Las dos geografías

Nuestros continentes son los de Eneas Silvio. Separada Europa de Asia por las montañas del Cáucaso y el río Tanis, África lo estuvo por la franja de Gaza o el Nilo. Sabiendo América y Australia por descubrir, nadie repara en que condicionado el autor por el soporte, la porción de tierra rodeada por brazos de agua, que se extiende de polo a polo en el "Beato" del British Museum y otros, pudiera ser el gran continente incógnito, quizá el Gog y Magog apocalíptico, agregado a las cuatro partes del mundo. De ahí que el "antípoda" se ría de todos nosotros. San Borondón, fraile irlandés del siglo VII, dejó relato de viaje a Poniente, con visita al reino de las "Siete Ciudades". Interpretado como descripción mítica del paraíso, se dio el nombre de santo, que no aparece en el calendario, a supuesta isla atlántica intermitente, que sirve a justificar espejismo, atribuido a los navegantes en general, y a los "descubridores" portugueses en particular.

De la carta de Ptolomeo nos ha llegado reproducción del siglo XV. No falta el rosario de islas occidentales, habitual en las cartas medievales. Al Este de China, el Pacífico termina en línea continua. Extendiéndose de Polo a Polo, pudiera representar la costa americana. Las "islas" "occidentales" figuran en todos los portulanos del siglo XIV. Las indica Dulcet, que no olvida las Canarias y el Seno de la Hespérides, abriendo Gracioso ruta a poniente, hacia las Fortunadas. Nombradas, los topónimos no siempre son los mismos. Las de San Borondón se llamaron Thule, Till, Man, Antilia y "Brasil". Es posible que el último vocablo, indique la presencia del palo tintorero. Pragmático el hombre medieval, exigía que los mapas indicasen la altura del puerto al que se dirigía, en busca de oro, esclavos, especies y bancos de pesca. Pero nada más. Indiferente a la costa no rentable del entorno, aquellos navegantes, doblados de mercaderes, perseguían rentabilizar su esfuerzo, quedando la curiosidad por el entorno al viajero original, que navegaba como pasajero, sin preguntarse cómo había llegado, donde pretendía ir. Abiertos los puertos del Xarife a los navíos, procedentes de lugares privilegiados, por haber mantenido sus pasados relaciones con el Temple, la ausencia de curiosidad se hace patente en declaración de piloto de Colón. Habiendo pasado seis días en el Puerto Redondo de Paria, confesó que entretenidos en el trueque, marcharon sin averiguar si estuvieron en isla o tierra continental.

En el "Mapamondi" o Atlas Catalán, de Abraham Cresques, la "isla" más septentrional se llama Scillandia, estando tan al norte, que sólo puede ser Groenlandia. Siguen Ardoin y un "Brazil" septentrional, quizá Terranova, donde no hubo "palo", pero sí la pesquería rentable de "Bacalaos". Ausente Thule, situada en latitud similar, se identifica con Islandia. Pero bien pudiera responder a la Tule mejicana, capital a su tiempo y señorío de Pedro, príncipe heredero de Montezuma. A continuación figura Man, apareciendo en el lugar que suelen ocupar Till y Antillas, Corvi Maro y Li Colunbi o "Palomas". Este topónimo se repite en el grupo siguiente, completando San Zorzo o San Jorge, lugar en el que Diego Pireis construyó su fortaleza en 1482, por orden de Alfonso V de Portugal, temiendo incursión al sur del Cabo Bojador de las huestes de Castilla, que "conquistaban" la Palma inmediata. Sigue Ventura y el segundo Brasil, quizá Paria, tierra de "brasil" efectivamente. Coincide con la última isla de Dulcet. A continuación está Porto - Santo, situado por Fernández de Oviedo en el delta del Orinoco. Legneme, identificada con Madera, se una a la isla de Sante.

