1463 Enero 10 Concesión a Herrera y Saavedra del predio, encontrado de "poco acá", nombrando los cabos y la Mar Pequeña
1463 Agosto 10 Enrique IV rectifica. Nombra Mogodor, las playas y las islas.

La confusión de los continentes

A 10 de enero de 1463, Enrique IV concedió a Diego de Herrera, señor de las islas Canarias por su matrimonio con Inés de Peraza, y al comendador Gonzalo de Saavedra, en régimen de pro indiviso, las aguas y tierras que hubiese entre el Cabo de Ajer y el de Bojador, con la Tierra Alta, el “río” de la Mar Pequeña, que "es" "al través" de la Canaria, a cuya "parte" estaba y un segundo río, "lo cual todo por ser de mi conquista, pertenece a mí e a la corona real de mis reinos". Siendo el fin de la concesión limpiar el predio de intrusos, ocupando por persona interpuesta, parte de la "conquista" de Portugal, el Trastamara autorizó a los señores a expulsar a quien mejor les pareciese. Propietarios de parias y quinto, el Almirante quedó privado del que percibía, sobre cuanto se cargase en la tierra. Facultados para arrendar pastos y pesquerías, lo navegantes de Castilla perdieron bancos de pesca y mercados, a más de quedar obligados a prestar ayuda a los beneficiarios, en el acto de la posesión, so pena de incurrir en delito, a título de rebeldes y traidores. Hubiese estado el documento en regla, entrado en lo posible que fuese obedecido, de no presentar el objeto como descubierto “de poco acá". Requeridos los intrusos a pagar o marcharse, se negaron, acusando a Herrera y Saavedra de haberse confundido de tierra, pues no era posible considerar "recién descubierto", lo que se conocía de antiguo. Considerando lamentable la crianza de un pueblo, que anteponía la realidad a la palabra de un rey, Herrera y Saavedra fueron en busca de Enrique IV. En guerra con Aragón desde el 18 de enero, le encontraron en Lirín, pueblo de Navarra, a consecuencia deentrada en territorio de Juan II.

Salinas de Araya (Venezuela)

Inadmisible en opinión de cualquier monarca, que un súbdito se niegue a comulgar con ruedas de molino, de origen real, el Trastamara enmendó a 10 de agosto, la chapuza del 10 de enero, en sobrecarta cumplida. Tras afirmar que reproducía la albalá primera "de palabra a palabra", suprimió la alusión a descubrimiento reciente, echando mano del "propio motu", fórmula mágica importada de Roma, que ponía la palabra del rey por encima de los Fueros y leyes, anulando incluso la regia voluntad pasada. De un plumazo anuló los derechos adquiridos sobre tierra, agua y rentas; escrituras de propiedad por compra o concesión y cuantos títulos tocaban al territorio. Inmensa la costa pero contados los desembarcaderos accesibles, la creyó controlable. Y sencillo convencer a los naturales, de que debían pagar a los nuevos señores, por aprovechar su tierra, por haber sido declarada propia de Herrera y Saavedra, con cuanto produjese y escondiese. Habiendo omitido en enero topónimos y accidentes geográficos, porque no es posible describir lo ignoto con puntualidad, se incluyeron en agosto, facilitando la identificación. Multiplicados los ríos, aparecieron "islas", abras y puertos, siendo mencionado el conocido de Mogodor, junto al Cabo de Aguer, que al aparecer en otros documentos hasta el siglo XVII, se ha podido ubicar en la desembocadura del Amazonas, así como la Mar Pequeña o Pequeño, identificado, sin dejar lugar a la duda, con el Caribe.

