EN CÁDIZ. —
LLEGAN A INGLATERRA Y DE ALLÍ Á AMBERES
Después de esto paramos 2 días quietos en
Khalliss (Cádiz), y el día de San Andrés volvi-
mos á emprender viaje para Anntorff (Amberes),
tuvimos en este viaje tan mal tiempo y tan terribles
vendábales, que los mismos patrones decían que
en 20 años, ó sea en todo el tiempo que habían
navegado por los mares, no habían visto ni oído
,(1) Personen.
VIAJE AL RÍO DE LA PLATA 295
decir de tormenta tan horrible ni que dure tanto
tiempo.
Así ahora arribamos á Inglaterra, á un puerto
llamado Viedt (Isla de Wight) no nos quedaba
en nuestros navios una sola Welle (vela), esto es,
una lona que se extiende en el palo, ni tampoco
velamen, ni aparejo, ni la menor cosa á bordo
de los navios; y si el tal viaje hubiese durado un
poco más, no se hubiese salvado uno de estos 24
navios; sólo Dios el Señor nos sacó bien por otro
lado.
Ahora para colmo de todo lo demás, siendo ya
el día de año nuevo del año 1554, el día de los
3 Santos Reyes, 8 navios se perdieron desgraciada-
mente con vidas y haciendas, cosa que daba pena
de ver; porque lo cierto es que no salvó uno solo
de allí.
Esto aconteció entre Francia é Inglaterra. Dios
el Todopoderoso quiera favorecerlos y á nos-
otros con su misericordia, por Cristo su único
Hijo. Amen.
Así nos quedamos 4 días en el dicho puerto
Viedt (Wight) en Inglaterra y de allí navegamos á
Probannt (Brabante), y á los 4 días arribamos á
A/-«/7z«[id]íz que es una ciudad en Sehelandt^^
adonde están surtos los navios grandes; está á 74
millas (leguas) de camino de Viede (Wight), y de
allí navegamos á Anntdorff (Amberes), que está á
(1) Isla de Wight, al sur del puerto de Southampton.
(2) Sail por Segel. Muchas palabras escribe Schmidel á la inglesa.
{Z) Arnemniden.—Eá. Al. 1889, p. 115, Nota 3.
2Q6
ULRICH SCHMÍDEL
24 millas de camino. Y llegamos allí el '26 de
Enero, año 1554.
Sí. ¡Alabado y loado sea Dios por siempre,
porque tan misericordiosamente me deparó tan
próspero viaje ! Amen.
EPÍLOGO
DEL TRADUCTOR
D. Samuel A. Lafone’Quevedo
EPÍLOGO DEL TRADUCTOR
Se ha llegado al fin de la tarea. Se ha tratado de
conservar algo del colorido y sabor acriollado
del original, sin cargar demasiado la mano en los
idiotismos del dialecto de la época y del autor, y se
ha dejado para otros, que puedan hacer investiga-
ciones in sita, la tarea de identificar naciones y luga-
res en Bolivia, Paraguay y Brasil. El lector nos dirá
hasta qué punto el éxito ha correspondido á la bue-
na intención. Una cosa habrá que conceder, que
ni se ha aceptado la relación de Utz Schmídl sin
beneficio de inventario, ni se le ha sacado como el
más mentiroso de todos los viajeros que nos pue-
den servir para la historia del descubrimiento y de
la conquista del Río de la Plata. Sea por la razón
que se fuere, ha embrollado los nombres de los
protagonistas en este famoso drama, al grado de
hacerse el blanco de tiros certeros asestados por
los que conocen la documentación de la época al
dedillo; pero con esto y todo, si nos faltase nuestro
Ulrico Fabro, ello dejaría un vacío irreparable
•entre las crónicas de su época.
Hoy ofrecemos al estudiante de la materia un
300
ULRICH SCHMiDEL
Schmídel que podrá utilizarse con todos los res-
guardos del caso, y se facilita la tarea para el que
quiera mejorar la edición.
Tengo que agradecer al Doctor Manuel Domín-
guez, del Paraguay, muchas y valiosísimas adver-
tencias y correcciones, y sin el giro que él dio á
este estudio, acaso no hubiese salido yo del camino
trillado por los historiadores del siglo XIX.
Y si agradezco á un amigo su eficaz cooperación,
tengo que lamentar el malogrado fin de otro ami-
go, el artista explorador Guido Boggiani, con quien
contaba para comentar con pleno conocimiento de
causa la entrada de Irala al país de los Chamacocos.
Otra vez más el Chaco Boreal ha sido la tumba
sin nombre de otro mártir de la ciencia. La tierra le
sea leve, y no nos olvidemos nunca de ese hombre
humanitario que no veía en el Indio una salvagina
más á quien privar de su libertad, de su hogar y de
su vida.
Si el trabajo no ha resultado más pulido y más
perfecto, concédaseme siquiera que el original está
escrito en estilo casero, que era tanto lo que había
que enderezar, que algo debía quedar para otros.
Hoy Buenos Ayres poseerá el Schmídel de las
ediciones y MSS. originales y no el Schmídel de las
glosas y traducciones. Como tal y como primicias
de nuestra Junta de Historia y Numismática Ame-
ricana lo ofrezco á los estudiantes del siglo XX.
APÉNDICE A
CARTA DE FRANCISCO DE VILLALTA
[Importante documento inédito utilizado por
Herrera en su Historia. (Ver Dec. V, Lib. 9, Cap. X
y Lib. X, Cap. XV. Madero también lo cita sin
publicarlo). Hasta aquí puede llamarse único, por
lo que respecta á la última expedición de Ayolas.
La copia de que me he servido la debo á la amabi-
lidad del señor Enrique Peña.]
Biblioteca de la Real Academia
de la Historia
Colección de Muñoz.— Tomo 80
Folio 331 á 341.— 1536-56.
RÍO DE LA PLATA
Simancas.— Ordenanzas.— Escrituras
DEL Río DE LA PLATA.
1. Muy Illustrísimo Señor: Por otras que V. S. é
escrito é dado cuenta de lo succedido hasta la data
dellas pero i por que no me acuerdo haver dicho
ni informado de los travajos que en esta Tierra se
han pasado después que en esta Tierra se conquis-
tó y gano por esta sabra V. S. que partió Don Pe-
dro de Mendoza Gobernador desta Probincia por
el año de 35 i llegó á la Isla de San Gabriel entrante
año de 536.
2. Llegado á la Isla que arriba digo el Goberna-
304
ULRICH SCHMÍDEL
dor mandó poblar el pueblo de Vuenos Aires ques
de la otra vanda del Rio que dicen el Paraña esta
tierra se llama Cabo Blanco es tierra despoblada
porque en más de 60 leguas no ai Indios que sean
amigos sino son unos que llaman en otras Indias
Cárabes estos comen carne Humana son enemigos
de Cristianos i lo han sido todos de la parte.
3. Después de haber poblado el Gobernador el
pueblo de Buenos Aires con 1800 hombres que
traia en armada mandó se diese de ración 6 onzas
de Viscocho á la gente con las quales i con Car-
dos que de los canpos traían se sustentaban i
pasaban como la Radon que les daban fuese tan
poca y los trabajos Centinelas y Guardias y malos
tratamientos juntamente con el Inbierno que sobre
benia comenzó la gente á la flaqueza i morir.
4. Visto por el Gobernador la necesidad que la
Gente padecia, aunque no por istenso por estar
malo en cama, mandó á Don Diego de Mendoza
su hermano fuese á vuscar Indios para que truxesen
Bastimento y probision el qual topo con cierta
Gente que se llaman Quirandres, los quales es
Gente que banda á noche i mesón, ia algunos de-
llos abian dado vista al pueblo i entrado en él, i
como estos sean Gente mobida ibase i aloxabase
de los confines del Pueblo.
5. Topado con ellos Don Diego de Mendoza
ovo cierta diferencia entre los Cristianos y los Qui-
randies sobre los hacer volber en tal manera que
obieron de venir á las manos, y como los Cristia-
nos estubiesen flacos, i los Indios fuesen pláticos
en su tierra, dieronse tan vuena maña que mataron
á Don Diego de Mendoza i á Pedro de Venabides
su sobrino i á otros bien Quantos, y los demás
fueron huiendo aunque heran de Acaballo, i sino
fuera por la infantería que atrás benia que los soco-
rrió, todos quedaran en el Campo por ser como
APÉNDICE A
305
heran los Indios tan ligeros i tan diestros en atar
los caballos con bolas que traian.
6. Bueltk la Gente desta Ida á buscar estos In-
dios que he dicho mandó el Gobernador á un Ca-
ballero deudo suyo fuese con ciertos Navios á des-
cubrir ciertas Islas en las quales le habian dado
noticia avía Indios en esta Armada fui io, idos i
partidos los Nabios, y Gente el camino fué tan lar-
go de causa de andar buscando las Islas de Rio en
Rio, i la comida tan poca, que no se nos daba de
Ración más de 3 honzas de Viscocho, de cuia cau-
sa murió la tercia parte de la Gente que en los
Nabios iba que serian hasta 200 hombres todos los
que en los Nabios iban, por cuia necesidad nos
fué forzrado dar buelta i sino fuera por unas Rosas
de indios que aliamos, las quales ia estaban cojidas
i algunos aliaban algún maiz i con él se sustenta-
ban, antes que llegáramos al Pueblo de Vuenos Ai-
res todos acabáramos, dejo (digo) los soldados,
porque los Capitanes i allegados á ellos estos nun-
ca pasaron necesidad.
7. Llegados al Pueblo los Bergantines i poca
Gente que beniamos hallamos que hera tanta la
necesidad i hambre que pasaban que hera espanto,
pues unos tenianásu Compañero muerto 3 i 4 días
i tomaban la radon por poderse pasar la vida con
ella, otros de berse tan Ambrientos les aconteció
comer carne humana, i así se bido que asta 2 om-
bres que hicieron justicia se comieron de la cintu-
ra para abaxo.
8. Vista la necesidad que tenian y la Gente que
hablamos venido de causa que todos no se acaba-
sen mandó el Gobernador á Juan de Alólas con 3
nabios fuese á buscar Indios á Santlspiritus, ó de
las Hullas (Islas), con los quales Ilebó 90 Cristianos
en cada uno.
9. En este camino fué tanta la necesidad que
20
306
ULRICH SCHMÍDEL
pasamos por no llebar mas de una Pipa de Harina
en cada Nabio que certifico á V. S. que murieron
casi 100 hombres de pura hambre, por que no les
daban sino 6 onzas de Viscochos y algunos cardos
ierbas que algunos de los campos traían.
10. En este camino se pasaron ecesivos trabajos
y hambres por ser como hera en la mitad del Inbier-
no i ir la Gente flaca bogando y toando por el Rio
sin tener otro refresco más del que he dicho á V. S.
i algunas Culebras, lagartos, Ratones y otras Sa-
bandijas que á dicha por los campos se topaban.
11. Con estos trabajos i afanes llegamos á una
laguna en la qual aliamos i salieron con Nosotros
en canoas unos Indios los quales se llaman Tam-
bús en este camino estábamos i tardamos 50 dias
en los quales certifico á V. S. que no se probó nin-
guno de toda la Gente probar una gota de Agua ni
beber sino fueron los Capitanes que estos como
dicho tengo lo pasaban mui bien.
12. Llegados los Indios á nosotros estaba la gen-
te tan flaca y tan debilitada que apenas se podia
tener en los pies, por lo qual fué mandado que to-
dos estobiesen en sus Ranchos asentados con sus
Armas en las manos i los alcabuceros las mechas
encendidas, porque los Indios no biesen la necesi-
dad y flaqueza de'la Gente, los quales traxeron al-
gún Pescado i Maiz con lo qual comenzó la pobre
Gente alegrarse, i así fuimos á sus casas aunque
con arto trabajo, porque certifico á V. S. que hera
tanto i tanta flaqueza tenian que apenas la gente
se podia valer ni llegar del Rio á sus casas aunque
estaban mui cerca de la Plaia.
13. Llegados á las casas de los Timbóes i Car-
earás que juntos estaban Juan de Aiolas, que por
jeneral avia ido, hizo con los Indios que le diesen
la mitad de una casa que tenia en la qual cupieron
todos, porque estábamos tales que en poco espa-
APÉNDICE A
307
cío podíamos muy bien caber; puestos allí Timbúes
i Carearás nos probeian no tan solamente á noso-
tros pero proveieron á Juan de Aiolas de mucha
comida con la qual decendió el pueblo de Vuenos
Aires por Don Pedro de Mendoza que halla abia
quedado.
14. Hido Juan de Aiolas por Don Pedro de Men-
doza como he dicho á V. S. los Capitanes y perso-
nas que mandaban heran tan pláticos que luego
mandaron que toda la Gente saliese de casa de los
Indios i fuésemos á hacer un asiento i pueblo des-
viado de los Indios do luego se hizo con belas y
algunas Esteras de Junco Marino que los Indios
hacen; en este asiento i pueblo se pasó artos traba-
jos i necesidades porque de causa destar algo des-
viados de los Indios i vivir por Rescate muchas
veces no hiban á pescar, porque desto viven, i co-
mo no mataban pescado no lo comiamos. Otras
veces de ser mal hablados nos lo daban.
15. Con estos trabajos y otros maiores pasamos
40 dias en los quales Juan de Aiolas quedo de dar
buelta de pueblo de Vuenos Aires á do estábamos
i sino biniese que entrásemos la Tierra adentro do
quisiésemos. Estando en esto vino á nosotros un
Cristiano el qual hera y havia quedado que en
aquella Tierra de la Armada de Sebastian Gaboto
Piloto Maior de S. M.
16. Llegado el Cristiano, el qual se decía Geró-
nimo Romero, fué hablado i preguntado por el Ca-
pitán i algunos soldados de las poblaciones y tierra
adentro el qual dió mui larga i copiosa relación así
de vista como de oidas de Indios de la riqueza
della, la qual ha parescido ser verdad por lo que
acá nos han dicho de la riqueza que se ha llevado
á estos Reinos de Chile.
17. Con esta relación y noticia que teníamos de
la tierra adentro fué determinado, visto que el tér-
308 ULRICH SCHMÍDEL
mino que Juan de Aiolas á grandado hera pasado
dias abia y estaba algo conbalecida la gente, de
entrar en demanda de la noticia i tierra tan fértil
como por noticia de Gerónimo se tenia y abia dado.
18. Puestos casi en camino llegó Don Pedro de
Mendoza con azás travajos y hambres que en el
viaje avía tenido, que fueron tantos que certifico á
V. S. que hechó á la mar en término de 60 leguas
más de 200 hombres los quales todos abian muerto
de pura hambre.
19. Llegado Don Pedro y gente fue forzado Re-
medialla en tal manera que fué forzoso no tan sola-
mente pescar los Indios para nuestra sustentación
pero aun Cristianos y todo porque con todo ape-
nas nos podiamos baler y visto que los Cristianos
tomavan ia el modo i vivir de la tierra por los Capi-
tanes acordaron de aconsejar á Don Pedro hiciese
otro pueblo más abajo de do estaba este, que po-
drá haver 4 leguas más abajo, en una tierra caba i
empantanada que certifico á V. S., i de Mosquitos
apenas dexaban reposar á nadie dexaban.
20. Como el pueblo estubiese lejos del asiento
de los Indios i los Indios aian sido y fuesen mal do-
mados i perezosos muchas veces no traian la pro-
bisión pa la gente que hera necesario de cuia causa
se pasaba aquella sazón tanto trabajo que vino á
dar de dos á dos dias un pescado que hapenas
podia tener una libra el qual estaba tan molido que
quando se pensaba que teníamos algo se nos ha-
bía tornado todo en agua.
21. Con estas i con Cardos, ierbas que de los
Campos traian, i aun algunas Sabandijas que la
probe gente buscaba se Remediaba y pasaba la
vida aunque trabajosamente.
22. Puestos en estos trabajos y necesidades los.
Capitanes, que conformes nunca estaban, determi-
naron de difirir en la entrada porque unos querían
APÉNDICE A
309
ir á descubrir por dó Gerónimo Romero abia dicho
i otros á descubrir este Rio del Paraguay dó al pre-
sente estamos.
23. Puestos en esta confusión Don Pedro de
Mendoza que todavía su enfermedad le fatigaba
determinó de desandarse al Pueblo de Vuenos Aires
para irse en España llebando consigo los Enfermos
i gente más flaca que en el Pueblo de [Buena Ejes-
pe [ranza] estaba, dejando allí mando al thesore-
ro Albarado, porque antes quél partiese Juan de
Aiolas, que su lugar theniente que hera, se havía
partido antes ( 2 ) Nabios é ciento e sesenta hombres
en ellos en demanda de su Rio del Para Guay.
24. Que Ido Juan de Aiolas i Don Pedro de
Mendoza como ya he contado á V. S. quedó elthe-
sorero Alvarado mando en Vuena Esperanza i para
haver de quedar obo de ser de tal manera que Don
Pedro de Mendoza me obo de mandar quedase
con él en el dicho pueblo do pasamos tantas nece-
sidades que por esta no lo se contar hasta tanto
que obimos de mudar el Pueblo otra vez al asiento
i tierra de los Timbóes.
25. El viaje i camino que Juan de lolas llebó'
certifico á V. S. que se pasaron muchas necesida-
des porque el camino fué largo i sin guía teniendo
poca comida de causa que la tierra por do pasaban
hera poco poblada i los Indios huian en ver gente
nueba i que nunca habian visto, y de causa de ser
como sartehadores i sus nabios mui pequeños i li-
bianos y los nuestros grandes i pesados no nos
podía unos (sic) ansi á probeder dellos.
26. Con estos trabajos i algunos malos tiempos
que tubieron porque á esta sazón heran tan abo-
minables i malos los tiempos que en esta tierra
hacia que visiblemente parecía que en los aires ha-
(1) Lo qne está incluido falta en el original por rotura.
(2) «En tres» ó «con tres».
310
ULRICH SCHMlDEL
biaban los Demonios, i con estos trabajos subieron
hasta casi el Para Guay do perdió un nabio de los
3 que llebaba con un temporal el qual fué tan recio
que hapenas pudieron escapar los demas nabios,
sino fuera Dios serbido que tomaron un Rio ó lagu-
na do los dos se repararon hasta otro dia que abo-
nando el tiempo i recojió la gente del nabio que
se le perdió.
27. Perdido el nabio y recojida la gente en los
otros como he dicho á V. S. no podian navegar
seguros de causa que se tenian la gente marítima
de las turbunadas y furacanes que avia y visto esto
por Juan de Aiolas hechó la gente de la Carabela
perdida en una Isla hasta poder tomar tierra firme
la qual alio á una jornada.
28. Hallada la tierra i legado á ella dejó la gente
de su Nabio en tierra firme i dió buelta á tomar la
otra que en la Isla havia quedado, y dió buelta á
dó la demás estaba en tierra firme, y puestos todos
juntos se determinó que unos fuesen por tierra y
otros á por el Rio en el qual viaje según me certifi-
caron algunos que en él se hallaron fue tal y tan
trabajoso i peligroso qual nunca hombres pasaron,
i así llegaron hasta la boca del Paraguai que podría
haber camino de 30 á 40 leguas.
29. Llegados á la boca del Paraguay fué menes-
ter atrabesar el Rio á la banda del Sol Poniente i
allí dejaron parte de la gente como ia á V. S. he
recontado i dieron buelta por la demás para la
traer de la otra do estaba.
30. Juntos toda la gente fueron caminando como
he dicho unos por tierra pasando muchas lagunas
i ciénegas en cantidad i los del Rio atoando i Re-
mando en tal manera que heran los trabajos que se
pasaban insoportables, porque la necesidad i falta
de comida los apretava en tal manera que casi
apenas me parece que si mucho se tardaran de
APÉNDICE A
311
topar Indios ninguno de todos los que fueron en
el dicho viaje podian escapar.
31. Llegado á los Indios que se dicen Ciname-
caes los quales viben de Pesquería les dieron en
cantidad pescado con que se probeieron todos los
que con Juan de Aiolas iban i ansi mesmo obieron
destos Indios algunas Canoas en las quales lleva-
ron la Gente que por tierra benia de causa de no
caber en los Bergantines i así fueron caminando
con hartos trabajos hasta que llegaron á esta Tierra
do al presente estamos, ques tierra de los Indios
Caribes que en otras Indias se llaman Caribes.
32. Estos Indios Caribes salieron á los Cristia-
nos de paz y les dieron mucha comida de maiz i
batatas y algunas abas por sus Rescates por ques
gente labradora i acostumbran á labrar i criar i
desto vibe esta gente.
33. Con esta comida questos Indios dieron á
Juan de Aiolas i á los que con el Iban caminaron
por este Río arriba hasta los Paiajuaes, ques cami-
no de 100 leguas, los quales los recibieron de paz i
hicieron algún buen tratamiento.
34. Llegado á estos Indios i tierra determinó Juan
de Aiolas de entrar la tierra adentro en demanda i
descubrimiento de la noticia de metal que se tenía
con hasta ciento i treinta cristianos i algunos indios
Paiajuaes quel Prencipal dellos le Dió.
35. Llegado Juan de Aiolas dejó mandando al
Capitán Domingo Martinez de Irala en los Bergan-
tines i con 30 hombres mandó que de allí no se
partiese i le esperase sino fuese que los Indios ami-
gos que le dejaba se le lebantasen i le dexasen de
probeher i que en tal caso pudiese des[cender] á
los Indios Caribes á probeerse de bastimento i luego
tornarse á lo esperar do lo dexó, por quel abía de
acudir allí.
(1) Canos.
312
ULRICH SCHMÍDEL
36. Entrado Juan de Aiolas la tierra adentro i
Don Pedro de Mendoza a llegado al Puerto de
Vuenos Aires visto que la venida de Juan de Aiolas
se tardaba determinó de inbiar en su seguimiento
al Capitán Juan de Salazar despachó con 2 Nabios
é 60 ó 80 hombres en ellos los quales con muy
grandes trabajos llegaron al Puerto do abia quedado
el Capitán Vargara con los Nabios i Gente que
Juan de Aiolas le habia dexado, é Don Pedro par-
tió 1537 para esa probincia dejando mando en el
Puerto de Vuenos Aires á Francisco Ramírez Ga-
lán el qual mandó i mandaba ansí el dicho Puerto
como en la gente questaba en Buena Esperanza do
io á la sazón estaba.
37. Llegado el Capitán Salazar como tengo re-
contado é dicho arriba é junto con el Capitán Va-
gara de quien supo i se informó de la entrada de
Juan de Alólas i bista é sabida su entrada determi-
naron de entrar en su seguimiento estando á pique
para hacer su biaje queriéndose aprobechar de
los Indios que Juan de Aiolas abia quedado en
el Capitán Vergara por amigos aliaron que estaban
de no buen propósito de serbir á los Cristianos
é lebantados cansi mesmo aquella sazón esta-
ban las aguas mui llenas é desta causa se dejo
de hacer la jornada é su gozo que tenian con-
certado he obieron de se decender á esta tierra de
los Indios Carlos que en otras tierras llaman Ca-
ribes.
38. Llegados á esta tierra determinaron de hacer
una casa fuerte do todos se metieron é luego deter-
minaron de buscar comida entre los Indios los
quales no la querían dar sino hera por puro Res-
cate ni hacer ninguna cosa de Serbicio á los Cris-
tianos de cuia causa con muy gran trabajo é necesi-
(1) Vergara i. e. Irala.
(2) Ruiz.
APÉNDICE A
313
dad traiendo los palos acuestas los Cristianos hacian
la casa que dicho tengo.
39. Luego que obo alguna comida etubo Repa-
rado é hecho do dejase 20 Christianos determinó de
ir la buelta de Vuenos Aires á dar quenta á Francis-
co Ruiz de lo que en la tierra abía aliado é dejaba
el qual llegó á Buen Esperanza con harto trabajo é
necesidad de comida é allí se reparó de pescado
seco por que otra cosa al presente no habla ni los
Cristianos tenían más que le dar el qual se supo to-
das las cosas arriba contadas.
40. Obrada esta Comida se descendió al Pueblo
de Buenos Aires el qual dió á Francisco Ruiz que
allí mandaba como dicho tengo quenta i Razón de
todo lo sucedido y sabida por Francisco Ruiz con
mui gran brevedad determinó de subir arriba en so-
corro é vusca de Juan de Alólas con 6 Nabios é 200
hombres de todos que en estos entraran los que
en Buena Esperanza estábamos.
41. En este biaje é Camino se pasaron mui gran-
des necesidades porque no se daba mas de á 6
onzas de Ración á cada uno é llegados á esta Tierra
é casa de la Asunción abia tanta necesidad en la
Tierra de Comida entre los naturales é Cristianos
que apenas se hallaba i era tanta que de hambre se
morían los naturales por los caminos de cuia causa
fue forzoso andalla á buscar por la Tierra adentro
en algunas partes que la habla é con estos trabajos
andubimos quitando la comida i quitándola por
fuerza é peleando con los naturales de la Tierra
adentro porque no nos quedan darla por ninguna
cosa.
42. Como la necesidad fuese tanta en la Tierra
en aquel tiempo que apenas los naturales se podían
sustentar que no se acabase toda la gente de per-
der determinó Francisco Ruiz de bolberse á los
Timbús i asi lo hizo dejando algún bastimento á
314
ULRICH SCHMiDEL
la gente que quedó en la casa en este camino nos
daban 4 onzas de maiz tan solamente por la gran
necesidad de comida que llebabamos.
43. Llegados á los Timbúes i hecho al asiento é
Pueblo por algunas cosas que le mobieron á Fran-
cisco Ruiz contra los Indios ó naturales mando ma-
tasen á cierta cantidad dellos i ansi los cercaron
secretamente estando en sus casas é mataron que
mucha cantidad de Indios; muertos estos Indios
Fran':° Ruiz se descendió al Puerto de Vuenos Aires
dexando 100 hombres en el Pueblo i palizada
questaba en los Tinbues.
44. Bisto por los Timbúes los pocos Cristianos
que alli quedamos doliéndose de la gente que les
hablan muerto i queriendo bengar la muerte de sus
Parientes determinaron de hacer gran junta de
gente é pidiendo socorro al que allí mandaba para
contra otros Indios contrarios no recelándose de lo
que les podían benir les dió 50 hombres á los qua-
les como salieron al Campo mataron é muertos vi-
nieron con mui gran alarido á querernos acabar i
así estubimos algunos dias cercados defendiéndo-
nos é peleando con ellos en la qual Refriega mu-
rieron de nuestra banda el Capitán é irieron á todos
los más i dellos murieron muchos i muchos eridos.
45. Desta manera que tengo contado estába-
mos quando llegaron 2 Bergantines quel Capitán
Francisco Ruiz del Puerto de Vuenos Aires enbia-
ba á ver la gente que habla dejado en los Timbúes,
llegados é bisto el desmanque que habla sucedido
nos obimos de embarcar en los nabios, do como
llegamos aliamos un nabio que habla arribado al
puerto de Buenos Aires con tormenta que ia el
estrecho para pasará los Reinos del Perú i no pudo,
é dé á pocos dias que obo entrado llegó Alonso
Cabrera Vehedor de Su Magestad el qual luego
como llegó comensó á tener pasiones i Rebueltas
APÉNDICE A
315
con Francisco Ruiz que en el Pueblo estaba man-
dando i fueron tales que obieron de mandar ambos
á 2 porque sobresto heran las pendencias cuando
obieron de partir del Puerto pa sobir á hesta Ciu-
dad de la Asunción que ia dicho tengo en la cual
estaba el Capitán Salasar; y salió con 250 hombres
ansí de los de Alonso Cabrera como de los que
Pan Caldo que hera la nao que he contado que
entró antes que Alonso Cabrera viniese é de los
que acá estaban.
46. Llegados á esta Ciudad á pocos dias que
llegaron ansi Alonso de Cabrera como los demás
oficiales de Su Magestad derrocaron é descoapu-
sieron á Francisco Ruiz del mando que tenia y eli-
geron é nombraron al Capitán Vergara por un
Capitulo de una instrucción que Juan de Aiolas
teniente general le dexó al tiempo que entró la tie-
rra adentro.