Las Canarias sobre Río de Oro, son claro indicativo de altura. Cartela en el paralelo de Cabo Bojador o Cantín, informa que en 1346, llegado al sur de las islas, Ferrer puso proa a Río de Oro. La dirección de la bandera, la posición de los pasajeros, de espaldas al viento y la vela, indican que navegaba hacia poniente. La península arábiga, la India y el Mar de la India, aparecen en su lugar. Y al este de China, el Mar de las Islas de Indias. Rico en perlas, piedras y metales preciosos, por serlo la tierra, no falta una Isla de los Salvajes, informando cartela de que sus habitantes vivían desnudos, por los montes, como los americanos descritos en la bula de 1493. Una Trapobana de dimensiones continentales, dotada de rey poseedor de oro y piedras, despista porque aparece un elefante. Sin embargo la figura no es contradictoria. Geólogos han encontrado restos de paquidermos, en depósitos óseos del continente americano, probando puntas "clovis" que convivieron con el hombre. Bernaldo de Ibarra, testigo en los pleitos de Diego Colón, residente en Santiago de Indias, prueba que de Paria a Veragua corría la misma costa, esgrimiendo "patada" o huella de elefante, descubierta en un "estero" de Veragua. No es probable que en el istmo hubiese elefantes, por no corresponder el clima. Pero Ibarra no hubiese elegido el símil, de no haberlo visto en el entorno de su casa. La sirena de cola bífida fue símbolo de una globalización cultural, que es el anverso de la globalización por la explotación económica. Metáfora del mar, lazo de unión de las tierras, que no barrera infranqueable, aparece en el Atlas Catalán y allá donde supieron navegar de continente en continente. La encontramos en el gran mosaico, que cubrió el suelo de la catedral de Otranto, en quicios de Siena y Creta: en capitel del claustro de la Santes Creus catalana, en el románico de Ávila. Tardía la de Sanlúcar de Barrameda, aparece en el dintel del castillo de Santiago, construido en 1478, por Enrique de Guzmán.

Ptolomeo hizo pasar su meridiano 0º por unas Fortunadas, alineadas de norte a sur, entre los 10º y 12º. Las únicas "islas" que responden a la descripción, son las que cierran el sur del Caribe, de Paria a la Santa Lucía, principio de Berbería, separada por la canal de Fuerteventura, para un Alonso de Guzmán, que describió la ruta en 1600. De haber sospechado los "sabios" del siglo XVIII, que estas islas estaban "descubiertas" en el siglo I, hubiesen ubicado en ellas el meridiano del alejandrino. Pero al ser cuestión de fe, que Europa y Asia ignoraban la existencia de la gran isla América, le buscaron acomodo en otra parte. Encendida la discusión, Luis XIII de Francia quiso ilustrar Academia de Ciencias recién estrenada, con hallazgo de relumbrón. Encargó a sus miembros encontrar ubicación definitiva al meridiano 0º de los antiguos. Eligieron la isla de Hierro, la más occidental de las Canarias actuales. Fijado por real decreto de 24 de abril de 1634, la ciencia se convirtió en cuestión de "fe política". Al no coincidir la latitud ni los perfiles del archipiélago, con la descripción de Ptolomeo, se concluyó que el geógrafo se equivocó, por haber elucubrado de oído. Disidentes empeñados en darle la razón, al menos en lo referente a la altura, lo trasladaron a la isla de San Antón, en el archipiélago de Cabo Verde.

Según Bernáldez, informado por Colón, pues lo tuvo por huésped al regreso del segundo viaje, los americanos definían su hábitat como inmensa "Isla”, cuya costa no se "andaba" en cuarenta lunas. En el marco de la geografía clásica, compartida por árabes y europeos hasta el siglo XVII, es la excepción que abarca todos los "climas", representación de continentes circulares, delimitados por paralelos. De clima, fauna y flora similares, parecen más lógicos que los cristianos. Separados por accidentes geográficos, los climas son diversos. Aplicados los topónimos Etiopía, Guinea y Sudán a la Tierra de Negros, franja que se extendía de los 16º 25", latitud norte, a la misma latitud sur, de población mayoritariamente negra, estaban comprendidos en un África, que se prolongaba hasta los 24º, en ambas direcciones. En las franjas Norte y Sur, aparecía población de color aceituno o "loro", que así de llamaba el rojizo o verdoso del indio, origen del topónimos "Islas de Indias" y "Asia", que se aplicaron a Centroamérica, entonces parte del "continente" africano, por haber núcleos de población morena en regiones de clima tropical, hasta los 30º. A nuestro alcance descubrir la causa de la confusión, pues basta confrontar las "dos geografías", nos abstenemos de hacerlo, porque implicaría renunciar al mito de la superioridad del hombre blanco y católico, descubridor de pueblos "inferiores", por distinguirles el color de piel y la condición de no cristianos. El "descubrimiento" de 1492, de ser cierto, probaría las limitaciones de la especie. Que sabiendo navegar desde hacía 5.000 años, el hombre se obstinase en hacerlo contra corrientes y entre bajos, cediendo a un miedo irracional a lo desconocido, el temor supersticioso a convertirse en negro o la idea de que rebasado el paralelo 0, le mataría el calor, probaría limitación alarmante de la capacidad intelectual colectiva. Por fortuna, alusiones a la "sombra invertida", que aparecen en los clásicos; la antigüedad de la “cruz del sur”, símbolo de los beréberes y otros indicios, prueban que "el hombre", como entidad colectiva, nunca se dejó paralizar por el miedo, siendo probable que los cartógrafos se abstuvieron de representar los dos hemisferios, por no repetirse, pues en la división del planeta por climas - continente, el sur es réplica del norte. En lo que se refiere a la longitud, hubo Indias Orientales y Occidentales, con respecto a Europa, porque la tez de los hombres es similar, en una misma latitud.