Primera mención inequívoca será la del paleño Diego Martín Barranco. Marinero de Colón en el cuarto viaje, testigo de Diego en su pleito, declara que costeada Jamaica dieron en isla, “en medio de la Mar Pequeña", cuyo nombre no recordaba, aludiendo a Guanasa o Pinos. El cronista de Indias de principios del siglo XVI, Fernández de Oviedo nos dice que partiendo del Río Marañón, en la Isla de Hierro, navegadas 600 leguas en dirección noroeste, se entraba en la Mar Pequeña. Bañaba la Tierra Firme, prolongándose hasta los 27º. En su primer viaje Colón tocó en Gomera y Hierro. Previsto que navegadas 600 leguas encontrarían el puerto de arribado, al haber "andado" 800, sin ver costa, los marineros se inquietaron, por ser evidente que erraron el rumbo. Enderezado a instancias de Martín Alonso, entraron en rada al norte de la Española. Considerado"descubrimiento" la tierra no nominada, los sucesivos "descubridores" tuvieron por costumbre bautizar la de arribada, sin molestarse en averiguar nombres anteriores, con el fin de beneficiarse de las ventajas fiscales, concedidas al primero que reconociese la tierra. Inconveniente confundirse a nivel de estado, al no estar asentados los topónimos de los descubridores, Felipe II utilizaba los antiguos. Rey de Portugal, le preocuparon las urcas de Holanda e Inglaterra, que acopiaban sal junto a la Margarita, en las salinas de Araya, que situó en Cabo Verde. Heredado el problema por Felipe III, en 1600 le alarmó aviso de Flandes, de armada de 23 a 36 velas, fletada en la "Islas Rebeldes". Advirtió al duque de Medina Sidonia, suponiendo que de no hacer daño en las costas de España, irían a cargar sal en las Islas de Canarias. Respondió el Guzmán que al no haber asomado los navíos por Galicia ni Andalucía, se podía colegir que fueron a las salinas. Demasiado tarde para sorprenderlas en el cargadero, de haber barcos de armada en las Azores, podrían atacarles al regreso. Con el fin de soslayar confusiones, puntualizó que en las Canarias no había salinas, naturales ni artificiales. La sal estaba a 6 días, en la Isla de la Sal de Cabo Verde, a la que se llegaba entrando al "Mar Pequeño", por la canal que separaba Fuerteventura de la Berbería, paso habitual de las flotas. Debida la confusión a la proximidad de isla canaria, los galeones que fueron en busca de las urcas, repetieron el error, no encontrando urcas ni sal, porque dieron en las Canarias.

En 1607, en proyecto nueva incursión, el Guzmán volvió a ser consultado. Está vez omitió topónimos tradicionales, utilizando los modernos: se daba en la sal entrando por la canal, entre Matalino y Santa Lucía. Poniendo proa al sur, se costeaba la isla, San Vicente y la Granada. Continuando a barlovento de Los Testigos, hasta avistar Tierra Firme, se viraba a poniente. A popa el Cabo mal llamado Tres Puntas, pues tenía cinco, se encontraba la salina de Araya. Aconsejó que los galeones pasasen de largo, metiéndose en La Margarita. Emboscados en el puerto de Juan Griego o Mompatar, aguardarían a las urcas sin dejarse ver, mandarían "lengua" en patache o chalupa de indios, a la península de Araya, que avisase de la llegada de las urcas. Separados de la sal por 12 leguas de aguas limpias, podrían zarpar al anochecer, sorprendiendo a las urcas a la salida del sol, la gente en tierra y desarmada, por estar cargando.