47. Derrocado Francisco Ruiz é puesto en el
mando el Capitán Vergara determinó de hacer
entrada i hizola por más abaxo de do Juan de Aiolas
entro en la qual entrada se hallaron tantas aguas y
Pantanos que de ber quan crecidos estaban y no
se poder la tierra badear porque apenas se hallaba
tierra enxuta pa dormir ni hacer Candela obieron
de dar buelta i nos bolbinos tardando en el camino
27 dias la qual buelta fué de causa de la tierra es-
tar empantanada i de la poca comida que teniamos;
llegamos al Rio fué acordado que pasásemos de la
otra banda y llegados á la tierra se oieron voces i
vieron venir nadando una persona la qual fué soco-
rrida i puesta ante el Capitán Vergara comenzó de
ablar en nuestra lengua ciertas cosas por las quales
dió á entender como hera de la tierra adentro i
habia venido con Juan de Ayolas al tiempo que de
su tierra vino i que tos Paiaguás lo hablan muerto
por no hallar los Vergantines do mandó estubiesen.
316
ULRICH SCHMÍDEL
48. Con estas nuebas i enformacion nos decen-
dimos 20 leguas mas abajo do hallamos un Indio
interprete i lengua de los Paiaguás, el qual pregun-
to é ablo á 4 indios Paiaguás que traiamos presos
los quales obimos tomado al tiempo que subimos
por este Rio apretados los Paiaguás de la lengua i
puesto delante el Indio Chañé confesaron la muer-
to de Juan de Aiolas i Cristianos que con el abian
venido, que serian hasta 120 hombres y la causa
de su muerte fué no hallar nabios en el Puerto.
49. Con esta Información nos decendimos á esta
Ciudad i puerto do luego mandó el Capitán Ver-
gara fuesen á Rescatar comida 3 bergantines en los
quales no embió sino á los que más flacos estaban
1 malos, los quales de los trabajos que hablan pa-
sado i como el Inbierno venia i estaban desarro-
pados al tiempo que los embió á Rescatar murie-
ron casi 50 hombres de todos los unos i los otros.
50. Bueltos los nabios i gente de Restacar enbió
2 nabios que fuesen adelante del al Puerto de Bue-
nos Aires i poblado quedaba al tiempo que Francis-
co Ruiz del partió i después fué el Capitán Vergara é
lo deshiso i truxo toda la gente que en el estaba é
los subió á esta Ciudad de la Asunción dexando el
pueblo de Vuenos Aires despoblado.
51. Sobido á esta Ciudad determinó de hacer
entrada por el rio arriba i estando á pique para la
hacer llegó á esta Ciudad Albar Nuñez Cabeza de
Vaca con Provisiones de Su Magestad por las qua-
les lo hacía Gobernador en caso que Juan de Aioias
fuese muerto, que fué por el año de 542.
52. Llegado que llegó el Gobernador Cabeza de
Vaca fué recebido, como Su Magestad lo mandaba
i los conquistadores que en esta tierra estaban los
adbergaron en sus casas i dieron de comer i los
fueron á Recibir i traer á esta Ciudad cierta gente
quel Gobernador abia enbiado en 2 balsas el Pa-
APÉNDICE A
317
raná abaxo i sino fueran socorridos ninguno bi-
niera.
53. Y luego de á pocos dias que llegó embió á
descubrir este Rio 3 Bergantines i 200 hombres de
los unos y de los otros i fueron asta el Pueblo de
los Retes i de allí dieron buelta en la Relación que
se halló.
54. Bueltos los nabios i gente determinó de ha-^''
cer entrada i quasi la hizo llevando 300 hombres i
20 Caballos i Indios amigos en harta cantidad i
partió desta Ciudad de la Assuncion el dia de
Nuestra Señora de Setiembre del año de 43 partió
desta Ciudad i llegado al Puerto de los Reies entró
la tierra adentro para Calaña i descubrilla i dé á
pocos dias que obo caminado obo de dar buelta
de causa de la poca comida que había sacado del
Puerto i aliar la Tierra despoblada.
55. Vueltos otra vez al Puerto determinó de
embiar á descubrir más adelante i ansí fueron has-
ta una Nación que se dizen los Xaries é de allí tru-
xeron comida i mui gran noticia de la Tierra adentro.
56. En este medio tiempo questa gente abia
ido á descubrir adoleció el Gobernador é mucha
parte de la gente i visto su Enfermedad dado caso
que aunque malo quería hir á los Xaries se obo de
bolber á esta Ciudad de causa de un Requerimiento
que los Oficiales de Su Magestad le hicieron.
57. Llegado á esta Ciudad que fué por en fin de
Quaresma del año 544 á pocos dias de que obo
llegado estando malo en su cama los Oficiales de
Su Magestad le prendieron según ia V. S. tenia
mui entera noticia de todo esto.
58. Preso el Gobernador determinaron de le
embiar á Su Magestad como lo llebaron ansí á el
como al Capitán Salasar su teniente que por haber
estado en estas partes ante Su Magestad á V. S. no
mé alargaré en quanto á esto á decir más.
318
ULRICH SCHMlDEL
59. Idos de la tierra como dicho tengo sucedie-
ron muchas pasiones entre los oficiales de Su Ma-
gestad i el que aora manda, las quales queriendo
ser V. S. abisado é informado lo podrá saber de
Pedro Vergara i Diego Rodríguez i de otros que
allá ban i de Diego Tellez dEscobar.
60. Pasadas estas pasiones vinieron á ser amigos
i conformarse i conformados fueron de parezcer de
hacer entrada la qual hicieron por el Puerto de
San Fernando i por allí calaron i descubrieron has-
ta los confines del Perú como ia es á V. S. notorio.
61. Puestos en los confines del Perú por ciertas
Diferencias que allí tubieron obieron de dar buelta
y ansi bolbieron traiendo hartos Indios naturales de
aquella tierra i Probincia á esta Ciudad.
62. De las Pasiones i después obieron i an pasa-
do no escribo á V. S. porque alia ban presonas
que daran larga quenta las quales pasiones fueron
entre Diego de Abreg i el que aora manda.
63. Después desto determinó de ir otra vez hacer
otra entrada á la qual llebaba 100 Cristianos de pié
e de Caballo i aió hasta los Maiaes i allí se obo de
bolber de causa de la tierra hallar despoblada, en
este biage perdió mucha copia de Indios Naturales
de la Tierra de Hambre y Frío.
64. Sueltos á esta Ciudad y Reformados tornaron
á querer hacer entrada i estando pa salir
tanto este frió que empantanó mucha Gen-
te de la tierra por do abia de caminar, i bisto que
el Inbierno sobrebenia i las aguas no abajaban de-
terminaron de dejar el biaje i á pocos dias vinieron
nuebas como su Alteza hacia Gobernadory Capitán
General desta probincia al Capitán Domingo Mar-
tinez de Irala heñidas estas nuebas desde ha poco
tiempo vino á esta Ciudad Bartolomé Justiniano el
qual traia las probisiones que Su Alteza por ellas lo
mandaba.
APÉNDICE A
319
65. Obedecido y puesto en el mando, mando
fuesen á empadronar la tierra para la Repartir lo
qual hizo por una carta que de esos Reinos vino la
qual quieren dezir haber escritos por la
qual le abisaban que si la Tierra no estaba Repar-
tida la Repartiese.
66. Venidos los Empadronadores i todo junto la
Repartió entre muchas personas que no se hallaron
á la ganar, quitándola aquellos que la conquistaron
i derramaron su sangre porganalla porque certifico
á V. S. que al que más destos dió daria hasta 50
Indios porque á otros daría á 30, i á 20, i á 15, hes-
tos heran los que el Gobernador no ni á
por amigos i aliados, porque estos á 100 i á 200 y
dende arriba no dice los que dió á los oficiales de
Su Magestad i puso en su Cabeza i otros que dió á
franceses i á ingleses y estrangeros y portugueses i
á otros que del Perú binieron que se hallaron con
Gregorio Pisarro según es fama i así mesmo á
otros que nuevamente an benido.
67. Desta manera se á repartido en esta Probin-
cia la tierra como á V. S. he contado lo qual me
paresce que fué mas para acabarlos del todo los
naturales ques para Reformallos porque están tan
esquilmados i tan probes ansí los naturales como
los Señores dellos que me parece que si no pasa-
sen los repartimientos de 400 á 500 Indios por con-
quistador no podrian reacerse según la gran Falta
de Indios que en la tierra ai.
68. Querer abisar áV.S. de la Justicia i como
se hace abia menester aberlo estudiado para en-
tenderlo pero diré á V. S. quel Gobernador puso
por su teniente i Alcalde maior á un Caballero
ierno suyo el qual se dise el Capitán Gonzalo de
Mendoza i su Alguasil maior es otro Yerno suio el
(1) Gonzalo.
320
ULRICH SCHMiDEL
qual tiene 5 Alguaciles menores que traen baras
e otro Alcalde Yerno suio el qual se nombró con
otro por una provisión que su Alteza mandó para
que se eligiesen 2 Alcaldes ordinarios el uno de
estos es Yerno del Gobernador como dicho tengo.
Vera V. S. si ai harta Justicia para tan poca gente
como en este Pueblo ai porque al Presente no ai
otro en esta Probincia no digo tanto esto por las ba-
ras que ai quanto por la justicia que se administra de
lo qual V. S. se puede informar de los que alia ban.
6Q. Decir á V. S. del Regimiento y como se ri-
ge esta Ciudad es antes tenernos en poco que no
lo acemos de vuena Policía del Pueblo pero diré
que Su Magestad mandó que en esta tierra aia tan
solamente 12 regidores i al presente no ai mas que
6 i destos son los dos oficiales de Su Magestad i
los 4 amigos i allegados del Gobernador por ma-
nera que lo que hel quiere eso se hace en cabil-
do i no otra cosa.
70. Seis Regimientos saltan hasta ahora de la
tasa que Su Magestad tiene mandado suplico á V. S.
si en algunas personas se obiere de probeher aca-
tando los trabajos que en esta tierra los Conquista-
dores Viejos han pasado tenga V. S. por bien que
en ellos i no en otros se provea por que entrellos ai
Caballeros Hijos de Algo que haran y cumplirán al
Servicio de su Magestad i al bien de la República.
71. Después de todo esto llegó á esta Ciudad por
quaresma desde presente año el Obispo Don Frai
Pedro de la Torre y llegado fué recibido como co-
sa que todos deseábamos, i dé á pocos dias de su
llegada se leieron ciertas probisiones que Martin
de Vre truxo.
72. Destos que an benido en la Armada que Su
Alteza á esta Probincia enbió an dicho como traian
probision para el Gobernador i oficiales de Su Ma-
gestad no tobiesen Indios en encomienda esta no
APÉNDICE A
321
seá bisto por que los que más Indios tienen son
ellos i sus amigos i allegados como ia á V. S. ten-
go dicho.
73. Al tiempo que Don Pedro de Mendoza á
esta Probincia bino por istruciones que Su Ma-
gestad dio ansi á el como á sus oficiales les man-
do cobrasen los Diesmos como se cobran en la
Isla Española, Cuba y Gamaica y que llebasen la
declaración de la Casa de la Contratación de Sebi-
Ila, i ellos por lo que les podria benir entra ella ó no
no la an querido traer puesto que á seis partes
cuido i aora emos visto como Martin de Vre pidió
en nombre de algunos desta Probincia que le dieron
poder su Alteza les hiciese alguna gracia en lo que
tocaba á los diesmos como se ha hecho en otras
partes, lo qual fué por no sacar á sus oficiales des-
ta causa á estado este Pueblo mui desasosegado
por que les piden los diesmos conforme á España
haciendo sus comidas y labores con mugeres Na-
turales desta tierra, i ansi mesmo por la merced
que Su Magestad les tiene hecha y concedida an-
tes que en esta tierra entrasen suplico á V. S. sea
serbido de mandar que esta istrucion y declaración
se traiga y sobrella probision y sobre carta para
que se Guarde según i como Su Magestad lo tie-
ne mandado porque reabitan los Conquistadores
mui gran Merced i cobran ánimo para poder la-
brar las tierras en lo qual esta Probincia de cada
dia será más ennoblecida i las rentas de Su Ma-
gestad aumentadas.
74. En lo que toca á las minas del Metal del Oro
i Plata no digo ninguna cosa, porque el Obispo
más largamente abisará á Su Magestad i á V. S.
de lo que ai en la tierra.
75. En esta tierra se hacen muchos agrabios á
los Conquistadores Biejos que en esta tierra fueron
los primeros que entraron, en no ostante los tra-
21
322
ULRICH SCHMÍDEL
bajos que an pasado de nuebo tomanlos á percibir
para viajes i los hacen ir á ellos por fuerza i con-
tra su voluntad i dado caso que aia alguna suelta
es dando un ombre que á su costa baia en lo qual
me parecía que Dios ni Su Magestad es dello ser-
bido, suplico á V. S. que pues Nuestro Señor
le puso la paz tan preminente para amparar los
suditos y basallos de Su Magestad i deshacer las
fuerzas i agrabios que sus suditos i naturales reciben
sea serbido deprober y mandar sobresto en tal ma-
nera que ninguno de los que mandaren, Goberna-
dor ó otra persona por su Magestad, no los pueda
hacer ir á ninguno de los Conquistadores viejos
acatando los trabajos tan ececibos que an pasado
por que en esto Dios i Su Magestad serán dello
serbidos.
76. Sabrá V. S. que de las entradas que se han
hecho se ha abido noticia de la Sierra i Cordillera
de los confines del Perú. Ase sabido que ai alguna
Cosa en aquella tierra i por ser Indios velicosos no
al nadie que ose hir entre ellos, por comer como
comen carne humana é ser indómitos i porque en-
tre estos ques de su nación mentado, i sé ia las
costumbres dellos por el largo tiempo que en esta
tierra estado, i por tener Hijos , é Indias su Gene-
ración, me atrebo á suplicar á V. S. tenga por vien
de mandar la Tierra para ir á poblalla llebando
desta tierra i Probincia 100 hombres de los que
quisieren ir i algunas lenguas i para esto por V. S.
me será mandado con probision que ninguna per-
sona ansi el Gobernador como otro ó otros que
en esta tierra i provincia mandaron no me lo pue-
dan impedir á mi ni á ellos con grabes penas, por
que en ello allende de ser las Rentas de Su Ma-
gestad acrecentadas los vecinos i naturales de los
Reinos de Perú Recibirán mui gran merced en tener
seguros sus Repartimentos i Gentes. De la Guerra
questos Indios les hacen.
APÉNDICE A
323
77. S. á V. S. é hescrito por 2 heces acerca de
los malos tratamientos han hecho y hacen á
los Indios desta tierra i por parescerme que
las abra i á abido no me alargo en esta á contallo i
porque de lo que van será Informado.
78. Por otras que á V. S. é escrito he suplicado
á V. S. me hiciese merced de la Alcaldía de minas
para Antonio Martin es caso ques uno de los Con-
quistadores biejos i á pasado en esta Tierra muchos
trabajos; suplico á V. S. la reciba en me hacer mer-
ced por que todo es para serbir á V. S. Nuestro
Señor la mui llustrísima Persona de V. S. guarde i
en vida acrecente como por sus serbidores é cria-
dos es deseado desta Ciudad de la Asunción á 22
días del mes de Junio de 1556 años.
Mui lllustrísimo Señor
El Serbidor i criado que sus llustrísimas manos
vesa.
Francisco de Villalta.
APÉNDICE B
MEMORIA DE PERO HERNANDEZ
SECRETARIO DEL ADELANTADO
ALVAR NUÑEZ CABEZA DE VACA
28 de Enero de 1545
[Documento importantísimo para la mejor inter-
pretación del viaje de Schmídel en el Río de la Plata
1535 á 1554. El autor tuvo por principal objeto en-
salzar los méritos de Alvar Núñez Cabeza de Vaca
y deprimir á Domingo de Irala. En mucha parte no
es más que la crónica escandalosa de la época. No
obstante lo que dice Pero Hernández en el § 113,
puede asegurarse que lo inspiró algo más que
«Zelo de Cristiano é lealtad al servicio» de la Sa-
cra Cesárea Católica Majestad. Buen cuidado tuvo
él de callar todo el episodio de la matanza de Indios
en Corpus Christi y subsiguiente desastre en los
Timbó, en que, según Schmídel, tanta parte tuvieron
él, (Hernández), Ruíz Galán, Juan Pavón y un sa-
cerdote. Tan ruidoso acontecimiento no pudo ser
callado por el escribano en su relación, y su mismo
silencio confirma nuestra sospecha, de que la acu-
sación de Schmídel es justa, y que por no confe-
326
ULRICH SCHMiDEL
sarse causa efficiens dió por no existente uno de
los hechos más trascendentales de la entrada de
don Pedro de Mendoza. Con ello y todo queda
la Memoria de Pero Hernández uno de los mejo-
res comprobantes para la Historia de la Conquista
del Río de la Plata.
Mariano A. Pelliza incluyó esta pieza justificativa
en su edición de Schmídel publicada el año 1881
por Casavalle, pero sin duda el MS. que le sirvió de
original era incompleto. La transcripción que ahora
publicamos procede del MS. que el General Mitre
conserva en su colección de documentos y nos fa-
cilitó al objeto de enriquecer esta nueva edición de
nuestro autor. Muchas de las lagunas del MS. del
doctor Lamas, utilizado por Pelliza, desaparecen en
el testimonio que nos ha servido de base].
S. C. C. M.
1. No he avisado antes á V. M. porque no he te-
nido oportunidad, mayormente teniendo tanta obli-
gación, lo uno por ser vasallo é criado de V. M., lo
otro por ser su Escribano en esta provincia del Rio
de la Plata, á V. M. suplico, quando desocupado de
cosas mayores se hallare, mande leer este abiso,
del cual resulta que Dios Nuestro Señor será onrra-
do é V. M. servido.
2. La perdición de Don Pedro de Mendoza fué
por venir descuidado é mal probeido de las cosas
necesarias é que mas convenia é por no querer
tomar consejo de los que tenian esperiencia de
la tierra que abian venido en tiempo de Sebas-
tian Gaboto, en esto y en la mayor parte de lo que
adelante dijere á V. M. hablo como testigo de
vista.
3. Dende há siete meses que Don Pedro obo
APÉNDICE B
327
llegado á esta provincia enbió á Juan de Ayolas
por su teniente de capitán general con ciento é se-
senta onbres, en tres nabios á descubrir esta tierra,
y en cabo de otros tres meses enbió en su deman-
da en seguimiento del capitán Juan de Salazar con
dos bergantines é sesenta onbres, el cual partió
del puerto de Buenos Ayres á quince dias del mes
de Enero del año de quinientos é treinta é siete
años; esperóle Don Pedro quatromeses é por la
enfermedad que le agrabava determinó volverse á
estos reinos é dejó el puerto mal provéido de bas-
timientos porque no los abia, é dejó por su Tenien-
te general al dicho Juan de Ayolas é fasta que este
viniese ó enviase al capitán Franco Ruiz Galan.
4. En su compañia de Don Pedro fueron Gonza-
lo de Alvarado, tesorero, é Juan de Cáceres, conta-
dor, y dejaron por su teniente en los oficios á un
Garcia Benegas, vecino de Córdoba, é á Felipe de
Cáceres; el capitán que Don Pedro dejó, fortaleció
su Real é con buena diligencia hizo Iglesia é sem-
bró mucho maiz, é por que la gente era poca, man-
dó á estos que quedaron por tenientes de oficiales,
le alindasen á los trabajos, los cuales se escusaron
diciendo que eran oficiales de V. M. é ansi se es-
tuvieron en sus casas sin cuidado de lo que se de-
bía facer.
5. Pasado seis meses después de la partida de
Don Pedro, bino el capitán Juan de Salazar Despi-
nosa, é dijo como habia hallado que Juan de Ayo-
las se habia entrado por la tierra adentro é habia
dejado los nabios en el puerto que dicen déla Can-
delaria, que es en el Rio de Paraguay, donde biben
unos Indios que se llaman Payaguás, biben del pes-
cado é caza; dejó por capitán de los nabios con
treinta onbres á un Domingo de Irala Vizcaíno y
entró á doce de Febrero del año de quinientos é
treinta é siete años, é que por le faltar entrado se
328
ULRICH SCHMiDEL
abia abajado por este Rio del Paraguay abajo y en
su ribera abia asentado un pueblo en concordia de
los naturales de generación Garios, gente labrado-
ra é que cria gallinas é patos en muy gran cantidad,
donde dejaba treinta cristianos, dende el Rio de
Paraná hasta llegar á este puerto hay trescientas
leguas.
6. Por el mes de Abril del año pasado de mil é
quinientos é treinta é ocho años, bino al puerto de
Buenos Ayres una nao cargada de mercaderías é
muchos vinos, é algunos bastimentos, con lo cual
se reformó la gente que allí residía: esta nao yba al
estrecho y no pudo pasar y entró en el rio: venia
por piloto León Pancaldo saones de estas merca-
derías cobraron los Tenientes de Thesorero é con-
tador derechos de almojarifazgo en sedas, paños,
liensos, y estando la Iglesia muy pobre, no quisie-
ron proveerla de cosa alguna, todo lo gastaron en
sus casas.
7. Por el mes de Octubre deste año de treinta y
ocho años, vino con una nao é cierta gente al puer-
to de Buenos Ayres Alonso Cabrera, veedor; y tubo
muchas pasiones é contenciones con el capitán
Francisco Ruiz, hasta entanto que le dió parte de
la gobernación é ambos juzgaban é determinaban
los pleitos cibiles é criminales é por atraer así á la
gente, traía una cédula firmada de la real mano,
para que pudiese facer gente en Canaria, y enseña-
ba la cabeza é firma á muchas personas é decíale
debajo de esta firma está lo que en su tiempo vereis
é desta manera todos le seguían creyendo que ha-
bía de ser gobernador.
8. Con siete vergantines é dosientos ombres,
partieron Alonso Cabrera é Francisco Ruiz para el
Rio del Paraguay, donde residía el capitán Juan de
Salazár para dar socorro á Juan de Ayolas é llega-
dos al puerto hallaron allí á Domingo de Irala, vis-
APÉNDICE B
329
caino, capitán de los dos vergantines que Juan de
Ayolas le dejó, que se había abajado del puerto
con el cual se consertó Alonso Cabrera, é por vir-
tud de una instrucción que Juan de Ayolas le dejó
al tiempo de su entrada, dió ovidiencia de teniente
de gobernador é desapoderó á Francisco Ruiz; so-
bre esa razón, obo pasiones é escándalos entre
ellos.
9. Luego como fué recibido Domingo de Irala
con parecer de Alonso Cabrera é García Venegas
fué á las casas é pueblo de una generación de indios
que se llaman Agaces, llevando en su compañía á
los indios Carios, é dió de noche en ellos, é mató
muchos de ellos, é los Carios comieron muchos
de ellos en servicio (presencia del capitán é
oficiales.
10. Por el mes de Noviembre del año de treinta
y nueve años, se partió Domingo de Irala con nue-
ve nabios é trescientos ombres á dar socorro á Juan
de Ayolas, é por las muchas aguas no pudieron
pasar é se volvieron. Ante de la entrada prendió
en el Rio seis Indios de los Payaguás, los dos dellos
fueron conocidos, que eran de los que fueron en-
viados en compañía de Juan de Ayolas para llevarle
el carruage cuando fué á facer la entrada. Vuelto
Domingo de Irala de la entrada estando en los
vergantines se vino á nado de poder de los Paya-
guás un Indio mancebo de fasta diez e seis años el
cual venido ante Domingo de Irala, dijo que era de
la generación de los Chaneses de la tierra adentro,
é que Juan de Ayolas é los otros cristianos abian
llegado á su tierra é alli le abian dado mucho oro,
é plata é Indios é Indias, de su generación, que se
lo trujesen, é que este Indio abia sido uno de los
que con él volvieron é llegados al Paraguay los In-
(1) Dice la edición de Pelliza.
330
ULRICH SCHMÍDEL
dios Payaguás de bajo de amistad, abiendo estado
esperando los vergantines un mes, los abian muerto
á todos á palos, é les tomaron el metal, é solo este
Indio dijo haber quedado vivo porqué se escondió
en el bosque. Los Indios que prendió de los dichos
Payaguás, luego se le tomó su conficion é dijeron
lo mismo, é ansí se comprovó la muerte del dicho
Juan de Ayolas é cristianos, por les robar el oro é
plata que traian á causa de no aliar en el puerto los
dichos vergantines que dejó.
11. Los Indios Payaguás que el dicho Domingo
de Iralaabia tomado é tenia presos de la generación
de los Payaguás, los dió, é repartió entre los indios
Garios, los cuales en su presencia é de Alonso Ca-
brera é Garda Venegas mataron é despedasaron
para comérselos en sus casas no se lo estorvando.
12. Luego el dicho Domingo de Irala mandó abrir
el testamento de Juan de Ayolas é de don Carlos
de Guevara factor de V. M. é sus bienes se gasta-
ron é distribuyeron en pagar sus deudas é cumplir
las otras mandas: publicamente era culpado Do-
mingo de Irala que por nigligencia suya é por otras
ocasiones que dió, mataron á Juan de Ayolas é
cristianos, especialmente que habiéndole dado el
principal de los mataraes ocho canoas que andu-
viesen con el con hasta ochenta Indios é sus muge-
res é hijos, para le dar de comer, dió lugar é con-
sentimiento á los Indios Payaguás que los matasen
á todos á cuya causa los Indios Payaguás tuvieron
atrevimiento de se lebantar contra él é no darle de
comer como lo hadan de la entrada qué fizo se le
murieron sesenta é cinco ombres de los trabajos é
por malos tratamientos que Juan de Ortega su
capitán les hizo.
13. A veinte é ocho dias del mes de Julio del
año pasado de mil é quinientos é cuarenta años,
embió Domingo de Irala á Juan de Ortega con dos
APÉNDICE B
331
vergantines é cierta gente al puerto de Buenos
Ayres para que tomase la posecion é se hiciese
obedecer en su nombre, é ansi lo hizo é aliando
muerto á León Pancaldo, mercader, depositó las
mercaderías en un Pero Diaz del Valle vecino de
Tarifa el cual dió por su fiador á un Martin Canos,
atambór é á otro siendo de tanto valor que pasa-
ban de diez mil dücados y estando en el dicho
puerto el dicho Juan de Ortega quiso abiar el pue-
blo é pasarlo á otra parte é no se lo consintieron los
pobladores.
14. Estando Juan de Ortega en este puerto go-
bernando por Domingo de traía, hizo á la gente
malos tratamientos de cuya causa se fueron huyen-
do en un batel honze cristianos, y por celos de una
India suya dió despaldarazos á un Rodrigo Gómez,
é lo injurió de palabras é Juan de Burgos por ser su
amigo dió despaldarazos á un Clérigo de misa
é no lo mandó castigar, antes lo hizo alguacil del
pueblo.
15. Por el mes de Marzo del año de quinientos
é cuarenta é un años Domingo de Irala se partió
con dos vergantines al puerto de Buenos Ayres,
donde estaba Juan de Ortega, é porqué se publicó
antes que partiese que lo yba á despoblar, fué Re-
querido ante Escribano que no lo hiciése por el
gran daño é pérdida que delio resultaría, maltrató
de palabra al que le requería; llegado al puerto
Alonso Cabrera beedor, que fué en su compañía,
comensó luego á dar órden como fuese despobla-
do el puerto, diciendo que no se podia sustentar, é
que nunca aviamos de ser por V. M. socorridos, é
anduvo induciendo é invocando las personas mas
principales é hicieron favor al capitán Dubrin é las
mercaderías é hacienda que estaban depositadas
en Pero Diaz del Valle las repartieron entre si é sus
amigos, é luego despoblaron el puerto estando tan
332
ULRICH SCHMÍDEL
reformado de bastimentos é ganados é bien fortale-
cido, é para ello quemaron la nao que estaba en
tierra por fortalesa, é la Iglesia, é casas de madera
sin embargo del clamor de querellas de los pobla-
dores; los Indios comarcanos Ies dijeron que no
despoblasen el puerto porque venían presto mu-
chos cristianos en cuatro navios que estaban en el
Brasil.
16. Despoblado el puerto de Buenos Ayres, Do-
mingo de Irala hizo alguacil mayor de esta provin-
cia á Juan de Ortega, é Alcalde mayor á Pero Díaz
del Valle, é hizo regidores él é Alonso Cabrera é
Garcia Venegas, Pero Diaz, ó ya libraba ó deter-
minaba los pleitos é cabsas haciendo agravios á la
gente é malos tratamientos, llevándoles derechos
esesivos, sacándoles prendas por ellos, é por que
tuvo celos de un Gonzalo Rodríguez por una India
suya fué una noche á las casas de su morada don-
de en carnes llamándole de bellaco, traydor, le
hecho mano de las barbas é pelándoselas lo trujo
á la cárcel é lo echó de cabeza en el cepo, é por-
que otro su compañero le trujo su ropa lo echó en
el cepo donde los tuvo aquella noche.