En párrafo del "Príncipe", dedicado a Fernando el Católico, Maquiavelo lo describe como modelo de codicia hipócrita, pues esgrimiendo una "crueldad devota", liquidado el reino de Granada, continuó su guerra "contra el África", conquistando un continente. Improbable que se refiriese a la irrelevante ocupación de Melilla, operación fulgurante, consecuencia del Tratado de Tordesillas, que se desarrolló en el otoño de 1497, e igualmente improbable que aludiese a la aventura colombina, sin eco en su tiempo, debió referirse a la conquista de Palma, Tenerife, la Mar Pequeña y Berbería, iniciada por Alfonso Fernández de Lugo, en el verano 1492, mucho más sonada. Cerrada la primera fase en 1503, la continuó Pedro Fernández de Lugo, su hijo y heredero, que siendo alcaide de Santa Cruz de la Mar Pequeña, gobernador de Palma y Tenerife, conquistó el Nuevo Reino de Granada.

Clima
Grados
+
Horas Día
-
Topónimos
0º Ecuador
16º 25"
16º 25"
12
12
Tierra de Negros
Sudán
1º Clima
16º 25"
24º
13
11
Asia. Is. de Indias
Indias Or. y Oc.
África
2º Clima
24º
33º
11'30
10'30
 
3º Clima
33º
36º
14
10
País de los
Beréberes
 
4º Clima
36º
41º
15
9
 
5º Clima
41º
48º 30"
16
8
   
6º Clima
48º 30"
63º
20
4
   
Ext. Habitable
63º
70º
       

El "Dikr Al- Aquâlîm", de Ishâq ibn al -Hasan al Zayyât, tratado de geografía compuesto en torno al siglo XI, habla de tierras que no encajan en los continentes conocidos. Amplio el trópico, permiten detectarlo árboles de hoja perenne, dos inviernos de lluvias torrenciales, otros tantos veranos y cosechas por año. Abundante el americano en piedras y metales preciosos, nuestros antepasados concluyeron que el calor del sol los generaba. Exuberante la selva en la proximidad de los ríos, el desierto poblado de acacias y chumberas, que verdea en el periodo de las lluvias al norte de Venezuela, indica la mala calidad de la tierra. Semitropical el segundo clima, ubicado en África, entre los 33º y 36º, estaba el País de los Beréberes, de los grandes desiertos. Ocupaba el tercer y cuarto clima, compartiendo el quinto y sexto hombres de piel blanca y amarilla, presentes hasta los 63º, límite de la tierra habitable.

El meridiano 0º del "Dikr Al- Aquâlîm", no coincide con el de Ptolomeo. Pasa por la Isla de Arn, en el Mar de la India. Cruzada por el Ecuador, las posibilidades de equivocarnos se reducen a elegir entre Sumatra y Borneo. Es probable que coincida con el meridiano elegido por los geógrafos de Carlos I de España y Juan III de Portugal, reunidos en Elvas en 1524, para repartirse las riquezas de las Islas de la Especiería, "Malucas" o Molucas, delimitando la zona de influencia de ambas coronas. Mermado el temor a la excomunión, debido al auge del luteranismo, es lógico que aprovechasen la ocasión para buscar fuerza moral alternativa, que justificase el monopolio de las Indias, encontrándola en la leyenda del "descubrimiento". Queriendo documentarlo, prolongaron el meridiano de "demarcación" a sus antípodas. Pasando por Humos, al este del Amazonas, incluyó el Cabo de Aguer en la conquista de Castilla, en división sin efecto, pues aunque España pretendió llevar sus derechos hasta el Gran Río, nunca lo consintieron los reyes de Portugal. Como tal tuvo Felipe II el señorío de Guinea y Brasil, a partir de 1580, perdiendo ambas provincia Felipe IV, en 1640, ocupando las "Islas de Indias", desde los tiempos de Colón a la Independencia Americana, de Florida a las Islas de Barlovento, límite que salvo en periodo de la unión de las dos coronas, no rebasaban los navíos destinados a la guarda de Indias. Alejada la conquista de Castilla, que se iniciaba en la rivera del Río de la Plata, se guardaba a sí misma, por ser raros los corsarios que se alargaban a una tierra, que parece no haber pertenecido al reino de Fez.