1463 Enero 10 Quintos de moros, pesquerías y pesca de los ríos

En la concesión de 1463, Enrique IV no menciona salinas, entre las fuentes de riqueza del predio. Eran estas el “rescate” de mercancías y esclavos, practicado a la manera de Canarias; parias y quintos de moros; el arriendo de pastos y las “pesquerías de sus ríos” o lo que en sus “ríos se pescare”. En la geografía que se sigue enseñando, el Cabo de Aguer se identifica con Agadir y el de Bojador con el mauritano del mismo nombre, ambos en la costa del Sahara, la más seca del planeta. Presentes los “moros”, cuadran parias y quintos, cargas de origen musulmán. Pero al ser tan escasos como los pastos, no es posible considerar la zona cantera de esclavos. Imposibles son las “pesquerías de sus ríos”. Hablan los historiadores de franja cubierta de vegetación tropical, a lo largo de aquella costa, pero demografía, arqueología y geología. les desmienten. Según la primera, la densidad de población, fue en todo tiempo inapreciable. Al decir de los arqueólogos, dejó el paleolítico huellas de presencia en determinadas zonas humedas, pero no el neolítico, quedando escasos restos de presencia humana en épocas posteriores. En cuanto a los geólogos, son contundentes: el Sahara, costa incluida, remató su desecación en el octavo milenio a.C., sin que se registre alteración climática posterior, digna de mención. Esto no estorba para que los autores de guías turísticas, presten a la costa microclima tropical. La presentan como centro azucarero, en producción hasta finales del siglo XVII, gracias a río caprichoso, que tras discurrir cientos de kilómetros bajo las arenas, resurgía cerca del mar, nutriendo el cultivo que más agua consume, a más de alimentar los bosques necesarios, para que pudiesen trabajar los ingenios. Pero tanto en la vida como en la historia, la opinión mayoritaria, aún siendo obstinada y persistente, no puede cambiar en verdad la mentira. Evidente que en la costa referida no pudo haber ríos con pesquería en 1463 ni mucho antes, la identificación de la Mar Pequeña con el Caribe, sumada al hecho de que el duque de Medina Sidonia, en 1600, llamase "Berbería" a la Isla de Santa Lucia, indica confusión de topónimos, favorecida por una regresión del Islam, en las habitadas por "caribes", temidos por los españoles, por ser eficaces en la pelea, riesgo del que advertían los rotarios, a los que hiciesen aguaje en la Dominica o Deseada, pues un error podía costarles el pellejo.

Carta dirigida por la Reina Católica a Colón, el 14 de febrero de 1502, certifica de la presencia de musulmanes en América. En preparación el cuarto viaje, el primero que haría sin Pinzones ni otros antiguos de Berbería, Isabel responde a petición de intérpretes: "a lo que decís que queréis llevar uno o dos que sepan arábigo....”, prometía la reina mandarlos, si los encontraba, pero en caso contrario saldría sin ellos, pues según estaban las cosas en Portugal, no convenía retrasar el viaje. Con tres visitas a Indias a la espalda, la petición prueba que el árabe era la lengua franca en Indias. Y la escasez de arabo parlantes en Castilla, que el granadino del común utilizaba el idioma local, es decir, el castellano. Conocida la misiva, pues fue aportada por Diego Colón a su pleito, figurando en la trascripción de los Pleitos Colombinos, editada por la “Escuela de Estudios Hispanoamericanos” de Sevilla, en 1967, hemos de admitir que la historia no la calla por ignorancia, si no por prudencia. Fieles a la versión oficial de la historia, porque en ello les va el porvenir, extrapolan la presencia de intérprete de árabe y hebreo, al primer viaje, llamado Luis de Torres. El hecho es que el tal Torres no aparece en documento alguno, ni es mencionado por los que participaron en la travesía y la cuentan. Inventado el personaje, como otros muchos, lo fue en este caso con causa sobrada. Lógico que Colón se procurase traductores en todas las lenguas posibles, yendo en busca de lodesconocido, que lo buscase de árabe en la cuarta travesía, es prueba irrefutable que el Islam se había asentado al otro lado del "charco", mucho antes de que apareciese el descubridor, portador de la cruz.

Fernández de Oviedo, gobernador de Castilla del Oro desde 1525, cuenta que los naturales llamaban al cacique "queví" o cadí, que "en arábigo quiere decir grande", rezando en "mezquitas", templo inconfundible para el castellano. Tres “Matamoros” y un “valle del Mezquital”, sumados a las mezquitas mencionadas por Cortés en México, indican que el Corán alcanzó el Río Grande. De su presencia en el sur da fe el uso constante de la voz musulmana “jeque”, para designar al señor o personaje notable, que hacen los cronistas del siglo XVI. Común a los que escribieron sobre el Nuevo Reino de Granada y Nueva Andalucía, no es el único indicio de la presencia musulmana. Juan Castellanos,cazador de negros y autor de historia de Venezuela versificada, terminada en torno a 1588, y , recuerda tropiezo en el entorno de las salinas de Tepé, conocidas en Castilla por Araya. Le pusieron en aprieto seguidores de la "secta" de Mahoma, llevando al frente “gentil indio” barbado. No sería Leonor, apodada La Fundimenta, la única “morisca” que aparece en las crónicas de Indias. Diego de Landa, que asistió al descubrimiento de Yucatán, en 1517, cuenta que Fernández de Córdoba estuvo a punto de ser despenado por negrillo, portador de alfanje. En su recopilación de las leyes de Indias, Solórzano Pereyra menciona provisión de Carlos V, dictada en 1540, imposible de no existir en América musulmanes autóctonos. Prohibía reducir a esclavitud al natural de Indias, que diese vasallaje a la coronas de España o Portugal, aunque permaneciese fiel al Islam, salvo caso de hacer proselitismo. De poco debió servir la medida, pues al permitir capturar a los fieles al Xarife, la veda del musulmán en general, quedó abierta.

