21-07-2014  (1407 lectures)

Calauera - Diario de a bordo de Colom

 

Relación del primer viaje de D. Cristóbal Colón para el descubrimiento de las Indias.
de Bartolomé de las Casas

Nota: Edici√≥n an√≥nima espa√Īola de 1892.

 

Este es el primer viaje y las derrotas y camino que hizo el Almirante don Cristóbal Colón cuando descubrió las Indias, puesto sumariamente, sin el prólogo que hizo a los Reyes, que va a la letra y comienza de esta manera: In Nomine Domini Nostri Jesu Christi.


Porque, cristian√≠simos y muy altos y muy excelentes y muy poderosos Pr√≠ncipes, Rey y Reina de las Espa√Īas y de las islas de la mar, Nuestros Se√Īores, este presente a√Īo de 1492, despu√©s de Vuestras Altezas haber dado fin a la guerra de los moros que reinaban en Europa y haber acabado la guerra en la muy grande ciudad de Granada, adonde este presente a√Īo a dos d√≠as del mes de enero por fuerza de armas vi poner las banderas reales de Vuestras Altezas en las torres de la Alhambra, que es la fortaleza de la dicha ciudad y vi salir al rey moro a las puertas de la ciudad y besar las reales manos de Vuestras Altezas y del Pr√≠ncipe mi Se√Īor, y luego en aquel presente mes, por la informaci√≥n que yo hab√≠a dado a Vuestras Altezas de las tierras de India y de un Pr√≠ncipe llamado Gran Can (que quiere decir en nuestro romance Rey de los Reyes), como muchas veces √©l y sus antecesores hab√≠an enviado a Roma a pedir doctores en nuestra santa fe porque le ense√Īasen en ella, y que nunca el Santo Padre le hab√≠a prove√≠do y se perd√≠an tantos pueblos creyendo en idolatr√≠as o recibiendo en s√≠ sectas de perdici√≥n, Vuestras Altezas, como cat√≥licos cristianos y Pr√≠ncipes amadores de la santa fe cristiana y acrecentadores de ella, y enemigos de la secta de Mahoma y de todas idolatr√≠as y herej√≠as, pensaron de enviarme a m√≠, Crist√≥bal Col√≥n, a las dichas partidas de India para ver a los dichos pr√≠ncipes, y los pueblos y tierras y la disposici√≥n de ellas y de todo, y la manera que se pudiera tener para la conversi√≥n de ellas a nuestra santa fe; y ordenaron que yo no fuese por tierra al Oriente, por donde se acostumbra de andar, salvo por el camino de Occidente, por donde hasta hoy no sabemos por cierta fe que haya pasado nadie. As√≠ que, despu√©s de haber echado fuera todos los jud√≠os de vuestros reinos y se√Īor√≠os en el mismo mes de enero mandaron Vuestras Altezas a m√≠ que con armada suficiente me fuese a las dichas partidas de India; y para ello me hicieron grandes mercedes y me ennoblecieron que dende en adelante yo me llamase Don, y fuese Almirante Mayor de la Mar Oc√©ana y Virrey y Gobernador perpetuo de todas las islas y tierra firme que yo descubriese y ganase, y de aqu√≠ en adelante se descubriesen y ganasen en la Mar Oc√©ana, y as√≠ me sucediese mi hijo mayor, y as√≠ de grado en grado para siempre jam√°s. Y part√≠ yo de la ciudad de Granada a doce d√≠as del mes de mayo del mismo a√Īo de 1492, en s√°bado. Vine a la villa de Palos, que es puerto de mar, adonde arm√© yo tres nav√≠os muy aptos para semejante hecho, y part√≠ del dicho puerto muy abastecido de muy muchos mantenimientos y de mucha gente de la mar, a tres d√≠as del mes de agosto del dicho a√Īo, en un viernes, antes de la salida del sol con media hora, y llev√© el camino de las islas de Canaria de Vuestras Altezas, que son en la dicha Mar Oc√©ana, para de all√≠ tomar mi derrota y navegar tanto que yo llegase a las Indias, y dar la embajada de Vuestras Altezas a aquellos Pr√≠ncipes y cumplir lo que as√≠ me hab√≠an mandado; y para esto pens√© de escribir todo este viaje muy puntualmente de d√≠a en d√≠a todo lo que hiciese y viese y pasase, como adelante se vera. Tambi√©n, Se√Īores Pr√≠ncipes, allende de escribir cada noche lo que el d√≠a pasare, y el d√≠a lo que la noche navegare, tengo prop√≥sito de hacer carta nueva de navegar, en la cual situar√© toda la mar y tierras del Mar Oc√©ano en sus propios lugares, debajo su viento, y m√°s, componer un libro, y poner todo por el semejante por pintura, por latitud del equinoccial y longitud del Occidente; y sobre todo cumple mucho que yo olvide el sue√Īo y tiente mucho el navegar, porque as√≠ cumple, las cuales ser√°n gran trabajo.

Viernes, 3 de agosto

Partimos viernes tres días de agosto de 1492 de la barra de Saltés, a las ocho horas. Anduvimos con fuerte virazón hasta el poner del sol hacia el Sur sesenta millas, que son quince leguas; después al Sudoeste y al Sur cuarta del Sudoeste, que era el camino para las Canarias.

S√°bado, 4 de agosto

Anduvieron al Sudoeste cuarta del Sur.

Domingo, 5 de agosto

Anduvieron su vía entre día y noche más de cuarenta leguas.

Lunes, 6 de agosto

Saltó o desencajóse el gobernario a la carabela Pinta, donde iba Martín Alonso Pinzón, a lo que se creyó y sospechó por industria de un Gómez Rascón y Cristóbal Quintero, cuya era la carabela, porque le pesaba ir en aquel viaje; y dice el Almirante que antes de que partiese habían hallado en ciertos reveses y grisquetas como dicen, a los dichos. Viose allí el Almirante en gran turbación por no poder ayudar a la dicha carabela sin su peligro, y dice que alguna pena perdía con saber que Martín Alonso Pinzón era persona esforzada y de buen ingenio. En fin, anduvieron entre día y noche veintinueve leguas.

Martes, 7 de agosto

Tornóse a saltar el gobernalle a la Pinta, y adobáronlo y anduvieron en demanda de la isla del Lanzarote, que es una de las islas de Canarias, y anduvieron entre día y noche veinticinco leguas.

Miércoles, 8 de agosto

Hubo entre los pilotos de las tres carabelas opiniones diversas dónde estaban, y el Almirante salió más verdadero; y quisiera ir a Gran Canaria por dejar la carabela Pinta, porque iba mal acondicionada del gobernario y hacía agua, y quisiera tomar allí otra si la hallara. No pudieron tomarla aquel día.

Jueves, 9 de agosto

Hasta el domingo en la noche no pudo el Almirante tomar la Gomera, y Martín Alonso quedóse en aquella costa de Gran Canaria por mandado del Almirante, porque no podía navegar. Después tornó el Almirante a Canaria, y adobaron muy bien la Pinta con mucho trabajo y diligencias del Almirante, de Martín Alonso y de los demás; y al cabo vinieron a la Gomera. Vieron salir gran fuego de la sierra de la isla de Tenerife, que es muy alta en gran manera. Hicieron la Pinta redonda, porque era latina ; tornó a la Gomera domingo a dos de septiembre con la Pinta adobada.

Dice el Almirante que juraban muchos hombres honrados espa√Īoles que en la Gomera estaban con do√Īa In√©s Peraza, madre de Guill√©n Peraza, que despu√©s fue el primer Conde de la Gomera, que eran vecinos de la isla de Hierro, que cada a√Īo ve√≠an tierra al Oeste de las Canarias, que es al Poniente; y otros de la Gomera afirmaban otro tanto con juramento. Dice aqu√≠ el Almirante que se acuerda que estando en Portugal el a√Īo 1484 vino uno de la isla de Madera al Rey a le pedir una carabela para ir a esta tierra que ve√≠a, la cual juraba que cada a√Īo la ve√≠a y siempre de una manera. Y tambi√©n dice que se acuerda que lo mismo dec√≠an en las islas de los Azores y todos √©stos en una derrota y en una manera de se√Īal y en una grandeza.Tomada, pues, agua y le√Īa y carnes y lo dem√°s que ten√≠an los hombres que dej√≥ en la Gomera el Almirante cuando fue a la isla de Canaria a adobar la carabela Pinta, finalmente se hizo a la vela de la dicha isla de la Gomera con sus tres carabelas jueves a seis d√≠as de septiembre.

Jueves, 6 de septiembre

Parti√≥ aquel d√≠a por la ma√Īana del puerto de la Gomera y tom√≥ la vuelta para ir a su viaje. Y supo el Almirante de una carabela que ven√≠a de la isla del Hierro que andaban por all√≠ tres carabelas de Portugal para lo tomar: deb√≠a ser la envidia que el Rey ten√≠a por haberse ido a Castilla. Y anduvo todo aquel d√≠a y noche en calma, y a la ma√Īana se hall√≥ entre la Gomera y Tenerife.

Viernes, 7 de septiembre

Todo el viernes y el s√°bado, hasta tres horas de noche, estuvo en calma.

S√°bado, 8 de septiembre

Tres horas de noche sábado comenzó a ventear Nordeste, y tomó su vía y camino al Oeste.Tuvo mucha mar por proa. que le estorbaba el camino; y andaría aquel día nueve leguas con su noche.

Domingo, 9 de septiembre

Anduvo aquel d√≠a diecinueve leguas, y acord√≥ contar menos de las que andaba, porque si el viaje fuese luengo no se espantase y desmayase la gente. En la noche anduvo ciento veinte millas; a diez millas por hora, que son treinta leguas. Los marineros gobernaban mal, decayendo sobre la cuarta del Nordeste, y aun a la media partida: sobre lo cual les ri√Ī√≥ el Almirante muchas veces.

Lunes, 10 de septiembre

En aquel día con su noche anduvo sesenta leguas, a diez millas por hora 21, que son dos leguas y media; pero no contaba sino cuarenta y ocho leguas, porque no se asombrase la gente si el viaje fuese largo.

Martes, 11 de septiembre

Aquel día navegaron a su vía, que era el Oeste, y anduvieron veinte leguas y más, y vieron un gran trozo de mástil de nao, de ciento y veinte toneles, y no lo pudieron tomar. La noche anduvieron cerca de veinte leguas, y contó no más de dieciséis por la causa dicha.

Miércoles, 12 de septiembre

Aquel día, yendo su vía, anduvieron en noche y día treinta y tres leguas, contando menos por la dicha causa.

Jueves, 13 de septiembre

Aquel d√≠a con su noche, yendo a su v√≠a, que era al Oeste, anduvieron treinta y tres leguas, y contaba tres o cuatro menos. Las corrientes le eran contrarias. En este d√≠a, al comienzo de la noche, las agujas noroesteaban, y a la ma√Īana noroesteaban alg√ļn tanto.

Viernes, 14 de septiembre

Navegaron aquel d√≠a su camino al Oeste con su noche y anduvieron veinte leguas; cont√≥ alguna menos. Aqu√≠ dijeron los de la carabela Ni√Īa que hab√≠a visto un garjao y un rabo de junco; y estas aves nunca se apartan de tierra, cuando m√°s, veinticinco leguas.

S√°bado, 15 de septiembre

Navegó aquel día con su noche veintisiete leguas su camino al Oeste y algunas más. Y en esta noche al principio de ella vieron caer del cielo un maravilloso ramo de fuego en la mar, lejos de ellos cuatro o cinco leguas

Domingo, 16 de septiembre

Naveg√≥ aquel d√≠a y la noche a su camino al Oeste. Andar√≠an treinta y nueve leguas, pero no cont√≥ sino treinta y seis. Tuvo aquel d√≠a algunos nublados, llovizn√≥. Dice aqu√≠ el Almirante que hoy y siempre de all√≠ adelante hallaron aires temperant√≠simos, que era placer grande el gusto de las ma√Īanas, que no faltaba sino o√≠r ruise√Īores. Dice √©l: ¬ęy era el tiempo como por abril en el Andaluc√≠a¬Ľ. Aqu√≠ comenzaron a ver muchas manadas de hierba muy verde que poco hab√≠a, seg√ļn le parec√≠a, que se hab√≠a desapegado de tierra, por lo cual todos juzgaban que estaban cerca de alguna isla; pero no de tierra firme, seg√ļn el Almirante, que dice: ¬ęporque la tierra firme hago m√°s adelante¬Ľ.

Lunes, 17 de septiembre

Naveg√≥ a su camino al Oeste, y andar√≠an en d√≠a y noche cincuenta leguas y m√°s. No asent√≥ sino cuarenta y siete. Ayud√°bales la corriente. Vieron mucha hierba y muy a menudo, y era hierba de pe√Īas, y ven√≠a la hierba de hacia Poniente. Juzgaban estar cerca de tierra.

Tomaron los pilotos el Norte marc√°ndolo, y hallaron que las agujas noroesteaban una gran cuarta, y tem√≠an los marineros y estaban penados y no dec√≠an de qu√©. Conoci√≥lo el Almirante; mand√≥ que tornasen a marcar el Norte en amaneciendo, y hallaron que estaban buenas las agujas. La causa fue porque la estrella que parece hace movimiento, y no las agujas. En amaneciendo, aquel lunes, vieron muchas m√°s hierbas y que parec√≠an hierbas de r√≠os, en las cuales hallaron un cangrejo vivo, el cual guard√≥ el Almirante. Y dice que aquellas fueron se√Īales ciertas de tierra, porque no se hallan ochenta leguas de tierra. El agua de la mar hallaban menos salada desde que salieron de las Canarias; los aires siempre m√°s suaves. Iban muy alegres todos y los nav√≠os quien m√°s pod√≠a andar andaba por ver primero tierra. Vieron muchas toninas, y los de la Ni√Īa mataron una. Dice aqu√≠ el Almirante que aquellas se√Īales eran del Poniente, ¬ędonde espero en aquel alto Dios, en cuyas manos est√°n todas las victorias, que muy presto nos dar√° tierra¬Ľ. En aquella ma√Īana dice que vio un ave blanca que se llama rabo de junco que no suele dormir en la mar.

Martes, 18 de septiembre

Naveg√≥ aquel d√≠a con su noche, y andar√≠an m√°s de cincuenta y cinco leguas, pero no asent√≥ sino cuarenta y ocho. Llevaba todos estos d√≠as mar muy bonanza, como en el r√≠o de Sevilla. Este d√≠a Mart√≠n Alonso, con la Pinta, que era gran velera, no esper√≥, porque dijo al Almirante desde su carabela que hab√≠a visto gran multitud de aves ir hacia el Poniente, y que aquella noche esperaba ver tierra y por eso andaba tanto. Apareci√≥ a la parte del Norte una gran cerraz√≥n, que es se√Īal de estar sobre la tierra.

Miércoles, 19 de septiembre

Naveg√≥ su camino, y entre d√≠a y noche andar√≠an veinticinco leguas, porque tuvieron calma. Escribi√≥ veintid√≥s. Este d√≠a a las diez horas, vino a la nao un alcatraz, y a la tarde vieron otro, que no suele apartarse veinte leguas de tierra. Vinieron unos llovizneros sin viento, lo que es se√Īal cierta de tierra. No quiso detenerse barloventeando el Almirante para averiguar si hab√≠a tierra; m√°s de que tuvo por cierto que a la banda del Norte y del Sur hab√≠a algunas islas, como la verdad lo estaban, y √©l iba por medio de ellas. Porque su voluntad era de seguir adelante hasta las Indias, ¬ęy el tiempo es bueno, porque placiendo a Dios a la vuelta se ver√≠a todo¬Ľ; √©stas son sus palabras... Aqu√≠ descubrieron sus puntos los pilotos: el de la Ni√Īa se hallaba de las Canarias a cuatrocientas cuarenta leguas; el de la Pinta, a cuatrocientas veinte; el de la donde iba el Almirante, a cuatrocientas justas.

Jueves, 20 de septiembre

Naveg√≥ este d√≠a al Oeste cuarta del Noroeste y a la media partida, porque se mudaron muchos vientos con la calma que hab√≠a. Andar√≠an hasta siete u ocho leguas. Vinieron a la nao dos alcatraces y despu√©s otro, que fue se√Īal de estar cerca de tierra; y vieron mucha hierba, aunque el d√≠a pasado no hab√≠an visto de ella. Tomaron un p√°jaro, con la mano, que era como un garjao; era p√°jaro de r√≠o y no de mar: los pies ten√≠a como gaviota. Vinieron al nav√≠o, en amaneciendo, dos o tres pajaritos de tierra cantando, y despu√©s, antes del sol salido, desaparecieron. Despu√©s vino un alcatraz: ven√≠a del Oesnoroeste; iba al Sudeste, que era se√Īal que dejaba la tierra al Oesnoroeste, porque estas aves duermen en tierra y por la ma√Īana van a la mar a buscar su vida, y no se alejan veinte leguas.

Viernes, 21 de septiembre

Aquel d√≠a fue todo lo m√°s calma y despu√©s alg√ļn viento. Andar√≠an entre d√≠a y noche, de ello a la v√≠a y de ello no, hasta trece leguas. En amaneciendo, hallaron tanta hierba que parec√≠a ser la mar cuajada de ella, y ven√≠a del Oeste. Vieron un alcatraz. La mar muy llana como un r√≠o y los aires los mejores del mundo. Vieron una ballena, que es se√Īal de que estaban cerca de tierra, porque siempre andan cerca

S√°bado, 22 de septiembre

Naveg√≥ al Oesnoroeste m√°s o menos, acost√°ndose a una y otra parte. Andar√≠an treinta leguas. No ve√≠an casi hierba. Vieron unas pardelas y otra ave. Dice aqu√≠ el Almirante: ¬ęMucho me fue necesario este viento contrario, porque mi gente andaban muy estimulados, que pensaban que no ventaban estos mares vientos para volver a Espa√Īa. Por un pedazo de d√≠a no hubo hierba; despu√©s, muy espesa.

Domingo, 23 de septiembre

Naveg√≥ al Noroeste y a las veces a la cuarta del Norte y a las veces a su camino, que era el Oeste; y andar√≠a hasta veintid√≥s leguas. Vieron una t√≥rtola, y un alcatraz y otro pajarito de r√≠o y otras aves blancas. Las hierbas eran muchas, y hallaban cangrejos en ellas. Y como la mar estuviese mansa y llana, murmuraba la gente diciendo: que pues por all√≠ no hab√≠a mar grande, que nunca ventar√≠a para volver a Espa√Īa; pero despu√©s alz√≥se mucho la mar y sin viento, que los asombraba, por lo cual dice aqu√≠ el Almirante: "As√≠ que muy necesario me fue la mar alta, que no pareci√≥ salvo el tiempo de los jud√≠os cuando salieron de Egipto contra Mois√©n, que los sacaba de cautiverio."

Lunes, 24 de septiembre

Navegó a su camino al Oeste día y noche, y andarían catorce leguas y media. Contó doce. Vino al navío un alcatraz y vieron muchas pardelas.

Martes, 25 de septiembre

Este d√≠a hubo mucha calma, y despu√©s vent√≥; y fueron su camino al Oeste hasta la noche. Iba hablando el Almirante con Mart√≠n Alonso Pinz√≥n, capit√°n de la otra carabela Pinta, sobre una carta que le hab√≠a enviado tres d√≠as hac√≠a a la carabela, donde seg√ļn parece ten√≠a pintadas el Almirante ciertas islas por aquella mar. Y dec√≠a Mart√≠n Alonso que estaban en aquella comarca, y dec√≠a el Almirante que as√≠ le parec√≠a a √©l; pero puesto que no hubiesen dado con ellas, lo deb√≠an de haber causado las corrientes que siempre hab√≠an echado los nav√≠os al Nordeste, y que no hab√≠an andado tanto como los pilotos dec√≠an. Y, estando en esto, dijo el Almirante que le enviase la carta dicha. Y, enviada con alguna cuerda, comenz√≥ el Almirante a cartear en ella con su piloto y marineros. Al sol puesto, subi√≥ el Mart√≠n Alonso en la popa de su nav√≠o, y con mucha alegr√≠a llam√≥ al Almirante, pidi√©ndole albricias que ve√≠a tierra. Y cuando se lo oy√≥ decir con afirmaci√≥n, el Almirante dice que se ech√≥ a dar gracias a Nuestro Se√Īor de rodillas, y el Mart√≠n Alonso dec√≠a Gloria in excelsis Deo con su gente. Lo mismo hizo la gente del Almirante; y los de la Ni√Īa subi√©ronse todos sobre el m√°stil y en la jarcia, y todos afirmaron que era tierra. Y al Almirante as√≠ pareci√≥ y que habr√≠a a ella veinticinco leguas. Estuvieron hasta la noche afirmando todos ser tierra. Mand√≥ el Almirante dejar su camino, que era el Oeste, y que fuesen todos al Sudoeste, adonde hab√≠a parecido la tierra. Habr√≠an andado aquel d√≠a al Oeste cuatro leguas y media, y en la noche al Sudoeste diecisiete leguas, que son veintiuna, puesto que dec√≠a a la gente trece leguas porque siempre fing√≠a a la gente que hac√≠a poco camino porque no les pareciese largo; por manera que escribi√≥ por dos caminos aquel viaje, el menor fue el fingido, y el mayor el verdadero. Anduvo la mar muy llana, por lo cual se echaron a nadar muchos marineros. Vieron muchos dorados y otros peces.

Miércoles, 26 de septiembre

Navegó a su camino al Oeste hasta después de medio día. De allí fueron al Sudoeste hasta conocer que lo que decían que había sido tierra no lo era, sino cielo. Anduvieron día y noche treinta y una leguas, y contó a la gente veinticuatro. La mar era como un río, los aires dulces y suavísimos.

Jueves, 27 de septiembre

Navegó a su vía al Oeste. Anduvo entre día y noche veinticuatro leguas; contó a la gente veinte leguas. Vinieron muchos dorados; mataron uno. Vieron un rabo de junco.

Viernes, 28 de septiembre

Navegó a su camino al Oeste, anduvieron día y noche con calma catorce leguas; contaron trece. Hallaron poca hierba; tomaron dos peces dorados, y en los otros navíos más.

S√°bado, 29 de septiembre

Naveg√≥ a su camino al Oeste. Anduvieron veinticuatro leguas; cont√≥ a la gente veintiuna. Por calmas que tuvieron, anduvieron entre d√≠a y noche poco. Vieron un ave que se llamaba rabihorcado, que hace vomitar a los alcatraces lo que comen para comerlo ella, y no se mantiene de otra cosa. Es ave de la mar, pero no posa en la mar ni se aparta de tierra veinte leguas. Hay de √©stas muchas en las islas de Cabo Verde. Despu√©s vinieron dos alcatraces. Los aires eran muy dulces y sabrosos, que dice que no faltaba sino oir al ruise√Īor, y la mar llana como un r√≠o. Parecieron despu√©s en tres veces tres alcatraces y un horcado. Vieron mucha hierba.

Domingo, 30 de septiembre

Naveg√≥ su camino al Oeste. Anduvo entre d√≠a y noche, por las calmas, catorce leguas; cont√≥ once. Vinieron al nav√≠o cuatro rabos de junco, que es gran se√Īal de tierra, porque tantas aves de una naturaleza juntas es se√Īal que no andan desmandadas ni perdidas. Vi√©ronse cuatro alcatraces en dos veces. Hierba, mucha. Nota: Que las estrellas que se llaman las Guardas, cuando anochece, est√°n junto al brazo de la parte del Poniente, y cuando amanece est√°n en la l√≠nea debajo del brazo al Nordeste, que parece que en toda la noche no andan salvo tres l√≠neas, que son nueve horas, y esto cada noche: esto dice aqu√≠ el Almirante. Tambi√©n en anocheciendo las agujas noroestean una cuarta, y en amaneciendo est√°n con la estrella justo; por lo cual parece que la estrella hace movimiento como las otras estrellas, y las agujas piden siempre la verdad.

Lunes, 1 de octubre

Navegó su camino al Oeste. Anduvieron veinticinco leguas; contó a la gente veinte leguas. Tuvieron grande aguacero. El piloto del Almirante tenía hoy, en amaneciendo, que habían andado desde la isla de Hierro hasta aquí quinientas sesenta y ocho leguas al Oeste. La cuenta menor que el Almirante mostraba a la gente eran quinientas ochenta y cuatro leguas; pero la verdadera que el Almirante juzgaba y guardaba eran setecientas siete.

Martes, 2 de octubre

Naveg√≥ su camino al Oeste noche y d√≠a treinta y nueve leguas, cont√≥ a la gente obra de treinta leguas. La mar, llana y buena siempre. ¬ęA Dios muchas gracias sean dadas¬Ľ, dijo aqu√≠ el Almirante. Hierba ven√≠a del Este al Oeste, por el contrario de lo que sol√≠a: parecieron muchos peces; mat√≥se uno. Vieron un ave blanca que parec√≠a gaviota.

Miércoles, 3 de octubre

Naveg√≥ su v√≠a ordinaria. Anduvieron cuarenta y siete leguas; cont√≥ a la gente cuarenta leguas. Aparecieron pardelas, hierba mucha, alguna muy vieja y otra muy fresca, y tra√≠a como fruta; y no vieron aves algunas. Cre√≠a el Almirante que le quedaban atr√°s las islas que tra√≠a pintadas en su carta. Dice aqu√≠ el Almirante que no se quiso detener barloventeando la semana pasada y estos d√≠as que hab√≠a tantas se√Īales de tierra, aunque ten√≠a noticia de ciertas islas en aquella comarca, por no se detener, pues su fin era pasar a las Indias; y si se detuviera, dice √©l, que no fuera buen seso.

Jueves, 4 de octubre

Navegó a su camino al Oeste. Anduvieron entre día y noche sesenta y tres leguas; contó a la gente cuarenta y seis leguas. Vinieron al navío más de cuarenta pardelas juntos y dos alcatraces, y al uno dio una pedrada un mozo de la carabela. Vino a la nao un rabihorcado y una blanca como gaviota.

Viernes, 5 de octubre

Naveg√≥ a su camino. Andar√≠an once millas por hora. Por la noche y d√≠a andar√≠an cincuenta y siete leguas, porque afloj√≥ la noche algo el viento; cont√≥ a su gente cuarenta y cinco. La mar en bonanza y llana. ¬ęA Dios -dice- muchas gracias sean dadas.¬Ľ El aire muy dulce y templado, hierba ninguna, aves pardelas muchas, peces golondrinas volaron en la nao muchos.

S√°bado, 6 de octubre

Naveg√≥ su camino al Oeste o G√ľeste, que es lo mismo. Anduvieron cuarenta leguas entre d√≠a y noche; cont√≥ a la gente treinta y tres leguas. Esta noche dijo Mart√≠n Alonso que ser√≠a bien navegar a la cuarta del Oeste, a la parte del Sudoeste; y al Almirante pareci√≥ que no dec√≠a esto Mart√≠n Alonso por la isla de Cipango, y el Almirante ve√≠a que si la erraban que no pudieran tan presto tomar tierra y que era mejor una vez ir a la tierra firme y despu√©s a las islas.

Domingo, 7 de octubre

Naveg√≥ a su camino al Oeste; anduvieron doce millas por hora dos horas, y despu√©s ocho millas por hora; y andar√≠a hasta una hora de sol veintitr√©s leguas. Cont√≥ a la gente dieciocho. En este d√≠a, al levantar el sol, la carabela Ni√Īa, que iba delante por ser velera, y andaban quien m√°s pod√≠a por ver primero tierra, por gozar de la merced que los Reyes a quien primero la viese hab√≠an prometido, levant√≥ una bandera en el topo del m√°stil y tir√≥ una lombarda por se√Īal que ve√≠an tierra, porque as√≠ lo hab√≠a ordenado el Almirante. Ten√≠a tambi√©n ordenado que al salir del sol y al ponerse se juntasen todos los nav√≠os con √©l, porque estos dos tiempos son m√°s propios para que los humores den m√°s lugar a ver m√°s lejos. Como en la tarde no viesen tierra, la que pensaban los de la carabela Ni√Īa que hab√≠an visto, y porque pasaban gran multitud de aves de la parte del Norte al Sudoeste (por lo cual era de creer que se iban a dormir a tierra o hu√≠an quiz√° del invierno, que en las tierras de donde ven√≠an deb√≠a de querer venir, porque sab√≠a el Almirante que las m√°s de las islas que tienen los portugueses por las aves las descubrieron), por esto el Almirante acord√≥ dejar el camino del Oeste y poner la proa hacia Oessudoeste, con determinaci√≥n de andar dos d√≠as por aquella v√≠a. Esto comenz√≥ antes una hora del sol puesto. Andar√≠an en toda la noche obra de cinco leguas, y veintitr√©s del d√≠a. Fueron por todas veintiocho leguas noche y d√≠a.

Lunes, 8 de octubre

Navegó al Oessudoeste y andarían entre día y noche once leguas y media o doce, y a ratos parece que anduvieron en la noche quince millas por hora, si no está mentirosa la letra. Tuvieron la mar como el río de Sevilla; gracias a Dios, dice el Almirante. Los aires muy dulces como en abril en Sevilla, que es placer estar a ellos: tan olorosos son. Pareció la hierba muy fresca; muchos pajaritos del campo, y tomaron uno que iba huyendo al Sudoeste, grajaos y ánades y un alcatraz.

Martes, 9 de octubre

Navegó al Sudoeste. Anduvo cinco leguas; mudóse el viento y corrió al Oeste cuarta al Noroeste, y anduvo cuatro leguas. Después con todas once leguas de día y a la noche veinte leguas y media. Contó a la gente diecisiete leguas. Toda la noche oyeron pasar pájaros.

Miércoles, 10 de octubre

Naveg√≥ al Oessudoeste. Anduvieron a diez millas por hora y a ratos doce y alg√ļn rato a siete, y entre d√≠a y noche cincuenta y nueve leguas. Cont√≥ a la gente cuarenta y cuatro leguas no m√°s. Aqu√≠ la gente ya no lo pod√≠a sufrir: quej√°base del largo viaje. Pero el Almirante los esforz√≥ lo mejor que pudo, d√°ndoles buena esperanza de los provechos que podr√≠an haber. Y a√Īad√≠a que por dem√°s era quejarse, pues que √©l hab√≠a venido a las Indias, y que as√≠ lo hab√≠a de proseguir hasta hallarlas con la ayuda de Nuestro Se√Īor.

Jueves, 11 de octubre

Naveg√≥ al Oessudoeste. Tuvieron mucha mar y m√°s que en todo el viaje hab√≠an tenido. Vieron pardelas y un junco verde junto a la nao. Vieron los de la carabela Pinta una ca√Īa y un palo y tomaron otro palillo labrado a lo que parec√≠a con hierro, y un pedazo de ca√Īa y otra hierba que nace en tierra, y una tablilla. Los de la carabela Ni√Īa tambi√©n vieron otras se√Īales de tierra y un palillo cargado de escaramujos. Con estas se√Īales respiraron y alegr√°ronse todos. Anduvieron en este d√≠a, hasta puesto el sol, veintisiete leguas.

Despu√©s del sol puesto, naveg√≥ a su primer camino, al Oeste; andar√≠an doce millas cada hora y hasta dos horas despu√©s de media noche andar√≠an noventa millas, que son veintid√≥s leguas y media. Y porque la carabela Pinta era m√°s velera e iba delante del Almirante, hall√≥ tierra e hizo las se√Īas que el Almirante hab√≠a mandado. Esta tierra vio primero un marinero que se dec√≠a Rodrigo de Triana; puesto que el Almirante, a las diez de la noche, estando en el castillo de popa, vio lumbre, aunque fue cosa tan cerrada que no quiso afirmar que fuese tierra; pero llam√≥ a Pero Guti√©rrez, repostero de estrados del Rey, y d√≠jole que parec√≠a lumbre, que mirase √©l, y as√≠ lo hizo y viola; d√≠jole tambi√©n a Rodrigo S√°nchez de Segovia, que el Rey y la Reina enviaban en el armada por veedor, el cual no vio nada porque no estaba en lugar do la pudiese ver. Despu√©s de que el Almirante lo dijo, se vio una vez o dos, y era como una candelilla de cera que se alzaba y levantaba, lo cual a pocos pareciera ser indicio de tierra. Pero el Almirante tuvo por cierto estar junto a la tierra. Por lo cual, cuando dijeron la Salve, que la acostumbraban decir y cantar a su manera todos los marineros y se hallan todos, rog√≥ y amonest√≥los el Almirante que hiciesen buena guarda al castillo de proa, y mirasen bien por la tierra, y que al que le dijese primero que ve√≠a tierra le dar√≠a luego un jub√≥n de seda, sin las otras mercedes que los Reyes hab√≠an prometido, que eran diez mil maraved√≠s de juro a quien primero la viese. A las dos horas despu√©s de media noche pareci√≥ la tierra de la cual estar√≠an dos leguas Ama√Īaron todas las velas, y quedaron con el treo, que es la vela grande sin bonetas, y pusi√©ronse a la corda, temporizando hasta el d√≠a viernes, que llegaron a una islita de los Lucayos, que se llamaba en lengua de indios Guanahan√≠. Luego vinieron gente desnuda, y el Almirante sali√≥ a tierra en la barca armada, y Mart√≠n Alonso Pinz√≥n y Vicente Y√°√Īez, su hermano, que era capit√°n de la Ni√Īa. Sac√≥ el Almirante la bandera real y los capitanes con dos banderas de la Cruz Verde, que llevaba el Almirante en todos los nav√≠os por se√Īa, con una F y una Y: encima de cada letra su corona, una de un cabo de la cruz y otra de otro. Puestos en tierra vieron √°rboles muy verdes y aguas muchas y frutas de diversas maneras. El Almirante llam√≥ a los dos capitanes y a los dem√°s que saltaron en tierra, y a Rodrigo de Escobedo, escribano de toda el armada, y a Rodrigo S√°nchez de Segovia, y dijo que le diesen por fe y testimonio c√≥mo √©l por ante todos tomaba, como de hecho tom√≥, posesi√≥n de la dicha isla por el Rey y por la Reina sus se√Īores, haciendo las protestaciones que se requer√≠an, como m√°s largo se contiene en los testimonios que all√≠ se hicieron por escrito. Luego se ajunt√≥ all√≠ mucha gente de la isla. Esto que se sigue son palabras formales del Almirante, en su libro de su primera navegaci√≥n y descubrimiento de estas Indias. ¬ęYo -dice √©l-, porque nos tuviesen mucha amistad, porque conoc√≠ que era gente que mejor se librar√≠a y convertir√≠a a nuestra Santa Fe con amor que no por fuerza, les di a algunos de ellos unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se pon√≠an al pescuezo, y otras cosas muchas de poco valor, con que hubieron mucho placer y quedaron tanto nuestros que era maravilla. Los cuales despu√©s ven√≠an a las barcas de los nav√≠os adonde nos est√°bamos, nadando, y nos tra√≠an papagayos e hilo de algod√≥n en ovillos y azagayas y otras cosas muchas, y nos las trocaban por otras cosas que nos les d√°bamos, como cuentecillas de vidrio y cascabeles. En fin, todo tomaban y daban de aquello que ten√≠an de buena voluntad. Mas me pareci√≥ que era gente muy pobre de todo. Ellos andan todos desnudos como su madre los pari√≥, y tambi√©n las mujeres, aunque no vi m√°s de una harto moza. Y todos los que yo vi eran todos mancebos, que ninguno vi de edad de m√°s de treinta a√Īos: muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras: los cabellos gruesos casi como sedas de cola de caballo, y cortos: los cabellos traen por encima de las cejas, salvo unos pocos detr√°s que traen largos, que jam√°s cortan. De ellos se pintan de prieto, y ellos son de la color de los canarios ni negros ni blancos, y de ellos se pintan de blanco, y de ellos de colorado, y de ellos de lo que hallan, y de ellos se pintan las caras, y de ellos todo el cuerpo, y de ellos solos los ojos, y de ellos s√≥lo el nariz. Ellos no traen armas ni las conocen, porque les mostr√© espadas y las tomaban por el filo y se cortaban con ignorancia. No tienen alg√ļn hierro: sus azagayas son unas varas sin hierro, y algunas de ellas tienen al cabo un diente de pez, y otras de otras cosas. Ellos todos a una mano Son de buena estatura de grandeza y buenos gestos, bien hechos. Yo vi algunos que ten√≠an se√Īales de heridas en sus cuerpos, y les hice se√Īas qu√© era aquello, y ellos me mostraron c√≥mo all√≠ ven√≠an gente de otras islas que estaban cerca y les quer√≠an tomar y se defend√≠an. Y yo cre√≠ y creo que aqu√≠ vienen de tierra firme a tomarlos por cautivos. Ellos deben ser buenos servidores y de buen ingenio, que veo que muy presto dicen todo lo que les dec√≠a, y creo que ligeramente se har√≠an cristianos; que me pareci√≥ que ninguna secta ten√≠an. Yo, placiendo a Nuestro Se√Īor, llevar√© de aqu√≠ al tiempo de mi partida seis a Vuestras Altezas para que aprendan a hablar. Ninguna bestia de ninguna manera vi, salvo papagayos, en esta isla.¬Ľ Todas son palabras del Almirante.

