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El CNI i el -no tan secret- codi del Gran Capità

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Aquesta vegada va de història, de la història estafada descoberta per un castellà

http://elprofedefisica.naukas.com/2018/02/02/el-cni-y-el-no-tan-secreto-codigo-del-gran-capitan/

Gran capitán portada ABC[Ver Actualización al final del artículo]

Hoy viernes me ha llegado una noticia muy interesante. Seg√ļn parece, el CNI ha descifrado uno de los c√≥digos secretos usados por Gonzalo Fern√°ndez de C√≥rdoba, el Gran Capit√°n (aqu√≠ y¬†aqu√≠; tambi√©n aparece en¬†El Mundo,¬†El Pa√≠s,¬†P√ļblico y suma y sigue).¬† La noticia ha sido desvelada por cortes√≠a del Museo del Ej√©rcito, que al parecer ha dado una rueda de prensa para presentar el hallazgo, obtenido a partir de cartas in√©ditas conservadas por los duques de Maqueda.

Seg√ļn el diario ABC, de donde le√≠ la noticia por primera vez, dicho c√≥digo estaba ‚Äúmuy bien pensado‚ÄĚ y ‚Äúes un precursor del sistema Vigen√®re‚ÄĚ, y la opini√≥n de Jos√© Enrique Ruiz-Dom√®nec, un experto en el Gran Capit√°n, es que ‚Äúestamos ante un hallazgo fundamental para revisar uno de los momentos m√°s importantes de la historia de Espa√Īa‚ÄĚ

Bien, pues me alegro porque yo soy aficionado a la criptograf√≠a, con especial inter√©s en la historia de la cripto en Espa√Īa. Mi viejo Taller de Criptograf√≠a sigue en pie (aqu√≠), y todav√≠a recuerdo haber le√≠do algunas cartas intercambiadas entre el Gran Capit√°n y el rey Fernando el Cat√≥lico. Acabo de revisarlas y he llegado a una interesante conclusi√≥n:¬†el CNI ha descubierto un c√≥digo que ya se conoce desde hace m√°s de un siglo.

Escrib√≠ sobre dicho c√≥digo en¬†2006 y en¬†2010. Para resumir la historia, resulta que un historiador ingl√©s llamado Gustave Bergenroth estuvo en el Archivo de Simancas a mediados del siglo XIX. Buscaba informaci√≥n sobre las relaciones entre Espa√Īa e Inglaterra y encontr√≥ un mont√≥n de legajos. Un buen n√ļmero de ellos estaba cifrado, as√≠ que Bergenroth tuvo que descifrarlos personalmente. Sus experiencias como criptoanalista pasaron a un conjunto de documentos llamados State Papers, y puede usted leer¬†aqu√≠ algunas clave sobre c√≥mo logr√≥ descifrarlos. No se trata de usar ordenadores sofisticados sino papel, l√°piz y paciencia.

Aqu√≠ ten√©is la copia de la clave, tal como la descubri√≥ Bergenroth. Se encuentra, junto con diversos documentos originales y copias descifradas por √©l, en la Biblioteca Nacional, signatura MSS 20.211. No s√© si el original se encuentra disponible para el p√ļblico, pero si van a la secci√≥n de microfilmes gustosamente le dejar√°n ver la versi√≥n en microfilm y hasta podr√°n sacar una copia en papel:

Clave Gran Capit√°n - 1Puede comprobarse c√≥mo los s√≠mbolos que representan letras individuales coinciden con las descubiertas por el CNI (aqu√≠ y¬†aqu√≠). No est√° completa, ya que muchos de los signos que indican palabras completas no aparecen, pero Bergenroth pudo obtener buen n√ļmero de ellas. El descifrado del CNI, seg√ļn el diario ABC, revela un total de 88 s√≠mbolos y 237 c√≥digos de letras; yo he conseguido (bueno, Bergenroth consigui√≥) listar un total de 198 s√≠mbolos, de los cuales 89 tienen significado conocido. Por ejemplo,¬†LUQ significa ‚ÄúCapit√°n‚ÄĚ,¬†TA representa ‚ÄúTurco‚ÄĚ y¬†UAE es ‚ÄúPapa‚ÄĚ:

Clave Gran Capitán - 2Ahora, en lo tocante a la clave en sí, debo decir algunas cosas.