La idea de un continente, sometido a la autoridad de las coronas española y portuguesa, a las que apenas escapaba lo más intrincado de la selva, es pura y simplemente falsa, desmintiéndola los cronistas y la documentación. En el siglo XVIII, los conquistadores apenas se atrevían a penetrar tierra adentro, ignorando lo que sabían los Pinzones del XV: por el Río Negro se podía navegar del Amazonas al Orinoco y viceversa. Circunscrita la presencia española a las cuencas de los ríos y la costa, junto a embarcaderos accesibles, sólo en los viejos imperios pudieron extender su autoridad, a la sombra de estructuras políticas heredadas y vías de comunicación excelentes, que los conquistadores no supieron conservar, concentrándose en el entorno de las minas y posteriormente en las mejores tierras.

Adelantados los Católicos en la guerra de agresión "preventiva", pues la mantuvieron constante contra el Islam, los castellanos practicaron la explotación, a través de la ocupación material e intelectual, a diferencia de los portugueses. No habiendo sido afectados por breve "reconquista", se abstuvieron de inmiscuirse en cuestiones de fe y gobierno, cuidando de obtener consentimiento del Xarife para conservar las factorías, que ganó Alfonso V. Construían fortalezas, que fueron almacén de mercancías, practicando el trueque con los naturales que acudían, a imitación de los andaluces y vascos que navegaban a Indias, por su cuenta o la de mercaderes burgaleses, en un tiempo en el que no imaginaban que el continente pudiese ser descubierto. En las "escalas de mercadores" residían factores cristianos al servicio de firmas y señores, avanzadilla del comercio que hizo de Andalucía residencia obligada, de cuantas civilizaciones buscaron la prosperidad en el mar.

Los primeros conquistadores transitaron por las vías de comunicación del Indio. Pero no los que siguieron. Pavimentada la calzada del Inca con troncos clavados en el suelo, los que les precedieron los utilizaron para hacer hogueras. No lo impidieron los jefes. A todo ocupante conviene aislar a los naturales entre sí, sin comprender que por la misma acción se aíslan a sí mismos, dando lugar a que amplias zonas escapen a su control. Tanto en Méjico como en Perú, vastas zonas del interior e incluso de la banda costera, conservaron la libertad, tardando siglos en ver español, siendo sorprendente la modernidad de Pizarro. Adelantándose a los Estados Unidos imperiales, quiso gobernar Perú a través de Incas –títere. Los nombró sucesivos, fallando la experiencia. Uno tras otro se alzaron contra el colonizador, para ser derrotados por la superioridad técnica. Imitando al ciudadano del común, mal adaptado a la servidumbre, escapaban por Barca de Moros, dejándose llevar por afluente del Amazonas a una "tierra de moros", situada al Este de los Andes, buscando el imperio oriental del Inca. Los misioneros advirtieron repetidamente que Perú se despoblaba por aquel río, sin que lo impidiese el rumor de raíz política, según el cual a la otra parte de la cordillera vivían caníbales, que se alimentaban de forasteros. Ulloa, compañero de Jorge Juan en su expedición, contempló desde las cumbres de los Andes, los fuegos encendidos en el valle, pero se abstuvo de acercarse. A finales del siglo XVIII, seguía siendo territorio cerrado al español.