Curiosamente, el "Dikr Al- Aquâlîm" no inicia la descripción de los climas en su meridiano 0. Con excepción del 4º, que parte de Tánger, adopta el de Ptolomeo, al oeste del Mar Occidental. Ubicado el mercado mudo del oro en Gana, residencia del Negus, rey de Etiopía, define el país como rico en piedras "minerales" y minas, señalando que los naturales pululaban desnudos. En Etiopía sitúa el Reino de Saba. Conservaba en Bilquis, su capital, dos pilares, recuerdo de la visita de Salomón. Un Yemen en Tierra de Negros, disfrutaba de dos inviernos y otras tantas cosechas. En la capital, San'a, no había árboles ni cultivos. Los habitantes, parecidos a los beduinos, vivían en casas de ladrillo cocido, decoradas y “doradas”. Se alimentaban de pescado, exportando "piedras preciosas" que sacaban del mar, sin duda perlas. Engarzarlas era especialidad local. Bosques y palmerales cubrían los montes de Narran, una de sus ciudades. Albergaban colonias de monos, que asolaban viñas y maizales. El puerto de Umán, amurallado, tenía puertas de hierro. Se cultivaba arroz, centeno, trigo y caña dulce, siendo importante la industria azucarera. El uso del bonete estaba reservado a los nobles. En Bahrayn, país del segundo clima, bastaba rascar la tierra para encontrar agua. Rodeada la villa de dunas, en la arena prosperaban palmeras, granados, cidros, higueras y algodón.

Señala Ishâq ibn al -Hasan al Zayyât, la longitud y latitud a de las poblaciones, pero no de las que sitúa en los “países” de al – Hind y al – Sind. "Vecino" el primero de China exterior, lo formaba conjunto de "islas", bañadas por la Mar Grande, nombre por el que se conocía el Océano Atlántico. Atribuye la riqueza del conjunto a monte horadado por minas de plata, plomo y oro. Permitían acuñar moneda, con la efigie del rey. Principal proveedor y cliente China, importaba marfil de elefantes cazados con trampas, metales preciosos, sándalo, clavo, especies y plantas aromáticas. En el segundo clima se encontraban esmeraldas, contando con una Mîna, a orillas del Océano. Hirman se fundó en un cabo, cerca de Fatala, topónimo que reaparece en el siglo XVII. Al – Sind comprendía al - Sas y al - Jazar. El lago Jurasan, nacimiento del Río Grande o Jurasan, estaba en el 5º clima. Regaba Gog y Magog, extremo oriental del sexto clima, arrastrando las pepitas de oro más septentrionales conocidas. Judía la población, Bulkar, rey de al - Jazar, tenía ejército regular de 10.000 jinetes, siendo propietario de 400 castillos, con población adjunta. Cercano el llano de Banat Asar, lo habitaban islámicos ortodoxos, que no admitían la presencia de cristianos.

Evidentes y varios los indicios documentales, que contradicen el "descubrimiento", la historia oficial se cura en salud, buscando razones plausibles que hagan imposible la travesía del Océano, antes de finales de siglo. Esgrimen como obstáculos insalvables, la imposibilidad de navegar sin ver tierra, por falta de instrumentos, la distancia - tiempo y la falta de navíos de alto bordo, que permitiesen tan prolongada travesía, inexistentes antes de finales del siglo XV, en opinión de los eruditos. Pero la aguja imantada fue descubierta por los chinos, en torno al 1090. Desarrollada se llamó "brújula", penetrando en el Islam en el siglo XIII. Inevitable que la conociesen los andaluces, su entrada en Castilla se retrasa hasta 1403, por razones que ignoro. Reinaba Enrique III, patrocinador de las primeras expediciones a Canarias. Más complicado el astrolabio, aún siendo probablemente musulmán, el hallazgo se adjudicó a médico de Juan II de Portugal. Pero la disponibilidad de estos instrumentos, no implica que los utilizase el navegante del común. Según las fuentes prefería la "estrella de los ochos", planta de arquitecto, pues permitía construir edificios octogonales, sirviendo en la mar para no perder el rumbo, fijado con ayuda del sol o cualquier estrella, de preferencia la Polar. Tallada la "estrella" en puerta cegada de la iglesia - panteón de Guzmán el Bueno, dice Bernáldez que Colón, en su segundo viaje, llevó "pilotos y marineros, que por la estrella sabían ir y venir a España", ciencia imposible de adquirir en una única travesía. Herencia de los jonios, la "ballestilla" perduró, pues la utilizaban los marinos del siglo XVII para "pesar" el sol, con el fin de fijar la posición del navío. Estando la Mina de Oro a 1.000 leguas del Guadalquivir, Bernáldez utiliza la cifra como arquetipo, paracalificar al piloto. Merecía ejercer la profesión, el que navegando 1.000 leguas sin ver tierra, guiándose por la "estrella", el sol, el color y el olor del mar, no erraba el puerto de arribada en más de 10 leguas.