En primer lugar, y en contra de lo que afirma ABC, este c√≥digo no es de gran sofisticaci√≥n. Se trata de un sistema de sustituci√≥n monoalfab√©tica con hom√≥fonos al que se le ha a√Īadido un conjunto de t√©rminos de lenguaje convenido. Tengo un buen pu√Īado de c√≥digos espa√Īoles de la √©poca y puedo asegurar que los hay m√°s sofisticados que √©ste. Por ejemplo, la llamada Clave de las Capitulaciones es similar en forma y estructura, siendo al menos diez a√Īos m√°s antigua; y la Cifra General de los Reyes Cat√≥licos, de fecha similar a la del Gran Capit√°n, ten√≠a nada menos que 670 t√©rminos en lenguaje convenido.

Segundo: tampoco creo que sea correcto decir que este sea un ‚Äúprecursor del sistema Vigen√®re‚ÄĚ, a menos que con ‚Äúprecursor‚ÄĚ se quiera decir ‚Äúapareci√≥ antes de‚ÄĚ. Ambos sistemas son diferentes, y por cierto, no recuerdo haber visto un solo mensaje de archivos espa√Īoles cifrado con sistema Vigen√®re (bueno, quiz√° uno).

En tercer lugar, ese tipo de claves ya era vulnerable a ataques criptoanal√≠ticos en aquella √©poca. Man√≠as como la de cifrar solamente una parte de la carta, o repetir los t√©rminos cifrados usados, hac√≠a que fuesen relativamente f√°ciles de descifrar por usuarios no autorizados. Como ejemplo, vamos a ver un fragmento de una carta enviada por el Gran Capit√°n hacia 1496. Est√° cifrada casi por completo (con una clave distinta a la que acaba de ‚Äúdescubrir‚ÄĚ el CNI pero similar en estructura). F√≠jese c√≥mo el ‚Äúcasi‚ÄĚ estropea la seguridad del sistema:

Clave Carta Gran Capit√°n - detalle

En la sexta fila aparece recuadrada la expresi√≥n ‚Äúde manera‚ÄĚ seguida de varios s√≠mbolos, cada uno de ellos representando una letra. ¬ŅQu√© puede ir tras las palabras ‚Äúde manera‚ÄĚ? La opci√≥n m√°s l√≥gica que se me ocurre es la palabra ‚Äúque‚ÄĚ. Si hacemos esa hip√≥tesis no ser√° raro encontrar alg√ļn otro tr√≠o de esos tres s√≠mbolos que representan la palabra ‚Äúque‚ÄĚ. Y en efecto, ah√≠ pueden ver uno, resaltado al comienzo de la cuarta l√≠nea.

Algunas letras son más probables que otras, y aunque las más probables tienen más de un signo para cifrar, eso no es garantía de éxito. En el ejemplo anterior, la letra E tiene seis símbolos para cifrarla. Se supone que cada vez hay que usar un símbolo distinto precisamente para evitar los ataques de análisis por frecuencias, pero en la práctica los copistas no se complicaban mucho la vida y echaban mano de atajos, con la consecuencia de que el secreto de la carta puede desaparecer, como hemos visto en ese ejemplo.

Hay otras t√©cnicas matem√°ticas y ling√ľ√≠sticas que pueden usarse y cr√©anme, no son nada complejas. Cualquier estudiante de primer curso podr√≠a reventar esa carta y revelar su contenido, no hay que echar mano del CNI. Bergenroth lo hizo hace siglo y medio; si quiere verlo,¬†aqu√≠ tiene un ejemplo del mismo legajo. El ingl√©s no tuvo otra ocurrencia que escribir el texto descifrado sobre la misma carta original, algo que ahora le valdr√≠a un tir√≥n de orejas frente a la Biblioteca Nacional pero que hace siglo y medio era algo normal.