En el desorden que siguió a la caída de los Benimerines o Marines, los musulmanes de América buscaron protección en reyes y señores europeos. A cambio de defensa y suministro de trigo, cebada y aceite, bienes que no produce el trópico, daban vasallaje en régimen de behetría, materializado en pago de parias, en el marco de un sistema de señorío, que no afectaba a la soberanía del Rey de Fez y Marruecos. Lo ejercieron sucesivos Guzmanes de la casa de Niebla, el rey de Portugal y la propia Isabel Católica. En 1499, a través del Gobernador de Gran Canaria, le dieron vasallaje los naturales del reino de Butata, como a su tiempo los canarios a Inés de Peraza. Periclitada la costumbre, cerrada la Guinea al intruso sin real licencia, decayó el comercio y la industria pesquera andaluza. En 1579, la docena de armazones habituales de los caladeros de Guinea, que quedaban en Huelva, padeció un nuevo sofión. Empeñado Felipe II en heredar al rey Sebastián de Portugal, a través del Cardenal D. Enrique, rey puente y anciano, cuya función se redujo a buscar sucesor al desaparecido en Alcázarquivir, el Austria quiso ganar su voluntad, favoreciendo sus caprichos. Habiendo concedido al portugués Diego de Miranda, uno de sus pajes, 40 ducados por armazón de pesquería que entrase con carga de Guinea, no logró cobrarla en el Algarbe, pero sí en Huelva. Exigido el impuesto a los que estuvieron pescando "desde un cabo que se llama Bojador, hasta otro cabo, que se llama Çenaga", se negaron a pagar, protestando por escrito y con energía.

Por persona interpuesta informaron al Rey de que para poder faenar, sin parar en la cárcel, debían pagar alformaje al alformar del Xarife, sin que los reyes peninsulares pudiesen impedirlo, porque tierra y aguas pertenecían a los moros, “de manera que el rey de Portugal ni su Majestad, no la poseía ni posee". Teniendo el Austria igual derecho a las pesquerías de Guinea, que a los "molinos de Fez" o al "alcázar de Marruecos, que es de los moros", acusaron al rey D. Enrique de haber dispuesto de lo ajeno, reprochando al vanidoso español "merced de cosa, que ni era ni es de su majestad". Con lógica elemental, le aconsejaron suspender "el efecto de la dicha merced, para cuando S. M. posea y conquiste y gane aquella costa". No hay indicio de que la corona española se pretendiese propietaria de la Guinea actual, entonces conocida por Congo o Angola, pero es conocido que todos los reyes de Castilla, antes y después del "descubrimiento", se consideraron propietarios por derecho hereditario, del predio y del continente americano en su conjunto. Obvio que la “Çenaga” mencionada, es la Ciénaga de Colombia, sabemos igualmente que la “Guinea” a que se refieren, también llamada Arguim a espaldas del documento, estuvo en lo que hoy conocemos por América.

En tiempo de Fernández de Oviedo, los naturales de Castilla del Oro vivían en tiendas, "al modo de los alárabes". Pasado un siglo, Francisco Roque, agente de Felipe III en la corte de Marruecos con residencia en Mazagán, escribía: "en Berbería no ay más que campo y las casas son de lienzo”. Ibn Battuta, turista en el Sale del siglo XIV, se sorprendió por la libertad de costumbres, el predicamento que disfrutaban las mujeres musulmanas y ante la solidez del metical de oro, moneda del reino, que en el siglo XV valía 400 maravedís o 420 reís de Portugal. Es probable que los tejuelos de oro, de 15 a 20 quilates, utilizados como moneda por los naturales de Tierra Firme, fuesen meticales. No queriendo perder un maravedí, Carlos I mandó troquelarlos. Ensayador y custodió del troquel en Santa Fe, fue un negro, esclavo de Gaspar Núñez.