17. Cuando Domingo de Irala fué á despoblar á
Buenos Ayres, dejó por su teniente en el Paraguay
á Garcia ‘Venegas teniente de Thesorero, el cual
hizo muchos agravios á la gente é á los naturales,
mandándolos matar é quitar sus mugeres, especial-
mente mandó á Pedro de Mendoza indio, que
ahorcase dos Indios los cuales ahorcó junto al pue-
blo y á otro Indio casa de Lorenzo Moquirára,
principal, le tomó su muger, é la dió á Andrés Her-
nández el romo vecino de Córdoba, y el dicho In-
dio hizo á rrogar á las lenguas que rogasen del di-
cho Garcia Venegas que le diesen su muger e que
le daría una hija suya que trujo consigo de hasta
doce años, lo qual decía llorando é el dicho Garcia
APÉNDICE B
333
Venegas no quiso, antes porque el Indio anduvo
importunando sobrello é quejándose á Francisco
de Andrada clérigo, fué publico que lo mandó ma-
tar á palos á Lorenzo Moquirara que era suegro de
Garda Venegas é el Indio nunca mas pareció.
18. Domingo de Irala vendió á Tristan de Ba-
ilarlas antes que despoblase á Buenos Ayres una
India libre Cario por una capa de grana é un sayo
de terziopelo, é otorgole carta venta ante Baldes,
escribano difunto, sus parientes de la India reci-
bieron grande enojo por ello, en la cual el dicho
Tristan de Bailarlas tiene dos ó tres fijos, otro sí
vendió un Indio é una India de la generación de
los Agases, por una capa de grana é una colcha, á
un fraile de la orden de la Merced; é otro sí ha ven-
dido é dado consentimiento que se vendiesen muy
gran número de Indias libres, siendo cristianas, ba-
saltos de V. M. á trueque de capas é otras ropas.
19. Otro si porque un Francisco de Ontiveros é
Francisco de Zamora se quejaron que un Indio de
los naturales habia pasado por su roza é que hacia
por ella camino mandó el dicho Domingo de Irala,
traer ante sí el Indio, é traido, lo entregó maniata-
do á los susodichos é les dijo: tomadlo y en vues-
tra rosa cortalde los brazos; los cuales le dieron
grandes heridas; creyóse que lo dejaron muerto,
porque nunca mas pareció, y estos mismos se le
quejaron que una India les abia hurtado ciertos
bastimentos, é les dijo: pues tomar esa India y ca-
balgadla tantas veces hasta que seáis pagado.
20. Otro si, el dicho Domingo de Irala por celos
que tuvo de Diego portugués lo colgó de su natu-
ra, de lo cual quedó muy malo é lastimado.
21. E otro si, Juan Perez lengua cortó lo suyo á un
Indio cristiano de Moquirara por celos que tuvo dél.
22. Otro si, Antonio Pineda cerrajero mató á
traición á Valle su compañero vecino de Madrid
334
ULRICH SCHMÍDEL
por celos de una India suya, é nunca fué por ello
castigado.
23. El dicho Domingo de Irala en el tiempo que
gobernó disimuló muy feos é graves delitos é no
los castigó especialmente un Francisco Palomino,
rompió á una muchacha que tenia en su casa
de hedad de seis ó siete años, hija de su manceba
estando en el campo, é la madre la trujo al pueblo
corriendo sangre é llorando, platicando lo que abia
fecho el dicho Palomino, y toda la mayor parte de
la gente bieron lo susodicho é no fué castigado por
ser pariente de Alonso Cabrera é Garda Venegas.
24. Otro si, un López de los Ríos, vecino de Cór-
dova, siendo una noche centinela en un vergantin
deserrajó é abrió una caja de ropa que alli estaba
de un Jacomé Luis piloto é la robó é jugó todo lo
que en ella estaba, é el dicho Jacomé Luis se fué á
querellar al dicho Domingo de Irala é no le admi-
tió la querella, é Garcia Venegas le amenasó sobre
ello é por temor no cobró su hazienda ni fué casti-
gado el delito, é dende á cierto tiempo le dieron al
dicho Garcia Venegas porque en ningún tiempo
demandase al dicho López de los Ríos una India
libre é cristiana.
25. Otro si, el dicho Domingo de Irala tenia mu-
chas mugeres de la dicha generación, hermanas é
primas hermanas é otras parientas, teniendo acaso
carnal con ellas, celándolas como si fueran sus mu-
geres ligítimas, por cuya cabsa hizo malos trata-
mientos á muchas personas y especialmente á Fran-
cisco Perez que fué una noche á su casa disfrasado
y lo molió á palos, é ansí mesmo á Juan de Santiago
é á Gonsalo Chave, Indio de la tierraadentro que
trujo Juan de Ayolas cuando volvió, é ansí mandó
pregonar que ninguno fuese osado de hecharse
con India agena so graves penas.
26. Porque Gregorio .... en una farsa, le re-
APÉNDICE B
335
prehendió el dicho vicio á él é Alonso Cabrera é
Garda Venegas estando haciendo centinela junto
á su casa, le mandó dar de palos é se los dieron
Estevan de Vallejos é Pero Mendez.
27. El principal de los Agaces que se dice Aba-
cote le dió una hija suya con la cual se echó car-
nalmente porque ansí fué muy notorio é dende á
pocos días vinieron mas de ochenta Indios Agaces
con un tambor adelante de las casas de la morada
del dicho Domingo de Irala, en su presencia é de
todo el pueblo hicieron gran regocijo é dijeron las
lenguas que hadan las fiestas del virgo que habia
sacado Domingo de Irala á la hija de Abacote.
28. Otro sí, una India cristiana mató con yerbas
á Ñuño Cabrera su amo, vecino de Cazalla é Pero
Diaz su alcalde la prendió é procedió; la India con-
fesó el delito, é á ruego de Sancho de Salinas, pri-
mo del muerto, fizieron soltadisa la India, é se fué
sin castigo. En tiempo que governó Domingo de
Irala mataron dos ombres, é nunca castigó á Pero
Bocanegra que mató el uno dellos, ni á Juan Ruiz
que mató el otro. Una Iglesia que hizo de madera
en el Rio del Paraguay Francisco Ruiz Oalan, Do-
mingo de Irala la vendió á los oficiales Cabrera é
Garda Venegas por cierto precio é otorgole carta
de venta de ella.
29. Los pregones é ordenansas que mandó guar-
dar en sus amigos é paniaguados é de los oficiales,
no se esecutaban salvo en los pobres é en los que
tenia por enemigos.
30. Domingo de Irala tubo muchas pasiones con
personas particulares por celos de Indias con quien
se echaba especialmente un Francisco Gimenes,
porque se hechó con una India suya, lo desafió é
sacó al campo; otro sí se echó con una esclava de
Juan Perez lengua, por lo cual echó mano á la
espada contra el dicho Juan Perez, tomó á la es-
336
ULRICH SCHMÍDEL
clava y en su presencia, la colgó de los pies en un
árbol la cabesa abajo dende la mañana asta la no-
che, y por ser tan amigo deste vicio desamparaba
el puerto donde lo dejó á esperar su venida Juan
de Ayolas é veniase á tierra de los Garios ochenta
leguas el Rio abajo á un puerto que se dice Tapara
donde tenia una fija de un principal de allí, é estava
allí quince ó veinte dias, é los que con él andaban
le llamaban al puerto, el puerto de la hodienda; otra
cabsa muy grande dió para que los Payaguás se
al¿acen é no le diesen de comer é después mata-
ron los cristianos. Al tiempo que Juan de Ayolas
asentó pases con el principal, le dió una hija suya,
la cual dejó en guarda de Domingo de hala hasta
que él volviese, é ídose se hechó con ella é se
estaba toda el día con ella en la cámara del Ver-
gantin de que se alborotaron mucho los Payaguás
é se la quitaron.
31. Alonso Cabrera é Garda Venegas cobraron
dos veces deudas de vidas á S. M. de los bienes de
Hernando Barrio Nuevo vecino de Granada y de
Agustin de Madrid difuntos daban á ejecutar de su
propia autoridad.
32. Pusieron imposiciones nuevas sobre la gen-
te. cobrando quinto del pescado, manteca, pellejos,
cueros, maiz, gallinas, miel y otras cosas, que com-
praban de los Indios para se mantener é alimentar
sobre lo qual les hicieron ejecuciones é molestias.
33. Por el mes de Noviembre del año de quinien-
tos é cuarenta é un año, Domingo de hala mandó
poner una vandera é pregonar que todos les que
quisiesen entrar por la tierra adentro se fuesen á es-
crebir, é mandó aderezar los vergantines para partir
por el mes de Marso é Abril, luego siguiente.
34. Por el mes de Febrero del año de mil é qui-
nientos é quarenta é dos años, recibió una carta
Domingo de hala de AlbárNuñez Cabeza de Vaca,
APÉNDICE B
337
por la qual .decia que venia por tierra con cierta
gente é caballos á socorrer esta provincia por
mandato de V. M.
35. A honze dias del mes de Marso luego siguien-
te á las nueve de la mañana entró Albár Nuñez Ca-
beza de Vaca en esta ciudad de la Asunción, donde
fué recibido é obedecido por los capitanes é ofi-
ciales de V. M. é por toda la gente por Goberna-
dor é Capitán General en nombre de V. M.
36. Luego que fué obedecido el dicho Albár
Nuñez Cabeza de Vaca, comenzó á entender en
las cosas que conbenian para la buena Goberna-
ción, é por se haber despoblado el puerto de Bue-
nos Ayres, recibió congoja y embió luego á socor-
rer con navios gentes é bastimentos la gente que en
su nao habia enviado á confianza del dicho puerto,
é mandó que lo tornasen á fundar é asentar nueva-
mente por que no se perdiesen los nabios é gente
que al socorro de esta provincia viniesen.
37. A toda la gente que el Gobernador halló en
esta provincia ansi capitanes como otros oficiales é
personas hizo buenos tratamientos é dejó á cada
uno en el oficio é cargo que le halló encargándoles
sirbiesen á V. M. lealmente.
38. Al tiempo que el Gobernador vino á esta
provincia halló la gente en malos usos y costum-
bres é dende luego comenzó á quitar las costum-
bres é vicios malos quitándoles las parientas, é
ansi se quitaron é apartaron muy muchas Indias
á muchas personas de lo qual se agraviaron mu-
cho.
39. Otro sí, mandó juntar todos los Indios prin-
cipales de esta tierra y estando presentes los Ofi-
ciales de V. M. é los Religiosos é clérigos con in-
terpretes ábiles é suficientes, les mandó é aperci-
bió se apartasen de comer carne humana, abisan-
doles é haciéndoles las protestaciones necesarias
22
338
ULRICH SCHMiDEL
según se contiene en los actos que sobre ellos pa-
saron ante mí como escribano.
40. Otro sí, mandó leer é notificar á los Religio-
sos é clérigos ciertos capítulos que están en una
carta é Real mandamiento de V. M. que habla con
los dichos clérigos Religiosos para que tengan en
encomienda á los dichos Indios para que no con-
sientan que sean maltratados é les requirió é aper-
cibió cumpliesen lo que V. M. por ellos les manda
é mandóles dar un traslado de los dichos capítulos.
41. Por el mes de Mayo del año pasado de mil
é quinientos é cuarenta é tres años un Bernardo
de Castañeda fué á un lugar de Indios é entró en
la casa de uno de ellos á media noche é por fuerza
delante del propio Indio anduvo á los brazos con
su muger para flecharse con ella, el indio se vino
á quejarse el alcalde procedió é lo condenó en cien
azotes los cuales se le dieron.
42. La probanza que Domingo de Irala hizo de
la muerte de Juan de Ayolas, el Gobernador la
mandó parecer ante sí é no pudo ser abida ni se
halló entre las escrituras de un Antonio de Ayala
escribano ante quien abia pasado difunto, por lo
qual mandó tomarla á facer, é se hizo ante mí co-
mo escribano.
43. Luego el Gobernador comenzó á buscar
lumbre é caminó para ir conquistar esta provincia
é embió por dos partes ciertos cristianos é Indios
que descubriesen por tierra é por el Rio embió á
Domingo de Irala con tres vergantines é noventa
ombres, los que fueron por tierra se volvieron den-
de á dos meses sin poder descubrir camino, Do-
mingo de Irala subió doscientas é cincuenta leguas
por el rio arriba hasta llegar á tierra poblada, don-
le dieron aviso é trujo relación del camino é po-
blaciones de la tierra adentro é volvió á dar cuenta
al Gobernador de su descubrimiento.
APÉNDICE B
339
44. Los pobladores é conquistadores que en es-
ta provincia residian antes quel Gobernador á ella
viniese se le querellaron de los Oficiales de V. M.
acerca de la cobranza del quinto del pescado é
otros mantenimientos é pellejos é cueros que abian
de los Indios é cobranza de debdas é otros agra-
vios para que lo impidiese y no diese lugar á ello
lo qual el Gobernador les mandó que no cobrasen
hasta en tanto que V. M. fuese abisado é que si
mandase que se cobrase que todo lo que hasta en
aquel punto obiesen dejado de cobrar lo asentasen
á su cuenta para lo pagar de sus salarios y en lo
que tocaba á la cobranza de las debdas cesasen
hasta que obiese oro é plata en la provincia, lo
qual no quisieron hacer antes se pusieron en dar
ellos mandamientos por su abtoridad para facer
ezenciones en los pobladores é conquistadores y el
Gobernador Ies fué á la mano é no se lo consintió
é ansi por esto como por les impedir la cobranza
del quinto le hisieron muchos requirimientos desa-
catados donde el Gobernador respondió é no dió
lugar á la cobranza del quinto y en lo que toca á
las ejecuciones que las pidiesen ante él é por virtud
de sus mandamientos se executaria é cobrarla.
45. El Gobernador prosedió de oficio contra la
India que mató á su amo con yerbas é la mandó
prender é fué presa é por virtud de su confision é
de lo contenido en el primero proceso que fué
acomulado con el segundo fué sentenciada á pena
de muerte é fué hecha cuartos.
46. Pasados los requerimientos de los Oficiales
sobre la cobranza de los quintos á veinte é cuatro
dias del mes de Mayo de mil é quinientos é cua-
renta é tres años mandó juntar los Religiosos é
clérigos é á los oficiales de V. M. é les mandó leer
la Relación que Domingo de Irala habia traído de
la tierra adentro é del camino que halló para con-
340
ULRICH SCHMÍDEL
quistar é obo con ellos acuerdo é les pidió parecer,
los cuales dieron sus pareceres que debia entrar
con brevedad á conquistar la tierra según por los
dichos pareceres que presentaron ante mi parecer.
47. Para hacer la entrada é descubrimiento de
esta provincia el Gobernador mandó hacer con toda
diligencia diez vergantines é ansi mesmo mandó
traer tablazón é ligazón para facer una carabela en
que pudiese enviar á dar aviso á V. M. luego como
volviese de la conquista de todo lo que sucediese.
48. A pedimento de los naturales Indios vasallos
de V. M. é con el parecer de los Religiosos fué á
hacer guerra á una generación de Indios que se
llaman Ouaycarias é los desbarató é se trujeron
muchos dellos cabtivos, y el Gobernador soltó un
prisionero para que fuese á llamar su principal por-
que queria hacer paces con él é ansi fué é le vino el
principal é asentó pazes con él é le volvió libremen-
te los prisioneros todos que se abian traido conque
fué contento é fueron amigos.
49. A todos los Indios naturales basallos de V. M.
el Gobernador les hizo é mandó hacer buenos tra-
tamientos dándoles dadibas pagándoles é ansi man-
dó que todos les pagasen sus trabajos é persuadió
é eforzó á los Religiosos clérigos tuviesen especial
cuidado en su doctrina é enseñamiento.
50. Al tiempo que el Gobernador llegó á la costa
del Brasil, halló allí dos Frailes Franciscanos que se
dicee fray Bernardo de Armenta é fray Alonso,
los cuales trujo en su compañia á esta Provincia
é parece que en el camino se le desmandaron é de-
sordenaron con los Indios é el Gobernador les fué
á la mano, de cuya cabsa los dichos frayles vinie-
ron mal con el Gobernador, é decian que les ha-
bla fecho agravios en el camino, estos frayles son
(1) Guaycurú.
APÉNDICE B
341
ombres de mal vivir porque tienen mas de treinta
mancebas
51. Como los oficiales de V. M. vieron que el Go-
bernador no les daba lugar á que fisieseh agravios
é mandase como antes quel viniese lo asian se con-
federaron con los dichos fray Bernardo de Armen-
ia é fray Alonso para hacer todo mal é daño al Go-
bernador é para ello ansi mesmo se juntó con ellos
Domingo de Irala vizcaino debajo de juramento
quel dicho Fray Bernardo les tomó en un libro mi-
sal para que callada é encubiertamente sin lo descu-
brir á ninguna persona los dichos frayles con cier-
tos cristianos amigos suyos se fueron á la costa del
Brasil por tierra de donde el Gobernador los abia
traido diciendo quan perjudicial era y en deservicio
de Dios é de V. M. que Albar Nuñez Cabesa de
Vaca fuese Gobernador, e quan necesario era que
lo fuese el dicho Domingo de Irala é que el dicho
Fray Bernardo lo escribiese á V. M. porque siendo
la persona que era se le daria crédito á sus cartas
é que para ello embiase á fray Alonso su compa-
ñero á España é que ellos lo embiarian á pedir por
obispo desta provincia, como oficiales de V. M. lo
cual pusieron en efecto é combocaron á ciertos In-
dios de la costa del Brasil para que fuesen con ellos,
que heran muy necesarios en esta provincia, é lle-
vando cinco cristianos en su compañia é mas can-
tidad de treinta Indias cristianas, fijas é parientas
de Indios principales desta tierra sin licencia de
sus padres escondidamente se partieron al tiempo
é sazón que todos en conformidad le hablan dado
sus pareceres para que fuese á facer la entrada é
descubrimiento desta. tierra é teniendo todos los
nabios bastimentos é municiones todo á punto
para partir y el propio dia de su partida el Goberna-
(1) ¿ ?
342
ULRICH SCHMÍDEL
dor lo supo é mandó ir en su seguimiento, é fueron
vueltos de la ida destos frayles, resultó grandes es-
cándalos así entre los cristianos como entre las
naturales por les llevar sus hijas, de lo cual mostra-
ron muy gran sentimiento y el Gobernador les so-
segó é les dijo que no consentida se las llevasen é
que estuviesen seguros.
52. El Gobernador mandó proceder contra los di-
chos oficiales é mandó á Pedro Estopiña Cabeza
de Vaca á quien cometió la causa, no procediese
contra Domingo de traía por apartar alteración é
desociego é con buenos tratamientos tomarlo al
servicio de V. M. Contra los oficiales se procedió é
fueron presos é encarcelados é suspendidos de los
oficios, é remitidos á V. M. según que por los di-
chos procesos parecerá.
53. Por el mes de Setiembre del dicho año de
cuarenta é tres años el Gobernador partió con diez
vergantines con muchos bastimentos, municiones,
diez caballos é cuatrocientos ombres, mil Indios é
cien canoas que se ofrecieron de su voluntad para
ir á conquistar esta provincia por el puerto de los
Reyes, y en su lugar en nombre de V. M. nombró
por su Teniente á Juan de Salazar de Espinosa el
qual quedó en el puerto del Paraguay con doscien-
tos ombres el qual mandó con toda diligencia hi-
ciese la carabela para que cuando volviese la aliase
fecha para avisar á V. M. de todo lo subsedido.
54. Llegado el Gobernador al puerto de los
Reyes en concordia de los naturales la tierra, como
tierra que nuevamente descubria en nombre de
V.M. tomó la posesión é hizo buenos tratamientos é
dió dadivas á los naturales é mandó que no les
fuesen fechos malos tratamientos, é nombró por su
Maese de campo al dicho Domingo de Irala al
cual encargó el buen tratamiento de los Indios asi
los que con el venian como los del dicho puerto
APÉNDICE B
343
é que mirase lo que convenia al servicio de V. M.
55. A veinte é seis dias de Noviembre del dicho
año el Gobernador partió del dicho puerto á des-
cubrir é conquistar la tierra con trescientos ombres
é ochocientos Indios é diez caballos, llevando con-
sigo por guia un Indio de aquella tierra que dijo
en cinco jornadas llega*. ian á las primeras poblacio-
nes de la tierra adentro en el puerto dejó en guarda
de los Vergantines noventa ombres con un capitán.
56. A las nueve jornadas quel Gobernador obo
entrado por la tierra sin fallar poblado alguno, falló
una casa donde vivían fasta catorce Indios con
sus mugeres de la generación de los Garios los
cuales informaron é dijeron que dende alli fasta
Tapúa donde comienzan las poblaciones abia diez
é seis jornadas, lo qual visto por el Gobernador
mandó juntar los oficiales de V. M. é capitanes é
obo con ellos acuerdo si debia pasar adelante é
con su parecer se retiró é dende alli embió á Don
Francisco Ribera con otros cristianos que fueron
seis é la guia que alli tomó para que pasase ade-
lante á descubrir aquel camino hasta llegar á la
primera población, en el entretanto que iba al
puerto de los Reyes á forneserse de bastimentos
para tornar á entrar descubierto el camino.
57. En el puerto de los Reyes alió el Gobernador
atemorizada la gente porque los naturales asian
llamamiento para venirlos á matar, especialmente
los Indios de la Isla que se dicen Xaquetes é los
Guajarapos é los de un pueblo pequeño del dicho
puerto, el Gobernador procuró de los sosegar pero
todavía le mataron cinco cristianos é se los comie-
ron, por lo qual el Gobernador procedió contra
ellos é con el parecer de los clérigos los pronunció
por esclavos y que se les hiciese la guerra, é los que
fuesen tomados fuesen esclavos según que mas
largamente con el proceso é sentencia se contiene
344
ULRICH SCHMÍDEÍ,
á que me refiero donde mataron é fueron cabtivos
cierta cantidad de los que residían en la Isla.
58. A veinte dias del mes de Diciembre deste
año, embió el Gobernador un Hernando de Ribera
con un vergantin é cincuenta é dos hombres á
descubrir el Rio que llaman Igatu, que pasa por
el puerto de los Reyes por que los naturales le in-
formaron que por el bivian é estaban grandes pue-
blos de Indios con grandes mantenimientos é me-
tal.
59. A dose dias del mes de Enero delaño pasado
de quinientos é cuarenta é cuatro años bino al puer-
to de los Reyes Francisco de Rivera con los seis
cristianos con quien fué á descubrir, los cuales lle-
garon todos heridos, Francisco de Ribera informó
al Gobernador que abia ido caminando por tierra
de buenas arboledas é aguas é de mucha caza
puercos, venados, é frutas, miel y en cabo de vein-
te dias llegó á las poblaciones de Tapua Guaca
donde en un lugar de unos indios que se llaman
Tarapecoas vido oro é plata é grandes bastimentos
é questando en sus casas sintió que los querían
matar é salieron todos juntos para volverse por
donde abian venido é salieron á ellos hasta docien-
tos Indios é los flecharon é si no se metieran en el
bosque que los mataran á todos é que abia quince
dias que abian partido é que dende allí hasta este
puerto le parece que habrá setenta leguas poco
mas ó menos é que á la ida tardaron mucho en
descubrir el dicho camino, porque el camino yba
muy cercado de monte é lo fueron abriendo é que
un Indio orejon que les dió de beber como llega-
ron al pueblo de los Tarapecoas le dijo que era
paisano é questaria de alli su tierra dos jornadas é
le nombró otras generaciones de Indios conocidas
donde dijo que poseían metal.
60. Con estas nuevas é descubrimiento, el Go-
APÉNDICE B
345
bernador quisiera luego partirse á proseguir la con-
quista pero no lo pudo hacer porque Francisco de
Ribera le dijo que una laguna questaba á diez le-
guas de allí por donde forzosamente abia de pasar
estaba muy crecida que tenia ocupadas mas de dos
leguas de tierra y hera necesario esperar que abaja-
se; los naturales dijeron que hasta en fin del mes
de Febrero no abajarla porque todos los años
cresia é abajaba por el dicho tiempo.
61. Hernando de Ribera que fuéá descubrir con
el vergantin el rio de Igatu, escribió al Gobernador
aciendole saber como habia llegado á unos pue-
blos de Indios que se dicen Xaralles é que por la
Relación que de ellos abia abido, se abia determi-
nado entrar por la tierra adentro é ansi lo abia fe-
cho con cuarenta hombres é abia dejado el ver-
gantin. El Gobernador embió á mandarle con gran
diligencia que luego se volviese é que no pasace
adelante porque no le matasen é porque no le abia
enviado á descubrir portierra.
62. A treinta dias del mes de Enero vino Her-
nando de Ribera al puerto de los Reyes con el
Vergantin é gente que llevó, al tiempo que vino
falló al Gobernador mal dispuesto é la mayor parte
de la gente é de los Indios naturales, el Goberna-
dor le reprendió el atrevimiento que abia tenido
en no proseguir la navegación é descubrimiento
del rio Igatu é entrarse por la tierra adentro, no dió
Relación de su descubrimiento.
63. Estando el Gobernador en este puerto de los
Reyes esperando que las aguas abajasen para po-
der caminar á hacer su entrada é conquista toda la
gente se adoleció de calentura en tal manera que
se hallaban diez ombres sanos que guardasen el
Real.
64. Por los agravios que aquí se hacían á los
naturales de que se venían á quejar cada dia que
346
ULRICH SCHMÍDEL
los cristianos les hazian muchos daños en sus ca-
sas, tomándoles por fuerza sus haziendas, mandó
pregonar so ciertas penas que ninguno fuese á sus
casas, é que porque sin embargo desto todavia
iban, puso guarda en los caminos y en sus casas
para que no los consintiesen hacer agravios é lo
denunciasen, é mandó pregonar ansi mismo que no
se vendiesen ni contratasen las Indias libres ni las
trocasen por esclavos ni esclavas.
65. Por inducimiento de los interpretes é Capi-
tanes los Indios naturales desde puerto de los
Reyes, comenzaron á darles sus hijas é al Gober-
nador le trajeron algunas é como el Gobernador
fué avisado mandó que no se sacasen de sus casas
porque no se alborotasen é recibiesen alteración
de verlas tratar mal por esta razón é porque no
dejarlos andar é embiar por los lugares de los In-
dios los oficiales é capitanes tomaron mucho odio
contra el Gobernador é comenzaron á inducir é
predicar entre la gente que no era bien hacer en-
trada á fin de impedir é estorbar al Gobernador
que no sacase oro é plata, viendo que la tierra era
buena é abia tanto oro é plata comunicaron entre
si é dijeron si el Gobernador entra a de traer oro é
plata é perpetuará su gobernación é después no
seremos parte en la tierra contra el lo qual platica-
ron é dijeron con muchas personas para matarlo é
aqui lo quisieron matar é pegarle fuego á la casa lo
qual dejaron de hacer por que á esta sazón adole-
ció Domingo de Irala é Juan de Ortega el contador
Felipe de Caceres: á noticia del Gobernador vino
este motin á cabsa de su enfermedad no hizo cas-
tigo, pero dicernió un mandamiento en que man-
daba que ninguno fuese osado de contradecir la
entrada según parece por el dicho mandamiento
al que me refiero é comensó á hacer proceso con-
tra Domingo de ¡rala, como principal amotinador
APÉNDICE B
347
é al primer testigo que se tomó yo que era el Es-
cribano adolecí de calenturas é no se pudo ir ade-
lante é ansi mesmo el Gobernador adoleció.
66. A diez é ocho dias del mes de Marzo deste
año de cuarenta é cuatro ya que las aguas eran
bajas para poder caminar, el contador Felipe de
Caceres procuró impedir é estorbar la dicha entra-
da é conquista é que el Gobernador se Retirase é
volviese é no esperase quél é la gente se reforma-
se alli porque no viniese en efeío e para ello requi-
rió al Gobernador se abajase al Paraguay de don-
de abia salido, lo cual el Gobernador hizo contra
su voluntad
nada é demas de esto él flaco é enfermo
é ansí le fué forzado volverse por que fué abisado
que sino se volvia le abian de matar, é recibió mu-
cha pena de no poder castigar tan gran daño é
deservicio de Dios é de V. M. ympedirle la entrada
estando ya descubiertos los caminos é poblaciones
de la tierra é sabia é beia lo que en ella abia é que
los Indios traian oro é plata en orejeras, planchas é
barvotes, aqui obo el Gobernador en este puerto
de los Reyes media hacha de plata é algunas cuen-
tas de oro é plata, los Indios todos desian que los
déla tierra adentro tenian mucho del dicho metal
en basijas de que se servían: á veinte é tres deste
dicho mes se partió el Gobernador con los nabios
é gente muy flaco de la dicha enfermedad.