S√°bado, 13 de octubre

¬ę¬†Luego que amaneci√≥ vinieron a la playa muchos de estos hombres, todos mancebos, como dicho tengo, y todos de buena estatura, gente muy hermosa: los cabellos no crespos, salvo corredios y gruesos, como sedas de caballo, y todos de la frente y cabeza muy ancha m√°s que otra generaci√≥n que hasta aqu√≠ haya visto, y los ojos muy hermosos y no peque√Īos, y ellos ninguno prieto, salvo de la color de los canarios, ni se debe esperar otra cosa, pues est√° Este Oeste con la isla de Hierro, en Canaria, bajo una l√≠nea. Las piernas muy derechas, todos a una mano, y no barriga, salvo muy bien hecha. Ellos vinieron a la nao con almad√≠as, que son hechas del pie de un √°rbol, como un barco luengo, y todo de un pedazo, y labrado muy a maravilla, seg√ļn la tierra, y grandes, en que en algunas ven√≠an cuarenta o cuarenta y cinco hombres, y otras m√°s peque√Īas, hasta haber de ellas en que ven√≠a un solo hombre. Remaban con una pala como de hornero, y anda a maravilla; y si se le trastorna, luego se echan todos a nadar y la enderezan y vac√≠an con calabazas que traen ellos. Tra√≠an ovillos de algod√≥n hilado y papagayos y azagayas y otras cositas que ser√≠a tedio de escribir, y todo daban por cualquier cosa que se los diese. Y yo estaba atento y trabajaba de saber si hab√≠a oro, y vi que algunos de ellos tra√≠an un pedazuelo colgado en un agujero que tienen a la nariz, y por se√Īas pude entender que yendo al Sur o volviendo la isla por el Sur, que estaba all√≠ un rey que ten√≠a grandes vasos de ello, y ten√≠a muy mucho. Trabaj√© que fuesen all√°, y despu√©s vi que no entend√≠an en la ida. Determin√© de aguardar hasta ma√Īana en la tarde y despu√©s partir para el Sudeste, que seg√ļn muchos de ellos me ense√Īaron dec√≠an que hab√≠a tierra al Sur y al Sudoeste y al Noroeste, y que √©stas del Noroeste les ven√≠an a combatir muchas veces, y as√≠ ir al Sudoeste a buscar el oro y piedras preciosas. Esta isla es bien grande y muy llana y de √°rboles muy verdes y muchas aguas y una laguna en medio muy grande, sin ninguna monta√Īa, y toda ella verde, que es placer de mirarla; y esta gente harto mansa, y por la gana de haber de nuestras cosas, y temiendo que no se les ha de dar sin que den algo y no lo tienen, toman lo que pueden y se echan luego a nadar; que hasta los pedazos de las escudillas y de las tazas de vidrio rotas rescataban hasta que vi dar diecis√©is ovillos de algod√≥n por tres ceot√≠s de Portugal, que es una blanca de Castilla, y en ellos habr√≠a m√°s de una arroba de algod√≥n hilado. Esto defendiera y no dejara tomar a nadie, salvo que yo lo mandara tomar todo para Vuestras Altezas si hubiera en cantidad. Aqu√≠ nace en esta isla, mas por el poco tiempo no pude dar as√≠ del todo fe. Y tambi√©n aqu√≠ nace el oro que traen colgado a la nariz; m√°s, por no perder tiempo quiero ir a ver si puedo topar a la isla de Cipango. Ahora, como fue noche, todos se fueron a tierra con sus almad√≠as.¬Ľ

Domingo, 14 de octubre

¬ęEn amaneciendo mand√© aderezar el batel de la nao y las barcas de las carabelas, y fui al luengo de la isla, en el camino del Nordeste, para ver la otra parte, que era de la otra parte, del Este que hab√≠a, y tambi√©n para ver las poblaciones, y vi luego dos o tres, y la gente que ven√≠an todos a la playa llam√°ndonos y dando gracias a Dios. Los unos nos tra√≠an agua; otros, otras cosas de comer; otros, cuando ve√≠an que yo no curaba de ir a tierra, se echaban a la mar nadando y ven√≠an, y entend√≠amos que nos preguntaban si √©ramos venidos del cielo. Y vino uno viejo en el batel dentro, y otros a voces grandes llamaban todos, hombres y mujeres: ¬ęVenid a ver los hombres que vinieron del cielo; traedles de comer y de beber¬Ľ. Vinieron muchos y muchas mujeres, cada uno con algo, dando gracias a Dios, ech√°ndose al suelo, y levantaban las manos al cielo, y despu√©s nos llamaban que fu√©semos a tierra. Mas yo tem√≠a de ver una grande restinga de piedras que cerca toda aquella isla alrededor, y entre medias queda hondo el puerto para cuantas naos hay en toda la Cristiandad, y la entrada de ello muy angosta. Es verdad que dentro de esta cinta hay algunas bajas, mas la mar no se mueve m√°s que dentro en un pozo. Y para ver todo esto me mov√≠ esta ma√Īana, porque supiese dar de todo relaci√≥n a Vuestras Altezas y tambi√©n ad√≥nde pudiera hacer fortaleza, y vi un pedazo de tierra que se hace como isla, aunque no lo es, en que hab√≠a seis casas, el cual se pudiera atajar en dos d√≠as por isla; aunque yo no veo necesario, porque esta gente es muy simplice en armas, como ver√°n Vuestras Altezas de siete que yo hice tomar para les llevar y aprender nuestra habla y volverlos, salvo que Vuestras Altezas cuando mandaren pu√©denlos todos llevar a Castilla o tenerlos en la misma isla cautivos, porque con cincuenta hombres los tendr√°n todos sojuzgados y les har√°n hacer todo lo que quisieren. Y despu√©s junto con la dicha isleta est√°n huertas de √°rboles las m√°s hermosas que yo vi, y tan verdes y con sus hojas como las de Castilla en el mes de abril y de mayo, y mucha agua. Yo mir√© todo aquel puerto y despu√©s me volv√≠ a la nao y di a la vela, y vi tantas islas que yo no sab√≠a determinarme a cu√°l ir√≠a primero. Y aquellos hombres que yo ten√≠a tomado me dec√≠an por se√Īas que eran tantas y tantas que no hab√≠a n√ļmero, y nombraron por su nombre m√°s de ciento. Por ende yo mir√© por la m√°s grande, y a aqu√©lla determin√© andar, y as√≠ hago, y ser√° lejos de √©sta de San Salvador cinco leguas; y las otras de ellas m√°s, de ellas menos. Todas son muy llanas, sin monta√Īas y muy f√©rtiles y todas pobladas, y se hacen la guerra la una a la otra, aunque √©stos son muy s√≠mplices y muy lindos cuerpos de hombres.¬Ľ

Lunes, 15 de octubre

¬ęHab√≠a temporejado esta noche con temor de no llegar a tierra a surgir antes de la ma√Īana, y por no saber si la costa era limpia de bajas, y en amaneciendo cargar velas. Y como la isla fuese m√°s lejos de cinco leguas, antes ser√° siete, y la marea me detuvo, ser√≠a medio d√≠a cuando llegu√© a la dicha isla.Y hall√© que aquella haz que es de la parte de la isla de San Salvador se corre Norte Sur y hay en ella cinco leguas, y la otra que yo segu√≠ se corr√≠a este Oeste y hay en ella m√°s de diez leguas. Y como de esta isla vi otra mayor al Oeste, cargu√© las velas por andar todo aquel d√≠a hasta la noche, porque a√ļn no pudiera haber andado al cabo del Oeste, a la cual puse nombre la isla de Santa Mar√≠a de la Concepci√≥n. Y casi al poner del sol surg√≠ acerca del dicho cabo por saber si hab√≠a all√≠ oro, porque estos que yo hab√≠a hecho tomar en la isla de San Salvador me dec√≠an que ah√≠ tra√≠an manillas de oro muy grandes a las piernas y a los brazos. Yo bien cre√≠ que todo lo que dec√≠an era burla para se huir. Con todo, mi voluntad era de no pasar por ninguna isla de que no tomase posesi√≥n, puesto que tomado de una se puede decir de todas. Y surg√≠ y estuve hasta hoy martes, que en amaneciendo fui a tierra con las barcas armadas y sal√≠; y ellos, que eran muchos as√≠ desnudos y de la misma condici√≥n de la otra isla de San Salvador, nos dejaron ir por la isla y nos daban lo que les ped√≠a. Y porque el viento cargaba a la traviesa Sudeste no me quise detener y part√≠ para la nao, y una almad√≠a grande estaba a bordo de la carabela Ni√Īa; y uno de los hombres de la isla de San Salvador, que en ella era, se ech√≥ a la mar y se fue en ella; y la noche de antes a me dio echado al otro y fue atr√°s la almad√≠a, la cual huy√≥ que jam√°s fue barca que le pudiese alcanzar, puesto que le ten√≠amos grande avante. Con todo, dio en tierra y dejaron la almad√≠a; y algunos de los de mi compa√Ī√≠a salieron en tierra tras ellos, y todos huyeron como gallinas, y la almad√≠a que hab√≠an dejado la llevamos a bordo de la carabela Ni√Īa, adonde ya, de otro cabo, ven√≠a otra almad√≠a peque√Īa con un hombre que ven√≠a a rescatar un ovillo de algod√≥n; y se echaron algunos marineros a la mar, porque √©l no quer√≠a entrar en la carabela, y le tomaron. Y yo, que estaba en la popa de la nao, que vi todo, envi√© por √©l y le di un bonete colorado y unas cuentas de vidrio verdes, peque√Īas, que le puse al brazo, y dos cascabeles que le puse a las orejas, y le mand√© volver a su almad√≠a, que tambi√©n ten√≠a en la barca, y le envi√© a tierra. Y di luego la vela para ir a la otra isla grande que yo ve√≠a al Oeste, y mand√© largar tambi√©n la otra almad√≠a que tra√≠a la carabela Ni√Īa por popa. Y vi despu√©s en tierra, al tiempo de la llegada del otro a quien yo hab√≠a dado las cosas susodichas y no le hab√≠a querido tomar el ovillo de algod√≥n, puesto que √©l me lo quer√≠a dar, y todos los otros se llegaron a √©l y ten√≠a a gran maravilla y bien le pareci√≥ que √©ramos buena gente, y que el otro que se hab√≠a huido nos hab√≠a hecho alg√ļn da√Īo y que por esto lo llev√°bamos. Y a esta raz√≥n us√© esto con √©l, de le mandar alargar, y le di las dichas cosas porque nos tuviese en esta estima, porque otra vez cuando Vuestras Altezas aqu√≠ tornen a enviar no haga mala compa√Ī√≠a; y todo lo que yo le di no val√≠a cuatro maraved√≠s. Y as√≠ part√≠, que ser√≠an las diez horas, con el viento Sudeste, y tocaba de Sur para pasar a esta otra isla, la cual es grand√≠sima y adonde todos estos hombres que yo traigo de la de San Salvador hacen se√Īas que hay muy mucho oro y que lo traen en los brazos en manillas y a las piernas y a las orejas y al nariz y al pescuezo. Y hab√≠a de esta isla de Santa Mar√≠a a esta otra nueve leguas Este Oeste, y se corre toda esta parte de la isla Noroeste Sudeste. Y se parece que bien habr√≠a en esta costa m√°s de veintiocho leguas en esta haz. Y es muy llana sin monta√Īa ninguna, as√≠ como aquellas de San Salvador y de Santa Mar√≠a, y todas las playas sin roquedos, salvo que en todas hay algunas pe√Īas cerca de tierra debajo del agua; por donde es menester abrir el ojo cuando se quiere surgir y no surgir mucho acerca de tierra, aunque las aguas son siempre muy claras y se ve el fondo. Y desviado de tierra dos tiros de lombarda, hay en todas estas islas tanto fondo que no se puede llegar a √©l. Son estas islas muy verdes y f√©rtiles y de aires muy dulces, y puede haber muchas cosas que yo no s√©, porque no me quiero detener por calar y andar muchas islas para hallar oro. Y pues √©stas dan as√≠ estas se√Īas, que lo traen a los brazos y a las piernas, y es oro porque les mostr√© algunos pedazos del que yo tengo, no puedo errar con la ayuda de Nuestro Se√Īor que yo no le halle adonde nace. Y estando a medio golfo de estas dos islas es de saber de aquella de Santa Maria y de esta grande, a la cual pongo nombre la Fernandina hall√© un hombre solo en una almad√≠a que se pasaba de la isla de Santa Mar√≠a a la Fernandina, y tra√≠a un poco de su pan, que ser√≠a tanto como el pu√Īo, y una calabaza de agua y un pedazo de tierra bermeja hecha en polvo y despu√©s amasada, y unas hojas secas que debe ser cosa muy apreciada entre ellos porque ya me trajeron en San Salvador de ellas en presente, y tra√≠a un cestillo a su guisa en que ten√≠a un ramalejo de cuentecillas de vidrio y dos blancas, por las cuales conoc√≠ que √©l ven√≠a de la isla de San Salvador y hab√≠a pasado a aquella de Santa Mar√≠a y se pasaba a la Fernandina, el cual se lleg√≥ a la nao. Yo le hice entrar, que as√≠ lo demandaba √©l, y le hice poner su almad√≠a en la nao y guardar todo lo que √©l tra√≠a; y le mand√© dar de comer pan y miel y de beber. Y as√≠ le pasar√© a la Fernandina y le dar√© todo lo suyo, porque d√© buenas nuevas de nos para, a Nuestro Se√Īor aplaciendo, cuando Vuestras Altezas envien ac√°, que aquellos que vinieren reciban honra y nos den de todo lo que hubiere.¬Ľ

Martes, 16 de octubre

¬ęPart√≠ de las islas de Santa Maria de la Concepci√≥n, que ser√≠a ya cerca del medio d√≠a, para la isla Fernandina, la cual muestra ser grand√≠sima al Oeste, y navegu√© todo aquel d√≠a con calmeria. No pude llegar a tiempo de poder ver el fondo para surgir en limpio, porque es en esto mucho de haber gran diligencia por no perder las anclas; y as√≠ temporic√© toda esta noche hasta el d√≠a que vine a una poblaci√≥n, adonde yo surg√≠ y donde hab√≠a venido aquel hombre que yo hall√© ayer en aquella almad√≠a a medio golfo, el cual hab√≠a dado tantas buenas nuevas de nos que toda esta noche no faltaron almad√≠as a bordo de la nao, que nos tra√≠an agua y de lo que ten√≠an. Yo a cada uno le mandaba dar algo, es a saber, algunas cuentecillas, diez o doce de ellas de vidrio en un hilo, y algunas sonajas de lat√≥n de √©stas que valen en Castilla un maraved√≠ cada una, y algunas agujetas, de que todo ten√≠an en grand√≠sima excelencia, y tambi√©n los mandaba dar, para que comiesen cuando ven√≠an en la nao, y miel de az√ļcar. Y despu√©s, a horas de tercia, envi√© al batel de la nao en tierra por agua, y ellos de muy buena gana le ense√Īaban a mi gente ad√≥nde estaba el agua, y ellos mismos tra√≠an los barriles llenos al batel y se holgaban mucho de nos hacer placer. Esta isla es grand√≠sima y tengo determinado de la rodear, porque, seg√ļn puedo entender, en ella o cerca de ella hay mina de oro. Esta isla est√° desviada de la de Santa Mar√≠a ocho leguas casi Este Oeste; y este cabo adonde yo vine y toda esta costa se corre Noroeste y Sursudeste, y vi bien veinte leguas de ella, mas ah√≠ no acababa. Ahora escribiendo esto, di la vela con el viento Sur para pujar a rodear toda la isla, y trabajar hasta que halle Samaot, que es la isla o ciudad adonde es el oro, que as√≠ lo dicen todos estos que aqu√≠ vienen en la nao, y nos lo dec√≠an los de la isla de San Salvador y de Santa Mar√≠a. Esta gente es semejante a aquellas de las dichas islas, y una habla y unas costumbres, salvo que √©stos ya me parecen alg√ļn tanto m√°s dom√©stica gente y de trato y m√°s sutiles, porque veo que han tra√≠do algod√≥n aqu√≠ a la nao y otras cositas, que saben mejor refetar el pagamento que no hac√≠an los otros. Y aun en esta isla vi pa√Īos de algod√≥n hechos como mantillos, y la gente m√°s dispuesta, y las mujeres traen por delante su cuerpo una cosita de algod√≥n que escasamente les cobija su natura. Ella es isla muy verde y llana y fertil√≠sima, y no pongo duda de que todo el a√Īo siembran panizo y cogen, y as√≠ todas otras cosas. Y vi muchos √°rboles muy disformes de los nuestros, y de ellos muchos que ten√≠an los ramos de muchas maneras y todo en un pie, y un ramito es de una manera y otro de otra, y tan disforme que es la mayor maravilla del mundo cu√°nta es la diversidad de una manera a la otra; verbigracia, un ramo ten√≠a las hojas a manera de ca√Īas y otro de la manera de lentisco, y as√≠ en un solo √°rbol de cinco o seis de estas maneras, y todos tan diversos; ni √©stos son injertados, porque se pueda decir que el injerto lo hace, antes son por los montes, ni cura de ellos esta gente. No les conozco secta ninguna, y creo que muy presto se tornar√≠an cristianos, porque ellos son de muy buen entender. Aqu√≠ son los peces tan disformes de los nuestros que es maravilla. Hay algunos hechos como gallos, de las m√°s finas colores del mundo, azules, amanl√≠os, colorados y de todas colores, y otros pintados de mil maneras; y las colores son tan finas que no hay hombre que no se maraville y no tome gran descanso a verlos. Tambi√©n hay ballenas. Bestias en tierra no vi ninguna de ninguna manera, salvo papagayos y lagartos. Un mozo me dijo que vio una grande culebra. Ovejas ni cabras ni otra ninguna bestia vi; aunque yo he estado aqu√≠ muy poco, que es medio d√≠a: mas si las hubiese no pudiera errar de ver alguna. El cerco de esta isla escribir√© despu√©s que yo la hubiese rodeado.¬Ľ

Miércoles, 17 de octubre

¬ęA mediod√≠a part√≠ de la poblaci√≥n adonde yo estaba surgido y adonde tom√© agua para ir a rodear esta isla Fernandina, y el viento era Sudoeste y Sur, y como mi voluntad fuese de seguir esta costa de esta isla adonde yo estaba al Sudeste, porque as√≠ se corre toda Nornoroeste y Sursudeste y quer√≠a llevar el dicho camino de Sur y Sudeste, porque aquella parte todos estos indios que traigo y otro de quien hube se√Īas en esta parte del Sur a la isla a que ellos llaman Samoet, adonde es el oro, y Mart√≠n Alonso Pinz√≥n, capit√°n de la carabela Pinta, en la cual yo mand√© a tres de estos indios, vino a mi y me dijo que uno de ellos muy certificadamente le hab√≠a dado a entender que por la parte del Nornoroeste muy m√°s presto arrodear√≠a la isla. Yo vi que el viento no me ayudaba por el camino que yo quer√≠a llevar, y era bueno por el otro. Di la vela al Nornoroeste, y cuando fui cerca del cabo de la isla, a dos leguas, hall√© un muy maravilloso puerto con una boca, aunque dos bocas se le puede decir, porque tiene un isleo en medio y son ambas muy angostas y dentro muy ancho para cien nav√≠os, si fuera hondo y limpio y hondo a la entrada. Pareci√≥me raz√≥n de lo ver bien y sondear, y as√≠ surg√≠ fuera de √©l y fui en √©l con todas las barcas de los nav√≠os y vimos que no hab√≠a fondo. Y porque pens√© cuando yo le vi que era boca de alg√ļn r√≠o, hab√≠a mandado llevar barriles para tomar agua, y en tierra hall√© unos ocho o diez hombres que luego vinieron a nos y nos mostraron ah√≠ cerca la poblaci√≥n, adonde yo envi√© la gente por agua, una parte con armas, otros con barriles, y as√≠ la tomaron; y porque era lejuelos me detuve por espacio de dos horas. En este tiempo anduve as√≠ por aquellos √°rboles, que era la cosa m√°s hermosa de ver que otra se haya visto, viendo tanta verdura en tanto grado como en el mes de mayo en el Andaluc√≠a, y los √°rboles todos est√°n tan disformes de los nuestros como el d√≠a de la noche; y as√≠ las frutas y as√≠ las hierbas y las piedras y todas las cosas. Verdad es que algunos √°rboles eran de la naturaleza de otros que hay en Castilla: por ende hab√≠a muy gran diferencia, y los otros √°rboles de otras maneras eran tantos que no hay persona que lo pueda decir ni asemejar a otros en Castilla. La gente toda era una con los otros ya dichos, de las mismas condiciones, y as√≠ desnudos y de la misma estatura, y daban de lo que ten√≠an por cualquier cosa que les diesen; y aqu√≠ vi que unos mozos de los nav√≠os les trocaron azagayas por unos pedazuelos de escudillas rotas y de vidrio. Y los otros que fueron por el agua me dijeron c√≥mo hab√≠an estado en sus casas y que eran de adentro muy barridas y limpias, y sus camas y paramentos de cosas que son como redes de algod√≥n; ellas, las casas, son todas a manera de alfaneques y muy altas y buenas chimeneas; mas no vi entre muchas poblaciones que yo vi que ninguna pasase de doce hasta quince casas. Aqu√≠ hallaron que las mujeres casadas tra√≠an bragas de algod√≥n, las mozas no, sino salvo algunas que eran ya de edad de dieciocho a√Īos. Y ah√≠ hab√≠a perros mastines y branchetes, y ah√≠ hallaron uno que hab√≠a al nariz un pedazo de oro que ser√≠a como la mitad de un castellano, en el cual vieron letras. Re√Ī√≠ yo con ellos porque no se lo rescataron y dieron cuanto ped√≠a, por ver qu√© era y c√ļya esta moneda era; y ellos me respondieron que nunca se lo os√≥ rescatar. Despu√©s de tomada la agua volv√≠ a la nao, y di la vela y sal√≠ al Noroeste, tanto que yo descubr√≠ toda aquella parte de la isla hasta la costa que se corre Este Oeste, y despu√©s todos estos indios tornaron a decir que esta isla era m√°s peque√Īa que no la isla Samoet y que ser√≠a bien volver atr√°s por ser en ella m√°s presto. El viento all√≠ luego m√°s calmo y comenz√≥ a ventear Oesnoroeste, el cual era contrario para donde hab√≠amos venido, y as√≠ tom√© la vuelta y navegu√© toda esta noche pasada al Estesudeste, y cu√°ndo al Este todo y cu√°ndo al Sudeste; y esto para apartarme de la tierra, porque hacia muy gran cerraz√≥n y el tiempo muy cargado; √©l era poco y no me dej√≥ llegar a tierra a surgir. As√≠ que esta noche llovi√≥ muy fuerte despu√©s de media noche hasta casi el d√≠a, y a√ļn est√° nublado para llover, y nos, al cabo de la isla de la parte del Sudeste, adonde espero surgir hasta que aclarezca para ver las otras islas adonde tengo de ir. Y as√≠ todos estos d√≠as despu√©s que en estas Indias estoy ha llovido poco o mucho. Crean Vuestras Altezas que es esta tierra la mejor y m√°s f√©rtil y temperada y llana y buena que haya en el mundo.¬Ľ

Jueves, 18 de octubre

¬ęDespu√©s que aclareci√≥ segu√≠ el viento, y fui en derredor de la isla cuanto pude, y surg√≠ al tiempo que ya no era de navegar; mas no fui en tierra, y en amaneciendo di la vela.¬Ľ

Viernes, 19 de octubre

¬ęEn amaneciendo levant√© las anclas y envi√© la carabela Pinta al Este y Sudeste y la carabela Ni√Īa al Sursudeste, y yo con la nao fui al Sudeste, y dado orden que llevasen aquella vuelta hasta medio d√≠a, y despu√©s que ambas se mudasen las derrotas, y se recogieron para m√≠. Y luego, antes que and√°semos tres horas, vimos una isla al Este sobre la cual descargamos. y llegamos a ella todos tres nav√≠os antes de medio d√≠a a la punta del Norte, adonde hace un isleo y una restinga de piedra fuera de √©l al Norte y otro entre √©l y la isla grande; la cual nombraron estos hombres de San Salvador que yo traigo la isla Samoet, a la cual puse nombre de la Isabela. El viento era Norte, y quedaba el dicho isleo en derrota de la isla Fernandina, de adonde yo hab√≠a partido Este Oeste; y se corr√≠a despu√©s la costa desde el isleo al Oeste y hab√≠a en ella doce leguas hasta un cabo, al que yo llam√© el Cabo Hermoso, que es de la parte del Oeste. Y as√≠ es hermoso, redondo y muy hondo, sin bajas fuera de √©l, y al comienzo de piedra y bajo y m√°s adentro es playa de arena como casi la dicha costa es. Y ah√≠ surg√≠ esta noche viernes hasta la ma√Īana. Esta costa toda y la parte de la isla que yo vi es toda casi playa, y la isla m√°s hermosa cosa que yo vi; que si las otras son muy hermosas, √©sta es m√°s. Es de muchos √°rboles y muy verdes y muy grandes, y esta tierra es m√°s alta que las otras islas halladas, y en ella alg√ļn altillo, no que se le pueda llamar monta√Īa, mas cosa que hermosea lo otro, y parece de muchas aguas all√° al medio de la isla. De esta parte al Nordeste hace una gran angla, y hay muchos arboledos y muy espesos y muy grandes. Yo quise ir a surgir en ella para salir a tierra y ver tanta hermosura; mas era el fondo bajo y no pod√≠a surgir salvo largo de tierra, y el viento era muy bueno para venir a este cabo adonde yo surg√≠ ahora, al cual puse nombre Cabo Hermoso, porque as√≠ lo es. Y as√≠ no surg√≠ en aquella angla, y aun porque vi este cabo de all√° tan verde y tan hermoso, as√≠ como todas las otras cosas y tierras de estas islas que yo no s√© ad√≥nde me vaya primero ni me s√© cansar los ojos de ver tan hermosas verduras y tan diversas de las nuestras. Y aun creo que hay en ella muchas hierbas y muchos √°rboles que valen mucho en Espa√Īa para tinturas y medicinas de especier√≠a, mas yo no los conozco, de que llevo grande pena. Y llegando yo aqu√≠ a este cabo vino el olor tan bueno y suave de flores o √°rboles de la tierra, que era la cosa m√°s dulce del mundo. De ma√Īana, antes que yo de aqu√≠ vaya ir√© en tierra a ver qu√© es. Aqu√≠ en el cabo no es la poblaci√≥n salvo all√° m√°s adentro, donde dicen otros hombres que yo traigo que est√° el rey que trae mucho oro; y yo de ma√Īana quiero ir tanto avante que halle la poblaci√≥n y vea o haya lengua con este rey que, seg√ļn √©stos dan las se√Īas, √©l se√Īorea todas estas islas comarcanas y va vestido y trae sobre s√≠ mucho oro; aunque yo no doy mucha fe a sus decires, as√≠ por no los entender yo bien como en conocer que ellos son tan pobres de oro que cualquiera poco que este rey traiga les parece a ellos mucho. Este al que yo digo Cabo Hermoso creo que es la isla apartada de Samoeto, y aun hay ya otras entremedias peque√Īas. Yo no curo as√≠ de ver tanto por menudo 69, porque no lo podr√≠a hacer en cincuenta a√Īos, porque quiero ver y descubrir lo m√°s que yo pudiere para volver a Vuestras Altezas, a Nuestro Se√Īor aplaciendo, en abril. Verdad es que, hallando adonde haya oro o especier√≠a en cantidad, me detendr√© hasta que yo haya de ello cuanto pudiere; y por esto no hago sino andar para ver de topar en ello.¬Ľ

S√°bado, 20 de octubre

¬ęHoy, el sol salido, levant√© las anclas de donde yo estaba con la nao surgido en esta isla de Samoeto al cabo del Sudoeste, al que yo puse nombre el Cabo de la Laguna, y a la isla la Isabela, para navegar al Nordeste y al Este de la parte Sudeste y Sur, adonde entend√≠ de estos hombres que yo traigo que era la poblaci√≥n y el rey de ella. Y hall√© todo tan bajo el fondo que no pude entrar ni navegar a ello, y vi que siguiendo el camino del Sudoeste era muy gran rodeo, y por esto determin√© de me volver por el camino que yo hab√≠a tra√≠do del Nornordeste de la parte del Oeste, y rodear esta isla para... el viento me fue tan escaso que yo nunca pude haber la tierra al longo de la costa, salvo en la noche. Y, porque es peligro surgir en estas islas, salvo en el d√≠a que se vea con el ojo ad√≥nde se echa el anda, porque es todo manchas, una de limpio y otra de non, yo me puse a temporejar a la vela toda esta noche del domingo. Las carabelas surgieron porque se hallaron en tierra temprano y pensaron que a sus se√Īas, que eran costumbradas de hacer, ir√≠a a surgir; mas no quise.¬Ľ

Domingo, 21 de octubre

¬ęA las diez horas llegu√© aqu√≠ a este cabo del isleo y surg√≠, y asimismo las carabelas. Y despu√©s de haber comido fui en tierra, adonde aqu√≠ no hab√≠a otra poblaci√≥n que una casa, en la cual no hall√© a nadie, que creo con temor se hab√≠an huido, porque en ella estaban todos sus aderezos de casa. Yo no les dej√© tocar nada, salvo que me sal√≠ con estos capitanes y gente a ver la isla; que si las otras ya vistas son muy hermosas y verdes y f√©rtiles, √©sta es mucho m√°s y de grandes arboledos y muy verdes. Aqu√≠ es unas grandes lagunas, y sobre ellas y a la rueda es el arboledo en maravilla, y aqu√≠ y en toda la isla son todos verdes y las hierbas como en abril en el Andaluc√≠a; y el cantar de los pajaritos que parece que el hombre nunca se querr√≠a partir de aqu√≠, y las manadas de los papagayos que oscurecen el sol; y aves y pajaritos de tantas maneras y tan diversas de las nuestras que es maravilla; y despu√©s hay √°rboles de mil maneras y todos de su manera fruto, y todos huelen que es maravilla, que yo estoy el m√°s apenado del mundo de no conocerlos, porque soy bien cierto que todos son cosa de val√≠a, y de ellos traigo la muestra y asimismo de las hierbas. Andando as√≠ en cerco de una de estas lagunas vi una sierpe la cual matamos y traigo el cuero a Vuestras Altezas. Ella como nos vio se ech√≥ en la laguna y nos la seguimos dentro, porque no era muy honda, hasta que con lanzas la matamos. Es de siete palmos de largo; creo que de estas semejantes hay aqu√≠ en esta laguna muchas. Aqu√≠ conoc√≠ del li√Ī√°loe, y ma√Īana he determinado de hacer traer a la nao diez quintales, porque me dicen que vale mucho. Tambi√©n andando en busca de muy buena agua fuimos a una poblaci√≥n aqu√≠ cerca, adonde estoy surto media legua; y la gente de ella, como nos sintieron, dieron todos a huir y dejaron las casas y escondieron su ropa y lo que ten√≠an por el monte. Yo no dej√© tomar nada ni la val√≠a de un alfiler. Despu√©s se llegaron a nos unos hombres de ellos, y uno se lleg√≥ a quien yo di unos cascabeles y unas cuentecillas de vidrio y qued√≥ muy contento y muy alegre, y por que la amistad creciese m√°s y los requiriese algo, le hice pedir agua, y ellos, despu√©s que fui en la nao, vinieron luego a la playa con sus calabazas llenas y holgaron mucho de d√°rnosla. Y yo les mand√© dar otro ramalejo de cuentecillas de vidrio y dijeron que de ma√Īana vendr√≠an ac√°. Yo quer√≠a henchir aqu√≠ toda la vasija de los nav√≠os de agua; por ende, si el tiempo me da lugar, luego me partir√© a rodear esta isla hasta que yo haya lengua con este rey y ver si puedo haber de √©l oro que oigo que trae, y despu√©s partir para otra isla grande mucho, que creo que debe ser Cipango, seg√ļn las se√Īas que me dan estos indios que yo traigo, a la cual ellos llaman Colba, en la cual dicen que hay naos y mareantes muchos y muy grandes, y de esta isla otra que llaman Bof√≠o que tambi√©n dicen que es muy grande. Y a las otras que son entremedio ver√© as√≠ de pasada, y seg√ļn yo hallare recaudo de oro o especier√≠a determinar√© lo que he de hacer. M√°s todav√≠a, tengo determinado de ir a la tierra firme y a la ciudad de Quisay y dar las cartas de Vuestras Altezas al Gran Can y pedir respuesta y venir con ella.¬Ľ

Lunes, 22 de octubre

¬ęToda esta noche y hoy estuve aqu√≠ aguardando si el rey de aqu√≠ u otras personas traer√≠an oro u otra cosa de sustancia, y vinieron muchos de esta gente, semejantes a los otros de las otras islas, as√≠ desnudos y as√≠ pintados, de ellos de blanco, de ellos de colorado, de ellos de prieto y as√≠ de muchas maneras.Tra√≠an azagayas y algunos ovillos de algod√≥n a rescatar, el cual trocaban aqu√≠ con algunos marineros por pedazos de vidrio, de tazas quebradas y por pedazos de escudillas de barro. Algunos de ellos tra√≠an algunos pedazos de oro colgados al nariz, el cual de buena gana daban por un cascabel de esos de pie de gavilano 76 y por cuentecillas de vidrio: mas es tan poco, que no es nada: que es verdad que cualquiera poca cosa que se les d√©. Ellos tambi√©n ten√≠an a gran maravilla nuestra venida, y cre√≠an que √©ramos venidos del cielo. Tomamos agua para los nav√≠os en una laguna que aqu√≠ est√° cerca del cabo del Isleo, que as√≠ nombr√©; y en la dicha laguna Mart√≠n Alonso Pinz√≥n, capit√°n de la Pinta, mat√≥ otra sierpe tal como la otra de ayer de siete palmos, e hice tomar aqu√≠ del li√Ī√°be cuanto se hall√≥.¬Ľ

Martes, 23 de octubre

¬ęQuisiera hoy partir para la isla de Cuba, que creo que debe ser Cipango, seg√ļn las se√Īas que dan esta gente de la grandeza de ella y riqueza, y no me detendr√© m√°s aqu√≠ ni...esta isla alrededor para ir a la poblaci√≥n, como ten√≠a determinado, para haber lengua con este rey o se√Īor, que es por no me detener mucho, pues veo que aqu√≠ no hay mina de oro; y al rodear de estas islas ha menester muchas maneras de viento, y no vienta as√≠ como los hombres querr√≠an. Y pues es de andar donde haya trato grande, digo que no es raz√≥n de se detener, salvo ir a camino y calar mucha tierra hasta topar en tierra muy provechosa, aunque mi entender es que √©sta sea muy provechosa de especier√≠a, mas que yo no la conozco que llevo la mayor pena del mundo, que veo mil maneras de √°rboles que tienen cada uno su manera de fruta y verde ahora como en Espa√Īa en el mes de mayo y junio y mil maneras de hierbas, eso mismo con flores, y de todo no se conoci√≥ salvo este li√Ī√°loe de que hoy mand√© tambi√©n traer a la nao mucho para llevar a Vuestras Altezas. Y no he dado ni doy la vela para Cuba porque no hay viento, salvo calma muerta, y llueve mucho. Y llovi√≥ ayer mucho sin hacer ning√ļn fr√≠o; antes el d√≠a hace calor y las noches temperadas como en mayo en Espa√Īa en el Andaluc√≠a.¬Ľ

Miércoles, 24 de octubre

¬ęEsta noche a media noche levant√© las anclas de la isla Isabela del cabo del Isleo, que es de la parte del Norte, adonde yo estaba posado para ir a la isla de Cuba, adonde o√≠ de esta gente que era muy grande y de gran trato y hab√≠a en ella oro y especier√≠as y naos grandes y mercaderes, y me mostr√≥ que al Oessudoeste ir√≠a a ella; y yo as√≠ lo tengo, porque creo que si es as√≠, como por se√Īas que me hicieron todos los indios de estas islas y aquellos que llevo yo en los nav√≠os, porque por lengua no los entiendo, es la isla de Cipango, de que se cuentan cosas maravillosas, y en las esferas que yo vi y en las pinturas de mapamundos es ella en esta comarca. Y as√≠ navegu√© hasta el d√≠a al Oessudoeste, y amaneciendo calm√≥ el viento y llovi√≥, y as√≠ casi toda la noche. Y estuve as√≠ con poco viento hasta que pasaba de medio d√≠a y entonces tom√≥ a ventear muy amoroso, y llevaba todas mis velas de la nao: maestra y dos bonetas y trinquete y cebadera y mesana y vela de gabia, y el batel por popa. As√≠ anduve el camino hasta que anocheci√≥; y entonces me quedaba el Cabo Verde de la isla Fernandina, el cual es de la parte del Sur a la parte de Oeste. Me quedaba al Noroeste, y hac√≠a de m√≠ a √©l siete leguas. Y porque ventaba ya recio y no sab√≠a yo cu√°nto camino hubiese hasta la dicha isla de Cuba, y por no la ir a demandar de noche, porque todas estas islas son muy hondas a no hallar fondo todo en derredor salvo a tiro de dos lombardas, y esto es todo manchado un pedazo de roquedo y otro de arena, y por esto no se puede seguramente surgir salvo a vista de ojo, y por tanto acord√© de amainar las velas todas, salvo el trinquete, y andar con √©l; y de a un rato crec√≠a mucho el viento y hac√≠a mucho camino de que dudaba, y era muy gran cerraz√≥n y llov√≠a. Mand√© amainar el trinquete y no anduvimos esta noche dos leguas, etc.¬Ľ

Jueves, 25 de octubre

Navegó después del sol salido al Oessudoeste hasta las nueve horas. Andarían cinco leguas. Después mudó el camino al Oeste. Andaban ocho millas por hora hasta la una después de mediodía, y de allí hasta las tres y andarían cuarenta y cuatro millas. Entonces vieron tierra, y eran siete u ocho islas, en luengo todas de Norte a Sur; distaban de ellas cinco leguas, etcétera.

Viernes, 26 de octubre

Estuvo de las dichas islas de la parte del Sur. Era todo bajo cinco o seis leguas; surgi√≥ por all√≠. Dijeron los indios que llevaba que hab√≠a de ellas a Cuba andadura de d√≠a y medio con sus almad√≠as, que son navetas de un madero adonde no llevan vela. Estas son las canoas. Parti√≥ de all√≠ para Cuba, porque por las se√Īas que los indios le daban de la grandeza y del oro y perlas de ella, pensaba que era ella, conviene a saber: Cipango.

S√°bado, 27 de octubre

Levantó las anclas salido el sol, de aquellas islas, que llamó las islas de Arena por el poco fondo que tenían de la parte del Sur hasta seis leguas. Anduvo ocho millas por hora hasta la una del día al Sursudoeste, y habrían andado cuarenta millas, y hasta la noche andarían veintiocho millas al mismo camino; y antes de noche vieron tierra. Estuvieron la noche al reparo con mucha lluvia que llovió. Anduvieron el sábado hasta el poner del sol diecisiete leguas al Sursudoeste.

Domingo, 28 de octubre

Fue de all√≠ en demanda de la isla de Cuba al Sursudoeste, a la tierra de ella m√°s cercana, y entr√≥ en un r√≠o muy hermoso y muy sin peligro de bajas ni otros inconvenientes; y toda la costa que anduvo por all√≠ era muy hondo y muy limpio hasta tierra: ten√≠a la boca del r√≠o doce brazas, y es bien ancha para barloventear. Surgi√≥ dentro, dice que a tiro de lombarda. Dice el Almirante que nunca tan hermosa cosa vio, lleno de √°rboles, todo cercado el r√≠o, hermosos y verdes y diversos de los nuestros, con flores y con su fruto, cada uno de su manera. Aves muchas y pajaritos que cantaban muy dulcemente; hab√≠a gran cantidad de palmas de otra manera que las de Guinea y de las nuestras, de una estatura mediana y los pies sin aquella camisa y las hojas muy grandes, con las cuales cobijan las casas; la tierra muy llana. Salt√≥ el Almirante en la barca y fue a tierra, y lleg√≥ a dos casas que crey√≥ ser de pescadores y que con temor se huyeron, en una de las cuales hall√≥ un perro que nunca ladr√≥; y en ambas casas hall√≥ redes de hilo de palma y cordeles y anzuelo de cuerno y fisgas de hueso y otros aparejos de pescar y muchos fuegos dentro, y crey√≥ que en cada una casa se juntan muchas personas. Mand√≥ que no se tocase en cosa de todo ello, y as√≠ se hizo. La hierba era grande como en el Andaluc√≠a por abril y mayo. Hall√≥ verdolagas muchas y bledos. Torn√≥se a la barca y anduvo por el r√≠o arriba un buen rato, y dice que era gran placer ver aquellas verduras y arboledas, y de las aves que no pod√≠a dejarlas para se volver. Dice que es aquella isla la m√°s hermosa que ojos hayan visto, llena de muy buenos puertos y r√≠os hondos, y la mar que parec√≠a que nunca se deb√≠a de alzar porque la hierba de la playa llegaba hasta casi el agua, la cual no suele llegar donde la mar es brava. Hasta entonces no hab√≠a experimentado en todas aquellas islas que la mar fuese brava. La isla dice que es llena de monta√Īas muy hermosas, aunque no son muy grandes en longura, salvo altas, y toda la otra tierra es alta de la manera de Sicilia; llena es de muchas aguas, seg√ļn pudo entender de los indios que consigo lleva, que tom√≥ en la isla de Guanahan√≠, los cuales le dicen por se√Īas que hay diez r√≠os grandes y que con sus canoas no la pueden cercar en veinte d√≠as. Cuando iba a tierra con los nav√≠os salieron dos almad√≠as o canoas, y como vieron que los marineros entraban en la barca y remaban para ir a ver el fondo del r√≠o para saber d√≥nde hab√≠an de surgir, huyeron las canoas. Dec√≠an los indios que en aquella isla hab√≠a minas de oro y perlas, y vio el Almirante lugar apto para ellas y almejas, que es se√Īal de ellas, y entend√≠a el Almirante que all√≠ ven√≠an naos del Gran Can, y grandes, y que de all√≠ a tierra firme hab√≠a jornada de diez d√≠as Llam√≥ el Almirante aquel r√≠o y puerto de San Salvador.

Lunes, 29 de octubre

Alz√≥ las anclas de aquel puerto y naveg√≥ al Poniente para ir dice que a la ciudad donde le parec√≠a que le dec√≠an los indios que estaba aquel rey. Una punta de la isla le sal√≠a a noroeste seis leguas. Andada otra legua vio un r√≠o no de tan grande entrada, al cual puso nombre de r√≠o de la Luna; anduvo hasta hora de v√≠speras. Vio otro r√≠o m√°s grande que los otros, y as√≠ se lo dijeron por se√Īas los indios, y cerca de √©l vio buenas poblaciones de casas: llam√≥ al r√≠o el r√≠o de Mares. Envi√≥ dos barcas a una poblaci√≥n por haber lengua, y a una de ellas un indio de los que tra√≠a, porque ya los entend√≠an algo y mostraban estar contentos con los cristianos, de los cuales todos los hombres y mujeres y criaturas huyeron, desamparando las casas con todo lo que ten√≠an; y mand√≥ el Almirante que no se tocase en cosa. Las casas dice que eran ya m√°s hermosas que las que hab√≠a visto, y cre√≠a que cuanto m√°s se allegase a la tierra firme ser√≠an mejores. Eran hechas a manera de alfanaques, muy grandes, y parec√≠an tiendas en real, sin concierto de calles, sino una ac√° y otra acull√° y dentro muy barridas y limpias y sus aderezos muy compuestos. Todas son de ramas de palma muy hermosas. Hallaron muchas estatuas en figura de mujeres y muchas cabezas en manera de caratona muy bien labradas. No s√© si esto tienen por hermosura o adoran en ellas. Hab√≠a perros que jam√°s ladraron; hab√≠a avecitas salvajes mansas por sus casas; hab√≠a maravillosos aderezos de redes y anzuelos y artificios de pescar. No le tocaron en cosa de ello. Crey√≥ que todos los de la costa deb√≠an de ser pescadores que llevan el pescado la tierra dentro, porque aquella isla es muy grande y tan hermosa que no se hartaba de decir bien de ella. Dice que hall√≥ √°rboles y frutas de muy maravilloso sabor; y dice que debe haber vacas en ella y otros ganados, porque vio cabezas en hueso que le parecieron de vaca. Aves y pajaritos y el cantar de los grillos en toda la noche con que se holgaban todos: los aires sabrosos y dulces de toda la noche, ni fr√≠o ni caliente. Mas por el camino de las otras islas a aqu√©lla dice que hac√≠a gran calor y all√≠ no, salvo templado como en mayo; atribuye el calor de las otras islas por ser muy llanas y por el viento que tra√≠an hasta all√≠ ser Levante y por eso c√°lido. El agua de aquellos r√≠os era salada a la boca: no supieron de d√≥nde beb√≠an los indios, aunque ten√≠an en sus casas agua dulce. En este r√≠o pod√≠an los nav√≠os voltejar para entrar y para salir, y tiene muy buenas se√Īas o marcas: tiene siete u ocho brazas de fondo a la boca y dentro cinco. Toda aquella mar dice que le parece que debe ser siempre mansa como el r√≠o de Sevilla y el agua aparejada para criar perlas. Hall√≥ caracoles grandes, sin sabor, no como los de Espa√Īa. Se√Īala la disposici√≥n del r√≠o y del puerto que arriba dijo y nombr√≥ San Salvador, que tiene sus monta√Īas hermosas y altas como la Pe√Īa de los Enamorados, y una de ellas tiene encima otro montecillo a manera de una hermosa mezquita. Este otro r√≠o y puerto en que ahora estaba tiene de la parte del Sudeste dos monta√Īas as√≠ redondas y de la parte del Oesnoroeste un hermoso cabo llano que sale fuera.