Los reinos de Meça y Azamor, “conquista” de Portugal por concesión de Martín V, pertenecían al Xarife. Musulmana la clase dirigente y buena parte de la población, convivían con minoría judía. Dedicada al comercio, algunos de sus miembros aparecen ocupando lugares destacados, en el gobierno y la corte, con título de "xeques". Residentes mercaderes cristianos, abundaban los genoveses y españoles. Solían ser conversos, más cómodos entre musulmanes, que en el imperio de la Inquisición. Al no ser costumbre de navegantes meterse en cuestiones de credo, un único tripulante de Colón, al recordar que en el cuarto viaje, empezaron a descubrir en Yucatán o Maya, primera tierra de indios, dijo ignorar si la población era o no judía, por no haber desembarcado, lo cual indica que hubo judíos en Indias. Duque de Medina Sidonia muerto en 1507, en relación con esta Berbería, Canarias y el Cabo de Aguer, tuvo "libros en hebraico", procedentes del Safi. Otro Guzmán aguardaba, en 1627, la obra de San Mauris. Francisco Roque, residente en Mazagán, prometió comprarla cuando fuese a Marruecos, por no haberla en otra parte. Los musulmanes españoles pudieron practicar su credo libremente hasta 1501; los judíos hasta 1492. Terminado el plazo señalado pare el embarque de los expulsos, a finales de julio, a los reyes no se les pasó por la cabeza condenar a esclavitud a los seguidores de Moisés. El rezagado paró pura y simplemente en la hoguera. Sin embargo no faltan noticias de judíos esclavos. En el siglo XIV entraban por los puertos de Valencia y Barcelona, apareciendo en el arancel repartido a Vejer, en 1491. Cada pieza de moros y moras o judío y judía, pagaba 12 maravedís de portazgo.

En 1493, Dios premió a la Católica las persecuciones, presentándole al profeta Colón. Interpretando el deseo del Altísimo, Alejandro VI le otorgó las riquezas de un continente, condenado a subvencionar su propia conversión. Esta es la apariencia que recoge la historia. En realidad, la primera "Inteceatera" no pasó de sentencia arbitraria, dictada a la moda de la época, en el pleito iniciado por Juan II de Portugal en 1490. Al ser desatinada, no hay indicio de que se publicase, probando el Tratado de Todesillas, que la otra parte no recibió traslado. Incluso Bernáldez, primer narrador de la "gesta" colombina, parece ignorarla. De tener noticia, hubiese omitido al cacique caribeño, seguidor del "Nazarano", interlocutor de Colón en el curso del periplo de 1494, escasamente conocido. El cronista hace notar la extrañeza del nativo, ante la forma en que los castellanos entendían el Evangelio. Fernández de Oviedo añade que a más de vocablos árabes, sus administrados los usaban castellanos, utilizando el "ome" andaluz, que nadie les había enseñado. El P. Sahagún, compañero de Cortés en México y recopilador de curiosidades, cuenta que los aztecas decían del que tenía respuesta para "preguntas dificultosas": "es un Merlín”. De haber tenido noticia del mago inglés, el clérigo les hubiese preguntado por el rey Arturo. O al menos por Lancelote del Lago.

Los cronistas aluden a mexicanos blancos "como españoles". Y a la presunción de Montezuma de contar con antepasados andaluces, no faltando menciones a nativos blancos y barbados. Los nueve caciques de Nicaragua obedecían a un igual, que se distinguía por tener barba, siendo evidente el apéndice piloso en relieves olmecas de Monte Albán y el friso de Labityeco. Los naturales de Cernú, puerto de Tierra Firme, a más de lucir barba despedían el "mal olor a monte", de los negros de Guinea. La cruz de Palenque pudo estar relacionada con la que aparece en la moneda de Asido, cruz del sur para los navegantes y símbolo de los beréberes, inmigrantes probables a su tiempo. Debieron tener parentesco con las de metal, descubiertas entre restos humanos, en templo cuidadosamente destruido. Pero campo de cruces situado en las inmediaciones, hubo de ser reconocido como cristiano. Admitido el origen, los "descubridores" lo reconocieron como cementerio de marinos perdidos, que no encontraron el camino de regreso. La tradición se conservó en la tribu canadiense, llamados porta – cruces, por llevarla al cuello.