67. Llegado el Gobernador con sus nabios é
gente al Paraguay y enfermo de sus calenturas
halló puesto en astillero el navio que dejó manda-
do hacer para enviar é esos Reinos á dar cuenta
á V. M. é mandó se acabase con diligencia.
68. Domingo de Irala tuvo manera de dañar las
voluntades de la gente contra el Gobernador é ga-
narlas en su favor, é para ello tuvo grande aparejo
porque el Gobernador le tuvo siempre en mucho
348
ULRICH SCHMÍDEL
é le hizo Maese de campo y la manera que tuvo
fué esta, llamava á los hombres, é debajo de jura-
mento que no descubriesen nada les decia, el Go-
bernador, dice que os ha de horcar porque sois un
vellaco ladrón é quel se avia hallado presente, é le
abia dicho que estaba mal informado é que era
ombre de honrra por tanto que no le descubrie-
sen, é luego á estos mesmos los emviava de su casa
dádivas con que los atrajo á su voluntad, é desta
forma daño á muchos las voluntades, alguno ovo
que le dijeron al Gobernador por que los queria
mal, é el Gobernador como estaba inocente de tal
caso decia que no abia tal cosa é les preguntó
quien se lo avia dicho é no lo quisieron decir aun-
que trabajó en ello por saber pero como estaban ju-
ramentados, é Domingo de Irala favorecido no lo
quisieron descubrir el Gobernador no sabia la trai-
ción queste urdia.
69. Dende á quince dias que el Gobernador
ovo llegado al Paraguay, estando flaco, enfermo,
una noche del dia de San Marcos los oficiales de
V. M. con favor é ayuda de Domingo de ¡rala con
todos los vizcaínos é cordobeses que por ello fue-
ron llamados, con las ballestas armadas é los arca-
buses las mechas encendidas é con otras armas é
con grande alboroto é escándalo entraron en las
casas de su morada haciendo muestras é acometi-
miento de lo matar, se abrazaron con él en la cama
donde estaba enfermo cliciendole, libertad, libertad,
y lo sacaron por fuerza é contra su voluntad de su
casa é cama donde le hallaron con un criado que
se dice Pedro Doñate Vizcaíno el cual fué el mis-
mo que lo espió cuando estuviese solo, é trató la
traición, é lo llevaron con muchas voces diciendo
libertad, libertad, á las casas de la morada de los
dichos Garda Venegas é Alonso Cabrera, dicien-
dole palabras feas, representándole como los abia
APÉNDICE B
349
tenido presos tratándolos mal é ansimesmo un
Don Francisco de Mendoza é Alonso de Angulo
vecino de Córdoba é Fernán Arias de Mansilia
vecino de Granada é Oaliano de Neyra barbero é
Juan Xuares tejedor é Francisco Romero zapatero
é Jaime Rasquin valenciano le dijeron: agora vereis
Cabeza de Vaca como tratavades los caballeros,
metiéronlo en una camara é hecharonle unos gri-
llos, pusiéronle gente armada que lo guardasen
de los mesmos comuneros, al tiempo que lo saca-
ron de su casa los oficiales dijeron á muchas per-
sonas que vinieron é acudieron al alboroto. Seño-
res este ombre avernos preso por libertaros porque
os quería tomar las haciendas á todos y teneros
por esclavos é luego Bartolomé González escriba-
no é Hernando de Sosa les dijeron: Señores, todos
á una voz decir libertad, libertad é ansi todos á
voces como gente de pueblo decian libertad liber-
tad. Luego Domingo de Irala envió á decir á los
dichos oficiales que enviasen á prender al Alcalde
mayor é alguaciles los quales enviaron á muchos
de los comuneros, é hallando al dicho Alcalde
mayor Juan Xuares Tejedor les hecho manos de
las barbas é otros le dieron de puñadas é bofeto-
nes [é lo llevaron arrastrando] diciendole de ve-
llacon traidor é le quitaron la vara á pasándole por
las puertas de la casa de Gonzalo Mendoza de
Baeza donde él á la sazón se halló, el dicho Alcal-
de mayor le dijo, señor Gonzalo de Mendoza, mira
qual me llevan estos ombres, favorece la justicia de
S. M. y quitame de su poder; y, el dicho Gonzalo
de Mendoza respondió anda, anda, llevadle, llevad-
le que bien va, el qual llevaron ante los dichos ofi-
ciales y el dicho Juan Xuarez dijo: señores, que
mandan vuestras mercedes que hagamos de este
(1) No está esto en el MS. Mitre.
350
ULRICH SCHMiDEL
ladrón traidor, é dijeron que lo llevasen á la cárcel,
y el dicho Alcalde mayor dijo al veedor Alonso
Cabrera, que por amor de Dios que por que estaba
malo, no lo mandase echar en la cárcel, é el dicho
veedor le dijo, anda, anda, tened vos por bien des-
tar donde yo estuve, llevarle é ansi lo llevaron á la
cárcel donde estaba preso un Luis de Vaillo, sen-
tenciado á muerte porque avia muerto á un Mora-
les, vecino de Sevilla, é dando voces libertad,
libertad soltaron al dicho Vayllo é á otros questa-
van presos, echaron de cabeza en el cepo al dicho
Alcalde mayor tratándolo muy mal de palabras
injuriosas dándole con las manos.
70. Martin de Orue viscaino escribano é Barto-
mé González, escribano, fueron luego á las casas
de Francisco de Peralta alguacil é llegaron á él,
é el dicho Martin de Orue, le hecho mano de la
vara, é le dijo dejad esta vara que no la aveis vos
de traer, é el dicho alguacil dijo á los que estaban
presentes, señores sedme tetigo como me quitan la
vara de S. M. é luego lo llevaron á la cárcel á el
é á Sebastian de Fuente el Rey alguacil é los pusie-
ron en el cepo con el Alcalde mayor.
71. Fueron luego á casa de mi el escribano con
grande alboroto é escándalo Andrés Fernandez el
Romo, vecino de Cordova, é Francisco de Verga-
ra vizcaino é Bartolomé González, escrivano, é
otros muchos con las espadas desnudas, me las
pusieron á los pechos en la cama donde estaba
enfermo diciendo libertad, libertad viva el Rey, é
pasada la grita me dijeron que Domingo de Irala
embiava por las escrituras é procesos que el Go-
vernador avia fecho contra él é los oficiales, que
les dijese donde estaban é se las diese, yo les dije
que no estaban en mi poder questaban en una ca-
ja en casa del Gobernador los cuales se fueron lue-
go á la misma ora pasó el atambór é pregonando
APENDICE B
351
con el Martín de Orne que le decía lo que prego-
naba mandan los Señores Oficiales de S. M. que
ninguna persona sea osado de salir de su casa has-
ta la mañana, so pena de traidor y en acabando el
pregón, se daban una grítalos comuneros diciendo
libertad, libertad é iban acompañando el atambór
Garda Venegas armado con sus amigos, y desta
manera fueron por todo el pueblo faciendo á la
gente que no saliesen de sus casas.
72. La manera que estos Oficiales é Domingo
de Irala para prender al Gobernador tovieron, fué
que cada uno por su parte llamaron sus amigos
que se amotinaron é debajo de juramento les di-
jeron que si prendían al Gobernador serian Seño-
res de la tierra é que de otra manera, el Goberna-
dor les quería quitar sus haciendas é tenellos á
todos como esclavos que ellos como oficiales de
V. M. lo podían prender y tenían poder para ello,
é le leyeron los capítulos de las instrucciones dán-
doles para ello falsos entendimientos, con lo qual
y con otras cabtelas, poniéndolos mal con el Go-
bernador vinieron en su voluntad á otras personas
de quien no tenían tanta confianza les dijeron que
el Gobernador les quería tratar mal é tomarles sus
faciendas, é quellos como oficiales querían ir á re-
querir no lo hiziese, pero que por que el Goberna-
dor estaba mal con ellos é se temían que por le ir á
requerir les mandaría prender, era necesárlo que
fuesen con ellos pues se ponían á tanto peligro por
lo que les cumplía á otros embiaron á llamar á sus
casas con sus criados é los encerraron en cámaras
sin decirles para que efecto, é unos á otros se pre-
guntaban, para que venimos aqui, ques esto, é nin-
guno supo la cabsa, de lo cual después se han teni-
do por engañados é al tiempo que sacaron al Go-
bernador de su casa los mandaron salir diciendoles,
id á favorecer los Señores Oficiales que traen preso
352
ULRICH SCHMÍDEL
al Gobernador por que os quería tomar vuestras
faciendas é teneros por esclavos: en casa de Lope
Duarte vizcaíno avia gente encerrada por ser ami-
go de Domingo de Irala.
73. Otro dia pasado lo suso dicho mandaron
pregonar que todos fuesen delante de las casas de
Domingo de Irala donde delante de mucha gente
de los comuneros, Bartolomé González escribano,
leyó un billete (libelo?) difamatorio contra el Go-
bernador, llamándole tirano traidor é otras muchas
injurias, é que quería robar é quitar á la gente sus
haciendas, de cuya cabsa los comuneros se toma-
ron á alborotar é quisieron ir á matar al Goberna-
dor á la prisión donde estaba.
74. Luego los dichos oficiales eligieron por te-
niente de Gobernador é Capitán Gral desta
provincia al dicho Domingo de Irala, y todos los
comuneros alborotadores le obedecieron, y el di-
cho Domingo de Irala fizo su alcalde mayor á Pero
Diaz del Valle, é alguaciles á Bartolomé de la Ama-
rilla é Sancho de Salinas comuneros.
75. Luego Domingo de Irala me tornó á embiar
á pedir con Francisco de Coimbra su mayordomo
los procesos que contra él é los oficiales abia fecho
el Gobernador ó la llave de la caja donde estaban
é yo le dije que la llave de la caja donde estaban
la tenia el Gobernador, é la llave principal de la
caja la tenia Francisco Galan, á quien yo abia
dejado á guarda al tiempo que fui á la entrada, é
otro día el dicho Francisco Galan, me dijo como le
abia tomado llave de la dicha caja donde estaban
los dichos procesos.
76. Luego tomaron é secuestraron los bienes del
Gobernador é los comenzaron á distribuir é repartir
entre si é los otros comuneros donde pareció el in-
teres de la codicia é no de la justicia.
77. En la prisión del Gobernador es muy públi-
APÉNDICE B
353
•co é notorio que dieron su parecer é favor Fray
Bernardo de Armenta é Fray Alonso Lebrón su
compañero por temor que le tenían por los delitos
por ellos cometidos, en ansí mismo un Juan Gabriel
de Lescano vecino de Villadolid é Francisco de An-
drade portugués é Martin González Fonseca veci-
no de Canaria clérigos porque los corregia é acia
vivir onestamente é creyendo después vivir á su
placer é dijeron que estaría bien prenderlo é ansi
mesmo dió su parescer Fray Luis de Herresuelo de
la Orden de San Gerónimo hombres de mal vivir.
Preso el Gobernador, el dicho Domingo de Irala é
oficiales de V. M. é todos los comuneros fueron é
enrbiaron por los lugares é casas de los naturales
vasallos de V. M., é les tomaron sus faciendas é les
facían venir á Palos á trabajar é servirse de ellos é
les tomaron sus mujeres é hijos por fuerza é con-
tra su voluntad, vendiéndolas trocándolas por ro-
pas é rescates de manera que los Indios se altera-
ron é estuvo á punto de perderse todo.
78. Luego comenzó la gente á tener grandes al-
borotos é escándalos pesándoles de la prisión del
Gobernador, viendo la perdición tan grande de la
tierra así de los naturales como de los cristianos
que se iban é desamparaban la tierra todos los co-
muneros en publico é en secreto juraban que si
se pusiesen en sacar y dar libertad al Gobernador
que lo habían de matar é dar de puñaladas antes
que lo sacasen porque no les cortase la cabeza é
para ello pusieron en su guarda al teniente de teso-
rero García Venegas é Alonso de Valenzuela é
Andrés Fernandez vecino de Córdoba los quales
publicamente desian que le abian de dar de puña-
ladas é cortarle la cabeza é arrojársela á los que
lo viniesen á sacar: bien quisieran los leales servi-
dores de V. M. darle libertad, vista la perdición tan
grande, lo qual fizieron saber al Gobernador lo mas
23
354
ULRICH SCHMÍDEL
secreto que pudieron, les escrivia donde rogaba á
todos que se estuviesen quedos é no se moviesen
porque menos inconveniente era venir preso ante
V. M. donde se le aria justicia, que procurar la
perdición de la tierra é que se sosegasen por que
lo tenian los alborotos é escán-
dalos que su prisión donde mandavan á decir que
le abian de dar de puñaladas.
7Q. A los leales vasallos de V. M. les comenza-
ron á hacer muy grandes vejaciones é agravios é
malos tratamientos, quitándoles sus hasiendas dán-
dolas á los comuneros, é prendiéndolos é echán-
dolos en las cárceles, llamándolos traidores ha-
ciéndoles muy grandes amenazas, diciendoles que
por que eran de la parte del Gobernador procuran-
do con engaños é con estos malos tratamientos
metér en su desatino por lo qual hiendo que sin
causa los prendían algunos ivan á favorecer á la
Iglesia é á estos mandaban que [no] les dieran
de comer é lo mandaron á los que se lo embiaron
por tomallos por hambre para que no osasen ha-
blar ni facer cosa alguna en favor del Gobernador.
80. Todas las noches andavan treinta é cuarenta de
los comuneros armados defendiendo que ninguno
saliese de su casa, amenazando que hablan de
matar al que fuese de la parte del Gobernador si lo
encontraban de noche é poníanles grandes pena^
mandándoles que no se hablasen unos con otros
en público ni en secreto, quitándoles á todos sus
armas é barrieron é fortalecieron toda la calle don-
de estaba preso el Gobernador, é allí estaban todos
los comuneros de dia é de noche con sus armas
guardándolo con grandes temores é alborotos que
recibían solamente de ver tablar á un ombre con
otro.
(1) El «no» falta en este MS.
APÉNDICE B
355
81. Preso el Gobernador, visto por los oficiales
el yerro é desatino que abian fecho donde parecia
é abian mostrado aberlo fecho por aberlos tenido á
ellos presos é por que no los embiase ante V. M.
presos con los procesos de su culpa acordaron é
dijeron, pues lo abemos preso porque no quede-
mos por traidores é nos corten las cabezas haga-
mos procesos contra él, é comenzaron á fablar con
los comuneros dándoles abiso de lo que abian de
decir contra el Gobernador, é con dadivas é pro-
mesas sobornaron otras muchas personas y en esto
gastaron la facienda del Gobernador y el hierro
que tenia para sustentar é proveer la conquista é de
que se habia de acabar de hacer la carabela para
embiar á dar aviso á V. M. [la obra] de la cual
cesó luego é no curaron de mandarla acabar é pa-
saron siete meses que no tocaron en ella é manda-
ron desfacer.
82. En las depusisiones de testigos que se toma-
ban contra el Gobernador por ser el Alcalde co-
munero en lo que era en su favor no lo asentaban
ni escribian diciendo no os preguntan eso inducién-
doles dijesen lo que á ellos les estaba bien facién-
doselo firmar á muchos de ellos por fuerza é porque
saliendo estos oficiales alborotadores é sus criados
á robar por la tierra é viniendo á noticia del Gober-
nador saliese á reprendellos é maltratallos les dijo:
pareceos ques cosa justa que cada uno de voso-
tros quiera ser rey en la tierra pues quiero que se-
páis que no hay otro Rey ni le a de aber ni otro
Señor sino S. M. é yo en su nombre con razones
indirectas facia Pero Diaz del Valle alcalde que
dijesen que el Gobernador abia dicho que era Rey
é sobre esto facian provanzas sobornando á los
testigos que lo dijesen.
(1) Falta en este MS.
356
ULRICH SCHMÍDEL
83. Siendo preso el Gobernador despacharon á
los frayles Franciscos Fray Bernardo é Fray Alonso
á la costa del Brasil al cual cometieron que escri-
biese á V. M. contra el Gobernador porque siendo
religioso é la persona que era se le daria crédito á
sus cartas é comprovaria sin provanzas para ello les
dieron cinco cristianos y llevaron más de 50 Indias
hijas de Indios de esta tierra las cuales llevaron por
fuerza contra la voluntad suya é de sus padres é
parientes aprisionadas con cuerdas atadas las ma-
nos é de noche con grillos porque no seles fuesen
sus padres é madres quedaron llorando el destierro
de sus hijas.
84. Antes que el dicho Fray Bernardo se partiese,
vendió Indias libres por esclavos [con hombres
que avia preso al Gobernador que no se lo podia
impedir ni es... é se... ran Domingo de Irala é ofi-
ciales.
85. Después de la prisión del Gobernador a
ávido muchos hombres que han cometido delitos
dando heridas é matando ombres é quebrantando
casas de hombres casados é los ha desimulado
Domingo de Irala é su alcalde é no los a castigado
ni preso pudiéndolos prender, solamente a perse-
guido é molestado á los que eran servidores de
V.M. porque les pesaba de la prisión del Goberna-
dor, é sacó de la Iglesia á un Ambrosio é Ensebio
por que se iva á la costa del Brasil á vuscar reme-
dio para avisar á V. M. de la traición é levanta-
miento de esta tierra é porque un Fray Juan de
Zalazar é Francisco González Panlagua clérigo se
lo quisieron resistir requiriendole no quebrantase
las iglesias los trató mal de palabra Domingo de
Irala, é le echó mano á las barbas é les dijo renie-
go de la leche que mamé sino me lo aveis de pagar.
(1) Falta en el MS.
APÉNDICE B
357
loqual hizo con mucho alboroto una noche á media
noche con arcabuzes é ballestas é gente armada
de los comuneros que los acompañaban, á fin de
tener la tierra tiranizada.
86. .i un clérigo de misa que se dice Luis de
Miranda por decir que era mal fecho prender al
Gobernador le prendió Domingo de hala é lo puso
en una cárcel en una casa donde tenia preso al
Alcalde mayor del Gobernador é alli los a tenido
tiempo de ocho meses con malos tratamientos.
87. Otro si, mandó dar cien asotes á un Cristo-
val Brabo porque queria dar libertad al Gobernador
el pregón decia esta es la justicia que manda facer
el señor Domingo de hala á este ombre por traidor
é aleve á S. M. é con engaños por tener ocasión
de prender gente de los leales le dijeron que lo
soltarían libre si encartaba á los que el Contador é
el Alcalde é fecha la declaración lo azotaron é
prendieron á otras muchas personas sin tener cul-
pa mas de la quellos argulleron.
88. Los dichos oficiales echavan echadizos de
los traidores comuneros que afrentasen é matasen
á los que dijesen mal de la prisión del Gobernador
y con almagrales señalaban las espaldas é les de-
sian traidores almagrádos é por que un Pedro de
Castro hombre casado dijo quera mal preso el
Gobernador el contador le embió á llamar é lo de-
sonrró é le dijo que juraba á Dios que lo abia de
mandar empozar é luego otro dia saliendo de la
Iglesia — echó mano para él Andrés de Montalvo
é le tiró de cuchilladas diciendo que siendo un ve-
llaco tenía atrevimiento de decir ninguna cosa con-
tra los Sres. Oficiales, el dicho Pedro de Castro se
defendió é Domingo de hala le mandó prender é
procedió contra él é por ruego de personas lo soltó
ciende á cinco dias el dicho Montalvo se fué á
casa de los oficiales donde estaba hasiendo guarda
358
ULRICH SCHMÍDEL
al Gobernador por manera que á los libres que no
tenían culpa condegnavan é molestavan con prisio-
nes é los delincuentes asolvian.
89. Otro si, dende pocos dias que el Goberna-
dor fué preso entró Bartolomé González escribano
á hacer ciertos abtos con él, é ante muchos testigos
le requirió é mandó asentase é diese fée como en
nombre de V. M. otorgaba su poder al capitán
Juan de Salazar para que fuese teniente de Gober-
nador desta provincia, é el dicho Bartolomé Gon-
zález no lo quiso hacer é el dicho Domingo de
Irala antel propio Bartolomé González escribano é
los testigos que estuvieron presentes les mandó
debajo de juramento é les mandó so graves penas é
amenazándolos no dijesen ni descubriesen lo suso-
dicho á ninguna persona.
90. A un García de Jaén é Juan de Sotelo é
Francisco Delgadillo é Antonio Higuera é Gonzalo
Portillo é Melchor Nuñez, é Alonso del Castillo é
Antón del Castillo é Francisco de Loudoño é Pe-
dro de Esquivel é á otros muchos en amenazando é
echando manos á las espadas diciendo que los
abian de matar si hablavan en favor del Goberna-
dor.
91. Un Gregorio de Acosta Portugués en la pa-
red de su casa hizo unas letras cabadas con un
cuchillo que decían por tu ley é por tu Rey é por
ver casa morirás, é pasando por alli Juan Xuarez é
Lope Dagarte vizcaíno é otros comuneros los le-
yeron é hicieron gran pesquisa [sobre quien [las
abiajescripto diciendo que juraban á Dios que hera
muy mal fecho porque en un tiempo como aquel
no se abian de escribir semejantes cosas, é algún
traidor vellaco el que las abia escrito é merecía ser
castigado é el dicho Gregorio de Acosta se encu-
(1) Faltan estas palabras en el MS.
APÉNDICE B
359
brió porque no lo matasen é los susodichos lo fue-
ron á decir á Domingo de hala é luego volvieron é
con un clavo deshicieron las letras dándoles mu-
chos rasgos de manera que no se pudieron más
leer.
92. Un Pedro de Melina Regidor viendo la per-
dición tan grande por la prisión del Gobernador
como se divulgase que lo queria sacar desta pro-
vincia, vino á facer un requirimiento á los oficiales
requiriendoles lo soltasen pues ya estaban bien
pagados é satisfechos del con la larga é aspera
prisión en que le avian tenido é tenian porque la
tierra no se perdiese é despoblase donde no que
antes que lo sacasen de esta tierra le diesen lugar
que nombrase una persona que con su poder en
nombre de V. M. gobernase esta provincia, Martin
de Orue escribano no quiso leerlo: los oficiales
amenazaron á Pedro de Molina diciendole que
se fuese con palabras afrentosas, muchos comu-
neros quisieron poner en él las manos diciendo
que abia sido grande atrevimiento venir á reque-
rir á los Señores Oficiales é que lo ahorcasen
que bien lo merecía porque otros no se atrevie-
sen é desta manera embiaron afrentosamente al
dicho Pedro de Molina é lo an tenido é tiene
preso.
93. Otro sí, acordaron que Martin de Orue vaya
en esos Reinos á acusar al Gobernador é á escu-
sarse así é á los otros comuneros de las traiciones é
robos de la tierra, temiendo que V. M. no los manda-
se castigar cuando contasen sus delitos é con
cabtelas é vias indirectas ficieron otorgar un po-
der á muchas personas al dicho Martin de Orue
diciendo que en su nombre pedirla mercedes é
libertades para esta Provincia, é con esta cabtela á
nombre de todos acusar al Gobernador, el qual
poder les ficieron otorgar, por fuerza, serian los
360
ULRICH SCHMIDEL
que le otorgaron hasta cien hombres poco mas ó-
menos.
94. Preso el Gobernador Domingo de Iraké
los oficiales an dado licencias á los Indios princi-
pales naturales de esta tierra, siendo cristianos que
comiesen carne humana, matando en su casa In-
dios enemigos suyos. Gonzalo de Mendoza, pidió
licencia para Tinbuay su suegro é mató un agaz é
vinieron á comello mas de dos mil Indios.
95. Otro sí, estando en misa Domingo de Irak
un dia de fiesta, en presencia suya é de todo el pue-
blo un criado suyo que se dice Juan Vizcaino co-
menzó á meter las manos entre las tetas á las In-
dias, y un Baltasar de Sevilla se lo reprehendió por
lo cual le dijo malas palabras y el dicho Baltasar de
Sevilla le dió un bofetón delante del dicho Domin-
go de Irak por ello no procedió por justicia antes
lo amenazó jurando á Dios que se lo avia de pagar
porque lo abia afrentado é dende á ocho dias vino
á misa muy acompañado é saliendo acabada la
misa el dicho Juan Vizcaino dió de palos á la puer-
ta de la Iglesia delante de su amo el dicho Baltasar
de Sevilla é lo derribó en el suelo descalabrado so-
bre lo qual no se hizo ningún castigo pudiéndolo
prender antes tenia como antes en su casa al dicho
Juan Vizcaino.
96. Cada dia por las calles amenazavan por
los cantones fijadas cédulas que decian quien á su
Rey no fuera leal ni le valdrán Castilla ni Portugal,
sobre saber quien lo facia llamándolo de traidores
é que los abia de castigar, tuvo presos Domingo de
Irala á Antón Martin del Castillo é Melchor Nuñez
é hizo proceso contra ellos.
97. Otro si, el dicho Domingo de Irak después
de preso el Gobernador todas las mugeres que
(1) Debe de ser «amanecían».
APÉNOrCE B
361
tenia parientas las sacó de su casa é las embió á su
heredad dos leguas del pueblo por la reprensión
que le hizo el bachiller Martínez clérigo, y muchos
dias se iva á estar con ellas é ansi lo hizo el dia de
Cuerpus Cristis é otros dias de fiesta.
98. Un Zoilo de Solorzano comunero se enamo-
ró de una India criada del maestro Miguel Herrero
é preso el Gobernador fué á su casa é se la tomó
por fuerza é la puso en casa de Domingo de Irala
é dello se le fué á quejar Maestro Miguel é mandó
que recibiese otra India por ella y el dicho Solorza-
no tiene por su manceva la dicha india é dijo a. . . .
am. es [un] . . . este es buen tiempo donde los bue-
nos son bien tratados.
99. Otro si García Venegas Teniente de Tesore-
ro se enamoró de una India de Pedro Gallego é
rogó al dicho Domingo de Irala que se la hiziese
haber é dió por ella dos Indias libres por interce-
sión del dicho Domingo de Irala é la ha tenido é
tiene por su manceba é tiene hijos en ella.
100. Otro si Pero Benites de Lugo con celos
que tuvo de un Indio cristiano que se echava con
su manceba le dió de cuchilladas é no se procedió
contra él ni quiso curar al Indio é un Leonardo Ale-
mán le llevó á su casa é lo curó é embió á rogar al
dicho Pero Benites que pagase la cura é no quiso é
fué á Domingo de irala que se la mandase pagar é
respondió que era caballero é no se lo podía man-
dar é el cirujano pidió la cura al dicho Leonardo
ante su Alcalde é mandóle que se la pagase é la
pagó.
101. Muchos de los alborotadores comuneros
después de preso el Gobernador an vendido Indias
libres por esclavas é esclavos é por dineros á pa-
gar en esos reinos, especialmente Domingo de Ira-
la, Pedro Dorantes, Gonzalo de Acosta, Gonzalo
Moraño, Gonzalo de Mendoza é Rodrigo García, é
362
ULRICH SCHMÍDEL
el contador Felipe de Caceres é dio un esclavo á
Francisco Alvarez Gaitan porque le diese una in-
dia que tenia fermosa é un tocino é otras cosas
porque le pareció bien, la qual tiene por su man-
ceba.
102. Otro sí Francisco Alvarez vecino de Tala-
vera comunero, ahorcó una India suya é la echó
muerta en la Ribera del Rio junto á su casa de Do-
mingo de Irala, é no lo castigó por ello antes quitó
una India á su servidor vasallo de V. M. é se la dió
al dicho Francisco Alvarez.
103. Otro sí, Domingo de Irala é oficiales orde-
naron un capítulo para que todos los comuneros é
los otros que pudieren engañarlo estuviesen en sus
casas contra el Gobernador diciendo mucho mal
del, é á los que escribían por su parte y á un Agui-
lera regidor, dieron cargo que hiciesen escribir é le
escribiesen aqueste capítulo difamatorio contra el
Gobernador en todas las cartas que viniesen á sus
manos para estos Reinos é ansí ordenaron é escri-
bieron muchas esto me dijo Damian Do-
rias vecino de Sevilla diciendo que á él se lo avian
encargado é abia escrito muchas cartas é que se lo
pagaron los oficiales en unos calzones de algodón
qtfe le dieron.