Martes, 30 de octubre

Sali√≥ del r√≠o de Mares al Noroeste, y vio un cabo lleno de palmas y p√ļsole Cabo de Palmas, despu√©s de haber andado quince leguas. Los indios que iban en la carabela Pinta dijeron que detr√°s de aquel cabo hab√≠a un r√≠o y del r√≠o a Cuba hab√≠a cuatro jornadas; y dijo el capit√°n de la Pinta que entend√≠a que esta Cuba era ciudad y que aquella tierra era tierra firme muy grande que va mucho al Norte, y que el rey de aquella tierra ten√≠a guerra con el Gran Can, al cual ellos llamaban Cami, y a su tierra o ciudad Faba, y otros muchos nombres. Determin√≥ el Almirante de llegar a aquel r√≠o y enviar un presente al rey de la tierra y enviarle la carta de los reyes, y para ella ten√≠a una marinero que hab√≠a andado en Guinea en lo mismo, y ciertos indios de Guanahan√≠ que quer√≠an ir con √©l, con que despu√©s los tornasen a su tierra. Al parecer del Almirante, distaba de la l√≠nea equinoccial cuarenta y dos grados hacia la banda del Norte no est√° corrupta la letra de donde traslad√© esto, y dice que hab√≠a de trabajar de ir al Gran Can, que pensaba que estaba all√≠, o en la ciudad de Catay, que es del Gran Can, que dice que es muy grande, seg√ļn le fue dicho antes que partiese de Espa√Īa. Toda aquesta tierra dice ser baja y hermosa y honda la mar.

Miércoles, 31 de octubre

Toda la noche martes anduvo barloventeando, y vio un r√≠o donde no pudo entrar por ser baja la entrada; y pensaron los indios que pudieran entrar los nav√≠os como entraban sus canoas. Y, navegando adelante, hall√≥ un cabo que sal√≠a muy fuera y cercado de bajos, y vio una concha o bah√≠a donde pod√≠an estar nav√≠os peque√Īos, y no lo pudo encabalgar porque el viento se hab√≠a tirado del todo al Norte y toda la costa se corr√≠a al Nornoroeste y Sudeste, y otro cabo que vio adelante le sal√≠a m√°s afuera. Por esto y porque el cielo mostraba de ventar recio se hubo de tornar al r√≠o de Mares.

Jueves, 1 de noviembre

En saliendo el sol envi√≥ el Almirante las barcas a tierra a las casas que all√≠ estaban, y hallaron que era toda la gente huida, y desde a buen rato pareci√≥ un hombre y mand√≥ el Almirante que lo dejasen asegurar, y volvieron las barcas. Y despu√©s de comer tom√≥ a enviar a tierra uno de los indios que llevaba, el cual desde lejos le dio voces diciendo que no hubiesen miedo porque era buena gente y no hac√≠an mal a nadie, ni eran del Gran Can, antes daban de lo suyo en muchas islas que hab√≠an estado; y ech√≥se a nadar el indio y fue a tierra, y dos de los de all√≠ lo tomaron de brazos y llev√°ronlo a una casa donde se informaron de √©l. Y como fueron ciertos que no se les hab√≠a de hacer mal, se aseguraron y vinieron luego a los nav√≠os m√°s de diecis√©is almad√≠as o canoas con algod√≥n hilado y otras cosillas suyas, de las cuales mand√≥ el Almirante que no se tomase nada, porque supiesen que no buscaba el Almirante salvo oro, al que ellos llamaban nucay. Y as√≠ en todo el d√≠a anduvieron y vinieron de tierra a los nav√≠os, y fueron de los cristianos a tierra muy seguramente. El Almirante no vio a alguno de ellos oro, pero dice el Almirante que vio a uno de ellos un pedazo de plata labrado colgado a la nariz, que tuvo por se√Īal que en la tierra hab√≠a plata. Dijeron por se√Īas que antes de tres d√≠as vendr√≠an muchos mercaderes de la tierra dentro a comprar de las cosas que all√≠ llevan los cristianos y dar√≠an nuevas del rey de aquella tierra, el cual, seg√ļn se pudo entender por las se√Īas que daban, que estaba de all√≠ cuatro jornadas, porque ellos hab√≠an enviado muchos por toda la tierra a le hacer saber del Almirante. ¬ęEsta gente -dice el Almirante- es de la misma calidad y costumbre de los otros hallados, sin ninguna secta que yo conozca, que hasta hoy aquestos que traigo no he visto hacer ninguno oraci√≥n, antes dicen la Salve y el Ave Mar√≠a, con las manos al cielo como le muestran, y hacen la se√Īal de la cruz. Toda la lengua tambi√©n es una y todos amigos, y creo que sean todas estas islas y que tengan guerra con el Gran Can, a que ellos llaman Cavila y a la provincia Bafan. Y as√≠ andan tambi√©n desnudos como los otros.¬Ľ Esto dice el Almirante. El r√≠o dice que es muy hondo, y en la boca pueden llegar los nav√≠os con el bordo hasta tierra; no llega el agua dulce a la boca con una legua, y es muy dulce. ¬ęY es cierto -dice el Almirante- que √©sta es la tierra firme y que estoy -dice √©l- ante Zait√≥n y Quinsay cien leguas poco m√°s o poco menos lejos de lo uno y de lo otro, y bien se muestra por la mar que viene de otra suerte que hasta aqu√≠ no ha venido, y ayer que iba al Noroeste hall√© que hac√≠a fr√≠o.¬Ľ

Viernes, 2 de noviembre

Acord√≥ el Almirante enviar dos hombres espa√Īoles: el uno se llamaba Rodrigo de Jerez, que viv√≠a en Ayamonte, y el otro era un Luis de Torres, que hab√≠a vivido con el Adelantado de Murcia y hab√≠a sido jud√≠o, y sab√≠a dice que hebraico y caldeo y aun algo ar√°bigo; y con √©stos envi√≥ dos indios, uno de los que consigo tra√≠a de Guanahan√≠ y el otro de aquellas casas que en el r√≠o estaban poblados. Di√≥les sartas de cuentas para comprar de comer si los faltase y seis d√≠as de t√©rmino para que volviesen. Di√≥les muestras de especier√≠a para ver si alguna de ellas topasen. Di√≥les instrucci√≥n de c√≥mo hab√≠an de preguntar por el rey de aquella tierra y lo que le hab√≠an de hablar de parte de los Reyes de Castilla, c√≥mo enviaban al Almirante para que les diese de su parte sus cartas y un presente y para saber de su estado y cobrar amistad con √©l y favorecerle en lo que hubiese de ellos menester, etc., y que supiesen de ciertas provincias y puertos y r√≠os de que el Almirante ten√≠a noticia y cu√°nto distaban de all√≠, etc. Aqu√≠ tom√≥ el Almirante el altura con un cuadrante esta noche, y hall√≥ que estaba 42 grados de la l√≠nea equinoccial, y dice que por su cuenta hall√≥ que hab√≠a andado desde la isla de Hierro mil y ciento y cuarenta y dos leguas, y todav√≠a afirma que aquella es tierra firme.

S√°bado, 3 de noviembre

En la ma√Īana entr√≥ en la barca el Almirante, y porque hace el r√≠o en la boca un gran lago, el cual hace un singular√≠simo puerto muy hondo y limpio de piedras, muy buena playa para poner nav√≠os a monte y mucha le√Īa, entr√≥ por el r√≠o arriba hasta llegar al agua dulce, que ser√≠a cerca de dos leguas, y subi√≥ en un montecillo por descubrir algo de la tierra, y no pudo ver nada por las grandes arboledas, las cuales eran muy frescas, odor√≠feras, por lo cual dicen no tener duda que no haya hierbas arom√°ticas. Dice que todo era tan hermoso lo que ve√≠a, que no pod√≠a cansar los ojos de ver tanta lindeza y los cantos de las aves y pajaritos. Vinieron en aquel d√≠a muchas almad√≠as o canoas a los nav√≠os a rescatar cosas de algod√≥n hilado y redes en que dorm√≠an, que son hamacas.

Domingo, 4 de noviembre

Luego, en amaneciendo, entr√≥ el Almirante en la barca, y sali√≥ a tierra a cazar de las aves que el d√≠a antes hab√≠a visto. Despu√©s de vuelto, vino a √©l Mart√≠n Alonso Pinz√≥n con dos pedazos de canela, y dijo que un portugu√©s que ten√≠a en su nav√≠o hab√≠a visto a un indio que tra√≠a dos manojos de ella muy grandes, pero que no se la os√≥ rescatar por la pena que el Almirante ten√≠a puesta que nadie rescatase. Dec√≠a m√°s: que aquel indio tra√≠a unas cosas bermejas como nueces. El contramaestre de la Pinta dijo que hab√≠a hallado √°rboles de canela. Fue el Almirante luego all√° y hall√≥ que no eran. Mostr√≥ el Almirante a unos indios de all√≠ canela y pimienta -parece que de la que llevaba de Castilla para muestra- y conoci√©ronla, dice que, y dijeron por se√Īas que cerca de all√≠ hab√≠a mucho de aquello al camino del Sudeste. Mostr√≥les oro y perlas, y respondieron ciertos viejos que en un lugar que llamaron Boh√≠o hab√≠a infinito y que lo tra√≠an al cuello y a las orejas y a los brazos y a las piernas, y tambi√©n perlas. Entendi√≥ m√°s: que dec√≠an que hab√≠a naos grandes y mercader√≠as, y todo esto era al Sudeste. Entendi√≥ tambi√©n que lejos de all√≠ hab√≠a hombres de un ojo y otros con hocicos de perros que com√≠an los hombres y que en tomando uno lo degollaban y le beb√≠an su sangre y le cortaban su natura. Determin√≥ de volver a la nao el Almirante a esperar los dos hombres que hab√≠a enviado para determinar de partirse a buscar aquellas tierras, si no trajesen aqu√©llos alguna buena nueva de lo que deseaban. Dice m√°s el Almirante: ¬ęEsta gente es muy mansa y muy temerosa, desnuda como dicho tengo, sin armas y sin ley. Estas tierras son muy f√©rtiles: ellos las tienen llenas de mames, que son como zanahorias, que tienen sabor de casta√Īas, y tienen faxones y habas muy diversas de las nuestras y mucho algod√≥n, el cual no siembran, y nacen por los montes √°rboles grandes, y creo que en todo tiempo lo hay para coger, porque vi los cogujos abiertos y otros que se abr√≠an y flores todo en un √°rbol, y otras mil maneras de frutas que me no es posible escribir; y todo debe ser cosa provechosa.¬Ľ Todo esto dice el Almirante.

Lunes, 5 de noviembre

En amaneciendo mand√≥ poner la nao a monte y los otros nav√≠os, pero no todos juntos, sino que quedasen siempre dos en el lugar donde estaban, por la seguridad, aunque dice que aquella gente era muy segura y sin temor se pudieran poner todos los nav√≠os juntos en monte. Estando as√≠ vino el contramaestre de la Ni√Īa a pedir albricias al Almirante porque hab√≠a hallado alm√°ciga, mas no tra√≠a la muestra porque se le hab√≠a ca√≠do. Prometi√≥selas el Almirante y envi√≥ a Rodrigo S√°nchez y a Maestre Diego a los √°rboles y trajeron un poco de ella, la cual guard√≥ para llevar a los Reyes y tambi√©n del √°rbol; y dice que se conoci√≥ que era alm√°ciga, aunque se ha de coger a sus tiempos, y que hab√≠a en aquella comarca para sacar mil quintales cada a√Īo. Hall√≥ dice que all√≠ mucho de aquel palo que le pareci√≥ li√Ī√°loe. Dice m√°s, que aquel puerto de Mares es de los mejores del mundo y mejores aires y m√°s mansa gente, y porque tiene un cabo de pe√Īa altillo se puede hacer una fortaleza, para que si aquello saliese rico y cosa grande estar√≠an all√≠ los mercaderes seguros de cualquiera otras nacienes. Y dice: ¬ęNuestro Se√Īor, en cuyas manos est√°n todas las victorias, aderezca todo lo que fuere a su servicio.¬Ľ Dice que dijo un indio por se√Īas que el alm√°ciga era buena para cuando les dol√≠a el est√≥mago.

Martes, 6 de noviembre

Ayer en la noche, dice el Almirante, vinieron los dos hombres que hab√≠a enviado a ver a la tierra dentro, y le dijeron c√≥mo hab√≠an andado doce leguas que hab√≠a hasta una poblaci√≥n de cincuenta casas, donde dice que hab√≠a mil vecinos, porque viven muchos en una casa. Estas casas son de manera de alfaneques grand√≠simos. Dijeron que los hab√≠an recibido con gran solemnidad, seg√ļn su costumbre, y todos, as√≠ hombres como mujeres, los ven√≠an a ver, y aposent√°ronlos en las mejores casas; los cuales los tocaban y les besaban las manos y los pies, maravill√°ndose y creyendo que ven√≠an del cielo, y as√≠ se lo daban a entender. D√°banles de comer de lo que ten√≠an. Dijeron que en llegando los llevaron de brazos los m√°s honrados del pueblo a la casa principal, y di√©ronles dos sillas en que se asentaron, y ellos todos se asentaron en el suelo en derredor de ellos. El indio que con ellos iba les notific√≥ la manera de vivir de los cristianos y c√≥mo eran buena gente. Despu√©s, sali√©ronse los hombres y entraron las mujeres, y sent√°ronse de la misma manera en derredor de ellos, bes√°ndoles las manos y los pies, atent√°ndolos si eran de carne y de hueso como ellos. Rog√°banles que se estuviesen all√≠ con ellos al menos por cinco d√≠as. Mostraron la canela y pimienta y otras especias que el Almirante les hab√≠a dado, y dij√©ronles por se√Īas que mucha de ella hab√≠a cerca de all√≠ al Sudeste; pero que en all√≠ no sab√≠an si la hab√≠a. Visto c√≥mo no ten√≠an recaudo de ciudades, se volvieron, y que si quisieran dar lugar a los que con ellos se quer√≠an venir, que m√°s de quinientos hombres y mujeres vinieran con ellos, porque pensaban que se volv√≠an al cielo. Vino empero, con ellos, un principal del pueblo y un su hijo y un hombre suyo. Habl√≥ con ellos el Almirante, h√≠zoles mucha honra, se√Īal√≥ muchas tierras e islas que hab√≠a en aquellas partes, pens√≥ de traerlos a los Reyes, y dice que no supo qu√© se le antoj√≥; parece que de miedo, y de noche oscuro quisose ir a tierra. Y el Almirante dice que porque ten√≠a la nao en seco en tierra, no le queriendo enojar, le dej√≥ ir, diciendo que en amaneciendo tornar√≠a; el cual nunca tom√≥. Hallaron los dos cristianos por el camino mucha gente que atravesaba a sus pueblos, mujeres y hombres, con un tiz√≥n en la mano, hierbas para tomar sus sahumerios que acostumbra. No hallaron poblaci√≥n por el camino de m√°s de cinco casas, y todas les hac√≠an el mismo acatamiento. Vieron muchas maneras de √°rboles e hierbas y flores odor√≠feras. Vieron aves de muchas maneras diversas de las de Espa√Īa, salvo perdices y ruise√Īores que cantaban y √°nsares, y de esto hay all√≠ harto; bestias de cuatro pies no vieron, salvo perros que no ladraban La tierra muy f√©rtil y muy labrada de aquellos mames y faxoes y habas muy diversas de las nuestras; eso mismo panizo y mucha cantidad de algod√≥n cogido e hilado y obrado, y que en una sola casa hab√≠an visto m√°s de quinientas arrobas y que se pudiera haber all√≠ cada a√Īo cuatro mil quintales. Dice el Almirante que le parec√≠a que no lo sembraban y que da fruto todo el a√Īo: es muy fino, tiene el capullo muy grande. Todo lo que aquella gente ten√≠a dice que daba por muy vil precio, y que una gran espuerta de algod√≥n daba por cabo de agujeta u otra cosa que se le d√©. Son gente, dice el Almirante, muy sin mal ni guerra: desnudos todos, hombres y mujeres, como su madre los pari√≥. Verdad es que las mujeres traen una cosa de algod√≥n solamente tan grande que les cobija su natura y no m√°s, y son ellas de muy buen acatamiento, ni muy negras, salvo menos que canarias. ¬ęTengo por dicho, seren√≠simos Pr√≠ncipes -dice el Almirante- que sabiendo la lengua dispuesta suya personas devotas religiosas, que luego todos se tornar√≠an cristianos; y as√≠ espero en Nuestro Se√Īor que Vuestras Altezas se determinar√°n a ello con mucha diligencia para tornar a la Iglesia tan grandes pueblos, y los convertir√°n, as√≠ como han destruido aquellos que no quisieron confesar el Padre y el Hijo y el Esp√≠ritu Santo; y despu√©s de sus d√≠as, que todos somos mortales, dejar√°n sus reinos en muy tranquilo estado y limpios de herej√≠a y maldad, y ser√°n bien recibidos delante del Eterno Criador, al cual plega de les dar larga vida y acrecentamiento grande de mayores reinos y se√Īor√≠os y voluntad y disposici√≥n para acrecentar la santa religi√≥n cristiana, as√≠ como hasta aqu√≠ tienen hecho, am√©n. Hoy tir√© la nao de monte y me despacho para partir el jueves en nombre de Dios e ir al Sudeste a buscar del oro y especier√≠as y descubrir tierra.¬Ľ Estas todas son palabras del Almirante, el cual pens√≥ partir el jueves; pero porque le hizo el viento contrario no pudo partir hasta doce d√≠as de noviembre.

Lunes, 12 de noviembre

Parti√≥ del puerto y r√≠o de Mares al rendir del cuarto de alba para ir a una isla que mucho afirmaban los indios que tra√≠a, que se llamaba Babeque, adonde, seg√ļn dicen por se√Īas, que la gente de ella coge el oro con candelas de noche en la playa, y despu√©s con martillo dice que hac√≠an vergas de ello, y para ir a ella era menester poner la proa al Este cuarta del Sudeste. Despu√©s de haber andado ocho leguas por la costa delante, hall√≥ un r√≠o que parec√≠a muy caudaloso y mayor que ninguno de los otros que hab√≠a hallado. No se quiso detener ni entrar en algunos de ellos por dos respectos: el uno y principal porque el tiempo y viento era bueno para ir en demanda de la dicha isla de Babeque; el otro, porque si en √©l hubiera alguna populosa o famosa ciudad cerca de la mar se pareciera, y para ir por el r√≠o arriba era menester nav√≠os peque√Īos, lo que no eran los que llevaban; y as√≠ se perdiera tambi√©n mucho tiempo, y los semejantes r√≠os son cosa para descubrirse por s√≠. Toda aquella costa era poblada mayormente cerca del r√≠o, a quien puso por nombre el r√≠o del Sol. Dijo que el domingo antes, 11 de noviembre, le hab√≠a parecido que fuera bien tomar algunas personas de las de aquel r√≠o para llevar a los Reyes porque aprendieran nuestra lengua, para saber lo que hay en la tierra y porque volviendo sean lenguas de los cristianos y tomen nuestras costumbres y las cosas de la Fe, ¬ęporque yo vi y conozco -dice el Almirante- que esta gente no tiene secta ninguna ni son id√≥latras, salvo muy mansos y sin saber qu√© sea mal ni matar a otros ni prender, y sin armas y tan temerosos que a una persona de los nuestros huyen ciento de ellos, aunque burlen con ellos, y cr√©dulos y conocedores que hay Dios en el cielo, y firmes que nosotros habemos venido del cielo, y muy presto a cualquiera oraci√≥n que nos les digamos que digan y hacen el se√Īal de la cruz. As√≠ que deben Vuestras Altezas determinarse a los hacer cristianos, que creo que si comienzan, en poco tiempo acabar√°n de los haber convertido a nuestra Santa Fe multidumbre de pueblos, y cobrando grandes se√Īor√≠os y riqueza y todos sus pueblos de la Espa√Īa, porque sin duda es en estas tierras grand√≠simas sumas de oro, que no sin causa dicen estos indios que yo traigo, que hay en estas islas lugares adonde cavan el oro y lo traen al pescuezo, a las orejas y a los brazos y a las piernas, y son manillas muy gruesas, y tambi√©n hay piedras y hay perlas preciosas e infinitas especier√≠as; y en este r√≠o de Mares, de donde part√≠ esta noche, sin duda hay grand√≠sima cantidad de alm√°ciga y mayor si mayor se quisiere hacer, porque los mismos √°rboles plant√°ndolos prenden de ligero y hay muchos y muy grandes y tienen la hoja como lentisco y el fruto, salvo que es mayor, as√≠ los √°rboles como la hoja, como dice Plinio, y yo he visto en la isla de X√≠o, en el Archipi√©lago, y mand√© sangrar muchos de estos √°rboles para ver si echar√≠an resma para traer, y como haya siempre llovido el tiempo que yo he estado en el dicho r√≠o, no he podido haber de ella, salvo muy poquita que traigo a Vuestras Altezas, y tambi√©n puede ser que conviene al tiempo que los √°rboles comienzan a salir del invierno y quieren echar la flor; y ac√° ya tienen el fruto casi maduro ahora. Y tambi√©n aqu√≠ se habr√≠a grande suma de algod√≥n y creo que se vender√≠a muy bien ac√° sin le llevar a Espa√Īa, salvo a las grandes ciudades del Gran Can que se des cubrir√°n sin duda y otras muchas de otros se√Īores que habr√°n en dicha servir a Vuestras Altezas, y adonde se les dar√°n de otras cosas de Espa√Īa y de las tierras de Oriente, pues √©stas son a nos en Poniente. Y aqu√≠ hay tambi√©n infinito li√Ī√°loe, aunque no es cosa para hacer gran caudal, mas del alm√°ciga es de entender bien, porque no la hay salvo en dicha isla de X√≠o, y creo que sacan de ello bien cincuenta mil ducados, si mal no me acuerdo. Y hay aqu√≠, en la boca de dicho r√≠o, el mejor puerto que hasta hoy vi, limpio y ancho y hondo y buen lugar y asiento para hacer una villa y fuerte, y que cualesquier nav√≠os se puedan llegar el bordo a los muros, y tierra muy temperada y alta y muy buenas aguas. As√≠ que ayer vino a bordo de la nao una almad√≠a con seis mancebos, y los cinco entraron en la nao; estos mand√© detener y los traigo. Y despu√©s envi√© a una casa que es de la parte del r√≠o del Poniente, y trajeron siete cabezas de mujeres entre chicas y grandes y tres ni√Īos. Esto hice porque mejor se comportan los hombres en Espa√Īa habiendo mujeres de su tierra que sin ellas, porque ya otras muchas veces se acaeci√≥ traer los hombres de Guinea para que aprendiesen la lengua en Portugal, y despu√©s que volv√≠an y pensaban de se aprovechar de ellos en su tierra por la buena compa√Ī√≠a que les hab√≠a hecho y d√°divas que se les hab√≠a dado, en llegando en tierra jam√°s parec√≠an. Otros no lo hac√≠an as√≠. As√≠ que, teniendo sus mujeres, tendr√°n ganas de negociar lo que se les encargare, y tambi√©n estas mujeres mucho ense√Īar√°n a los nuestros su lengua, la cual es toda una en todas estas islas de India, y todos se entienden y todas las andan con sus almad√≠as, lo que no han en Guinea, adonde es mil maneras de lenguas que la una no entiende la otra. Esta noche vino a bordo en una almad√≠a el marido de una de estas mujeres y padre de tres hijos, un macho y dos hembras, y dijo que yo le dejase venir con ellos, y a m√≠ me aplog√≥ mucho, y quedan ahora todos consolados con el que deben todos ser parientes, y √©l es ya hombre de cuarenta y cinco a√Īos.¬Ľ Todas estas palabras son formales del Almirante. Dice tambi√©n arriba que hac√≠a alg√ļn fr√≠o, y por esto que no le fuera buen consejo en invierno navegar al Norte para descubrir. Naveg√≥ este lunes, hasta el sol puesto, dieciocho leguas al Este cuarta del Sudeste hasta un cabo, al que puso por nombre el Cabo de Cuba.

Martes, 13 de noviembre

Esta noche toda estuvo a la corda, como dicen los marineros, que es andar barloventeando y no andar nada, por ver un abra, que es una abertura de sierras como entre sierra y sierra, que le comenz√≥ a ver al poner del sol, adonde se mostraban dos grand√≠simas monta√Īas, y parec√≠a que se apartaba la tierra de Cuba con aquella de Boh√≠o, y esto dec√≠an los indios que consigo llevaban, por se√Īas. Venido el d√≠a claro, dio las velas sobre la tierra y pas√≥ una punta que le pareci√≥ anoche obra de dos leguas, y entr√≥ en un grande golfo, cinco leguas al Sursudoeste, y le quedaban otras cinco para llegar al cabo adonde, en medio de dos grandes montes, hac√≠a un degollado, el cual no pudo determinar si era entrada de mar. Y porque deseaba ir a la isla que llamaban Babeque, adonde ten√≠a nueva, seg√ļn √©l entend√≠a, que hab√≠a mucho oro, la cual isla le sal√≠a al Este, como no vio alguna grande poblaci√≥n para ponerse al rigor del viento que le crec√≠a m√°s que nunca hasta all√≠, acord√≥ de hacerse a la mar y andar al Este con el viento que era Norte; y andaba ocho millas cada hora, y desde las diez del d√≠a que tom√≥ aquella derrota hasta el poner del sol anduvo cincuenta y seis millas, que son catorce leguas al Este, desde el Cabo de Cuba. Y de la otra tierra del Boh√≠o que le quedaba a sotaviento comenzando del cabo del sobredicho golfo, descubri√≥ a su parecer ochenta millas, que son veinte leguas, y corriase toda aquella costa Essueste y Oesnoroeste.

Miércoles, 14 de noviembre

Toda la noche de ayer anduvo al reparo y barloventeando (porque dec√≠a que no era raz√≥n de navegar entre aquellas islas de noche hasta que las hubiese descubierto), porque los indios que tra√≠a le dijeron ayer martes que habr√≠a tres jornadas desde el r√≠o de Mares hasta la isla de Babeque, que se debe entender jornadas de sus almad√≠as, que pueden andar siete leguas, y el viento tambi√©n le escaseaba, y habiendo de ir al Este no pod√≠a sino a la cuarta del Sudeste, y por otros inconvenientes que all√≠ refiere se hubo de detener hasta la ma√Īana. Al salir del sol determin√≥ de ir a buscar puerto, porque de Norte se hab√≠a mudado el viento al Nordeste, y si puerto no hallara fu√©rale necesario volver atr√°s a los puertos que dejaba en la isla de Cuba. Lleg√≥ a tierra habiendo andado aquella noche veinticuatro millas al Este cuarta del Sudeste. Anduvo al Sur... millas hasta tierra, adonde vio muchas entradas y muchas isletas y puertos, y porque el viento era mucho y la mar muy alterada no os√≥ acometer a entrar; antes corri√≥ por la costa al Noroeste cuarta del Oeste, mirando si hab√≠a puerto, y vio que hab√≠a muchos, pero no muy claros. Despu√©s de haber andado as√≠ sesenta y cuatro millas hall√≥ una entrada muy honda, ancha un cuarto de mu√≠a, y buen puerto y r√≠o, donde entr√≥ y puso la popa al Sursudoeste y despu√©s al Sur hasta llegar al Sudeste, todo de buena anchura y muy hondo, donde vio tantas islas que no las pudo contar todas, de buena grandeza y muy altas tierras llenas de diversos √°rboles de mil maneras e infinitas palmas. Maravill√≥se en gran manera al ver tantas islas y tan altas, y certifica a los Reyes que las monta√Īas que desde anteayer ha visto por estas costas y las de estas islas que le parece que no las hay m√°s altas en el mundo ni tan hermosas y claras, sin niebla ni nieve, y al pie de ellas grand√≠simo fondo; y dice que cree que estas islas son aquellas innumerables que en los mapamundos en fin de Oriente se ponen. Y dijo que cre√≠a que hab√≠a grand√≠simas riquezas y piedras preciosas y especier√≠a en ellas, y que duran muy mucho al Sur y se ensanchan a toda parte. P√ļsoles nombre la mar de Nuestra Se√Īora, y al puerto que est√° cerca de la boca de la entrada de las dichas islas puso puerto del Pr√≠ncipe, en el cual no entr√≥, mas de verlo desde fuera hasta otra vuelta que dio el s√°bado de la semana venidera, como all√≠ aparecer√°. Dice tantas y tales cosas de la fertilidad y hermosura y altura de estas islas que hail√≥ en este puerto, que dice a los Reyes que no se maravillen de encarecer√≠as tanto, porque les certifica que cree que no dice la cent√©sima parte: algunas de ellas que parec√≠a que llegan al cielo y hechas como puntas de diamantes; otras que sobre su gran altura tienen encima como una mesa y al pie de ellas fondo grand√≠simo, que podr√° llegar a ellas una grand√≠sima carraca todas llenas de arboledas y sin pe√Īas.

Jueves, 15 de noviembre

Acord√≥ de andar√≠as estas islas con las barcas de los nav√≠os, y dice maravillas de ellas y que hali√≥ alm√°ciga e infinito li√Ī√°loe, y algunas de ellas eran labradas de las ra√≠ces de que hacen su pan los indios, y hall√≥ haber encendido fuego en algunos lugares. Agua dulce no vio; gente hab√≠a alguna y huyeron. En todo lo que anduvo hall√≥ fondo de quince y diecis√©is brazas, y todo basa, que quiere decir que el suelo de abajo es arena y no pe√Īas, lo que mucho desean los marineros, porque las pe√Īas cortan los cables de las anclas de las naos.

Viernes, 16 de noviembre

Porque en todas las partes, islas y tierras donde entraba dejaba siempre puesta una cruz, entr√≥ en la barca y fue a la boca de aquellos puertos y en una punta de la tierra hall√≥ dos maderos muy grandes, uno m√°s largo que el otro y el uno sobre el otro hechos una cruz, que dice que un carpintero no los pudiera poner m√°s proporcionados; y, adorada aquella cruz, mand√≥ hacer de los mismos maderos una muy grande y alta cruz. Hall√≥ ca√Īas por aquella playa que no sab√≠a d√≥nde nac√≠an, y cre√≠a que las traer√≠a alg√ļn r√≠o y las echaba a la playa, y ten√≠a en esto raz√≥n. Fue a una ca√≠a dentro de la entrada del puerto de la parte del sudeste (ca√≠a es una entrada angosta que entra el agua del mar en la tierra): all√≠ hac√≠a un alto de piedra y pe√Īa como cabo y al pie de √©l era muy hondo, que la mayor carraca del mundo pudiera poner el bordo en tierra, y hab√≠a un lugar o rinc√≥n donde pod√≠an estar seis nav√≠os sin anclas como en una ca√≠a. Pareci√≥le que se pod√≠a hacer all√≠ una fortaleza a poca costa, si en alg√ļn tiempo en aquella mar de islas resultase alg√ļn rescate famoso. Volvi√©ndose a la nao, hall√≥ los indios que consigo tra√≠a que pescaban caracoles muy grandes que en aquellas mares hay, e hizo entrar la gente all√≠ y buscar si hab√≠a n√°caras, que son las ostras donde se cr√≠an las perlas, y hallaron muchas, pero no perlas, y atribuy√≥ a que no deb√≠a de ser el tiempo de ellas; que cre√≠a √©l que era por mayo y junio. Hallaron los marineros un animal que parec√≠a taso o taxo. Pescaron tambi√©n con redes y hallaron un pez, entre otros muchos, que parec√≠a un propio puerco, no como tonina, el cual dice que era todo concha muy tiesta y no ten√≠a cosa blanda sino la cola y los ojos, y un agujero debajo de ella para expeler sus superfluidades. Mand√≥lo salar para llevarlo que viesen los Reyes.

S√°bado, 17 de noviembre

Entr√≥ en la barca por la ma√Īana y fue a ver las islas que no hab√≠a visto por la banda del Sudoeste. Vio muchas otras y muy f√©rtiles y muy graciosas, y entre medio de ellas muy gran fondo: algunas de ellas divid√≠an arroyos de agua dulce, y cre√≠a que aquella agua y arroyos sal√≠an de algunas fuentes que manaban en los altos de las sierras de las islas. De aqu√≠ yendo adelante, hall√≥ una ribera de agua muy hermosa y dulce, y sal√≠a muy fr√≠a por lo enjuto de ella: hab√≠a un prado muy lindo y palmas muchas y alt√≠simas m√°s que las que hab√≠a visto. Hall√≥ nueces grandes de las de India, creo que dice, y ratones grandes de los de India tambi√©n y cangrejos grand√≠simos. Aves vio muchas y olor vehemente de almizque, y crey√≥ que lo deb√≠a de haber all√≠. Este d√≠a, de seis mancebos que tom√≥ en el r√≠o de Mares, que mand√≥ que fuesen en la carabela Ni√Īa, se huyeron los dos m√°s viejos.

Domingo, 18 de noviembre

Salió en las barcas otra vez con mucha gente de los navíos y fue a poner la gran cruz que había mandado hacer de los dichos dos maderos a la boca de la entrada de dicho puerto del Príncipe, en un lugar vistoso y descubierto de árboles: ella muy alta y muy hermosa vista. Dice que la mar crece y descrece allí mucho más que en otro puerto de lo que por aquella tierra haya visto, y que no es más maravilla por las muchas islas, y que la marea es al revés de las nuestras, porque allí la luna al Sudoeste cuarta del Sur es bajamar en aquel puerto. No partió de aquí por ser domingo.

Lunes, 19 de noviembre

Partió antes que el sol saliese y con calma; y después al medio día ventó algo el Este y navegó al Nornordeste. Al poner del sol le quedaba el puerto del Príncipe al Sursudoeste, y estaría de él siete leguas. Vio la isla de Babeque al Este justo, de la cual estaría sesenta millas. Navegó toda esta noche al Nordeste escaso, andaría sesenta millas y hasta las diez del día martes otras doce, que son por todas diez y ocho leguas, y al Nordeste cuarta del Norte.

Martes, 20 de noviembre

Quedábanle el Babeque o las islas del Babeque al Essueste, de donde salía el viento que llevaba contrario. Y viendo que no se mudaba y la mar se alteraba, determinó de dar la vuelta al puerto del Príncipe, de donde había salido, que le quedaba veinticinco leguas. No quiso ir a la isleta que llamó Isabela, que le estaba doce leguas, que pudiera ir a surgir aquel día, por dos razones. La una porque vio dos islas al Sur: las quería ver; la otra porque los indios que traía, que había tomado en Guanahaní, que llamó San Salvador, que estaba a ocho leguas de aquella Isabela, no se le fuesen, de los cuales dice que tiene necesidad y por traerlos a Castilla, etc. Tenían dice que entendido que en hallando oro los había el Almirante de dejar tornar a su tierra. Llegó en paraje del puerto del Príncipe; pero no lo pudo tomar, porque era de noche y porque le decayeron las corrientes al Noroeste. Tomó a dar la vuelta y puso la proa al Nordeste con viento recio; amansó y mudóse el viento al tercero cuarto de la noche, puso la proa en el Este cuarta del Nordeste: el viento era Sursudeste y mudóse al alba de todo en Sur, y tocaba en el Sudeste. Salido el sol marcó el puerto del Príncipe, y quedábale al Sudoeste y casi a la cuarta del Oeste, y estaría de él a cuarenta y ocho millas, que son doce leguas.

Miércoles, 21 de noviembre

Al sol salido naveg√≥ al Este con viento Sur; anduvo poco por la mar contraria. Hasta horas de v√≠speras hubo andado veinticuatro millas. Despu√©s se mud√≥ el viento al Este y anduvo al Sur cuarta del Sudeste, y al poner del sol hab√≠a andado doce millas. All√≠ se hall√≥ el Almirante en cuarenta y dos grados de la l√≠nea equinoccial a la parte del Norte, como en el puerto de Mares; pero aqu√≠ dice que tiene suspenso el cuadrante hasta llegar a tierra que lo adobe 118 Por manera que le parec√≠a que no deb√≠a distar tanto, y ten√≠a raz√≥n, porque no era posible como no est√©n estas islas sino en... 119 grados. Para creer que el cuadrante andaba bueno le mov√≠a ver dice que el Norte tan alto como en Castilla, y si esto es verdad mucho allegado y alto andaba con la Florida; pero ¬Ņd√≥nde est√°n luego ahora estas islas que entre manos tra√≠a? Ayudaba a esto que hacia dice que gran calor; pero claro es que si estuviera en la costa de Florida que no hubiera calor sino fr√≠o. Y es tambi√©n manifiesto que en cuarenta y dos grados en ninguna parte de la tierra se cree hacer calor, y si no fuese por alguna causa de per accidens, lo que hasta hoy no creo yo que se sabe. Por este calor que all√≠ el Almirante dice que padec√≠a, arguye que en estas Indias y por all√≠ donde andaba deb√≠a de haber mucho oro. Este d√≠a se apart√≥ Mart√≠n Alonso Pinz√≥n con la carabela Pinta, sin obediencia y voluntad del Almirante, por codicia, dice que pensando que un indio que el Almirante hab√≠a mandado poner en aquella carabela le hab√≠a de dar mucho oro, y as√≠ se fue sin esperar, sin causa de mal tiempo, sino porque quiso. Y dice aqu√≠ el Almirante: ¬ęotras muchas me tiene hecho y dicho¬Ľ

Jueves, 22 de noviembre

Miércoles en la noche navegó al Sur cuarta del Sudeste con el viento Este, y era casi calma. Al tercer cuarto ventó Nornordeste. Todavía iba al Sur por ver aquella tierra que por allí le quedaba, y cuando salió el sol se halló tan lejos como el día pasado por las corrientes contrarias, y quedábale la tierra a cuarenta millas. Esta noche Martín Alonso siguió el camino del Este para ir a la isla de Babeque, donde dicen los indios que hay mucho oro, el cual iba a vista del Almirante, y habría hasta él dieciséis millas. Anduvo el Almirante toda la noche la vuelta de tierra e hizo tomar algunas de las velas y tener farol toda la noche, porque le pareció que venía hacia él, y la noche hizo muy clara y el vientecillo bueno para venir a él.

Viernes, 23 de noviembre

Naveg√≥ el Almirante todo el d√≠a hacia la tierra, al Sur siempre, con poco viento, y la corriente nunca le dej√≥ llegar a ella, antes estaba hoy tan lejos de ella al poner del sol como en la ma√Īana. El viento era Esnordeste y razonable para ir al Sur, sino que era poco; y sobre este cabo encabalga otra tierra o cabo que va tambi√©n al Este, a quien aquellos indios que llevaba llamaban Boh√≠o, la cual dec√≠an que era muy grande y que hab√≠a en ella gente que ten√≠a un ojo en la frente, y otros que se llamaban can√≠bales, a quien mostraban tener gran miedo. Y desde que vieron que lleva este camino, dice que no pod√≠an hablar, porque los com√≠an y que son gente muy armada. El Almirante dice que bien cree que hab√≠a algo de ello, mas que, pues eran armados, ser√≠an gente de raz√≥n, y cre√≠a que habr√≠an cautivado algunos y que porque no volv√≠an dir√≠an que los com√≠an. Lo mismo cre√≠an de los cristianos y del Almirante al principio que algunos los vieron.

S√°bado, 24 de noviembre

Naveg√≥ aquella noche toda, y a la hora de tercia del d√≠a tom√≥ la tierra sobre la isla Llana, en aquel mismo lugar donde hab√≠a arribado la semana pasada cuando iba a la isla de Babeque. Al principio no os√≥ llegar a la tierra, porque le parec√≠a que aquella abra de sierras romp√≠a la mar mucho en ella. Y en fin lleg√≥ a la mar de Nuestra Se√Īora, donde hab√≠a las muchas islas, y entr√≥ en el puerto que est√° junto a la boca de la entrada de las islas, y dice que si √©l antes supiera este puerto y no se ocupara en ver las islas de la mar de Nuestra Se√Īora, no le fuera necesario volver atr√°s, aunque dice que lo da por bien empleado por haber visto las dichas islas. As√≠ que llegando a tierra envi√≥ la barca y tent√≥ el puerto y hall√≥ muy buena barra, honda de seis brazas hasta veinte y limpio, todo basa. Entr√≥ en √©l, poniendo la proa al Sudoeste y despu√©s volviendo al Oeste, quedando la isla Llana de la parte del Norte, la cual, con otra su vecina, hacen una laguna de mar en que cabr√≠an todas las naos de Espa√Īa y pod√≠an estar seguras, sin amarras, de todos los vientos. Y esta entrada de la parte del Sudeste, que se entra poniendo la proa al Sursudoeste, tiene la salida al Oeste muy honda y muy ancha; as√≠ que se puede pasar entremedio de las dichas islas; y por conocimiento de ellas a quien viniese de la mar de la parte del Norte, que es su traves√≠a de esta costa, est√°n las dichas islas al pie de una grande monta√Īa que es su longura de Este Oeste, y es harto luenga y m√°s alta y luenga que ninguna de todas las otras que est√°n en esta costa, adonde hay infinitas; y hace fuera una restinga al luengo de la dicha monta√Īa como un banco que llega hasta la entrada. Todo esto de la parte del Sudeste, y tambi√©n de la parte de la isla Llana hace otra restinga, aunque √©sta es peque√Īa, y as√≠ entremedias de ambas hay grande anchura y fondo grande, como dicho es. Luego a la entrada, a la parte del Sudeste, dentro en el mismo puerto, vieron un r√≠o grande y muy hermoso y de m√°s agua que hasta entonces hab√≠an visto, y que ven√≠a el agua dulce hasta la mar. A la entrada tiene un banco, mas despu√©s adentro es muy hondo de ocho y nueve brazas. Est√° todo lleno de palmas y de muchas arboledas como los otros.