Ballestilla
Ballestilla
Brújula
Principio del Astrolabio

Ulises penetró en alta mar, capeando el temporal arriadas las velas. Amarrado al palo mayor se dejó llevar, según hacían los generales del siglo XVI, en circunstancias similares. De esta guisa escuchó el canto de la corriente bullanguera de "Infierno", que corre de la Boca de la Sierpe a la del Drago, entra Trinidad y Paria, asonada que Homero atribuye a las sirenas. Bajo los acantilados renovó las reservas de agua, poniendo el barco bajo cascada de agua dulce, que caía al mar. Que Hannón y Colón viesen cascadas cayendo al mar, indica que los tres navegaron frente a la misma costa, en la misma estación. Estas cascadas no aparecen en ninguna geografía, porque las forma el agua embalsada en la meseta de las Guayanas, durante el periodo de las lluvias. Sebastián Caboto, agregado al equipo de geógrafos encargado de modernizar el “mapamundi”, por mandato de Carlos V, recordó a Solino, cosmógrafo e historiador. Coetáneo del "descubrimiento", identificó las "islas de Indias" con las Hespérides de Ulises. Sospechando que quizá tuviese razón, Fernández de Oviedo retrotrajo a la protohistoria, los derechos de Isabel a las Indias, declarándola heredera de Héspero, porque fue rey de Hispania.

Arriesgada la navegación de cabotaje debido a los bajos y corrientes, navegando cerca de la costa o entre islas, los barcos se detenían en las noches sin luna, porque al no ver el fondo, estaban expuestos a tropezar en cualquier escollo. Extrapolando el dato a la navegación de altura, Madariaga supone que Colón arriaba velas a la puesta del sol, en pleno Atlántico, enganchando el ancla no sabemos donde. Siguiendo la misma lógica, los "teóricos" concluyen que para cruzar la mar, eran necesarios navíos de alto bordo, decretando su falta. Sabemos que los fenicios los tuvieron de 400 toneladas, tamaño respetable superado por las carracas portuguesas, con más de 600. En 1430 se construía nao en Valencia de 817 "botes" o 613 toneladas. Comunes los navíos de 130 a 170 toneladas, el arqueo medio del barco comercial del siglo XV, dedicado al tráfico por puertos Europeos y mediterráneos, era de 250 toneladas. Ibn Batuta describe los juncos del siglo XIII. Velas fijas de bambú entretejido, los arrastraban de 1.000 toneladas. Costumbre de los mercaderes chinos viajar acompañados de familia y criados, instalaban a los suyos en cómodos compartimentos individuales, sumando a la carga despensa de reses en vivo, cajones llenos de tierra, que servían de huerto y agua consiguiente. El junco llevaba escolta de dos o tres navíos menores, cada uno de arqueo igual a la mitad del inmediatamente superior, siendo el menor de unas 100 toneladas.

1595 Septiembre 20 Zabras -correo

No es casual que los chinos usasen grandes navíos. Podían hacerlo porque las radas del poniente americano son limpias y de aguas profundas, no habiendo barra que pasar ni río que remontar, para llegar a los mercados de oro y esclavos o a las pesquerías. Los europeos, obligados a remontarlos, preferían carabelas de 30 a 45 toneles o barcos menores, de cubierta como el de Ulises, navegando en invierno con vela redonda y en invierno con latina. Mixtos de remo y vela, permitía escapar a las calmas, pasando las barras con facilidad. En 1382 entró en Valencia “panfil”, barco menor, con pimienta, cera, pieles de vacuno y 46 halcones, carga típica de "Guinea". De la misma procedencia el pescado salado, "cabezas de moros" y un "pan", que era maíz, se traía en ballenell, concebido para la pesca, como su nombre indica. De un palo y enorme vela latina, extremadamente rápido, fue adoptado por los mercaderes, que no tardaron en modificarlo. Al ser el beneficio proporcional a la carga, ganó arqueo y un segundo palo, convirtiéndose en carabela cuando tuvo tres, alcanzando las 100 toneladas. Limitada la oferta oriunda de Andalucía a vino, pasas, aceite, cereales y sal, no justifica la presencia de 100 navíos en el puerto de Sanlúcar, en 1477, año en que lo visitaron los Católicos, ni el tráfico de puertos secundarios, como los de Palos o el Barbate. Los extranjeros acudían en busca de pescado salado y mercancías americanas, abundantes por ser los puertos más próximos en distancia - tiempo, al lugar de origen. Creada la Casa de la Contratación en 1503, las mercancías americanas se concentraron en puertos determinados. Al hacerse innecesario remontar ríos para vender y comprar, los mercaderes sumaron toneladas. En el reinado de Carlos V, los barcos de Indias pasaron de 100 a 250 toneladas. Bajo Felipe II, los hubo de 800 y 1.000, desesperando al Guzmán, encargado de sacar las flotas. Pasaban con dificultad las barras de Sanlúcar y San Juan de Ulúa, pues no admitían embarcaciones superiores a las 600 toneladas. Relantizaban la navegación de las flotas, al ser tremendamente lentos, defendiéndose tan mal en la tempestad, como de los corsarios. Desde el punto de vista económico, el mercader enjugaba la pérdida de un navío menor, pero la de un gran galeón acarreaba la quiebra, en tiempo en que la decadencia del gremio sevillano, aconsejaba conservarlos. Excluidos de las flotas pescadores y boneteros de Toledo, éstos vendían por puertos de moros bonetes, rojos y pardos, lencería de Holanda y tabaco, llevando pequeñas carabelas, que remontaban los ríos con facilidad. Los pescadores de Guinea fletaban "armazones", formados por chalupas de hasta 70 toneladas y carabelas. En 1595, Alonso de Guzmán aconsejó a Felipe II cubrir el hueco entre las flotas, estableciendo correo regular con Indias. Recomendó usar zabretas, el barco más seguro para cruzar la mar, de 30 pipas o 15 toneladas en verano y 40 en invierno. A más de cartas podrían cargar frutos de la tierra, cuya venta amortizaría el viaje.