Las que aparecían en la costa fueron levantadas por blancos y cristianos, para indicar que la tierra tenía dueño, estando "descubierta" y debidamente registrada. Siendo el premio exención del quinto, de cuanto trajesen en el navío, los que llegaban más tarde remplazaban el signo ajeno por el propio, aprovechando ignorancia y desorden para registrar por segunda vez, ahorrándose el impuesto con consentimiento implícito de las coronas implicadas, porque el incentivo compensaba la pérdida. En 1476 la "Primera Cruz", al este de Paranaiba, partía términos entre Brasil y Guinea, habiendo sido encontrada la más meridional en Cabunco, costa de Uruguay. De palo santo, la única madera que no flota ni se destruye, antigüedad venerable y de tamaño excepcional, estaba en el fondo del agua. Sonado el hallazgo, lo aprovechó la Iglesia, para salir del apuro americano. Admitir que el mensaje evangélico no llegó al continente, ponía en entredicho el concepto de un Dios universal, inventor de sí mismo. No cayó el Papa Borgia en la contradicción, ni probablemente Fr. Tomás Ortiz, obispo del Darién, pese a resolver el problema en el juicio contra los indios, celebrado ante el Consejo de Indias, en 1525. Aprobado que el americano nacía sin alma, pero la adquiría tras recibir el bautismo, porque de no tener derecho al paraíso, la concesión de 1493 carecía de consistencia. Solventada la cuestión, en 1537 irrumpió el Papa Paulo III, como elefante en cacharrería, restituyendo a los aborígenes el alma, por haber nacido racionales. Imprudente dinamitar un “descubrimiento”, que reportaba pingües ingresos a la institución, enemistándose de paso con España y Portugal, el dogma del universalismo de la salvación, la infalibilidad del Papa y el buen nombre de Alejandro VI, fueron salvados por la cruz de Cabunco. Relacionada con el topónimo Santo Tomé, tan antiguo que Colón encontró un Santo Tomé en las inmediaciones del Orinoco, documentó visita del apóstol. Admitido que los romanos conocieron las Indias bajo el nombre de África, se adjudicó al Santo la misión de llevar la buena nueva al continente. Sin repara en que el puerto era inadecuado para la arribada, por lejano, le hicieron desembarcar en Uruguay. Plantada la cruz subió al norte, abriendo a su paso amplia calzada, por la que Pedro de Ursúa, encargado de conquistar el Orinoco a finales del siglo XVI, recorrió 200 leguas. Fundada Santo Tomé, el apóstol terminó su periplo en Río de Oro, donde estuvo a punto de ahogarse, cruzando un río. Asumida la leyenda, no pocos peruanos aseguraron contar con ancestros, que le trataron personalmente.

Condicionados por el paradigma del continente ignorado, los arqueólogos declaran excepción hallazgos, que lo son por haberse conservado en condiciones climáticas hostiles, no por otra causa. Estatuillas del arcaico mexicano evocan formas de Sumer o de las islas del Egeo; en cabeza azteca encontramos la mirada del escriba o rasgos asiáticos en símiles de Buda. Podrían no ser prueba de que toda civilización, recorre las mismas etapas por su orden, indicando un lógico mimetismo, efecto de intercambio, negado por la ortodoxia colombina. Las torres y fortalezas de los indios "pueblos", recuerdan las de la Esparta medieval o lugares islámico; los supuestos sacrificios de doncellas, arrojadas a cráter de Nicaragua, pudieran ser replica de ceremonial, que la tradición sitúa en el Taigeto. Menos feroces los olmecas, sacrificaban palomas, a la manera romana. Admitido el parentesco del vudú con la cultura africana, su presencia se achaca a esclavos importados. Pero no son de excluir contactos de hombres libres, entre las dos "Áfricas".

Practicaron los egipcios el culto al sol, elevado por Akhenatón a religión oficial, con gran disgusto de los poderosos sacerdotes de Amón. Se vengaron extinguiendo la dinastía, tras la prematura muerte del hijo. La pirámide es forma egipcia, pero también americana, como el culto al sol y la luna. En Tihuanaco hay puerta del sol, al que estuvo dedicado templo en Cuzco. Venerado en Palenque, la población de Yucatán representaba satélite y estrella en "ruedas" de oro y plata. En Guatemala y Nicaragua se hacía procesiones a los templos del sol, paseando al ídolo. Y se celebraban romerías, siendo dios principal en Tierra Firme, Ecuador y Perú. Vázquez, cronista de Aguirre, describe "rezadero" junto al Amazonas. En la entrada había dos “sacrificaderos”. En uno aparecía figura de hombre, rematada por el sol. En el otro de mujer, bajo la luna. Al ser de madera, desaparecieron irremediablemente.

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