Domingo, 25 de noviembre

Antes del sol salido entr√≥ en la barca y fue a ver un cabo o punta de tierra al Sudeste de la isleta Llana, obra de una legua y media, porque le parec√≠a que hab√≠a de haber alg√ļn r√≠o bueno. Luego, a la entrada del cabo de la parte del Sudeste, andando dos tiros de ballesta, vio venir un grande arroyo de muy linda agua que descend√≠a de una monta√Īa abajo y hac√≠a gran ruido. Fue al r√≠o y vio en √©l unas piedras relucir, con unas manchas en ellas de color de oro, y acord√°ndose que en el r√≠o Tejo, al pie de √©l, junto a la mar, se halla oro, y pareci√≥le que cierto deb√≠a tener oro, y mand√≥ coger ciertas de aquellas piedras para llevar a los Reyes. Estando as√≠ dan voces los mozos grumetes, diciendo que ve√≠an pinales Mir√≥ por la sierra y vi√≥los tan grandes y maravillosos que no pod√≠a encarecer su altura y derechura como husos gordos y delgados, donde conoci√≥ que se pod√≠an hacer nav√≠os e infinita tablaz√≥n y m√°stiles para las mayores naos de Espa√Īa. Vio robles y madro√Īos, y un buen r√≠o y aparejo para hacer sierras de agua. La tierra y los aires m√°s templados que hasta all√≠, por la altura y hermosura de las sierras. Vio por la playa muchas otras piedras de color de hierro, y otras que dec√≠an algunos que eran Ininas de plata, todas las cuales trae el r√≠o. All√≠ cogi√≥ una entena y m√°stil para la mesana de la carabela Ni√Īa. Lleg√≥ a la boca del r√≠o y entr√≥ en una cala al pie de aquel cabo de la parte del Sudeste muy honda y grande, en que cabr√≠an cien naos sin alguna amarra ni anclas; y el puerto, que los ojos otro tal nunca vieron. Las sierras alt√≠simas, de las cuales descend√≠an muchas aguas lind√≠simas; y todas las sierras llenas de pinos y por todo aquello divers√≠simas y hermos√≠simas florestas de √°rboles. Otros dos o tres r√≠os le quedaban atr√°s. Encarece todo esto en gran manera a los Reyes y muestra haber recibido de verlo, y mayormente los pinos, inestimable alegr√≠a y gozo, porque se pod√≠an hacer all√≠ cuantos nav√≠os desearen, trayendo los aderezos, si no fuere madera y pez, que all√≠ se har√° harta; y afirma no encarecerlo la cent√©sima parte de lo que es, y que plugo a Nuestro Se√Īor de le mostrar siempre una cosa mejor que otra, y siempre en lo que hasta aqu√≠ hab√≠a descubierto iba de bien en mejor, as√≠ en las tierras y arboledas y hierbas y frutos y flores como en las gentes, y siempre de diversa manera, y as√≠ en un lugar como en otro, lo mismo en los puertos y en las aguas. Y finalmente dice que, cuando el que lo ve le es tanta la admiraci√≥n, cu√°nto m√°s ser√° a quien lo oyere, y que nadie lo podr√° creer si no lo viere.

Lunes, 26 de noviembre

Al salir el sol levant√≥ las anclas del puerto de Santa Catalina, adonde estaba dentro de la isla Llana, y naveg√≥ de luengo de la costa con poco viento Sudoeste al camino del Cabo del Pico, que era al Sudeste. Lleg√≥ al Cabo tarde, porque le calm√≥ el viento, y, llegado, vio al Sudeste cuarta del Este otro cabo que estar√≠a de √©l sesenta millas, y de all√≠ vio otro cabo que estar√≠a hacia el nav√≠o al Sudeste cuarta del Sur, y pareci√≥le que estar√≠a de √©l veinte millas, al cual puso nombre el Cabo de Campana, al cual no pudo llegar de d√≠a porque le torn√≥ a calmar del todo el viento. Andar√≠a en todo aquel d√≠a treinta y dos millas, que son ocho leguas; dentro de las cuales not√≥ y marc√≥ nueve puertos muy se√Īalados, los cuales todos los marineros hac√≠an maravillas, y cinco r√≠os grandes, porque iba siempre junto con tierra para verlo bien todo. Toda aquella tierra es monta√Īas alt√≠simas muy hermosas, y no secas ni de pe√Īas sino todas andables y valles hermos√≠simos. Y as√≠ los valles como las monta√Īas eran llenos de √°rboles altos y frescos, que es gloria mirarlos, y parec√≠a que eran muchos pinales. Y tambi√©n detr√°s del dicho Cabo del Pico, de la parte del Sudeste, est√°n dos isletas que tendr√°n cada una en cerco dos leguas y dentro de ellas tres maravillosos puertos y dos grandes r√≠os. En toda esta costa no vio poblado ninguno desde la mar; podr√≠a ser haberlo, y hay se√Īales de ello, porque donde quiera que saltaban en tierra hallaban se√Īales de haber gente y fuegos muchos. Estimaba que la tierra que hoy vio de la parte Sudeste del Cabo de Campana era la isla que llamaban los indios Boh√≠o: par√©celo porque el dicho cabo est√° apartado de aquella tierra. Toda la gente que hasta hoy ha hallado dice que tiene grand√≠simo temor de los Caniba o Canima, y dicen que viven en esta isla de Boh√≠o, la cual debe ser muy grande, seg√ļn le parece y cree que van a tomar a aquellos a sus tierras y casas, como sean muy cobardes y no saber de armas. Y a esta causa le parec√≠a que aquellos indios que tra√≠a no suelen poblarse a la costa de la mar, por ser vecinos a esta tierra, los cuales dice que despu√©s que le vieron tomar la vuelta de esta tierra no pod√≠an hablar temiendo que los hab√≠an de comer, y no les pod√≠a quitar el temor, y dec√≠an que no ten√≠an sino un ojo y la cara de perro, y cre√≠a el Almirante que ment√≠an, y sent√≠a el Almirante que deb√≠an de ser del se√Īor√≠o del Gran Can, que los cautivaban.

Martes, 27 de noviembre

Ayer al poner del sol lleg√≥ cerca de un cabo, que llam√≥ Campana, y porque el cielo claro y el viento poco no quiso ir a tierra a surgir, aunque ten√≠a de sotavento cinco o seis puertos maravillosos, porque se deten√≠a m√°s de lo que quer√≠a por el apetito y deleitaci√≥n que ten√≠a y recib√≠a de ver y mirar la hermosura y frescura de aquellas tierras donde quiera que entraba, y por no se tardar en proseguir lo que pretend√≠a. Por estas razones se tuvo aquella noche a la corda y temporejar hasta el d√≠a. Y porque los aguajes y corrientes lo hab√≠an echado aquella noche m√°s de cinco o seis leguas al Sudeste adelante de donde hab√≠a anochecido y le hab√≠a parecido la tierra de Campana; y allende aquel cabo parec√≠a una grande entrada que mostraba dividir una tierra de otra y hac√≠a como isla en medio, acord√≥ volver atr√°s con viento Sudoeste, y vino adonde le hab√≠a parecido la abertura, y hall√≥ que no era sino una grande bah√≠a, y al cabo de ella, de la parte del Sudeste, un cabo, en el cual hay una monta√Īa alta y cuadrada que parec√≠a isla. Salt√≥ el viento en el Norte y tom√≥ a tomar la vuelta del Sudeste, por correr la costa y descubrir todo lo que all√≠ hubiese. Y vio luego al pie de aquel Cabo de Campana un puerto maravilloso y un gran r√≠o, y de all√≠ a un cuarto de legua otro r√≠o, y de all√≠ a media legua otro r√≠o, y dende a media legua otro r√≠o, y dende a otra otro r√≠o, y dende a otro cuarto, otro r√≠o, y dende a otra legua otro r√≠o grande, desde el cual hasta el Cabo de Campana habr√≠a veinte millas, y le quedaban al Sudeste. Y los m√°s de estos r√≠os ten√≠an grandes entradas y anchas y limpias, con sus puertos maravillosos para naos grand√≠simas, sin bancos de arena ni de pe√Īa ni restingas. Viniendo as√≠ por la costa a la parte del Sudeste del dicho postrero r√≠o hall√≥ una grande poblaci√≥n, la mayor que hasta hoy haya hallado, y vio venir infinita gente a la ribera de la mar dando grandes voces, todos desnudos, con sus azagayas en la mano. Dese√≥ hablar con ellos y amain√≥ las velas, y surgi√≥ y envi√≥ las barcas de la nao y de la carabela por manera ordenados que no hiciesen da√Īo alguno a los indios ni lo recibiesen, mandando que les diesen algunas cosillas de aquellos rescates. Los indios hicieron ademanes de no los dejar saltar en tierra y resistirlos. Y viendo que las barcas se allegaban m√°s a tierra y que no les hab√≠an miedo, se apartaron de la mar. Y creyendo que saliendo dos o tres hombres de las barcas no temieran, salieron dos cristianos diciendo que no hubiesen miedo en su lengua, porque sab√≠an algo de ella por la conversaci√≥n de los que traen consigo. En fin, dieron todos a huir, que ni grande ni chico qued√≥. Fueron los tres cristianos a las casas, que son de paja y de la hechura de las otras que hab√≠an visto, y no hallaron a nadie ni cosa en alguna de ellas. Volvi√©ronse a los nav√≠os y alzaron velas a mediod√≠a, para ir a un cabo hermoso que quedaba al Este, que habr√≠a hasta √©l ocho leguas. Habiendo andado media legua por la misma bah√≠a, vio el Almirante a la parte del Sur un singular√≠simo puerto, y de la parte del Sudeste unas tierras hermosas a maravilla, as√≠ como una vega montuosa dentro en estas monta√Īas, y parec√≠an grandes humos y grandes poblaciones en ella, y las tierras muy labradas; por lo cual determin√≥ de se bajar a este puerto y probar si pod√≠a haber lengua o pr√°ctica con ellos, el cual era tal que, si a los otros puertos hab√≠a alabado, √©ste dice que alababa m√°s con las tierras y templanza y comarca de ellas y poblaci√≥n. Dice maravillas de la lindeza de la tierra y de los √°rboles, donde hay pinos y palmas, y de la grande vega, que aunque no es llana de llano que va al Sursudeste, pero es llana de montes llanos y bajos, la m√°s hermosa cosa del mundo, y salen por ella muchas riberas de agua que descienden de estas monta√Īas. Despu√©s de surgida la nao, salt√≥ el Almirante en la barca para sondear el puerto, que es como una escudilla; y cuando fue frontero de la boca al Sur hall√≥ una entrada de un r√≠o que ten√≠a de anchura que pod√≠a entrar una galera por ella y de tal manera que no se ve√≠a hasta que se llegase a ella y, entrando por ella tanto como longura de la barca ten√≠a cinco brazas y de ocho de hondo. Andando por ella fue cosa maravillosa ver las arboledas y frescuras y el agua clar√≠sima y las aves y la amenidad, que dice que le parec√≠a que no quisiera salir de all√≠. Iba diciendo a los hombres que llevaba en su compa√Ī√≠a que para hacer relaci√≥n a los Reyes de las cosas que ve√≠an no bastaran mil lenguas a referirlo ni su mano para lo escribir, que le parec√≠a que estaba encantado. Deseaba que aquello vieran muchas otras personas prudentes y de cr√©dito, de las cuales dice ser cierto que no encarecieran estas cosas menos que √©l. Dice m√°s el Almirante aqu√≠ estas palabras: ¬ęCu√°nto ser√° el beneficio que de aqu√≠ se puede haber, yo no lo escribo. Es cierto, Se√Īores Pr√≠ncipes, que donde hay tales tierras que debe haber infinitas cosas de provecho, mas yo no me detengo en ning√ļn puerto, porque querr√≠a ver todas las m√°s tierras que yo pudiese para hacer relaci√≥n de ellas a Vuestras Altezas, y tambi√©n no s√© la lengua, y la gente de estas tierras no me entienden, ni yo ni otro que yo tenga a ellos. Y estos indios que yo traigo muchas veces les entiendo una cosa por otra al contrario, ni f√≠o mucho de ellos, porque muchas veces han probado a huir. Mas ahora, placiendo a Nuestro Se√Īor, ver√© lo m√°s que yo pudiere, y poco a poco andar√© entendiendo y conociendo y har√© ense√Īar esta lengua a personas de mi casa, porque veo que es toda lengua una hasta aqu√≠; y despu√©s se sabr√°n los beneficios y se trabajar√° de hacer todos estos pueblos cristianos porque de ligero se har√°, porque ellos no tienen secta ninguna ni son id√≥latras, y Vuestras Altezas mandar√°n hacer en estas partes ciudad y fortaleza y se convertir√°n estas tierras. Y certifico a Vuestras Altezas que debajo del sol no me parece que las pueda haber mejores en fertilidad, en temperancia de fr√≠o y calor, en abundancia de aguas buenas y sanas, y no como los r√≠os de Guinea, que son todos pestilencia, porque, loado Nuestro Se√Īor, hasta hoy de toda mi gente no ha habido persona que le haya mal de cabeza ni estado en cama por dolencia, salvo un viejo de dolor de piedra, de que √©l estaba toda su vida apasionado, y luego san√≥ al cabo de dos d√≠as. Esto que digo es en todos tres nav√≠os. As√≠ que placer√° a Dios que Vuestras Altezas enviar√°n ac√° o vendr√°n hombres doctos y ver√°n despu√©s la verdad de todo. Y porque atr√°s tengo hablado del sitio de villa y fortaleza en el r√≠o de Mares, por el buen puerto y por la comarca, es cierto que todo es verdad lo que yo dije, mas no hay ninguna comparaci√≥n de all√° aqu√≠, ni de la mar de Nuestra Se√Īora; porque aqu√≠ debe haber infra la tierra grandes poblaciones y gente innumerable y cosas de grande provecho, porque aqu√≠ y en todo lo otro descubierto y tengo esperanza de descubrir antes que yo vaya a Castilla, digo que tendr√° la cristiandad negociaci√≥n en ellas, cuanto m√°s la Espa√Īa, a quien debe estar sujeto todo. Y digo que Vuestras Altezas no deben consentir que aqu√≠ trate ni haga pie ning√ļn extranjero, salvo cat√≥licos cristianos, pues esto fue el fin y el comienzo del prop√≥sito, que fuese por acrecentamiento y gloria de la religi√≥n cristiana, ni venir a estas partes ninguno que no sea buen cristiano.¬Ľ Todas son sus palabras. Subi√≥ all√≠ por el r√≠o arriba y hall√≥ unos brazos del r√≠o, y, rodeando el puerto, hall√≥ a la boca del r√≠o estaban unas arboledas muy graciosas, como una muy deleitable huerta, y all√≠ hall√≥ una almad√≠a o canoa, hecha de un madero tan grande como una fusta de doce bancos, muy hermosa, varada debajo de una atarazana o ramada hecha de madera y cubierta de grandes hojas de palma, por manera que ni el sol ni el agua le pod√≠an hacer da√Īo. Y dice que all√≠ era el propio lugar para hacer una villa o ciudad y fortaleza por el buen puerto, buenas aguas y tierras, buenas comarcas y mucha le√Īa.

Miércoles, 28 de noviembre

Est√ļvose en aquel puerto aquel d√≠a porque llov√≠a y hac√≠a gran cerraz√≥n, aunque pod√≠a correr toda la costa con el viento, que era Sudoeste; y fuera a popa, pero porque no pudiera ver bien la tierra, y no sabi√©ndola es peligroso a los nav√≠os, no se parti√≥. Salieron a tierra la gente de los nav√≠os y entraron algunos de ellos un rato por la tierra adentro a lavar su ropa. Hallaron grandes poblaciones y las casas vac√≠as, porque se hab√≠an huido todos. Torn√°ronse por otro r√≠o abajo, mayor que aquel donde estaban en el puerto.

Jueves, 29 de noviembre

Porque llovía y el cielo estaba de la manera cerrado, no se partió. Llegaron algunos de los cristianos a otra población cerca de la parte de Noroeste, y no hallaron en las casas a nadie ni nada. Y en el camino toparon con un viejo que no les pudo huir; tomáronle y dijéronle que no le querían hacer mal, y diéronle algunas cosillas del rescate y dejáronlo. El Almirante quisiera verlo para vestirlo y tomar lengua de él, porque le contentaba mucho la felicidad de aquella tierra y disposición que para poblar en ella había, y juzgaba que debía de haber grandes poblaciones. Hallaron en una casa un pan de cera, que trajo a los Reyes, y dice que donde cera hay también debe haber otras mil cosas buenas. Hallaron también los marineros en una casa una cabeza de hombre dentro de un cestillo cubierto con otro cestillo y colgado de un poste de la casa, y de la misma manera hallaron otra en otra población.Creyó el Almirante que debía ser de algunos Principales de linaje, porque aquellas casas eran de manera que se acogen en ellas mucha gente en una sola, y deben ser parientes descendientes de uno solo.

Viernes, 30 de noviembre

No se pudo partir, porque el viento era Levante muy contrario a su camino. Envió ocho hombres bien armados y con ellos dos indios de los que traía, para que viesen aquellos pueblos de la tierra dentro y por haber lengua. Llegaron a muchas casas y no hallaron a nadie ni nada, que todos se habían huido. Vieron cuatro mancebos que estaban cavando en sus heredades. Así como vieron los cristianos dieron a huir; no los pudieron alcanzar. Anduvieron dice que mucho camino. Vieron muchas poblaciones y tierra fertilísima y toda labrada y grandes riberas de agua, y cerca de una vieron una almadía o canoa de noventa y cinco palmos de longura de un solo madero, muy hermosa, y que en ella cabrían y navegarían ciento cincuenta personas.

S√°bado, 1 de diciembre

No se parti√≥, por la misma causa del viento contrario y porque llov√≠a mucho. Asent√≥ una cruz grande a la entrada de aquel puerto que creo llam√≥ el Puerto Santo, sobre unas pe√Īas vivas. La punta es aquella que est√° a la parte del Sudeste, a la entrada del puerto, y quien hubiere de entrar en este puerto se debe llegar m√°s sobre la parte del Noroeste a aquella punta que sobre la otra del Sudeste; puesto que al pie de ambas, junto con la pe√Īa, hay doce brazas de hondo y muy limpio. M√°s a la entrada del puerto, sobre la punta del Sudeste, hay una baja que sobreagua, la cual dista de la punta tanto que se podr√≠a pasar entre medias, habiendo necesidad, porque al pie de la baja y del cabo todo es fondo de doce y de quince brazas, y a la entrada se ha de poner la proa al Sudoeste.

Domingo, 2 de diciembre

Todavía fue contrario el viento y no pudo partir; dice que todas las noches del mundo vienta terral, y que todas las naos que allí estuvieren no hayan miedo de toda la tormenta del mundo, porque no puede recalar dentro por una baja que está al principio del puerto, etc. En la boca de aquel río dice que halló un grumete ciertas piedras que parecen tener oro; trájolas para mostrar a los Reyes. Dice que hay por allí, a tiro de lombarda, grandes ríos.

Lunes, 3 de diciembre

Por causa de que hac√≠a siempre tiempo contrario, no part√≠a de aquel puerto, y acord√≥ de ir a ver un cabo muy hermoso un cuarto de legua del puerto de la parte del Sudeste. Fue con las barcas y alguna gente armada. Al pie del cabo hab√≠a una boca de un buen r√≠o, puesta la proa al Sudeste para entrar, y ten√≠a cien pasos de anchura; ten√≠a una braza de fondo a la entrada o en la boca; pero dentro hab√≠a doce brazas, y cinco, y cuatro, y dos, y cabr√≠an en √©l cuantos nav√≠os hay en Espa√Īa. Dejando un brazo de aquel r√≠o fue al Sudeste y hall√≥ una caleta en que vio cinco muy grandes almad√≠as que los indios llaman canoas, como fustas muy hermosas y labradas que dice era placer verlas, y al pie del monte vio todo labrado. Estaban debajo de √°rboles muy espesos, y yendo por un camino que sal√≠a a ellas fueron a dar a una atarazana muy bien ordenada y cubierta, que ni sol ni agua no les pod√≠a hacer da√Īo, y debajo de ella hab√≠a otra canoa hecha de un madero como las otras, como una fusta de diecisiete bancos. Era placer ver las labores que ten√≠a y su hermosura. Subi√≥ una monta√Īa arriba y despu√©s hall√≥la toda llana y sembrada de muchas cosas de la tierra y calabazas, que era gloria verla; y en medio de ella estaba una gran poblaci√≥n. Dio de s√ļbito sobre la gente del pueblo, y, como los vieron, hombres y mujeres dan de huir. Asegur√≥les el indio que llevaba consigo de los que tra√≠a, diciendo que no hubiesen miedo, que gente buena era. H√≠zolos dar el Almirante cascabeles y sortijas de lat√≥n y cuentezuelas de vidrio verdes y amarillas, con que fueron muy contentos, visto que no ten√≠an oro ni otra cosa preciosa y que bastaba dejarlos seguros y que toda la comarca era poblada y huidos los dem√°s de miedo (y certifica el Almirante a los Reyes que diez hombres hagan huir a diez mil: tan cobardes y medrosos son que ni traen armas, salvo unas varas, y en el cabo de ellas un palillo agudo tostado), acord√≥ volverse. Dice que las varas se las quit√≥ todas con buena ma√Īa, rescat√°ndoselas de manera que todas las dieron. Tornados adonde hab√≠an dejado las barcas, envi√≥ ciertos cristianos al lugar por donde subieron, porque le hab√≠a parecido que hab√≠a visto un gran colmenar. Antes de que viniesen los que hab√≠an enviado, ajunt√°ronse muchos indios y vinieron a las barcas donde ya se hab√≠a el Almirante recogido con su gente toda; uno de ellos se adelant√≥ en el r√≠o junto con la popa de la barca e hizo una grande pl√°tica que el Almirante no entend√≠a, salvo que los otros indios de cuando en cuando alzaban las manos al cielo y daban una grande voz. Pensaba el Almirante que lo aseguraban y que les plac√≠a de su venida; pero vio al indio que consigo tra√≠a demudarse la cara y amarillo como la cera, y temblaba mucho, diciendo por se√Īas que el Almirante se fuese fuera del r√≠o, que los quer√≠an matar, y lleg√≥se a un cristiano que ten√≠a una ballesta armada y mostr√≥la a los indios, y entendi√≥ el Almirante que los dec√≠a que los matar√≠an todos, porque aquella ballesta tiraba lejos y mataba. Tambi√©n tom√≥ una espada y la sac√≥ de la vaina, mostr√°ndola diciendo lo mismo; lo cual o√≠do por ellos dieron todos en huir, quedando todav√≠a temblando el dicho indio de cobard√≠a y poco coraz√≥n, y era hombre de buena estatura y recio. No quiso el Almirante salir del r√≠o; antes hizo remar en tierra hacia donde ellos estaban, que eran muy muchos, todos tintos de colorado y desnudos como su madre los pari√≥, y alguno de ellos con penachos en la cabeza y otras plumas, todos con sus manojos de azagayas. ¬ęLlegu√©me a ellos y diles algunos bocados de pan y demand√©les las azagayas, y d√°bales por ellas a unos un cascabelito, a otros una sortijuela de lat√≥n, a otros unas cuentezuelas; por manera que todos se apaciguaron y vinieron todos a las barcas y daban cuanto ten√≠an por cualquiera cosa que les daban. Los marineros hab√≠an muerto una tortuga y la c√°scara estaba en la barca en pedazos, y los grumetes d√°banles de ella como la una y los indios les daban un manojo de azagayas. Ellos son gente como los otros que he hallado -dice el Almirante-, y de la misma creencia, y cre√≠an que ven√≠amos del cielo; y de lo que tienen luego lo dan por cualquier cosa que les den, sin decir que es poco, y creo que as√≠ har√≠an de especier√≠a y de oro si lo tuviesen. Vi una casa hermosa no muy grande y de dos puertas, porque as√≠ son todas, y entr√© en ella y vi una obra maravillosa, como c√°maras hechas por una cierta manera que no lo sabr√≠a decir, y colgando al cielo de ella caracoles y otras cosas. Yo pens√© que era templo y los llam√© y dije por se√Īas si hac√≠an en ella oraci√≥n; dijeron que no, y subi√≥ uno de ellos arriba y me daba todo cuanto all√≠ hab√≠a, y de ello tom√© algo.¬Ľ

Martes, 4 de diciembre

H√≠zose a la vela con poco viento y sali√≥ de aquel puerto que nombr√≥ Puerto Santo. A las dos leguas vio un buen r√≠o de que ayer habl√≥. Fue de luengo de costa, y corr√≠ase toda la tierra, pasado el dicho cabo, Essueste y Oesnoroeste hasta el Cabo Lindo, que est√° al cabo del Monte al Este cuarta del Sudeste, y hay de uno a otro cinco leguas. Del cabo del Monte a legua y media hay un gran r√≠o algo angosto; pareci√≥ que ten√≠a buena entrada y era muy hondo. Y de all√≠ a tres cuartos de legua vio otro grand√≠simo r√≠o, y debe venir de muy lejos. En la boca ten√≠a cien pasos y en ella ning√ļn banco, y en la boca ocho brazas y buena entrada: porque lo envi√≥ a ver y sondar con la barca, y tiene el agua dulce hasta dentro en la mar, y es de los caudalosos que hab√≠a hallado, y debe haber grandes poblaciones. Despu√©s del Cabo Lindo hay una grande bah√≠a que ser√≠a buen paso por Esnordeste y Sudeste y Sur-sudoeste.

Miércoles, 5 de diciembre

Toda esta noche anduvo a la corda sobre el Cabo Lindo, adonde anocheci√≥ por ver la tierra que iba al Este; y al salir del sol vio otro cabo al Este a dos leguas y media. Pasado aqu√©l, vio que la costa volv√≠a al Sur y tomaba del Sudoeste, y vio luego un cabo muy hermoso y alto a la dicha derrota, y distaba de ese otro siete leguas. Quisiera ir all√°, pero por el deseo que ten√≠a de ir a la isla de Babeque, que le quedaba, seg√ļn dec√≠an los indios que llevaban, al Nordeste, lo dej√≥. Tampoco pudo ir al Babeque, porque el viento que llevaba era Nordeste. Yendo as√≠, mir√≥ al Sudeste y vio tierra y era una isla muy grande, de la cual ten√≠a dice que informaci√≥n de los indios, a que llamaban ellos Boh√≠o, poblada de gente. De esta gente dice que los de Cuba o Juana y de todas estas otras islas tienen gran miedo, porque dice que com√≠an los hombres. Otras cosas le contaban los dichos indios, por se√Īas, muy maravillosas: mas el Almirante no dice que las cre√≠a, sino que deb√≠an tener m√°s astucia y mejor ingenio los de aquella isla Boh√≠o para los cautivar que ellos, porque eran muy flacos de coraz√≥n. As√≠ que porque el tiempo era Nordeste y tomaba del Norte, determin√≥ dejar a Cuba o Juana, que hasta entonces hab√≠a tenido por tierra firme por su grandeza, porque bien habr√≠a andado en un paraje ciento y veinte leguas; y parti√≥ al Sudeste cuarta del Este. Puesto que la tierra que √©l hab√≠a visto se hac√≠a al Sudeste, daba este resguardo porque siempre el viento rodea el Norte para el Nordeste y de all√≠ al Este y Sudeste. Carg√≥ mucho el viento y llevaba todas sus velas, la mar llana y la corriente que le ayudaba, por manera que hasta la una despu√©s de medio d√≠a desde la ma√Īana hac√≠a de camino ocho millas por hora, y eran seis horas a√ļn no cumplidas, porque dice que all√≠ eran las noches cerca de quince horas. Despu√©s anduvo diez millas por hora; y as√≠ andar√≠a hasta poner del sol ochenta y ocho millas, que son veintid√≥s leguas, todo al Sudeste. Y porque se hac√≠a noche, mand√≥ a la carabela Ni√Īa que se adelantase para ver con el d√≠a el puerto, porque era velera, y llegando a la boca del puerto, que era como la bah√≠a de C√°diz, y porque era ya de noche, envi√≥ a su barca que sondease el puerto, la cual llev√≥ lumbre de candela; y antes que el Almirante llegase adonde la carabela estaba barloventeando y esperando que la barca le hiciese se√Īas para entrar en el puerto, apag√≥sele la lumbre a la barca. La carabela, como no vio lumbre, corri√≥ de largo e hizo lumbre al Almirante, y, llegado a ella, contaron lo que hab√≠a acaecido. Estando en esto, los de la barca hicieron otra lumbre: la carabela fue a ella, y el Almirante no pudo, y estuvo toda aquella noche barloventeando.

Jueves, 6 de diciembre

Cuando amaneci√≥, se hall√≥ cuatro leguas del puerto. P√ļsole nombre Puerto Mar√≠a, y vio un cabo hermoso al Sur cuarta del Sudoeste, al cual puso nombre Cabo de la Estrella, y pareci√≥le que era la postrera tierra de aquella isla hacia el Sur; y estar√≠a el Almirante de √©l veintiocho millas. Parec√≠ale otra tierra como isla no grande al Este, y estar√≠a de √©l a cuarenta millas. Qued√°bale otro cabo muy hermoso y bien hecho, a quien puso nombre Cabo del Elefante, al Este cuarta del Sudeste, y dist√°bale ya cincuenta y cuatro millas. Qued√°bale otro cabo al Essueste, al que puso nombre del Cabo Cinquin; estar√≠a de √©l veintiocho millas. Qued√°bale una gran escisura o abertura o abra a la mar, que le pareci√≥ ser r√≠o, al Sudeste, y tomaba de la cuarta del Este, habr√≠a de √©l a la abra veinte millas. Parec√≠ale que entre el Cabo del Elefante del de Cinquin hab√≠a una grand√≠sima entrada, y algunos de los marineros dec√≠an que era apartamiento de isla; a aqu√©lla puso por nombre la Isla de la Tortuga. Aquella isla grande parec√≠a alt√≠sima tierra, no cerrada con montes, sino rasa como hermosas campi√Īas, y parece toda labrada o grande parte de ella, y parec√≠an las sementeras como trigo en el mes de mayo en la campi√Īa de C√≥rdoba. Vi√©ronse muchos fuegos aquella noche, y de d√≠a muchos humos como atalayas, que parec√≠a estar sobre aviso de alguna gente con quien tuviesen guerra. Toda la costa de esta tierra va al Este. A hora de v√≠speras entr√≥ en el puerto dicho, y p√ļsole nombre Puerto de San Nicolao, porque era el d√≠a de San Nicol√°s, por honra suya, y a la entrada de √©l se maravill√≥ de su hermosura y bondad. Y aunque tiene mucho alabados los puertos de Cuba, pero sin duda dice √©l que no es menos √©ste, antes los sobrepuja y ninguno le es semejante. En boca y entrada tiene legua y media de ancho, y se pone la proa al Sursudeste, puesto que por la grande anchura se puede poner la proa adonde quisieren. Va de esta manera al Sursudeste dos leguas; y a la entrada de √©l por la parte del Sur se hace como una angla, y de all√≠ se sigue as√≠ igual hasta el cabo, adonde est√° una playa muy hermosa y un campo de √°rboles de mil maneras y todos cargados de frutas, que cre√≠a el Almirante ser de especier√≠a y nueces moscadas, sino que no estaban maduras y no se conoc√≠a, y un r√≠o en medio de la playa. El fondo de este puerto es maravilloso, que hasta llegar a la tierra en longura de una nao no lleg√≥ la sondaresa o plomada al fondo con cuarenta brazas, y hay hasta esta longura el fondo de quince brazas y muy limpio; y as√≠ es todo el dicho puerto de cada cabo, hondo dentro una pasada de tierra de quince brazas, y limpio; y de esta manera es toda la costa, muy hondable y limpia, que no parece una sola baja, y al pie de ella, tanto como longura de un remo de barca de tierra, tiene cinco brazas. Y despu√©s de la longura de dicho puerto, yendo al Sursudeste (en la cual longura pueden barloventear mil carracas), boj√≥ un brazo del puerto al Nordeste por la tierra dentro de una grande media legua, y siempre en una misma anchura, como que lo hicieran por un cordel; el cual queda de manera que, estando en aquel brazo, que ser√° de anchura de veinticinco pasos, no se puede ver la boca de la entrada grande, de manera que queda puerto cerrado, y el fondo de este brazo es as√≠ en el comienzo hasta el fin de once brazas, y todo base o arena limpia, y hasta tierra y poner los bordes en las hierbas tiene ocho brazas. Es todo el puerto muy airoso y desabahado, de √°rboles raso. Toda esta isla le pareci√≥ de m√°s pe√Īas que ninguna otra que haya hallado: los √°rboles m√°s peque√Īos, y muchos de ellos de la naturaleza de Espa√Īa, como carrascos y madro√Īos y otros, y lo mismo de las hierbas. Es tierra muy alta, y toda campi√Īa o rasa y de muy buenos aires, y no se ha visto tanto fr√≠o como all√≠, aunque no es de contar por fr√≠o, mas d√≠jolo al respecto de las otras tierras. Hacia enfrente de aquel puerto una hermosa vega, y en medio de ella el r√≠o susodicho; y en aquella comarca, dice, debe haber grandes poblaciones seg√ļn se ve√≠an las almad√≠as con que navegan tantas y tan grandes de ellas como una fusta de quince bancos. Todos los indios huyeron y hu√≠an como ve√≠an los nav√≠os. Los que consigui√≥ de las isletas tra√≠a, ten√≠an tanta gana de ir a su tierra que pensaba, dice el Almirante, que, despu√©s que se partiese de all√≠, los ten√≠a de llevar a sus casas, y que ya lo ten√≠an por sospechoso porque no llevaba el camino de su casa, por lo cual dice que ni les cre√≠a lo que le dec√≠an, ni los entend√≠a bien ni ellos a √©l, y dice que hab√≠an el mayor miedo del mundo de la gente de aquella isla. As√≠ que, por querer haber lengua con la gente de aquella isla, le fuera necesario detenerse algunos d√≠as en aquel puerto, pero no lo hacia por ver mucha tierra y por dudar que el tiempo le durar√≠a. Esperaba en Nuestro Se√Īor que los indios que tra√≠a sabr√≠an su lengua y √©l la suya, y despu√©s tornar√≠a, y hablar√° con aquella gente, y placer√° a Su Majestad, dice √©l, que hallar√° alg√ļn buen rescate de oro antes que vuelva.

Viernes, 7 de diciembre

Al rendir del cuarto del alba, dio las velas y sali√≥ de aquel Puerto de San Nicol√°s y naveg√≥ con el viento Sudoeste al Nordeste dos leguas, hasta un cabo que hace el Cheranero, y qued√°bale al Sudeste un angla y el Cabo de la Estrella al Sudoeste, y distaba del Almirante veinte y cuatro millas. De all√≠ naveg√≥ al Este, luengo de costa hasta el cabo Cinquin, que ser√≠a cuarenta y ocho millas; verdad es que las veinte fueron al Este cuarta del Nordeste, y aquella costa es tierra toda muy alta y muy grande fondo; hasta dar en tierra es de veinte y treinta brazas, y fuera tanto como un tiro de lombarda no se halla fondo, lo cual todo lo prob√≥ el Almirante aquel d√≠a por la costa, mucho a su placer con el viento Sudoeste. El angla que arriba dijo llega dice que al Puerto de San Nicol√°s tanto como tiro de una lombarda, que si aquel espacio se atajase y cortase quedar√≠a hecho isla, lo dem√°s bojar√≠a en el cerco tres o cuatro millas. Toda aquella tierra era muy alta y no de √°rboles grandes sino como carrascos y madro√Īos, propia, dice, que tierra de Castilla. Antes que llegase al dicho cabo de Cinquin con dos leguas, hall√≥ una anglezuela como la abertura de una monta√Īa, por la cual descubri√≥ un valle grand√≠simo, y violo todo sembrado como cebadas, y sinti√≥ que deb√≠a de haber en aquel valle grandes poblaciones, y a las espaldas de √©l hab√≠a grandes monta√Īas y muy altas. Y cuando lleg√≥ al Cabo de Cinquin, le demoraba el Cabo de la Tortuga al Nordeste, y habr√≠a treinta y dos millas, y sobre este Cabo Cinquin, a tiro de una lombarda, est√° una pe√Īa en la mar que sale en alto que se puede ver bien; y, estando el Almirante sobre dicho cabo, le demoraba el Cabo del Elefante al Este cuarta del Sudeste, y habr√≠a hasta √©l setenta millas, y toda tierra muy alta. Y a cabo de seis leguas hall√≥ una grande angla, y vio por la tierra dentro muy grandes valles y campi√Īas y monta√Īas alt√≠simas, todo a semejanza de Castilla. Y dende a ocho millas hall√≥ un r√≠o muy hondo, sino que era angosto, aunque bien pudiera entrar en √©l una carraca, y la boca todav√≠a sin banco ni bajas. Y dende a diecis√©is millas hall√≥ un puerto muy ancho y muy hondo, hasta no hallar fondo en la entrada ni a las bordas a tres pasos, salvo quince brazas, y va dentro un cuarto de legua. Y puesto que fuese a√ļn muy temprano, como la una despu√©s de mediod√≠a, y el viento era a popa y recio, pero porque el cielo mostraba querer llover mucho y hab√≠a gran cerraz√≥n, que es peligrosa aun para la tierra que se sabe, cuanto m√°s en la que no se sabe, acord√≥ entrar en el puerto, al cual llam√≥ Puerto de la Concepci√≥n, y sali√≥ a tierra en un r√≠o no muy grande que est√° al cabo del puerto, que viene por unas vegas y campi√Īas que era una maravilla ver su hermosura. Llev√≥ redes para pescar, y antes que llegase a tierra salt√≥ una lisa como las de Espa√Īa propia en la barca, que hasta entonces no hab√≠a visto peces que pareciesen a los de Castilla. Los marineros pescaron y mataron otras, y lenguados y otros peces como los de Castilla. Anduvo un poco por aquella tierra que es toda labrada, y oy√≥ cantar el ruise√Īor y otros pajaritos como los de Castilla. Vieron cinco hombres, mas no les quisieron aguardar sino huir. Hall√≥ array√°n y otros √°rboles y hierbas como los de Castilla, y as√≠ es la tierra y las monta√Īas.

S√°bado, 8 de diciembre

All√≠ en aquel puerto les llovi√≥ mucho con viento Norte muy recio: el puerto es seguro de todos los vientos excepto Norte, puesto que no le puede hacer da√Īo alguno, porque la resaca es grande, que no da lugar a que la nao vire sobre las amarras ni el agua del r√≠o. Despu√©s de medianoche se tom√≥ el viento al Nordeste y despu√©s al Este, de los cuales vientos es aquel puerto bien abrigado por la isla de la Tortuga, que est√° frontera treinta y seis millas.

Domingo, 9 de diciembre

Este d√≠a llovi√≥ e hizo tiempo de invierno como en Castilla por octubre. No hab√≠a visto poblaci√≥n sino una casa muy hermosa en el Puerto de San Nicol√°s, y mejor hecha que en otras partes de las que hab√≠a visto. La isla es muy grande, y dice el Almirante que no ser√° mucho que boje doscientas leguas: ha visto que es toda muy labrada; cre√≠a que deb√≠an ser las poblaciones lejos de la mar de donde ven cuando llegaba, y as√≠ hu√≠an todos y llevaban consigo todo lo que ten√≠an y hac√≠an ahumadas como gente de guerra. Este puerto tiene en la boca mil pasos, que es un cuarto de legua: en ella ni hay banco ni baja, antes no se halla casi fondo hasta en tierra a la orilla de la mar, y hacia dentro, en luengo, va tres mil pasos todo limpio y basa, que cualquiera nao puede surgir en √©l sin miedo y entrar sin resguardo. Al cabo de √©l tiene dos bocas de r√≠os que traen poca agua; enfrente de √©l hay unas vegas las m√°s hermosas del mundo y casi semejables a las tierras de Castilla, antes √©stas tienen ventaja, por lo cual puso nombre a la dicha isla la Isla Espa√Īola.