Finalmente, y sin √°nimo de criticar el trabajo de nadie, me resulta incre√≠ble que historiadores expertos y profesionales de inteligencia puedan pasar por alto los documentos que sobre el Gran Capit√°n se guardan en la Biblioteca Nacional. Yo tuve que pedir una tarjeta de investigador, desplazarme a Madrid y pasar varios d√≠as leyendo legajos, pero ahora mucho de ese trabajo puede hacerse online. No hay m√°s que irse al¬†cat√°logo online de la BME, teclear ‚ÄúGonzalo Fern√°ndez de C√≥rdoba‚ÄĚ y obtener un mont√≥n de referencias. Yo acabo de hacerlo, y la primera que me sale es un DVD de la serie¬†√Āguila Roja, pero el legajo MSS 20.211 aparece ya en la tercera p√°gina de resultados.

Incluso podr√≠an haberme preguntado a m√≠, que aparezco en la segunda p√°gina de resultados cuando metes ‚Äúclaves del gran capit√°n‚ÄĚ en Google (imagino que sal√≠a en la primera p√°gina antes de salir esta noticia). Pero da igual, y como no quiero ser un destroyer, a continuaci√≥n adjunto unos apuntes que tengo sobre los sistemas de cifrado del Gran Capit√°n. Si el Museo del Ej√©rcito o el CNI desean m√°s detalles, estoy a su disposici√≥n.

‚ÄúLAS CLAVES DEL GRAN CAPITAN‚ÄĚ (Notas in√©ditas, Arturo Quirantes Sierra)

Tras la conquista de Granada, los principales campos de intervenci√≥n de la nueva Espa√Īa se trasladan a Francia e Italia. Las pretensiones francesas sobre Italia en general y sobre el reino de N√°poles en particular chocan con los intereses espa√Īoles. Esto conllev√≥ la aparici√≥n de nuevas aplicaciones criptogr√°ficas.

Como vimos anteriormente, ya durante la d√©cada de 1470 Fernando de Arag√≥n mantuvo correspondencia cifrada con su padre Juan II en asuntos de √≠ndole pol√≠tica y militar. Sin embargo, el uso de sistemas de cifrado durante las campa√Īas militares recibi√≥ un fuerte impulso de la mano del mejor soldado de Fernando: Gonzalo Fern√°ndez de C√≥rdoba, el Gran Capit√°n. Dispuesto a negarle el reino de N√°poles a Carlos VIII de Francia ‚Äďquien reivindicaba los derechos de la casa de Anjou por haber reinado en N√°poles anteriormente-, Fernando reaccion√≥ despachando un ej√©rcito a Italia bajo el mando del Gran Capit√°n, quien desembarc√≥ en la pen√≠nsula en el a√Īo 1495. En apenas un a√Īo hab√≠a derrotado al ej√©rcito franc√©s y conquistado todo el Reino de N√°poles.

Durante la primera campa√Īa italiana (1495-1497), el Gran Capit√°n llevaba consigo una cifra de sustituci√≥n monoalfab√©tica homof√≥nica, es decir, la cifra ‚Äúest√°ndar‚ÄĚ en la Espa√Īa de la √©poca, aunque sin diccionario ni listas de lenguaje convenido. Don Gonzalo no perd√≠a mucho tiempo en enviar mensajes cifrados a sus majestades cat√≥licas, y cuando lo hac√≠a era por intermedio de alg√ļn secretario. Ciertamente no escrib√≠a √©l mismo sus propios despachos cifrados; lo cual es hasta cierto punto una ventaja, ya que su firma resulta pr√°cticamente ilegible.