Probado que la distancia en mar abierta, no implica riesgo extraordinario para la embarcación menor, los "sabios" recurrieron al "tiempo", para justificar los grandes navíos. Prolongado el viaje, el volumen de la despensa exigía cabida extraordinaria, incidiendo el tamaño del navío, en el número de tripulantes, y en consecuencia, en el espacio ocupado por las vituallas. Contratos de arrendamiento que se han conservado, cifran la tripulación de una carabela, de 30 a 45 toneladas, entre 5 y 7 hombres. A finales del siglo XVI, armazón de pesquería para la "Guinea", formado por carabelón de 250 toneladas, destinado a pescar y navío de 400, con capacidad para cargar 60.000 "peces", llevaba 24 hombres y otras tantas botas de agua. Céspedes, autor de tratado de navegación redactado en el siglo XVI, fija la velocidad media del navío "suelto" en 50 leguas por “día natural”, o singladura de 24 horas, pudiendo alcanzar las 72, en condiciones favorables. Incidían en la rapidez suma de "circunstancias": elección de puerto de partida adecuado, en relación con el de destino y la estación; de “colla” de “tiempo” favorable; la arquitectura del casco; proporción carga – tonelaje; estibado de las mercancías; “ensebado” del casco; calidad de las velas, siendo preferidas las nuevas y extranjeras, a las nacionales o viejas y finalmente la pericia de maestre, piloto y tripulantes. Adición de factores favorables, podía reducir la duración del viaje, a menos de la mitad.

Según Céspedes, la ruta más frecuentada en su tiempo, de Sanlúcar de Barrameda a San Juan de Ulúa, de 1.700 leguas, ocupaba a las flotas dos meses y medio "o más, según los tiempos"; a Nombre de Dios, que estaba a 1.400 leguas, se tardaba en llegar dos meses "largos". Pasando por las Canarias "y de allí por la isla Dominica", a los 15º, se separaban las rutas. Los barcos de Nueva España subían a los 17º o más, pasando entre Cuba y Jamaica. De navegar separadas, esta flota debía zarpar entre abril y mayo, "porque no se pase el Golfo de Yeguas en invierno". La de Tierra Firme, que se dirigía al sur, en Agosto o Septiembre, "porque no le tome el invierno antes de llegar a Canarias, y puedan llegar a Nombre de Dios a principios de noviembre, cuando comienza aquella tierra a ser menos enferma". Los de Nombre de Dios debían iniciar el regreso por febrero, y los de Nueva España por Marzo, juntándose en La Habana en abril. Por el canal de las Bahamas subían hasta los 39º, cruzando el "golfo de Sargazos y el de las Azores en verano, por ser menos tormentosos". El que quería tomaba "refresco" en las Islas, pero nada impedía el viaje sin escalas, hasta ponerse a vista del Cabo de San Vicente, en Portugal. Los navíos de Nombre de Dios recorrían 1.600 leguas y los de México 1.400, "según estimación de marineros".