Lunes, 10 de diciembre

Vent√≥ mucho el Nordeste, e h√≠zole garrar las anclas medio cable, de que se maravill√≥ el Almirante, y ech√≥lo a que las anclas estaban mucho a tierra y ven√≠a sobre ella el viento. Y visto que era contrario para ir donde pretend√≠a, envi√≥ seis hombres bien aderezados de armas a tierra, que fuesen dos o tres leguas dentro en la tierra para ver si pudieran haber lengua. Fueron y volvieron no habiendo hallado gente ni casas: hallaron empero unas caba√Īas y caminos muy anchos y lugares donde hab√≠an hecho lumbre muchos; vieron las mejores tierras del mundo y hallaron √°rboles de alm√°ciga muchos, y trajeron de ella y dijeron que hab√≠a mucha, salvo que no es ahora el tiempo para cogerla, porque no cuaja.

Martes, 11 de diciembre

No parti√≥ por el viento, que todav√≠a era Este y Nordeste. Frontero de aquel puerto, como est√° dicho, est√° la isla de la Tortuga, y parece grande isla, y va la costa de ella casi como la Espa√Īola, y puede haber de la una a la otra, a lo m√°s, diez leguas; conviene a saber, desde el Cabo de Cinquin a la cabeza de la Tortuga; despu√©s la costa de ella se corre al Sur. Dice que quer√≠a ver el entremedio de estas dos islas por ver la isla Espa√Īola, que es la m√°s hermosa cosa del mundo, y porque, seg√ļn le dec√≠an los indios que tra√≠a, por all√≠ se hab√≠a de ir a la isla de Babeque, los cuales le dec√≠an que era isla muy grande y de muy grandes monta√Īas y r√≠os y valles, y dec√≠an que la isla de Boh√≠o era mayor que la Juana a que llaman Cuba, y que no est√° cercada de agua, y parece dar a entender ser tierra firme, que es aqu√≠ detr√°s de esta Espa√Īola, a que ellos llaman Caritaba, y que es cosa infinita, y casi traen raz√≥n que ellos sean trabajados de gente astuta, porque todas estas islas viven con gran miedo de los de Caniba, ¬ęy as√≠ torno a decir como otras veces dije -dice √©l- que Caniba no es otra cosa sino la gente del Gran Can, que debe ser aqu√≠ muy vecino, y tendr√° nav√≠os y vendr√°n a cautivarlos, y como no vuelven creen que se los han comido. Cada d√≠a entendemos m√°s a estos indios y ellos a nosotros, puesto que muchas veces hayan entendido uno por otro¬Ľ, dice el Almirante. Envi√≥ gente a tierra, hallaron mucha alm√°ciga sin cuajarse; dice que las aguas lo deben hacer, y que en X√≠o lo cogen por marzo, y que en enero la coger√≠an en aquestas tierras por ser tan templadas. Pescaron muchos pescados como los de Castilla, albures, salmones, pijotas, gallos, p√°mpanos, lisas, corvinas, camarones, y vieron sardinas; hallaron mucho li√Ī√°loe.

Miércoles, 12 de diciembre

No parti√≥ aqueste d√≠a, por la misma causa del viento contrario dicha. Puso una gran cruz a la entrada del puerto de la parte del Oeste, en un alto muy vistoso, ¬ęen se√Īal -dice √©l- que Vuestras Altezas tienen la tierra por suya, y principalmente por se√Īal de Jesucristo Nuestro Se√Īor y honra de la Cristiandad¬Ľ; la cual puesta, tres marineros meti√©ronse por el bosque a ver los √°rboles y hierbas, y oyeron un gran golpe de gente, todos desnudos como los de atr√°s, a los cuales llamaron y fueron tras ellos, pero dieron los indios a huir, y, finalmente tomaron una mujer, que no pudieron m√°s, ¬ęporque yo -dice √©l- les hab√≠a mandado que tomasen algunos para honrarlos y hacerles perder el miedo y si hubiesen alguna cosa de provecho, como no parece poder ser otra cosa seg√ļn la hermosura de la tierra; y as√≠ trajeron una mujer muy moza y hermosa a la nao, y habl√≥ con aquellos indios, porque todos ten√≠an una lengua¬Ľ. H√≠zola el Almirante vestir y diole cuentas de vidrio y cascabeles y sortija de lat√≥n y torn√≥la a enviar a tierra muy honradamente, seg√ļn su costumbre; envi√≥ algunas personas de la nao con ella, y tres de los indios que llevaba consigo, porque hablasen con aquella gente. Los marineros que iban en la barca, cuando la llevaban a tierra, dijeron al Almirante que ya no quisiera salir de la nao, sino quedarse con las otras mujeres indias que hab√≠a hecho tomar en el puerto de Mares de la isla Juana de Cuba. Todos estos indios que ven√≠an con aquella india dice que ven√≠an en una canoa, que es su carabela en que navegan, de alguna parte, y cuando asomaron a la entrada del puerto y vieron los nav√≠os, volvi√©ronse atr√°s y dejaron la canoa por all√≠ en alg√ļn lugar y fu√©ronse camino de su poblaci√≥n. Ella mostraba el paraje de la poblaci√≥n. Tra√≠a esta mujer un pedacito de oro en la nariz, que era se√Īal que hab√≠a en aquella isla oro.

Jueves, 13 de diciembre

Volvieron los tres hombres que hab√≠a enviado el Almirante con la mujer a tres horas de la noche, y no fueron con ella hasta la poblaci√≥n, porque les pareci√≥ lejos o porque tuvieron miedo. Dijeron que otro d√≠a vendr√≠a mucha gente a los nav√≠os, porque ya deb√≠an de estar asegurados por las nuevas que dar√≠a la mujer. El Almirante, con deseo de saber si hab√≠a alguna cosa de provecho en aquella tierra, y por haber alguna lengua con aquella gente por ser la tierra tan hermosa y f√©rtil, y tomasen gana de servir a los Reyes, determin√≥ de tornar a enviar a la poblaci√≥n, confiando en las nuevas que la india habr√≠a dado de los cristianos ser buena gente, para lo cual escogi√≥ nueve hombres bien aderezados de armas y aptos para semejante negocio, con los cuales fue un indio de los que tra√≠a. Estos fueron a la poblaci√≥n que estaba cuatro leguas y media al Sudeste, la cual hallaron en un grand√≠simo valle y vac√≠a, porque, como sintieron ir los cristianos, todos huyeron, dejando cuanto ten√≠an, la tierra dentro. La poblaci√≥n era de mil casas y de m√°s de mil hombres. El indio que llevaban los cristianos corri√≥ tras ellos dando voces, diciendo que no hubiesen miedo, que los cristianos no eran de Cariba, mas antes eran del cielo, y que daban muchas cosas hermosas a todos los que hallaban. Tanto les impresion√≥ lo que dec√≠a, que se aseguraron y vinieron juntos de ellos m√°s de dos mil, y todos ven√≠an a se√Īal de gran reverencia y amistad, los cuales estaban todos temblando hasta que mucho los aseguraron. Dijeron los cristianos que, despu√©s que ya estaban sin temor, iban todos a sus casas, y cada uno les tra√≠a de lo que ten√≠a de comer, que es pan de niames, que son unas ra√≠ces como r√°banos grandes que nacen, que siembran y nacen y plantan en todas sus tierras, y es su vida, y hacen de ellas pan y cuecen y asan y tienen sabor propio de casta√Īas, y no hay quien no crea comi√©ndolas que no sean casta√Īas. D√°banles pan y pescado y de lo que ten√≠an. Y porque los indios que tra√≠a en el nav√≠o ten√≠an entendido que el Almirante deseaba tener alg√ļn papagayo, parece que aquel indio que iba con los cristianos d√≠joles algo de esto, y as√≠ les trajeron papagayos y les daban cuanto les ped√≠an sin querer nada por ello. Rog√°banles que no se viniesen aquella noche y que les dar√≠an otras muchas cosas que ten√≠an en la sierra. Al tiempo que toda aquella gente estaba junto con los cristianos, vieron venir una gran batalla o multitud de gente con el marido de la mujer que hab√≠a el Almirante honrado y enviado, la cual tra√≠an caballera sobre sus hombros, y ven√≠an a dar gracias a los cristianos por la honra que el Almirante le hab√≠a hecho y d√°divas que le hab√≠a dado. Dijeron los cristianos al Almirante que era toda gente m√°s hermosa y de mejor condici√≥n que ninguna otra de las que hab√≠an hasta all√≠ hallado; pero dice el Almirante que no sabe c√≥mo puedan ser de mejor condici√≥n que las otras, dando a entender que todas las que hab√≠an en las otras islas hallado era de muy buena condici√≥n. Cuanto a la hermosura, dicen los cristianos que no hab√≠a comparaci√≥n, as√≠ en los hombres como en las mujeres, y que son blancos m√°s que los otros, y que entre los otros vieron dos mujeres mozas tan blancas como pod√≠an ser en Espa√Īa. Dijeron tambi√©n de la hermosura de las tierras que vieron, que ninguna comparaci√≥n tienen las de Castilla las mejores en hermosura y en bondad, y el Almirante as√≠ lo ve√≠a por las que ha visto y por las que ten√≠a presentes, y dec√≠anle que las que ve√≠a ninguna comparaci√≥n ten√≠an con aquellas de aquel valle, ni la campi√Īa de C√≥rdoba llegaba a aqu√©lla con tanta diferencia como tiene el d√≠a de la noche. Dec√≠an que todas aquellas tierras estaban labradas y que por medio de aquel valle pasaba un r√≠o muy ancho y grande que pod√≠a regar todas las tierras. Estaban todos los √°rboles verdes y llenos de fruta y las hierbas todas floridas y muy altas; los caminos muy anchos y buenos, los aires eran como en abril en Castilla, cantaba el ruise√Īor y otros pajaritos como en el dicho mes en Espa√Īa, que dicen que era la mayor dulzura del mundo. Las noches cantaban algunos pajaritos suavemente; los grillos y ranas se o√≠an muchas; los pescados como en Espa√Īa. Vieron muchos alm√°cigos y li√Ī√°loe y algodonales; oro no hallaron, y no es maravilla que en tan poco tiempo no se halle. Tom√≥ aqu√≠ el Almirante experiencia de qu√© horas era el d√≠a y la noche, y de sol a sol hall√≥ que pasaron veinte ampolletas, que son de a media hora, aunque dice que all√≠ puede haber defecto, o porque no la vuelven presto o deja de pasar algo. Dice tambi√©n que hall√≥ por el cuadrante que estaba de la l√≠nea equinoccial treinta y cuatro grados.

Viernes, 14 de diciembre

Sali√≥ de aquel Puerto de la Concepci√≥n con terral, y luego desde a poco calm√≥, y as√≠ lo experiment√≥ cada d√≠a de los que por all√≠ estuvo. Despu√©s vino viento Levante; naveg√≥ con √©l al Nornordeste, lleg√≥ a la isla de la Tortuga, vio una punta de ella que llam√≥ la Punta Pierna, que estaba al Esnordeste de la cabeza de la isla, y habr√≠a doce millas; y de all√≠ descubri√≥ otra punta que llam√≥ la Punta Lanzada, en la misma derrota del Nordeste, que habr√≠a diecis√©is millas. Y as√≠, desde la cabeza de la Tortuga hasta la Punta Aguda habr√≠a cuarenta y cuatro millas, que son once leguas al Esnordeste. En aquel camino hab√≠a algunos pedazos de playa grandes. Esta isla de la Tortuga es tierra muy alta, pero no monta√Īosa, y es muy hermosa y muy poblada de gente como la de la isla Espa√Īola, y la tierra as√≠ toda labrada, que parec√≠a ver la campi√Īa de C√≥rdoba. Visto que el viento le era contrario y no pod√≠a ir a la isla Baneque, acord√≥ tornarse al Puerto de la Concepci√≥n, de donde hab√≠a salido, y no pudo cobrar un r√≠o que est√° de la parte del Este del dicho puerto dos leguas.

S√°bado, 15 de diciembre

Sali√≥ del puerto de la Concepci√≥n otra vez para su camino, pero, en saliendo del puerto, vent√≥ Este recio su contrario, y tom√≥ la vuelta de la Tortuga hasta ella, y de all√≠ dio vuelta para ver aquel r√≠o que ayer quisiera ver y tomar y no pudo, y de esta vuelta tampoco lo pudo tomar, aunque surgi√≥ media legua de sotaviento en una playa, buen surgidero y limpio. Amarrados sus nav√≠os, fue con las barcas a ver el r√≠o, y entr√≥ por un brazo de mar que est√° antes de media legua, y no era la boca. Volvi√≥, y hall√≥ la boca que no ten√≠a a√ļn una braza, y ven√≠a muy recio; entr√≥ con las barcas por √©l, para llegar a las poblaciones que los que anteayer hab√≠a enviado hab√≠an visto, y mand√≥ echar la sirga en tierra, y, tirando los marineros de ella, subieron las barcas dos tiros de lombarda, y no pudo andar m√°s por la reciura de la corriente del r√≠o. Vio algunas cosas y el valle grande donde est√°n las poblaciones, y dijo que otra cosa m√°s hermosa no hab√≠a visto, por medio del cual valle viene aquel r√≠o. Vio tambi√©n gente a la entrada del r√≠o, mas todos dieron a huir. Dice m√°s, que aquella gente debe ser muy cazada, pues vive con tanto temor, porque en llegando que llegan a cualquier parte, luego hacen ahumadas de las atalayas por toda la tierra, y esto m√°s en esta isla Espa√Īola y en la Tortuga, que tambi√©n es grande isla, que en las otras que atr√°s dejaba. Puso nombre al valle Valle del Para√≠so, y al r√≠o Guadalquivir, porque dice que as√≠ viene tan grande como el Guadalquivir por C√≥rdoba, y a las veras o riberas de √©l, playa de piedras muy hermosas, y todo andable.

Domingo, 16 de diciembre

A la media noche, con el ventezuelo de tierra, dio las velas por salir de aquel golfo, y viniendo del bordo de la isla Espa√Īola yendo a la bolina, porque luego a hora de tercia vent√≥ Este, a medio golfo hall√≥ una canoa con un indio solo en ella, de que se maravillaba el Almirante c√≥mo se pod√≠a tener sobre el agua siendo el viento grande. H√≠zole meter en la nao a √©l y su canoa, y halagado, diole cuentas de vidrio, cascabeles y sortijas de lat√≥n y llev√≥lo en la nao hasta tierra a una poblaci√≥n que estaba de all√≠ diecis√©is millas junto a la mar, donde surgi√≥ el Almirante y hall√≥ buen surgidero en la playa junto a la poblaci√≥n, que parec√≠a ser de nuevo hecha, porque todas las casas eran nuevas. El indio fuese luego con su canoa a tierra, y da nuevas del Almirante y de los cristianos ser buena gente, puesto que ya las ten√≠an por lo pasado de las otras donde hab√≠an ido los seis cristianos; y luego vinieron m√°s de quinientos hombres, y desde a poco vino el rey de ellos, todos en la playa junto a los nav√≠os, porque estaban surgidos muy cerca de tierra. Luego uno a uno, y muchos a muchos, ven√≠an a la nao sin traer consigo cosa alguna, puesto que algunos tra√≠an algunos granos de oro fin√≠simo en las orejas y en la nariz, el cual luego daban de buena gana. Mand√≥ hacer honra a todos el Almirante, y dice √©l ¬ęporque son la mejor gente del mundo y m√°s mansa; y sobre todo, que tengo mucha esperanza en Nuestro Se√Īor que Vuestras Altezas los har√°n todos cristianos, y ser√°n todos suyos, que por suyos los tengo¬Ľ. Vio tambi√©n que el dicho rey estaba en la playa, y que todos le hac√≠an acatamiento. Envi√≥le un presente el Almirante, el cual dice que recibi√≥ con mucho estado, y que ser√≠a mozo de hasta veinti√ļn a√Īos, y que ten√≠a un ayo viejo y otros consejeros que le aconsejaban y respond√≠an, y que √©l hablaba muy pocas palabras. Uno de los indios que tra√≠a el Almirante habl√≥ con √©l, y le dijo c√≥mo ven√≠an los cristianos del cielo, y que andaba en busca de oro y quer√≠a ir a la isla de Baneque; y √©l respondi√≥ que bien era, y que en la dicha isla hab√≠a mucho oro; el cual mostr√≥, al alguacil del Almirante que le llev√≥ el presente, el camino que hab√≠an de llevar, y que en dos d√≠as ir√≠a de all√≠ a ella, y que si de su tierra hab√≠a menester algo lo dar√≠a de muy buena voluntad. Este rey y todos los otros andaban desnudos como sus madres los parieron, y as√≠ las mujeres, sin alg√ļn empacho, y son los m√°s hermosos hombres y mujeres que hasta all√≠ hubieron hallado: harto blancos, que si vestidos anduviesen y guardasen del sol y del aire, ser√≠an casi tan blancos como en Espa√Īa, porque esta tierra es harto fr√≠a y la mejor que lengua puede decir. Es muy alta, y sobre el mayor monte podr√≠an arar bueyes, y hecha toda a campi√Īas y valles. En toda Castilla no hay tierra que se pueda comparar a ella en hermosura y bondad. Toda esta isla y la de la Tortuga son todas labradas como la campi√Īa de C√≥rdoba. Tienen sembrado en ellas ajes, que son unos ramillos que planta, y al pie de ellos nacen unas ra√≠ces como zanahorias, que sirven por pan, y rallan y amasan y hacen pan con ellas, y despu√©s tornan a plantar el mismo ramillo en otra parte y torna a dar cuatro o cinco de aquellas ra√≠ces que son muy sabrosas, propio gusto de casta√Īa. All√≠ las hay m√°s gordas y buenas que hab√≠a visto en ninguna parte, porque tambi√©n dice que de aqu√©llas hab√≠a en Guinea. Las de aquel lugar eran tan gordas como la pierna, y aquella gente todos dicen que eran gordos y valientes y no flacos, como los otros que antes hab√≠a hallado, y de muy dulce conversaci√≥n, sin secta. Y los √°rboles de all√≠ dice que eran tan viciosos que las hojas dejaban de ser verdes y eran prietas de verdura. Era cosa de maravilla ver aquellos valles y los r√≠os y buenas aguas, y las tierras para pan, para ganados de toda suerte, de que ellos no tienen alguna, para huertas y para todas las cosas del mundo que el hombre sepa pedir. Despu√©s a la tarde vino el rey a la nao. El Almirante le hizo la honra que deb√≠a y le hizo decir c√≥mo era de los Reyes de Castilla, los cuales eran los mayores Pr√≠ncipes del mundo. Mas ni los indios que el Almirante tra√≠a, que eran los int√©rpretes, cre√≠an nada, ni el rey tampoco, sino cre√≠an que ven√≠an del cielo y que los reinos de los reyes de Castilla eran en el cielo y no en este mundo. Pusi√©ronle de comer al rey de las cosas de Castilla y √©l com√≠a un bocado y despu√©s d√°balo todo a sus consejeros y al ayo y a los dem√°s que meti√≥ consigo. ¬ęCrean Vuestras Altezas que estas tierras son en tanta cantidad y buenas y f√©rtiles y en especial √©stas de esta isla Espa√Īola, que no hay persona que lo sepa decir, y nadie lo puede creer si no lo viese. Y crean que esta isla y todas las otras son as√≠ suyas como Castilla, que aqu√≠ no falta salvo asiento y mandarles hacer lo que quisieren, porque yo con esta gente que traigo, que no son muchos, correr√≠a todas estas islas sin afrenta, que ya he visto s√≥lo tres de estos marineros descender en tierra y haber multitud de estos indios y todos huir, sin que les quisiesen hacer mal. Ellos no tienen armas, y son todos desnudos y de ning√ļn ingenio en las armas y muy cobardes, que mil no aguardar√≠an tres, y as√≠ son buenos para les mandar y les hacer trabajar, sembrar y hacer todo lo otro que fuere menester, y que hagan villas y se ense√Īen a andar vestidos y a nuestras costumbres.¬Ľ

Lunes, 17 de diciembre

Vent√≥ aquella noche reciamente viento Esnordeste; no se alter√≥ mucho la mar porque lo estorba y escuda la isla de la Tortuga que est√° frontero y hace abrigo. As√≠ estuvo all√≠ aqueste d√≠a. Envi√≥ a pescar los marineros con redes; holg√°ronse mucho con los cristianos los indios y traj√©ronles ciertas flechas de los Caniba o de los Can√≠bales, y son de las espigas de ca√Īas, e inj√©rtanles unos palillos tostados y agudos, y son muy largos. Mostr√°ronles dos hombres que les faltaban algunos pedazos de carne de su cuerpo e hici√©ronles entender que los can√≠bales los hab√≠an comido a bocados; el Almirante no lo crey√≥. Tom√≥ a enviar ciertos cristianos a la poblaci√≥n, y a trueque de cuentezuelas de vidrio rescataron algunos pedazos de oro labrado en hoja delgada. Vieron a uno que tuvo el Almirante por gobernador de aquella provincia, que llamaban cacique, un pedazo tan grande como la mano de aquella hoja de oro, y parec√≠a que lo quer√≠a rescatar; el cual se fue a su casa y los otros quedaron en la plaza. Y √©l hac√≠a hacer pedazuelos de aquella pieza, y trayendo cada vez un pedazuelo rescat√°balo. Despu√©s de que no hubo m√°s, dijo por se√Īas que √©l hab√≠a enviado a por m√°s y que otro d√≠a lo traer√≠an. ¬ęEstas cosas todas y la manera de ellos y sus costumbres y mansedumbre y consejo, muestra de ser gente m√°s despierta y entendida que otros que hasta all√≠ hubiese hallado¬Ľ, dice el Almirante. En la tarde vino all√≠ una canoa de la isla de la Tortuga con bien cuarenta hombres, y, llegando a la playa, toda la gente del pueblo que estaba junta se asentaron todos en se√Īal de paz, y algunos de la canoa y casi todos descendieron en tierra. El cacique se levant√≥ solo, y con palabras que parec√≠an de amenaza los hizo volver a la canoa y les echaba agua, y tomaba piedras de la playa y las echaba en el agua; y despu√©s que ya todos con mucha obediencia se pusieron y embarcaron en la canoa, √©l tom√≥ una piedra y la puso en la mano a mi alguacil para que la tirase, al cual yo hab√≠a enviado a tierra y al escribano y a otros para ver si tra√≠an algo que aprovechase, y el alguacil no les quiso tirar. All√≠ mostr√≥ mucho aquel cacique que se favorec√≠a con el Almirante. La canoa se fue luego, y dijeron al Almirante, despu√©s de ida, que en la Tortuga hab√≠a m√°s oro que en la isla Espa√Īola, porque es m√°s cerca de Baneque. Dijo el Almirante que no cre√≠a que en aquella isla Espa√Īola ni en la Tortuga hubiese minas de oro, sino que lo tra√≠an de Baneque, y que traen poco, porque no tienen aqu√©llos qu√© dar por ello, y aquella tierra es tan gruesa que no ha menester que trabajen mucho para sustentarse ni para vestirse, como anden desnudos. Y cre√≠a el Almirante que estaba muy cerca de la fuente, y que Nuestro Se√Īor le hab√≠a de mostrar d√≥nde nace el oro. Ten√≠a nueva que de all√≠ al Baneque hab√≠a cuatro jornadas, que podr√≠an ser treinta o cuarenta leguas, que en un d√≠a de buen tiempo se pod√≠a andar.

Martes, 18 de diciembre

Estuvo en aquella playa surto este d√≠a porque no hab√≠a viento y tambi√©n porque hab√≠a dicho el cacique que habr√≠a de traer oro, no porque tuviese en mucho al Almirante el oro, dice, que pod√≠a traer, pues all√≠ no hab√≠a minas, sino por saber mejor de d√≥nde lo tra√≠an. Luego en amaneciendo mand√≥ ataviar la nao y la carabela de armas y banderas por la fiesta que era este d√≠a de Santa Mar√≠a de la O, o conmemoraci√≥n de la Anunciaci√≥n. Tir√°ronse muchos tiros de lombardas, y el rey de aquella isla Espa√Īola, dice el Almirante, hab√≠a madrugado de su casa, que deb√≠a distar cinco leguas de all√≠, seg√ļn pudo juzgar, y lleg√≥ a la hora de tercia a aquella poblaci√≥n donde ya estaban algunos de la nao que el Almirante hab√≠a enviado para ver si venia oro; los cuales dijeron que ven√≠an con el rey m√°s de doscientos hombres y que lo tra√≠an en unas andas cuatro hombres, y era mozo como arriba se dijo. Hoy, estando el Almirante comiendo debajo del castillo, lleg√≥ a la nao con toda su gente. Y dice el Almirante a los Reyes: ¬ęSin duda pareciera bien a Vuestras Altezas su estado y acatamiento que todos le tienen, puesto que todos andan desnudos. El, as√≠ como entr√≥ en la nao, hall√≥ que estaba comiendo a la mesa debajo del castillo de popa, y √©l, a buen andar, se vino a sentar a par de m√≠ y no me quiso dar lugar que yo me saliese a √©l ni me levantase de la mesa, salvo que yo comiese. Yo pens√© que √©l tendr√≠a a bien comer de nuestras viandas; mand√© luego traerle cosas que √©l comiese. Y, cuando entr√≥ debajo del castillo, hizo se√Īas con la mano que todos los suyos quedasen fuera, y as√≠ lo hicieron con la mayor prisa y acatamiento del mundo, y se asentaron todos en la cubierta, salvo dos hombres de una edad madura, que yo estim√© por sus consejeros y ayo, que vinieron y se asentaron a sus pies, y de las viandas que yo le puse delante tomaba de cada una tanto como se toma para hacer la salva, y despu√©s luego lo dem√°s envi√°balo a los suyos, y todos com√≠an de ella; y as√≠ hizo en el beber, que solamente llegaba a la boca y despu√©s as√≠ lo daba a los otros, y todo con un estado maravilloso y muy pocas palabras, y aquellas que √©l dec√≠a, seg√ļn yo pod√≠a entender, eran muy asentadas y de seso, y aquellos dos le miraban a la boca y hablaban por √©l y con √©l y con mucho acatamiento. Despu√©s de comido, un escudero tra√≠a un cinto, que es propio como los de Castilla en la hechura, salvo que es de otra obra, que √©l tom√≥ y me lo dio, y dos pedazos de oro labrado que eran muy delgados, que creo que aqu√≠ alcanzan poco de √©l, puesto que tengo que est√°n muy vecinos de donde nace y hay mucho. Yo vi que le agradaba un arambel que yo ten√≠a sobre mi cama; yo se lo di y unas cuentas muy buenas de √°mbar que yo tra√≠a al pescuezo y unos zapatos colorados y una almatraja de agua de azahar, de que qued√≥ tan contento que fue maravilla; y √©l y su ayo y consejeros llevan grande pesar porque no me entend√≠an ni yo a ellos. Con todo, le conoc√≠ que me dijo que si me cumpliese algo de aqu√≠, que toda la isla estaba a mi mandar. Yo envi√© por unas cuentas m√≠as adonde por un se√Īal tengo un excelente de oro en que est√°n esculpidos Vuestras Altezas y se lo mostr√© y le dije otra vez como ayer que Vuestras Altezas mandaban y se√Īoreaban todo lo mejor del mundo, y que no hab√≠a tan grandes pr√≠ncipes; y le mostr√© las banderas reales y las otras de la Cruz, de que √©l tuvo en mucho; y qu√© grandes se√Īores ser√≠an Vuestras Altezas, dec√≠a √©l contra sus consejeros, pues de tan lejos y del cielo me hab√≠an enviado hasta aqu√≠ sin miedo. Y otras cosas muchas se pasaron que yo no entend√≠a, salvo que bien ve√≠a que todo ten√≠a a grande maravilla.¬Ľ Despu√©s que ya fue tarde y √©l se quiso ir, el Almirante le envi√≥ en la barca muy honradamente e hizo tirar muchas lombardas, y, puesto en tierra, subi√≥ en sus andas y se fue con sus m√°s de doscientos hombres; y a su hijo le llevaban atr√°s en los hombros de un indio, hombre muy honrado. A todos los marineros y gente de los nav√≠os donde quiera que los topaba les mandaba dar de comer y hacer mucha honra. Dijo un marinero que le hab√≠a topado en el camino y visto, que todas las cosas que le hab√≠a dado el Almirante y cada una de ellas llevaba delante del rey un hombre, a lo que parec√≠a de los m√°s honrados. Iba su hijo atr√°s del rey buen rato, con tanta compa√Ī√≠a de gente como √©l, y otro tanto un hermano del mismo rey, salvo que iba el hermano a pie y llev√°banlo del brazo dos hombres honrados. Este vino a la nao despu√©s del rey, el cual dio al Almirante algunas cosas de los dichos rescates, y all√≠ supo el Almirante que al rey llamaban en su lengua cacique. En este d√≠a se rescat√≥ dice que poco oro; pero supo el Almirante, de un hombre viejo, que hab√≠a muchas islas comarcanas a cien leguas y m√°s, seg√ļn pudo entender, en las cuales nace mucho oro, hasta decirle que hab√≠a isla que era todo oro, y en las otras que hay tanta cantidad que lo cogen y ciernen como con cedazos y lo funden y hacen vergas y mil labores: figuraba por se√Īas la hechura. Este viejo se√Īal√≥ al Almirante la derrota y el paraje donde estaba; determin√≥se el Almirante de ir all√°, y dijo que, si no fuera el dicho viejo tan principal persona de aquel rey, que lo detuviera y llevara consigo, o si supiera la lengua que se lo rogara, y cre√≠a, seg√ļn estaba bien con √©l y con los cristianos, que se fuera con √©l de buena gana. Pero, porque ten√≠a ya aquellas gentes por de los Reyes de Castilla y no era raz√≥n de hacerles agravio, acord√≥ de dejarlo. Puso una cruz muy poderosa en medio de la plaza de aquella poblaci√≥n, a lo cual ayudaron los indios mucho, e hicieron dice que oraci√≥n y la adoraron, y, por la muestra que dan, espera en Nuestro Se√Īor el Almirante que todas aquellas islas han de ser cristianas.

Miércoles, 19 de diciembre

Esta noche se hizo a la vela por salir de aquel golfo que hace all√≠ la isla de la Tortuga con la Espa√Īola, y siendo de d√≠a tom√≥ el viento Levante, con el cual todo este d√≠a no pudo salir de entre aquellas dos islas, y a la noche no pudo tomar un puerto que por all√≠ parec√≠a. Vio por all√≠ cuatro cabos de tierra y una grande bah√≠a y r√≠o, y de all√≠ vio una angla muy grande y ten√≠a una poblaci√≥n, y a las espaldas un valle entre muchas monta√Īas alt√≠simas, llenas de √°rboles, que juzg√≥ ser pinos, y sobre los Dos Hermanos hay una monta√Īa muy alta y gorda que va de Norte al Sudoeste, y del Cabo de Torres al Essueste est√° una isla peque√Īa, a la cual puso nombre Santo Tom√°s, porque es ma√Īana su vigilia. Todo el cerco de aquella isla tiene cabos y puertos maravillosos, seg√ļn juzgaba √©l desde la mar. Antes de la isla, de la parte del Oeste, hay un cabo que entra mucho en la mar alto y bajo, y por eso le puso nombre Cabo Alto y Bajo. Del camino de Torres al Este cuarta del Sudeste hay sesenta millas hasta una monta√Īa m√°s alta que otra, que entra en la mar, y parece desde lejos isla por s√≠, por un degollado que tiene de la parte de tierra; p√ļsole nombre Monte Caribata porque aquella provincia se llamaba Caribata. Es muy hermoso y lleno de √°rboles verdes y claros, sin nieve y sin niebla, y era entonces por all√≠ el tiempo, cuanto a los aires y templanza, como por marzo en Castilla, y en cuanto a los √°rboles y hierbas como por mayo; las noches dice que eran de catorce horas.

Jueves, 20 de diciembre

Hoy, al ponerse el sol, entr√≥ en un puerto que estaba entre la isla de Santo Tom√°s y el Cabo de Caribata, y surgi√≥. Este puerto es hermos√≠simo y cabr√≠an en √©l cuantas naos hay en cristianos: la entrada de √©l parece desde la mar imposible a los que no hubiesen en √©l entrado, por unas restingas de pe√Īas que pasan desde el monte hasta casi la isla, y no puestas por orden, sino unas ac√° y otras acull√°, unas a la mar y otras a la tierra; por lo cual es menester estar despiertos para entrar por unas entradas que tienen muy anchas y buenas para entrar sin temor, y todo muy hondo de siete brazas, y pasadas las restingas dentro hay doce brazas. Puede la nao estar con una cuerda cualquiera amarrada contra cualesquiera vientos que haya. A la entrada de este puerto dice que hab√≠a un canal, que queda a la parte del Oeste de una isleta de arena, y en ella muchos √°rboles, y hasta el pie de ella hay siete brazas; pero hay muchas bajas en aquella comarca, y conviene abrir el ojo hasta entrar en el puerto; despu√©s no hayan miedo a toda la tormenta del mundo. De aquel puerto se parec√≠a un valle grand√≠simo y todo labrado, que desciende a √©l del Sudeste, todo cercado de monta√Īas alt√≠simas que parecen que llegan al cielo, y hermos√≠simas, llenas de √°rboles verdes, y sin duda que hay all√≠ monta√Īas m√°s altas que la isla de Tenerife en Canaria, que es tenida por de las m√°s altas que puede hallarse. De esta parte de la isla de Santo Tom√°s est√° otra isleta a una legua, y dentro de ella otra, y en todas hay puertos maravillosos; mas cumple mirar por las bajas. Vio tambi√©n poblaciones y ahumadas que se hac√≠an.

Viernes, 21 de diciembre

Hoy fue con las barcas de los nav√≠os a ver aquel puerto; el cual vio ser tal que afirm√≥ que ninguno se le iguala de cuantos haya jam√°s visto, y exc√ļsase diciendo que ha loado los pasados tanto que no sabe c√≥mo lo encarecer, y que teme que sea juzgado por manifestar excesivo m√°s de lo que es verdad. A esto satisface diciendo: que √©l trae consigo marineros antiguos, y √©stos dicen y dir√°n lo mismo, y todos cuantos andan en la mar; conviene a saber, todas las alabanzas que ha dicho de los puertos pasados ser verdad, y ser √©ste muy mejor que todos ser asimismo verdad. Dice m√°s de esta manera: ¬ęYo he andado veintitr√©s a√Īos en la mar, sin salir de ella tiempo que se haya de contar, y vi todo el Levante y Poniente, que hice por ir al camino de Septentri√≥n, que es Inglaterra, y he andado la Guinea, mas en todas estas partidas no se hallar√≠a la perfecci√≥n de los puertos... hallado siempre lo... mejor que el otro, que yo con buen tiento miraba mi escribir, y torno a decir que afirmo haber bien escrito, y que ahora √©ste es sobre todos y cabr√≠an en √©l todas las naos del mundo, y cerrado, que con una cuerda, la m√°s vieja de la nao, la tuviese amarrada.¬Ľ Desde la entrada hasta el fondo habr√° cinco leguas. Vio unas tierras muy labradas, aunque todas son as√≠, y mand√≥ salir dos hombres fuera de las barcas que fuesen a un alto para que viesen si hab√≠a poblaci√≥n, porque de la mar no se ve√≠a ninguna; puesto que aquella noche, cerca de las diez horas, vinieron a la nao en una canoa ciertos indios a ver al Almirante y a los cristianos por maravilla, y les dio de los rescates, con que se holgaron mucho. Los dos cristianos volvieron y dijeron d√≥nde hab√≠an visto una poblaci√≥n grande, un poco desviada de la mar. Mand√≥ el Almirante remar hacia la parte donde la poblaci√≥n estaba hasta llegar cerca de tierra, y vio unos indios que ven√≠an a la orilla de la mar, y parec√≠a que ven√≠an con temor, por lo cual mand√≥ detener las barcas y que les hablasen los indios que tra√≠a en la nao, que no les har√≠a mal alguno. Entonces se allegaron m√°s a la mar, y el Almirante m√°s a tierra; y despu√©s que del todo perdieron el miedo, ven√≠an tantos que cubr√≠an la tierra, dando mil gracias, as√≠ hombres como mujeres y ni√Īos; los unos corr√≠an de ac√° y los otros de all√° a nos traer pan que hacen de niames, que ellos llaman ajes, que es muy blanco y bueno, y nos tra√≠an agua en calabazas y en c√°ntaros de barro de la hechura de los de Castilla, y nos tra√≠an cuanto en el mundo ten√≠an y sab√≠an que el Almirante quer√≠a, y todo con un coraz√≥n tan largo y tan contento que era maravilla; ¬ęy no se diga que porque lo que daban val√≠a poco por eso lo daban liberalmente -dice el Almirante-, porque lo mismo hac√≠an y tan liberalmente los que daban pedazos de oro como los que daban la calabaza de agua; y f√°cil cosa es de conocer -dice el Almirante- cu√°ndo se da una cosa con muy deseoso coraz√≥n de dar¬Ľ. Estas son sus palabras: ¬ęEsta gente no tiene varas ni azagayas ni otras ningunas armas, ni los otros de toda esta isla, y tengo que es grand√≠sima: son as√≠ desnudos como su madre los pari√≥, as√≠ mujeres como hombres, que en las otras tierras de la Juana y las otras de las otras islas tra√≠an las mujeres delante de s√≠ unas cosas de algod√≥n con que cobijan su natura, tanto como una bragueta de calzas de hombre, en especial despu√©s que pasan de edad de doce a√Īos; mas aqu√≠ ni moza ni vieja; y en los otros lugares todos los hombres hac√≠an esconder sus mujeres de los cristianos por celos, m√°s all√≠ no, y hay muy lindos cuerpos de mujeres, y ellas las primeras que ven√≠an a dar gracias al cielo y traer cuanto ten√≠an, en especial cosas de comer, pan de ajes y gonza avellanada y de cinco o seis maneras frutas¬Ľ, de los cuales mand√≥ curar el Almirante para traer a los Reyes. No menos dice que hac√≠an las mujeres en las otras partes antes que se escondiesen, y el Almirante mandaba en todas partes estar todos los suyos sobre aviso que no enojasen a alguno en cosa ninguna y que nada les tomasen contra su voluntad, y as√≠ les pagaban todo lo que de ellos recib√≠an. Finalmente -dice el Almirante- que no puede creer que hombre haya visto gente de tan buenos corazones y francos para dar y tan temerosos, que ellos se deshac√≠an todos por dar a los cristianos cuanto ten√≠an y, en llegando los cristianos, luego corr√≠an a traerlo todo. Despu√©s envi√≥ el Almirante seis cristianos a la poblaci√≥n para que la viesen qu√© era, a los cuales hicieron cuanta honra pod√≠an y sab√≠an y les daban cuanto ten√≠an, porque ninguna duda les queda, sino que cre√≠an que el Almirante y toda su gente hab√≠an venido del cielo: lo mismo cre√≠an los indios que consigo el Almirante tra√≠a de las otras islas, puesto que ya se les hab√≠a dicho lo que deb√≠an de tener. Despu√©s de haber ido los seis cristianos, vinieron ciertas canoas con gente a rogar al Almirante, de parte de un se√Īor, que fuese a su pueblo cuando de all√≠ se partiese. (Canoa es una barca en que navegan, y son de ellas grandes y de ellas peque√Īas). Y visto que el pueblo de aquel se√Īor estaba en el camino sobre una punta de tierra, esperando con mucha gente al Almirante, fue all√°, y antes que se partiese vino a la playa tanta gente que era espanto, hombres y mujeres y ni√Īos, dando voces que no se fuese sino que se quedase con ellos. Los mensajeros del otro se√Īor que hab√≠a venido a convidar estaban aguardando con sus canoas, porque no se fuese sin ir a ver al se√Īor, y as√≠ lo hizo, y, en llegando que lleg√≥ el Almirante adonde aquel se√Īor le estaba esperando, y ten√≠an muchas cosas de comer, mand√≥ asentar toda su gente; manda que lleven lo que ten√≠a de comer a las barcas donde estaba el Almirante, junto a la orilla de la mar. Y como vio que el Almirante hab√≠a recibido lo que le hab√≠an llevado, todos o los m√°s de los indios dieron a correr al pueblo, que deb√≠a estar cerca, para traerle m√°s comida y papagayos y otras cosas de lo que ten√≠an, con tan franco coraz√≥n que era maravilla. El Almirante les dio cuentas de vidrio y sortijas de lat√≥n y cascabeles, no porque ellos demandasen algo, sino porque le parec√≠a que era raz√≥n, y sobre todo -dice el Almirante- porque los tiene ya por cristianos y por de los Reyes de Castilla m√°s que las gentes de Castilla; y dice que otra cosa no falta, salvo saber la lengua y mandarles, porque todo lo que se les mandare har√°n sin contradicci√≥n alguna. Parti√≥se de all√≠ el Almirante para los nav√≠os, y los indios daban voces, as√≠ hombres como mujeres y ni√Īos, que no se fuesen y se quedasen con ellos los cristianos. Despu√©s que se part√≠an ven√≠an tras ellos a la nao canoas llenas de ellos, a los cuales hizo hacer mucha honra y darles de comer y otras cosas que llevaron. Hab√≠a tambi√©n venido antes otro se√Īor de la parte del Oeste, y aun a nado ven√≠an muy mucha gente, y estaba la nao m√°s de grande media legua de tierra. El se√Īor que dije se hab√≠a tornado; envi√≥le ciertas personas para que le viesen y le preguntasen de estas islas; y los recibi√≥ muy bien, y los llev√≥ consigo a su pueblo para darles ciertos pedazos grandes de oro, y llegaron a un gran r√≠o, el cual los indios pasaron a nado: los cristianos no pudieron y as√≠ se tornaron. En toda esta comarca hay monta√Īas alt√≠simas que parecen llegar al cielo, que la de la isla de Tenerife parece nada en comparaci√≥n de ellas en altura y en hermosura, y todas son verdes, llenas de arboledas que es una cosa de maravilla. Entre medio de ellas hay vegas muy graciosas, y al pie de este puerto al Sur hay una vega tan grande que los ojos no pueden llegar con la vista al cabo, sin que tenga impedimento de monta√Īa, que parece que debe tener quince o veinte leguas, por la cual viene un r√≠o, y es toda poblada y labrada y est√° tan verde ahora como si fuera en Castilla por mayo o por junio, puesto que las noches tienen catorce horas y sea la tierra tanto septentrional. As√≠, este puerto es muy bueno para todos los vientos que puedan ventar, cerrado y hondo y todo poblado de gente muy buena y mansa y sin armas buenas ni malas, y puede cualquier nav√≠o estar sin miedo en √©l que otros nav√≠os que vengan de noche a le saltear, porque, puesto que la boca sea bien ancha de m√°s de dos leguas, es muy cerrada de dos restingas de piedra que escasamente la ven sobre agua, salvo una entrada muy angosta en esta restinga, que no parece sino que fue hecho a mano y que dejaron una puerta abierta cuanto los nav√≠os puedan entrar. En la boca hay siete brazas de fondo hasta el pie de una isleta llana que tiene una playa y √°rboles; al pie de ella de la parte del Oeste tiene la entrada, y se puede llegar una nao sin miedo hasta poner el borde junto a la pe√Īa. Hay de la parte del Noroeste tres islas y un gran r√≠o a una legua del cabo de este puerto; es el mejor del mundo; p√ļsole nombre el Puerto de la Mar de Santo Tom√°s, porque era hoy su d√≠a: d√≠jole mar por su grandeza.