Existi√≥ tambi√©n un conjunto de cifras para los principales embajadores espa√Īoles en Italia, como Garcilaso de la Vega, embajador en Roma (y padre del famoso poeta); Juan Claver, embajador en N√°poles; y Alfonso de Fonseca. Son cifras similares a la del Gran Capit√°n aunque en algunos casos contaban con la adici√≥n de un peque√Īo diccionario. Seg√ļn parece, el uso de diccionarios m√°s o menos largos puede resultar adecuado en el ambiente diplom√°tico, donde una embajada proporciona seguridad, tranquilidad y espacio, pero no resultaba id√≥neo en una campa√Īa militar. Lo que no evita errores ni siquiera en las embajadas: una carta cifrada del representante en Mil√°n, Juan Claver, est√° cifrada casi correctamente ‚Ķ salvo porque el embajador dej√≥ los espacios entre palabras, otra gran ayuda para el criptoanalista enemigo.

La primera campa√Īa italiana del Gran Capit√°n termin√≥ con la completa conquista del reino de N√°poles. Por consideraciones de pol√≠tica internacional se procedi√≥ a un reparto, qued√°ndose los franceses con las regiones de Campania y los Abruzos, y los espa√Īoles con las de Abulia y Calabria. No dur√≥ mucho la concordia entre Fernando de Arag√≥n y Luis XII de Francia, sucesor de Carlos VIII, dando con ello comienzo la segunda campa√Īa italiana de 1501-04. Para entonces, el Gran Capit√°n dispon√≠a de una nueva cifra, que us√≥ con m√°s asiduidad. Esta Gran Cifra (perm√≠tasenos llamarla as√≠) era el sistema criptogr√°fico m√°s sofisticado utilizado en Espa√Īa hasta la fecha. Inclu√≠a la habitual tabla de sustituci√≥n monoalfab√©tica con hasta siete hom√≥fonos, que se completaba con diversos signos nulos. Como novedad, por primera vez en la historia de la criptograf√≠a espa√Īola, se utilizaba un signo anulante, cuya propiedad era la de dejar sin valor a los signos que se encuentran a su alrededor.

Como complemento, la Gran Cifra ten√≠a un diccionario de m√°s de doscientos t√©rminos (se desconoce el n√ļmero exacto). Las palabras se cifraban como conjuntos de tres letras (s√≥lo en raras ocasiones eran dos o cuatro), lo que resultaba bastante menos engorroso que recurrir a n√ļmeros romanos. Como particularidad, debe mencionarse que el diccionario no estaba ordenado en forma alfab√©tica. Si el signo¬†mad significaba como,¬†mit significaba Italia y¬†mun se transformaba en certifica. No era un diccionario totalmente desordenado, pero se apartaba bastante del orden alfab√©tico. Tanto esto como la introducci√≥n de un signo anulante eran claros indicios de que el redactor de la Gran Cifra ‚Äďcuyo nombre, por desgracia, se desconoce- era plenamente consciente de las capacidades criptoanal√≠ticas de la √©poca. A fin de cuentas, Italia era la cuna de la criptograf√≠a moderna, y Fernando se jugaba mucho para arriesgarse a dejar que sus secretos cayesen en otras manos, amigas o enemigas.

Hay constancia de que la Gran Cifra fue usada por entre 1500 y 1504, es decir, toda la segunda campa√Īa italiana, para comunicarse con los Reyes Cat√≥licos Las cartas que escrib√≠a estaban s√≥lo parcialmente cifradas, y aun entonces se dejaban palabras en claro. Es evidente que don Gonzalo no comprend√≠a las sutilezas de la criptograf√≠a, aunque ello no le impidi√≥ triunfar plenamente en el campo de batalla y ganarse el sobrenombre de Gran Capit√°n.

 

ACTUALIZACI√ďN (3 febrero 2018, 18:00 horas)

Comentario al¬†art√≠culo ‚ÄúUn investigador del XIX resolvi√≥ parte del c√≥digo del Gran Capit√°n‚ÄĚ de Bruno Pardo Porto (diario ABC)

Estimado Sr. Pardo,

Soy Arturo Quirantes, y le adjunto la siguiente información por si le resulta de utilidad.