Ulises llevó velas redondas. Se dice que en su tiempo no se conocía la latina. Aparece en grafito de navío de vela y remo, encontrado en los cimientos de la Alcazaba de Málaga, que se supone romano, estando representado en el "Oppianus", del siglo III. Los americanos la tenían cuando llegaron los conquistadores, describiendo Jerez, secretario y cronista de Pizarro, barco capturado en aguas del Cabo de la Galera, en cabalgada anterior a la conquista del Perú. Del tipo zabra, formaban el casco troncos, atados con sogas de “henequén". Con puente, bodega, timón, velas y jarcias, usaban piedras por anclas, a la manera fenicia. Los tripulantes, parecidos a los "berberiscos", viajaban en familia, vistiendo los hombres camisa y las mujeres faldas, llevando mantas "echadas debajo del brazo, a la manera de las moras". Tenían camas, usaban sábanas de algodón, siendo sus armas hondas y macanas, palos arrojadizos con punta de sílex o espina de pescado. Mercaderes de profesión, procedentes de comarca que estaba acuatro jornadas de distancia, se dedicaban a la salazón de pescado. En su país trasquilaban ovejas, pescaban perlas y explotaban yacimientos de oro, lo que no les impedía rescatar ambas cosas, llevando romana y “toque” de quilatador. Lo cambiaban por "ropa" de lana de colores, camisas, paños blancos con franjas, cántaros negros y conchas de Chaquira, o múrices, iguales a los que se pescaban en Canarias. En aquel tiempo los compraba el rey de Portugal, para “rescatar” oro y esclavos en Guinea.

Alcazaba de Málaga. Nao romana
1478 Castillo de Santiago. Sanlúcar Bda. ¿Barco luengo?.

Sanlúcar. Castillo de Santiago. Grafito

S III Batalla Naval (Oppianus Cinegetyca)

S III Vela latina (Oppianus Cinegetyca)
S. XIII Nao de vela y remo
S. XIV Nao

 

Alonso de Palencia fija en 20 días la travesía de las 7.000 millas o 1.750 leguas, que separaban la costa de Cádiz de una Guinea, hoy conocida por costa norte de Brasil, lo que arroja una media de 87’5 leguas diarias, posible a causa de los vientos y corrientes favorables. A 1.000 leguas la Mina de Oro, el viaje se prolongaba 60 días, los mismos que el de la Habana, pues los navíos que iban a Cuba, cargaban despensa para dos meses, llevándola para un mes los que se dirigían a las salinas de Araya, distancia - tiempo que reducía el barco luengo, portador de avisos. En 1587 barco luengo de 25 pipas o 12 toneladas, con tripulantes y piloto prácticos en las islas, cruzó de Sanlúcar a la Habana, en 27 días.

1581 Armada de Flores a Indias "Navegados" en Canarias

Llamados "golfo" los mares, de orilla a orilla, el Golfo de Yeguas se situaba entre la costa occidental de la Península y las Canarias. En 1588, navegando frente a Finisterre, Alonso Pérez de Guzmán fechó carta al rey en el Golfo de Yeguas. Se cruzaba en 8 o15 días. Llegados a las "islas", los navíos se consideraban "navegados", porque más adelante era raro que tropezasen con dificultades. Según Fernández de Oviedo, el golfo pudo haberse llamado "de las vacas", porque eran arrojadas al mar, para escapar a la tormenta. Carga inestable la despensa en vivo, como los caballos, se sacrificada en la borrasca. Más trabajoso el regreso, pues las "collas" de tiempo favorable eran raras y breves, Fernández de Oviedo recuerda armada de tres carabelas. En 1525 hizo la travesía de Santo Domingo a Sanlúcar, en 25 días. Queriendo expresar la movilidad de los barcos en Indias, escribió que "cada día.., por la mar", pasaban del Trópico de Cáncer al de Capricornio.

Cuando murió la Católica, la "colonización" quedaba circunscrita a las islas, donde la presencia de españoles parece vetusta, puntos aislados del istmo y Tierra Firme. Apenas extendida en vida de Fernando, eclosionó reinando Carlos V, con la conquista de los imperios. La causa salta a la vista. Imprecisas las viejas bombardas, fue necesario aguardar armas alemanas, para enfrentar la superioridad numérica y la preparación de aztecas e incas. Algo similar ocurrió en el África del siglo XIX. Las armas de repetición y los cañones de largo alcance, abrieron a los europeos un Norte de África mal conocido. Sorprendidos al no encontrar los ríos, selvas, centros azucareros y riqueza, que la historia ubica en la costa del Sahara, los científicos acudieron en ayuda de los eruditos. Elaborando complicadas teorías, justificaron desecación fulgurante, situándola a finales del siglo XVII, pues había de coincidir en el tiempo con el último Xarife operante, que expulsó de las plazas de Poniente a portugueses y españoles. De moda reconstruir el pasado a partir de los clásicos, el funcionario francés Edmond Doutté, destinado en Marruecos a principios del siglo XX, quiso recuperar la antigua Berbería, de Rabat a la Montaña Verde. Con Ibn Idrisi, Khaldoun, El Bekri, León el Africano, Mármol y largo etcétera bajo el brazo, identificó Rabat con la ciudad de Salé, por ignorar que la ciudad fundada a la sombra de viejo ribat, no había cambiado de nombre desde el siglo XIII, razón por cual no podía ser la Salé, situada de 1475 a 1640, frente a la Sale Alcazaba, "con el río en medio".

