14-11-2013  (1087 lectures) Categoria: Articles

ANSELOCH O LA ENCOMIENDA TEMPLARIA DE LA OCA Y EL LAGO

José Antonio Hurtado García - 4 de enero del 2003.

 

Me resulta muy dif√≠cil dar comienzo a √©ste resumen porque eval√ļo la cantidad de conocimientos que he tenido que adquirir a lo largo de estos a√Īos, y se que son conocimientos que desaparecieron del legado de la humanidad hace casi cinco siglos, y que sin ellos, (y aquellos que lean este texto estar√°n en ese caso) es casi imposible seguirme.

No son conocimientos mágicos, ni esotéricos, ni misteriosos pero casi es como si así lo fuesen; son conocimientos matemáticos. Lo que viene a significar algo así como "el coco" para la gran mayoría de lectores potenciales. Por tanto voy a prescindir de ellos, voy a explicar mis conclusiones finales y a decir poco más o menos que "esto es así porque tengo detrás unas matemáticas que lo avalan", pero aquellos que quieran conocer esas matemáticas tendrán que esperar a que aparezca publicado mi trabajo al completo.

¬ŅY qu√© es lo que tengo que explicar? muy sencillo. Tengo dos puntos sobre la superficie de la Tierra donde hay constancias arqueol√≥gicas de que en uno de ellos estuvo la Orden del Temple, y en el otro unos hombres barbudos que se cubr√≠an la cabeza con una especie de capucha.

Pero tengo m√°s, tengo las pruebas de c√≥mo el primero de esos puntos detalla las coordenadas del segundo en un sistema de coordenadas que no es el de la longitud y latitud actuales, si no el que utiliz√≥ Col√≥n y que nombra en el pr√≥logo del "Libro de la Primera Navegaci√≥n" m√°s com√ļnmente conocido como el "Diario". Y tengo un mapa del siglo XIV que me dice como se viaja del primer punto al segundo, utilizando las mismas notaciones que se dan en los enclaves arqueol√≥gicos del primer punto. Si todo ello no vale como una (y escribo conscientemente una) prueba definitiva de que la Orden del Temple parti√≥ de Canarias para asentarse en la zona del lago de Nicaragua y atravesar el continente americano hasta el Pac√≠fico, creo que nada servir√° al respecto; habr√≠a que iniciar la b√ļsqueda para hacer que esa una se pueda trasformar en varias.

Comencemos por la Gran Canaria, una de las muchas pinturas rupestres (Fig.1) que allí han encontrado los arqueólogos nos muestra  dos hombres corriendo delante de un perseguidor, donde es posible que el segundo haya sido alcanzado por algo que le ha destrozado la cabeza con una especie de "rayo" que parte de la mano derecha del que los persigue.

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Fig. 1

Haz click para ampliarla Fig. 2

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Fig. 3

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Fig. 4

La 2., vuelve a mostrar otra huida, pero prestemos atenci√≥n a la manchita que aparece en la parte inferior izquierda de la figura; la ampliare m√°s adelante. La¬† 3, ya no es una hu√≠da, es una O que parece vertical y una mano con un dedo extendido en una direcci√≥n determinada y con 4 letras donde puede leerse la palabra "lido". Hay que prestar atenci√≥n a la parte inferior de esa "i" y a la flecha (de los arque√≥logos) que se√Īala el N.

La¬† 4 muestra ampliadas las dos zonas en las que hab√≠a que fijarse en las figuras anteriores. ¬ŅNo existe una semejanza real entre esas "manchas" y el subcontinente americano?. Veamos ahora el significado de esa extra√Īa palabra "lido". Se puede ver que est√° separada en dos partes perfectamente diferenciadas, por un lado "li" y por otro "DO".

Pero "li" es una part√≠cula conocida desde antiguo, en concreto desde que publiqu√© "el legado de Bencomo". El Atlas Catal√°n de 1375 tiene dibujadas innumerables islas, pero √ļnicamente dos "Illa" la primera la Tapr√≥bana que por un "error" Cresques rotul√≥ como "Illa Trapobana" y no tenemos mas que leer ese r√≥tulo en sentido hebreo o musulm√°n (de derecha a izquierda) para darnos cuenta que lo que ha escrito es "ana bo part al li".

La segunda es la isla de Jana que el jud√≠o rotul√≥ como "Illa Iana" con lo que le√≠do en el mismo sentido que el anterior tenemos "anai al li". As√≠ que buena parte fue al "li" y ¬†fue al "li" es lo que se puede deducir de los r√≥tulos del Atlas Catal√°n, exactamente lo mismo que me est√° diciendo la pintura prehisp√°nica de Gran Canaria. Bien es sabido que los mallorquines estuvieron durante el siglo XIV bastantes a√Īos en las Islas de Canaria, y que incluso se llevaron a siete abor√≠genes que tornaron convertidos en frailes franciscanos dispuestos a evangelizar a sus antiguos compa√Īeros.