S√°bado, 22 de diciembre

En amaneciendo, dio las velas para ir su camino a buscar las islas que los indios le dec√≠an que ten√≠an mucho oro, y de algunas que ten√≠an m√°s oro que tierra; no le hizo tiempo y hubo de tornar a surgir, y envi√≥ la barca a pescar con la red. El se√Īor de aquella tierra, que ten√≠a un lugar cerca de all√≠, le envi√≥ una grande canoa llena de gente, y en ella un principal criado suyo a rogar al Almirante que fuese con los nav√≠os a su tierra y que le dar√≠a cuanto tuviese. Envi√≥le con aqu√©l un cinto que, en lugar de bolsa, tra√≠a una car√°tula que ten√≠a dos orejas grandes de oro de martillo, y la lengua y la nariz. ¬ęY como sea esta gente de muy buen coraz√≥n, que cuanto le piden dan con la mejor voluntad del mundo, les parece que pidi√©ndoles algo les hacen grande merced¬Ľ: esto dice el Almirante. Toparon la barca y dieron el cinto a un grumete, y vinieron con su canoa a bordo de la nao con su embajada. Primero que los entendiesen, pas√≥ alguna parte del d√≠a; ni los indios que √©l tra√≠a los entend√≠an bien, porque tienen alguna diversidad de vocablos en nombres de las cosas. En fin, acab√≥ de entender por se√Īas su convite. El cual determin√≥ de partir el domingo para all√°, aunque no sol√≠a partir de puerto en domingo, s√≥lo por su devoci√≥n y no por superstici√≥n alguna; pero con esperanza, dice √©l, que aquellos pueblos han de ser cristianos por la voluntad que muestran y de los Reyes de Castilla, y porque los tiene ya por suyos y porque le sirvan con amor, les quiere y trabaja hacer todo placer. Antes que partiese hoy, envi√≥ seis hombres a una poblaci√≥n muy grande, tres leguas de all√≠ de la parte del Oeste, porque el se√Īor de ella vino el d√≠a pasado al Almirante y dijo que ten√≠a ciertos pedazos de oro. En llegando all√° los cristianos, tom√≥ el se√Īor de la mano al escribano del Almirante, que era uno de ellos, el cual enviaba el Almirante para que no consintiese hacer a los dem√°s cosa indebida a los indios, porque como fuesen tan francos los indios y los espa√Īoles tan codiciosos y desmedidos, que no les basta que por un cabo de agujeta y aun por un pedazo de vidrio y de escudilla y por otras cosas de no nada les daban los indios cuanto quer√≠an; pero, aunque sin darles algo se lo quer√≠an todo haber y tomar, lo que el Almirante siempre prohib√≠a, y aunque tambi√©n eran muchas cosas de poco valor, si no era el oro, las que daban a los cristianos; pero el Almirante, mirando al franco coraz√≥n de los indios, que por seis cuentezuelas de vidrio dar√≠an y daban un pedazo de oro, por eso mandaba que ninguna cosa se recibiese de ellos que no se les diese algo en pago. As√≠ que tom√≥ por la mano el se√Īor al escribano y lo llev√≥ a su casa con todo el pueblo, que era muy grande, que le acompa√Īaba, y les hizo dar de comer, y todos los indios les tra√≠an muchas cosas de algod√≥n labradas y en ovillos hilado. Despu√©s que fue tarde, dioles tres √°nsares muy gordas el se√Īor y unos pedacitos de oro, y vinieron con ellos mucho n√ļmero de gente y les tra√≠an todas las cosas que all√° hab√≠an rescatado, y a ellos mismos porfiaban de traerlos a cuestas, y de hecho lo hicieron por algunos r√≠os y por algunos lugares lodosos. El Almirante mand√≥ dar al se√Īor algunas cosas, y qued√≥ √©l y toda su gente con gran contentamiento, creyendo verdaderamente que hab√≠a venido del cielo, y en ver los cristianos se ten√≠an por bienaventurados. Vinieron este d√≠a m√°s de ciento y veinte canoas a los nav√≠os, todas cargadas de gente, y todos traen algo, especialmente de su pan y pescado y agua en cantarillos de barro y simientes de muchas simientes que son buenas especias: echaban un grano en una escudilla de agua y b√©benla, y dec√≠an los indios que consigo tra√≠a el Almirante que era cosa san√≠sima.

Domingo, 23 de diciembre

No pudo partir con los nav√≠os a la tierra de aquel se√Īor que lo hab√≠a enviado a rogar y convidar, por falta de viento; pero envi√≥, con los tres mensajeros que all√≠ esperaban, las barcas con gente y al escribano. Entre tanto que aqu√©llos iban, envi√≥ dos de los indios que consigo tra√≠a a las poblaciones que estaban por all√≠ cerca del paraje de los nav√≠os, y volvieron con un se√Īor a la nao con nuevas que en aquella isla Espa√Īola hab√≠a gran cantidad de oro, y que a ella lo ven√≠an a comprar de otras partes, y dij√©ronle que all√≠ hallar√≠a cuanto quisiese. Vinieron otros que confirmaban haber en ella mucho oro, y mostr√°banle la manera que se ten√≠a en cogerlo. Todo aquello entend√≠a el Almirante con pena; pero todav√≠a ten√≠a por cierto que en aquellas partes hab√≠a grand√≠sima cantidad de ello y que, hallando el lugar donde se saca, habr√° gran barato de ello, y seg√ļn imaginaba que por no nada. Y torna a decir que cree que debe haber mucho, porque en tres d√≠as que hab√≠a que estaba en aquel puerto hab√≠a habido buenos pedazos de oro, y no puede creer que all√≠ lo traigan de otra tierra. ¬ęNuestro Se√Īor, que tiene en las manos todas las cosas, vea de me remediar y dar como fuere su servicio¬Ľ; √©stas son palabras del Almirante. Dice que aquella hora cree haber venido a la nao m√°s de mil personas y que todas tra√≠an algo de lo que poseen; y antes que lleguen a la nao, con medio tiro de ballesta, se levantan en sus canoas en pie y toman en las manos lo que traen diciendo: ¬ęTomad, tomad.¬Ľ Tambi√©n cree que m√°s de quinientos vinieron a la nao nadando por no tener canoas, y estaba surta cerca de una legua de tierra. Juzgaba que hab√≠an venido cinco se√Īores, hijos de se√Īores, con toda su casa, mujeres y ni√Īos, a ver los cristianos. A todos mandaba dar el Almirante, porque todo dice que era bien empleado, y dice: ¬ęNuestro Se√Īor me aderece, por su piedad, que halle este oro, digo su mina, que hartos tengo aqu√≠ que dicen que la saben¬Ľ; √©stas son sus palabras. En la noche llegaron las barcas, y dijeron que hab√≠a gran camino hasta donde ven√≠an, y que al monte de Caribatan hallaron muchas canoas con muy mucha gente que ven√≠an a ver al Almirante y a los cristianos del lugar donde ellos iban. Y ten√≠a por cierto que si aquella fiesta de Navidad pudiera estar en aquel puerto, viniera toda la gente de aquella isla, que estimaba ya por mayor que Inglaterra, por verlos; los cuales se volvieron todos con los cristianos a la poblaci√≥n, la cual dice que afirmaba ser la mayor y la m√°s concertada de calles que otras de las pasadas y halladas hasta all√≠, la cual dice que es parte de Punta Santa al Sudeste casi tres leguas. Y como las canoas andan mucho de remos, fu√©ronse delante a hacer saber al cacique, que ellos llamaban all√≠. Hasta entonces no hab√≠a podido entender el Almirante silo dicen por rey o por gobernador. Tambi√©n dicen otro nombre por grande que llaman nitayno; no sab√≠a silo dicen por hidalgo o gobernador o juez. Finalmente, el cacique vino a ellos y se ajuntaron en la plaza, que estaba muy barrida, todo el pueblo, que hab√≠a m√°s de dos mil hombres. Este rey hizo mucha honra a la gente de los nav√≠os, y los populares cada uno les tra√≠a algo de comer y de beber. Despu√©s el rey dio a cada uno unos pa√Īos de algod√≥n que visten las mujeres, y papagayos para el Almirante y ciertos pedazos de oro: daban tambi√©n los populares de los mismos pa√Īos y otras cosas de sus casas a los marineros, por peque√Īa cosa que les daban, la cual, seg√ļn la recib√≠an, parec√≠a que la estimaban por reliquias. Ya a la tarde, queriendo despedir, el rey les rogaba que aguardasen hasta otro d√≠a; lo mismo todo el pueblo. Visto que determinaban su venida, vinieron con ellos mucho del camino, tray√©ndoles a cuestas lo que el cacique y los otros les hab√≠an dado hasta las barcas, que quedaban a la entrada del r√≠o.

Lunes, 24 de diciembre

Antes de salido el sol, levant√≥ las anclas con el viento terral. Entre los muchos indios que ayer hab√≠an venido a la nao, que les hab√≠an dado se√Īales de haber en aquella isla oro y nombrado los lugares donde lo cog√≠an, vio uno parece que m√°s dispuesto y aficionado o que con m√°s alegr√≠a le hablaba, y halag√≥lo rog√°ndole que se fuese con √©l a mostrarle las minas del oro. Este trajo otro compa√Īero o pariente consigo, los cuales, entre los otros lugares que nombraban donde se cog√≠a el oro dijeron de Cipango, al cual ellos llaman Cibao, y all√≠ afirman que hay gran cantidad de oro, y que el cacique trae las banderas de oro de martillo, salvo que est√° muy lejos al Este. El Almirante dice aqu√≠ estas palabras a los Reyes: ¬ęCrean Vuestras Altezas que en el mundo todo no puede haber mejor gente, ni m√°s mansa. Deben tomar Vuestras Altezas grande alegr√≠a porque luego los har√°n cristianos y los habr√°n ense√Īado en buenas costumbres de sus reinos, que m√°s mejor gente ni tierra puede ser, y la gente y la tierra en tanta cantidad que yo no s√© ya c√≥mo lo escriba; porque yo he hablado en superlativo grado la gente y la tierra de la Juana, a que ellos llaman Cuba; mas hay tanta diferencia de ellos y de ella a √©sta en todo como del d√≠a a la noche, ni creo que otro ninguno que esto hubiese visto hubiese hecho ni dijese menos de lo que yo tengo dicho, y digo que es verdad que es maravilla las cosas de ac√° y los pueblos grandes de esta isla Espa√Īola, que as√≠ la llam√© y ellos la llaman Boh√≠o, y todos de muy singular√≠simo trato amoroso y habla dulce, no como los otros que parece cuando hablan que amenazan, y de buena estatura hombres y mujeres y no negro. Verdad es que todos se ti√Īen, algunos de negro y otros de otra color, y los m√°s de colorado. He sabido que lo hacen por el sol, que no les haga tanto mal, y las casas y lugares tan hermosos, y con se√Īor√≠o en todos como juez o se√Īor de ellos, y todos le obedecen que es maravilla, y todos estos se√Īores son de pocas palabras y muy lindas costumbres, y su mando es lo m√°s con hacer se√Īas con la mano, y luego es entendido que es maravilla.¬Ľ Todas son palabras del Almirante. Quien hubiere de entrar en la mar de Santo Tom√©, se debe meter una buena legua sobre la boca de la entrada sobre una isleta llana que en el medio hay, que le puso nombre la Amiga, llevando la proa en ella. Y despu√©s que llegare a ella con el tiro de una piedra, pase de la parte del Oeste y qu√©dele ella al Este, y se llegue a ella y no a la otra parte, porque viene una restinga muy grande del Oeste, y aun en la mar fuera de ella hay unas tres bajas, y esta restinga se llega a la Amiga un tiro de lombarda, y entremedias pasar√° y hallar√° a lo m√°s bajo siete brazas, y cascajos abajo, y dentro hallar√° puerto para todas las naos del mundo y que est√©n sin amarras. Otra restinga y bajas vienen de la parte del Este a la dicha isla Amiga, y son muy grandes y salen en la mar mucho y llega hasta el cabo casi dos leguas; pero entre ellas pareci√≥ que hab√≠a entrada a tiro de dos lombardas de la Amiga, y al pie del Monte Garibatan de la parte del Oeste hay un muy buen puerto y muy grande.

Martes, 25 de diciembre, día de Navidad

Navegando con poco viento el d√≠a de ayer desde la mar de Santo Tom√© hasta la Punta Santa, sobre la cual a una legua estuvo as√≠ hasta pasado el primer cuarto, que ser√≠an a las once horas de la noche, acord√≥ echarse a dormir, porque hab√≠a dos d√≠as y una noche que no hab√≠a dormido. Como fuese calma, el marinero que gobernaba la nao acord√≥ irse a dormir, y dej√≥ el gobernario a un mozo grumete, lo que mucho siempre hab√≠a el Almirante prohibido en todo el viaje, que hubiese visto o que hubiese calma: conviene a saber, que no dejasen gobernar a los grumetes. El Almirante estaba seguro de bancos y de pe√Īas, porque el domingo, cuando envi√≥ las barcas a aquel rey, hab√≠an pasado al Este de la dicha Punta Santa bien tres leguas y media, y hab√≠an visto los marineros toda la costa y los bajos que hay desde la dicha Punta Santa al Este bien tres leguas, y vieron por d√≥nde se pod√≠a pasar, lo que todo este viaje no hizo. Quiso Nuestro Se√Īor que a las doce horas de la noche, como hab√≠an visto acostar y reposar el Almirante y ve√≠an que era calma muerta y la mar como en una escudilla, todos se acostaron a dormir, y qued√≥ el gobernalle en la mano de aquel muchacho, y las aguas que corr√≠an llevaron la nao sobre uno de aquellos bancos. Los cuales, puesto que fuese de noche, sonaban que de una grande legua se oyeran y vieran, y fue sobre √©l tan mansamente que casi no se sent√≠a. El mozo, que sinti√≥ el gobernalle y oy√≥ el sonido de la mar, dio voces, a las cuales sali√≥ el Almirante y fue tan presto que a√ļn ninguno hab√≠a sentido que estuviesen encallados. Luego el maestre de la nao, cuya era la guardia, sali√≥; y d√≠joles el Almirante a √©l y a los otros que halasen el batel que tra√≠an por popa y tomasen un anda y la echasen por popa, y √©l con otros muchos saltaron en el batel, y pensaba el Almirante que hac√≠an lo que les hab√≠a mandado. Ellos no curaron sino de huir a la carabela, que estaba a barlovento media legua. La carabela no los quiso recibir haci√©ndolo virtuosamente, y por esto volvieron a la nao; pero primero fue a ella la barca de la carabela. Cuando el Almirante vio que se hu√≠an y que era su gente, y las aguas menguaban y estaba ya la nao la mar de trav√©s, no viendo otro medio, mand√≥ cortar el m√°stil y alijar de la nao todo cuanto pudieron para ver si pod√≠an sacarla; y como todav√≠a las aguas menguasen no se pudo remediar, y tom√≥ lado hacia la mar traviesa, puesto que la mar era poco o nada, y entonces se abrieron los conventos y no la nao. El Almirante fue a la carabela para poner en cobro la gente de la nao en la carabela y, como ventase ya vientecillo de la tierra y tambi√©n a√ļn quedaba mucho de la noche, ni supiesen cu√°nto duraban los bancos, temporej√≥ a la corda hasta que fue de d√≠a, y luego fue a la nao por de dentro de la restinga del banco. Primero hab√≠a enviado el batel a tierra con Diego de Arana, de C√≥rdoba, alguacil de la Armada, y Pedro Guti√©rrez, repostero de la Casa Real, a hacer saber al rey que los hab√≠a enviado a convidar y rogar el s√°bado que se fuese con los nav√≠os a su puerto, el cual ten√≠a su villa adelante obra de una legua y media del dicho banco; el cual como lo supo dicen que llor√≥, y envi√≥ toda su gente de la villa con canoas muy grandes y muchas a descargar todo lo de la nao. Y as√≠ se hizo y se descarg√≥ todo lo de las cubiertas en muy breve espacio: tanto fue el grande aviamiento y diligencia que aquel rey dio. Y √©l con su persona, con hermanos y parientes, estaban poniendo diligencia, as√≠ en la nao como en la guarda de lo que se sacaba a tierra, para que todo estuviese a muy buen recaudo. De cuando en cuando enviaba uno de sus parientes al Almirante llorando a lo consolar, diciendo que no recibiese pena ni enojo, que √©l le dar√≠a cuanto tuviese. Certifica el Almirante a los Reyes que en ninguna parte de Castilla tan buen recaudo en todas las cosas se pudiera poner sin faltar una agujeta. Mand√≥lo poner todo junto con las casas entretanto que se vaciaban algunas cosas que quer√≠a dar, donde se pusiese y guardase todo. Mand√≥ poner hombres armados en rededor de todo, que velasen toda la noche. ¬ęEl, con todo el pueblo, lloraban; tanto -dice el Almirante-, son gente de amor y sin codicia y convenibles para toda cosa, que certifico a Vuestras Altezas que en el mundo creo que no hay mejor gente ni mejor tierra: ellos aman a sus pr√≥jimos como a s√≠ mismos, y tienen un habla la m√°s dulce del mundo y mansa, y siempre con risa. Ellos andan desnudos, hombres y mujeres, como sus madres los parieron. Mas, crean Vuestras Altezas que entre s√≠ tienen costumbres muy buenas, y el rey muy maravilloso estado, de una cierta manera tan continente que es placer de verlo todo, y la memoria que tienen, y todo quieren ver, y preguntan qu√© es y para qu√©.¬Ľ Todo esto dice el Almirante.

Miércoles, 26 de diciembre

Hoy, al salir del sol, vino el rey de aquella tierra que estaba en aquel lugar a la carabela Ni√Īa, donde estaba el Almirante, y casi llorando le dijo que no tuviese pena, que √©l le dar√≠a cuanto ten√≠a, y que hab√≠a dado a los cristianos que estaban en tierra dos muy grandes casas, y que m√°s les dar√≠a si fuesen menester, y cuantas canoas pudiesen cargar y descargar la nao, y poner en tierra cuanta gente quisiese; y que as√≠ lo hab√≠a hecho ayer, sin que tomase una migaja de pan ni otra cosa alguna; ¬ętanto -dice el Almirante- son fieles y sin codicia de lo ajeno¬Ľ; y as√≠ era sobre todos aquel rey virtuoso. En tanto que el Almirante estaba hablando con √©l, vino otra canoa de otro lugar que tra√≠a ciertos pedazos de oro, los cuales quer√≠a dar por un cascabel, porque otra cosa tanto no deseaban como cascabeles. Que a√ļn no llega la canoa a bordo cuando llamaban y mostraban los pedazos de oro, diciendo chuq chuq por cascabeles, que est√°n en puntos de se tornar locos por ellos. Despu√©s de haber visto esto, y parti√©ndose estas canoas que eran de los otros lugares, llamaron al Almirante y le rogaron que les mandase guardar un cascabel hasta otro d√≠a, porque √©l traer√≠a cuatro pedazos de oro tan grandes como la mano. Holg√≥ el Almirante de o√≠r esto, y despu√©s un marinero que ven√≠a de tierra dijo al Almirante que era cosa de maravilla las piezas de oro que los cristianos que estaban en tierra rescataban por no nada; por una agujeta daban pedazos que ser√≠an m√°s de dos castellanos, y que entonces no era nada al respecto de lo que ser√≠a dende a un mes. El rey se holg√≥ mucho con ver al Almirante alegre, y entendi√≥ que deseaba mucho oro, y d√≠jole por se√Īas que √©l sab√≠a cerca de all√≠ donde hab√≠a de ello muy mucho en grande suma, y que estuviese de buen coraz√≥n, que √©l le dar√≠a cuanto oro quisiese; y de ello dice que le daba raz√≥n, y en especial que lo hab√≠a en Cipango, a que ellos llamaban Cibao, en tanto grado que ellos no le tienen en nada, y que √©l lo traer√≠a all√≠, aunque tambi√©n en aquella isla Espa√Īola, a quien llaman Boh√≠o, y en aquella provincia Caribata lo hab√≠a mucho m√°s. El rey comi√≥ en la carabela con el Almirante, y despu√©s sali√≥ con √©l en tierra, donde hizo al Almirante mucha honra y le dio colaci√≥n de dos o tres maneras de ajes y con camarones y caza y otras viandas que ellos ten√≠an, y de su pan que llamaban cazab√≠; dende lo llev√≥ a ver unas verduras de √°rboles junto a las casas, y andaban con √©l bien mil personas, todos desnudos. El se√Īor ya tra√≠a camisa y guantes que el Almirante le hab√≠a dado, y por los guantes hizo mayor fiesta que por cosa de las que le dio. En su comer, con su honestidad y hermosa manera de limpieza, se mostraba bien ser de linaje. Despu√©s de haber comido, que tard√≥ buen rato estar a la mesa, trajeron ciertas hierbas con que se freg√≥ mucho las manos; crey√≥ el Almirante que lo hac√≠a para ablandarlas, y di√©ronle aguamanos. Despu√©s que acabaron de comer, llev√≥ a la playa al Almirante, y el Almirante envi√≥ por un arco turquesco y un manojo de flechas, y el Almirante hizo tirar a un hombre de su compa√Ī√≠a, que sab√≠a de ello, y el se√Īor, como no sepa qu√© sean armas, porque no las tienen ni las usan, le pareci√≥ gran cosa; aunque dice que el comienzo fue sobre el habla de los Caniba, que ellos llaman caribes, que los vienen a tomar, y traen arcos y flechas sin hierro, que en todas aquellas tierras no hab√≠a memoria de √©l ni de otro metal, salvo de oro y cobre, aunque cobre no hab√≠a visto sino poco el Almirante. El Almirante le dijo por se√Īas que los Reyes de Castilla mandar√≠an destruir a los caribes y que a todos se los mandar√≠an traer las manos atadas. Mand√≥ el Almirante tirar una lombarda y una espingarda, y viendo el efecto que su fuerza hac√≠an y lo que penetraban, qued√≥ maravillado. Y cuando su gente oy√≥ los tiros cayeron todos en tierra. Trajeron al Almirante una gran car√°tula que ten√≠a grandes pedazos de oro en las orejas y en los ojos y en otras partes, la cual le dio con otras joyas de oro que el mismo rey hab√≠a puesto al Almirante en la cabeza y al pescuezo; y a otros cristianos que con √©l estaban dio tambi√©n muchas. El Almirante recibi√≥ mucho placer y consolaci√≥n de estas cosas que ve√≠a, y se le templ√≥ la angustia y pena que hab√≠a recibido y ten√≠a de la p√©rdida de la nao, y conoci√≥ que Nuestro Se√Īor hab√≠a hecho encallar all√≠ la nao porque hiciese all√≠ asiento. ¬ęY a esto -dice √©l- vinieron tantas cosas a la mano, que verdaderamente no fue aqu√©l desastre, salvo gran ventura. Porque es cierto -dice √©l- que si yo no encallara, que yo fuera de largo sin surgir en este lugar, porque √©l est√° metido ac√° dentro en una grande bah√≠a y en ella dos o tres restingas de bajas, ni este viaje dejara aqu√≠ gente, ni aunque yo quisiera dejarla no les pudiera dar tan buen aviamento ni tantos pertrechos ni tantos mantenimientos ni aderezos para fortaleza. Y bien es verdad que mucha gente de √©sta que va aqu√≠ me hab√≠an rogado y hecho rogar que les quisiera dar licencia para quedarse. Ahora tengo ordenado de hacer una torre y fortaleza, todo muy bien, y una grande cava, no porque crea que haya esto menester por esta gente, porque tengo dicho que con esta gente que yo traigo sojuzgar√≠a toda esta isla, la cual creo que es mayor que Portugal, y m√°s gente al doble, mas son desnudos y sin armas y muy cobardes fuera de remedio. Mas es raz√≥n que se haga esta torre y se est√© como se ha de estar, estando tan lejos de Vuestras Altezas, y porque conozcan el ingenio de la gente de Vuestras Altezas y lo que pueden hacer, porque con amor y temor le obedezcan; y as√≠ tendr√°n tablas para hacer todas las fortalezas de ellas y mantenimientos de pan y vino para m√°s de un a√Īo y simientes para sembrar y la barca de la nao y un calafate y un carpintero y un lombardero y un tonelero y muchos entre ellos hombres que desean mucho, por servicio de Vuestras Altezas y me hacer placer, de saber de la mina donde se coge el oro. As√≠ que todo es venido mucho a pelo para que se haga este comienzo; y sobre todo que, cuando encall√≥ la nao fue tan paso que casi no se sinti√≥ ni hab√≠a ola ni viento.¬Ľ Todo esto dice el Almirante. Y a√Īade m√°s para mostrar que fue gran ventura y determinada voluntad de Dios que la nao all√≠ encallase porque dejase all√≠ gente, que si no fuera por la traici√≥n del maestre y de la gente, que eran todos o los m√°s de su tierra, de no querer echar el anda por popa para sacar la nao, como el Almirante los mandaba, la nao se salvara, y as√≠ no pudiera saberse la tierra, dice √©l, como se supo aquellos d√≠as que all√≠ estuvo, y adelante por los que all√≠ entend√≠a dejar, porque √©l iba siempre con intenci√≥n de descubrir y no parar en parte m√°s de un d√≠a si no era por falta de los vientos, porque la nao dice que era muy pesada y no para el oficio de descubrir. Y llevar tal nao dice que causaron los de Palos, que no cumplieron con el Rey y la Reina lo que le hab√≠an prometido: dar nav√≠os convenientes para aquella jornada, y no lo hicieron. Concluye el Almirante diciendo que de todo lo que en la nao hab√≠a no se perdi√≥ una agujeta, ni tabla ni clavo, porque ella qued√≥ sana como cuando parti√≥, salvo que se cort√≥ y raj√≥ algo para sacar la vasija y todas las mercader√≠as, y pusi√©ronlas todas en tierra y bien guardadas, como est√° dicho; y dice que espera en Dios que a la vuelta que √©l entend√≠a hacer de Castilla, hab√≠a de hallar un tonel de oro que habr√≠an rescatado los que hab√≠a de dejar y que habr√≠an hallado la mina del oro y la especier√≠a, y aquello en tanta cantidad que los Reyes antes de tres a√Īos emprendiesen y aderezasen para ir a conquistar la Casa Santa, ¬ęque as√≠ -dice √©l- protest√© a Vuestras Altezas que toda la ganancia de esta mi empresa se gastase en la conquista de Jerusal√©n, y Vuestras Altezas se rieron y dijeron que les plac√≠a, y que sin esto ten√≠an aquella gana¬Ľ. Palabras del Almirante.

Jueves, 27 de diciembre

En saliendo el sol, vino a la carabela el rey de aquella tierra, y dijo al Almirante que había enviado por oro y que lo quería cubrir todo de oro antes que se fuese, antes le rogaba que no se fuese; y comieron con el Almirante el rey y un hermano suyo y otro pariente muy privado, los cuales dos le dijeron que querían ir a Castilla con él. Estando en esto, vinieron ciertos indios con nuevas cómo la carabela Pinta estaba en un río al cabo de aquella isla; luego envió el cacique allá una canoa, y en ella el Almirante un marinero, porque amaba tanto al Almirante que era maravilla. Ya entendía el Almirante con cuánta prisa podía por despacharse para la vuelta de Castilla.

Viernes, 28 de diciembre

Para dar orden y prisa en el acabar de hacer la fortaleza y en la gente que en ella hab√≠a de quedar, sali√≥ el Almirante en tierra y pareci√≥le que el rey le hab√≠a visto cuando iba en la barca; el cual se entr√≥ presto en su casa disimulando, y envi√≥ a un su hermano que recibiese al Almirante y llev√≥lo a una de las casas que ten√≠a dadas a la gente del Almirante, la cual era la mayor y mejor de aquella villa. En ella le ten√≠an aparejado un estrado de camisas de palma, donde le hicieron asentar. Despu√©s el hermano envi√≥ un escudero suyo a decir al rey que el Almirante estaba all√≠, como que el rey no sab√≠a que era venido, puesto que el Almirante cre√≠a que lo disimulaba por hacerle mucha m√°s honra. Como el escudero se lo dijo, dio el cacique dice que a correr para el Almirante, y p√ļsole al pescuezo una gran plasta de oro que tra√≠a en la mano. Estuvo all√≠ con √©l hasta la tarde, deliberando lo que hab√≠a de hacer.

S√°bado, 29 de diciembre

En saliendo el sol, vino a la carabela un sobrino del rey muy mozo y de buen entendimiento y buenos h√≠gados (como dice el Almirante); y como siempre trabajase por saber ad√≥nde se cog√≠a el oro, preguntaba a cada uno, porque por se√Īas ya entend√≠a algo, y as√≠ aquel mancebo le dijo que a cuatro jornadas hab√≠a una isla al Este que se llama Guarionex, y otras que se llamaban Mocorix y Mayonic y Fuma y Cibao y Coroay, en las cuales hab√≠a infinito oro, los cuales nombres escribi√≥ el Almirante; y supo esto que le hab√≠a dicho un hermano del rey, y ri√Ī√≥ con √©l, seg√ļn el Almirante entendi√≥. Tambi√©n otras veces hab√≠a el Almirante entendido que el rey trabajaba porque no entendiese d√≥nde nac√≠a y se cog√≠a el oro, porque no lo fuese a rescatar o comprar a otra parte. ¬ęMas es tanto y en tantos lugares y en esta misma isla Espa√Īola -dice el Almirante-, que es maravilla.¬Ľ Siendo ya de noche le envi√≥ el rey una gran car√°tula de oro, y envi√≥le a pedir un bac√≠n para mandar hacer otro, y as√≠ se lo envi√≥.

Domingo, 30 de diciembre

Sali√≥ el Almirante a comer a tierra, y lleg√≥ a tiempo que hab√≠an venido cinco reyes sujetos a aqueste que se llamaba Guacanagar√≠, todos con sus coronas, representando muy buen estado, que dice el Almirante a los Reyes que Sus Altezas hubieran placer de ver la manera de ellos. En llegando en tierra, el rey vino a recibir al Almirante, y lo llev√≥ de brazos a la misma casa de ayer, donde ten√≠a un estrado y sillas en que asent√≥ al Almirante; y luego se quit√≥ la corona de la cabeza y se la puso al Almirante, y el Almirante se quit√≥ del pescuezo un collar de buenos alaqueques y cuentas muy hermosas de muy lindos colores, que parec√≠a muy bien en toda parte, y se lo puso a √©l, y se desnud√≥ un capuz de fina grana, que aquel d√≠a se hab√≠a vestido, y se lo visti√≥, y envi√≥ por unos borcegu√≠es de color que le hizo calzar, y le puso en el dedo un grande anillo de plata, porque hab√≠an dicho que vieron una sortija de plata a un marinero y que hab√≠a hecho mucho por ella. Qued√≥ muy alegre y muy contento, y dos de aquellos reyes que estaban con √©l vinieron adonde el Almirante estaba con √©l y trajeron al Almirante dos grandes plastas de oro, cada uno la suya. Y estando as√≠ vino un indio diciendo que hab√≠a dos d√≠as que dejara la carabela Pinta al Este en un puerto. Torn√≥se el Almirante a la carabela, y Vicente Y√°√Īez, capit√°n de ella, afirm√≥ que hab√≠a visto ruibarbo y que lo hab√≠a en la isla Amiga, que est√° a la entrada de la mar de Santo Tom√©, que estaba seis leguas de all√≠, y que hab√≠a conocido los ramos y ra√≠z. Dicen que el ruibarbo echa unos ramitos fuera de tierra y unos frutos que parecen moras verdes casi secas, y el palillo que est√° cerca de la ra√≠z es tan amarillo y tan fino como la mejor color que puede ser para pintar, y debajo de la tierra hace la ra√≠z como una grande pera.

Lunes, 31 de diciembre

Aqueste d√≠a se ocup√≥ en mandar tomar agua y le√Īa para la partida a Espa√Īa por dar noticia presto a los Reyes para que enviasen nav√≠os que descubriesen lo que quedaba por descubrir, porque ya ¬ęel negocio parec√≠a tan grande y de tanto tomo que es maravilla¬Ľ, dijo el Almirante. Y dice que no quisiera partirse hasta que hubiere visto toda aquella tierra que iba hacia el Este y andar√≠a toda por la costa, por saber tambi√©n dice que el tr√°nsito de Castilla a ella, para traer ganados y otras cosas. Mas, como hubiese quedado con un solo nav√≠o, no le parec√≠a razonable cosa ponerse a los peligros que le pudieran ocurrir descubriendo. Y quej√°base que todo aquel mal e inconveniente haberse apartado de √©l la carabela Pinta.

Martes, 1 de enero de 1493

A media noche despachó la barca que fuese a la isleta Amiga para traer el ruibarbo. Volvió a vísperas con un serón de ello; no trajeron más porque no llevaron azada para cavar: aquello llevó por muestra a los Reyes. El rey de aquella tierra dice que había enviado muchas canoas por oro. Vino la canoa que fue a saber de la Pinta y el marinero y no la hallaron. Dijo aquel marinero que a veinte leguas de allí habían visto un rey que traía en la cabeza dos grandes plastas de oro, y luego que los indios de la canoa le hablaron se las quitó, y vio también mucho oro a otras personas. Creyó el Almirante que el rey Guacanagarí debía de haber prohibido a todos que no vendiesen oro a los cristianos, porque pasase todo por su mano. Mas él había sabido los lugares, como dije anteayer, donde lo había en tanta cantidad que no lo tenían en precio. También la especiería que, como dice el Almirante, es mucha y más vale que pimiento y manegueta. Dejaba encomendados a los que allí quería dejar que hubiesen cuanta pudiesen.

Miércoles, 2 de enero

Sali√≥ de ma√Īana en tierra para se despedir del rey Guacanagar√≠ y partirse en el nombre del Se√Īor, y diole una camisa suya y mostr√≥le la fuerza que ten√≠an y efecto que hac√≠an las lombardas, por lo cual mand√≥ armar una y tirar al costado de la nao que estaba en tierra, porque vino a prop√≥sito de platicar sobre los caribes, con quien tienen guerra, y vio hasta d√≥nde lleg√≥ la lombarda y c√≥mo pas√≥ el costado de la nao y fue muy lejos la piedra por la mar. Hizo hacer tambi√©n una escaramuza con la gente de los nav√≠os armada, diciendo al cacique que no hubiese miedo a los caribes aunque viniesen. Todo esto dice que hizo el Almirante porque tuviese por amigos a los cristianos que dejaba, y por ponerle miedo que los temiese. Llev√≥lo el Almirante a comer consigo a la casa donde estaba aposentado y a los otros que iban con √©l. Encomend√≥le mucho el Almirante a Diego de Arana y a Pedro Guti√©rrez y a Rodrigo Escobedo, que dejaba juntamente por sus tenientes de aquella gente que all√≠ dejaba, porque todo fuese bien regido y gobernado a servicio de Dios y de Sus Altezas. Mostr√≥ mucho amor el cacique al Almirante y gran sentimiento en su partida, mayormente cuando lo vio ir a embarcarse. Dijo al Almirante un privado de aquel rey, que hab√≠a mandado hacer una estatua de oro puro tan grande como el mismo Almirante, y que dende a diez d√≠as la hab√≠an de traer. Embarc√≥se con prop√≥sito de se partir luego, mas el viento no le dio lugar. Dej√≥ en aquella isla Espa√Īola, que los indios dice que llamaban Boh√≠o, treinta y nueve hombres con la fortaleza, y dice que muchos amigos de aquel rey Guacanagar√≠, y sobre aqu√©l√≠os, por sus tenientes, a Diego de Arana, natural de C√≥rdoba, y a Pedro Guti√©rrez, repostero de estrado del Rey, criado del despensero mayor, y a Rodrigo de Escobedo, natural de Segovia, sobrino de fray Rodrigo P√©rez, con todos sus poderes que de los Reyes ten√≠a. Dej√≥les todas las mercader√≠as que los Reyes mandaron comprar para los rescates, que eran muchas, para que las trocasen y rescatasen por oro, con todo lo que tra√≠a la nao. Dej√≥les tambi√©n pan bizcocho para un a√Īo y vino y mucha artiller√≠a, y la barca de la nao para que ellos, como marineros que eran los m√°s, fuesen, cuando viesen que conven√≠a, a descubrir la mina de oro, porque a la vuelta que volviese el Almirante hallase mucho oro, y lugar donde se asentase una villa, porque aqu√©l no era puerto a su voluntad; mayormente que el oro que all√≠ tra√≠an ven√≠a dice que del Este, y cuanto m√°s fuesen al Este tanto estaban cercanos de Espa√Īa. Dej√≥les tambi√©n simientes para sembrar, y sus oficiales, escribano y alguacil, y un carpintero de naos y calafate y un buen lombardero, que sabe bien de ingenios, y un tonelero y un f√≠sico y un sastre, y todos dice que hombres de la mar.

Jueves, 3 de enero

No parti√≥ hoy porque anoche dice que vinieron tres de los indios que tra√≠a de las islas que se hab√≠an quedado, y dij√©ronle que los otros y sus mujeres vendr√≠an al salir del sol. La mar tambi√©n fue algo alterada, y no pudo la barca estar en tierra; determin√≥ partir ma√Īana, mediante la gracia de Dios. Dijo que si √©l tuviera consigo la carabela Pinta tuviera por cierto de llevar un tonel de oro, porque osara seguir las costas de estas islas, lo que no osaba hacer por ser solo, porque no le acaeciese alg√ļn inconveniente y se impidiese su vuelta a Castilla y la noticia que deb√≠a dar a los Reyes de todas las cosas que hab√≠a hallado. Y si fuera cierto que la carabela Pinta llegara a salvamento en Espa√Īa con aquel Mart√≠n Alonso Pinz√≥n, dijo que no dejara de hacer lo que deseaba; pero porque no sab√≠a de √©l y porque, ya que vaya, podr√° informar a los Reyes de mentiras porque no le manden dar la pena que √©l merec√≠a, como quien tanto mal hab√≠a hecho y hac√≠a en haberse ido sin licencia y estorbar los bienes que pudieran hacerse y saberse de aquella vez, dice el Almirante, confiaba que Nuestro Se√Īor le dar√≠a buen tiempo y se podr√≠a remediar todo.