Se felicitó porque la distancia que separaba Rabat de la Mamora coincidía con los textos, sin sorprenderle encontrar población antigua, en lo que fuera puerto despoblado, hasta que en 1614 lo adquirió Felipe III, plantando presidio junto al puerto fluvial. Informado por los "científicos" de cambio climático, que no registra la geología, le pareció natural que el bosque Sualem, antaño poblado de alcornoques, hubiese quedado en mixto de lentiscal y retamar. En Azamor contempló oued vadeable, con desembocadura de 60 metros de anchura, que tomó por el más caudaloso de Berbería. Concordante la distancia, identificó El Jaddida con Mazagán, ignorando que la vieja plaza portuguesa no estuvo a orillas del mar, si no en ribera de río, caudaloso y navegable, llamado Ajer, a 12 leguas de la desembocadura. La fe de Doutté flaqueó en Sernou. No le sorprendió que la distancia no coincidiese con los textos, pero sí que unos silos, famosos por conservar el grano durante más de cien años, hubiesen desaparecido sin dejar huella ni memoria. Achacó el olvido de la palabra "bir", a la extinción de los judíos constructores.

Descubierta montaña aparente, la identificó con Jbel Lakhadar o Montaña Verde, frontera del reino de Dará, reconocida por Colón en la costa de Tierra Firme, durante su segundo viaje, por la cascada que bajaba de la cumbre. Quiso el francés encontrar la huella del lago, "tan grande como el Bolsena", rodeado de bosques, que hizo olvidar su guerra al Xarife, entretenido por la caza y la pesca. Acampando en la ladera, registró el lugar palmo a palmo. Y surgió la duda. Lógico que árboles y agua hubiesen desaparecido con la seca, no lo era que se hubiese esfumando el sedimento del lago. Al coincidir la distancia que separaba Safi de Mogador, recuperó la confianza, tomando el Oued que desemboca en el Cabo Sim, por reliquia del gran río, que regó plantaciones de caña dulce, alimentando bosques. Interpretados restos de edificaciones romanas en islotes próximos, como huella de las factorías de púrpura del rey Juba, huesos de ballena fosilizados, descubiertos en la playa, pasaron por testigo de industria de salazón.

Razonable que los pueblos ibéricos, habituales de la hoguera, repitan mansamente las consignas del poder, porque aprendieron que de la sumisión intelectual, procede la fortuna, y de la libertad de pensamiento y palabra, la pérdida del pellejo, no lo es que el mundo corease el "descubrimiento", por espacio de 500 años. Se alzaron voces disidentes, algunas de tanto peso como la de Voltaire, incrédulo por pura lógica. No inquietaron sus elucubraciones a los oficialistas, pero sí el hallazgo de moneda de Octavio Augusto. Tuvo lugar en las minas de Acla, en Veragua o Panamá, gobernación de Castilla del Oro, allá por el siglo XVI. Confirmó a los colonizadores en la idea de que cartagineses y romanos precedieron a Colón, en la explotación de Indias, causando conmoción en la corte. Necesario subsanar el desagradable incidente, el poder recurrió a la justicia, por ser costumbre designar culpable, que contrarreste la verdad por el castigo. Correspondió el papel a dos romanos, que pululaban por la zona. Acusados de haber traído la moneda en la faltriquera, con intención de "desdorar" la gloria de España, murieron en el potro, dejando firmada la debida confesión. Excusado es decir que en adelante, quien tropezó con huella extra continental, del pasado precolombino, silenció el hallazgo, sin perjuicio de que el cuento corriese. Al no haber sido olvidado en su tiempo, Solórzano Pereyra lo refutó a dos siglos vista, achacando la maldad de los difuntos a la envidia eterna, que España inspira al mundo. Proyectada la sombra del inquisidor sobre el siglo XX, cabeza de tanagra encontrada entre objetos aztecas, tardó 25 años en ser publicada. Silenciado torso de Venus, son muchos los hallazgos en suelo americano, que permanecen en la sombra. En un mundo de sistema y pensamiento único, la ciencia no es la excepción que escapa al marchamo político, de "secreto de estado", amparo del "al criterio oficialmente impuesto".

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