De todas formas, eso no nos resuelve el significado de "li" aunque si nos fijamos en la figura 5 vemos que hay en el Atlas Catal√°n una isla que recibe el nombre de Lucay (curiosamente Col√≥n lleg√≥ a un islote de las Lucayas) pero que leida en sentido inverso nos dice "licani 51", podemos tomar como "cani"¬† el sentido de "hasta el can" y volvemos a tener delante la part√≠cula "li" y justamente en n√ļmeros romanos LI se corresponde con el 51 que se se√Īala en dicho r√≥tulo. Por lo tanto parece que el "can", est√° entre dos n√ļmeros 51.

Figura 5

Pero can, aunque Cresques lo haya declinado como un latinismo hay que tomarlo como un catalanismo: "ca'en" y eso en castellano no tiene una traducci√≥n exacta. Es el conjunto de personas y propiedades que tienen un v√≠nculo entre ellos, algo similar a los antiguos "clanes" medievales donde existe un se√Īor√≠o patrimonial marcado por un territorio y una relaci√≥n entre todos los elementos humanos que tienen una relaci√≥n de dependencia con el se√Īor, sean o no sean familia.

As√≠, un clan medieval nos da una idea de un "can", pero tambi√©n un monasterio o una encomienda templaria y Cresques es perfectamente consciente de lo que est√° escribiendo cuando entre los dos n√ļmeros griegos "LI" sit√ļa la palabra "can": encomienda, donde podemos tomar las acepciones del Diccionario de la RAE:

3. f. Dignidad dotada de renta competente, que en las órdenes militares se daba a algunos caballeros.

4.f. Lugar, territorio y rentas de esta dignidad.

Pero eso no coincide con otra pista que nos proporciona el inefable jud√≠o mallorqu√≠n autor del Atlas; tanto en la Tapr√≥bana como en Jana existe la ciudad de "Malao" es decir "M a la O" que traducido directamente del catal√°n nos llevar√≠a a "M en la O" √≥ "M en el 0" y la M en romanos sabemos que es el millar. Pero los n√ļmeros romanos no eran los √ļnicos que utilizaban el alfabeto para designar cifras; los n√ļmeros griegos tambi√©n se escrib√≠an utilizando las letras del alfabeto j√≥nico y en dicho sistema numeral el valor de la M (mu) es de 40. ¬ŅY cuanto vale "LI"?, la L se asimila a la lambda con valor 30 y la I a la iota con valor 10, as√≠ que 30+10 son 40 un valor id√©ntico a la M.

Ya sabemos entonces que "LI" que es lo mismo que M tiene por valor 40 y que "cani" tiene por delante y por detr√°s el valor de M.

Pero la segunda s√≠laba de nuestra pintura, la que finaliza con el comienzo de la manga que acaba con la mano y el dedo se√Īalador es "DO", y sabiendo que se est√°n utilizando n√ļmeros griegos ya es sencillo puesto que la D es asimilable a la delta con valor cuatro, y el cuatro con el cero detr√°s vuelve a ser cuarenta lo que es asimilable nuevamente a la letra M. Por tanto la pintura rupestre nos dice M, M o lo que es lo mismo 40, 40. Y desde luego Cresques no pod√≠a ser ajeno a esta simbolog√≠a, ah√≠ est√° en pleno Mar Oc√©ano la isla M, M figura 6. Pero adem√°s, nos debemos de fijar en esa especie de V que une ambas letras.

Figura 6

El resumen es que desde Canarias, m√°s concretamente desde El Hierro y en direcci√≥n al Poniente hay que seguir una V donde cada rama de la V es un arco de c√≠rculo m√°ximo de la esfera con 40¬ļ de longitud total, as√≠ que se navegar√°n siguiendo ambos arcos de circunferencia un total de 80¬ļ. Pero la ciudad de Malao nos dec√≠a que M en el 0, y aqu√≠ es donde hay que recordar la conferencia que expuse para la O.S.M.T.J en el castillo de Oropesa, donde dec√≠a que Ram√≥n Llull explicaba que exist√≠a una navegaci√≥n muy particular de tal forma que cuando se viajaban 4 unidades sobre una de esas l√≠neas de la V se deb√≠an de contar 3 sobre la l√≠nea de levante o poniente, l√≠nea que pasaba por el puerto de salida, es decir por el origen, por el 0.

Esta es la navegaci√≥n que se deduce del "Diario" colombino como ya expuse en mi libro "La ruta T y D", as√≠ que si se navegan 40 + 40 grados por las dos ramas de la V, sobre la l√≠nea de poniente se deben de contar 30 + 30 grados es decir un total de 60¬ļ sobre lo que Col√≥n llama L√≠nea del Lesteg√ľeste. La f. 7 muestra la l√≠nea de navegaci√≥n y la L√≠nea de Poniente as√≠ como el tri√°ngulo esf√©rico recti√°ngulo que permite calcular la longitud geogr√°fica conocidas las latitud del puerto de salida y lo navegado sobre la L√≠nea de Poniente.