104. Preso el Gobernador D. Francisco de Men-
doza tomó por fuerza á un Maese Diego una ba-
llesta que tenia muy buena é yéndose á quejar dello
le dijo Domingo de Irala que era caballero, y que
no podia ser compelido por justicia é se quedó con
la vallesta.
105. Otro sí, el dicho Don Francisco tomó un
esclavo á Francisco Sánchez aserrador so color
que por él le mandarla facer una casa é nunca se
la quiso hacer, fuese á quejar dello á Domingo de
(1) No está claro.
APÉNDICE B
363
Irala é á su Alcalde é dijeronle que era caballero
é no tenia la justicia que facer con el, é se quedó
con el esclavo.
106. Otro sí pidió maese Diego una vallesta é
otros bienes que dejó á guardar á Antón Martin
Escaso quando fué al descubrimiento con el Go-
bernador é no quiso dar é pidiólo ante Pero Diaz
Alcalde é dijole que tuviese empacho de pedir tal
cosa porque era ombre onrrado Escaso é que pues
de su voluntad no se lo daba que no le debia nada
é no pudo alcanzar la justicia por ser comunero
Escaso.
107. Rodrigo de Osuna pidió ante Domingo de
Irala é su Alcalde á Luis Osorio comunero dos
camisas que le debia é dijeronle que era caballero
é no le podia apremiar por manera que se quedó
sin su fazienda, todo lo que los comuneros pedían
ante Domingo de Irala é su Alcalde justo é injusto
se hacia como lo quedan é pedían é los leales va
[salios no podían alcanzar justicia antes les de-
cían traidores los del bando de ez . . . . <2)
108. Un Francisco de Sepulveda mató una hija
suya é fué preso é molestado sobrello hasta que les
prometió de no ser contra ellos é luego lo soltaron
libre Por parte de Francisco López se pidió
ejecución en los bienes del Governador ante Pero
Diaz Alcalde el cual dicernió su mandamiento de
ejecución contra los bienes.
109. Domingo de hala é los oficiales han pedido
al Gobernador según yo he sido avisado que dé
poder al dicho Domingo de hala para que gobierne
é no lo ha querido facer é ansi como escribano me
pidieron ordenase é escribiese el poder é escribiese
al Gobernador que lo firmase porque era cosa que
(1) Falta en el texto del MS.
(2) Así en el MS.
364
ULRICH SCHMÍDEL
le cumplía é por que no lo quise facer me an fecho
muy malos tratamientos é me tuvieron preso por
decir que avia sido mal fecho prender al Gober-
nador.
110. Otro sí el dicho Domingo de Irala é su Al-
calde tomaron todas mis escrituras, procesos é re-
gistros é el proceso quel Gobernador abia fecho
contra él, é sin cuenta ni razón alguna las entrega-
ron ájuan Hernández comunero é ansi mesmo
an visto los procesos que estavan cerrados contra
los oficiales de V. M. é los an leído é visto.
111. Otro sí, Domingo de Irala preso el Gober-
nador se pronunció por sentencia de su Alcalde
por heredero de los bienes de Llance aleman
é no ha querido fasta agora pagar las debidas é
dejó pobre á un hijo natural del difunto valdrían
los bienes mil ducados.
112. Porque con larga relación de los agravios
é injusticias que an fecho é de presente hacen po-
dría ser que V. M. recibiese algún desabrimiento
acuerdo de escasear muy gran parte dello é aun
por la falta que de presente tengo de papel, é ansi
V. M. suplirá el defecto si alguna parte borrada se
fallare.
113. Y V. M. crea que no me mueve pasión al-
guna á escribir lo que escribo salvo zelo de cristia-
no é lealtad al servicio de V. M. la qual prospere é
enzalze nuestro Señor por largos tiempos como
V. M. desea é sus vasallos é criados deseamos por-
que la Santa Fé Católica sea ensalzada en sus prós-
peros é felices dias y este nuevo mundo que está
por descubrir sea reducido á la Santa Fé católica.
Del puerto de la Asunción ques en el rio del Para-
guay á veinte é ocho dias del mes de Enero de mil
é quinientos é cuarenta é cinco años — va escrita
(1) Sánchez en la edición Pelliza.
APÉNDICE B
365
esta relación diez fojas de pliego entero con esta
en que se concluye— S. C. C. M. — El umilde criado
é vasallo de V. M. que sus Reales pies y mano besa.
Pero Hernández.
—Hay una rúbrica.
[El original existe en el Archivo de Indias de Se-
villa — El Cónsul argentino en la misma — Tovia —
Hay un sello del Consulado].
En la edición de Pelliza se agrega lo siguiente :
Simancas Descubrimientos
Perú
Descubrimientos, descripciones y poblaciones
pertenecientes á este Reyno.
Años
1544 á 1640
2° y último
Est. N° 1
Caj. » 1
Leg. » 2
APENDICE C
INFORMACIÓN
DE LOS MÉRITOS Y SERVICIOS DEL CAPITÁN
GONZALO DE MENDOZA
Febrero 15 de 1545
[ Importantísimo documento que sirve para es-
clarecer los hechos de la conquista del Río de la
Plata' desde el año 1535 y 6 hasta el 45 en que se
levantó esta Información El interrogatorio y
las declaraciones de los testigos, el capitán Juan de
Salazar de Espinosa y don Francisco de Mendoza,
se publicaron en la Colección de Documentos de
don Blas de Garay, tom. I, número XXIll (Asunción
1899), pero faltan, el escrito que presenta Hernando
de Mendoza, hermano de Gonzalo, y las declara-
ciones de los testigos Simón Jaques, Andrés de
Arcamedia, Bartolomé de Moya, Ruy García, Her-
nando Laguardia, Martín Bén?on, Richarte Limón,
Sebastián de León, Hernando de Prado y otros
más Por lo general las contestaciones se repiten
(1) Muy particularmente en cuanto á la fecha de la fundación de la primi-
tiva ciudad de Buenos Aires; porque si el 3 de Marzo de 1536 se despachó
la nao Santa Catalina por víveres á la isla del mismo nombre, mal pudo ser
Marzo la fecha de la tal fundación. Ver Madero, p. 144.
(2) Esta lista no condice del todo con la nómina de los testigos que de-
clararon según el MS.
368
ULRICH SCHMÍDEL
al cansando, pero hay dos de ellas que tocan muy
de cerca la clasificación etnográfica y lingüística
que de los Timbó y otros Indios dió Schmídel en
sus capítulos XVI y XVII. Estos datos se contie-
nen en las contestaciones á la pregunta 12, y son
tan claros terminantes que no será ya posible re-
clamar á estos Indios como de la raza Guaraní. El
documento en su forma completa recien llegó de
España hace pocas semanas, después de estar ya
impresos los capítulos correspondientes del Prólo-
go y Texto; pero estas declaraciones sólo confirman
lo que se había establecido ya con la relación de
Schmídel, etc., que los Indios de Buena Esperanza,
Caracará y Timbú, no eran de la generación
de los Guaraní.
El señor Enrique Peña es quien ha facilitado este
precioso y en parte desconocido documento, que
hizo venir de Sevilla, juntamente con la carta de
Villalta é información de Ruiz Galán (1538) al ob-
jeto de ilustrar el texto de Schmídel. Madero citó
y utilizó estos papeles, pero no los publicó, sin
duda por hallarlos algo voluminosos; Garay se li-
mitó al interrogatorio y dos testigos; desde luego
el documento tal como se reproduce en esta vez
puede llamarse inédito, como que lo es en varias
partes, y como tal era indispensable para la mejor
comprensión del relato de nuestro autor.]
(1) Solo de los Caracará podía haber cabido duda.
APÉNDICE C
369
ARCHIVO GENERAL DE INDIAS, SEVILLA.
PERÚ
Informaciones de méritos y servicios de descubridores, conquista-
dores Y pobladores del perú
1531 á 1542.
Patronato— Est. 1®, Caja 4^ Leg. ~
S. C. C. Mag-> antes del
9 de Octubre del año 1539.]
OBLIGACIÓN DE DIEGO DE LA ISLA Á FAVOR DE
GREGORIO DE LEYES
De El Archivo Nacional de la Asanción. Año I, Oct. 1900. N.” II, Doc.
XXXVIII
Oct. 9 de 1539.
En el puerto de nuestra Señora de la Asunción
Conquista del Rio de la Plata a nuebe dias del mes
de Octubre de mili e quinientos e treinta y nueve
años en presencia de mi Juan Valdez de Palen-
zuela escri° de sus mag.'*® y testigos ynfrascriptos
(1) Ver Apéndice J.
28
434
ULRICH SCHMÍDEL
paresció presente Diego de la Ysla becino de Mala-
ga e dixo que por cuanto estando en el puerto de
Corpus Christi que es en esta Conquista puede
aber un año poco mas ó menos que los Indios de
aquella comarca mataron á ciertos cristianos entre
ellos á Pedro de la Ysla su hermano el qual dexo
ciertos bienes aunque pocos los quales bienes
quedaron en poder del dicho Diego de la Ysla e
que agora Gregorio de Leyes tenedor de bienes
de defuntos en esta Conquista quería pedir los di-
chos bienes al dicho Diego de la Ysla e que para se
quitar diferencias benian concertados que el dicho
Diego de la Ysla se obligase e diese fiancas que cada
e quando que al dicho Gregorio de Leyes le binie-
re algún daño por no litigar e pedir los dichos
bienes que se flechara a paz e a saibó e pagaran
todas las costas daños principal que sobre ello vi-
niere por ende el dicho Diego de la Ysla como prin-
cipal e Hernando Alonso de Ronda como su fiador
de mancomún y cada uno por el todo renunciando
las leyes de mancomunidad e se obligaron por
sus personas e bienes e portes que agora tienen e
tubieren ansi en los Reynos de España como en
esta Conquista para que cada e quando que al
dicho Gregorio de Leyes le fuese pedido o ynstados
alguno culpa o remisión por no aber litigado e pe-
dido por justicia los dichos bienes que pagaran las
costas e dañóse calunias que el dicho Gregorio de
Leyes se le le recrescieren e mas todos los bienes
del dicho defunto conforme un ynbentario que
paso ante Gómez Maldonado firmado de su nom-
bre en defecto de escrivano el qual ynbentario
estaba en poder de Gregorio de Leyes para lo
qual se obfigaron según dicho es e renunciaron
las leyes de que se puedan aprobechar e lo resci-
bieron porseni.® el dicho Fernando Alonso lo firmo
de su nombre e el dicho Diego de la Ysla por que
APÉNDICE H
435
dixo que no sabia escrivir a su ruego firmo Gaspar
de Ortigosa testigos el dicho Gaspar de Ortigosa
becino de Córdoba e Fran™ de Coimbra becino de
Manbella e Juan de Venialbo becino de Valladolid
estantes en la Conquista — Hernando Alonso —
por t^° Gaspar de Ortigosa.
APENDICE I
A . — Las citas del Archivo Nacional de la Asun-
ción se refieren á la materia de la nota 4 pp. 41 y
49 en que como siempre van reunidos los nombres
de Ruiz Galán y Juan Pavón.
D . — El documento citado por Domínguez se
halla en el tomo 58, número 12 del Archivo de la
Asunción; es una causa seguida por Ortigosa.
APÉNDICE J
JURAMENTO DE OBEDIENCIA
[Documentos que acreditan la presencia de Ruiz
Galán y otros en Corpus Christi el 28 de Diciem-
bre de 1538, como también que Gonzalo Alvarado
y Carlos Dubrin quedaron mandando en Buena
Esperanza y (vel ó) Corpus Christi. Reproducido de
la Colección Blas Garay. N.° IV],
JURAMENTO DE OBEDIENCIA AL CAPITAN FRANCISCO
RUIZ GALAN THENIENTE DE GOVERNADOR E CAPI-
TAN GENERAL POR DON PEDRO DE MENDOZA (1 538).
Archivo General de Indias ecc. Patronato, 74*4-25.
Yo Pero Hernández scrivano de su magd. doy
fe a los señores que la presente vieren en como en
el puerto de Corpus Xpti veynte e ocho dias del
mes de Diziembre año del nascimiento de nuestro
Salvador Xpto de myll e quinientos e treynta e ocho
años, el magnífico señor capitán Francisco Ruyz
Galan, theniente de governador e capitán general
por el ylustre e magnífico señor don Pedro de
Mendoza íñ adelantado governador e capitán ge-
(1) Las mayúsculas no están en el original, las pongo para ayudar al lector.
440
ULRICH SCHMÍDEL
neral en esta provincia por su magd. en presencia
de mi, Pero Hernández, escrivano de su magestad
mandó hazer e hizo un abto e solenydad de jura-
mento su thenor del qual dise en esta guisa:
Juramento — E después de lo suso dicho en el
dicho puerto de Corpus Xpti veynte e ocho dias
del dicho mes de diziembre del dicho año de myll
e quinientos e treynta e ocho años, en presencia de
mí, Pero Hernández, scrivano de su magestad, el
señor theniente de governador e capitán general
para mayor pacificación, e porque ansy conviene
al servycio de su magestad e bien de este exército,
mando á todas las personas de qualquier estado e
condición que sean, que están y Resyden en este
dicho puerto hagan la solenidad e juramento que
de suso por su merced será declarado, e para lo ansy
hacer y efetuar mandó traher ante sy un libro mi-
sal que al presente tenya abierto en sus manos
Graviel de Lezcano, clérigo cura de este dicho
puerto, por la parte donde están scriptos los sáne-
los evangelios, donde el dicho señor capitán, the-
niente de governador tomó e Rescivió juramento
en forma devida de derecho de Garci Venegas
thesorero de su magestad, capitán de su señoría, e
del contador Felipe de Cáceres, e de don Francisco
de Mendoza, capitán de la gente de cavallo de esta
provincia, e del capitán don Carlos Dubrin, e de
Juan de Morales, su alférez, e de Alonso de Cubi-
des, sargento, e de Alonso de Alameda, e Nuflo
Noguera, portugués, e Melchor Pardo, e de Bartho-
lomé González, e de Leonardo Gravión, e de Alon-
so de la Cuerda, e de Pedro de Mesa, e de Francis-
co Rrengifo, e de Luys Marques, e de Diego de
Villalpando, e de Antón de Ribas, e Tristan de Va-
llartes, e de Diego de Collantes, e Antón de Vallar-
(1) Estos nombres todos están con minúscula.
APÉNDICE J
441
tes, e de Balthasar de Segovia, e de Diego Martínez
d’Espinosa, e de Antonio deSabzedo, e de Pedro de
Cagas, e de Francisco de fletes, e de Francisco de
Hermosilla, e de Bartolomé de Cuellar, e de Carlos
de Borgoña, portugués, e del alférez Juan de
Ortega, e de Andrés Hernández, el rronco, e de
Hernán Carrillo, e de Diego de Hocas, e de Fran-
cisco de Villalta e de Gerónimo Ochoa, e de
Bartolomé de Santander, e de Martin Perez, e de
Juan Martin, e de Juan deHortiga, ejuan Velazquez
e Christobal de Rroxas e de Francisco de la Tre-
nydad e de Alonso de Valenguela, e de Diego de
Argame, e de Galiano Domeyra, e de Juan de Tari-
fa, caporal, e de Juan Ruyz, e Pedro Palomo, e de
Martin de Lorenzana, e de Hernando de Sosa,
sargento, e de Diego de Tovalina, caporal, e de
Pedro Vallejo, e de Pedro de Montefrio, e de Martin
Sánchez, é de Bartholomé de Rueda, e de Lope de
los Ríos, e de Francisco Coronado, e de Francisco
de Rrosales, e de Jerónimo de Vega, e de Juan Pa-
vón de Vadajoz, theniente de alguacil mayor, e de
Antonio de Mendoza, e del capitán Pero Benytez
de Lugo, e de Pedro Ginovés, e de Pedro de San-
tarén e del sargento Alvaro Suarez, e de Pedro de
Santa Cruz, e de Xptoval de Medina, e de Estevan
de Vallejo, e de Juan Izquia, e de Sancho de Uba-
go, e de Francisco Perez, e de Francisco de Coym-
bra, e deJuanMexia, e de Diego Bocanegra, e de
Juan Suarez, e de Martino de Cabrera, e de Bar-
tholomé de Moya, e de Bartholomé de Vega, e de
Juan Domínguez, e de Juan de Burgos, e de Alonso
Hortiz de Valderrama, e de Hernando Alonso, e
Xptoval Nieto, e de Francisco d’Escobar, e de
Fernando d’Escobar, e de Antón Martín, del Casty-
11o, e de Juan García, e de Francisco de Guadalupe,
(1) El autor de la carta. Ver Ap. A.
442
ULRICH SCHMÍDEL
e de Francisco de Torreblanca, e de Juan de Aja,
e de Diego del Valle, e Agustín de Madrid, e Diego
Martin, e de Diego Delgado, e de Francisco López
de Sepúlveda, e de Anón Ximenez, e de Garda de
Jaén, e de Antonio de Ayala, e de Gaspar de Balta-
nas, e de Hernando de Leyes, e de Antonio Váz-
quez, e de Martin Borgoñon, e de Gregorio de
Leyes, e de Hernandarias Mansilla, e de Gonzalo
de Guzman, e de Juan Salmerón, e de Juan Redon-
do, e Miguel Manzanero, e de Melchor Ba^an, e de
Antonio de Pineda, e de Francisco de la Cerda, e de
Hernando de Valbuena, e de Luis d’Espinosa, y
de Pedro Márquez, e de Francisco González, e
Pero Mendez, e de Francisco Alvarez Gaytan, e de
Pedro de Santo, e Francisco de Paredes, e de Pedro
de Isla, e de Pedro de Génova, e de Hernán Sán-
chez, e de Joan de Santander, clérigo, e del Bachi-
ller Martin de Armenia, e de Alvaro de Palacios, e
de Rodrigo Gómez, e del dicho Juan Graviel de
Lezcano, e de Francisco de Andrada, clérigo, e de
Sebastián de León, e de Alonso Cantero, el del
theniente Francisco Galan e del padre fray Juan de
Salagar, e de maestre Miguel e Diego de Leyes, e
de Gongalo de Arévalo e del Capitán Salazar d’És-
pinosa comendador de la borden de Santiago,
poniendo la mano en el pecho sobre una cruz
colorada que en ellos traya, sigun uso y costum-
bre de los comendadores de la dicha borden, to-
das las quales dichas personas juraron por Dios e
Santa Maria, e por los Sanctos Evangelios, e por la
señal de la Cruz, do corporalmente sobre el dicho
libro mysal tocaron sus manos derechas, que como
buenos fieles e cathólicosXpiaños temiendo á Dios
e guardando sus conciencias ellos e cada uno de-
llos myrarian e guardarían el servycio de su magd.
e del señor adelantado don Pedro de Mendoza,
governador e capitán general desta conquista e
APÉNDICE J
443
portas le juravan e juraron conforme á las provi-
siones que de su magd. tienen, e procurarían la
utilidad e provecho e bien general e conservación
de aquello que son obligados, e lo que deven á
toda lealtad, e como tales han e tienen, e habrán e
teman en todas las partes desta conquista al señor
capitán Francisco Ruyz Galán por su theniente de
Governador e capitán general asy en este puerto e
en el puerto de nuestra señora de la Asumpcion,
ques en el Rio del Paraguay, como en otras quales-
quier partes do el Real desta armada estovyere e
Resydiere, e ansy dél como de la persona que su
merced nombrare e pusyere por thenyente de
governador e capitán general desta provincia en
nombre del dicho señor adelantado don Pedro de
Mendoza guardarán e ovedecerán, ternán e com-
plirán ellos e cada uno dellos los vandos e manda-
myentos sigun e por la horden e so las penas que
les fueren puestas, e que ternán e guardarán los
limytes que les fueren señalados e puestos por
donde han de andar e Resydir, e que agora ny en
tiempo alguno, asy en este puerto y en el dicho
puerto de Nuestra Señora de la Asumpcion y en
otras partes algunas durante el tiempo que no vi-
niere expreso mandato de su magestad ó de los
señores de su Consejo de las Indias, ó del señor
adelantado don Pedro de Mendoza, ó del señor
capitán Juan de Ayolas, en su nombre no dirán
pedirán ny demandarán ny persuadirán direta
ny yndiretamente en público ny en secreto cada
uno ny todos juntamente en manera alguna que
la gente de esta armada, ny parte della vaya á
entrar ny entre por la tierra adentro, ny por otras
partes e lugares, antes sy supieren é fueren avi-
sados que alguna persona ó personas lo dixeren
o yntentaren, lo dirán e avisarán al dicho señor
capitán theniente de governador, ó á la persona que
444
ULRICH SCHMiDEL
les dexare ó nombrare por theniente de governa-
dor, e en todo lo á ellos posible lo contradirán e es-
torvarán por manera que la dicha armada se con-
serve, lo qual todo guardarán e cumplirán so car-
go del dicho juramento, lo qual si asy lo hiziesen e
cumpliesen que Dios Todopoderoso les ayudase en
este mundo á los cuerpos y en el otro á las anymas,
e faziendo lo contrario demas de ser en ellos, e en
cada uno dellos executadas las penas en derecho
establecidas, e de caer en caso de menos valer, e
de traycion e aleve, e de aver perdido todos sus
bienes e las partes que en esta provincia les perte-
neciere para la cámara de su magestad procedien-
do contra ellos como contra personas que no
guardan. Rompen, o quebrantan los mandamyentos
de sus rreyes e señores naturales. Dios se lo de-
mande mal e duramente como á malos xpiaños que
á saviendas se perjuran jurando su santo nombre
en vano, e siéndoles echada la confusión del dicho
juramento por mí el dicho scrivano dixeron — sy
juro e amén — e prometieron de lo ansí fazer e cum-
plir, e los dichos, capitán Salazar d’Espinosa, ve-
edor de su magestad, e Oarcia Venegas, thesorero de
su mag'^., e Felipe de Cayeres, contador de su mag‘>.,
e don Carlos Dubrin, capitán, e el capitán Pero Be-
nitez de Lugo, e Antonio de Mendoza, e Juan Pa-
vón de Badajoz, e el alférez Juan de Morales e el
alférez Juan de Ortega, e Fernando de Sosa, e Al-
varo Suarez de Caravajal, sargentos, e Andrés Fer-
nandez el rromo, é Hernán Carrillo e Alonso de Va-
lenquela, é Diego de Hoqes, e Juan de Santander, e
Francisco de Andradas, e Juan Graviel de Lezcano,
e el bachiller Martin de Armencia, clérigos, e Diego
de Villalpando, e Diego de Tovalina, e Juan de Ta-
rifa, e Galiano de Meyra, e Alonso de la Cuerda,
caporal, e Juan de Burgos, e Tristan de Vallarles, lo
firmaron de sus nombres en este rregistro — Alonso
APÉNDICE J
445
de la Cuerda—Juan de Salazar — Felipe de Cáce-
res — Garda Venegas — don Francisco de Mendoga
—Carlos Dabrin—Juan Pavón — Andrés Fernán-
dez el rromo—Juan de Morales— Juan de Santan-
der — Antonio de Mendoga — Pero Benitez de Lago
— G aliono de Meyra — Juan de Burgos— Hernán
Carrillo — Tristón de Vallartes — el bachiller Mar-
tin de Armencia — Francisco de Andrada — Alonso
de Valenguela — Alonso de Cabídes—juan Graviel
de Lezano {sic) — Diego de Villalpando — Melchor
Bagan — Hernando de Sosa — Diego de Hoges — e
Francisco de Portedes—Juan Suarez — fray García
de Salazar — Antonio de Ay ala.
E después de lo susodicho, en el dicho puerto
de Corpus Xpti á veynte e nueve días del dicho
mes de Diciembre de myll e quinientos e treynta e
ocho años, el dicho señor theniente de governador
en presencia de mí el dicho scrivano mandó hazer
la solenidad de juramento de suso contenido á Her-
nando de Ribera e Andrés de Arcamendia, vizcayno,
e Francisco Rodriguez, e Vicente Perez, e Diego de
Acosta, e Pedro Ginovés, e Fernando Perez; e Do-
mingo e Pedro e Vicente de Acosta e Antón, estan-
tes en este puerto; e para ello mandó traher ante
sy el dicho libro mysal, el qual estando abierto en
manos del dicho Graviel de Lezcano, cura, por la
parte donde están scriptos {falta un trozo del ori-
ginal y concluye así).... (hay un signo) en testimo-
nio de verdad — Fernando Fernández, scrivano —
hay una rúbrica.
Sepan quantos esta carta vieren como yo don
pedro de mendoga adelantado, governador e ca-
pitán general en esta provincia del Rio de la plata
con dozientas leguas de costa de mar del sur ¡ por
su mag^. digo que por quanto mediante la volun-
446
ULRICH SCHMÍDEL
tad de dios nuestro señor e determynado de yr a los
Reynos despaña por cabsas complideras al servicio
de su magestad e al bien e población e pacifica-
ción desta tierra e en mi lugar en nombre de su
magestad dexo en esta dicha provincia por mi lu-
gar theniente de governador e capitán general a
Juan de Ayolas por virtud de la provisión Real que
para ello tengo de su magestad, su thenor de la
qual dicha provisión dize en esta guisa etc.