Viernes, 4 de enero

Saliendo el sol, levant√≥ las anclas con poco viento, con la barca por proa el camino del Noroeste para salir fuera de la restinga, por otra canal m√°s ancha de la que entr√≥, la cual y otras son muy buenas para ir por delante de la Villa de la Navidad, y por todo aquello el m√°s bajo fondo que hall√≥ fueron tres brazas hasta nueve, y estas dos van de Noroeste al Sudeste, seg√ļn aquellas restingas eran grandes que duran desde el Cabo Santo hasta el Cabo de Sierpe, que son m√°s de seis leguas, y fuera en la mar bien tres y sobre el Cabo Santo bien tres, y sobre el Cabo Santo a una legua no hay m√°s de ocho brazas de fondo, y dentro del dicho cabo, de la parte del Este, hay muchos bajos y canales para entrar por ellos, y toda aquella costa se corre Noroeste Sudeste y es toda playa, y la tierra muy llana hasta bien cuatro leguas la tierra adentro. Despu√©s hay monta√Īas muy altas y es toda muy poblada de poblaciones grandes y buena gente, seg√ļn se mostraban con los cristianos. Naveg√≥ as√≠ al Este, camino de un monte muy alto que quiere parecer isla pero no lo es, porque tiene participaci√≥n con tierra muy baja, el cual tiene forma de un alfaneque muy hermoso, al cual puso nombre Monte Cristi, el cual est√° justamente al Este del Cabo Santo, y habr√° dieciocho leguas. Aquel d√≠a, por ser el viento muy poco, no pudo llegar al Monte Cristi con seis leguas. Hall√≥ cuatro isletas de arena muy bajas, con una restinga que sal√≠a mucho al Noroeste y andaba mucho al Sudeste. Dentro hay un grande golfo que va desde dicho monte al Sudeste bien veinte leguas, el cual debe ser todo de poco fondo y muchos bancos, y dentro de √©l en toda la costa muclios r√≠os no navegables, aunque aquel marinero que el Almirante envi√≥ con la canoa a saber nuevas de la Pinta dijo que vio un r√≠o en el cual pod√≠an entrar naos. Surgi√≥ por all√≠ el Almirante seis leguas de Monte Cristi en diecinueve brazas, dando la vuelta a la mar por apartarse de muchos bajos y restingas que por all√≠ hab√≠a, donde estuvo aquella noche. Da el Almirante aviso que el que hubiere de ir a la Villa de la Navidad, que conociere a Monte Cristi, debe meterse en la mar dos leguas, etc.; pero porque ya se sabe la tierra y m√°s por all√≠ no se pone aqu√≠. Concluye que Cipango estaba en aquella isla y que hay mucho oro y especier√≠a y alm√°ciga y ruibarbo.

S√°bado, 5 de enero

Cuando el sol quer√≠a salir, dio la vela con el terral; despu√©s vent√≥ Este, y vio que de la parte del Sursudeste del Monte Cristi, entre √©l y una isleta, parec√≠a ser buen puerto para surgir esta noche, y tom√≥ el camino al Essueste, y despu√©s al Sursudeste bien seis leguas, diecisiete brazas de fondo y muy limpio, y anduvo as√≠ tres leguas con el mismo fondo. Despu√©s baj√≥ a doce brazas hasta el morro del monte, y sobre el morro del monte a una legua hall√≥ nueve, y limpio todo, arena menuda. Sigui√≥ as√≠ el camino hasta que entr√≥ entre el monte y la isleta, adonde hall√≥ tres brazas y media de fondo con bajamar, muy singular puerto adonde surgi√≥. Fue con la barca a la isleta, donde hall√≥ fuego y rastro de que hab√≠an estado all√≠ pescadores. Vio all√≠ muchas piedras pintadas de colores, o cantera de piedras tales de labores naturales muy hermosas, dice que para edificios de iglesia o de otras obras reales, como las que hall√≥ en la isleta de San Salvador. Hall√≥ tambi√©n en esta isleta muchos pies de alm√°ciga. Este Monte Cristi dice que es muy hermoso y alto y andable, de muy linda hechura, y toda la tierra cerca de √©l es maja, muy linda campi√Īa, y √©l queda as√≠ alto que vi√©ndolo de lejos parece isla que no comunique con alguna tierra. Despu√©s del dicho monte, al Este, vio un cabo a veinticuatro millas al cual llam√≥ Cabo del Becerro, desde el cual hasta el dicho monte pasan en la mar bien dos leguas unas restingas de bajos, aunque le pareci√≥ que hab√≠a entre ellas canales para poder entrar; pero conviene que sea de d√≠a y vaya sondando con la barca primero. Desde el dicho monte al Este hacia el Cabo del Becerro las cuatro leguas es todo playa y tierra muy baja y hermosa, y lo otro es todo tierra muy alta y grandes monta√Īas labradas y hermosas, y dentro de la tierra va una sierra de Nordeste al Sudeste, la m√°s hermosa que hab√≠a visto, que parece propia como la sierra de C√≥rdoba. Parecen tambi√©n muy lejos otras monta√Īas muy altas hacia el Sur y del Sudeste y muy grandes valles y muy verdes y muy hermosos y muy muchos r√≠os de agua; todo esto en tanta cantidad apacible que no cre√≠a encarecerlo la mil√©sima parte. Despu√©s vio, al Este de dicho monte, una tierra que parec√≠a otro monte, as√≠ como aquel de Cristi en grandeza y hermosura. Y dende a la cuarta del Este al Nordeste es tierra no tan alta, y habr√≠a bien cien millas o cerca.

Domingo, 6 de enero

Aquel puerto es abrigado de todos los vientos, salvo de Norte y Noroeste, y dice que poco reinan por aquella tierra, y aun de √©stos se pueden guarecer detr√°s de la isleta: tiene tres hasta cuatro brazas. Salido el sol, dio la vela por ir la costa delante, la cual toda corr√≠a al Este, salvo que es menester dar reguardo a muchas restingas de piedra y arena que hay en la dicha costa. Verdad es que dentro de ellas hay buenos puertos y buenas entradas por su canales. Despu√©s de medio d√≠a vent√≥ Este recio, y mand√≥ subir a un marinero al topo del m√°stil para mirar los bajos, y vio venir la carabela Pinta con Este a popa, y lleg√≥ al Almirante, y porque no hab√≠a donde surgir por ser bajo, volvi√≥se el Almirante al Monte Cristi a desandar diez leguas atr√°s que hab√≠a andado, y la Pinta con √©l. Vino Alonso Pinz√≥n a la carabela Ni√Īa, donde iba el Almirante, a se excusar diciendo que se hab√≠a partido de √©l contra su voluntad, dando razones por ello; pero el Almirante dice que eran falsas todas, y que con mucha soberbia y codicia se hab√≠a apartado aquella noche que se apart√≥ de √©l, y que no sab√≠a, dice el Almirante, de d√≥nde le hubiesen venido las soberbias y deshonestidad que hab√≠a usado con √©l aquel viaje, las cuales quiso el Almirante disimular por no dar lugar a las malas obras de Satan√°s, que deseaba impedir aquel viaje como hasta entonces hab√≠a hecho, sino que por dicho de un indio de los que el Almirante le hab√≠a encomendado con otros que llevaba en su carabela, el cual le hab√≠a dicho que en una isla que se llamaba Baneque hab√≠a mucho oro, y como ten√≠a el nav√≠o sutil y ligero se quiso apartar e ir por s√≠ dejando al Almirante. Pero el Almirante quisose detener y costear la isla Juana y la Espa√Īola, pues todo era un camino del Este. Despu√©s que Mart√≠n Alonso fue a la isla Baneque dice que no hall√≥ nada de oro, y se vino a la costa de la Espa√Īola por informaci√≥n de otros indios que le dijeron haber en aquella isla Espa√Īola, que los indios llamaban Boh√≠o, mucha cantidad de oro y muchas minas, y por esta causa lleg√≥ cerca de la Villa de la Navidad, obra de quince leguas, y hab√≠a entonces m√°s de veinte d√≠as; por lo cual parece que fueron verdad las nuevas que los indios daban, por las cuales envi√≥ el rey Guacanagar√≠ la canoa, y el Almirante el marinero, y deb√≠a ser ida cuando la canoa lleg√≥. Y dice aqu√≠ el Almirante que rescat√≥ la carabela mucho oro, que por un cabo de agujeta le daban buenos pedazos de oro del tama√Īo de dos dedos y a veces como la mano, y llevaba el Mart√≠n Alonso la mitad y la otra mitad se repart√≠a por la gente. A√Īade el Almirante diciendo a los Reyes: ¬ęAs√≠ que, Se√Īores Pr√≠ncipes, que yo conozco que milagrosamente mand√≥ quedar all√≠ aquella nao Nuestro Se√Īor, porque es el mejor lugar de toda la isla para hacer el asiento y m√°s cerca de las minas del oro.¬Ľ Tambi√©n dice que supo que detr√°s de la isla Juana, de la parte del Sur, hay otra isla grande, en que hay muy mayor cantidad de oro que en √©sta, en tanto grado que cog√≠an los pedazos mayores que habas, y en la isla Espa√Īola se cog√≠an pedazos de oro de las minas como granos de trigo Llam√°base, dice, aquella isla Yamaye. Tambi√©n dice que supo el Almirante que all√≠, hacia el Este, hab√≠a una isla adonde no hab√≠a sino solas mujeres, y esto dice que de muchas personas lo sab√≠a. Y que aquella isla Espa√Īola, y la otra isla Yamaye, estaban cerca de tierra firme diez jornadas de canoa, que pod√≠an ser sesenta o setenta leguas, y que era la gente vestida all√≠.

Lunes, 7 de enero

Este d√≠a hizo tomar una agua que hac√≠a la carabela y calafatear√≠a, y fueron los marineros en tierra a traer le√Īa y dice que hallaron muchos alm√°cigos y li√Ī√°loe.

Martes, 8 de enero

Por el viento Este y Sudeste mucho que ventaba no parti√≥ este d√≠a, por lo cual mand√≥ que se guarneciese la carabela de agua y le√Īa y de todo lo necesario para todo el viaje, porque, aunque ten√≠a voluntad de costear toda la costa de aquella Espa√Īola que andando el camino pudiese, pero, porque los que puso en las carabelas por capitanes eran hermanos, conviene a saber Mart√≠n Alonso Pinz√≥n y Vicente Y√°√Īez, y otros que le segu√≠an con soberbia y codicia estimando que todo era ya suyo, no mirando la honra que el Almirante les hab√≠a hecho y dado, no hab√≠an obedecido ni obedec√≠an sus mandamientos, antes hac√≠an y dec√≠an muchas cosas no debidas contra √©l, y el Mart√≠n Alonso lo dej√≥ desde el 21 de noviembre hasta el 6 de enero sin causa alguna ni raz√≥n sino por su desobediencia, todo lo cual el Almirante hab√≠a sufrido y callado por dar buen fin a su viaje, as√≠ que, por salir de tan mala compa√Ī√≠a, con los cuales dice que cumpl√≠a disimular, aunque eran gente desmandada, y aunque ten√≠a dice que consigo muchos hombres de bien, pero no era tiempo de entender en castigo, acord√≥ volverse y no parar m√°s, con la mayor prisa que le fue posible. Entr√≥ en la barca y fue al r√≠o, que es all√≠ junto, hacia el Sursudoeste del Monte Cristi una grande legua, donde iban los marineros a tomar agua para el nav√≠o, y hall√≥ que el arena de la boca del r√≠o, el cual es muy grande y hondo, era dice que toda llena de oro y en tanto grado que era maravilla, puesto que era muy menudo. Cre√≠a el Almirante que por venir por aquel r√≠o abajo se desmenuzaba por el camino, puesto que dice que en poco espacio hall√≥ muchos granos tan grandes como lentejas; mas de lo menudito dice que hab√≠a mucha cantidad. Y, porque la mar era llena y entraba agua salada con la dulce, mand√≥ subir con la barca el r√≠o arriba un tiro de piedra: henchieron los barriles desde la barca y, volvi√©ndose a la carabela, hallaron metidos por los aros de los barriles pedacitos de oro, y lo mismo en los aros de la pipa. Puso por nombre el Almirante al r√≠o el R√≠o del Oro, el cual de dentro pasada la entrada muy hondo, aunque la entrada es baja y la boca muy ancha, y de √©l a la Villa de Navidad hay diecisiete leguas. Entremedias hay otros muchos r√≠os grandes; en especial tres, los cuales cre√≠a que deb√≠an tener mucho m√°s oro que aqu√©l, porque son m√°s grandes, puesto que √©ste es casi tan grande como el Guadalquivir por C√≥rdoba; y de ellos a las minas del oro no hay veinte leguas ~ Dice m√°s el Almirante: que no quiso tomar de la dicha arena que ten√≠a tanto oro, pues Sus Altezas lo ten√≠an todo en casa y a la puerta de su Villa de Navidad, sino venirse a m√°s andar por llevarles las nuevas y quitarse de la mala compa√Ī√≠a que ten√≠a y que siempre hab√≠a dicho que era gente desmandada.

Miércoles, 9 de enero

A media noche levant√≥ las velas con el viento Sudeste y naveg√≥ al Esnordeste; lleg√≥ a una punta que llam√≥ Punta Roja, que est√° justamente al Este del Monte Cristi sesenta millas. Y al abrigo de ella surgi√≥ a la tarde, que ser√≠an tres horas antes de que anocheciese. No os√≥ salir de all√≠ de noche, porque hab√≠a muchas restingas, hasta que se sepan, porque despu√©s ser√°n provechosas si tienen, como deben tener, canales, y tienen mucho fondo y buen surgidero seguro de todos vientos. Estas tierras, desde Monte Cristi hasta all√≠ donde surgi√≥, son tierras altas y llanas y muy lindas campi√Īas, y a las espaldas muy hermosos montes que van de Este a Oeste, y son todos labrados y verdes, que es cosa de maravilla ver su hermosura, y tienen muchas riberas de agua. En toda esta tierra hay muchas tortugas, de las cuales tomaron los marineros en el Monte Cristi que ven√≠an a desovar en tierra, y eran muy grandes como una grande tablachina. El d√≠a pasado, cuando el Almirante iba al R√≠o del Oro, dijo que vio tres sirenas que salieron bien alto de la mar, pero no eran tan hermosas como las pintan, que en alguna manera ten√≠an forma de hombre en la cara. Dijo que otras veces vio algunas en Guinea, en la Costa Manegueta. Dice que esta noche, con el nombre de Nuestro Se√Īor, partir√≠a a su viaje sin m√°s detenerse en cosa alguna, pues hab√≠a hallado lo que buscaba, porque no quiere m√°s enojo con aquel Mart√≠n Alonso hasta que Sus Altezas supiesen las nuevas de su viaje y de lo que ha hecho; ¬ęy despu√©s no sufrir√© -dice √©l- hechos de malas personas y de poca virtud, las cuales contra quien les dio aquella honra presumen hacer su voluntad con poco acatamiento¬Ľ.

Jueves, 10 de enero

Parti√≥se de donde hab√≠a surgido, y al sol puesto lleg√≥ a un r√≠o, al cual puso nombre r√≠o de Gracia; dista de la parte del Sudeste tres leguas. Surgi√≥ a la boca, que es buen surgidero, a la parte del Este. Para entrar dentro tiene un banco, que no tiene sino dos brazas de agua y muy angosto: dentro es buen puerto cerrado, sino que tiene mucha broma. Y de ella iba la carabela Pinta, donde iba Mart√≠n Alonso, muy maltratada, porque dice que estuvo all√≠ rescatando diecis√©is d√≠as, donde rescataron mucho oro, que era lo que deseaba Mart√≠n Alonso. El cual, despu√©s que supo de los indios que el Almirante estaba en la costa de la misma isla Espa√Īola y que no lo pod√≠a errar, se vino para √©l. Y dice que quisiera que toda la gente del nav√≠o jurara que no hab√≠an estado all√≠ sino seis d√≠as. Mas dice que era cosa tan p√ļblica su maldad, que no pod√≠a encubrir. El cual, dice el Almirante, ten√≠a hechas leyes que fuese para √©l la mitad del oro que se rescatase o se hubiese. Y cuando hubo de partirse de all√≠, tom√≥ cuatro hombres indios y dos mozos por fuerza, a los cuales el Almirante mand√≥ dar de vestir y tornar en tierra que se fuesen a sus casas; ¬ęlo cual -dice- es servicio de Vuestras Altezas, as√≠ de esta isla en especial como de las otras. Mas aqu√≠, donde tienen ya asiento Vuestras Altezas, se debe hacer honra y favor a los pueblos, pues que en esta isla hay tanto oro y buenas tierras y especier√≠a¬Ľ.

Viernes, 11 de enero

A media noche sali√≥ del R√≠o de Gracia con el terral; naveg√≥ al Este, hasta un cabo que llam√≥ Belprado, cuatro leguas; y de all√≠ al Sudeste est√° el monte a quien puso Monte de Plata y dice que hay ocho leguas. De all√≠ del cabo Belprado, al Este cuarta del Sudeste, est√° el cabo que dijo del Angel, y hay dieciocho leguas; y de este cabo al Monte de Plata hay un golfo y tierras las mejores y m√°s lindas del mundo, todas campi√Īas altas y hermosas, que van mucho la tierra adentro, y despu√©s hay una sierra, que va de Este a Oeste, muy grande y muy hermosa; y al pie del monte hay un puerto muy bueno y en la entrada tiene catorce brazas, y este monte es muy alto y hermoso, y todo esto es poblado mucho. Y cre√≠a el Almirante deb√≠a haber buenos r√≠os y mucho oro. Del Cabo del Angel al Este cuarta del Sudeste, hay cuatro leguas a una punta que puso del Hierro; y al mismo camino, a cuatro leguas, est√° una punta que llam√≥ la Punta Seca; y de all√≠ al mismo camino, a seis leguas, est√° el cabo que dijo Redondo; y de all√≠ al Este est√° el cabo Franc√©s; y en este cabo, de la parte del Este, hay una angla grande, mas no le pareci√≥ haber surgidero. De all√≠ a una legua est√° el Cabo del Buen Tiempo; de √©ste al Sur cuarta del Sudeste hay un cabo que llam√≥ Tejado, una grande legua; y de √©ste hacia el Sur vio otro cabo, y pareci√≥le que habr√≠a quince leguas. Hoy hizo gran camino, porque el viento y las corrientes iban con √©l. No os√≥ surgir, por miedo a los bajos, y as√≠ estuvo a la corda toda la noche.

S√°bado, 12 de enero

Al cuarto del alba naveg√≥ al Este con viento fresco y anduvo as√≠ hasta el d√≠a, y en este tiempo veinte millas, y en dos horas despu√©s andar√≠a veinticuatro millas. De all√≠ vio al Sur tierra, y fue hacia ella, y estar√≠a de ella cuarenta y ocho millas y dice que, dado resguardo al nav√≠o, andar√≠a esta noche veintiocho millas al Nornordeste. Cuando vio la tierra, llam√≥ a un cabo que vio el Cabo de Padre e Hijo, porque a la punta de la parte del Este tiene dos farallones, mayor el uno que el otro. Despu√©s, al Este dos leguas, vio una grande abra y muy hermosa entre dos grandes monta√Īas, y vio que era grand√≠simo puerto, bueno y de muy buena entrada; pero, por ser muy de ma√Īana y no perder camino, porque por la mayor parte del tiempo hace por all√≠ Estes y entonces le lleva Nornoroeste, no quiso detenerse m√°s. Sigui√≥ su camino al Este hasta un cabo muy alto y muy hermoso y todo de piedra tajado a quien puso por nombre Cabo del Enamorado, el cual estaba al Este de aquel puerto a quien llam√≥ Puerto Sacro, treinta y dos millas; y, en llegando a √©l, descubri√≥ otro muy m√°s hermoso y m√°s alto y redondo, de pe√Īa todo, as√≠ como el Cabo de San Vicente en Portugal, y estaba del Enamorado al Este doce millas. Despu√©s que lleg√≥ a emparejarse con el del Enamorado, vio, entremedias de √©l y de otro, que se hac√≠a una grand√≠sima bah√≠a que tiene de anchor tres leguas, y en medio de ella est√° una isleta peque√Īuela; el fondo es mucho a la entrada hasta tierra. Surgi√≥ all√≠ en doce brazas, envi√≥ la barca en tierra por agua y por ver si hab√≠a lengua, pero la gente toda huy√≥. Surgi√≥ tambi√©n por ver si toda era aquella una tierra con la Espa√Īola; y lo que dijo ser golfo sospechaba no fuese otra isla por s√≠. Quedaba espantado de ser tan grande la isla Espa√Īola.

Domingo, 13 de enero

No sali√≥ de este puerto por no hacer terral con que saliese. Quisiera salir por ir a otro mejor puerto, porque aqu√©l era algo descubierto, y porque quer√≠a ver en qu√© paraba la conjunci√≥n de la Luna con el Sol, que esperaba a 17 de este mes, y la oposici√≥n de ella con J√ļpiter y conjunci√≥n con Mercurio y el Sol en op√≥sito con J√ļpiter, que es causa de grandes vientos. Envi√≥ la barca a tierra en una hermosa playa para que tomasen de los ajes para comer, y hallaron ciertos hombres con arcos y flechas, con los cuales se pararon a hablar, y les compraron dos arcos y muchas flechas y rogaron a uno de ellos que fuese a hablar al Almirante a la carabela; y vino, el cual dice que era muy disforme en la catadura m√°s que otros que hubiesen visto. Ten√≠a el rostro todo tiznado de carb√≥n, puesto que en todas partes acostumbran de se te√Īir de diversos colores. Tra√≠a todos los cabellos muy largos y encogidos y atados atr√°s y despu√©s puestos en una redecilla de plumas de papagayos, y √©l as√≠ desnudo como los otros. Juzg√≥ el Almirante que deb√≠a ser de los caribes que comen los hombres, y que aquel golfo que ayer hab√≠a visto que hac√≠a apartamiento de tierra y que ser√≠a isla por s√≠. Pregunt√≥le por los caribes y se√Īal√≥le al Este, cerca de all√≠; la cual dice que ayer vio el Almirante antes que entrase en aquella bah√≠a, y d√≠jole el indio que en ella hab√≠a muy mucho oro, se√Īal√°ndole la popa de la carabela, que era bien grande, y que pedazos hab√≠a tan grandes. Llamaba al oro tuob y no entend√≠a por caona, como le llaman en la primera parte de la isla, ni por nocay, como lo nombran en San Salvador y en las otras islas. Al alambre o a un oro bajo llaman en La Espa√Īola tuob. De la isla de Matinino dijo aquel indio que era toda poblada de mujeres sin hombres, y que en ella hay mucho tuob, que es oro o alambre, y que es m√°s al Este de Carib. Tambi√©n dijo de la isla de Goanin, adonde hay mucho tuob. De estas islas dice el Almirante que por muchas personas hace d√≠as hab√≠a noticia. Dice m√°s el Almirante; que en las islas pasadas estaban con gran temor de Carib, y en algunas le llamaban Caniba, pero en La Espa√Īola Carib; y que debe de ser gente arriscada, pues andan por todas estas islas y comen la gente que pueden haber. Dice que entend√≠a algunas palabras, y por ellas dice que saca otras cosas, y que los indios que consigo tra√≠a entend√≠an m√°s, puesto que hallaba diferencia de lenguas por la gran distancia de las tierras. Mand√≥ dar al indio de comer, y diole pedazos de pa√Īo verde y colorado y cuentezuelas de vidrio, a que ellos son muy aficionados, y torn√≥le a enviar a tierra y d√≠jole que trajese oro si lo hab√≠a, lo cual cre√≠a por algunas cositas suyas que √©l tra√≠a. En llegando la barca a tierra, estaban detr√°s los √°rboles bien cincuenta y cinco hombres desnudos, con los cabellos muy largos, as√≠ como las mujeres los traen en Castilla. Detr√°s de la cabeza tra√≠an penachos de plumas de papagayos y de otras aves, y cada uno tra√≠a su arco. Descendi√≥ el indio en tierra e hizo que los otros dejasen sus arcos y flechas, y un pedazo de palo que es como un... muy pesado que traen en lugar de espada; los cuales despu√©s se llegaron a la barca, y la gente de la barca sali√≥ a tierra y comenz√°ronles a comprar los arcos y flechas y las otras armas, porque el Almirante as√≠ lo ten√≠a ordenado. Vendidos dos arcos, no quisieron dar m√°s; antes se aparejaron de arremeter a los cristianos y prenderlos. Fueron corriendo a tomar sus arcos y flechas donde los ten√≠an apartados y tornaron con cuerdas en las manos para dice que atar a los cristianos. Vi√©ndolos venir corriendo a ellos, estando los cristianos apercibidos, porque siempre los avisaba de esto el Almirante, arremetieron los cristianos a ellos, y dieron a un indio una gran cuchillada en las nalgas y a otro por los pechos hirieron con una saetada, a lo cual, visto que pod√≠an ganar poco aunque no eran los cristianos sino siete y ellos cincuenta y tantos, dieron a huir que no qued√≥ ninguno, dejando uno aqu√≠ las flechas y otro all√≠ los arcos. Mataran dice que los cristianos muchos de ellos si el piloto que iba por capit√°n de ellos no lo estorbara. Volvi√©ronse luego a la carabela los cristianos con su barca, y, sabido por el Almirante, dijo que por una parte le hab√≠a pesado y por otra no, porque hayan miedo a los cristianos, porque sin duda, dice √©l, la gente de all√≠ es dice que de mal hacer y que cre√≠a que eran los de Carib y que comiesen los hombres, y porque, viniendo por all√≠ la barca que dej√≥ a los treinta y nueve hombres en la fortaleza y Villa de la Navidad, tengan miedo de hacerles alg√ļn mal. Y que si no son de los caribes, al menos deben ser fronteros y de las mismas costumbres y gente sin miedo, no como los otros de las otras islas, que son cobardes y sin armas fuera de raz√≥n. Todo esto dice el Almirante y que querr√≠a tomar algunos de ellos. Dice que hac√≠an muchas ahumadas como acostumbraban en aquella isla Espa√Īola.

Lunes, 14 de enero

Quisiera enviar esta noche a buscar las casas de aquellos indios por tomar algunos de ellos, creyendo que eran caribes, y... por el mucho Este y Nordeste y mucha ola que hizo en la mar; pero, ya de d√≠a, vieron mucha gente de indios en tierra, por lo cual mand√≥ el Almirante ir all√° la barca con gente bien aderezada, los cuales luego vinieron todos a la popa de la barca, y especialmente el indio que el d√≠a antes hab√≠a venido a la carabela y el Almirante le hab√≠a dado las cosillas de rescate. Con √©ste dice que ven√≠a un rey, el cual hab√≠a dado al indio dicho unas cuentas que diese a los de la barca en se√Īal de seguro y de paz. Este rey, con tres de los suyos, entraron en la barca y vinieron a la carabela. Mand√≥les el Almirante dar de comer bizcocho y miel y diole un bonete colorado y cuentas y un pedazo de pa√Īo colorado, y a otros tambi√©n pedazos de pa√Īo, el cual dijo que traer√≠a ma√Īana una car√°tula de oro, afirmando que all√≠ hab√≠a mucho, y en Carib y Matinino. Despu√©s los envi√≥ a tierra bien contentos. Dice m√°s el Almirante: que le hac√≠an agua mucha las carabelas por la quilla, y qu√©jase mucho de los calafates que en Palos las calafatearon muy mal y que cuando vieron que el Almirante hab√≠a entendido el defecto de su obra y los quisiera constre√Īir a que la enmendaran, huyeron; pero, no obstante la mucha agua que las carabelas hac√≠an, conf√≠a en Nuestro Se√Īor que lo trajo, le tornar√° por su piedad y misericordia, que bien sab√≠a Su Alta Majestad cu√°nta controversia tuvo primero antes que se pudiese expedir de Castilla, que ninguno otro fue en su favor sino El, porque El sab√≠a su coraz√≥n y, despu√©s de Dios, Sus Altezas, y todo lo dem√°s le hab√≠a sido contrario sin raz√≥n alguna. Y dice m√°s as√≠: ¬ęy han sido causa que la Corona Real de Vuestras Altezas no tenga cien cuentos de renta m√°s de la que tiene despu√©s que yo vine a les servir, que son siete a√Īos ahora a 20 d√≠as de enero este mismo mes, y m√°s lo que acrecentado ser√≠a de aqu√≠ en adelante. Mas aquel poderoso Dios remediar√° todo¬Ľ. Estas son sus palabras.

Martes, 15 de enero

Dice que quiere partir porque ya no aprovecha nada detenerse, por haber pasado aquellos desconciertos (debe decir del esc√°ndalo de los indios). Dice tambi√©n que hoy ha sabido que toda la fuerza del oro estaba en la comarca de la Villa de la Navidad de Sus Altezas, y que en la isla de Carib hab√≠a mucho alambre y en Matinino, puesto que ser√° dificultoso en Carib, porque aquella gente dice que come carne humana, y que de all√≠ se parec√≠a la isla de ellos y que ten√≠a determinado de ir all√°, pues est√° en el camino, y a la de Matinino que dice que era poblada toda de mujeres sin hombres, y ver la una y la otra y tomar dice algunos de ellos. Envi√≥ el Almirante la barca a tierra, y el rey de aquella tierra no hab√≠a venido, porque dice que la poblaci√≥n estaba lejos; mas envi√≥ su corona de oro, como hab√≠a prometido, y vinieron otros muchos hombres con algod√≥n y con pan de ajes, todos con sus arcos y flechas. Despu√©s que todo lo hubieron rescatado, vinieron dice que cuatro mancebos a la carabela, y pareci√©ronle al Almirante dar tan buena cuenta de todas aquellas islas que estaban hacia el Este, en el mismo camino que el Almirante hab√≠a de llevar, que determin√≥ de traer a Castilla consigo. All√≠ dice que no ten√≠an hierro ni otro metal que se hubiese visto, aunque en pocos d√≠as no se puede saber de una tierra mucho, as√≠ por la dificultad de la lengua, que no entend√≠a el Almirante, sino por discreci√≥n, como porque ellos no saben lo que √©l pretend√≠a en pocos d√≠as. Los arcos de aquella gente dice que eran tan grandes como los de Francia e Inglaterra; las flechas son propias como las azagayas de las otras gentes que hasta all√≠ hab√≠a visto, que son de los pimpollos de las ca√Īas cuando son simiente, que quedan muy derechas y de longura de una vara y media y de dos, y despu√©s ponen al cabo un pedazo de palo agudo de un palmo y medio; y encima de este palillo algunos le injertan un diente de pescado, y algunos y los m√°s le ponen all√≠ hierba, y no tiran como en otras partes, salvo por una cierta manera que no pueden mucho ofender. All√≠ hab√≠a mucho algod√≥n y muy fino y luengo y hay muchas alm√°cigas, y parec√≠ale que los arcos eran de tejo, y que hay oro y cobre. Tambi√©n hay mucho aj√≠, que es su pimienta, de ella que vale m√°s que pimienta, y toda la gente no come sin ella, que la halla muy sana: pu√©dense cargar cincuenta carabelas cada a√Īo en aquella Espa√Īola. Dice que hall√≥ mucha hierba en aquella bah√≠a, de la que hallaron en el golfo cuando ven√≠a el descubrimiento, por lo cual cre√≠a que hab√≠a islas al Este hasta en derecho de donde las comenz√≥ a hallar: porque tiene por cierto que aquella hierba nace en poco fondo junto a tierra; y dice que, si as√≠ es, muy cerca estaban estas Indias de las islas de Canaria, y por esta raz√≥n cre√≠a que distaban menos de cuatrocientas leguas.

Miércoles, 16 de enero

Parti√≥ antes del d√≠a, tres horas, del golfo que llam√≥ el Golfo de las Flechas, con viento de la tierra, despu√©s con viento Oeste, llevando la proa al Este cuarta del Nordeste para ir dice que a la isla de Carib, donde estaba la gente de quien todas aquellas islas y tierras tanto miedo ten√≠an, porque dice que con sus canoas sin n√ļmero andaban todas aquellas mares y dice que com√≠an los hombres que pueden haber. La derrota dice que le hab√≠an mostrado unos indios de aquellos cuatro que tom√≥ ayer en el Puerto de las Flechas. Despu√©s de haber andado a su parecer sesenta y cuatro millas, se√Īal√°ronle los indios quedar√≠a la dicha isla al Sudeste; quiso llevar aquel camino y mand√≥ templar las velas, y, despu√©s de haber andado dos leguas, refresc√≥ el viento muy bueno para ir a Espa√Īa. Not√≥ en la gente que comenz√≥ a entristecerse por desviarse del camino derecho, por la mucha agua que hac√≠an ambas carabelas, y no ten√≠an alg√ļn remedio salvo el de Dios. Hubo de dejar el camino que cre√≠a que llevaba de la isla y volvi√≥ al derecho de Espa√Īa, Nordeste cuarta del Este, y anduvo as√≠ hasta el sol puesto cuarenta y ocho millas, que son doce leguas. Dij√©ronle los indios que por aquella v√≠a hallar√≠a la isla de Matinino, que dice que era poblada de mujeres sin hombres, lo cual el Almirante mucho quisiera por llevar dice que a los Reyes cinco o seis de ellas; pero dudaba que los indios supiesen bien la derrota, y √©l no se pod√≠a detener, por el peligro del agua que cog√≠an las carabelas; mas dice que era cierto que las hab√≠a, y que cierto tiempo del a√Īo ven√≠an los hombres a ellas de la dicha isla de Carib, que dice que estaba de ellas diez o doce leguas, y si par√≠an ni√Īo envi√°banlo a la isla de los hombres, y si ni√Īa dej√°banla consigo. Dice el Almirante que aquellas dos islas no deb√≠an distar de donde hab√≠a partido quince o veinte leguas, y cre√≠a que eran al Sudeste, y que los indios no le supieron se√Īalar la derrota. Despu√©s de perder de vista el cabo que nombr√≥ de San Theramo, de la isla Espa√Īola, que le quedaba al Oeste diecis√©is leguas, anduvo doce leguas al Este cuarta del Nordeste. Llevaba muy buen tiempo.

Jueves, 17 de enero

Ayer, al poner del sol calmóse algo el viento; andaría catorce ampolletas, que tenía cada una media hora o poco menos, hasta el rendir del primer cuarto, y andaría cuatro millas por hora, que son veintiocho millas. Después refrescó el viento y anduvo así todo aquel cuarto, que fueron diez ampolletas, y después otras seis, hasta salido el sol, ocho millas por hora, y así andaría por todas ochenta y cuatro millas que son veintiuna leguas al Nordeste cuarta del Este, y hasta el sol puesto andaría más de cuarenta y cuatro millas, que son once leguas, al Este. Aquí vino un alcatraz a la carabela y después otro, y vio mucha hierba de la que está en la mar.

Viernes, 18 de enero

Naveg√≥ con poco viento esta noche al Este cuarta del Sudeste cuarenta millas, que son diez leguas, y despu√©s al Sudeste cuarta del Este treinta millas, que son siete leguas y media, hasta salido el sol. Despu√©s de salido el sol naveg√≥ todo el d√≠a con poco viento Esnordeste y Nordeste y con Este m√°s y menos, puesta la proa a veces al Norte y a veces a la cuarta del Nordeste y al Nornordeste; y as√≠, contando lo uno y lo otro, crey√≥ que andar√≠a sesenta millas, que son quince leguas. Pareci√≥ poca hierba en la mar; pero dice que ayer y hoy pareci√≥ la mar cuajada de atunes, y crey√≥ el Almirante que de all√≠ deb√≠an de ir a las almadrabas del Duque de Conil y de C√°diz. Por un pescado que se llama rabihorcado, que anduvo alrededor de la carabela y despu√©s se fue la v√≠a del Sursudeste, crey√≥ el Almirante que hab√≠a por all√≠ algunas islas. Y al Essueste de la isla Espa√Īola dijo que quedaba la isla de Carib y la de Matinino y otras muchas.

S√°bado, 19 de enero

Anduvo esta noche cincuenta y seis millas al Norte cuarta del Nordeste, y sesenta y cuatro al Nordeste cuarta del Norte. Despu√©s del sol salido, naveg√≥ al Nordeste con el viento Essueste, con viento fresco, y despu√©s a la cuarta del Norte, y andar√≠a ochenta y cuatro millas, que son veintiuna leguas. Vino la mar cuajada de atunes peque√Īos: hubo alcatraces, rabos de juncos y rabihorcados.

Domingo, 20 de enero

Calm√≥ el viento esta noche, y a ratos ventaba unas rachas de viento, y andar√≠a por todo veinte millas al Nordeste. Despu√©s del sol salido, andar√≠a once millas al Sudeste, despu√©s al Nornordeste treinta y seis millas, que son nueve leguas. Vio infinitos atunes peque√Īos. Los aires dice que muy suaves y dulces, como en Sevilla por abril o mayo, y la mar, dice, a Dios sean dadas muchas gracias, siempre muy llana. Rabihorcados y pardelas y otras aves muchas parecieron.

Lunes, 21 de enero

Ayer, después del sol puesto, navegó al Norte cuarta del Nordeste, con el viento Este y Nordeste: andaría ocho millas por hora hasta media noche, que serían cincuenta y seis millas. Después anduvo al Nornordeste ocho millas por hora, y así serían, en toda la noche, ciento cuatro millas, que son veintiséis leguas, a la cuarta del Norte de la parte del Nordeste. Después del sol salido, navegó al Nornordeste con el mismo viento Este, y a veces a la cuarta del Nordeste, y andaría ochenta y ocho millas en once horas que tenía el día, que son veintiuna leguas, sacada una que perdió porque arribó sobre la carabela Pinta por hablarle. Hallaba los aires más fríos, y pensaba dice que hallarlos más cada día cuanto más se llegase al Norte, y también por las noches ser más grandes por la angostura de la esfera. Parecieron muchos rabos de juncos y pardelas y otras aves; pero no tantos peces, dice que por ser el agua más fría. Vio mucha hierba.

Martes, 22 de enero

Ayer, después del sol puesto, navegó al Nornordeste con viento Este y tomaba del Sudeste; andaba ocho millas por hora hasta pasadas cinco ampolletas, y tres antes que se comenzase la guardia, que eran ocho ampolletas. Y así habría andado setenta y dos millas, que son dieciocho leguas. Después anduvo a la cuarta del Nordeste al Norte seis ampolletas, que serían otras dieciocho millas. Después cuatro ampolletas de la segunda guarda al Nordeste, seis millas por hora, que son tres leguas al Nordeste. Después, hasta el salir del sol, anduvo al Esnordeste once ampolletas, seis leguas por hora, que son siete leguas. Después al Esnordeste, hasta las once horas del día, treinta y dos millas. Y así calmó el viento y no anduvo más en aquel día. Nadaron los indios. Vieron rabos de juncos y mucha hierba.

Miércoles, 23 de enero

Esta noche tuvo muchos mudamientos en los vientos; tanteado todo y dados los resguardos que los marineros buenos suelen y deben dar, dice que andaría esta noche al Nordeste cuarta del Norte ochenta y cuatro millas, que son veintiuna leguas. Esperaba muchas veces a la carabela Pinta, porque andaba mal de la bolina, porque se ayudaba poco de la mesana por el mástil no ser bueno; y dice que si el capitán de ella, que es Martín Alonso Pinzón, tuviera tanto cuidado de proveerse de un buen mástil en las Indias, donde tantos y tales había, como fue codicioso de se apartar de él, pensando de henchir el navío de oro, él lo pusiera bueno. Parecieron muchos rabos de juncos y mucha hierba: el cielo todo turbado estos días; pero no había llovido, y la mar siempre muy llana como en un río, a Dios sean dadas muchas gracias. Después del sol salido, andaría al Nordeste franco cierta parte del día treinta millas, que son siete leguas y media, y después lo demás anduvo al Esnordeste otras treinta, que son siete leguas y media.

Jueves, 24 de enero

Andaría esta noche toda, consideradas muchas mudanzas que hizo el viento al Nordeste, cuarenta y cuatro millas, que fueron once leguas. Después de salido el sol hasta puesto, andaría al Esnordeste catorce leguas.

Viernes, 25 de enero

Navegó esta noche al Esnordeste un pedazo de la noche, que fueron trece ampolletas, nueve leguas y media; después anduvo al Nornordeste otras seis millas. Salido el sol todo el día, porque calmó el viento, andaría al Esnordeste veintiocho millas, que son siete leguas. Mataron los marineros una tonina y un grandísimo tiburón, y dice que lo habían bien menester, porque no traían ya de comer sino pan y vino y ajes de las Indias.

S√°bado, 26 de enero

Esta noche anduvo al Este cuarta del Sudeste cincuenta y seis millas, que son catorce leguas. Después del sol salido, navegó a las veces al Essueste y a las veces al Sudeste; andaría hasta las once horas del día cuarenta millas. Después hizo otro bordo, y después anduvo a la relinga, y hasta la noche anduvo hacia el Norte veinticuatro millas, que son seis leguas.

Domingo, 27 de enero

Ayer, después del sol puesto, anduvo al Nordeste y al Norte, y al Norte cuarta del Nordeste, y andaría cinco millas por hora, y en trece horas serían sesenta y cinco millas, que son dieciséis leguas y media. Después del sol salido, anduvo hacia el Nordeste veinticuatro millas, que son seis leguas hasta mediodía, y de allí hasta el sol puesto andaría tres leguas al Esnordeste.

Lunes, 28 de enero

Esta noche toda navegó al Esnordeste, y andaría treinta y seis millas, que son nueve leguas. Después del sol salido, anduvo hasta el sol puesto al Esnordeste veinte millas, que son cinco leguas. Los aires halló templados y dulces. Vio rabos de juncos y pardelas y mucha hierba.

Martes, 29 de enero

Navegó al Esnordeste y andaría en la noche con Sur y Sudoeste treinta y nueve millas, que son nueve leguas y media. Entre todo el día andaría ocho leguas. Los aires muy templados como en abril en Castilla; la mar muy llana: peces que llaman dorados vinieron a bordo.