La misiva de la Biblioteca Nacional MSS 20.211/52, que incluye la cifra de sustituci√≥n homof√≥nica, no es un ‚Äúintento de resolver el enigma‚ÄĚ sino, en efecto, su resoluci√≥n, y s√≠ llegaron a buen puerto, tanto es as√≠ que coinciden casi exactamente con las que ha redescubierto el CNI. Julio Mart√≠n, de¬†El Confidencial, ha publicado un art√≠culo con mucha informaci√≥n al respecto, entre otros una copia de la cifra que le he proporcionado yo mismo; por cierto, no entiendo el motivo por el que no se ha incluido esa referencia en el art√≠culo que estoy contestando ahora mismo, pero creo que ser√≠a conveniente hacerlo.

El descifrador original, Gustave Bergenroth, ni siquiera era ‚Äúestudioso de la criptograf√≠a‚ÄĚ. Era un historiador que se vio en la obligaci√≥n de improvisar un trabajo de criptoanalista para poder acceder a la informaci√≥n que necesitaba. Consigui√≥ obtener la cifra de sustituci√≥n monoalfab√©tica homof√≥nica, y al menos un centenar de s√≠mbolos de lenguaje convenido; puede que la cifra supere los dos centenares, pero no podemos saberlo porque esa parte de su descubrimiento parece haberse perdido. Esos s√≠mbolos pueden verse en el resto de las cartas del antedicho legado 20.211, donde Bergentoth anota el descifrado sobre la propia carta.

Debo reconocer que lamento la forma en que se trata el trabajo del se√Īor Bergenroth. Le recuerdo que √©l solo, sin ayuda de nadie y sin conocimientos criptoanal√≠ticos, consigui√≥ el mismo resultado que el CNI, y lo hizo en condiciones penosas.

Menciona usted que ‚ÄúIncomprensiblemente, el hallazgo que relata el profesor [Quirantes] no fue puesto a disposici√≥n de los especialistas en esta √©poca‚ÄĚ Mis descubrimientos sobre el tema fueron publicados en mi web Taller de Criptograf√≠a en¬†2006 y en¬†2010). No se me ocurri√≥ compartirlos con ning√ļn historiador porque a) no soy historiador yo y no conozco a ninguno, y b) cre√≠ que, si yo la hab√≠a descubierto, cualquier otro podr√≠a. No he result√≥ tan dif√≠cil, sinceramente.

Sin perjuicio de ello, no tengo inconveniente en compartir informaci√≥n con quien me la pida, cosa que por ejemplo hice con los se√Īores Julio Mar√≠n (quien hizo el art√≠culo de El Confidencial) y Jes√ļs Garc√≠a Calero (co-autor de los art√≠culos del ABC sobre el descubrimiento). Teniendo en cuenta que una b√ļsqueda en Google de ‚Äúclaves del Gran Capit√°n‚ÄĚ ya incluye un bolet√≠n m√≠o sobre el tema en la p√°gina 2, creo que cualquier persona interesada podr√≠a haber contactado conmigo hace a√Īos.

Respecto a su comentario ‚ÄúDe hecho, en la encuesta realizada por ABC hoy entre los m√°s destacados conocedores del siglo XVI espa√Īol se constata que ninguno de ellos ten√≠a noticia de la tabla‚ÄĚ, debo reconocer que tambi√©n a m√≠ me ha sorprendido que ninguno de los expertos supiese que esa cifra ya estaba descubierta. Si yo, aficionado a la historia de la criptograf√≠a, fui capaz de encontrarlos en la Biblioteca Nacional, pens√© que los expertos ya lo habr√≠an hecho. Sinceramente, me siento tentado a escribir un libro sobre el tema, ya que al parecer he tenido en mis manos informaci√≥n de gran valor hist√≥rico durante a√Īos.

Estoy de acuerdo con usted en que conseguir las claves para poder leer mensajes cifrados antiguos es abrir una ventana al conocimiento histórico, y que pueden esperarse grandes descubrimientos en el futuro. En ese sentido, una revisión de los archivos actuales en busca de tales claves será una gran ayuda. Tengo en mi archivo personal varios centenares de esas claves, y gustosamente prestaré mi ayuda a cualquier historiador profesional que lo desee. Arturo Quirantes.




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