Don Carlos por la divina clemencia, Emperador
semper augusto. Rey de alemania, doña (Juana) su
madre, y el mismo don Carlos por la gracia de
dios Reyes de castylla, de león, de aragon, de las
dos secilias de hierusalen, de navarra, de granada,
de toledo, de valencia, de galicia, de mallorca, de
sevylla, de cerdeña, de cordova, de corcega, de
murcia, de Jaén, de los algarves de algecira de Gi-
braltar, de las yndias, yslas e tierra firme del mar
océano, Condes de Ruysellon e de cerdanya mar-
queses de oristan e de gogiano, archiduques de
austria, duques de borgoña e de brabante, condes
de Flandes e de Tirol etc. Por quanto don pedro de
mendosa criado de my el Rey, e gentil hombre de mi
casa, con la mucha voluntad que aveis tenido de
nos servir e del acrecentamiento de nuestra corona
Real de Castylla os aveys ofrecido de yr a conquis-
tar e poblar las tierras e provincias que ay en el
Rio de Solis, que llaman de la plata donde es-
tuvo Sebastian gaboto e por ally calar e pasar la
tierra hasta llegar ala mar del sur, sobre lo qual
mandamos tomar con vos cierto asiento e capi-
tulación, y en el ay un capitulo de! thenor siguien-
te: yten entendiendo ser complidero al servicio de
dios y mió y por honrrar vuestra persona, y por
vos hazer merced prometemos de vos hazer
nuestro governador e capitán general de las dichas
tierras e provincias, e tierras e pueblos del dicho
APÉNDICE J
447
Rio de la plata, y en las dichas dozientas leguas de
costa de mar del sur, que comienza desde donde
acaban los limites que como dicho es tenemos da-
do su governacion al dicho mariscal don diego de
almagro por todos los dias de vuestra vida con sa-
lario de dos myll ducados de oro en cada un año
e dos myll ducados de ayuda de costa, que son por
todos quatro myll ducados délos quales gocéis
desde el dia que os hizieredes a la vela en estos
Reynos para ha^er la dicha población y conquista,
los dichos quatro myll ducados de salario e ayuda de
costa, vos han de ser pagados de las Rentas e pro-
vechos a nos pertenecientes en la dicha tierra que
overdes durante el tiempo de vuestra governacion
e no de otra manera alguna, por ende guardan-
do la dicha capitulación e capitulo que de suso va
encorporado, por la presente es nuestra merced e
voluntad que agora e de aqui adelante para en toda
vuestra vida seays nuestro governador e capitán ge-
neral de las dichas tierras e provincias e pueblos
que oviere e se poblaren en el dicho Rio de la pla-
ta, e en las dichas dozientas leguas de costa de mar
del sur, e que hayais e tengays la nuestra Justicia
gevil e criminal en las dichas ciudades, villa e luga-
res que en las dichas tierras e provincias ay pobla-
das e se poblaren de aqui adelante con los oficios
de justicia que en ellos oviere, e por esta nues-
tra carta mandamos a los concejos. Justicia, Regi-
dores, caballeros, escuderos, oficiales e homes bue-
nos de todas las cibdades villas e lugares que en las
dichas tierras e provincias e pueblos ovieren e se
poblaren, e a los nuestros oficiales e otras perso-
nas que en ellos Residieren e a cada uno dellos,
que luego que con ella fueren Requeridos sin otra
larga ny tardanza alguna sin nos mas Requerir ni
consultar ny esperar ny atender otra nuestra carta
ny mandamiento, segunda ny tercera jusion, tomen
448
ULRICH SCHMIDEL
€ Recivan de vos el dicho don pedro de mendosa
e de vuestros lugar thenientes los quales poday (sic)
poner e los quitar e admover cada que quisierdes e
por bien tuvierdes el juramento e solenydad que
en el tal caso se Requiere e deveys hazer el qual
anzy fecho vos ayan e Recivan e tengan por nues-
tro governador e capitán general e Justicia de las
dichas tierras e provincias e pueblos por todos los
dias de vuestra vida como dicho és, e vos dexen e
consientan libremente usar y exercer los dichos
oficios e compliry executarla dicha nuestra Justi-
cia en ellos, por vos, e por los dichos vuestros lu-
gares thenyentes que en los dichos oficios de go-
vernador e capitán general e alguacilazgo e otros
oficios a la dicha governacion anexos e concer-
nientes podays poner e pongays, los quales podays
quitar e admover cada e quando vierdes que a
nuestro servy^io e a la execucion de nuestra Jus-
ticia cumplan, e poner e subrrogar otros en su lugar
e oyr e librar e determinar todos los pleytos e cab-
sas asy geviles como criminales que en las dichas
tierras e provincias e pueblos, asi entre la gente
que lo fuere a poblar como entre los naturales que
della oviere e nacieren, e podaj's llevar e lleveys,
vos e los dichos vuestros alcaldes e lugares the-
nientes los derechos a los dichos oficios anexos e
pertenecientes e hazer qualesquier pesquisas de
ios casos de derecho premisos e todas las otras
cosas a los dichos oficios anexas e concernientes,
e que vos e vuestros thenientes entendays en lo
que a nuestro servicio e execucion de nuestra Jus-
ticia, e población e governacion de las dichas tie-
rras e provincias e pueblos convengan, e para
usar y exercer los dichos oficios e cumplir y exe-
cutarla nuestra Justicia, todos se conformen con
vos con sus personas e gentes e vos den e fagan
dar todo el favor e ayuda que les pidierdes e me-
APÉNDICE J
449
nester ovierdes e en todo vos acaten e ovedezcan e
cumplan vuestros mandamientos e de vuestros luga-
res thenientes, e que en ello ny en parte dello em-
bargo ny contrario alguno vos no pongan ny con-
sientan poner, ca nos por la presente vos Recevi-
mos e avernos por Regevido e a los dichos oficios
e al uso y exercigio dellos, e vos damos poder e
facultad para lo usar y exercer e complir y exe-
cutar la nuestra Justicia en las dichas tierras e pro-
vincias e en las tierras e provincias dellas e sus tér-
minos, por vos e por vuestros lugarthenientes como
dicho es, caso que por ellos ó alguno dellos a ellos
no seays Recevido, e por esta nuestra carta man-
damos a qualquier persona ó personas que tienen
ó tuvieren las varas de nuestra Justicia en los pue-
blos de la dicha tierra e provincias que luego que
por vos el dicho don pedro de mendoga fueren Re-
queridos vos la den e entreguen e no usen mas
dellas sin nuestra licencia y especial mandado so
las penas en que caen e yncurren las personas pri-
vadas que usan de oficios públicos e Reales para
que no tienen poder e facultad, ca nos por la pre-
sente los suspendemos e avernos por suspendidos,
e otro si en las penas pertenecientes a nuestra ca-
mara e fisco en que vos e vuestros alcaldes e lugar-
Ihenientes condenardes a la dicha nuestra camara
e fisco las executeys e hagays executar e dar e en-
tregar al nuestro thesorero de la dicha tierra e otro
sy es nuestra merced que sy vos el dicho don pedro
de mendoga entendierdes ser complidero a nues-
tro servicio e a la execucion de la nuestra justicia
que qualesquier personas de las que agora están ó
estuvieren en las dichas tierras e provincias salgan
e no entren ny esten en ellas e se vengan a presen-
tar ante nos que vos les podays mandar de nuestra
parte e les hagays salir conforme a la premaíica que
sobre esto habla dando á la persona que asy des-
29
450
ULRICH SCHMÍDEL
terrardes la cabsa porque lo desterrays e sy vos
pareciere que conviene que sea secreto darse-
la eys cerrada e sellada e vos por otra parte enviar-
nos eys otra tal por manera que seamos ynforma-
dos de ello, pero aveys de estar advertido que quan-
do ovierdes de desterrar a alguno no sea sin muy
gran cabsa. otrosy es nuestra merced que las penas
pertenecientes a nuestra camara e fisco en que vos
e vuestros alcaldes e lugares thenientes condenar-
des para la dicha nuestra camera e fisco las execu-
teys e hagays executar e dar e entregar al nuestro
thesorero de la dicha tierra, para lo qual que dicho
es y para usar y exercer los dichos oficios de go-
vernador e capitán general de las dichas tierras e
provincias e cumplir y executar la nuestra Justicia
en ellas vos damos poder cumplido por esta nues-
tra carta con todas sus incidencias e dependencias
emergencias anexidades e conexidades e que ha-
yays e lleveys de salario en cada un año con los
dichos oficios de salario ordinario dos myll ducados
e de ayuda de costa otros dos myll que sean por
todos quatro myll ducados que montan un quento
e quinientos myll maravedís en cada un año conta-
dos desde el dia que os hizierdes a la vela para se-
guir vuestro viaje en el puerto de sanlucar de barra-
meda en adelante todo el tiempo que tuvierdes los
dichos oficios los quales mandamos a los nuestros
oficiales de la dicha tierra que vos den de las Ren-
tas e provechos que en qualquier manera tuviére-
mos en ella durante el tiempo que tuvierdes la di-
cha governacion, e no las aviendo en el dicho tiem-
po no seamos obligados a pagar cosa dello, e que
tomen vuestra carta de pago con el qual e con el
treslado signado de scrlvano publico mandamos
que le sean Recevidos e pasados en quenta siendo
tomada la Razón desta nuestra carta por los nues-
tros oficiales que Residen en la cibdad de sevylla en
APÉNDICE J
451
la casa de la contratación de las yndyas e los unos
ny los otros no fagades ny fagan endeal por alguna
manera so pena de la nuestra merced e de diez
myll maravedis para la nuestra camera dada en la
villa de valladolid a diez e nuevedias del mes de Ju-
llio, año del nascimiento de nuestro salvador xpto
de myll e quinientos e treinta e quatro años, yo el
Rey yo francisco de los cobos comendador mayor
de león secretario de su gesarea e catholicas mag-
des. la fizo escrevir por su mandado fras g. cardi-
nalis saguntinus el dotor beltran licenciado sua-
res de caravajal=el dotor bernal=licenciado mer-
cado de peñalosa, Registrada blas de saavedra por
chanciller blas de saavedra etc.
E para saver lo que ay en esta tierra he enviado
al dicho Juan de ayolas por my lugar théniente de
governador e capitán general para que lo sepa, con
vergantines e gente de armada con todo aparejo,
e dexo en esta tierra á vos el capitán francisco Ruyz
galan para que en viniendo o enviando el dicho Juan
de ayolas my lugar theniente con la nueva del oro o
plata e otras cosas que truxieren vays en segui-
miento de mi persona para que yo pueda hazer
dello Relación a su magestad que para efecto dello
os dexo un navio con todo aderezo e porque entre
tanto es necesario que quede en esta tierra con las
naos e gente que en ella queda en mi lugar y en
nombre de su magestad un lugar theniente de go-
vernador e capitán general para que tenga cargo
de la administración e governacion de todo ello
hasta tanto que el dicho Juan de ayolas mi lugar-
theniente de governador e capitán general venga
como dicho es ó provea e mande otra cosa cerca
de la dicha governacion de las naos e gente deste
puerto e de las otras cosas que están en la gover-
nacion desta provincia. Por tanto por la presente
por virtud de la dicha provisión de su magestad de
452
ULRICH SCHMtDEL
SUSO encorporada, otorgo e conozco por esta pre-
sente carta que en mi lugar y en nombre de su ma-
gestad nombro e señalo e ynstituyo e pongo en este
puerto de nuestra señora sancta maria de buen ayre
e de la gente e naos que en el quedan a vos el capi-
tán Francisco Ruyz galan e ansi mesmo de toda la
gente que esta e queda en el Real que dexo puesto
e asentado en el puerto de nuestra señora (sic) de
buena esperanza o Corpus xpti de que están por
capitanes el thesorero gongalo alvarado e carlos
dubrin, con todo lo demas que allí esta que yo tenia
e deve estar devaxo de mi administración e gover-
nacion, e os doy e concedo tan entera e complida
facultad como su magestad por la dicha su provi-
sión Real me da e concede para que como tal mi
theniente de governador e capitán general podays
en todos aquellos casos e cosas así de Justicia cevil
e criminal como en todo lo demas tocante a la
administración e governacion de este dicho puerto
e naos, e del Real é puerto de buena esperanza e
Corpus xpti e gente que en ellos esta hazer e hagays
todo aquello que yo haria e hazer podriá guardando
en todo el servicio de su magestad todo el tiempo
que aqui estuvierdes hasta tanto quel dicho Juan de
ayolas mi lugartheniente de governador e capitán
general venga como dicho es ó provea en ello
otra cosa, para que vos podays seguir mi persona
como en esta carta se contiene e mando a todos e
qualesquier capitanes e otras qualesquier personas
por tal mi theniente de governador e capitán gene-
ral, os hayan e tengan e cumplan e obedezcan
vuestros mandamientos como los mios propios so
las penas que les pusierdes las quales podays exe-
cutar en las personas e bienes cada que en ellas
yncurriesen, e si por caso el dicho Juan de ayolas
no viniera con la dicha nueva y (ny?) enviare otra
persona vos doy poder para que podays en vuestro
APÉNDICE J
453
lugar y en nombre de su magestad poner e dexar
en estos dichos puertos una persona qual vos qui-
sierdes la qual quede en estos dichos puertos por
mi lugartheniente de governador el qual tenga car-
go de la dicha administración egovernacion e haga
aquellas cosas e casos que yo haria e hazer podría
que cumplen al bien e pro común el qual haya tan
complido poder como yo de su magestad lo tengo
hasta tanto que provea otra cosa el dicho Juan de
ayolas en fee de lo qual os di el presente poder e
facultad, firmado de mi nombre ques fecho en este
puerto de nuestra señora sancta maria de buen
ayre ques en la provincia del Rio de la Plata á veinte
dias del mes de abril año del nascimiento de nues-
tro salvador xpto de myll e quinientos e treynta e
syete años, testigos que fueron presentes a lo que
dicho es Juan de ortega e juan de benavides, e
miguel Sebastian, criados del señor governador, e
fírmelo de mi nombre en el Registro desta carta,
don pedro de mendosa; e yo pero fernandez scri-
vano de su magestad que al otorgamiento desta
carta en uno con los dichos testigos presente fuy, e
doy fee que conozco al dicho señor adelantado don
pedro de mendoga que en mi Registro firmo su
nombre, e sigund que ante mi paso lo fize escrivir
y escrevi. en fee de lo qual fize aquí este myo signo
atal — (hay un signo) en testimonio de verdad —
pero fernandez scrivano publico — (hay una ru-
brica).
(Va certificación de que Pero Fernandez es tal
escrivano publico)
APENDICE K
CARTA DE PODER
[De El Archivo Nacional de la Asunción. — Di-
rector Manuel Domínguez. — Año l.° — Octubre
1900.-N.'’ II. Doc. XXIII, p. 49.]
CARTA DE PODER OTORGADA POR EL CAPITÁN FRAN-
CISCO RUIZ GALÁN Á FAVOR DEL BACHILLER DON
PEDRO GALÁN, PEDRO MORENO V SU MUJER D.^
BEATRIZ DE SAN MARTÍN Á BORDO DE LA NAO
TRINIDAD.
Abril 8 de 1539. (Papel suelto).
Sepan quantos esta carta de poder vieren como
yo el capitán fran‘'°. Ruy galan theniente de go-
vernador en este puerto de nra señora de buen
ayre ques en la provincia del Rio de la Plata
por el poder que dello me fué otorgado del 111.
señor don pedro de mendoga, vezino que soy de
la civdad de granada, otorgo e conozco por esta
presente carta que doy mi poder cumplido, libre e
llenero e bastante segund que mejor e mas cum-
(1) La bastardilla no está en el original.
456
ULRICH SCHMÍDEL
plidamente lo puedo e devo dar e otorgar e en
derecho mas puede e debe valer avos pedro galan,
mi señor tio, vezino de la dicha ciudad de granada
e a vos beatriz de San martin mi mujer, e a vos
pedro moreno vezino de la dicha civdad de grana-
da que son avsentes bien así como si fuéseles pre-
sentes todos tres juntamente e a cada uno de vos
por sí ynsolidum especialmente para que por mi
nombre e como yo mismo e para mi podays rres-
cibir, demandar e aver e cobrar en juicio o fuera dél
todos e qualquier marvedís e otras cosas que me
fuezen devidos por cualesquiera personas que me
los deban e ayan a dar e pagar en cualesquiera
civdad e lugares de los reynos e señoríos de su
magestad por contratos por albalaes, conocimien-
tos, sentencias pasadas en cosa juzgada e por todo
lo que rressibierdes e cobrardes, podays dar e otor-
gar todos e cualesquier carta de pago e de quito,
las quales e cada vna dellas valan e sean bastante
como si yo las dieze e otorgase, e a la data e otor-
gamiento dellas fuese presente, e otro sí vos doy el
dicho mi poder para que podays parescer e pares-
cays ante su magtd e ante los señores del su muy
alto consejo de las yndias e ante los señores de la
casa de la contratación de las yndias que residen
en la civdad de Sevilla e ante qualesquier justicias
e juezes de su magd que de mis pleytos e cavsas
puedan e devan oir e conoscer ante los quales e
ante cada uno e qualquier dellos podays dar e pre-
sentar qualesquier peticiones é demandas rrequeri-
mientos e hazer e fagays todos los avtos e diligen-
cias a mi derecho concernientes, presentar e pre-
senteys qualesquier contrabtos executorios e pedir
qualesquier execuciones, ventas e rremates de bie-
nes, e ver lo que de contrario fuere fecho, abtua-
do, pedido e demandado rresponder, a ello concluir
é cerrar rrazones, presentar qualesquier testigos.
APÉNDICE K
457
provangas e escrituras e otras qualesquier manera
de pruebas, ver, presentar, jurar e conoscer los tes-
tigos, provangas e escripturas por las partes contra-
rias presentados, e los tachar e contradecir en echos
e en personas, e abandonarlos por mi parte presen-
tados, poner las tachas e abonos, pedir e oyr
qualesquier sentencia ó sentencias así ynterlocu-
torias como definitivas, consentir e apelar de las
dichas sentencias por alli e do con derecho deva
dél, e las seguir e acabar e fenecer; jurar en mi
anima qualesquier juramento de calunia e desisorio
so artículo de verdades, e para que así antes como
después de los pleytos constados podades sostituir
e sostituyades un punto, ó dos, ó más, quales e
quantos quisieredes e por bien tuvieredes, rrebocar-
los cada que quisieredes e quan cumplido e bas-
tante poder como yo he e tengo para todo lo que
dicho es e para cada una cosa e parte dello e tratar
e tan cumplido, y ese mismo lo decedo e traspaso e
rrenuncio en vos y á vos los dichos el bachiller
pedro galan, mi señor tío, e pedro moreno, y en
vos la dicha beatriz de san martin mi muger, yen
los dichos vros sostitutos con todas las yncidencias
e dependencias, anexidades e conexidades, e con
libre e general administración; obligo mi persona e
bienes de aver por firme e valedero todo quanto
por vos y en mi nombre dixerdes, abtuardes e
procurardes, rrescibierdes e cobrardes, cartas de
pago que otorgardes según e por la forma e mane-
ra que en esta carta e poder se contiene so la qual
dicha obligación vos rrelievo en forma de derecho
de toda carga, fianga e cavsion so aquella clávsula
de judicion siste judicatun solví con todas sus
clávsulas en derecho acostunbrados que basten para
este poder ser bastante: en testimonio de lo qual
otorgué la presente carta de poder ante pedro f*^^
(1) Pedro Hernández.
458
ULRICH SCHMÍDEL
escrivano de su magd estando dentro de la nao
nombrada trinidad que está varada en este di-
cho puerto de buenos ayres ocho dias del mes de
abril año del nacimiento de nro salvador jhn xpo
de mili e quinientos e treinta e nueve años testigos
que fueron presentes a lo que dicho es juan Pabon
de badajoz, theniente de alguazil mayor e álvaro
suarez de caravajal e martin Vengon e fern^”. alon-
so, estantes en este puerto e el dicho fran'=°. Ruyz
lo firmó de su nombre en el rregistro desta carta. —
Franf^^. Ruiz.
APENDICE L
CARTA DE OBLIGACIÓN
[De El Arch. Nac. de la Asunción . — Año I, Oct.
IQOO, N ° II, Doc. XXV. Comprueba la presencia
de Gregorio de Leyes y de Juan Pavón en la Asun-
ción el 11 de Julio 1539.]
CARTA DE OBLIGACION OTORGADA POR PEDRO
FORMIZEDA Á FAVOR DE GREGORIO LEVES.
Julio 11 de 1539— Vol. 167, N.® 4, Letra L.
En el puerto de nuestra Señora de la Asunción
conquista del Rio de la Plata en honze dias del mes
de Julio de 1539 años, en presencia de mí Juan
Valdez de Palenzuela escno por sus magestades y
de los testigos de yuso escriptos Pedro formizedo,
Vezino de Antequera como principal devdor y pa-
gador, é Juan Pabon, theniente de alguacil mayor
en esta conquista, y maestre Blasio como fiadores
todos tres juntamente de mancomún é cada uno por
sí por el todo se obligaron por sus personas e bienes
muebles e raizes, oro, plata e esclavos, quanto oy
dia han e tienen e tobieren de aquí adelante ansí
(1) No procedía, pues, el nombre del 15 de Agosto de 1539.
460
ULRICH SCHMiDEL
en los reynos de españa como en esta conquista,
por dar e pagar á Gregorio de Leyes, tenedor de
los bienes de defuntos de esta conquista, o a quien
su poder obiere, diez rreales de plata en españa
dentro de año y medio primeros siguientes o sesen-
ta reales de plata de buena moneda en el primero
rrepartimiento de las suertes e partes que a cada
uno dellos cupiere en esta conquista por razón de
una cuera de Cordovan acuchillada traida y dos ca-
misas rotas y una talega bieja y unos peda^uelos de
paño biejos y otros rrotos que el dicho Gregorio de
Leyes compró e escribieron de que se dan por con-
tratos y entregados y renunciaron las leyes que fa-
blan sobre rrason de los engaños para lo qual se
obligaron en forma e renunciaron su propio fuero
y las leyes de que se podian aprovechar e dieron
poder á las justicias desús majd®®ansi de los rei-
nos de españa como desta conquista ante quien
esta carta biere y della ó parte della fuere pedido
cumplimiento de justicia y execucion para que la
executen en las dichas sus personas e bienes e de
qualquier dellos do quier que fueren fallados y los
b endan e rematen o hagan entero pago al dicho
tenedor de bienes ansí del principal como de las
costas e lo recibyeron ansí por sen’.®' pasada en
cosa juzgada sin remedio de apelación, e renuncia-
ron la ley de! derecho en que dice que general re-
nunciación de leyes que orne faga non bala, e
otorgaron carta de obligación en forma, e el dicho
Juan Pabon lo firmó de su nombre, y el dicho Pe-
dro formizedo y maestre Blasio porque dixeron
que no sabyan escribir rogaron á Bartolomé de
fuia que lo firmase por ellos a la qual presentes por
testigos el dicho bar™® de fuia e leonardo zardo e
maestre miguel herrero estantes en la dicha con-
quista. — Juan Pabon. — Bartolomé de fuiazo
(1) Sin duda — Fuia = tgo.
APENDICE M
TÍTULO DE VEHEDOR
[De El Archivo Nacional de la Asunción. Direc-
ior Manuel Domínguez. — Año — 1.° de Agosto de
1900 — N.° I. Doc. VI, p. 17. De este documento se
desprende que Mendoza aun estaba en Buena Es-
peranza el 20 de Octubre del año 1536.]
TÍTULO DE VEHEDOR PARA EL CAPITAN JN.° D S DES-
PINOSA.
Vol 63 N.» 1.
Nos el gouernador e oficiales de su magestad que-
nesta provincia del rrio déla plata rresydimos dezi-
mos que por cuanto gutierre laso de la Vega Vehe-
dor de su magestad en esta dha prouincia es falleci-
do e pasado desta presente vida, y parabsary exer-
cer el dho oficio de vehedor conbiene y es necesaryo
que, entretanto que su magestad probehe de dho
cargo aquien fuere seruido, cuya persona de rreci-
bido y confianza que le bse y exerga por ende por
la presente, asistiendo la subfigienQia e abilidad de
bos el capitán Jn.° desalasar despinosa é los servi-
dos que abeys fecho á su magtd.; y los que
462
ULRICH SCHMÍDEL
esperamos que fareys de aquy adelante, y en algu-
na emienda e rremuneracion dellos, es ntra bolun-
tad que agora é deaquí adelante hasta entanto que
su magtd. probehe del dho cargo ala persona
que fuere seruido como dho es, seays bebedor de
su magtd. enesta dha prouincia, y como tal bebe-
dor podays bsar y bseys y exergais el dho oficio
en todos los casos y cosas ael anexas e concer-
nientes faziendo primeramente el juramento e so-
lenydad que en tal caso se rrequiere e debeys fazer,
el qual asi fecho bos abemos y rrecibimos y tene-
mos por tai bebedor de su magtd, y mandamos
que bos guarden é sean guardadas todas las hon-
rras, gracias, mercedes, franquezas e libertades
ecsenciones, preheminencias, prerrogativas e yn-
munydades, é todas las otras cosas que por razón
de ser bebedor de su magestad enesta dha prouin-
cia debeys aber é gozar e bos deben ser guardadas
de todo bien e cumplidamente en guysa que bos no
mengüe en cosa alguna e que enello ni en parte
dello enbargo ni contrario alguno bos no pongan ni
consientan poner; ca nos en nombre de su magtd
hasta entanto que probehe del dho cargo aquien
fuere seruido os nombramos etenemos por tal
bebedor de su magtad enlugar del dho gutierre
laso delabega ya difunto, y mandamos que ayays
ellebeys de salario conel dho cargo ciento e treyn-
ta mili marauds. en cada bn año, el qual co-
mienza acorrer desde el día que esta carta fuere
asentada en los libros de su magtad que nos, los
dhos oficiales tenemos y ansí mismo mandamos
que ante todas cosas bos el dho capitán Salazar
deys fianzas llanas eabonadas en cantidad de dos-
mili ducados: Que en todo guardareys e cumplireys
lo que tocare al servicio de su magtad y la yns-
truccion que dio al dho gutierre laso la qual cones-
ta bos mandamos entregar, délo qual dymos la
APÉNDICE M
463
presente firmando de ntros nombres e rrefrendada
del ynfrascripto Secret.” que fue fecha en el puerto
de ntra Señora de Buena Esperanza abeynte días
del mes de otubre de myll e quinientos e treynta e
seis años — don pedro de mendosa albarado— /«««
de Caceres.
Anotóse este título de bebedor desuso contenido
á nueve dias de nobiembre de myll e quinyentos e
treynta e siete años.
APÉNDICES N y O
INSTRUCCIÓN
[Colección de Documentos relativos á la Histo-
ria de América y del Paraguay. Obra publicada
por don Blas Caray, en la Asunción, el año 189Q.
Tomo 1, p. 18, N.“ III].
INSTRUCCIÓN DE DON PEDRO DE MENDOZA GOVER-
NADOR DEL RIO DE LA PLATA PARA EL CAPITÁN
FRANCISCO RUVZ GALAN (1537).
Archivo General de Indias, sec. Patronato, 1, 1, i/28, núm. 61.
«lo quel capitán Francisco Ruiz a de hazer par-
tido de aquí etc.
Esperar la nueba de Ayolas, y llegada la nueba,
ora venga él, ó no venga syno que enbie, con qual-
quier nueva que trayga ó enbie parta luego tras mí
á España, y no detenerse ni poco ni mucho y si
Juan de Ayolas no viniere, enbialle los poderes que
yo le dexo, y haser quel capitán Salasar llebe toda
la gente que cupiere en los vergantines de aquy y
(1) Ver Apéndice J.
30
466
ULRICH SCHMiDEL
de allá arriba , y se la llebe toda a donde estu-
biere el dicho Juan de Ayolas, y los poderes vayan
con la persona más segura que a él le pareciere:
ydo yo a de hazer cata en el bastimento que tubie-
re la gente y no dar radon alos que tubieren qué
comer ni alas mugeres que no labaren ni sirvieren
etc.
Después de salido en mi seguimiento se yrá de-
recho alas yslas terceras donde con el ayuda de
Dios me hallará, y si por caso yo no estubiere allf,
syno que sea pasado, vaya derecho a Sevilla donde
me hallará, y sy tardare algunos dias no enréde
de yr alas terceras syno tubiere necesidad de tomar
alguna cosa.
Venido Moran procuraréis de aber la esclaba
que os tengo dicho, e syno pudiesedes con él que
os la dé, trabaja de sacalle algún esclavo.
Diréis a Ribera que yo le dexo ay su esclaba y
que su esclavo se me fué, que no llevó nada suyo,
y que no hago yo la gente yr al Brasyl á comprar
esclavos antes doy délos mios; fecho en Nuestra
Señora de Buenos Ay res Veynte de Abril de qui-
nientos y treynta y siete años etc...
(1) En Buena Esperanza de los Timbu.
APENDICE P
CARTA
[Se relaciona con los hechos de la entrada de
hala al Perú. Cartas de Indias. ClII, pp. 604, etc.
Fué publicada por Pelliza en su edición de nues-
tro autor, y también por el Dr. Blas Garay en su
Colección de Documentos.']
CARTA DE MARTÍN GONZALEZ, CLÉRIGO, AL EMPERA-
DOR DON CÁRLOS, DANDO NOTICIA DE LAS ESPE-
DICIONES HECHAS Y DE LOS ATROPELLOS COME-
TIDOS DESPUES DE LA PRISION DEL GOBERNADOR
ALVAR NUÑEZ CABEZA DE VACA.
Asunción 25 de junio de 1556.
Sacra Cesárea Católica Real Magestad.
1. Como los capellanes que en esta tierra estamos
seamos obligados á avisar á V. M. especialmente, y
con más obligagion yo, por aver dotrinado y
bautizado estas ovejas de V. M., y viendo los da-
ños y continos trabajos que an pasado y dolien-
dome dellos, acordé, no tan solamente avisar á
V. M. por esta mi epistola de lo sucedido en esta
468
ULRICH SCHMÍDEL
tierra después acá de la prisión de Albar Nuñez
Cabeza de Vaca, gobernador que fué desta pro-
vincia por V. M.; pero, ávn por estos mal limados
versos publicar y dezir los ynormes daños y con-
tinos trabajos questa prove jente, suditos de V. M.
y naturales de la tierra, an pasado y pasan; y su-
plico á V. M. regiba de mi, su capellán, este peque-
ño servicio, juntamente con la voluntad y zelo que
tengo del servigio de Nuestro Señor y de V. M., y
de que nuestra Santa Fee católica sea anpliada y
ensanchada.
2. Ya tiene notigia y será ynformado de la prisión
de Cabega de Vaca, el qual, no tan solamente los
ofigiales de V. M. prendieron, pero ávn tanbien fué
en su prisión el capitán Vergara, que ahora por po-
deres de V. M. en esta tierra por governador man-
da; porque, gertifico á V. M. que, si él no diera ca-
lor, favor y ayuda para ello, no heran ellos bas-
tantes á le aerrojar, porque, aunque malo que á la
sazón estava, por el largo tiempo que avia manda-
do, toda la jente que en la tierra estaba o la mayor
parte tenia de su mano, por lo qual ovo ocasión de
hazer y perpetar lo que hizo en deservicio de V. M.
y en destruymiento y perdimiento desta tierra y de
los naturales della.
3. Y para mejor obrar y efetuar y conseguir lo
que comengado tenian, y para poder salir con ello,
echaron y mandaron echar un vando, por el qual
pregonavan libertad y daban antender que el go-
vernador de V. M. pretendía cabtivallos á todos, y
que ellos por la libertad avian fecho lo que avian
hecho, lo qual gertifico á V. M. que fué después
acá, no digo cabtividad, como ellos dezian, pero
total destruigion de todos, sino heran sus amigos
y valedores, porque estos estavan contentos y heran
señores.