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Figura 7

Pero las medidas que acabamos de descubrir son medidas que est√°n sobre un plano, escritas en una carta de navegaci√≥n, as√≠ que tenemos que calcular el valor real sobre la superficie terrestre, y los 60¬ļ se nos trasforman en 63 9/17¬ļ aproximadamente 63,5¬ļ si nos quedamos con la parte entera nos dan 63¬ļ ¬ŅCu√°l es la √ļltima casilla del "juego de la oca"? En un art√≠culo publicado en la revista ¬ęMAS ALL√Ā¬Ľ en el mes de mayo del 2002 explicaba yo las relaciones existentes entre dicho juego y la ruta que llevaba hasta el continente americano partiendo de El Hierro. Cuando se opera para calcular en las coordenadas geogr√°ficas actuales el punto final de esos aproximadamente 63,5¬ļ tenemos: (84,267¬ļ W.; 12,079¬ļ N.) un punto que como se puede ver est√° en el interior de Nicaragua cercano a la poblaci√≥n de Guadalupe (una de las cinco que hay en ese pa√≠s).

En la costa atl√°ntica se puede ver una peque√Īa esfera roja dibujada por m√≠ y que corresponde, seg√ļn mis c√°lculos, al lugar donde Col√≥n lleg√≥ en el Primer Viaje, punto muy cercano a los 63¬ļ que marca el final del juego de la oca. El lago Nicaragua tiene la propiedad curiosa de que es √ļnico en el mundo porque all√≠ viven tiburones blancos de agua dulce, y desemboca al Caribe por el r√≠o San Juan, cuyo cauce es de aproximadamente 200 Km. de longitud y una ca√≠da total de 30 m; r√≠o que podr√≠a ser navegable hasta el propio lago. En el cuarto viaje colombino, no financiado por Castilla, Col√≥n "peina" las costas de Nicaragua y Panam√° en busca de un paso hacia el Pac√≠fico, y en 1510 el Cat√≥lico, aunque ya Vespucci hab√≠a negado la existencia de dicho paso, le env√≠a juntamente con Vicente Ya√Īez a Nicaragua en su b√ļsqueda.

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Figura 8

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Figura 9

Pero todav√≠a nos falta una pintura rupestre por analizar, la f. 8, en ella vemos claramente una cruz del Temple y debajo lo que parece ser una figura antropomorfa, pero hay que situar las flechitas de orientaci√≥n en la misma direcci√≥n que las otras figuras, f.9 as√≠ que si suprimimos las rayas horizontales y verticales nuevamente nos encontramos leyendo en el sentido que marca el gancho en la parte inferior de la figura: "DO" y a continuaci√≥n un signo + que evidentemente significa un nuevo DO y vemos a un barco de un palo √ļnico con el trapo recogido navegando hacia levante tal y como explicaba Llull. Por tanto todas las figuras que he expuesto hacen referencia a la Orden del Temple, a su persecuci√≥n en Gran Canaria y a su hu√≠da hacia DO, DO, o lo que es lo mismo M, M.

En Nicaragua, pr√≥xima al lago de tal nombre existe la serran√≠a de los Chontales, all√≠ hay restos dejados por una cultura precolombina que son √ļnicos y singulares dentro de todas las culturas precolombinas encontradas en el pa√≠s, y al fin y al cabo los abor√≠genes lo √ļnico que hicieron es dejar fotos en piedra de aquello que ve√≠an, unos hombres con una tela que les cubr√≠a el pelo y las orejas, pero que sin embargo dejaba ver luengas barbas como las de la f. 10.

Figura 10

Como dije al principio, tenemos una presencia de la Orden en Gran Canaria que tuvo que huir como consecuencia de una persecuci√≥n en la propia isla, en esa hu√≠da dej√≥ un rastro que fue recogido poco tiempo despu√©s por los mallorquines y plasmado en el Atlas Catal√°n, y en el punto de destino que se√Īala el propio Atlas o los mensajes rupestres, nos encontramos con las "fotos" de unos hombre con barba y capucha. Unos hombres singulares e inexistentes en otras partes del pa√≠s. ¬ŅPuede alguien dudar de que el Temple no lleg√≥ hasta all√≠?.

Pero hemos aprendido, quiz√°s, una cosa m√°s y es como utilizaba la Orden los n√ļmeros griegos lo que evidentemente le era muy √ļtil para "camuflar" cifras dentro de palabras con lo que podemos hacernos una idea del sistema que utilizaban para saber las disponibilidades de fondos de cada peregrino, bastaba con que aprendiesen una frase, un rezo, y all√≠ quedaba la cifra. Evidentemente la oraci√≥n cambiaba en cada peaje del camino.

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