Miércoles, 30 de enero

En toda esta noche andaría siete leguas al Esnordeste. De día corrió al Sur cuarta al Sudeste, trece leguas y media. Vio rabos de juncos y mucha hierba y muchas toninas.

Jueves, 31 de enero

Navegó esta noche al Norte cuarta del Nordeste treinta millas, y después al Nordeste treinta y cinco millas, que son dieciséis leguas. Salido el sol, hasta la noche anduvo al Esnordeste trece leguas y media. Vieron rabos de junco y pardelas.

Viernes, 1 de febrero

Anduvo esta noche al Esnordeste dieciséis leguas y media. El día corrió al mismo camino veintinueve leguas y un cuarto; la mar muy llana, a Dios gracias.

S√°bado, 2 de febrero

Anduvo esta noche al Esnordeste cuarenta millas, que son diez leguas. De día, con el mismo viento a popa, corrió siete millas por hora; por manera que en once horas anduvo setenta y siete millas, que son diecinueve leguas y cuarta; la mar muy llana, gracias a Dios, y los aires muy dulces. Vieron tan cuajada la mar de hierba que, si no la hubieran visto, temieran ser bajos. Pardelas vieron.

Domingo, 3 de febrero

Esta noche, yendo a popa con la mar muy llana, a Dios gracias, andaría veintinueve leguas. Parecióle la estrella del Norte muy alta, como en el Cabo de San Vicente. No pudo tomar la altura con el astrolabio ni cuadrante, porque la ola no le dio lugar. El día navegó al Esnordeste su camino, y andaría diez millas por hora, y, así, en once horas veintisiete leguas.

Lunes, 4 de febrero

Esta noche naveg√≥ al Este cuarta del Nordeste; parte anduvo doce millas por hora y parte diez, y as√≠ andar√≠a ciento treinta millas, que son treinta y dos leguas y media. Tuvo el cielo muy turbado y lluvioso e hizo alg√ļn fr√≠o, por lo cual dice que conoc√≠a que no hab√≠a llegado a las islas de los Azores. Despu√©s sol levantado, mud√≥ el camino y fue al Este. Anduvo en todo el d√≠a setenta y siete millas, que son diecinueve leguas y cuarta.

Martes, 5 de febrero

Esta noche naveg√≥ al Este; andar√≠a toda ella cincuenta y cuatro millas, que son catorce leguas menos media. El d√≠a corri√≥ diez millas por hora, y, as√≠, en once horas fueron ciento diez millas, que son veintisiete leguas y media. Vieron pardelas y unos palillos, que era se√Īal que estaban cerca de tierra.

Miércoles, 6 de febrero

Naveg√≥ esta noche al Este; andar√≠a once millas por hora. En trece horas de la noche andar√≠a ciento cuarenta y tres millas, que son treinta y cinco leguas y cuarta. Vieron muchas aves y pardelas. El d√≠a corri√≥ catorce millas por hora, y, as√≠, anduvo aquel d√≠a ciento cincuenta y cuatro millas, que son treinta y ocho leguas y media; de manera que fueron, entre d√≠a y noche, sesenta y cuatro leguas poco m√°s o menos. Vicente Y√°√Īez dijo que hoy por la ma√Īana le quedaba la isla de Flores al Norte y la de Madera al Este. Rold√°n dijo que la isla del Fayal o la de San Gregorio le quedaba al Nornordeste y el Puerto Santo al Este. Pareci√≥ mucha hierba.

Jueves, 7 de febrero

Naveg√≥ esta noche al Este; andar√≠a diez millas por hora, y, as√≠, en trece horas ciento y treinta millas, que son treinta y dos leguas y media; el d√≠a, ocho millas por hora, en once horas ochenta y ocho millas, que son veintid√≥s leguas. En esta ma√Īana estaba el Almirante al Sur de la isla de Flores sesenta y cinco leguas, y el piloto Pedro Alonso, yendo al Norte, pasaba entre la Tercera y la de Santa Mar√≠a, y al Este pasaba de barlovento de la isla de Madera doce leguas de la parte del Norte. Vieron los marineros hierba de otra manera que la pasada, de la que hay mucha en la isla de los Azores. Despu√©s se vio de la pasada.

Viernes, 8 de febrero

Anduvo esta noche tres millas por hora al Este por un rato, y después caminó a la cuarta del Sudeste; anduvo toda la noche doce leguas. Salido el sol, hasta mediodía corrió veintisiete millas; después, hasta el sol puesto, otras tantas, que son trece leguas al Sursudeste.

S√°bado, 9 de febrero

Un rato de esta noche andaría tres leguas al Sursudeste; después al Sur cuarta del Sudeste; después al Nordeste, hasta las diez horas del día, otras cinco leguas, y después, hasta la noche, anduvo nueve leguas al Este.

Domingo, 10 de febrero

Después del sol puesto, navegó al Este toda la noche ciento treinta millas, que son treinta y dos leguas y media; el sol salido, hasta la noche anduvo nueve millas por hora, y así anduvo en once horas noventa y nueve millas, que son veinticuatro leguas y media y una cuarta.

En la carabela del Almirante carteaban y echaban punto Vicente Y√°√Īez y los dos pilotos Sancho Ruiz y Pedro Alonso Ni√Īo y Rold√°n, y todos ellos pasaban mucho adelante de las islas de los Azores al Este por sus cartas; y, navegando al Norte, ninguno tomara la isla de Santa Mar√≠a, que es la postrera de todas las de los Azores. Antes, ser√≠an delante con cinco leguas, y fueran en la comarca de la isla de la Madera o en el Puerto Santo. Pero el Almirante se hallaba muy desviado de su camino, hall√°ndose mucho m√°s atr√°s que ellos, porque esta noche le quedaba la isla de Flores al Norte, y al Este iba en demanda a Nafe en √Āfrica, y pasaba a barlovento de la isla de la Madera de la parte del Norte... leguas. As√≠ que ellos estaba m√°s cerca de Castilla que el Almirante con ciento cincuenta leguas. Dice que, mediante la gracia de Dios, desque vean tierra se sabr√° qui√©n andaba m√°s cierto. Dice aqu√≠ tambi√©n que primero anduvo doscientas sesenta y tres leguas de la isla del Hierro a la venida que viese la primera hierba, etc.

Lunes, 11 de febrero

Anduvo esta noche doce millas por hora a su camino, y, así, en toda ella contó treinta y nueve leguas, y en todo el día corrió dieciséis leguas y media. Vio muchas aves, de donde creyó estar cerca de tierra.

Martes, 12 de febrero

Navegó al Este seis millas por hora esta noche, y andaría hasta el día setenta y tres millas, que son dieciocho leguas y un cuarto. Aquí comenzó a tener grande mar y tormenta: y, si no fuera la carabela dice que muy buena y bien aderezada, temiera perderse. El día correría once o doce leguas, con mucho trabajo y peligro.

Miércoles, 13 de febrero

Despu√©s del sol puesto hasta el d√≠a, tuvo gran trabajo del viento y de la mar muy alta y tormenta; relampague√≥ hacia el Nordeste tres veces; dijo ser se√Īal de gran tempestad que hab√≠a de venir de aquella parte o de su contrario. Anduvo a √°rbol seco lo m√°s de la noche; despu√©s dio una poca de vela y andar√≠a cincuenta y dos millas, que son trece leguas. En este d√≠a blande√≥ un poco el viento; pero luego creci√≥ y la mar se hizo terrible y cruzaban las olas que atormentaban los nav√≠os. Andar√≠a cincuenta y cinco millas, que son trece leguas y media.

Jueves, 14 de febrero

Esta noche creci√≥ el viento y las olas eran espantables, contraria una de otra, que cruzaban y embarazaban el nav√≠o que no pod√≠a pasar adelante ni salir de entremedias de ellas y quebraban en √©l; llevaba el papah√≠go muy bajo, para que solamente lo sacase algo de las ondas: andar√≠a as√≠ tres horas y correr√≠a veinte millas. Crec√≠a mucho la mar y el viento; y, viendo el peligro grande, comenz√≥ a correr a popa donde el viento lo llevase, porque no hab√≠a otro remedio. Entonces comenz√≥ a correr tambi√©n la carabela Pinta, en que iba Mart√≠n Alonso, y desapareci√≥, aunque toda la noche hizo faroles el Almirante y el otro le respond√≠a; hasta que parece que no pudo m√°s por la fuerza de la tormenta y porque se hallaba muy fuera del camino del Almirante. Anduvo el Almirante esta noche al Nordeste cuarta del Este, cincuenta y cuatro millas, que son trece leguas. Salido el sol, fue mayor el viento y la mar cruzando m√°s terrible: llevaba el papah√≠go solo y bajo, para que el nav√≠o saliese de entre las ondas que cruzaban, porque no lo hundiesen. Andaba el camino del Esnordeste, y despu√©s a la cuarta hasta el Nordeste; andar√≠a seis horas as√≠, y en ellas siete leguas y media. El orden√≥ que se echase un romero que fuese a Santa Mar√≠a de Guadalupe y llevase un cirio de cinco libras de cera y que hiciesen voto todos que al que cayese la suerte cumpliese la romer√≠a, para lo cual mand√≥ traer tantos garbanzos cuantas personas en el nav√≠o ven√≠an y se√Īalar uno con un cuchillo haciendo una cruz y meterlos en un bonete bien revueltos. El primero que meti√≥ la mano fue el Almirante y sac√≥ el garbanzo de la cruz, y as√≠ cay√≥ sobre √©l la suerte y desde luego se tuvo por romero y deudor de ir a cumplir el voto. Ech√≥se otra vez la suerte para enviar romero a Santa Mar√≠a de Loreto, que est√° en la marca de Ancona, tierra del Papa, que es casa donde Nuestra Se√Īora ha hecho y hace muchos y grandes milagros, y cay√≥ la suerte a un marinero del Puerto de Santa Mar√≠a, que se llamaba Pedro de Villa, y el Almirante le prometi√≥ de le dar dineros para las costas. Otro romero acord√≥ que se enviase a que velase una noche en Santa Clara de Moguer e hiciese decir una misa, para lo cual se tornaron a echar los garbanzos con el de la cruz, y cay√≥ la suerte al mismo Almirante. Despu√©s de esto, el Almirante y toda la gente hicieron voto de, en llegando a la primera tierra, ir todos en camisa en procesi√≥n a hacer oraci√≥n en una iglesia que fuese de la invocaci√≥n de Nuestra Se√Īora.

Allende los votos generales o comunes, cada uno hac√≠a en especial su voto, porque ninguno pensaba escapar, teni√©ndose todos por perdidos, seg√ļn la terrible tormenta que padec√≠an. Ayudaba a acrecentar el peligro que ven√≠a el nav√≠o con falta de lastre, por haberse alivianado la carga, siendo ya comidos los bastimentos y el agua y vino bebido, lo cual, por codicia del pr√≥spero tiempo que entre las islas tuvieron, no provey√≥ el Almirante, teniendo prop√≥sito de lo mandar lastrar en la isla de las Mujeres, adonde llev√≥ prop√≥sito de ir. El remedio que para esta necesidad tuvo fue, cuando hacerlo pudieron, henchir las pipas que ten√≠an vac√≠as de agua y vino, de agua de la mar, y con esto en ella se remediaron. Escribe aqu√≠ el Almirante las causas que le pon√≠an temor de que all√≠ Nuestro Se√Īor no quisiese que pereciese y otras que le daban esperanza de que Dios lo hab√≠a de llevar en salvamento, para que tales nuevas como llevaba a los Reyes no pereciesen. Parec√≠ale que el deseo grande que ten√≠a de llevar estas nuevas tan grandes y mostrar que hab√≠a salido verdadero en lo que hab√≠a dicho y profer√≠dose a descubrir, le pon√≠a grand√≠simo miedo de no lo conseguir, y que cada mosquito dice que le pod√≠a perturbar e impedir. Atrib√ļyelo esto a su poca fe y desfallecimiento de confianza de la Providencia Divina. Confort√°banle, por otra parte, las mercedes que Dios le hab√≠a hecho en darle tanta victoria, descubriendo lo que descubierto hab√≠a y cumpl√≠dole Dios todos sus deseos, habiendo pasado en Castilla en sus despachos muchas adversidades y contrariedades. Y que como antes hubiese puesto su fin y enderezado todo su negocio a Dios y le hab√≠a o√≠do y dado todo lo que le hab√≠a pedido, deb√≠a creer que le dar√≠a cumplimiento de lo comenzado y le llevar√≠a en salvamento. Mayormente que, pues le hab√≠a librado a la ida, cuando ten√≠a mayor raz√≥n de temer de los trabajos que ten√≠a con los marineros y gente que llevaba, los cuales todos a una voz estaban determinados de se volver y alzarse contra √©l haciendo protestaciones, y el eterno Dios le dio esfuerzo y valor contra todos y otras cosas de mucha maravilla que Dios hab√≠a mostrado en √©l y por √©l en aquel viaje, allende aquellas que Sus Altezas sab√≠an de las personas de su casa; as√≠ que dice que no debiera temer la dicha tormenta. Mas su flaqueza y congoja -dice √©l- ¬ęno me dejaba asentar la √°nima¬Ľ. Dice m√°s, que tambi√©n le daban gran pena dos hijos que ten√≠a en C√≥rdoba al estudio, que los dejaba hu√©rfanos de padre y madre en tierra extra√Īa, y los Reyes no sab√≠an los servicios que les hab√≠a en aquel viaje hecho y las nuevas tan pr√≥speras que les llevaba para que se moviesen a los remediar. Por esto y porque supiesen Sus Altezas c√≥mo Nuestro Se√Īor le hab√≠a dado victoria de todo lo que deseaba de las Indias y supiesen que ninguna tormenta hab√≠a en aquellas partes, lo cual dice que se puede conocer por la hierba y los √°rboles que est√°n nacidos y crecidos hasta dentro en la mar, y porque si se perdiese con aquella tormenta los Reyes hubiesen noticia de su viaje, tom√≥ un pergamino y escribi√≥ en √©l todo lo que pudo de todo lo que hab√≠a hallado, rogando mucho a quien lo hallase que lo llevase a los Reyes. Este pergamino envolvi√≥ en un pa√Īo encerado, atado muy bien, y mand√≥ traer un gran barril de madera y p√ļsolo en √©l sin que ninguna persona supiese qu√© era, sino que pensaron todos que era alguna devoci√≥n; y as√≠ lo mand√≥ echar en la mar. Despu√©s, con los aguaceros y turbionadas, se mud√≥ el viento al Oeste, y andar√≠a as√≠ a popa s√≥lo con el trinquete cinco horas con la mar muy desconcertada; y andar√≠a dos leguas y media al Nordeste. Hab√≠a quitado el papah√≠go de la vela mayor, por miedo que alguno onda de la mar no se lo llevase del todo.

Viernes, 15 de febrero

Ayer, después del sol puesto, comenzó a mostrarse claro el cielo de la banda del Oeste, y mostraba que quería de hacia allí ventar. Dio la boneta a la vela mayor: todavía era la mar altísima, aunque iba algo bajándose. Anduvo al Esnordeste cuatro millas por hora y en trece horas de noche fueron trece leguas. Después del sol salido vieron tierra: parecíales por proa al Esnordeste; algunos decían que era la isla de la Madera, otros que era la Roca de Sintra en Portugal, junto a Lisboa. Saltó luego el viento por proa Esnordeste, y la mar venía muy alta del Oeste; habría de la carabela a tierra cinco leguas. El Almirante, por su navegación, se hallaba estar con las islas de los Azores, y creía que aquella era una de ellas: los pilotos y marineros se hallaban ya con tierra de Castilla.

S√°bado, 16 de febrero

Toda esta noche anduvo dando bordos por encabalgar la tierra que ya se conocía ser isla. A veces iba al Nordeste, otras al Nornordeste, hasta que salió el sol, que tomó la vuelta del Sur por llegar a la isla que ya no veían por la gran cerrazón, y vio por popa otra isla que distaría ocho leguas. Después del sol salido, hasta la noche anduvo dando vueltas por llegarse a la tierra con el mucho viento y mar que llevaba. Al decir la Salve, que es a boca d noche, algunos vieron lumbre de sotavento, y parecía que debía ser la isla que vieron ayer primero; y toda la noche anduvo barloventeando y allegándose lo más que podía para ver si al salir del sol veía alguna de las islas. Esta noche reposó el Almirante algo, porque desde el miércoles no había dormido ni podido dormir, y quedaba muy tullido de las piernas por estar siempre desabrigado al frío y al agua y por el poco comer. El sol salido, navegó al Sursudoeste, y a la noche llegó a la isla y por la gran cerrazón no pudo conocer qué isla era.

Lunes, 18 de febrero

Ayer, despu√©s del sol puesto, anduvo rodeando la isla para ver d√≥nde hab√≠a de surgir y tomar lengua. Surgi√≥ con un anda que luego perdi√≥. Tom√≥ a dar la vela y barlovente√≥ toda la noche. Despu√©s del sol salido, lleg√≥ otra vez de la parte del Norte de la isla, y donde le pareci√≥ surgi√≥ con un anda, y envi√≥ la barca en tierra y hubieron habla con la gente de la isla, y supieron c√≥mo era la isla de Santa Mar√≠a, una de las de los Azores, y ense√Ī√°ronles el puerto donde hab√≠an de poner la carabela; y dijo la gente de la isla que jam√°s hab√≠an visto tanta tormenta como la que hab√≠a hecho los quince d√≠as pasados y que se maravillaban c√≥mo hab√≠an escapado; los cuales dice que dieron gracias a Dios e hicieron muchas alegr√≠as por las nuevas que sab√≠an de haber el Almirante descubierto las Indias. Dice el Almirante que aquella su navegaci√≥n hab√≠a sido muy cierta y que hab√≠a carteado bien, que fuesen dadas muchas gracias a Nuestro Se√Īor, aunque se hac√≠a algo delantero. Pero ten√≠a por cierto que estaba en la comarca de las islas de los Azores, y que aqu√©lla era una de ellas. Y dice que fingi√≥ haber andado m√°s camino por desatinar a los pilotos y marineros que carteaban, por quedar √©l se√Īor de aquella derrota de las Indias, como de hecho queda, porque ninguno de todos ellos tra√≠a su camino cierto, por lo cual ninguno puede estar seguro de su derrota para las Indias.

Martes, 19 de febrero

Despu√©s del sol puesto, vinieron a la ribera tres hombres de la isla y llamaron. Envi√≥les la barca, en la cual vinieron y trajeron gallinas y pan fresco, y era d√≠a de Carnestolendas, y trajeron otras cosas que enviaba el capit√°n de la isla, que se llamaba Jo√°o da Castanheira, diciendo que lo conoc√≠a muy bien y que por ser noche no ven√≠a a verlo; pero en amaneciendo vendr√≠a y traer√≠a m√°s refresco, y traer√≠a consigo tres hombres que all√° quedaban de la carabela, y que no los enviaba por el gran placer que con ellos ten√≠a oyendo las cosas de su viaje. El Almirante mand√≥ hacer mucha honra a los mensajeros, y mand√≥les dar camas en que durmiesen aquella noche, porque era tarde y estaba la poblaci√≥n lejos. Y porque el jueves pasado, cuando se vio en la angustia de la tormenta, hicieron el voto y votos susodichos y el de que en la primera tierra donde hubiese casa de Nuestra Se√Īora saliesen en camisa, etc., acord√≥ que la mitad de la gente fuese a cumplirlo a una casita que estaba junto con la mar como ermita, y √©l ir√≠a despu√©s con la otra mitad. Viendo que era tierra segura, y confiando en las ofertas del capit√°n y en la paz que ten√≠a Portugal con Castilla, rog√≥ a los tres hombres que se fuesen a la poblaci√≥n e hiciesen venir un cl√©rigo para que les dijese una misa. Los cuales, idos en camisa, en cumplimiento de su romer√≠a, y estando en su oraci√≥n, salt√≥ con ellos todo el pueblo a caballo y a pie con el capit√°n y prendi√©ronlos a todos. Despu√©s, estando el Almirante sin sospecha esperando la barca para salir √©l a cumplir su romer√≠a con la otra gente hasta las once del d√≠a, viendo que no ven√≠an, sospech√≥ que los ten√≠an o que la barca se hab√≠a quebrado, porque toda la isla est√° cercada de pe√Īas muy altas. Esto no pod√≠a ver el Almirante porque la ermita estaba detr√°s de una punta. Levant√≥ el anda y dio la vela hasta en derecho de la ermita, y vio muchos de caballo que se apearon y entraron en la barca con armas, y vinieron a la carabela para prender al Almirante. Levant√≥se el capit√°n en la barca y pidi√≥ seguro al Almirante. Dijo que se lo daba; pero ¬Ņqu√© innovaci√≥n era aqu√©lla que no ve√≠a ninguna de su gente en la barca?, y a√Īadi√≥ el Almirante que viniese y entrase en la carabela, que √©l har√≠a todo lo que √©l quisiese. Y pretend√≠a el Almirante con buenas palabras traerlo por prenderlo para recuperar su gente, no creyendo que violaba la fe d√°ndole seguro, pues √©l, habi√©ndole ofrecido paz y seguridad, lo hab√≠a quebrantado. El capit√°n, como dice que tra√≠a mal prop√≥sito, no se fi√≥ a entrar. Visto que no se llegaba a la carabela, rog√≥le que le dijese la causa porque deten√≠a su gente, y que de ello pesar√≠a al Rey de Portugal, y que en tierra de los Reyes de Castilla recib√≠an los portugueses mucha honra y entraban y estaban seguros como en Lisboa, y que los Reyes le hab√≠an dado carta de recomendaci√≥n para todos los pr√≠ncipes y se√Īores y hombres del mundo, las cuales le mostrar√≠a si se quisiese llegar; y que √©l era su Almirante del Mar Oc√©ano y Virrey de las Indias, que ahora eran de Sus Altezas, de lo cual mostrar√≠a las provisiones firmadas de sus firmas y selladas con sus sellos, las cuales les ense√Ī√≥ de lejos, y que los Reyes estaban en mucho amor y amistad con el Rey de Portugal y le hab√≠an mandado que hiciese toda la honra que pudiese a los nav√≠os que topase de Portugal, y que, dado que no le quisiese darle su gente, no por eso dejar√≠a de ir a Castilla, pues ten√≠a harta gente para navegar hasta Sevilla, y ser√≠an √©l y su gente bien castigados, haci√©ndoles aquel agravio. Entonces respondi√≥ el capit√°n y los dem√°s no conocer ac√° Rey y Reina de Castilla, ni sus cartas, ni le hab√≠an miedo; antes les dar√≠an a saber qu√© era Portugal, casi amenazando. Lo cual o√≠do, el Almirante hubo mucho sentimiento, y dice que pens√≥ si hab√≠a pasado alg√ļn desconcierto entre un reino y otro despu√©s de su partida, y no se pudo sufrir que no les respondiese lo que era raz√≥n. Despu√©s torn√≥se dice que a levantar aquel capit√°n desde lejos y dijo al Almirante que se fuese con la carabela al puerto, y que todo lo que √©l hac√≠a y hab√≠a hecho, el Rey su Se√Īor se lo hab√≠a enviado a mandar; de lo cual el Almirante tom√≥ testigos los que en la carabela estaban, y tom√≥ el Almirante a llamar al capit√°n y a todos ellos y les dio su fe y prometi√≥, como quien era, de no descender ni salir de la carabela hasta que llevase un ciento de portugueses a Castilla y despoblar toda aquella isla. Y as√≠ se volvi√≥ a surgir en el puerto donde estaba primero, porque el tiempo y viento era muy malo para hacer otra cosa.

Miércoles, 20 de febrero

Mandó aderezar el navío y henchir las pipas de agua de la mar por lastre, porque estaba en muy mal puerto y temió que se le cortasen las amarras, y así fue; por lo cual dio la vela hacia la isla de San Miguel, aunque en ninguna de la de los Azores hay buen puerto para el tiempo que entonces hacía, y no tenía otro remedio sino huir a la mar.

Jueves, 21 de febrero

Parti√≥ ayer de aquella isla de Santa Mar√≠a para la de San Miguel, para ver si hallaba puerto para poder sufrir tan mal tiempo como hac√≠a, con mucho viento y mucha mar, y anduvo hasta la noche sin poder ver tierra una ni otra por la gran cerraz√≥n y oscuridad que el viento y la mar causaban. El Almirante dice que estaba con poco placer, porque no ten√≠a sino tres marineros solos que supiesen de la mar, porque los que m√°s all√≠ estaban no sab√≠an de la mar nada. Estuvo a la corda toda la noche con muy mucha tormenta y grande peligro y trabajo, y en lo que Nuestro Se√Īor le hizo merced fue que la mar o las ondas de ella ven√≠an de sola una parte, porque si cruzaran como las pasadas, muy mayor mal padeciera. Despu√©s del sol salido, visto que no ve√≠a la isla de San Miguel, acord√≥ tornarse a la Santa Mar√≠a por ver si pod√≠a cobrar su gente y la barca y las amarras y anclas que all√° dejaba. Dice que estaba maravillado de tan mal tiempo como hab√≠a en aquellas islas y partes, porque en las Indias naveg√≥ todo aquel invierno sin surgir, y hab√≠a siempre buenos tiempos, y que una sola hora no vio la mar que no se pudiese bien navegar, y en aquellas islas hab√≠a padecido tan grave tormenta, y lo mismo le acaeci√≥ a la ida hasta las Islas de Canaria; pero, pasado de ellas, siempre hall√≥ los aires y la mar con gran templanza. Concluyendo, dice el Almirante que bien dijeron los sacros te√≥logos y los sabios fil√≥sofos que el Para√≠so Terrenal est√° en el fin de Oriente, porque es lugar temperad√≠simo. As√≠ que aquellas tierras que ahora √©l hab√≠a descubierto es -dice √©l- el fin del Oriente.

Viernes, 22 de febrero

Ayer surgi√≥ en la isla de Santa Mar√≠a en el lugar o puerto donde primero hab√≠a surgido, y luego vino un hombre a capear desde unas pe√Īas que all√≠ estaban fronteras, diciendo que no se fuesen de all√≠. Luego vino la barca con cinco marineros, dos cl√©rigos y un escribano: pidieron seguro, y, dado por el Almirante, subieron a la carabela; y porque era noche durmieron all√≠, y el Almirante les hizo la honra que pudo. A la ma√Īana le requirieron que les mostrase poder de los Reyes de Castilla para que a ellos les contase c√≥mo con poder de ellos hab√≠a hecho aquel viaje. Sinti√≥ el Almirante que aquello hac√≠an por mostrar color que no hab√≠an en lo hecho errado, sino que tuvieron raz√≥n, porque no hab√≠an podido haber la persona del Almirante, la cual debieran de pretender coger a las manos, pues vinieron con la barca armada, sino que no vieron que el juego les saliera bien, y con temor de lo que el Almirante hab√≠a dicho y amenazado; lo cual ten√≠a prop√≥sito de hacer, y crey√≥ que saliera con ello. Finalmente, por haber la gente que le ten√≠an, hubo de mostrarles la carta general de los Reyes para todos los pr√≠ncipes y se√Īores de encomienda y otras provisiones; y dioles de lo que ten√≠a y fu√©ronse a tierra contentos, y luego dejaron toda la gente con la barca, de los cuales supo que si tomaran al Almirante nunca lo dejaran libre; porque dijo el capit√°n que el Rey, su se√Īor, se lo hab√≠a as√≠ mandado.

S√°bado, 23 de febrero

Ayer comenz√≥ a querer abonanzar el tiempo; levant√≥ las anclas y fue a rodear la isla para buscar alg√ļn buen surgidero para tomar le√Īa y piedra para lastre, y no pudo tomar surgidero hasta dos horas completas.

Domingo, 24 de febrero

Surgi√≥ ayer en la tarde para tomar le√Īa y piedra, y, porque la mar era muy alta no pudo la barca llegar en tierra; y, al rendir de la primera guardia de noche, comenz√≥ a ventar Oeste y Sudoeste. Mand√≥ levantar las velas por el gran peligro que en aquellas islas hay en esperar el viento Sur sobre el anda, y en ventando Sudoeste luego vienta Sur. Y, visto que era buen tiempo para ir a Castilla, dej√≥ de tomar le√Īa y piedra e hizo que gobernasen al Este; y andar√≠a hasta el sol salido, que har√≠a seis horas y media, siete millas por hora, que son cuarenta y cinco millas y media. Despu√©s del sol salido hasta el ponerse, anduvo seis millas por hora, que en once horas fueron sesenta y seis millas, y cuarenta y cinco y media de la noche fueron ciento once y media, y por consiguiente, veintiocho leguas.

Lunes, 25 de febrero

Ayer, después del sol puesto, navegó al Este su camino cinco millas por hora: en trece horas de esta noche andaría sesenta y cinco millas, que son dieciséis leguas y cuarta. Después del sol salido, hasta ponerse, anduvo otras dieciséis leguas y media con la mar llana, gracias a Dios. Vino a la carabela un ave muy grande que parecía águila.

Martes, 26 de febrero

Ayer, después del sol puesto, navegó a su camino al Este, la mar llana, a Dios gracias: lo más de la noche andaría ocho millas por hora; anduvo cien millas, que son veinticinco leguas. Después del sol salido, con poco viento, tuvo aguaceros; anduvo obra de ocho leguas al Esnordeste.

Miércoles, 27 de febrero

Esta noche y día anduvo fuera de camino por los vientos contrarios y grandes olas y mar, y hallábase ciento veinticinco leguas del Cabo de San Vicente, y ochenta de la isla de la Madera y ciento seis de la Santa María. Estaba muy penado con tanta tormenta, ahora que estaba a la puerta de casa.

Jueves, 28 de febrero

Anduvo de la misma manera esta noche con diversos vientos al Sur y al Sudeste, y a una parte y a otra, y al Nordeste y al Esnordeste, y de esta manera todo este día.

Viernes, 1 de marzo

Anduvo esta noche al Este cuarta del Nordeste, doce leguas; de día corrió al Este cuarta del Nordeste, veintitrés leguas y media.

S√°bado, 2 de marzo

Anduvo esta noche a su camino al Este cuarta del Nordeste, veintiocho leguas; y el día corrió veinte leguas.

Domingo, 3 de marzo

Despu√©s del sol puesto naveg√≥ a su camino al Este. V√≠nole una turbonada que le rompi√≥ todas las velas, y viose en gran peligro, mas Dios los quiso librar. Ech√≥ suertes para enviar un peregrino dice a Santa Mar√≠a de la Cinta en Huelva, que fuese en camisa, y cay√≥ la suerte al Almirante. Hicieron todos tambi√©n voto de ayunar el primer s√°bado que llegasen a pan y agua. Andar√≠a sesenta millas antes que se le rompiesen las velas; despu√©s anduvieron a √°rbol seco, por la gran tempestad del viento y la mar que de dos partes los com√≠a. Vieron se√Īales de estar cerca de tierra. Hall√°banse todo cerca de Lisboa.

Lunes, 4 de marzo

Anoche padecieron terrible tormenta, que se pensaron perder de las mares de dos partes que ven√≠an y los vientos, que parec√≠a que levantaban la carabela en los aires, y agua del cielo y rel√°mpagos de muchas partes; plugo a Nuestro Se√Īor de lo sostener, y anduvo as√≠ hasta la primera guardia, que Nuestro Se√Īor le mostr√≥ tierra, vi√©ndola los marineros. Y entonces, por no llegar a ella hasta conocerla, por ver si hallaba alg√ļn puerto o lugar donde se salvar, dio el papah√≠go por no tener otro remedio y andar algo, aunque con gran peligro, haci√©ndose a la mar; y as√≠ los guard√≥ Dios hasta el d√≠a, que dice que fue con infinito trabajo y espanto. Venido el d√≠a, conoci√≥ la tierra, que era la Roca de Sintra, que es junto con el r√≠o de Lisboa, adonde determin√≥ entrar, porque no pod√≠a hacer otra cosa: tan terrible era la tormenta que hac√≠a en la villa de Cascaes, que es a la entrada del r√≠o. Los del pueblo dice que estuvieron toda aquella ma√Īana haciendo plegarias por ellos, y, despu√©s que estuvo dentro, ven√≠a la gente a verlos por maravilla de c√≥mo hab√≠an escapado; y as√≠, a hora de tercia, vino a pasar a Rastelo dentro del r√≠o de Lisboa, donde supo de la gente de la mar que jam√°s hizo invierno de tantas tormentas y que se hab√≠an perdido veinticinco naos en Flandes y otras estaban all√≠ que hab√≠a cuatro meses que no hab√≠an podido salir. Luego escribi√≥ el Almirante al Rey de Portugal, que estaba a nueve leguas de all√≠, c√≥mo los Reyes de Castilla le hab√≠an mandado que no dejase de entrar en los puertos de Su Alteza a pedir lo que hubiese menester por sus dineros, y que el Rey le mandase dar lugar para ir con la carabela a la ciudad de Lisboa, porque algunos ruines, pensando que tra√≠a mucho oro, estando en puerto despoblado, se pusiesen a cometer alguna ruindad, y tambi√©n porque supiese que no ven√≠a de Guinea, sino de las Indias.

Martes, 5 de marzo

Hoy, despu√©s que el patr√≥n de la nao grande del Rey de Portugal, la cual estaba tambi√©n surta en Rastelo y la m√°s bien artillada de artiller√≠a y armas que dice que nunca nao se vio, vino el patr√≥n de ella, que se llamaba Bartolom√© D√≠az de Lisboa, con el batel armado a la carabela, y dijo al Almirante que entrase en el batel para ir a dar cuenta a los hacedores del Rey y al capit√°n de la dicha nao. Respondi√≥ el Almirante que √©l era Almirante de los Reyes de Castilla y que no daba √©l tales cuentas a tales personas, ni saldr√≠a de las naos ni nav√≠os donde estuviese si no fuese por la fuerza de no poder sufrir las armas. Respondi√≥ el patr√≥n que enviase al maestre de la carabela. Dijo el Almirante que ni al maestre ni a otra persona si no fuese por fuerza, porque en tanto ten√≠a el dar persona que fuese como ir √©l, y que √©sta era la costumbre de los Almirantes de los Reyes de Castilla, de antes morir que se dar ni dar gente suya. El patr√≥n se moder√≥ y dijo que, pues estaba en aquella determinaci√≥n, que fuese como √©l quisiese; pero que le rogaba que le mandase mostrar las cartas de los Reyes de Castilla si las ten√≠a. El Almirante plugo de mostr√°rselas, y luego se volvi√≥ a la nao e hizo relaci√≥n al capit√°n, que se llamaba √Ālvaro Dam√°n, el cual, con mucha orden, con atabales y trompetas y a√Īafiles, haciendo gran fiesta, vino a la carabela y habl√≥ con el Almirante y le ofreci√≥ de hacer todo lo que le mandase.

Miércoles, 6 de marzo

Sabido c√≥mo el Almirante ven√≠a de las Indias, hoy vino tanta gente a verlo y a ver los indios, de la ciudad de Lisboa, que era cosa de admiraci√≥n, y las maravillas que todos hac√≠an, dando gracias a Nuestro Se√Īor y diciendo que, por la gran fe que los Reyes de Castilla ten√≠an y deseo de servir a Dios, que Su Alta Majestad los daba todo esto.

Jueves, 7 de marzo

Hoy vino infinit√≠sima gente a la carabela y muchos caballeros, y entre ellos los hacedores del Rey, y todos daban infinit√≠simas gracias a Nuestro Se√Īor por tanto bien y acrecentamiento de la Cristiandad que Nuestro Se√Īor hab√≠a dado a los Reyes de Castilla, el cual dice que apropiaban porque Sus Altezas se trabajaban y ejercitaban en el acrecentamiento de la religi√≥n de Cristo.

Viernes, 8 de marzo

Hoy recibió el Almirante una carta del Rey de Portugal con D. Martín de Noronha, por la cual le rogaba que se llegase adonde él estaba, pues el tiempo no era para partir con la carabela; y así lo hizo por quitar sospecha, puesto que no quisiera ir, y fue a dormir a Sacamben. Mandó el Rey a sus hacedores que todo lo que hubiese el Almirante menester y su gente y la carabela se lo diese sin dineros y se hiciese todo como el Almirante quisiese.

S√°bado, 9 de marzo

Hoy partió de Sacamben para ir adonde el Rey estaba, que era el valle del Paraíso, nueve leguas de Lisboa: porque llovió no pudo llegar hasta la noche. El Rey le mandó recibir a los principales de su casa muy honradamente, y el Rey también le recibió con mucha honra y le hizo mucho favor y mandó sentar y habló muy bien, ofreciéndole que mandaría hacer todo lo que a los Reyes de Castilla y a su servicio cumpliese cumplidamente y más que por cosa suya; y mostró haber mucho placer del viaje haber habido buen término y se haber hecho, mas que entendía que en la capitulación que había entre los Reyes y él que aquella conquista le pertenecía . A lo cual respondió el Almirante que no había visto la capitulación ni sabía otra cosa sino que los Reyes le habían mandado que no fuese a la Mina ni en toda Guinea, y que así se había mandado pregonar en todos los puertos del Andalucía antes que para el viaje partiese. El Rey graciosamente respondió que tenía él por cierto que no habría en esto menester terceros. Diole por huésped al prior del Clato, que era la más principal persona que allí estaba, del cual el Almirante recibió muy muchas honras y favores.

Domingo, 10 de marzo

Hoy, después de misa, le tomó a decir el Rey si había menester algo, que luego se le daría, y departió mucho con el Almirante sobre su viaje, y siempre le mandaba estar sentado y hacer mucha honra.

Lunes, 11 de marzo

Hoy se despidi√≥ del Rey, y le dijo algunas cosas que dijese de su parte a los Reyes, mostr√°ndole siempre mucho amor. Parti√≥se despu√©s de comer, y envi√≥ con √©l a D. Mart√≠n de Noronha, y todos aquellos caballeros le vinieron a acompa√Īar y hacer honra buen rato. Despu√©s vino a un monasterio de San Antonio, que es sobre un lugar que se llama Villafranca, donde estaba la Reina; y fuele a hacer reverencia y besarle las manos, porque le hab√≠a enviado a decir que no se fuese hasta que la viese, con la cual estaban el Duque y el Marques, donde recibi√≥ el Almirante mucha honra. Parti√≥se de ella el Almirante de noche, y fue a dormir a Allandra.

Martes, 12 de marzo

Hoy, estando para partir de Allandra para la carabela, lleg√≥ un escudero del Rey que le ofreci√≥ de su parte que, si quisiese ir a Castilla por tierra, que aqu√©l fuese con √©l para lo aposentar y mandar dar bestias y todo lo que hubiese menester. Cuando el Almirante de √©l se parti√≥, le mand√≥ dar una mula y otra a su piloto, que llevaba consigo, y dice que al piloto mand√≥ hacer merced de veinte espadines, seg√ļn supo el Almirante. Todo dice que se dec√≠a que lo hac√≠a porque los Reyes lo supiesen. Lleg√≥ a la carabela en la noche.

Miércoles, 13 de marzo

Hoy a las ocho horas, con la marea de ingente y el viento Nornoroeste, levantó las anclas y dio la vela para ir a Sevilla.

Jueves, 14 de marzo

Ayer, después del sol puesto, siguió su camino al Sur, y antes del sol salido se halló sobre el Cabo de San Vicente, que es en Portugal. Después navegó al Este para ir a Saltés, y anduvo todo el día con poco viento hasta ahora que está sobre Faro.

Viernes, 15 de marzo

Ayer, despu√©s del sol puesto, naveg√≥ a su camino hasta el d√≠a con poco viento, y al salir del sol se hall√≥ sobre Salt√©s, y a hora de mediod√≠a, con la marea de montante, entr√≥ por la barra de Salt√©s hasta dentro del puerto de donde hab√≠a partido a 3 de agosto del a√Īo pasado Y as√≠ dice √©l que acababa ahora esta escritura, salvo que estaba de prop√≥sito de ir a Barcelona por la mar, en la cual ciudad le daban nuevas que Sus Altezas estaban, y esto para les hacer relaci√≥n de todo su viaje que Nuestro Se√Īor le hab√≠a dejado hacer y le quiso alumbrar en √©l. Porque ciertamente, allende que √©l sab√≠a y ten√≠a firme y fuerte sin escr√ļpulo que Su Alta Majestad hace todas las cosas buenas y que todo es bueno salvo el pecado y que no se puede abalar ni pensar cosa que no sea con su consentimiento, ¬ęesto de este viaje conozco -dice el Almirante- que milagrosamente lo ha mostrado, as√≠ como se puede comprender por esta escritura, por muchos milagros se√Īalados mostrados en el viaje, y de mi, que ha tanto tiempo que estoy en la Corte de Vuestras Altezas con op√≥sito y contra sentencia de tantas personas principales de vuestra casa, los cuales todos eran contra m√≠ poniendo este hecho que era burla. El cual espero en Nuestro Se√Īor que ser√° la mayor honra de la Cristiandad que as√≠ ligeramente haya jam√°s acaecido¬Ľ. Estas son finales palabras del Almirante D. Crist√≥bal Col√≥n de su primer viaje a las Indias y al descubrimiento de ellas.


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