4. Preso el governador, y sus justigias presas y
APÉNDICE P
469
peladas las barbas con grande vituperio, lo qual
V. M. será más y mejor ynformado, queriendo de-
llos ser servido de los que allá van, lo qual fué,
según a pares^ido, para poder ellos mandar, bol-
viendo el dicho capitán Vergara al mando que te-
nía y esquilmar y destruir esta tierra como lo an
todos hecho.
5. Y para efetuar y conseguir lo que querían,
advocaron y truxeron á sí con engaño á mucha
jente, lo qual fué de cabsa destar, como estavan,
vnos malos, otros en conpañia de otros questavan
dañados y puestos en la voluntad del capitán Ver-
gara y oficiales de V. M., y en fin, todos proves,
que hera lo peor y más dañoso, que, como la jente
hera nueva en la tierra y no se pudiese valer en
ella sin el favor de los que acá estaban, de fuerza,
o por grado, o de necesidad avian de conseguir
cada uno á la parte do estava afirmado.
6. Y no tan solamente la necesidad que la junta
tenia, pero dezian y publicavan contra el governa-
dor de V. M. que queria usurpar esta tierra a V. M.,
para lo qual dava color que avia quitado la bandera
Real de un navio y avia mandado poner otra suya,
y otras cosas que, por ser prolixidad y en sí tener
poco fundamento, no las diré, porque me paresge,
á lo que siento y alcanzo, por lo que he visto por
vista de ojos, su falsedad y cabtela y averselo le-
vantado para poder traher á si la prove jente que
engañaron para hazer y efetuar y vengar sus pa-
siones.
7. Preso el governador, determinaron de des-
truyr la tierra por contentar á sus amigos y vale-
dores, y para tenellos obligados para todas las ne-
cesidades que les viniesen sobre este caso, daban
tantas licencias para que por la tierra anduviesen
estos que los favorescian, y ellos eran tales, que
certifico á V. M. que, como fuego, quemavan y
470
ULRICH SCHMÍDEL
abrasavan toda la tierra por do yvan, en quitalles
sus mugeres, hijas, hermanas y parientas, dado caso
que estuviesen paridas y las criaturas á los pechos,
las dexaban y echavan en los suelos, y se llevavan
y trayan las madres; y dado que algunos no las
quedan dar, por fuerga y contra su boluntad, ame-
nazados y algunos puestos al punto de la muerte,
por no pasalla, las davan, aunque padezian grandes
trabajos y soladas sin ellas, porque, del miedo que
íenian, por los bosques las trayan escondidas, y de
ally las trayan y sacavan; y si algunos perezosos o
tardios eran á conplir lo que les mandavan, execu-
tavan en ellos su enojo, dándolos cuchilladas y
palos y haciéndoles otros malos tratamientos, qui-
tándoles sus casas y todo quanto en ellas tenian.
Pues, siendo estos naturales tan maltratados, ansi
de los que mandavan como de los amigos y vale-
dores dellos, determinaron de matar algunos cris-
tianos, y ansi, mataron dos o tres cristianos de los
que entrellos andavan rancheando, lo qual hizieron,
por verse tan lastimados como estaban, porque de
noche ni de dia estaban sosegados, sino puestos
en gran custodia y cuydado, lo vno, por guardar
sus hijas y mugeres que, de cabsa de andar por
la tierra cristianos, ellas nunca entraban en poblado
ni en casa ni hazian lo que heran obligadas á hazer
en el reparo de sus comidas y de sus hijos. Levan-
tada la tierra por la muerte de los cristianos, que-
riendo hir á ellos, por mejor efetuar su proposito,
pasaron convocación y llamaron los cristianos dos
generaciones de yndios enemigos destos carives,
los quales es jente muy ligera y se dizen Guatatas
y Apira es. Juntos estos yndios con los cristianos,
viendo los naturales que convocavan y llamaban
enemigos suyos contra ellos, determinaron de le-
vantarse toda la tierra, en tal manera, que pocos o
no ninguno quedó que de hecho ó de secreto no
se levantase.
APÉNDICE P
471
8. Levantada la tierra, salieron á ellos dozientos
cristianos con dos mil yndios destos que arriba e
dicho, y en muchos requentros que con los natu-
rales ovieron, mataron muy gran cantidad de los
naturales, y en señal de venganza, les quitavan las
caberas, las quales los yndios que los cristianos
llebaban, se llevaban á su tierra, lo qual no hizieran
ni osaran acometerles, sino fuera con el fabor que
de los cristianos tenian.
9. Con estas gerras, visto los yndios naturales
los grandes daños que los cristianos y jente que
con ellos yba Iqs hazian, en les quemar sus casas,
talalles y destruylles sus comidas, y que, si más la
guerra por la tierra andubiese, no podían encapar,
muchos dellos la perdieron yéndose, y otros vinie-
ron á pedir pazes, las quales se les dieron; y desta
manera todo, siempre esta probe jente a estado y
está pacífica, avnque desollados de cabsa de los
grandes daños y perdidas, ansi de hijos y hijas, mu-
geres que les an faltado; ansi de hanbre por ha-
belles talado los bastimientos, como por habérselas
quitado, como dicho tengo.
10. Bueltos ásus casas, comenzaron á edificarlas,
porque estaban todas quemadas, y antender en sus
haziendas y comidas, que de cabsa de la gerra y
del temor de los yndios que los cristianos con ellos
llevaban, avia dias que de los bosques no osavan
salir, do pasavan necesidades y trabajos ellos y sus
hijos, con la poca comida que tenian, que tan so-
lamente hera cardos y algunas salbajinas que por
los bosques tomavan; y desta manera estubieron
hartos dias, por la qual necesidad faltaron muchas
criaturas pequeñas y grandes.
11. No contentos con estos daños questos natu-
rales avian pasado, aun no bien estavan en sus
casas y asientos, quando los amigos y valedores,
ansi del capitán Vergara como de los oficiales y
472
ULRICH SCHMÍDEL
capitanes, otra vez por la tierra andaban y algu-
nas lenguas entrellos enbiadas por el capitán, á las
quales mandava truxesen yndias, no tan solamente
para si, pero ávn tanbien para los quél quería; y
desta manera, tornaron otra vez peor que de pri-
mero á los perseguir y destruyr, en tal manera, que
muchos yndios quedavan cargados de hijos; y vis-
tose tan trabajados, de puro pesar, se morían, no
tan solamente él, pero los hijos que, de muy niños,
cayan en los fuegos, y como no tuviesen madres,
alli se tostavan y quemaban, por no aver quien
los sacase; á otros, por no tener quien les dé co-
mer, davanse á comer tierra, y asi acababan; otros,
de muy niños y estar á los pechos de las madres
al tienpo que se las llevavan y ellos quedaban en
aquellos suelos, algunas viejas tomaban algunos
dellos y trisnavanse las tetas hasta tanto que sacaban
leche, y ansi los criaban encanigados y mal aben-
turados, y de cabsa que no se hartaban, desta ma-
nera acababan sus dias.
12. Destas yndias questas lenguas trayan, sabrá
V. M. que se partían con el capitán Vergara, por-
que sino le davan la mitad o heran sus amigos y
baledores, no quedaban con ninguna, porque esta
orden se tenia para los que heran de contraria opi-
nión. Y dado caso que las quitaba, ninguna dellas
daban á los yndios, avnque por ellas venían, porque
siempre no faltaba alguna manera conqué se queda-
ba en su poder o en el de sus amigos y valedores.
13. Visto los yndios que no se las tornaban, da-
ban buelta á sus tierras llorando, y de que allega-
ban á sus casas, las madres, tias y parientas, de que
sabían que en poder de los cristianos quedaban,
hera tanto el llanto del dia y de noche, que de pura
pasión y de no comer, se acababan de morir, ansi
los onbres como las mujeres.
14. Y á las yndias puestas en los cristianos he-
APÉNDICE P
473
ran tan apremiadas muchas dellas, que, de verse
ansí, vnas huían á sus tierras, y traydas, las acota-
ban y maltrataban; otras, de verse fatigadas y con
el deseo de sus hijos y maridos, y visto que no
podían yr á ellos, se ahorcaban; ya que esto no
hazian, hartábanse de tierra, porque antes querían
matarse, que no sufrir la bida que muchos les da-
ban; no ostante esto, pero otras teníanlas tan ence-
rradas, que ávn el sol apenas las podía ver, y al-
guna cosa veyan los cristianos con quien ellas
estaban que les paresgese no bien, dado caso que
ansi como les paregia no hera, de puros celos, las
mataban o quemaban; y desta manera, andaba la
disolución en esta tierra.
15. Querer dezir y anunziar por esta las yndias
que se an traydo á esta cibdad, después de la pri-
sión del gobernador Cabeza de Vaca, seria nuncha
acabar; pero paresceme que serán casi c’nquenta
mil yndias, antes más que menos; y aora al presen-
te estarán entre los cristianos quinze mil, y todas
las demas son muertas, las quales mueren de malos
tratamientos y de mal onradas, y puestos que ya
quellos son cabsa de sus muertes, las traen á se-
pultar á las yglesias o cim enterios, esto no hazen,
antes las entierran y mandan enterrar por los can-
pos á la vsanca de los yndios.
16. Querer dezir por esta los malos tratamientos
que se les hazen, paresceme que nunca acabaría,
pero diré que ay algunos que á la prove gente ha-
ze todo el día cabar en sus haziendas y labores,
andando sobre ellas para senbrar mucho para po-
der vender; y esto seria bueno, si las proves co-
miesen y de noche descansasen, pero es al contra-
rio, que no comen, sino es alguna mala ventura
que traen de las haziendas, y de noche toda la más
della les pasa en hilar para vestir al señor que las
tiene y tener para vender.
474
ULRICH SCHMÍDEL
17. No contentos con estos trabajos y continuas
fatigas como tenian, ansi en sus haziendas como en
hazer casas de tapias para vender é otros trabajos,
al presente tienen otro mayor que les a sobreveni-
do, en moler cañas duges para hazer miel, la qual,
no tan solamente vebeny comen, pero avn venden,
é esta an tomado al presente por grangeria.
18. Querer contaré anumerar las yndias que al
presente cada vno tiene, es ynposible, pero pares-
geme que ay cristianos que tienen á ochenta é á
cien yndias, entre las quales no puede ser sin que
aya madres y hijas, hermanas é primas; lo qual, al
paresger, es visto que a de ser de gran congien-
gia el que no tuviere entrada b salida con alguna
dellas, porque la ocasión y aparejo que ay al pre-
sente es tan grande, que, como digo, sera beato el
que no tronpegare en esto; y desto gertifica á V. M.
que los yndios an tomado tan mal enxenplo, qual
más no puede ser, porque todo lo que se haze en
secreto con ellas, es publico entre ellos, y luego
vienen á me lo dezir.
19. No estante esto, lo que más pavor, S. M., me
a puesto, es ver, como he visto, lo libre vendello
por cabtibo, y es ansi, que a sugedido vender yn-
dias libres naturales desta tierra por caballos, perros
y otras cosas, y ansy se vsa dellas, como en esos
reynos la moneda; y no tan solamente esto, se a
visto jugar vna yndia, digo vna avnque muchas
son, pero esta, en pena de su malefigio, tuvo el
candil y lunbre mientras la jugaban, é después de
jugada, la desnudaron, é sin vestido, la enviaron
con el que la ganó, porque dezia no aver jugado el
vestido que traya. Esto se hazia algunas vezes en
presengia del que mandava, é por él congertar, le
acontegió á él hazer el tal congierto, porque no se
descongertasen; y no por esto las dexavan de dar
y daban en dote y casamiento quando casavan sus
APÉNDICE P
475
hijas, y ansí mesmo pagavan debdas que debían á
algunas personas con las dichas yndias al tienpo
de su muerte, y ansimesmo se dexan á sus hijos, de
que se mueren.
20. Estas y otras cosas an pasado en esta tierra
hasta aora; y aliende desto, diré á V. M. que, como
el governador fué preso, algunos fueron de opinión
contraria de los oficiales de V. M., por lo qual, los
an traydo perseguidos y abilitados y afianzados has-
ta los llamar leales por via de vituperio.
21. Después de salido el governador Cabera de
Vaca, se obo qierta nueva cómo por los Tinbues
venían cristianos, los quales hera la jente que con
Francisco de Mendoza salió del Perú; sabido por
el capitán Vergara y ofiziales, quisieron salir de la
tierra, sobre la qual salida se ovo entre el capitán
Vergara y algunos de los ofiziales zieda revuelta y
enbarazo, de cuya cabsa los leales se llegaron al
contador, el qual defendía que no saliesen de la
tierra hasta tanto que se supiese qué jente hera; é
desta suerte se vino á poner en tales términos la
cosa, que se pensó todo se acabara. Puesto en es-
tos términos, vista la perdizion que se podía resul-
tar, obieron de dar corte en los negozios en tal ma-
nera, quel contador ovo de dezender á saber de la
dicha jente, é con él fueron aquellos que dizen
leales.
22. Vueltos y visto que los cristianos heran los
que con Mendoza avian venido, fue determinado
de yr con gente, y ansi fueron hasta dozientos é
Zinquenta onbres; en este viaje me hallé, por poder
mejor avisar á V. M. de lo que en la tierra se pasase.
23. Yendo por nuestro camino el rio arriba, á
las nuoventa leguas, dexamos los navios y un pue-
blo en el qual quedaron zinquenta onbres, y des-
pués desto, entramos la tierra adentro, y quarenta
leguas del dicho pueblo que dexamos, hallamos
476
ULRICH SCHMÍDEL
una jenera^ion de yndios, que se dizen mayas.
Aquí estos huyeron á los principios, por el gran
temor que, de otras vezesque cristianos avian visto,
tenian: é después enbiaron ciertos mensajeros, con
los quales no se hizo lo que razón hera de se hazer,
y visto que los cristianos no querian venir é lo que
pedían, ovieron de quemar sus casas é alearse to-
dos, y asi se desviaron, no hazlendo mal á ningún
cristiano.
24. Levantados y desviados de sus asientos y
casas estos yndios mayaes, como arriba he conta-
do, visto que se avian retirado, les mandó el capi-
tán, Vergara se les hiziese gerra; y asi se les hizo,
llevando consigo yndios carioes, naturales desta
tierra, que con nosotros avyan ydo, que podrían
ser hasta dos o tres mil onbres de guerra.
25. Estos yndios carios que fueron á la gerra,
dieron en muchos pueblos de mayas é de otras ge-
neraciones questaban juntos con ellos, y dado, ma-
taron é prendieron tantos, que no lo sé dezir por
carta; pero diré que fué gran lástima ver las criatu-
ras muertas y los viejos é viejas sino fueron los
mancebos é mozas que trayan para dar á sus amos
en presente; y no tan solamente fué la persecución
en los pueblos y casas, pero aun por los montes
los andaban buscando é persiguiendo.
26. Fecha esta guerra, pasó adelante, llevando
destos yndios mayas muchos prisioneros é guias, e
fue á dar á vn rio pequeño. Llegados al rio, las
guias que llevava perdieron el camino, la cabsafué
de aver muchos dias que por alli no avian pasado.
Perdido el camino, y visto que los yndios no lo
acertavan, mandó quemar vna de las guias, é otras
dos mataron; é de aqui dimos buelta á otro camino,
por el qual dimos en vnos pueblos de chañes, po
los quales yvan haziendo muy grandes destruycio-
nes é muertes.
APÉNDICE P
477
27. No contento con esto, mandó á vn capitán,
el qual se dize Nuflo de Chaves, que con gente
fuese sobre vn pueblo que adelante estava, el qual
fué é dio sobre el pueblo por la mañana é mató,
de niños é viejos é viejas y onbres, mucha canti-
dad de jente, sin otros que prendyeron.
28. Fecha esta guerra, fuymos adelante destru-
yendo y matando todos los que topavan, lo qual,
dado caso que los cristianos no lo hazian, los yn-
dios,que para su servicio llevavan, lo hazian, y ellos
lo consentían y tenían por bueno; de cabsa, de
los yndios por do yvan, les trayan presos, é para
prendellos, hazian muy grandes daños, ansi en qui-
talles todo lo que tenían, commo en quemalles sus
casas é arrancalles sus bastimentos.
29. Y desta manera fuimos hasta los Moyganos,
sin que ninguna gente nos aguardase en sus pue-
blos, porque los que querían aguardar é venían á
trabemos de comer, los tomavan é prendían y lle-
vauan atados, á los quales mandaban y hazian que
los guiase á los pueblos por do querían yr; y por-
que uno herró el camino, de aver muchos dias
que por alli avia pasado, lo mandó el capitán Ver-
gara atenazear, é asi acabó el probe yndio sus
dias.
30. Llegados á los Moyganos, como dicho ten-
go, los yndios naturales nos recibieron bien; de
cabsa questaban seguros é les avian hablado por
parte del capitán Garci Rodríguez, que en la van-
guardia yba y llevaba; llegados, los yndios dieron
munchas cosas, ansi para comer como otras
cosas que trayan é avian dado, y visto quel que
mandaba, lo repartía con sus amigos y allegados,
toda la más de la gente agraviados, fué pedido se
hiziese y nonbrase procurador, é asi fué nombra-
do é elegido el capitán Camarago, ansi para en
esta tierra como para ante V. M.
478
ULRICH SCHMÍDEL
31. Fecho esto, determinó el que á la sazón man-
daba, de hazer gerra á los yndios miaracanos, los
quales estavan juntos á estos yndios do estavamos
aposentados, los quales no hazian mal ni daño ai
gremio dellos; en la qual gerra mataron y prendie-
ron mucha cantidad de gente, é los que daban yn-
dios enemigos suyos, los acabaron; destos yndios,
los cristianos no avian ni tomaban más dellos, si no
heran las mozas é mancebos, porque los demas,
todos los mataban los yndios. De aqui caminamos
adelante, y fuimos muchos pueblos é casas hazien-
do gerra, commo atrás he dicho, hasta que llega-
mos á los Mogranoes, los quales con saber lo que
atras se abia pasado, temiendo no sucediese á
ellos como á los demas, nos esperaron de guerra,
é entrando que entramos en el pueblo, comentaron
á disparar sus armas contra nosotros, do fenesQie-
ron algunos cristianos, é alli arremetieron los cris-
tianos y caballos en tal manera, que á poco espa-
cio, dexaron el pueblo é prendieron muchas mu-
geres. E en este pueblo estuvimos quinze días.
32. Puestos en este pueblo de Mogranos é des-
varatados, á pocos dias después dellos, yendo en
Ijusqueda de comida, hirieron un yndio de los ca-
rios, por lo qual fueron pregonados por esclavos,
y se les hizo gerra, en la qual mataron mucha gen-
te, ansi de niños, mugeres viejas y otros yndios de
gerra en más cantidad de quatro mili ánimas, de
todos, y prendieron más de dos mili, los cuales tru-
xeron por esclabos, los quales los ofigiales de
V. M. é capitán los quintaron, y no los quisieron
herrar pareciendoles no aber cabsa para ello.
; 33. De aqui partimos y fuymos á los Cimeonos,
por relagion que teníamos de aver alli cristianos de
los de Juan de Ayolas, y llegados, preguntaron por
ellos, y dixeron que enemigos suyos los avian
muerto yendo á la gerra con ellos; por esto fueron
APÉNDICE P
479
presos el principal destos yndios que dicho tengo y
vn hijo suyo, los quaies salieron de paz á los cris-
tianos, haziendoles buenos tratamientos é trayen-
do de comer.
34. De aqui partimos á los Cocorotoques, llevan-
do presos este prengpal y hijo que dicho tengo, por
lo qual toda la tierra se alborotó, viendo y sabiendo
como saliendo de paz y á traer de comer, los pren-
dían y llevaban.
35. De alli partimos, con relación de los yndios
que dicho tengo, la buelta de los Tamaco^ies, por-
que alli dezian aver metal blanco y á la mano dere-
cha de como yvamos, avia el metal amarillo, é fué
acordado que fuésemos á los Tamacocies, do como
llegamos, salieron de paz, por ser como heran yn-
dios que avian servido é tratado con cristianos: do
fuimos ynformados en el Perú, y sabido que tan
cerca estamos de los reynos del Perú, fué acorda-
do por el capitán y oficiales de S. M. enbiar al ca-
pitán Nuflo de Chaves y á otros allá, y la demás
jente dió buelta por los Corocotoques do salimos.
Aqui ovo diferencia entre los oficiales de S. M. y
el capitán, sobre la yda, que el capitán quería hir al
Perú en el seguimiento del capitán Nuflo de Cha-
ves; é fué tal, que toda la jente se llegó á la vanda
de los oficiales é le contradixeron la yda del Perú,
de cuya cabsa é de los requerimientos que le hizie-
ron, se ovo de dysistir del mando que tenia, é fué
elegido el capitán Gonzalo de Mendoga, hasta lle-
gar al Paraguay y á esta gibdad de la Asunción.
En estos Corocotoques, se hizieron muy grandes
gerras, do mataron ynfinitas criaturas é otra mucha
gente é prendieron muchos.
36. De aqui partimos, trayendo ansi estos commo
todos los demas que prendían por el camino do
venían haziendo gerra, presos y por esclavos, has-
ta que llegaron puerto de San Fernando, do commo
480
ULRICH SCHMiDEL
llegó al pueblo que quedó poblado al tiempo de la
partida, supo commo estaba mandando por elle-
Qion el capitán Diego de Abrego; é sabido, é visto
que nunca avia sido de su opinión, trabajó el capi-
tán Vergara con personas que alli estavan cómo
dixesen á la gente quel capitán Diego de Abrego
les avia quitado todas sus haziendas y servicio, é las
avia dado é repartido á los que él avia querido; de
cuya cabsa se alborotó toda la jente en tal manera,
que lo ovieron de elegir; é asi vino á esta ciudad
con mano armada, y entrando, que entró de noche,
echando vandos sopeña de la vida é la hazienda
perdida, é ser dados por traydores á qualesquier
personas que saliesen fuera de su casa hasta otro dia.
37. Otro dia el capitán Diego de Abrego, con su
escrivano, fué ále requerir de parte de V. M. le diese
favor y ayuda, ansi el capitán Vergara como los
oficiales de V. M., para tener la tierra en paz, quie-
tud é sosiego lo qual está todo ante el escrivano
del capitán Diego de Abrego, al qual respondieron
ciertas cosas questán ante el dicho escrivano.
38. Después desto, á cabo de tres o quatro dias
prendieron al dicho capitán Diego de Abrego, é le
tuvieron preso, molestándolo con prisiones, hasta
tanto quél se soltó é se fué de la cárcel.
3Q. Salido, algunos amigos suyos se juntaron con
él, é determinaron de yr á esos reynos d’España,
avisar á V. M. de lo que avia pasado en esta tierra,
por la via de San Vicente. Sabido por el capitán
Vergara, fué tras ellos con jente de pie é de á caba-
llo, y los prendieron y truxeron presos y maniata-
dos, con muy vituperio y algunos heridos.
40. Puestos otra vez en la cárcel y fatigado de
prisiones, determinó de se salir, é ansi lo hizo, y se
salió, llevando consigo á vn pariente suyo que con
él estava preso en la carmel; y salido, se fué é los
bosques por do anduvo al pie de quatro años.
APÉNDICE P
481
41. Después desto, e buelto de prender al capi-
tán Diego de Abrego, tornó á enbiar por la tierra
personas, las quales la desipaban y destruían, to-
mándoles sus mugeres y hijas é todo lo que tenían,
é quemándoles las casas y arrancándoles los bas-
timentos y haziendoles otros daños muy grandes,
porque no les querían dar sus mugeres é hijas. Por
lo qual, el procurador general desta provincia é
conquistadores della, viendo los daños que reci-
bían los naturales y conquistadores, en que vnos
la gozavan y otros la sustentaban y nunca se apro-
vechaban della, determinó de le requerir sobre
ello, é sabido por el capitán, le enbió á dezir que
no lo hiziese, porque le avia de ahorcar por ello,
por lo qual el procurador determinó de callar, é
sabido por los conquistadores, especialmente por
Miguel de Rutre, le dixo que por qué no hazla
lo que hera obligado á procurar por la tierra é
conquistadores della, como lo avia prometido é
jurado. Visto esto, é que no quería el procurador
hazerlo, temyendose del capitán, el Miguel de Rutre
le dixo: «yo se lo requiriré o le haré que lo haga o
se desista»; lo qual, todo vino á noticia del capitán
Vergara, que veynte leguas de aqui estaba, y luego
vino e venido, yendole á ver, como amigo que
hera, el procurador, le mandó prender, é preso le
tubo á buen recabdo. Sabido por Miguel de Rutre,
fué á hablar con el capitán sobre el procurador
é que no tenia culpa, é legando que llegó, lo pren-
dió, e preso aquella noche, les mandó dar garrote,
sin confision, dado caso que la pidieron muy mu-
chas veces, é tenia clérigos dentro de su casa, di-
ziendo que no avian menester confesarse.
42. Muertos Miguel de Rutre y Camargo, vinie-
ron de empadronar la tierra que, antes que los
matasen, avian ydo á la enpadronar para la repar-
tir, lo qual con poca ocasión que ovo, la dexó de
31
482
ULRICH SCHMlDEL
repartir, pero por eso no dexó todavía de enbiar
sus faravtes á traher todo lo que por ella hallavan,
yndios y mugeres como antes lo avian hecho.
43. Todo esto pasado, determinó de hazer en-
trada, la qual hizo dexando mandando al contador
Felipe de Cayeres contra la voluntad de los más
del pueblo, por lo qual el capitán Diego de Abre-
go, que, siempre en el servicio de V. M. se avia
mostrado, que en los montes estaba, viendo que
muchos de su jente se-salian, de cabsa de no ser
perseguidos y desarmados, como todos siempre o
an sido, después que se prendió al governador
Cabera de Vaca, salió á los recojer, y teniéndolos
consigo en un bosque, dió buelta el capitán Ver-
gara, que aora manda por governador, del camino
que llevaua, y dió sobre él llevando ochocientas
ánimas, antes más de yndios naturales y de otros
comarcanos y cristianos, que muchos llevaba por
fuerga, so grabes penas que les ponia, y lo desba-
rató y prendieron tres cristianos, los cuales luego
mandó ahorcar y asi fueron ahorcados. Otros, que
después desto tomaron, los puso al pie de la hor-
ca, y por ruego, los dexó; pero quebró, la furya en
les llevar todo lo que tenian, porque en costas y
principal, se yva todo; y asi mesmo ahorcó un prin-
cipal desta tierra, por dezir que avia dado de comer
al capitán Diego de Abrego é gente.
44. Hecho esto determinó de proseguir su viaje,
y ansi lo hizo, dexando mandando al contador,
como antes dexava, al cual hizo jurar, so cierta
pena que para ello puso, y mandó al contador exe-
cutase sus vandos que avia echado, que los que
con Diego de Abrego se havian aliado, á los quales
o á los más destruyó, y no contento con esto, man-
dó dar su merced para matar al capitán Diego de
Abrego, y hallándolo vna noche en un bosque
malo de los ojos y solo, le dieron vna saetada por
APÉNDICE P
4S3
el corazón, de la cual luego murió sin hablar pala-
bra ni llamar á Dios.
45. Muerto el capitán Diego de Abrego, dio
buelta del viaje que llevaba, por hallar la tierra
despoblada, de cabsa que tomó otro camino del
que avia de llevar, por yvitarque Garda Rodríguez
no pasase á los reynos del Perú, do pensaba yr á
avisar á V. M. de lo sucedido en la tierra.
46. En esta buelta, de hanbre, frió y malos trata-
mientos, murieron dos mili yndios naturales desta
tierra.
47. Buelto aqui, no olvidó su mala costunbre de
chinchorrear y quitar las yndias de los yndios, ansi
para él, como para dar á otros que con él avian
ydo, no enbargante que, antes que partiese para la
entrada, les avia dado muy grandes largas para
que por la tierra anduviesen á robar, con título
que hera servicio de V. M., lo que queria hazer en
descubrir la tierra.
48. Después de lo qual, queriendo otra vez hazer
y efectuaran entrada, no ostante que antes avia
muerto en la provincia del Parana mucha jente y
ahorcado muchas viejas, de cabsa que heran esca-
sas de dar sus hijas, y por esto los yndios aleaban
todo quanto tenian y estaban en las casas solos, y
por vellos estar sin mugeres les levantaban questa-
ban aleados y de gerra é ansi los matavan é busca-
ban las yndias por los bosques, y otros, de miedo,
las daban; y desta manera truxeron mucha cantidad
della, con las quales daba algunos, para los pren-
dar para cada y quando fuese á la entrada, fuesen
con él.
4Q. Pasado todo esto, vino nuebas cómo S. A.
hazia governador desta provincia al capitán Verga-
ra, y sabido, dexó otra vez de efetuar la hentrada;
y luego enbió al capitán Nuflo de Chaves con qier-
ta gente en busca y demanda de Bartolomé Justi-
484
ULRICH SCHMiDEL
niano, que hera el que traya las provisiones; el qual
yendo en la demanda que llevaba, la dexó é fué á
dar en unos yndios, porque tubo noticia que nadie
avia llegado á ellos, y tuvo bregas con ellos é mató
é prendió muchas mugeres é muchachos, las quales
repartió entre todos los que con él llevava.
50. Estando el capitán Nuflo de Chaves ocupa-
do en esto, vino el Bartolomé Justinianno, y él legó
á esta gibdad y dió las provisiones que traya, las
quales presentó é presentadas, le obedecieron como
S. A. lo mandaba por sus provisiones.
51. Después de venidas las provisiones é obede-
cido, mandó se enpadronase la tierra, é ydos an-
padronar y traydos los padrones, la repartió entre
sus amigos é baledores estranjeros é personas
que nuevamente del Perú avian venido é de otras
partes.
52. Puesta la tierra en este estado, determinó de
yr otra vez al Parana, y en saliendo, llegó á esta
Cibdad el obispo y Martin de Vte, con ciertas pro-
visiones de V. M., las quales se leyeron algunas
dellas; y antes que el obispo llegase y la tierra se
repartiese, no dexava de desollar los naturales de
la tierra y quitalles sus hijas y mugeres, y no con-
tento con esto, daba licencias á los vezinos de San
Vicente, para que pudiesen sacar yndias desta tierra
y llevallas á San Vicente, y asi llevaron muchas.
53. Estas y otras cosas, ynvitisimo principe y se-
ñor, son las que en esta tierra an sucedido, mientras
en esta tierra a faltado la justicia de V. M., la qual
ruego en mis sacrificios á Nuestro Señor ponga en
coracon de V. M. que sienpre nos la provea, para
que, mediante ella, sirvamos á Dios Nuestro Señor y
á V.M. Nuestro Señor la ynvitisima persona de V.M.
guarde y en muy largos años acreciente, como sus
leales vasallos deseamos, para que sienpre nos
tenga en paz é justicia. De esta cibdad de la Asun-
APÉNDICE P
435
gon, á veynte é cinco de junio de mili y quinientos
y (jinquenta y seys años.
54. Sacra Cesárea Católica Real Magestad, el
vmilde capellán de V. M. que sus pies y manos Rea-
les besa.
Martin González.
55. Sobre. — A la Sacra Cesárea Católica Real
Magestad del Enperador y Real nuestro señor, ó
á los señores de su muy alto y poderoso Consejo de
Yndias . — Va del Rio de la Plata.
APENDICE Q
INFORMACIÓN
[Importante documento citado por Madero, pe-
ro que no se reprodujo. Su extensión nos priva de
publicarlo íntegro por ahora. Es de notar (1) el si-
lencio que se observa acerca de la matanza de In-
dios que motivó el desastre en Corpus Christi, y (2)
que Ruiz Galán se <ítomó toda la gente questaba
en el puerto de Corpus Christi é la llevó etc.» sin
perjuicio de que más tarde «tornó á asentar el real
con los Indios tenbues nuestros amigos etc». Esta
pieza, como la carta de Villalta é Información de
Gonzalo de Mendoza, ha sido facilitada por el se-
ñor Enrique Peña. Por haber llegado á última hora
no se ha utilizado en el Prólogo y Texto].
INFORMACIÓN DE FRANCISCO RUIZ GALÁN. 1538
Archivo General de Indias.— Sevilla
Simancas— justicia
Consejo
Informaciones y Provanzas
Año de 1538 á 1576
Estante 52
Cajón 5
Legajo 1/13
En el puerto de nra. señora Santa Maria del buen
ayre ques en la provincia del Rio de la plata tres
488
ULRICH SCHMiDEL
dias del mes de junio año del nascimiento de nro.
salvador Jesucristo de mil e quinientos e treinta e
ocho años en presencia de nos Melchor Ramírez
e pero hernandez escribanos de su Mag. e de los
testigos de yuso escrito el magnifico señor capitán
Francisco Ruiz Oalan teniente de governador capi-
tán general en esta provincia por el ylustre e mag-
nifico señor don pedro de mendoza adelantado
governador e capitán general en esta dicha provin-
cia con doscientas leguas de costa de mar del sur
por su Mag. dijo que por cuanto al tienpo quel
dicho señor adelantado partió desta provincia para
los Reynos de españa lo dejo en la governacion
con tan poco bastimento que no se pensó que
la gente deste puerto se pudiera sostener por que
no avia bastimento mas de para cinco o seis meses
ni vergantines en que lo pedi yr abuscar y es asi
que al cabo de dos meses poco mas o menos
quel señor adelantado partió desta provincia vino
el alteres Juan de Morales en un batel el cual venia
por socorro de Rescates para la gente que estaba
en el puerto de corpus cristi que desia que asi
mesmo moria de ambre e dijo que el vergantin en
que avia ydo diego de padilla lo avian tomado
los yndios beguaes e avian muerto todos los sol-
dados que en el yban e que alli en el dicho puerto
no podian sustentarse sin un vergantin e resca-
tes e el dicho señor teniente de governador le
hizo e mando hacer un navio pequeño e le proveyó
de rescates e hierro para con la gente del dicho
puerto se sostubiese e ansi lo despacho e embio
bien aviado e luego por la necesidad que en este
Real cada dia se recrecía hizo hacer dichos vergan-
tines para yr a rescatar pescado e manteca al di-
cho puerto de corpus Cristi a los yndios que alli re-
siden por que la gente no muriese de hambre é
ansi mesmo hizo hacer ciertas rogas en las quales
APÉNDICE Q
489
se sembró mayz para que la gente comiese y es-
tando ya granado algunos de ello tanto que se po-
dría bien cojer bino el capitán juan de salazar de
espinoza con los dos vergantines en que el señor
adelantado lo avia enviado á saber del capitán juan
de ayolas que avia ydo al paraguay é dijo al señor
teniente de governador como sabia por nueba cier-
ta que avia entrado la tierra adentro é quel dejaba
fecha una casa en el dicho rio paraguay fuerte con
yndios muy amigos de los cristianos é dejo en ella
cierta gente que la guardasen é que avia hallado
mucha harina de mandioca e de mayz é que seria
bien que la gente subiese é se llevase a la dicha
casa por que en el campo ni alia no le faltaría de
comer é mas que estarían mas cerca de la entrada
de la sierra de la plata é para saber del dicho capi-
tán juan de ayolas é ansi mismo trujo muestras de
plata é de otros ciertos metal y el dicho señor te-
niente de governador bisto lo suso dicho con pare-
cer de los oficiales de su Mag. por se certificar de
todo ello é no dejar la gente en parte donde no se
pudiese mantener quiso en persona yr alia é dejan-
do en este puerto buen recabdo en cuatro ver-
gantines é una zabra tomo toda la gente questaba
en el puerto de corpus cristi é la llebo a la dicha
casa donde hallo mucha hambre a cabza de que la
langosta se habia comido lo sembrado por lo cual
se quiso bolver con la gente luego como llego mas
por que le dijeron que en la frontera é comarca de
la dicha casa avia de comer é los yndios que lo
tenían heran enemigos con parte de la gente fue
alia é tomo contra su voluntad todo el bastimento
que pudo en lo qual andubo un mes en cabo del
qual se bino á la dicha casa donde hizo una iglesia
é dejo en ella para que sirviesen a dios al padre
francisco de andrada é al racionero graviel delez-
caño é a los padres fray juan de salazar é fray luis
490
ULRICH SCHMiDEL
é ansi mesmo dejo en la dicha casa al dicho capitán
juan de salazar con cinquenta hombres con el bas-
timento que pudo para se sostubiesen el é los di-
chos clérigos é religiosos dejóles ansi mismo fragua
rescates é hierro para que pudiesen ansi mesmo
rescatar de los yndios bastimentos é con la otra
gente se bino al puerto de Corpus cristi donde tor-
no a asentar el real con los yndios tenbues nuestros
amigos é alli hizo otra yglesia donde dejo é están
por capellanes el padre juan de Santander é luis de
miranda clérigos é antonio de mendoza por tenien-
te de Governador con la mayor parte de la gente é
le dejo mayz é manteca é rescates para sustentar la
gente é los clérigos é con la otra se bolbio a este
puerto de buenos ayres donde hallo una nao é una
carabela que avia venido con gente las quales no
traian bastimentos para se poder sustentar e hallo
ansi mesmo cogido el mayz que no fue en tanta can-
tidad como su merced penzo de donde le biene a
su Mag. catorce fanegas e media de mayz de dies-
mo e porque el a fecho en este puerto quatro
yglesias a costa de la hacienda del señor adelanta-
do las quales por ser cubiertas de paja sean que-
mado algunas de ellas e otras llebado el rio el di-
cho señor teniente de governador deshizo una nao
grande e hizo una yglesia de las tablas e maderas
della donde esta por cura julian carrasco clérigo e
el bachiller martin de armen^ia e los padres fray
ysidro e fray Cristóbal religiosos que sirben a dios e
cada día dicen misa a los quales ansi mesmo an
dado e dan de comer siempre de los bastimentos
del señor adelantado como a los oficiales de su ma-
gestad e gente desta dicha provincia sin interese al-
guno e porque la necesidad del bastimento es tanta
que no comen los soldados mas de a ocho onzas de
mayz su merced enbia un galeón bien aderezado e
con buena gente a la costa del brazil para que trayga
APÉNDICE Q
491
bastimento e los oficiales de su magestad el teso-
rero gargi venegas e el contador felipe de cayeres
se ponen en le pedir el diezmo de las dichas catorce
fanegas e media de mayz no mirando en la gran
necesidad que la gente padece mas de lo aver para
provecho de sus salarios como el dicho contador
lo a dicho e para pagar cierto mayz que deve a
juan pedro de bibaldo ginobes e si se les diese se-
ria cabza que oviese otra tal mortandad como la
pasada pues ellos no la quieren aprovechar en
servicio de su magestad e dello seria dios e su
magestad deservidos por ende que su merced
toma las dichas catorce fanegas e media de mayz
para reparo de la dicha gente para lo dar a los
dichos oficiales tanto quel dicho galeón venga
sino se oviera comido e porque su magestad sea
cierto por verdadera ynformacion que no lo toma
sino para dar de comer á esta su gente que tiene
aqui porque no lo ay bastimento en todo este rio
ni donde al presente se pueda aver mando á nos
los dichos escribanos que los testigos de ynforma-
ción que ante nos se tomasen cerca de lo suso di-
cho se lo demas en publica forma para que su ma-
gestad sepa como es servido e ansi mesmo dijo que
los dichos oficiales de su magestad no an querido
ni quieren pagar al dicho juan carrasco clérigo cu-
ra de este puerto los salarios que se le deben del
tiempo que a servido después aca que fue recibido
al dicho cargo no enbargante que el se la ha pe-
dido e su magestad por sus ynstrucciones que les
tiene dadas se lo manda a lo cual fueron presentes
por testigos juan pabon de badajos e hernando de
ribera estantes en este puerto que lo firmo de su
nombre — francisco ruiz.
Escudo de armas de la familia Schmídel
GENEALOGÍA DE LOS SCHMÍDEL
PEDRO SCHMÍDEL ob. 1364 (?)
ERHARDO, el mayor = Felicitas Zellefin
1449, 1461, 1474. 1477, 1479 y
1480 Burgomaestre de Straubing.
1483 Zechenmeister (2'.
~ ob. 1501 (?)
1
1
ERHARDO, el menor
AMBROSIO
WOLFGANC, ob. 1511 (4)
— Verónica Zellerin
= Marta Zellerin
= Ana Zellerin
1484 Symonkasíner (3)
1495 Burgomaestre
1490-1519 Señor del hospital feudal
en Straubing.
ob. antes de 1498
1506 á 8 Burgomaestre
1506 Diputado á la convención des-
pués de la guerra de Sucesión de
Landshut (5)
1508 Señor de las rentas feudales pro-
pias del capítulo de la Catedral de
Augsburgo.
1500 Reconocido señor del Castillo
feudal de Azlburg por el Arzobispo
Ruprecht.
Primeras Nupcias
Segundas Nupcias
FEDERICO
TOMÁS
ULRICH
1522 Instalado señor del castillo feudal
ob. Set. 20 de 1554 (7)
ob. Regensburg (?).
de Azlburg por el Arzobispo Juan
de Regensburg, príncipe palatino
del Rhin y duque de Baviera (6).
= 1.®- Magdalena Schellerin
ob. Agosto 12 de 1528
= 2.®' Marta Mallerin
ob. 1557 (8).
1522, 1524, 1530 y 1535 Burgomaestre.
1539 Concejal del ducado.
1522, 1526 y 1549 reconocido señor
de Azlburg.
(1) Los datos estos, en su mayor parte, fueron extractados por el Dr. R. R. Schuller, quien los obsequió para esta publicación:
fueron reunidos por el capitán del ejército real de Baviera, Eduardo Wimmer, citado por J. Mondschein.
(2) Zechenmeister — Alto puesto feudal en el ducado y en la diócesis de Augsburgo.
(3) Symonkastner — Ignórase la categoría de este empleo.
(4) Existe la partida de su casamiento — un lunes después del día de San Erhai'do 1472 — se halla en el archivo de la ciudad de
Straubing — Legajo 44, núm. 27.
(5) Landshut — una ciudad en Baviera.
(6) Cartulario original en el castillo de Azlburg, hoy convento de religiosas de la orden de Sta. Elizabeth.
(7) Según la losa sepulcral en el cementerio de Santiago en Straubing.
(8) Reconocida señora del castillo feudal de Azlburg en 1555.
RBVERENDISSIMO ET ILLV-
llriísiino Principi ac Domino , Domino lO-
HANNI PHILIPPO ,£pi(copo Bambergenfi>&c.
Principi ac Domino Aio clementifsimo.
N Arrationes hiftorictE de novis Reglonibus & populú, meo
indicio , non tantum iucundc , fird etiam chriftianis leAu,
neceflarix fniit. Si enim immenla , Sí miranda Dei opera
eiurq; íneiFabitem mirericordiam conGderabimu$,qnam in nos
miiérosindignorq; Chriftianos declara vit, quodnontamum
lUi noticia nos illuftravíi,redeti»m Adami culpa exitio deilinai
A a eos
INDICE
NOTAS DEL TENIENTE GENERAL DON BARTOLOMÉ MITRE
Pág.
I
Schmidel y Bernal Díaz del Castillo 5
II
Bibliografía de Schmidel 6
III
El Nombre de Schmidel 14
IV
Biografía de Schmidel 20
V
La Obra de Schmidel 32
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
I
Preliminar 39
II
Cronología 41
III
Distancias 43
IV
Expedición de Mendoza.
44
494
ULRICH SCHMÍDEL
Pág.
V
Maravillas del Mar
VI
Mandioca, Mandubí y Batatas 47
VII
Cerro de San Fernando 50
VIII
Los horrores del hambre 51
X
Duchkameyen. — Tucumán 54
XI
Etnografía * 56
XII
Los españolismos del autor 82
XIII
El sitio de Buenos Ayres 83
XIV
Los viajes de Ayolas á los Timbú 85
XV
Los 4 años del Cap. XIV y los 2 del Cap. XXX 87
XVI
Viaje de Ruiz Galán á la Asunción con Cabrera 1539 88
XVII
Confusiones en el relato del autor 89
XVI (repetido)
Corpus Christi y Buena Esperanza 118.
XVII (repetido)
Nombre de la Asunción 123
XVIII
Gobierno de Alvar Núñez Cabeza de Vaca 125
XIX
Los últimos años de Schmídel en el Río de la^PIata 126
XX
Conclusión 128
ÍNDICE
495
VIAJE DE ÜLRICH SCHMÍDEL
Pag.
Introducción 137
CAP. I
La navegación de Amberes á España 138
CAP. II
La navegación de España á las Canarias 139
CAP. III
Viaje de la Palma á Santiago 142
CAP. IV
Viaja por alta mar y describe sus maravillas 143
CAP. V
Llegada á Río de Janeiro y muerte de Osorio 144
CAP. VI
Llegan al Río de la Plata y Puerto de San Gabriel. Los Charrúa. . . 145
CAP. VII
La Ciudad de Buenos Ayres y los Indios Querandí 147
CAP. VIH
La batalla con los Indios Querandí 149
CAP. IX
Se fortifica Buenos Ayres y se padece hambre 151
CAP. X
Expedición de Jorge Luján 153
CAP. XI
El sitio de Buenos Ayres 154
CAP. XII
El padrón de la gente y preparativos 156
CAP. XIII
Viaje de Mendoza con Ayolas á fundar Buena Esperanza 157
CAP. XIV
Regresa don Pedro de Mendoza á España y muere en el viaje. 159
CAP. XV
Alonso Cabrera llega al Río de la Plata 160
496
ULRICH SCHMÍDEL
Pag.
CAP. XVI
Parten en busca del Paraguay y llegan á los Corondas 162
CAP, XVII
Llegan á los Gulgaises y Machkuerendes 164
CAP. XVIII
Llegan á los Zechennaus Saluaischco y Mepenes 166
CAP. XIX
Llegan á los Kueremagbeis y Agá
CAP. XX
Los Pueblos Carlos
CAP. XXI
Describe la ciudad de Lambaré y su captura 173
CAP. XXII
La Asunción fundada.— Guerra de los Agá 176
CAP. XXIII
Los Payaguá.— Viaje de descubrimiento , 17g
CAP. XXIV
Cerro de San Fernando y viaje á los Payaguá 181
CAP. XXV
Ayolas viaja por tierra de los Payaguá y Naperú. ....... 183
CAP. XXVI
Se sabe de la muerte de Ayolas.— Eligen á Traía 185
CAP, XXVII
Bajada de Traía á Buenos Ayres en 1541.— Tragedia de Corpus Christi . 187
CAP. XXVIII
Traición de los Timbú y asalto á Corpus Christi 190
CAP. XXIX
Llega la Carabela de Santa Catalina y viaje del autor á encontrar á
Cabrera 2^2
CAP. XXX
Naufragio cerca de San Gabriel. — Los sobrevivientes llegan á Buenos
Ayres y pasan á la Asunción
CAP. XXXI
Llega Alvar Núñez Cabeza de Vaca á Santa Catalina y pasa á la Asun-
ción
ÍNDICE
497
Pág.
CAP. XXXII
Cabeza de Vaca manda una expedición á los Suruchacuiss y otros In-
dios 201
CAP. XXXIII
Guerra contra Tabaré. Este es vencido 203
CAP. XXXIV
- Cabeza de Vaca sube á San Fernando á los Payaguá, Guasarapos y
Sacocíes 205
CAP. XXXV
Viaje de Hernando Ribera á los Orejones, Sueruchuessis y á los Acha-
rés 209
CAP. XXXVI
Llegan á los Scheruess y son bien recibidos por ellos 213
CAP. XXXVII
Buscan á los Amosenes y pasan por los Syeberis y Ortueses . . . .218
CAP. XXXVIII
Regreso de Hernando de Ribera.— Sublevación de la gente .... 222
CAP. XXXIX
Impopularidad de Cabeza de Vaca.— Matanza de los Suerucuesis. . . 225
CAP. XL
Prisión de Cabeza de Vaca.— Su deportación á España.— Elección de
Martínez de Irala 229
CAP. XLI
Discordia entre los Cristianos.— Alzamiento de los Caríos. — Los Yapirú
y Batatá ayudan á los Españoles 232
CAP. XLII
Los Cristianos, con auxilio de los Yaperú y Batatá ganan los pueblos de
la Frontera y Caraycbá 235
CAP. XLIII
Toma del pueblo Juerich Sabayé. - Perdón de Thaberé 240
CAP. XLIV
Entrada de Irala al Chaco Boreal por los Payaguá y Mbayá .... 245
CAP. XLV
Visitan á los Mbayá, Chañé, Thohannes, Payhonas, Morronnos, Perro-
noss 250
496
ULRICH SCHMÍDEL
Pág.
CAP. XLVI
De los Borkenes, Leichonos, Kharchkonos, Syeberis y Peyssennos. . 255
CAP. XLVII
De los Maygennos y Karckhokíes y de las Salinas 260
CAP. XLVIII
De los Machkaisies y llegada al Perú 264
CAP. XLIX
De la Tierra de los Marchkhaysíes. — Regreso al Río de la Plata.— Alza-
miento de Diego de Abreu 270
CAP. L
Motín de Abreu.— Schniídel recibe cartas de España 275
CAP. LI
El autor emprende viaje de vuelta.— Baja por el Río de la Plata y sube
por el Paraná 278
CAP, LIl
Pasan por los Tupí.— Su descripción.— Llegan al Pueblo de Juan Kai-
munnelle (Ramallo) 280
CAP. un
Llegada á San Vicente. — Viaje á España.— Maravillas del Mar . . . 286
CAP, LIV
Llegada á Lisboa y Sevilla.— Pasa á Cádiz.— Escapa de un naufragio . 289
CAP. LV
Vuelve á embarcarse el autor en Cádiz.— Llegan á Inglaterra y de allí á
Amberes 294
Epílogo del Traductor 299
APÉNDICES
A — Carta de Francisco de Villalta 303
B — Memoria de Pero Hernández 325
C — Información.— Gonzalo de Mendoza (1545) 367
D — Carta de doña Isabel de Guevara 387
E — Carta de Domingo de Irala (1541) 391
F — Carta de Domingo de Irala (1555) 405
G — Carta de obligación de Hernán Baez 429
H — Obligación de Diego de la Isla 435
/--- Varias referencias 437
y— Juramento de Obediencia (1538) 439
ÍNDICE
499
Pág.
K — Carta de Poder de Ruiz Galán (1539) 455
Z. — Carta de Obligación (1539) 459
M “ Título de Vehedor ( Juan de Salazar, 1536) 461
Z/y O — Instrucción de Mendoza á Ruiz Galán (1537) 465
P — Carta del Clérigo Martín González al Emperador (1556). . . 467
<2 — Información. —Ruiz Galán (1538) 487
Genealogía de la familia Schmíde!.
LÁMINAS
REPRODUCIDAS DE LA EDICIÓN LATINA DE LEVINO HULSIO, 1599
1— Retrato de Huldérico Schmídel.
2— Portada de la edición latina.
3— Batalla con los Querandí.— Cap. VIII.
4— Horrores del hambre.— Cap. IX.
5— -E1 sitio de Buenos Ayres.— Cap. XI.
6 — Los Timbú, Buena Esperanza y Corpus Christi. — Cap. XIII.
7— La serpiente de los Machkuerendes.—Cap. XVII.
8— Los Garios.— Cap. XX.
9— La ciudad y pelea de Lambaré.— Cap. XXL
10— Los Payaguá y Naperú.— Cap. XXV.
11— Asalto de Corpus Christi.- Cap. XXVIII.
12— Naufragio de Schmídel en 1538.— Cap. XXX.
13— Los Scherness.— Cap. XXXVI.
14— Asalto de la Frondiere.— Cap. XLII.
15— Pacos ó Llamas.— Cap. XLIV.
16— Pelea con los Maygennos.— Cap. XLVII.
17— Naufragio cerca de Cádiz.— Cap. LIV.
18— Escudo de armas del obispo de Bamberg.—
MAPAS
1— El de la edición latina citada.
2— El del abate Camaño, reproducido por el abate jolis - 1789.
3— El de Delisle— 1700.
Este libro se acabó de imprimir en
Buenos Aires, en los talleres de la
Compañía Sud-Americana
de Billetes de Banco,
el día 30 de Julio
de 1903
SUBSCRIPTORES A LOS EJEMPLARES DE LUJO
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N.® 1
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„ 21
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24
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M 27
„ 28
Teniente General Bartolomé Mitre.
Señor Alejandro Rosa.
Doctor José Marcó del Pont.
,, Jorge A. Echayde.
Señor Juan Carlos Amadeo.
,, Juan B. Ambrosetti.
Doctor Pedro N. Arata.
Señor Juan José Biedma.
,, Antonio Cadelago.
Doctor Ramón J. Cárcano.
Señor Adolfo P. Carranza,
Doctor Gabriel Carrasco.
,, Adolfo Decoud.
General José Ignacio Garmendia.
Señor Samuel A. Lafone Quevedo.
Doctor Martiniano Leguizamón.
,, Manuel F. Mantilla.
Señor Alfredo Meabe.
,, Eduardo Ortiz Basualdo.
Señor Félix F. Outes.
,, Juan Pelleschi.
,, Enrique Pena.
Doctor Ernesto Quesada.
,, José M.* Ramos Mejía.
,, Carlos M. Urien.
„ Joaquín V. González.
,, Estanislao S. Zeballos.
,, Carlos Molina Arrotea.
Estos ejemplares llevan el nombre del poseedor.
CORRIGENDA
Página
Línea
Donde dice
Léase
42
32
Ap. C
Ap. F
60
28
Hans Stade
Hans Staden
138
16
Neerlandeses
Flamencos
»
»
Niremburgo
Nürenberg
143
18
Jchaub-huet-fischs
Schaub-huet-fischs
144
20
Hermano adoptivo
Frater jaratas
148
20
De á caballo
Lansquenetes
157
12
Paanaw
Paranaw
162
9
Paranaw
Parnanaw
178
13
Trauen
Frauen
179
17
Jarayes ?
Peruanos (1)
182
8
Antas
Anntthe (antas)
202
7
Por adorno
Destapadas (2)
211
7
No se tapan
Véase nota al pie.
235
24
Frondiere
Froendiere
237
23
Froendere
Froendiere
247
12
Destapadas
Véase la corrección á la p. 202
«Por adorno».
248
7
Ennten (antas)
Ennten (patos)
249
S
No se tapan, etc.
Véase la corrección ála p, 202
260
22
Los Carios
Con 500 Carios
263
29
Ennden (antas)
Ennden (patos)
271
15
Harchkokoes
Karchkokoes
288
11
De Francia
De Franconia
295
30
Sail por Segel, etc.
Aparejos ó cables
>
31
Arnemniden
Arnemuiden
(1) Es decir — Subditos del Inca. Véase nota 3, á la p. 781.
(2) Bedeckht mit irer scham,~Dc^ Cabeza de Vaca (Com. Cap. XIV),
que «las mujeres de éstos no andan tapadas las vergüenzas*. Según los
conocedores del idioma bavarense en que escribió el autor las palabras éstas
no pasan de un modo de decir con las vergüenzas tapadas^ sentido que no
se ajusta á la noticia de Cabeza de Vaca. El bedeckte schani de la p. 207,
nota 1, indica que no quería decir esto cuando hizo uso de aquella ex-
presión.
Kj.crmAptcA
BOGOTA
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[*r .r^/anf, , Ad Imam SjJmuñi^ á^lUna (m
^iunifl Jrvtum mt j>ar htimnts ^j>aratre proc
mé^mtudinu, jt>. oeís Uyi. Qui áem^ere,. aij^ie OAujt
li í itdlr s Jé^áús jpe^uKÜú' tí shtauuiú uf^ie ^ün^m .
ñ ilij^olís, tnr ií S il. tíHtiraium kac
cüm, di cotSruat. : ti wro . P. Ttmi
ea fitd lii Sto 7-r^ JÍ«
De la obra: Saggio sulla Storia Naturale etc. del Gran Chaco, por el R José Jolis.
FAENZA 1789
A. jiqií' A Sierra.)
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1 -^unzioTie
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CoTiceziorre <
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^e^Santia¿o del
m£ftero.
Pomin.
. ._ _ 1.^.. .-^'¿Sfcará, _ ..
/ "í,. i
y°^J y üiañáígafta.
feiíícv
Rioxa.
Oratorjil'
^fe^‘roíai¡
A
iCoijcezíonc.i *>
CART
I^DELGRAN CHACO|
^ e Paefi Gonfinanti l
1 Spicóazione delle Note
||mí[.Caloma Sp^nuok con titolo diCiiti
I ál Terra grofsa,oCoIonia con titolo d; Villa
i Á. Altrt Colonie minon.o íematitok.
' á Pacfetto=¿ Altri íuo^hirtie lorticellí.
éPaSttt dTndiant con titoto diMifsíoni.
X Citta<üftrtttta=: + Miísione dí/inuía.
F. Ftume- M. Montea Y Valle
DeJm. íUl Stí- Afc. GtOftcHifto Cenu^ í>^ Filrf-
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